Chapter Text
Debería de estar temblando por el hecho de estar bajo una tormenta con granizo. Pero aquel movimiento involuntario de su cuerpo no era por ese motivo. Era por estar luchando contra el deseo de un vicio. Se aferraba a la ropa andrajosa que usaba, si es que ropa era un termino adecuado para las telas con agujeros que usaba encima de él. La gente que lo miraba al pasar prefería cambiar de banqueta tanto por el miedo de ser asaltados como el olor que emitía su cuerpo.
Esta noche aquel sentimiento era mucho más fuerte y cada paso que estaba dando era como si caminara por vidrios. Su respirar era por la boca y poco a poco su estómago gruñía por comida.
Guillermo se consideraba un hombre y por ese motivo es que llevaba repitiendo toda clase de oraciones que se le vinieran a la mente. Si lograba terminar sin equivocarse en el rezo, estaba ganado la partida de aquel malestar.
—Perdónanos en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día y.
“TE. EQUIVOCASTE. GUILLERMO.”
“Él de arriba no es escucha. No eres su hijo, eres un monstruo.”
La voz de la bestia estaba presente. El miedo que sintió por escucharla hizo que detuviera su andar. Se recargo en la pared y el agua que recorría su rostro apenas fue un escape para el sentimiento.
—No…No te escucho.
“Pero me respondes, estoy aquí dentro de ti. Existo, Guillermo.”
Sus manos comenzaron a temblar con mucha más fuerza que antes. Esto solo era señal de que el control lo estaba perdiendo.
—No, por favor, Dios. No dejes que caiga en la oscuridad. Haz que este mal no salga… no me dejes, por favor, no me dejes tirado en este lugar padre mío.
“Él no quiere a los pecadores, a los asesinos, a los monstruos, a los que piden sangre. Tú no eres su hijo, tú ya no eres humano, Guillermo.”
No pudo controlar que estaba sintiendo así que cayo de rodillas en plena calle. Podía sentir como comenzaba la transformación. Como las garras ser hacían presentes ya que estas estaban chocando con sus palmas. Desgarrando la piel de esa zona y liberando la sangre.
—No… no… yo no soy eso. No lo soy.
“Duerme, duerme, solo duerme, yo tengo hambre.”
—No quiero…
“Duerme, duerme, deja que coma, deja que pruebe la sangre de los hombres y mujeres. Deja que coma libre.”
—No… no… no te dejare…
“HAMBRE. QUIERO COMER.”
—Dios…
La camioneta alumbraba el camino imperfecto donde estaban las presas. Dos hombres que trataban de ocultarse en medio de un campo lleno de basura y escombros de construcciones tiradas. La lluvia había empeorado el escenario. Pero, aun así, el grupo cazador quería terminar la tarea.
—Demonios, acelera más, Julián. Que casi los perdemos.
—¡Te dije que no era mi turno de manejar, hombre, yo tengo que estar usando el arma ahora!
—Deja de lloriquear y sigue el rastro. No puedo creer que enserio tenga que compartir contigo esta captura. Ni siquiera es algo grande y no puedes con ello novato.
Julián odiaba cuando tenía que hacer equipo con Kun. La mayoría coincidía en que el segundo capitán siempre era más relajado en todos los escenarios, excepto con él. Siempre el mayor se comportaba de una manera tan severa cuando salían juntos. No soportaba como le gritaba de la nada y como le señalaba cada error que tuvo.
—¡JULIÁN PARA!
El chico freno en seco el vehículo. Vio a lo lejos como las dos figuras de los hombres les sacaban ventaja de distancia. Maldijo y dio un golpe al volante por el hecho de no obtener nada.
—¿Por qué paramos? — reclamo mientras sacaba su rostro por la ventana y gritarle a Kun—. Ya casi estábamos por cerrarles el paso.
Kun bajo del compartimiento de la camioneta, se encontraba todo mojado a causa de la lluvia. No le dijo nada al chico, tan solo lo miraba con enojo.
—Que— exigió saber Julián—. ¿Hice algo malo?
—Te dije que te aseguraras de subir toda la munición ¿correcto?
—Que.
—¡Te lo dije sí o no!
—Sí, sí, si lo hiciste. Pero no me tienes que gritar.
—Entonces ¿qué es esto?
Kun mostro una mochila de gimnasio negra. Y allí donde deberían de estar municiones suficientes para esta misión solo había menos de un tercio.
—¿Enserio crees que con esto es suficiente para lo que tenemos que hacer?
—Yo…
—Piensas que esto es un estúpido juego o que mierda te pasa por la cabeza— el tono de Kun se hizo cada vez más duro—. Por si no lo recuerdas ellos tienen una fuerza sobre humana, son peligrosos, basta un simple movimiento para que nos maten y tú me sales con esta estupidez de no cargar suficiente munición.
Julián estaba seguro de que había hecho todo correcto antes de salir. De que había abastecido todo correctamente, pero ¿Cómo podía mentir cuando la prueba estaba delante de él? ¿Acaso se había equivocado? No, estaba muy seguro de lo que había hecho.
Kun lo miro unos segundos antes y antes siquiera de que Julián comenzara a defenderse. Se alejo para sacar su radio.
—Grupo dos, regresamos a la base. El novato olvido traer munición suficiente. Es un desperdicio de enseñanza completamente. Cambio.
Kun no estaba tan lejos del vehículo y sabía que el comentario si que era escuchado por el menor. Esperaba que este llamado de atención le hiciera reaccionar y sentir algo.
—Te escucho, grupo dos, ¿el novato enserio olvido la munición?
—Afirmativo. No es una broma, regresamos, los perros que seguíamos se fueron. Les seguiremos el rastro nuevamente cuando se pueda.
Julián ahora mismo tenía un mar de palabras que quería decir. Pero claro, no encontraba el valor para poder comenzar. Estaba harto de esta situación. La lluvia no dejaba de empeorar a cada minuto.
Algo llamo su atención, levanto la mirada porque había logrado capturar un movimiento. Las luces del auto alumbraban al campo. Era cierto que con la lluvia se lograban formas raras. Pero no era eso lo que vio.
—Muévete, que ahora yo conduzco— ordeno Kun mientras abría la puerta—. Tú iras afuera, montando la maldita guardia.
—Kun algo se mueve allá— Julián no dejaba de mirar hacia adelante. Basura, cascajo de construcciones, pero había algo… lo sentía—. ¿Lo ves?
—¿Qué dices?
Kun digirió su mirada hacia donde el chico la tenía. Hasta donde las luces del vehículo proporcionaban claridad, él no veía nada.
—Deja de bromear y mueve ese culo que tienes porque si no.
El cuerpo fue arrojado directo al parabrisas. Julián salto hacia afuera cuando el cuerpo impacto. Kun de inmediato agarro el arma y comenzó a dar disparos hacia la nada.
—¡ESTADO JULIÁN!
—¡NO ME PASO NADA!
Kun rápidamente volteo a ver el cuerpo que había sido arrojado. Se sorprendió de ver que era de uno de los perros que habían perseguido hace poco. Los ojos del hombre ya estaban sin vida. Tenía sangre por todos lados y con la lluvia era difícil de saber que fue lo que lo mato.
Kun grito para que Julián reaccionara y ambos ahora entraran al auto para salir. Kun le paso el arma para que diera disparos hacia cualquier lado. Cuando dieron marcha atrás el cuerpo cayo al suelo. Kun manejaba tan deprisa como pudo.
—¡GRUPO DOS, HAY ALGO ACÁ AFUERA QUE ACABA DE MATAR A UN PERRO, REPITO, MATO A UNO DE LOS PERROS. ES ALGO PELIGROSO Y!
Kun perdió el control cuando algo los golpeo por el costado con tanta fuerza. Apenas y logro hacer poco cuando comenzaron a dar vueltas por el terreno, todo su cuerpo fue golpeado por el metal. Cuando dejaron de girar había sangre por todos lados. Tanto Julián como él tenían golpes en la cabeza. Kun fue poco a poco recobrando la cordura cuando se dio cuenta que estaban boca abajo. El impacto fue brutal.
—Sal…— logro decir aquella palabra mientras buscaba como abrir la puerta de su lado.
Julián poco se movía y de su boca salían quejidos. No era el momento de perder todo. Kun llevo una mano al cuerpo del chico para que se moviera lo más rápido posible.
Lo que quedaba de la puerta de Julián fue arrancada con una violencia. Julián con horror vio como una garra se asomaba y sin poder decir algo más fue sacado del lugar. Grito con todas sus fuerzas y comenzó a sacudir su cuerpo con insistencia. Buscando que aquella bestia lo dejara.
Kun trato de salir, pero no podía, estaba tan herido y sentía como algo en sus pierdas estaba enterrado. El dolor que comenzaba a sentir le estaba nublando demasiado el juicio.
—¡JULIÁN!
Su grito buscaba de alguna manera en ayudar al chico. Volvió a gritar cuando el cuerpo a su lado. La sangre del chico brotaba por el cuello. Se movía violentamente y Kun busco con todas sus salir para brindarle ayuda.
La mano izquierda era la que estaba más cerca del chico. Así que la fue estirando para tocarlo. Julián aún estaba con vida, en sus ojos estaba esa lucha que hacían todos por aferrarse a la tierra cuando la muerte estaba cara a cara. Kun ahora mismo se culpaba por la situación del chico, no era el momento de que saliera aún, si moría esta noche, era completamente su culpa.
Se estaba aferrando alcanzar al chico. Cuando unas garras lo jalaron hacia afuera. Los gritos que lanzo Kun nadie los escucho.
Messi había escuchado por la radio de los vigilantes que el grupo dos estaba en peligroso. Abandono la fiesta con suma discreción para no generar sospechas. Bastaba miradas y gestos para que su equipo entendiera que era hora de dejar todo y acompañar a su capitán.
—Leo ¿A dónde vas?
—Agüero y Juli están en peligro, algo los atacado. Nos vamos, Rodrio.
—Para, para, ¿tu padre ya sabe de esto? Si te vas ahora mismo sabes que luego te va a echar encima una bronca, boludo. Se supone que esto se hizo para que conocieras a Anto. Tu futura esposa.
—Rodri, nuestros amigos están en peligro. La reunión se puede volver hacer. Ahora mismo hay que ir por ellos.
Messi paso por encima de su amigo, siempre era la voz de la razón. Pero en estas situaciones donde uno solo quería actuar. Rodrigo siempre quedaba un tanto como un boludo que no entendía de urgencias.
—Deja que yo vaya y tú quédate aquí— Rodrigo camino a la par de su amigo—. No quiero que suceda otra pelea con tus padres, boludo, hazme caso.
Messi ignoro a su amigo. Camino hasta la salida del jardín donde ya lo estaban esperando vehículos para irse.
—Rodri se que te encargaras de lo que sea que mi padre luego quiera hacer. Ahora mismo tengo que ir que esta pasando con ellos. Juli apenas es un adulto, no lleva en esto tanto como nosotros.
Basto ese argumento para que Rodrigo, lejos de regresar a la fiesta y plantear el terreno a los padres de Messi de lo que estaba pasando. Decidió subirse al auto con ellos. Tres camionetas listas en busca de dos hombres.
Rodrigo no noto la sonrisa que le lanzo Messi al ver que se unía a ellos.
Guillermo sintió el calor antes de abrir los ojos. Poco a poco los fue abriendo, siempre estaba con él la sensación del miedo cuando perdía la batalla del control. Nunca sabía a que escenario se iba a enfrentar. A veces aún tenía sangre fresca en sus manos, y claro, una vez vomito cuando paso la lengua entre sus sientes y allí estaba ese sabor metálico.
Ahora mismo estaba en un callejón que olía a orines. La vida en la ciudad estaba iniciando en el otro extremo. Los sonidos de los camiones pitando, las personas que vendían desde tamales hasta desayunos para los que no habían alcanzado a preparar algo.
Su vista poco a poco se fue aclarando, miro hacia todos lados y no encontró nada del horror que pudo haber hecho anoche. Estaba agradecido con eso. La voz de la bestia siempre parecía irse cuando salía a comer. Era un alivio, sí, pero para Guillermo solo era un peso más de que había hecho cosas tan terribles. El asesinar por carne, por sangre, por comida…
Pensar en eso hizo que su estomago se revolviera. No tenía las fuerzas para vomitar. Estaba adolorido por todo su cuerpo. Levantarse y dar unos cuantos pasos fue algo aún peor.
Había despertado en el paradero de camiones de Toreo, la gente que iba al metro lo miraba pasar con algo de miedo y asco. Su aspecto de seguro era peor del que se podía imaginar. Ahora entendía que el olor a orines no solo era del callejón sino de toda la zona.
Los ruidos de las radios y televisores taladraban la cabeza de Guillermo. Llevo sus odios a sus orejas para tratar de que todo se detuviera.
El azotar de las puertas de las combis, las risas de los microbuseros que se reunían para hablar entre ratos. El olor de los tacos de varios puestos, perros que ladraban a algo. El silbido de alguien que estaba cerca. Las monedas y billetes que eran contados. Como pudo trato de correr, pero tan solo dio unos cuantos pasos para sentir como sus piernas temblaban y caía al suelo.
Un grupo de camioneros que estaban cerca de él comenzaron a reírse. Guillermo no encontró fuerzas para levantarse.
—Quien fuera ese wey para andar así tan temprano. No más ve y se echa como perro en la banqueta.
—Que grosero eres Javier, es un indigente, sí, puede que este bien pasado. Pero de seguro necesita ayuda.
—No mames que lo quieres ayudar, Guardado, luego por eso tienes problemas de a gratis wey. La gente siempre te ve la cara de pendejo.
Guardado no hizo caso a los comentarios de Javier y Canelo. Se acerco para ver si aquel hombre en mal estado estaba lastimado.
—Disculpa ¿te encuentras bien, necesitas algo, quieres que le llame a alguien?
Guillermo no levanto la mirada. Emitió un intento de palabras.
—Andrés, déjalo, esta bien monoso y no sabe que dices— Javier llamo a su amigo sin acercarse al lugar—. Esta bien pasado, déjalo. Al rato se le va a pasar.
—¿Quieres agua?
Guillermo en medio del caos que estaba escuchando logro decir que sí ante esa pregunta.
Escucho unos pasos que se alejaban, unas quejas de hombres que decían que porque tenían que dar dinero para un agua. Luego el sonido de las monedas, pasos, pasos. Un gracias, pasos, pasos, pasos.
—Toma, ten, déjame ayudarte.
Guillermo sintió la mano de alguien en su hombro que lo movía para que levantara la mirada. No quiso hacerlo, trato de decir que solo dejara por allí el agua y que él luego la iba a tomar. Pero no pudo hacerlo.
Pasos, pasos, pasos, más manos encima de él. Logro entonces levantarse del suelo y apenas sentarse en la banqueta. Delante de él estaban tres hombres que lo miraban.
—Este cabrón está bien pasado. Se los digo desde ya. Tiene la típica mirada de pendejo.
—Cálmate, Javier, deja de hablar así. Solo necesita ayuda— señalo Andrés.
—Siempre te gusta dar la ayuda Guardado y luego tienes problemas de a gratis. Solo te lo señalamos para que quede claro— Canelo hizo segundas a su amigo Javier.
De nuevo los tres hombres volvieron a mirar a Guillermo que apenas había tomado la botella de agua para beber. Vieron como hizo fuerzas para abrirla, pero no lo logro.
—Déjame, mira— Guardado tomo le quito la botella gentilmente unos segundos para abrírsela y de nuevo se la entrego—. Toma, esta fría.
—Gr…gra…gracias.
Guillermo agradeció sentir como el agua recorría dentro de su cuerpo.
—De seguro tienes hambre, deja te compro algo rápido. Una torta, aunque sea.
Andrés lo dejo allí con los otros dos hombres que lo miraban con desdén.
—¿Y a que le haces? ¿Mota, éxtasis, crack, fentanilo? — Cuestiono al que llaman Javier.
—Yo digo que es una mezcla de todo. Ya tiene la mirada perdida de los típicos weyes que ya hasta inhalan pegamento y toman alcohol del 96— afirmo Canelo.
—Chale ¿te imaginas terminar de esa manera? Que miserable.
—Pues yo tenía un primo que hizo eso, pero luego el cabrón se fue en un pasadon. Cuando lo velamos, ya no era lo que todos recordábamos. El cuerpo bien esquelético y unas ojeras como panda.
—Pues si wey, la droga se los come vivos. Tan solo mira a este pendejo.
Ambos volvieron a mirar a Guillermo y aunque este quiso decirles que no estaba drogado. Que jamás había probado cualquier derivado de eso. No tenía las fuerzas para pronunciar algo.
—Ten, mira, es de milanesa, la pedí con todo, ya si tu no quieres algo le quitas lo que no te guste.
Guardado regreso y le mostraba el alimento delante de él. El simple olor hizo que de nuevo su estómago sintiera asco.
—Creo que no le gusta— Canelo le hizo señas a Guardado para que se alejara de allí.
Guillermo vomito, si es que al agua que regresaba se le podía decir vomito. Era tan solo liquido medio viscoso transparenté.
—Suficiente, mejor nos vamos. No quiero que el adicto me vomite encima— Javier dio pasos hacia atrás. Agarro a sus dos amigos para que lo siguieran.
Guardado le dejo la torta aun lado aquel hombre en mal estado.
“Tal como ya se lo adelantábamos antes del corte informativo. Se está investigando el horrible asesinato de dos hombres que amanecieron hoy en un terreno baldío con una brutalidad sumamente atroz. Aún no se tienen registro de quienes pueden ser ellos. Las autoridades informan que ambos rondan entren los 30 y 40 años. Y eso solo es una señal de que nuestro país está atravesando por una oleada de violencia como nunca había pasado.
El gobierno de la ciudad de México junto al cuerpo policiaco está trabajando para tratar de escalarse los hechos que sucedieron ya que este caso parece ser que tienen similitudes con otros. Aquí, en este espacio informativo, nosotros hacemos una breve reflexión para decirle a la ciudadanía que no se exponga si no es necesario. Evite caminar por lugares donde haya poca afluencia de gente y siempre este en contacto con sus seres queridos para saber el tiempo y ubicación de cada uno”.
Guillermo dejo de vomitar mientras un terror le recorría por todo su ser. Su cuerpo se hizo bolita aún lado mientras apretaba con fuerza sus ojos. No quería saber, no quería… pero era imposible querer engañar a la bestia. El olor a sangre estaba impregnado en él y aunque nadie notara eso. Lo sabía.
La policía podría tener varios sospechosos e incluso imaginar motivos por los cuales aquellas personas han sido asesinadas. Pero todo eso se debía a simplemente a que un hombre lobo tenía hambre y salió a comer.
