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My house could be your house too

Summary:

- ¿Sabes qué me di cuenta? - preguntó Manuel con la voz rasposa y entrecortada - puede ser que esté enamorado de vos

En realidad estaba seguro de lo que sentía, nunca había estado tan seguro de algo en su vida, pero con Lautaro no todo tenía que ser tan serio, podía darse el lujo de molestarlo un poco aún en momentos así porque esa era su dinámica.

- Sos un pelotudo bárbaro - el rubio lo miraba con una sonrisa enorme y un brillo en sus ojos que nunca le había visto - capaz yo también estoy loco por vos

Notes:

He aquí mi humilde aporte a esta dinámica espectacular.
Mi canción fue House Tour de Sabrina Carpenter.
Espero les guste :)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Amistad y Amor.

Dos conceptos que siempre habían sabido cómo coexistir, divididos por una fina pero marcada línea que nunca dejaba que se mezclaran.

Manuel era una persona que tenía claro el tipo de relación que tenía con cada una de las personas que hacían parte de su vida, sabía dónde estaban pintados los límites y nunca se había visto a sí mismo en una posición en la que dudara del tipo de vínculos que tenía.

Al menos no hasta ahora.

Sin embargo, Lautaro, su mejor amigo de toda la vida, siempre lograba de una u otra manera ser la excepción a la regla. 

Manuel sabía que su relación con el rubio se diferenciaba de los demás en creces; si se ponía a pensarlo no le alcanzarían los dedos para enumerar la cantidad de veces que se olvidó de todas las líneas que juraba no cruzaría con nadie y terminó cediendo a los caprichos de su amigo solo porque sí, era como si negarle algo a Lautaro fuera la opción incorrecta.

Si tuviera que culpar a alguien sin duda sería al tiempo. Llevaban siendo amigos un poco más de diez años y su dinámica era tan única que solo los dos la entendían.

Manuel podía decir con toda la seguridad del mundo que conocía a Lautaro mejor de lo que se conoce a sí mismo; sabe cuál es su tono de voz cuando está feliz, sabe cuál movimiento de sus cejas indica que está irritado, sabe que cambia el color de su ropa -que normalmente es crema o pastel- a tonos más oscuros cuando está triste o simplemente no es un buen día, conoce cada tic que tiene cuando está nervioso o incómodo. Básicamente si existiera un test que determinara quién, en todo el mundo, sabe más de Lautaro y cada aspecto de su vida, muy probablemente él ganaría con un margen de error casi nulo.

No podía asegurar que Lautaro tuviera el mismo nivel de obsesión conocimiento sobre él, pero, aún así, sabía que el rubio podía leerlo con la misma facilidad con la que se lee un libro abierto, siempre sabiendo qué decir y en qué momento decirlo, o simplemente estando ahí, sabiendo que su sola presencia era más que suficiente.

Desde el momento en el que Manuel cruzó caminos con ese niño rubio y de ojos grandes algo hizo clic. Sabía que lo de ellos era especial, algo que no se encontraba muy a menudo. Era esa certeza de saber que había encontrado a alguien con el que podía ser él mismo.

Alguien que iba a permanecer junto a él para siempre.

Por eso la distancia nunca llegó a ser un problema.

Si bien es cierto que durante todo el tiempo que han sido amigos no han estado lejos del otro más de dos días, cuando llegó el momento de alejarse y empezar a construir el camino a la vida adulta su amistad no se vio afectada en lo más mínimo, al contrario, se fortaleció al punto que empezó a confundir a Manuel.

Las tardes enteras jugando videojuegos, haciendo sus tareas juntos o simplemente estando en la casa del otro de a poco se fueron transformando en mensajes, llamadas y una que otra juntada rápida que tenían que organizar con demasiada anticipación. El tiempo simplemente ya no les daba, ya no tenían esa facilidad de decir 'veámonos' y cumplirlo en ese mismo momento. 

Pero a pesar de eso, la distancia más que ser un problema se convirtió en un puente para aprender a quererse de una forma más consciente. Ahora, cada minuto que pasaban juntos era una elección de ambos y era mucho más valioso. Manuel empezó a anhelar cada encuentro como si fuera el último, extrañando al rubio cada vez un poquito más y buscando que cada detalle de sus encuentros se quedara grabado en su mente para siempre.

La primera vez que pasó fue estando en una cafetería. Ambos estaban hablando de todo lo que les había pasado desde la última vez que se vieron; las clases, los trabajos, los compañeros, se tomaban el tiempo de hablar de absolutamente todo. Cada que recordaba ese día sentía cómo cierta calidez se extendía por su pecho y a la vez una risa se le escapaba,  solo Lautaro lograba verse como un ángel mientras se quejaba sin parar de cómo sus compañeros 'no servían para absolutamente nada'. 

Ambos estaban sentados al lado del ventanal del local y los rayos de sol del atardecer se filtraba por el cristal y chocaban con delicadeza contra la piel y el cabello de Lautaro, haciéndolo lucir como si fuera una extensión del sol en el plano terrenal y pudiera brillar igual o más que la estrella en sí.

Manuel, quien normalmente era un excelente receptor, ese día se vio totalmente desconectado de la conversación, demasiado enfocado en el rostro del rubio y como el sol resaltaba detalles que antes no había notado. No fue sino hasta que el propio Lautaro lo sacó de su trance preguntándole si lo estaba escuchando que cayó en cuenta y desvió la mirada avergonzado sin realmente tener una razón para estarlo (o eso creía en ese momento).

Por otro lado estaba el contacto físico. No era algo nuevo entre ellos, de hecho Manuel era una persona que buscaba constantemente tocar al rubio, pero nunca había sido tan consciente de los toques como lo era ahora. Un abrazo, un apretón e incluso un simple roce hacían que una corriente eléctrica recorriera su cuerpo, la zona donde se daba el contacto con Lautaro parecía quemar, podía sentirlo aún cuando estaba solo habiendo pasado minutos, horas e incluso días.

Al principio el contacto lo tomaba por sorpresa y lo ponía nervioso, sentía un vacío en el estómago pero no en el mal sentido, era como cuando te subes a una montaña rusa y la adrenalina te recorre el cuerpo anticipando lo que va a pasar. Era eso, Manuel pasó de no esperar nada a desear constantemente que Lautaro lo tocara así fuera de manera inconsciente, deseaba tener su atención todo el tiempo que pudiera y compartir la mayor cantidad de momentos posibles.

No le tomó mucho tiempo darse cuenta que aquella línea que juraba iba a ser inamovible se había borrado y la amistad con Lautaro estaba mutando a algo más.

Y lo curioso era que Manuel no sentía culpa, ese remordimiento que suele venir acompañado de secretos así esta vez no existía. No se sentía mal por mirar a su mejor amigo y desear que ese título evolucionara, que su amor evolucionara. Todo lo contrario. Era un sentimiento tan familiar que no se sentía fuera de lugar y, a lo mejor, se empezó a desarrollar desde mucho antes sin darse cuenta.

No podía negar que le asustaba el siquiera pensar que Lautaro se alejara para siempre por esto, antes que todo eran amigos con una historia y si tuviera la oportunidad de saber qué pasaría si se lo confesaba, elegiría la opción que le permita seguir al lado de Lautaro sin pensarlo, aún cuando esta fuera guardarse todo para siempre.

Pero, al mismo tiempo, cierta ilusión comenzaba a crecer y le hacía contrapeso a sus miedos.

Puede que estuviera viendo cosas donde no las había, pero sentía que algo en la mirada de Lautaro había empezado a cambiar, por apenas unos segundos sentía que el rubio lo miraba con la misma devoción que él, que también buscaba que sus cuerpos se tocaran y que la forma en que le sonreía era totalmente diferente a como le sonreía a los demás. Y ese tal vez era el empujón que necesitaba.

Una noche, luego de ir a cenar juntos, Manuel condujo hasta el departamento de Lautaro para llevarlo. El viaje fue tranquilo, apenas disfrutando la compañía silenciosa del otro pero había algo que tenía ansioso al pelinegro.

En el momento en que el auto se estacionó frente al edificio, Manuel apagó el motor y se quedó quieto, mirando al frente y aferrándose al volante como si su vida dependiera de ello.

- ¿Todo bien? - La voz de Lautaro lo trajo a la realidad y, de alguna manera, lo ancló al momento, a él.

Se le quedó mirando unos segundos y ahí estaba otra vez, esa mirada que tenía un dejo de preocupación pero que no dejaba de ser suave, cariñosa.

- Vámonos de viaje - soltó de la nada y apretó su agarre en el volante al punto de que sus nudillos empezaron a ponerse blancos.

- ¿Qué?

- Vámonos de viaje - repitió un poco más lento y suave - solo vos y yo

El silencio se apoderó una vez más del interior del auto y Manuel cerró sus ojos esperando lo peor, sentía que en cualquier momento iba a colapsar. ¿Había sido muy precipitado? ¿Tal vez otr momento hubiera sido más oportuno? ¿Y si Lautaro no quería? ¿Y sí-

- Bueno

- ¿Qué? - ahora fue el turno de Manuel de preguntar, ¿Había escuchado bien?

El rubio soltó una risita y puso su mano en su hombro - Que está bien, luego me dices cuándo y a dónde - le dio un apretón suave y abrió la puerta del auto para bajar. 

Manuel se quedó un rato más ahí, frente al edificio, tratando de procesar la situación. Obviamente esto era lo que quería, pero no dejaba de impresionarle lo sencillo que había sido lograrlo. Se sentía como si una puerta se hubiera abierto frente a él por arte de magia y algo, que aún no veía con total claridad, lo estaba invitando a pasar.

 

 

El ruido natural del auto avanzando por la carretera junto con la música que salía de la radio eran los únicos sonidos que acompañaban el viaje. Hace ya varias horas que habían dejado la ciudad atrás, ahora estando rodeados de un paisaje desierto de personas, pero lleno de naturaleza que pasaba con rapidez junto a ellos.

A su lado iba Lautaro, con la cabeza apoyada en la ventana y tarareando de vez en cuando la melodía de las canciones que conocía. Se veía tranquilo aún para no saber a dónde iban, simplemente le había confiado todo a Manuel y se iba a dejar sorprender.

Manuel había decidido alquilar una cabaña cerca a un río, un lugar lo suficientemente alejado para desconectarse por el fin de semana de sus vidas en la ciudad. El aire dentro del auto se sentía pesado, como si ambos quisieran empezar una conversación pero no supieran de qué manera abordarla, prefiriendo quedarse callados y dejar que la presión de lo no dicho los rodeara.

- ¿En qué pensás? - la voz de Lautaro lo sacó del espiral que se estaba empezando a formar en su cabeza. Quitó su vista de la carretera por un par de segundos para encontrarse con el rubio ahora recostando su cabeza en el espaldar de la silla, dedicándole toda su atención.

- Nada, solo...me di cuenta que nunca habíamos hecho esto - en ese momento no se le ocurrió nada más para decir, pero ciertamente no era una mentira.

En diez años nunca habían hecho un viaje solos. Hubo viajes familiares en donde el otro se colaba como uno más de la familia, sí, pero había más gente, más voces. Esta era la primera vez que solo estaban los dos y, aunque era algo cotidiano pasar tiempo a solas, esta vez se sentía diferente, algo más íntimo y especial.

- Tenés razón...- el rubio se quedó en silencio un par de segundos - no lo había pensado, podría ser el primero de muchos más ¿no? - le dio esa sonrisa que Manuel estaba cada vez más seguro que estaba reservada solo para él.

Ojalá pensó, pero en su lugar dijo - sí, si vos querés

- Bue pero con esa actitud - giró los ojos y se recostó otra vez contra la ventana.

Manuel de inmediato fue consciente de su error y su primera reacción fue poner su mano derecha en el muslo de Lautaro - eu no, perdoname, no lo quise decir así - le dio un apretón buscando llamar su atención.

- A vos te pasa algo - fue más una afirmación que una pregunta. Lautaro lo conocía tanto.

- nono, está todo bien de verdad 

- dale Manu, ¿no confías en mí?

El nombrado volvió a desviar su mirada del camino ante la pregunta, a Lautaro le confiaría su vida si tuviera que hacerlo. Soltó un suspiro pesado y volvió a apretar el muslo del rubio - no es eso gordo, obvio que confío en vos, es solo que...ni yo sé qué me pasa

De un momento a otro sintió cierta calidez envolviendo su mano. La mano de Lautaro estaba sobre la suya, rodeándola y acariciando con su pulgar con delicadeza. Manuel sintió que se podía derretir ahí mismo y respiró profundo para mantenerse concentrado en la carretera.

- Si lo descubrís y querés hablar sabes que estoy disponible - en un movimiento ágil entrelazó sus dedos con los del pelinegro y mantuvo sus manos, ahora unidas, sobre su pierna - siempre - agregó unos segundos después, reafirmando que siempre iba a estar ahí.

Lo que quedó de camino se mantuvieron así y, eventualmente, Manuel dejó de darle vueltas al asunto y simplemente se dejó consumir por la sensación de la mano de Lautaro unida a la suya. Era algo nuevo, pero a lo que se podía acostumbrar.

 

 

La cabaña que habían alquilado era sencilla, un solo piso, y la fachada era de madera haciéndola ver rústica, acorde al lugar donde se encontraba. Ambos entraron, uno al lado del otro, y se detuvieron en la puerta analizando su alrededor. Por dentro era mucho más moderna de lo que inicialmente se pensaría, la decoración era sencilla pero contrastaba perfectamente con el paisaje que se veía a través de las ventanas, como si la decoración fuera superficial a propósito solo para no quitarle protagonismo a la naturaleza del exterior.

Lautaro fue el primero en moverse, adentrándose al living y dejando su mochila en uno de los sofás. En ese momento el ambiente cambió por completo, como si hubieran movido un switch.

El rubio empezó a moverse por la casa como si la conociera; entraba y salía de las habitaciones y abría y cerraba los gabinetes dejándose llevar por la curiosidad. Manuel lo siguió en silencio hasta la cocina y se quedó allí observándolo con una sonrisa.

A pesar de estar en un lugar desconocido, no se sentían fuera de lugar. Lautaro se adaptaba rápido a cualquier espacio y, a medida que pasaba el tiempo, el lugar también se iba acoplando a él haciéndolo ver como si ya hubiese estado ahí más de una vez. Manuel, por su parte, sentía en el lugar cierta calidez y familiaridad, y no era porque algo de la cabaña le recordara a su propio hogar, sino por el simple hecho de que Lautaro estaba ahí con él.

A dónde sea que fuera, si iba con el rubio automáticamente iba a sentirse como en casa.

- Manu, vení - lo llamó desde la entrada a lo que suponía era el balcón del lugar, sacándolo de su ensoñación.

El pelinegro se movió antes de ser consciente de que lo estaba haciendo y el aire cálido de la tarde lo recibió de lleno al salir.

Lautaro estaba apoyado en la baranda con sus ojos cerrados, dejando que el calor de los rayos del sol golpeara su rostro. Manuel se acercó e imitó su posición, golpeando suavemente su hombro en el proceso y haciendo que el contrario abriera sus ojos lentamente y lo mirara.

Si antes le quedaba alguna duda, con la imagen de Lautaro que tenía frente a él había terminado de aceptar por completo todo lo que le pasaba y lo enamorado que estaba.

- ¿Tenés hambre? Podemos preparar algo - le preguntó en voz baja, sin querer que la tranquilidad del lugar se viera perturbada.

- ¿Algo como qué? - preguntó divertido - hasta donde yo sabía vos no sabes ni hervir agua

Manuel giró los ojos, era verdad que cocinar no era su mejor virtud, pero nada que un tutorial paso a paso no pudiera resolver - Me duele la poca fe que me tenés - llevó su mano derecha a su pecho, sobre su corazón, fingiendo estar ofendido.

El rubio alzó una ceja aún más incrédulo que antes - ¿Debía tenerte algo de fe para empezar? - intentó contener la risa ante la expresión del pelinegro, pero fue en vano ya que una carcajada se le escapó

- ¿De qué te reís hijo de puta? Te estoy hablando en serio - Manuel se cruzó de brazos, intentando verse serio y ofendido, pero no podía controlar su sonrisa, la cual hacía caer toda su fachada.

- Perdón, perdón - se volvió a reír, esta vez más suave - Vamos a la cocina entonces, no voy a dejar que prendas fuego una casa que no es nuestra

Como era de esperarse, la actividad de cocinar algo pasó a segundo plano. Al principio, intentaron ordenarse, dividiendo las tareas y ocupando una espacio delimitado. Lautaro puso música desde su celular, específicamente pop en inglés, y fue solo cuestión de tiempo para que el rubio priorizara bailar y cantar como si estuviera en un concierto antes que seguir preparando la comida.

- ¡Pará, Lau! Va a quedar re salado si te seguís moviendo así - Manuel no podía evitar reírse de cada cosa que su amigo hacía, era muy difícil hacerse el serio y tratar de poner orden cuando tenía a Lautaro cantando a todo pulmón una canción de Katy Perry.

- Es el toque secreto boludo, qué vas a saber vos - le dio un empujón con la cadera y siguió bailando, totalmente ajeno a como Manuel casi pierde el equilibrio...y tal vez también el pulso.

Podría acostumbrarse a esto. Podía verse con claridad un día entre semana en su departamento, ambos en su cocina tratando de cocinar algo medianamente comestible pero disfrutando al 100% el proceso.

Se veía de aquí en adelante compartiendo su vida con Lautaro.

Mientras cenaban se dieron cuenta que había oscurecido por completo afuera y con una simple mirada fue más que suficiente para entender que su charla iba a seguir afuera, a la luz de la luna y acompañados únicamente por las estrellas.

- ¿Te vas a quedar callado todo el viaje, Manu? - bromeó el rubio, dándole un suave empujón con el hombro—. Mirá que si vinimos hasta acá para que sigas pensando en tus cosas de adulto serio, me vuelvo mañana a Buenos Aires. Hablá algo, dale

​Manuel soltó una risita, negando con la cabeza sin mirarlo, - Estoy disfrutando del silencio, Lau. Deberías intentarlo alguna vez

​- ¿Perdón? - Lautaro se giró por completo, apoyando la cadera en la baranda, indignado de forma exagerada.

- Perdonado - contestó sin voltear a verlo, pero con una sonrisa creciendo en su rostro.

- Alguien tiene que mantener la chispa en este viaje, porque si fuera por vos ya estaríamos durmiendo. Solo admití que me extrañabas y que te encanta escucharme hablar.

​Manuel se dio la vuelta para quedar frente a frente con él, cruzándose de brazos y mirándolo con una mezcla de diversión y esa tensión que se lo estaba comiendo vivo. 

- No voy a admitir algo que te va a subir el ego a las nubes

​—Dale, Manu, no seas cobarde —lo pinchó Lautaro, dando un paso corto hacia él e invadiendo su espacio con total confianza, con un brillo en sus ojos que lo estaba desafiando.

El rubio dio un paso más, achicando los ojos con picardía y sosteniéndole la mirada como diciéndole "no te da". Estaba tan cerca que Manuel podía sentir su aliento y ver el movimiento rápido de sus pestañas.

​Manuel bajó la vista a sus labios un segundo, volvió a sus ojos y susurró con una voz que ya no era de broma:

​—Cállate, Lauti

​Lautaro parpadeó y su sonrisa se ensanchó, tomándolo como parte del juego. Lejos de retroceder, se acercó un centímetro más, rozando casi la punta de su nariz con la de Manuel.

​—Cállame —soltó en un hilo de voz, convencido de que Manuel solo iba a rodar los ojos o a empujarlo.

​Pero para Manuel esa era la invitación que estaba esperando.

Antes de que Lautaro pudiera siquiera procesar el movimiento, Manuel acortó la distancia, le tomó el rostro con una mano y lo besó. Fue un beso directo, corto e imprevisto, pero cargado de todo lo que Manuel se había guardado durante meses.

Pero justo en ese momento, cuando sus labios tocaron los de Lautaro y este se quedó estático empezó a cuestionarse si había sido la mejor decisión besarlo.

El pánico se empezó a apoderar de él y sintió un vacío en el pecho cuando se separó y vio al rubio con una expresión de sorpresa y confusión total. El silencio que se instaló entre ambos solo hacía que Manuel se sintiera peor con cada segundo que pasaba.

Ya está, lo había arruinado todo.

- Lauti, perdón...yo...Dios que pelotudo, perdoname por favor, olvídate de esto ¿sí? - balbuceó, sintiendo que le faltaba el aire. Dio media vuelta sobre sus talones queriendo entrar a la cabaña, encerrarse en su habitación y adelantar el regreso a la ciudad a la primera hora del día siguiente.

Cuando estuvo a punto de dar otro paso, una mano que conocía de memoria lo agarró con fuerza de la muñeca y tiró de él con fuerza, obligándolo a darse la vuelta y, antes de que el pelinegro pudiera empezar a pedir disculpas de nuevo, juntó sus labios con más fuerza de la que pretendía.

Manuel necesitó apenas un segundo para reaccionar, rodeando la cintura de Lautaro con sus manos, atrayéndolo más hacia sí mismo y correspondiendo el beso con la misma intensidad.

El beso no tenía nada de duda. Era un choque desesperado y profundo, donde Lautaro volcó todo el impacto de la sorpresa y una necesidad que Manuel pensaba era solo de su parte. El rubio soltó un suspiro pesado en los labios de Manuel y enredó sus manos con fuerza en su nuca, pegándose aún más -si es que era posible- con una urgencia casi salvaje, como si tuviera miedo de que se volviera a escapar.

No había prisa ni quedaba ningún rastro del miedo o pánico que segundos atrás se había hecho presente. Manuel se sentía completo en ese momento, como si por fin hubiera encontrado esa pieza que le faltaba a su rompecabezas y sabía que ambos estaban sellando un pacto silencioso que les prometía muchas cosas juntos.

Se separaron apenas un poco cuando les faltó el aire, apoyando sus frentes la una contra la otra y se mantuvieron así aún con los ojos cerrados.

- ¿Sabes qué me di cuenta? - preguntó Manuel con la voz rasposa y entrecortada - puede ser que esté enamorado de vos

En realidad estaba seguro de lo que sentía, nunca había estado tan seguro de algo en su vida, pero con Lautaro no todo tenía que ser tan serio, podía darse el lujo de molestarlo un poco aún en momentos así porque esa era su dinámica.

- Sos un pelotudo bárbaro - el rubio lo miraba con una sonrisa enorme y un brillo en sus ojos que nunca le había visto - capaz yo también estoy loco por vos

Manuel le sonrió ampliamente en respuesta y cerró una vez más la distancia entre ambos.

Notes:

Típico mío dejar todo para último momento, pero mejor tarde que nunca no? Igual ojito porque no me salí de la fecha
Tengo sentimientos encontrados con este fic, me gustó como quedó pero no era lo que había pensado inicialmente y que, por falta de tiempo, tuve que cambiar (literal escribí esto en dos días en medio de un viaje) pero bueno, yo me comprometí a ser parte de la dinámica.
Sé que tal vez esperaban que me mantuviera en la línea literal de la canción pero yo como siempre preferí irme a lo sentimental que es mi especialidad, además no me dio el tiempo y hace AÑOS que no escribo smut así que preferí no arriesgar, me quedé con las ganas igual así que a lo mejor más adelante saco una segunda parte direccionada hacia el doble sentido de la canción (no prometo nada)
En fin, díganme qué les pareció, dejen kudos etc etc
Y no me voy sin antes agradecerles infinitamente a las chicas de mernoskimp3 por crear esta dinámica, a pesar de que la hice a último momento me gustó mucho la idea y me divertí, nunca cambien muchachas <3