Work Text:
I'm so afraid it's written all over my face
They might see it plainly in the lingering gaze, oh
I'm Tantalus, can't help but reach out and touch, oh
Estaba muy asustado. Miraba a Chuuya, que estaba frente a él con esa carta en las manos. El pelirrojo notó cómo el chico más alto comenzaba a ponerse nervioso.
—Chuuya, creo que ya lo sabes, pero tus sentimientos son recíprocos —dijo el de ojos cafés—. Sin embargo, no puedo aceptar. Sabes cómo es mi familia, conoces a mi padre y, si él se entera, estaremos fritos. Es más, no nos dejará vernos nunca más.
Chuuya se quedó callado. Ya había pensado en esa posibilidad y, de hecho, ya tenía una idea de qué hacer.
Cuando Dazai estaba a punto de irse, el pelirrojo lo agarró de la muñeca y, con voz firme, le dijo:
—Osamu, no tiene por qué enterarse. Lo pensé bastante y podríamos mantener nuestra relación en secreto hasta graduarnos.
El castaño lo miró fijamente y luego le susurró con expresión seria:
—Chuuya, nos graduamos en un año. ¿Seguro que podrás? Además, ¡tienes un montón de chicas y chicos que matarían por tu amor! ¿Por qué yo?
—Porque siempre fuiste tú, Zai. Te quiero a ti y a nadie más.
—Está bien, pero en cuanto entremos a la universidad todo dejará de ser un secreto.
Después de eso, ambos estuvieron de acuerdo: nadie lo sabría, ni siquiera sus amigos más cercanos.
I've never wanted something like this quite so much
Why do we have to hide it? Can't act like I don't like it
Dazai tenía fama de ser un ratón de biblioteca. Era divertido y bromista, sí, pero su personalidad no lo exentó de recibir un trato cruel por parte de sus compañeros.
Osamu era conocido en la escuela como "el chico gay" y, por eso, recibía burlas constantemente.
Su relación con Chuuya continuó bajo la fachada de ser rivales a muerte, cuando en secreto se besaban en los baños.
Todo iba relativamente bien. Incluso disfrutaba del secretismo y la adrenalina.
Todo estaba bien...
Hasta que dejó de estarlo.
You know I'm a bad liar, our love should be
The brightest thing in the room, ooh
We're the centerpiece in this room, oh
—Dazai, sabes que esto es muy difícil para mí. Quizás deberíamos ser sinceros y contárselo a la gente. Nuestro amor debería ser la pieza central.
—Chuu, lo sabías desde un comienzo y, aún así, decidiste hacerlo. Conoces bien a mi padre y sabes lo que hará si se entera de que los rumores sobre que su hijo es gay son reales y, peor aún, que está saliendo con su enemigo... —hizo una pequeña pausa—. No puedo.
Dazai bajó la cabeza y negó lentamente. Sabía que su amor debería ser celebrado, pero el miedo lo superaba.
—Osamu...
Dazai se levantó del suelo y comenzó a caminar.
—Lo siento, necesito aire.
Odiaba aquello. Lo odiaba incluso más que Chuuya.
Su padre lo había golpeado el día anterior por los rumores de que estaba saliendo con un chico. Le había dicho de todo: lo trató de cualquiera, de idiota, de maricón. Pero lo que más le dolió fue escuchar:
"Nunca te van a amar de verdad."
Sin quererlo, las lágrimas comenzaron a caer.
Chuuya lo observó desde lejos, sin acercarse. Sabía que Dazai necesitaba espacio.
Pero él...
Él solo quería gritar su amor a todo volumen.
You told me to shh, but you make me wanna love you loud
Need a microphone and speaker just so I can scream it out
조용하란 mouth, 터질듯한 나의 심장 sound
Estaban en casa de Chuuya. Dazai había usado la excusa de "hacer un trabajo en parejas", poco creíble, pero su padre no le prestaba demasiada atención mientras no se tratara de ese tema.
La habitación del pelirrojo era cálida, con tonos azules y una decoración inspirada en el mar.
Ambos se encontraban sobre la cama, con la puerta cerrada, compartiendo besos.
El ojiazul estaba encima del castaño y había comenzado a besarle el cuello.
Cuando Dazai dejó escapar un pequeño quejido, Chuuya lo hizo callar.
—Si sigues haciendo tanto ruido, nos van a descubrir.
—¿No querías que nos descubrieran? —preguntó Dazai con una sonrisa pícara, sin pensar demasiado en lo que acababa de decir.
Chuuya se sentó de inmediato y le dirigió una mirada asesina.
—Osamu, no juegues con eso. Sabes muy bien lo que creo que deberíamos hacer. Eres tú quien no quiere.
El castaño guardó silencio.
Había arruinado el momento.
Y lo peor era que Chuuya tenía razón.
Era él quien tenía miedo de ser juzgado.
El ojiazul volvió a acostarse a un lado del castaño y giró la cabeza para mirarlo.
—¿Sabes? Me gustaría gritarle al mundo lo mucho que te amo.
—Pero no puedes... No podemos. No ahora.
Chuuya lo miró con decepción.
¿Era realmente decepción?
—Está bien.
El pelirrojo se levantó y fue al baño.
Dazai sabía que iba a llorar.
Pero no hizo nada.
Gorgeous, gorgeous girls
Gorgeous boys, they can wait in line
I've been everywhere in the world
You're the one I like
Chuuya siempre fue un chico popular. Si bien habían intentado opacarlo, su gran personalidad y sus atributos —tanto físicos como psicológicos— hacían imposible que pasara desapercibido.
El pelirrojo siempre había tenido una gran cantidad de admiradores, tanto hombres como mujeres. Dazai era muy consciente de esa situación, pero cuando vio al pelirrojo hablar durante varios días con una chica —chica que, según Dazai, gustaba de Chuuya—, comenzó a sentirse inseguro.
El castaño nunca había sido celoso, o al menos eso decía. Así que, cuando se enteró de esas conversaciones —cabe aclarar que no eran de índole romántica, sino simplemente amistosa—, se puso furioso.
—¡Pero, Chuuya! ¿Cómo se supone que reaccione si ahora estás chateando con chicas al azar?
—Dios, Dazai, sabes muy bien que solo es una amiga, nada más. Deja de hacerte películas en la cabeza. Todos los que me escriben o hablan conmigo tienen un lugar definido en mi vida, pero nadie es como tú. ¡A nadie voy a amar más que a ti!
El castaño se quedó en silencio durante un buen rato, analizando lo que Chuuya acababa de decir. Nunca había sido bueno captando las señales sociales y le costaba entenderlas.
Pero Chuuya había sido claro.
Lo amaba más que a nadie en el mundo y lo único que quería era poder expresar ese amor sin ser reprimido.
El más alto le dedicó una sonrisa cálida y tierna, aunque con un pequeño dejo de tristeza.
Sabía que el bajito quería gritar su amor a los cuatro vientos, pero no podían.
Aún no.
Wanna show you off
Do a twirl, show them all you're mine
Los meses habían pasado rápido y, al mismo tiempo, habían sido tortuosos por culpa de los secretos.
El examen de ingreso a la universidad estaba a la vuelta de la esquina. Chuuya se había preparado al máximo; había estudiado para cada una de las pruebas.
Por otro lado, Dazai se había confiado. Sabía que le iría bien sin poner demasiado empeño. Aun así, seguía teniendo sesiones de estudio con su pareja.
El pelirrojo había decidido estudiar Diseño con mención en Moda y Gestión. Tenía muy claro cuál quería que fuera su futuro profesional.
Por otro lado, el castaño aún no estaba seguro de qué estudiar. Le gustaban mucho las letras y la literatura, pero todavía no lograba decidirse.
Pronto ambos podrían dejar de esconderse tras la fachada de amigos y rivales.
Faltaba tan poco...
Hasta que ocurrió.
De alguna manera, el padre de Dazai se había enterado de la verdad y ahora el castaño estaba atrapado en su casa mientras "hablaba" con su padre.
—No lo puedo creer. Yo no te crié para que fueras un maricón que anda por ahí rogando que se lo cojan.
—Padre, no es cualquiera, es Chuuya. Tú lo conoces —Dazai intentaba defenderse con todas sus fuerzas mientras luchaba por contener las lágrimas—. Padre, por favor, entiéndeme. Yo lo amo. ¿Acaso hay algo de malo en amar a alguien?
—Cuando eres un puto cualquiera, sí, Dazai.
Vio cómo su padre se dirigía a su habitación. Sabía que aquello no había terminado.
Su padre le confiscó el móvil. Después, le quitó la puerta de la habitación.
—Te echaría de la casa, pero te convertirías en una persona aún peor de lo que ya eres.
Entonces levantó la mano y la acercó a la mejilla del castaño. Estuvo a punto de golpearlo.
—Esta vez no. Pero, si me entero de que sigues con tus cositas, te voy a dar una verdadera razón para llorar.
Dazai se quedó en silencio, llorando y temblando.
Chuuya no había visto a Osamu desde hacía tres días. Si bien era común que dejara de asistir a la escuela sin previo aviso durante un par de días, lo que no era normal era que dejara de responderle los mensajes.
Mientras caminaba hacia la casa de Dazai, vio cómo su padre lo subía a la fuerza a la camioneta.
El castaño lloraba y forcejeaba. Uno de sus vendajes estaba ensangrentado.
—Chuuya conocía las tendencias autolesivas y suicidas del joven, pero Dazai había mejorado y llevaba tres meses limpio.—
Cuando estaba a punto de correr hacia ellos, el castaño dejó caer una carta mientras lo miraba a los ojos y susurraba un débil:
—Lo siento.
El padre de Dazai se lo había llevado a vivir a Tokio con un familiar.
Chuuya no podía creerlo.
Qué destino más cruel.
Los días pasaron y el pelirrojo no se atrevía a abrir la carta. Tenía miedo de encontrar una despedida. Tenía miedo de una ruptura. Tenía miedo de perder al amor de su vida.
Cuando por fin reunió el valor para leerla —tres semanas después de lo sucedido y a dos meses del examen de ingreso a la universidad—, se llevó una grata sorpresa.
Mi querido y amado Chuuya:
Sé que probablemente estés leyendo esto semanas después de que te la dejara. Te conozco demasiado bien.
Como viste, mi padre me envió a vivir con un tío en Tokio. No tengo móvil ni ningún otro dispositivo, así que no podré comunicarme contigo durante un tiempo.
Tengo pensado entrar a la universidad para estudiar Literatura. En cuanto pueda irme de aquí, compraré un teléfono y te llamaré.
No me olvides.
Nos veremos pronto.
Lo sé.
Con mucho cariño,
Tu Osamu ♡
Why do we have to hide it? Can't act like I don't like it
You know I'm a bad liar, our love should be
The brightest thing in the room, ooh
We're the centerpiece in this room, oh
Los dos meses pasaron volando y Chuuya había sido aceptado para estudiar Diseño. Estaba emocionado por comenzar esta nueva etapa y, más aún, por la llamada de Osamu.
Todos los días se preguntaba cómo estaría, si estaría comiendo bien y durmiendo lo suficiente. Al pelirrojo le daba miedo que los malos tratos por parte de la familia del castaño continuarán. Sabía que su Dazai sufría mucho por ello.
Su mudanza a Tokio fue tranquila. Su familia lo apoyó y le pagó un departamento monoambiente. Él estaba sumamente agradecido con ellos y estaba seguro de que, con su primer sueldo como profesional, les devolvería todo lo que habían hecho por él.
Su primera semana de clases transcurrió sin mayores problemas. Cada día esperaba una llamada, pero el tiempo pasaba y no había señales de vida de Dazai.
Chuuya había empezado a perder la esperanza.
¿Y si a Osamu le había pasado algo?
¿Y si no había logrado entrar a la universidad?
Fue entonces cuando recibió un mensaje.
"Ahora podrás gritar lo mucho que me amas y yo a ti. Nos vemos en la cafetería de la universidad mañana a las 15:00."
Esa noche, el pelirrojo no pudo pegar un ojo. Los nervios lo carcomían.
Habían pasado tres meses desde la última vez que había visto a Dazai.
¿Estaría más delgado o habría recuperado peso?
¿Su sonrisa sería más brillante o se habría apagado?
Esperaba que no.
Al día siguiente, cuando Chuuya llegó a la cafetería, lo vio.
Dazai.
Su Dazai.
Llevaba ropa holgada, como siempre, pero había algo diferente.
Había ganado peso.
Se veía más sano.
Su sonrisa iluminaba todo el lugar.
Ya no llevaba frenillos y, además, se había hecho un piercing en el labio.
El pelirrojo fue incapaz de contenerse y corrió a abrazarlo.
—Estás aquí... Eres real...
Chuuya rompió en llanto.
—Sí, soy real, Chuu.
Dazai se agachó ligeramente y desvió la mirada hacia los labios del pelirrojo.
—Solo bésame de una vez, idiota.
Chuuya lo sujetó por la cintura y lo atrajo hacia él, fundiéndolos en un beso profundo y cariñoso.
Las personas que estaban en la cafetería no tardaron en mirarlos.
Pero ya no importaba.
Ya no.
No cuando ellos eran lo más brillante de la habitación.
La pieza central
