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A Maomao siempre le ha gustado el silencio.
No lo escucha mucho. Viviendo en el palacio del Emperador significa que siempre hay algo que hacer. Limpiar, cocinar, cualquier orden que le pide Gyokuyou. Ella es una sirviente. Ella está aquí para servir. A cualquier hora, por cualquiera razón.
Agachada enfrente del jardín enfrente del pabellón de la empresa, Maomao recopila las hierbas que enterró hace cuatro meses.
De verdad ha pasado tanto tiempo? Claro, no la molestan mucho como la boticaria y prácticamente la detective, pero todavía es como extraño que no ha escuchado de un eunuco particularmente ladilla, ni de una de las millones de sirvientes que le piden consejo para todo. Xiaolan no la molesta mucho, pero a veces se puede poner un poquito pesada.
Dos manos le cubren los ojos antes de que puede soñar más.
“¿Quien soy?” Una voz canturrea detrás de ella. Solamente una puede ser.
“Shisui, ven y ayúdame,” Maomao responde, no mirando para atrás. Escucha la risa musical detrás de ella, y se tiene que aguantar la sonrisa.
“¿Como supiste?” Llora Shisui, sentándose al lado de ella y importantemente no ayudando. Le dice una cosa y como que si no escucha nada.
“¿Quien más va a ser?” Maomao se para, limpiando el barro que sigue en sus rodillas. Shisui pone una cara como una gata decepcionada cuando empieza a caminar a su trastero convierto casa.
“Xiaolan,” Considera.
“Xiaolan es muy ruidosa. La escucharía antes de que se acercará,” Le dice Maomao, abriendo frascos de ingredientes para hacerle unas medicinas al doctor. De verdad es incapaz, a Maomao le sorprende que haya llegado a una posición tan alta.
"Jinshi?"
Maomao le da una mirada.
"Bueno no, pues..." Shisui toma un momento para pensar, pero Maomao no la deja seguir.
"No conozco a tantas personas tampoco. Además, eres muy particular." Shisui la mira como si fuera un insecto. Mejor dicho, como si fuera una piedra.
"¿Particular? ¿Qué quieres decir con eso?" Como si ella no supiera.
"Shisui, sabes que tú eres la única persona en el palacio—a lo mejor el mundo—que me haría adivinar quién eres." Por alguna razón, ella decide hacerse la loca.
"No seas así, Maomao. Yo sé que eres popular."
"¿Popular?" Conoce a muchas personas, si. Eso no significa que es popular. Solo tiene contactos. Personas que necesitan pago, intercambio. Maomao no tiene muchos, pero sabe qué es un amigo.
"¡Claro! ¿Quien no te amaría?" Es una pregunta boba. Si todos la amaban, no tendría cicatrices en la cara ni neutralidad a todo.
"A ver... hay una que trabaja en el palacio exterior Suirei. Ella no me debe amar." No la puede amar una mujer ya muerta. Menos si sabe como murió. "Las sirvientes de Lihua, las sirvientes de Lishu, la señora de La Casa Verdete, y cuarenta por ciento de la población femenina del palacio."
"Si Suirei no te ama, haré que te amé." Maomao pone los ojos en blanco, continuando con su trabajo. "¿Que pasó? ¿Tienes tan poca confianza en mi?"
"Sí. Ni la conoces."
"Ay, Maomao, me dudas tanto." Shisui se recuesta en ella, como si no estuviera haciendo algo. Tiene que aprender a respetar el espacio de los demás. Maomao la va a dejar porque tampoco es que la molesta, pero si tiene que.
"No me molesta que la gente me odie. Menos si no me aman. Yo no amo a muchas personas. ¿Por que esperaría eso de otros?"
Shisui se ríe de ella, como si haya contado un chiste. "¿Qué?"
"Nada, nada. Solo que tú eres un carácter particular también, Maomao." Ella siempre ha dicho el nombre de Maomao diferente. Como si fuera algo más suave de lo que de verdad es.
Shisui la mira preparar sus hierbas en silencio un rato, los únicos sonidos siendo la piedra de su mortero y la respiración de la mujer tras ella.
Brazos muchos más calientes que los de Maomao—y trabajando mucho menos—la agarran, y Shisui apoya su cara en el cuello frio de Maomao. Siempre ha sido mucho más fría de lo normal. Al criarse en las calles se tuvo que adaptar. "Tú sabes que yo te quiero, ¿verdad?"
Ominosa. Pero aceptable.
"Sí," Maomao responde sospechosamente. No puede evitar preguntar, "¿Por qué?"
Shisui hace un sonido que Maomao no puede definir. No es decepción, más bien una pregunta.
"Quiero que lo sepas," Por fin contesta Shisui después de unos minutos.
"Eso no respondió nada," Maomao dice con una cara seria. Shisui se ríe. Por lo menos ha vuelto.
"A lo contrario. Yo creo que dice todo." Shisui sonríe, apretándole la cintura a Maomao. Siempre ha sido así. De toques innecesarios. Maomao no sabe que haría sin ellos.
"A veces dices cosas tan extrañas." A veces no es la palabra correcta. Casi siempre dice algo extraño.
"Igual me quieres," Molesta Shisui.
Maomao no le contesta.
Ya debe saber.
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Maomao nunca ha asociado ser secuestrada con vapor y un olor a naranjas.
"¿Maomao, que quieres comer?" Shisui le pregunta, buscando en uno de los miles de gabinetes. Maomao le canturrea, parcialmente para contestarle, y parcialmente porque—
"¿Estás enojada conmigo todavía?" Shisui murmura, poniendo una mano en su cabeza para calmarla. Siempre ha sabido cómo leerle la mente. "Maomao," Suspira, mirándola con unos ojos tan vergonzosos que Maomao no puede hacer otra cosa que asegurarla.
"No," Maomao miente. "Bueno, un poco," Corrige. "Solo no entiendo porque—" No le vienen las palabras, y otra vez se siente como una niña abandonada en un mundo demasiado vasto. "¿Por qué, Shisui?"
Y la cara entera de Shisui se relaja, como si al decir esas palabras se le ha relajado algo en el alma. Se sienta a su lado—donde Maomao le parece que pertenece—y le agarra una mano, inspeccionándola como una obra de arte. Como si Maomao fuera una obra maestra y quiere estudiar cada pincelada.
"Eres importante, Maomao. Eres una pieza invaluable."
"¿Y eso es lo que soy? ¿Una pieza?" Las manos de Shisui tiemblan mientras agarran la suya más fuerte. Como si tuviera miedo que Maomao se escapara. No puede. Si pudiera, igual no se iría.
"No. Por eso te creen importante. No por lo que eres." Lo dice como si la conociera. Shisui la conoce. Pero Maomao no sabe si ella conoce a Shisui.
"Lo que—" Maomao no puede decir lo que tuvimos. No tuvieron nada. "Lo que me dijiste. ¿Eso fue todo mentira?"
"No," Contesta Shisui, mucho más rápido y mucho más firme que lo que Maomao esperaba. "Es verdad. Claro que es verdad."
Maomao siente lo otro que quiere decir. 'Nunca te mentiría de eso.'
Pero eso no es la verdad.
"No sé si te creo," Confiesa Maomao.
"Te amo," Shisui ruega. Maomao cree que se le paro el corazón, pero eso es imposible sin un veneno de nivel mucho más alto.
Maomao no le contesta. Shisui todavía sonríe, siguiendo su búsqueda entre los gabinetes.
Se le presenta un bol de sopa después de unos minutos. Su favorita. Maomao se lo come en silencio mientras manos le arreglan en pelo, una punta afilada extraña contra su cabeza. Sube la mano para tocarlo, y Shisui le pega la mano.
"Es una horquilla," Le cuenta, pasándole el espejo para que Maomao se vea. Es bella, y se nota lo costoso que debe hacer. No le sorprendería si fuera hecho de oro de verdad, pintada completamente a mano. "Pensaba que te combinaba."
Maomao se trata de enfocar en su libro mientras Shisui recoge los platos, y encuentra que todas las letras se han vuelto borrosas.
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"Shisui, te lo suplico."
Maomao no le gusta rogar. No cree en ningún dios, y ya ha aceptado que si de verdad hay uno, no le está prestando atención.
Es ahora que se da cuenta que aunque no exista, debería rezar igualmente. Por lo menos uno la tendrá que escuchar, verdad?
Loulan se acerca a la puerta otra vez, sonriendo como si estuviera yendo a una fiesta en vez de a su muerte.
¿Qué le puede decir Maomao que no ha hecho ya? Le dio su horquilla y le pidió que se la devolviera. Le pidió que se escapara con ella, y siguió. Persistente eternamente. Siempre ha sido así. Maomao nunca pensó que algo de Shisui la molestaría tanto.
"Por favor," Espira Maomao. Ya ha intentado decirlo fuerte, ahora le falta decirlo callado. De cualquier forma. Por lo menos si la escucha.
"No te preocupes, Maomao," Loulan abre la puerta, mirando para atrás con los ojos cerrados como si mirarla le destruirá. "Te lo prometí."
"Shisui, por favor." Maomao sigue por ella, tratando de agarrarse de unas de las varías telas cubriéndola. "No me importa una—una horquilla de mierda. Por favor. Vuelve. No te vayas." ¿Es egoísta que quiera que no se vaya? ¿Que se queden aquí las dos para siempre?
Shisui tiene un deber. No importa cuanto la quiera Maomao. Lo tiene que terminar.
"Cualquier cosa. ¿Que tengo que hacer para que te quedes?" Shisui, con los labios pintados y un vestido intrincado, se ve bella. Maomao nunca se lo dijo. ¿Cuenta si le parece que siempre es?
Pero no importa. No importa cuanto grita o pide o mendiga, Shisui no la mira. No la escucha. Shisui, que siempre busca, no se voltea.
"Te amo," se rinde, arrodillada enfrente una diosa. La suya. "Por favor."
Y por alguna razón, Shisui se ve sorprendida. Como si no supiera eso. Como si no supiera que Maomao viajaría por todo el mundo buscándola si fuera necesario.
Y como siempre, su sol sonríe. Maomao se pregunta como los hombres se levantan sin esa sonrisa. Le tocará aprender.
"Te quiero, Maomao," Shisui le deja, despidiéndose como una mujer ya muerta. Lo que le falta es la sangre. No la lamentación. Viva o muerta, Maomao la llorará.
"¡Por favor!" Maomao grita, golpeando a la puerta encerrada. Prácticamente puede ver como Shisui la encierra con manos temblando. Se imagina que es por el frío y no por el miedo. No sabe que haría si la dejo ir asustada.
No se mueve cuando Jinshi derriba la puerta. Ni mira para arriba, ni se distrae con su ropa elegante que solo le puede pertenecer a un soldado imperial muy importante.
Lo que importa es que Shisui cerro esa puerta. Y no la volverá a abrir.
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La noche está fría sin alguien en su cama.
Maomao aprendió a dormir sola a los tres meses. Le tocó. No había nadie que la acompañara, y no había nadie que la entendiera. Todavía no. Solo una.
Se da la vuelta, esperando su sonrisa, y envés de eso encuentra el cielo estrellado. Se pregunta si Shisui está viendo las mismas, o si está tan lejos que ni las constelaciones la pueden encontrar. Parece que el trabajo depende de Maomao.
Los grillos están particularmente ruidosos está noche. A lo mejor quieren que extrañe su casa más de lo que ya la extraña. Pero Maomao ya ha vivido un año sin ella. Extrañar es un sentimiento que sabe intrínsecamente.
"Te amo," Maomao susurra, agarrada por una cobija en vez de una mano. Espera que el viento se lo lleve a quien le pertenece.
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Maomao cree que está alucinando cuando la ve del otro lado de la calle.
"¡Shisui!"
Se da la vuelta, más con pereza que con intriga, y sonríe.
Ay, como Maomao ha extrañado esa sonrisa.
No le importa mucho las miradas de la gente de alrededor. No, lo que le importa es que Shisui se queda con los ojos abiertos. Dentro de todo el dolor y el miedo del castillo Shi, lo que más le asustaba era que se olvidara el color de sus ojos.
Verdes, son. Como el veneno. Como el amor, piensa Maomao.
El concreto en el que caen está caliente por el sol, pero nunca tanto como Shisui. En dos años no ha encontrado algo igual como ella. Ni en doscientos podría.
Shisui se ríe al agarrarla, la canción favorita de Maomao. Casi creería que estuvieron separadas minutos en vez de años, por lo menos, si no sintiera el temblor que sigue en los brazos de Shisui mientras la agarra. ¿Paro después de que cerro la puerta, o no se ha podido quedar quiera desde ese día? Maomao no pudo.
Pero también, Shisui siempre ha sido mas fuerte que ella.
Maomao se trata de alejar un poco—para verla nada mas, nunca la dejará otra vez—pero Shisui no la deja. La aguanta aún más fuerte, como soltarla significa que todo esto es un sueño. No la sorprendería mucho. Maomao tuvo miles de sueños como este. Pero ninguno pudo replicar la respiración cortante que le dispara los hombros a Shisui. Ninguno imitó las lagrimas que le caen en el cuello.
Maomao no sabe de quien son.
"Hola, mi amor," Shisui por fin dice entre sus sollozos. Su voz suena igual. Lo único diferente es que Maomao puede ver su dolor esta vez.
"Te pedí que no te fueras." No sabe porque su primer instinto es rabia. Pero Maomao se acuerda lo que le contestó al pedirle que se quedara. Que no se fuera.
"Perdón," Contesta, ni una gota de remordimiento en sus ojos. No le importa mucho a Maomao. Por lo menos se los puede ver. "Pensé que iba a ser rapidito."
Maomao la mira. Le ve las ojeras y la cicatriz de una bala en el hombro. "No fue."
"No. Perdón," Dice Shisui, aguantándole la cara con tanto cariño que Maomao no puede hacer otra cosa más que perdonarla. Eso lo hizo hace dos años, y lo hará otra vez ahora. Por ella. "Pensaba que te dolería menos si no te lo contestaba."
Maomao sabe a lo que se está refiriendo. "Tonta, fuiste. Estúpida."
Claro, le duele decirle eso a alguien que quiere tanto. Pero Maomao ya ha aprendido que casi siempre el amor duele. Lo que se tiene que aprender ha amar por encima de todo es el dolor. Para que nadie te lo pueda hacer a ti.
Pero Shisui es difícil de no amar. Especialmente sobre todo.
"Todavía te quiero decir algo, Maomao."
A Maomao no le gusta tener esperanza. A lo contrario. Cree que la esperanza es de las cosas más peligrosas que puede tener una persona. Pero todavía no se puede parar de esperar con casi toda su alma que lo que Shisui le quiere decir es lo que ha querido escuchar por años. "¿Qué?"
"Te amo. Te he amado desde el primer momento que dijiste mi nombre, y te amaré hasta que lo digas por la ultima vez." Y por la segunda vez hoy, Maomao se siente como si acaba de respirar aire fresco por la primera vez en años.
"¿Y como sabrás cuando es eso?" Pelea, tratando de calmar su corazón hiperactivo.
Shisui sonríe otra vez. Como si Maomao es la única cosa que la puede hacer sonreír, y no ha podido desde que se fue. Maomao siempre se ha preguntado como esa sonrisa se sentiría contra su boca. "No sé. Me tocará amarte para siempre, entonces."
"Shisui," Maomao contesta, exasperada.
"Maomao," Le responde de la misma forma. Extrañaba sus bobadas.
"No digas cosas así."
"¿Cosas como?"
"Que sabes que no vas a poder cumplir." La cara que pone Shisui nada más se puede describir como traición.
"¿Como te lo demuestro?" Shisui le agarra la mano. Caliente, como siempre. Sus amigos le pidieron que llevara una chaqueta, pero para que la necesitara? "¿Como te hago confiar en que me voy a quedar?"
Maomao se lo piensa. Maomao, que nunca ha tenido a nadie que se quedara, lo piensa por más tiempo que ha pensado cualquier caso o problema. "No sé."
"Aprenderé," Shisui espira contra sus labios, mano firme contra la quijada de Maomao como si le da miedo perderla otra vez. Ya debe saber que no la perderá salvo que ella quiera que se vaya.
"Dices cosas así con tanta confianza," Maomao le dice, como si no es una de las razones porque la ama. Una de las millones.
"Por supuesto. El primer paso para hacerlas es creer en ellas, Maomao."
Maomao se para. No suelta la mano de Shisui mientras la guía por el palacio, entre los edificios y dentro de su oficina. Fría es. Fría, excepto una cosa.
"Te lo quedaste?" Pregunta Shisui, agarrando la horquilla de oro en su mesita de noche. El centro está pulido, usado y usado todos los días. Todos, excepto el que importaba, parece.
"Claro," Imita Maomao. "Me lo diste tú."
"Pero si tienes tantos otros. Yo se que no te los han parado de dar." Shisui suena preocupada. ¿Por qué será?
"Porque soy tuya, Shisui. Siempre lo fui, y siempre lo seré."
