Actions

Work Header

Let me kiss you hard in the pouring rain [HuaLian]

Summary:

Hua Cheng también cumpliría parte de su promesa, esperando el regreso de su amado cada noche sin falta, amando desde la distancia y en silencio a aquel hermoso ángel de cabellera castaña ceniza y ojos amielados, con quien alguna vez bailo su última danza juntos, porque verlo sonreír, desde la lejanía y sin interactuar con él, era más que suficiente, sólo por el momento, para el demonio.

Lo amaba tal cual era: con su alma libre, su coronilla dorada y sus hermosas alas blancas revoloteando a su alrededor cuando se emocionada demasiado...

Hua Cheng lo que menos quería era que las perdiera por estar a su lado. Él no necesitaba que su querido y hermoso ángel hiciera tal sacrificio por amor; no sería justo que sufriera de aquella forma, cuando había nacido para volar con sus alas, siendo un magnífico ser guardián...

Al final del cuento, el Diablo era el Diablo, pero cuando amaba de verdad, no hacía intensamente y de la manera más pura que nadie pudiera imaginar...

Sin egoísmo.

Chapter 1: 01: mi último baile...

Chapter Text

Xie Lian siempre había sido un pequeño ángel lleno de una extrema curiosidad, casi enfermiza, a todo lo que lo rodeaba. 

 

Y es que desde muy temprana edad, en sus hermosos ojos miel se le había podido apreciar como todo le terminaba causando auténtica conmoción, y su madre no sabía cómo satisfacerlo sin causar demasiado revuelo a esa pequeña alma nacida. 

 

Un ejemplo perfecto fue como cuando aprendió a usar sus alas, ese día terminó siendo bastante caótico para el cielo, porque habían tenido al bebé llenando de risa toda la ciudad boreal; o como cuando creció, y fue llamado a la Corte Celestial, solo para observar las reuniones de los Arcángeles ante Jun Wu, porque había sido seleccionado ante la mano sagrada del gobernante del cielo.

 

Por ello, en la actualidad Xie Lian era entrenado por sus superiores, con el fin de volverse un gran ángel guardián digno de su posición. Su belleza era inigualable: piel clara como el jade, cabellos castaños como los últimos rayos del sol y ojos tan vivaces como las brasas del fuego sagrado, una sonrisa pura y sincera siempre adornaba su rostro y su sola presencia era un calmante para su alrededor; simplemente Xie Lian era un ser de luz magnífico... 

 

 

 

Aunque se le había instruido que tenía absolutamente prohibido el tener cualquier contacto con los humanos, a Xie Lian le encantaba espiarlos, bajando a la tierra para poder observarlos con mayor precisión y detalle; y es que él sabía de su extrema curiosidad insana que desde pequeño había desarrollado, pero ¿quién podría decirle algo? sí sólo los miraba desde la lejanía sin interferir, anhelante de poder seguir contemplando como esos seres inferiores disfrutaban de sus mundanas y muy cortas vidas. 

 

Algo que le gustaba mucho era verlos bailar, escuchando como la música que creaban con sus instrumentos hacían mover a la multitud de personas en esas fiestas que creaban con un sin fin de propósitos. Era divertido examinar esas actitudes entusiastas, y que por cierto eran demasiado contagiosas.

 

¿Por qué todo eso tenía que estar prohibido en el paraíso? pensó efímeramente Xie Lian mientras disfrutaba de la vista que se desarrollaba ante él.

 

Y aunque se moría de ganas por participar en uno de esos festejos ruidosos y animados, simplemente no podía; no lo tenía permitido, y si se llegaban a enterar sus superiores de eso, probablemente le iría muy mal, porque estaba desobedeciendo una regla primordial del paraíso. 

 

Además de que no podía ocultar sus enormes alas blanquecinas ante los ojos de los humanos, así que solo podía aferrarse a ese deseo anhelante muy dentro de su corazón, totalmente oculto en la profundidad del bosque que abrazaba al pequeño pueblo. 

 

Esa noche, justo como muchísimas más anteriormente, Xie Lian espero a que comenzará la música dentro de aquella humilde casa donde los humanos reían y comían gustosos, para poder danzar libremente en la espesedad de su soledad en medio de los frondosos árboles, sin saber que era observado por unos ojos azabaches tan oscuros como la profundidad de aquella noche sin estrellas...