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Español
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Published:
2026-06-30
Words:
4,996
Chapters:
1/1
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1
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4
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48

Realidad de Segunda mano

Summary:

Tras un extraño accidente, Risu comienza a despertar en realidades que no le pertenecen. Algunas son absurdas, otras inquietantes y otras demasiado perfectas para querer abandonarlas.
Esas realidades solo comparten una constante: Aikawa.
Quizá volver a casa signifique algo muy distinto de lo que Risu siempre había creido...

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El túnel era oscuro. Las paredes eran de un alicatado negro y rosa. Pero aquel rosa pastel tenía más mierda que las calles de Hole. Solo se veía como un marrón oscuro, y eventualmente alguna que otra franja rosita. Pero predominaba el negro marrano.

Risu y Aikawa corrian sin fin por aquel pasillo, sin mirar atrás.

¿Cómo habían llegado allí? No era lo más importante. La verdad que si le preguntáramos a Aikawa no sabría decirlo y Risu solo pensaría que había seguido a su amigo como un imbécil sin preguntar.

"¿Por qué nunca preguntaré?" se preguntaba, irónicamente, a si mismo mientras el sonido de sus botas repiqueteaba sobre aquel suelo mal alicatado y con grietas.

La basura se acumulaba por donde quiera que mirase y encima olía mal. Como si hubiera apilado decenas de cadáveres debajo de un cagadero público. A veces Risu se preguntaba por qué tenía a un compañero tan errático. No era que él fuera el dios del orden, ni que nunca se metiera nunca en problemas… Pero no acababa en esa clase de sitios así como así. Todo era por obra y arte de Aikawa.

— Tenemos que ir más rápido, ¡joder! — dijo Risu con la voz entrecortada después de mirar hacía atrás y ver lo que ocurría.

Aikawa iba algunos pasos por delante de él. Ambos tenían la respiración agitada y no tenían nada claro que había pasado. Pero una especie de vórtice estaba succionando todo a su alrededor ¿Cuanto tiempo y qué capacidad de absorción tenía aquel vórtice infernal? A saber. La mente de Aikawa ni se lo pensaba, y Risu… Risu no tenía opciones reales de imaginarselo siquiera. Ver como una barra de mental se elevaba, sin ton ni son, y era arrastrado a aquel agujero negro le acojonaba suficiente.

—Estoy corriendo —respondió Aikawa sin girarse. Él no necesitaba ver nada más solo deseaba llegar a un lugar seguro si es que eso existía en algún punto—. Tú eres el que se está quedando atrás.

No, no para nada. Risu veía como iba dos pasos por detrás, pero ni de broma se iba a quedar por detrás. No estaba dispuesto a morir tan joven. Quizá cuando engordara cincuenta quilos y el peso del tiempo le demostrara que no podía hacer magia se lo pensaba, pero aún no era el momento.

—¿Pero tú has visto lo que tenemos ahí detrás?— la pregunta de Risu era más bien retorica—. Ni en mil años me…

—Luego filosofas —cortó Aikawa—. Derecha. ¡Gira a la derecha!

Y entonces fue cuando Risu tropezó con lo que fuera que fuera aquello de metal que desde el suelo le empujó contra el vórtice.

—¡Aikawa! — gritó en aquel traspiés estirando el brazo. Y parecía que iba a caerse pero recobró el equilibrio manteniéndose en pie.

Aikawa pudo girarse levemente y verlo, sano y salvo sin parar de correr. Fue entonces cuando ocurrió. Un objeto succionado por aquel agujero negro que parecía no tener fin, golpeó la cabeza de Risu.

Y el mundo alrededor de él se volvió negro.

La oscuridad se prolongó unos minutos. Lo primero que rompió con aquello fue el sonido de un pajarillo que piaba a lo lejos. Era un canto común, aunque Risu no estaba familiarizado con aquellos animales. Casi era más común oír a los cuervos graznar.

El chico frunció el ceño, con los ojos cerrados ¿Así sonaba la muerte? Porque recordaba haberse golpeado la cabeza. De hecho le dolía un poco. Y también recordaba aquella grieta succionadora de color negro a sus espaldas comiéndose todo lo que había. Así que muy probablemente estaba ¿muerto?

Risu abrió los ojos despacio. La claridad de la mañana se filtraba por una de aquellas ventanas. El canto del pájaro seguía sonando y no, no era ningún animal mutado graznando. Tampoco de ningún demonio riéndose o… Solo era un pájaro. Se incorporó levemente y miró su alrededor.

Estaba en casa. Su pequeño piso cercano al cementerio. No había vórtice, ni olor a mierda, tampoco un alicatado mal hecho con moho y suciedad en las pareces. Solo una típica montaña de platos sucios y todo extrañamente ordenado. Parpadeó dos veces, tratando de que la imagen acabara de formularse en el espacio. Sí, estaba en casa.

Le dolía la cabeza. Se pasó la mano por donde aquel objeto, que ni siquiera recordaba qué era, le había golpeado. Debía tener un hematoma, porque el dolor aumentaba con la presión en la zona. Risu suspiró. Bajó los pies de la cama y observó con detalle la habitación.

Todo estaba en su sitio. Estaba en casa. Iba a levantarse cuando vio la puerta de entrada abrirse. Un Aikawa cargado de víveres entró por la puerta.

—¡Estás despierto! — comentó emocionado.

—Y a que precio… — dijo al darse cuenta que había sido la jaqueca lo que seguramente le había despertado.

Ladeó la cabeza, haciendo que los músculos de su cuello crujieran en un sonido que resonó por encima del canto de los pájaros del exterior.

—No te levantes — mencionó Aikawa dejando sobre la mesa todo lo que caraba —. Cocinaré para ti.

Risu le observó, con aquella sonrisa tan estúpida que siempre llevaba en la cara. Aikawa parecia que nunca se precupaba por nada.

—¿Que pasó? — preguntó Risu.

Aikawa le miró confundido, como si no supiera a qué se refería.

—Ya me entiendes, el vórtice negro, las paredes llenas de mierda, aquel túnel debajo de las cocinas del restaurante de "Las puertas del infierno".

El rubio intentó recordar lo que tenía en mente. Se habían metido por aquel lugar de casualidad. Él había ido a hablar con un miembro de los ojos cruzados aquel trabajaba allí y Aikawa había mencionado que "aquí se debe comer de vicio". Y sin saber como, habían acabado investigando el lugar. Nada del otro martes, en las cocinas vieron como se cocinaban humanos, una puerta al Hole donde seguramente los cazaban y un demonio cabreado con ellos por meter la nariz donde no les llamaban,

—Me habré golpeado la cabeza, pero no sé de qué me hablas, Risu.

El grandote sacó uno de los cuchillos que Risu solía usar para luchar y empezó a usarlo para cortar un puerro.

De todos modos, y a pesar del dolor, Risu se levantó y se dirgió al labavo confundido ¿Había soñado con aquello?

Al entrar en el baño se miró en el espejo. Sus ojos tatuados con dos cruces le devolvían la mirada. Tenía ojeras y claramente sí, se había golpeado la cabeza. Una mancha entre azul, amarilla y negruzca decoraba su frente. Claramente había recibido aquel golpe. Abrió la puerta del armario y buscó un botecillo de pastillas de sanación. Lo había comprado hacía tiempo. Sacó una de aquellas pastillas negras del bote y la ingirió de forma mecánica, llevándose un poco de agua del grifo a la boca.

"Quizá solo ha sido un sueño" pensó de forma mecánica al sentir la pastilla bajar por su garganta. Desde luego aquel humo encapsulado hacía su faena. Observó la marca de su cara desaparecer a los pocos segundos. Pasó los dedos por la sien, ya no dolía.

Salió del baño y se sentó frente a Aikawa, que seguia pelando y picando verduras de una forma que jamás le había visto antes.

—Pues he soñado que íbamos a ese restaurante y de golpe te daba por querer explorarlo — empezó a explicar Risu todo lo que recordaba. Estaba hablando cuando de golpe vio que Aikawa sacaba una bandeja de tofu seco.

Risu repasó con la mirada a Aikawa. Jamás le había visto cortar con precisión ningún tipo de comida sin llevarse un cacho a la boca, pero es que tampoco le había visto comer nunca algo como el tofu…

—Lo que más me sorprende de tu sueño es que hablases de "Las puertas del infierno" — menciono Aikawa — ¿Recuerdas que lo cerraron por servir humanos no criados para comer?

"¿No criados para comer? ¿se criaban humanos para comer?". La mente de Risu no acababa de entender aquello. Sí, ellos habían visto cadáveres apiñados, pero que él supiera no se comían a los humanos. A lo sumo los atormentaban un poquito…

—Espera… ¿cuando fue eso? — preguntó Risu esperando conectarse con su compañero.

—Poco antes de que me hiciera vegetariano — asintió Aikawa — ¿No te acuerdas?

Aquello aún le impactó más ¿Aikawa vegetariano? ¿Desde cuando? Ahora le sorprendería con que el universo era cada vez más benévolo y los hechiceros y los humanos eran amiguismos.

Aikawa observó al cara de sorprendido que Risu tenía. Parecía que le estuviera gastando una broma pesada…

—Parece que ese golpe en la cabeza te ha dado fuerte ¿eh? — dijo mientras metía todas las verduras que había cortado en una olla.

Risu miró a su alrededor aun sentado en aquella silla. No quería estar paranoico pero no podía evitarlo. Algo iba mal. Aquel Aikawa… No se llevaba comida a la boca mientras cocinaba, no se le había caído ni medio cacho de verdura al suelo que se había quedado allí de adorno hasta réquiem in pace , parecía que todo le daba igual pero ¿era vegetariano? No, aquel Aikawa no era su Aikawa. Todo se parecía mucho a su mundo, pero para empezar ¿desde cuando los pajarillos cantaban en su barrio? Tenía que haberlo visto desde el primer momento.

Se levantó de la silla y abrió la puerta del pequeño apartamento. El cementerio frente al que había vivido desde hacía dos años no estaba. Se había esfumado mágicamente, como si allí nadie hubiera enterrado a nadie nunca jamás. Como si la basura que se acumulaba de forma habitual en aquella zona jamás hubiera existido…

—Aikawa, tengo que contarte algo… — empezó a decir aquello dispuesto a contarle a aquel Aikawa que no era SU Aikawa, que no era el verdadero Risu de aquel mundo. Cuando la sombra de aquel vórtice apareció de nuevo a su espalda. No lo vio entonces.

Risu empezó a correr por el hermoso descampado, limpio y con naturaleza verde que se abría frente a él. Había hasta un cervatillo que le siguió corriendo. Todo parecía verde, orgánico, sin porquería… Aunque si olía un poco a mierda pero más bien como a mierda de vaca.

No, nada de aquello tenía sentido. Aquello no era su casa, o por lo menos no era exactamente donde él había vivido tanto tiempo. Nada se parecía a su realidad. Su realidad era otra, estaba claro. Fue entonces, cuando cayó en la cuenta del vórtice. Se giró a mirarlo y vio aquella negrura que succionaba todo a su alrededor. Apretó los dientes y empezó a correr en dirección contraria, pero el vórtice lo succionó sin más y todo se volvió negro de nuevo.

Lo primero que sintió Risu fue una sensación intensa de calor. El peso ligero de un edredón sobre él y el calor de un cuerpo a su lado. Algo asustado intentó centrarse en el olor. Una mezcla de lavanda , directamente del edredón llegó a su nariz. No era desagradable.

—Hmmmhmm… — escuchó y un brazo enorme cayó sobre él abrazándole.

Abrió los ojos despacio. La piel morena de aquel brazo le resultaba familiar pero tenía algún que otro tatuaje que no lograba recordar… Giró levemente la cabeza y vio a Aikawa a su lado. Roncando tan ricamente.

Risu rozó sus labios, sintiendo que el corazón se le aceleraba. Nunca habían estado tan próximos físicamente hablando… no al menos si no era en mitad de una pelea.

—Pesas demasiado — dijo apartándole el brazo, intentando evitar la incomodad que le hacía sentir tenerle tan cerca, pero Aikawa insistió en continuar en aquella postura.

—Acostúmbrate — musitó acerándose aún más a él.

La boca de Aikawa rozaba su cuello, y en vez de dormir empezó a besarle despacio. Risu se tensó, quedándose su cuerpo tieso. El asunto no mejoró cuando sintió la mano de Aikawa colarse por dentro del edredón y acariciarle desde el pecho a la cintura, arrastrándole contra su cuerpo. El rubio empezó a sentir como la sangre de su cuerpo viajaba rápidamente hasta su entrepierna. La boca de Aikawa llegó a su oreja, mordisqueándole un poco.

—¡Podrías parar ya! — se quejó Risu algo avergonzado. No era que aquello no le gustase pero desde ¿cuando…?

Se apartó, incorporándose en la cama. Aquel cuarto era sumamente espacioso. Tenía unas ventanas frontales que dejaban ver una ciudad llena de edificios altísimos, y la luz del sol se empezaba a filtrar entre aquellos colándose también en la habitación.

En aquel momento una niña rubia, pequeña y revoltosa entró corriendo en la habitación y saltó sobre él gritando "Papi". Se quedó abrazada a él haciéndole sentir más y más confundido.

—Siempre tendrás que tener razón — la voz de Aikawa sonó casi a queja y se giró en la cama.

La niña saltó sobre Aikawa abrazándole también a él, y entonces Risu aprovechó para levantarse pensado en que necesitaba un baño. Mear le haría bajar la erección que claramente con aquel pijama fino no sabía muy bien como disimular. Caminó poco hasta la primera puerta y atravesó una parte del pasillo hasta llegar al baño.

Era tan grande que le sorprendía. Tenía una bañera con patas en el centro, además de una ducha en la esquina, un lavabo doble con un larguísimo espejo y un wc perfectamente alineado con un pequeño separador. Se acercó, levantó la tapa del inodoro y meó bajando la erección. Ni una sola mancha de moho. Nada de tuberías visibles. Estaba más limpio que un cuenco de sopa de lujo.

Después de aquello, Risu respiró. No estaba seguro de dónde estaba, pero casi podía acostumbrarse a tener tanto espacio. Se lavó la cara y se miró al espejo. No había rastro de sus tatuajes en los ojos. Repasó con sus dedos alrededor de las cuencas, intentado palpar si al menos había una cicatriz o quizá ¿maquillaje? Pero no. Era como si sus tatuajes jamás hubieran estado allí.

—¡Papi! ¡Prometiste que hoy rellenaríamos las gyozas — insistió la niña de pelo rubio que había abierto la del baño de golpe. Corrió despedida por el baño, rodeando la bañera y luego saltó sobre el lavabo haciendo una pirueta.

—No deberías hacer eso — puntualizó Risu —. Te vas a hacer daño.

Risu se observó de nuevo en el espejo ¿desde cuando él cuidaba de una cría? o mejor ¿Desde cuando le importaba la seguridad de esa cría? Porque había dicho eso sintiéndose involucrado en lo que decía. La observó unos segundos, con carita dulce y caprichosa, tirando de la manga de aquel pijama de algodón limpio.

Antes de que pudiera decir nada, Aikawa entró en el baño.

—Primero desayunamos y luego rellenamos las gyozas para comer — dijo a la niña, que saltó al suelo de forma más pausada y se plantó frente a él —. Ahora ves a vestirte ¿si?

La niña asintió y salió despedida del baño como un rayo. Aikawa se acercó a Risu, que se puso nervioso recordando cómo le había mordisqueado la oreja.

—¿Estás bien ? — acercó sus brazos, rodándole por la cintura y haciéndole sentir sumamente vulnerable. Aquella sensación le asustaba un poco, pero también era ¿agradable?

—Estoy un poco confundido — habló finalmente Risu—. He soñado cosas extrañas y….

Aikawa lo calló besándolo levemente en los labios. "No, esto no es solo agradable" pensó Risu. Se sentía como en el cielo. Por un instante se dejó llevar y pasó los brazos por la cintura de Aikawa. Abrió levemente la boca, entregándose a ese beso cuando la risa de aquella niña les interrumpió. Pararon el beso y miraron a la puerta, donde la cría les miraba con una sonrisa tímida.

—Tenemos faena que hacer — dijo Aikawa antes de salir del baño.

Risu boqueó ¿los sueños estaban hechos de aquel tipo de algodón de azúcar? Nunca había estado en un sitio tan limpio. Nunca se había sentido tan seguro y amado. Caminó descalzo hacía el comedor y vio las fotos colgadas de la pared. Eran una familia… Una como la que él nunca había tenido antes.

La niña estaba con los pies colgando de un taburete alto. Llevaba puesto un peto tejano y le miraba todo el rato, mientras Aikawa le preparaba un bol de cereales en aquella cocina de espacio abierto. Risu se sentó junto a ella, aún en pijama y la observó.

— Hay que ir a comprar puerro — comentó Aikawa mirando a Risu — Ayer me olvidé…

—¿Las gyozas llevan puerro? — preguntó la niña recibiendo el bol de cereales.

—No siempre, pero estas con carne de cerdo si — aclaró Aikawa.

Risu negó con la cabeza. En la vida jamás había cocinado aquello. Pero podía ir a comprar puerro. Estaba confundido, pero algo instintivo le guiaba. Caminó hacía la habitación y se cambió de ropa. La que había no era mucho su estilo, pero le agradaba. Se puso unos zapatos y buscó en sus bolsillos. Antes de que se diera cuenta Aikawa le tendió una cartera.

Entonces Risu salió del apartamento y se dirigió a los ascensores. La sensación de seguridad proseguía. No había ni un solo fluorescente que fallase. Todo parecía perfectamente nuevo. Salió a la calle, en la que hacía algo de más calor, con un leve cambio de temperatura. Caminó por la calzada hasta ver una tienda y entró.

El vendedor le saludó amable:

—Tu marido se olvidó el puerro ayer — dijo el vendedor sacando una bolsa y entregándosela —. Es demasiado despistado, pero no pasa nada, le he añadido unos fideos de regalo por…

El hombre siguió hablándole amablemente. Era como si se conociesen desde siempre sin embargo Risu no lograba recordar quien era. Todo parecía tan perfecto… y entonces volvió a ocurrir. Aquel vórtice apareció a su espalda. Risu apenas lo notó porque la mayoría de verduras de la tienda empezaron a ser absorbidas por el agujero negro.

"No quiero irme. No quiero irme todavía. Un poco más." pensó aquello instintivamente pero al girar sobre sus pies lo supo. No había cinco minutos más. Se dejó llevar por aquel túnel de oscuridad de nuevo.

Lo siguiente que sintió Risu fue el frio. No era un frio ártico. Era un frio helado pero extraño. Un súbito dolor de cabeza le congeló las cervicales, algo adoloridas. Abrió los ojos y una pantalla con luz azul decoraba su pantalla. Tenía abierto un documento y un chat en la esquina. Pudo ver sus manos sobre el teclado. En la pantalla de chat se veía la R la T y la Y repetidas múltiples veces. Como si hubiera estado pulsando los botones del teclado de esas teclas simultáneamente de forma inconsciente. Notó la boca seca y pudo ver un vasito pequeño de café vació, con las ruedas pegajosas alrededor ¿cuanto tiempo llevaba eso ahí? A saber. Lo unico extraño era la foto de un puerro emarcada en su escritorio.

—Buena siesta, ¿eh? — la voz de Aikawa llegó desde atrás.

Risu se giró a mirarle. Iba vestido con un traje gris corporativo, que destacaba en el espacio blanco minimalista. Todo eran cubículos de oficina. Teléfonos de plástico ABS negro y pantallas de ordenador despidiendo luz azul sobre el espacio.

— La mejor de mucho tiempo — dijo Risu —. He soñado con el cielo creo.

Una leve sonrisa se dibujó en la cara de Aikawa. Risu le miró preguntándose ¿Como era aquel Aikawa? No era el suyo, porque aquella ropa… Se miró a si mismo, dándose cuenta de que llevaba un traje muy parecido.

—El cielo ¿eh? — preguntó Aikawa —. Bueno, aquí solo nos quedan facturas que cobrar y albaranes que repasar… No creo que se parezca a tu cielo.

De algún modo aquello hizo sonreír a Risu. Si, si se parecía porque él estaba ahí con él. Cerró la boca mordiéndose el labio con fuerza y desviar la mirada tras descubrir que había pensado aquello ¿Desde cuando… le gustaba tanto Aikawa? Levantó la cabeza y leyó una nota: " Reunión a las 3 pm". Después miró el reloj. Eran las 14:45. Tenía una reunión y ni sabía donde. Miró de nuevo a Aikawa.

—La reunión… — dijo esperando que le ilustrara pero su cuerpo reaccionó antes que su mente. Se levantó de la silla y empezó a caminar. Iba de aquello, solo tenía que dejarse llevar.

Aikawa le siguió. Caminaron el pasillo y subieron dos pisos en el ascensor. El silencio les envolvia. Risu le miraba de reojo. En realidad aquel traje le sentaba bien. Era raro, pero le sentaba muy bien. Entraron en un despacho. Se sucedió una reunió aburrida en la que hablaron de un montón de cosas que se podrían haber simplificado en dos frases, pero las extendieron a una hora. Pasó otra reunión con un patrón similar, solo dos personas diferentes en ella. Volvieron al cubico inicial. Lo único que hacía soportable aquel lugar frio y desprovisto de personalidad era que estaban juntos.

—¿Te vas a quedar a hacer horas extra? — Aikawa preguntó aquello de golpe. Llevaban horas sin hablarse, solo atendiendo a las reuniones, repitiendo cosas de la compañía…

—No — dijo Risu. Apenas llevaba ahí tres horas, pero se sentía como si llevase siglos ¿más horas? ¿Estaban locos? — Pensaba en… ¿quieres ir a tomar algo?

Aikawa le miró fijamente, sorprendido, como si no fuera propio de Risu tomarse un descanso y proponer aquello.

—¿Te han cambiado por otro, Risu? — preguntó un poco burlón —. Pero no puedo, aunque confraternizar fuera de horario laboral es bueno, ya sabes que bueno… no nos dejan.

—Ah, perdona.

—Si, ya sabes, eso que dijeron que el contacto excesivo reduce la productividad y….

Aikawa le miró con cierta pena.

—Tenías razón antes — dijo Risu —. Esto se parece más al infierno pero en versión limpia…

Al decir aquello recordó Hole de nuevo. Las cucarachas, los restos de humo, la basura… Salió al pasillo sin Aikawa y se dirigió al ascensor. Así que la basura y la suciedad no era lo que hacía de su casa un lugar feo ¿eh? miró hacía atrás varias veces, como esperando que Aikawa se animara a salir de aquel lugar monótono, aburrido y en el que solo se le congelaba el cogote. Pero ese Aikawa no parecía…. Al abrirse las puertas del ascensor el vórtice apareció en el interior. Esta vez no quería cinco minutos más.

"♪ Miku Miku ni shite ageru~ ♪ Miku Miku ni shite ageru~ ♪" empezó a sonar. Aquella alarma martilleaba la cabeza de Risu, que estiró el brazo y apagó la alarma. Era un despertador cuadrado de color turquesa. Podía notar un pelo largo sobre su cuerpo, muy molesto.

— No quiero levantarme aún — se dijo a si mismo y notó su voz algo extraña.

Se giró sobre si mismo y se tapó la cabeza con la almohada unos segundos. Finalmente tiró la almohada al suelo y suspiró. Tenía que levantarse e ir a la escuela. Miró hacía abajo y se percató de que tenía el pelo largo. Le caía en forma de dos coletas larguísimas de color turquesa. Se levantó de la cama y se dirigió al armario. Tenía que vestirse e ir al instituto… Miró todos sus trajes ahí colgados. No le acababan de convencer… No era que él pensase que los hombres no podían llevar falda, pero… Es que eran faldas muy cortas.

Dejó de pensar tanto, cogió un conjunto con corbata y se lo puso. Se ajustó las botas musleras de color negro, se arregló las coletas y salió a la calle. Estaba caminado cuando se percató que no había comido nada. Decidió que compraría algo. No se había mirado al espejo, la idea de llevar el pelo tiquesa y largo no le emocionaba… Pero lo llevaba así. Rebuscó en su cartera y miró si llevaba dinero… Y lo llevaba pero eran unos billetes un poco raros.

Hatsune Miku estaba en todos los billetes. En los de 5, en los de 50 y en los de 100. Aquello ya le hizo sentirse un poco extraño. Sin embargo era pronto, y total ¿por que iba a pensarlo tanto? El segundo impacto llegó cuando se dio cuenta de que el policía que dirigía el trafico dos calles abajo… ¿Era también Hatsune Miku?

Risu suspiró, quizá solo se había equivocado. Se acercó al policía, que efectivamente llevaba dos coletas de color turquesa. También llevaba una falda corta y botas musleras y dirigía el trafico con un puerro. Era un poco extraño pero… A veces la magia hacía cosas extrañas ¿no?

— Disculpe que le moleste — dijo Risu llamando la atención del policía. Se acercó a él y sacó un billete de su cartera — ¿Es esto dinero de curso legal? Estoy teniendo un día rarisimo…

—Desde luego, Miku — contestó el policía dejando a Risu totalmente confundido.

El chico asintió y continuó hasta el restaurante cercano. Entró por la puerta y no le sorprendió ver que las camareras llevaran cosplays de Hatsune Miku. Una de aquellas le acercó a la mesa más próxima y le invitó a sentarse.

—¿Quiere el menú de puerro o el menú con extra de puerro?

—¿No tenéis otra cosa? — La pregunta de Risu era legitima. No era que no le gustase el puerro pero….

La camarera lo mira horrorizada.

—...¿Está usted bien?

— Si solo que… — Risu no acababa de comprender nada. Se levantó y pidió disculpas a la camarera antes de volver a la calle ¿menú con extra de puerro?

Caminó dos calles más cruzandose con más gente vestida como Hatsune Miku. Subió hasta el instituto y pudo ver a la Hatsune Miku de seguridad y entonces… Aikawa estaba allí. Con dos coletas de pelo largo turquesa y con un puerro en la mano.

— ¿Que os pasa a todos con el puerro? — preguntó Risu al fijarse que varias chicas entraban también con puerros al recinto escolar.

—No, ¿que te pasa a ti que no lo llevas? — pregunto Aikawa y casi dos metros de altura con aquellas botas musleras de plataforma.

—No lo se Aikawa…. No lo sé.

Aikawa le miró confundido.

—Me llamo Miku…¿Que es un Aikawa? — Aikawa preguntó aquello muy precupado —¿Estás bien Miku?

—Ah….

Risu estaba confundido ¿como era posible que todos fueran Miku? En aquel momento un montón de voces empezaron a cantar Ievan Polkka. Risu se tapó los oídos instintivamente ¿que diablos estaba pasando.

—Creo que tienes que volver a casa — dijo aquel Aikawa cosplayeado de Hatsune Miku y le golpeó con el puerro en la cabeza.

Hatsune Miku, digo Risu, parpadeó al sentir aquel suave golpe. Y entonces apareció la sensación de caer. Todo estaba negro, con un oscura negrura solo acompañada de una leve sensación de humedad. Y entonces un bofetón le dio en la cara.

—¡Espabila!

Aquella voz. Aquella voz era familiar. Y entonces otro bofetón que le giró la cara.

—¡Quieres parar de ser tan subnormal! — la voz de Risu salió automática. Estaba dispuesto a parar cualquier otro bofetón que llegase.

Notó los brazos de Aikawa rodeandole.

—¡Joder, Risu! Pensé que estabas muerto — El alivio en la voz de Aikawa se podía palpar —. Te quiero mucho, tío, no más sustos así…

—¡SUSTOS COMO, SUBNORMAL! — se quejó Risu. Ni que no hubieran acabado en aquel subterráneo por su culpa. Pero al percatarse de que le abrazaba bajó el ritmo. Estaba en casa. Le abrazó de vuelta — ¿Que ha pasado?

Aikawa se separó un poco de él y le miró.

—Te golpeaste con un tubo y pensé que te ibas a la mierda — dijo para tragar saliva, como si contarlo fuera como revivirlo todo —. Pero te agarré como pude del brazo y seguí corriendo… Te golpeaste un poquito más cuando subí las escaleras….

Risu sintió de golpe que era cierto. Le dolía todo el cuerpo. Era como si le hubieran pegado una paliza.

—Y entonces apareció un demonio que dijo algo… — Aikawa se encogió de hombros —. El caso es que salimos de ahí y no nos han seguido porque suficiente percal tienen.

—Eres la pero desgracia que he vivido — se quejó Risu pero dibujó una sonrisa tímida en la cara. Levantó los brazos y le tocó la cara —. He soñado cosas rarisimas ¿sabes? pero…

Aikawa desvió la mirada, sintiendo el tacto de la mano de Risu sobre su mejilla. Se sonrojó.

—¿Sí?

—Eras un vegetariano...

— ¿Que película de terror es esa?

Risu soltó una risa por la nariz al observar la cara de horror de Aikawa.

—También eras un oficinista aplicado que hacía horas extra…

Aikawa bufó…

—Peor todavía ¿No había nada decente en el sueño?

Risu recordó el universo en el que eran familia pero dudo un instante.

—También había un universo muy raro lleno de... Mikus.

Aikawa frunció el ceño pensado " ¿Mi.. que?".

—¿Qué demonios es una Miku?

—No quiero hablar de ello, la verdad era perturbador y no creo que me sienten bien las faldas….

Entonces Risu repasó un pequeño corte por la mejilla de Aikawa. También se había hecho daño, al menos no era el señor de acero inoxidable. Menos mal… Y si, podían jurar que estaba en aquel vertedero que significaba su mundo. Porque olía a mierda mezclada con putrefacción, orina y basura… Pero Aikawa estaba guapo. Risu se mordió el labio antes de acercarse. Al moverse le dolió el cuerpo entero. Sintió un pinchazo en las costillas, es evidente que Aikawa nunca sería delicado… Y no, era un príncipe azul. Tampoco iba a estar limpio y oler a jabón a menudo… Pero era él.

Risu le atrajo contra él, tirando de su sudadera, al ver que no era capaz de incorporarse más y le besó con ganas . " A tomar por culo" pensó. Aikawa se dejó, entregándose. Se separaron segundos después. Aikawa tragó saliva, viendo como Risu se dejaba caer. Estaba totalmente sonrojado, sorpendido de aquel gesto por parte de Risu pero… agradecido. Se sentía cortado ¿que decir? Le acababa de besar y…

—Necesito que vayamos a comer algo — dijo Risu pensando en cómo iba a moverse.

—Bua, pensaba que nunca lo ibas a decir — comentó Aikawa pasándole un brazo por los hombros y ayudándolo a levantarse.

—Por favor, nada que lleve puerro ni extra de puerro…

—¿Qué?

— Tonterías mías — dijo Risu mientras se alejaban de aquel lugar. Lo que más le sorprendía era que la basura y la suciedad no era lo que hacía de su casa un lugar feo.

Notes:

Sorry not sorry.
El mundo de las Hatsune Miku no sé si es una fantasia erotica mia o una pesadilla. Anyways... Tenía que hacerlo.