Chapter Text
Ko Matsumura siempre se había considerado como un alfa con un olfato excepcional, esta habilidad solía ayudarlo siempre. Era capaz de descubrir los ingredientes exactos de una comida, percibir el cambio de estaciones, captar las tenues notas de esencia en los betas, ¡Incluso podía saber si alguien estaba mintiendo solo con su aroma!
Su olfato nunca le había fallado (casi nunca, en realidad), pero estaba seguro de que no le fallaba ahora. Había una nota suave de algo apenas presente en el aire, un aroma sofocado por capas de inhibidores y neutralizadores. Algo oculto para todos, menos para él.
Inhaló una vez, luego otra. El gesto no pasó desapercibido para el chico frente a él.
- ¿Ahora que haces? - cuestionó Nakamura mirándolo con sospecha mientras intentaba meter disimuladamente en su bolsillo una de las fotos de Hirose que Matsumura solía llevar consigo. El uniforme de gimnasia que no le pertenecía a Hirose yacía olvidado entre ambos.
- ¡Dame eso! - exclamó arrebatando la fotografía de las manos de Nakamura. - Vas a arruinarla...
Matsumura balbuceó algo sobre "Conservar los recuerdos de Hirose completamente intactos" mientras volvía a guardar la foto cuidadosamente en su bolso. Al girarse para volver a mirar a Nakamura su expresión cambió sutilmente.
- Oye.
- ¿Qué? - respondió secamente el de menor estatura mientras se sobaba la mano donde Matsumura le había golpeado accidentalmente al recuperar la foto.
- Eres un alfa, ¿verdad? - preguntó de forma directa, su postura autoritaria desestabilizó momentáneamente a Nakamura.
- ¡¿A qué viene eso?! - dudó Nakamura dando un paso hacia atrás mientras hacía una mueca, a los pervertidos siempre era mejor tenerles precaución. - ¡Esas cosas no se preguntan!
Su desconfianza claramente fastidió a Matsumura.
- ¡No es por nada extraño! - exclamó ofendido, haciendo que Nakamura diera otro paso hacia atrás.
- Ay si, como no... - Nakamura se alejó tanto que ahora había una distancia de varios metros entre ellos.
- ¡Exagerado! - bufó Matsumura.
El más alto balbuceó entre dientes algo que Nakamura no pudo entender y suspiró, inhalando nuevamente con más fuerza que intención.
- Solo responde. - exigió con una mezcla de curiosidad y exasperación.
- ¿Para qué quieres saber? - murmuró Okuto, pero antes de que Ko pudiera responder una voz animada los interrumpió.
- ¡Lamento hacerlos esperar! - la aparición de Hirose hizo que la conversación se cortara de golpe.
Matsumura volvió a sonreír inmediatamente, olvidando por completo que Nakamura existía.
Más tarde, mientras los tres caminaban a un ritmo que era guiado por las risas de Hirose, Ko se dio cuenta de que Nakamura se convertía en alguien extrañamente dócil junto a Hirose. Lo supo por la forma en que respondía cada vez que el más pequeño decía algo, emocionandose tontamente como si hubiera escuchado la octava sinfonía de Beethoven.
"Que idiota..." Pensó al notar la forma en que las mejillas de Nakamura se enrojecían cuando intentaba formar una oración coherente.
Cuando Ko volvió a su casa guardó cuidadosamente las fotografías de Hirose junto a otras copias que solía atesorar. No fue hasta después de eso, mientras intentaba concentrarse en su tarea que el recuerdo de aquel aroma sutil lo abordó.
- Ese olor... - murmuró para si mismo garabateando sin rumbo en su cuaderno.
Simplemente se encogió de hombros, no pensaría demasiado en aquello. Después de todo pudo haber sido cualquier cosa, probablemente la primavera ya había comenzado a hacer de las suyas en el ambiente.
Además, no era tan bueno como el de Hirose. El olor a mandarina dulce del omega era la mayor exquisitez que había olido en su vida, podría ahogarse en sus feromonas y moriría feliz.
Y aún así, no podía dejar de pensar en ese curioso aroma de la tarde... Ni siquiera podía descifrar realmente que era.
Lo recordaba un poco dulce pero también suave, algo casi floral. ¿Sándalo? ¿Camelias? ¿Lirios? ¿Quizás algodón?
Lo descubriría más tarde, ahora debía concentrarse en su tarea. No en olores al azar.
[ • • • ]
Nakamura se encerró en su habitación tan pronto como tuvo la oportunidad. Se lanzó sobre su cama mientras los recuerdos del día lo alcanzaban hundiéndolo lentamente.
- ¡Que vergüenza! ¡Actué como un pervertido! - se culpó mientras golpeaba su cabeza repentinamente contra la almohada.
Recordar que había olido, no una... Sino DOS VECES la camiseta de gimnasia de alguien más pensando que era la de Hirose lo carcomía por dentro. Se sentía más lamentable que de costumbre.
Se disculparía con Hirose... ¿No sería mejor disculparse con el verdadero dueño de la camiseta? Si se disculpaba directamente con cualquiera de los dos quedaría como un raro.
- Mejor fingir que no pasó nada... Si no me acuerdo, no pasó. - habló para si mismo sintiéndose levemente menos patético.
Nadie se enteraría nunca de la estupidez que había hecho. Bueno, nadie excepto aquel tipo extraño de la tarde. El que le había mostrando esas fotos antiguas de Hirose, además de sus gomas de borrar.
- Ese sujeto no me da buena espina, además... ¡Dijo cosas muy raras! - se quejó Nakamura pataleando sobre su colchón.
Tipos así de extraños no deberían estar tan cerca de Hirose, nunca se sabe que piensan realmente. ¡Eso es! ¡Esa debía ser su nueva misión! Como amigo de Hirose debía encargarse de cuidar al omega de las personas como ese otro tipo. ¿Cómo se llamaba...? Meh, a nadie le importa realmente.
- ¡Muy bien! ¡Esa es mi misión! ¡No dejaré que ese tipo extraño moleste a Hirose! - exclamó levantándose emocionado.
Ya bastaba con los amigos de Hirose como para que ahora también tuviera que preocuparse por un sujeto raro que guardaba sus cosas de la infancia. Pero no importaba, él se encargaría de proteger al omega aunque le costara la vida. Sin exagerar.
- Además, hace preguntas muy... - no completó la frase, su reciente emoción se vio opacada por el recuerdo de esa tarde.
"Eres un alfa, ¿Verdad?"
Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que alguien lo había cuestionado tan directamente. Casi siempre solía pasar inadvertido como beta, prefería eso. Era mucho mejor que explicar que era un alfa recesivo con un aroma demasiado omega.
Siempre había sido señalado por eso, ¿Un alfa que huele a flores? Que espantoso. De por si su aroma era muy leve, solo debía usar inhibidores y prácticamente desaparecía para el resto del mundo durante el tiempo suficiente.
Nakamura se dejó caer nuevamente sobre su cama soltando un suspiro pesado mientras miraba fijamente el techo.
- Espero que no se haya dado cuenta... Seguro que no, ¿Verdad, Icchan? - dudó en voz baja, como si estuviera teniendo una conversación increíblemente secreta con su pulpo, el único testigo de su agonía personal.
- Ah, espero que no. Ese tipo era muy raro, seguro se burlaría de mi si hubiera descubierto mi aroma.
"¡JAJAJAJA! ¡¿Que clase de alfa huele a florecitas de campo?! ¡Vámonos, Hirose! Yo si huelo como un alfa de verdad."
Nakamura disolvió su propia escena ficticia con furia.
- ¡Jamás! ¡Ese idiota nunca me quitará a Hirose! - juró el alfa con convicción.
Aunque tuviera que vivir ocultando su aroma por el resto de su vida, jamás dejaría que su casta defectuosa fuera un motivo para ser alejado de Hirose.
No le importaba quien fuera ese tonto de hace rato, no podría quitarle a Hirose.
Mientras Nakamura armaba un nuevo plan para asegurarse de proteger su amistad con Hirose, muy lejos de allí, Matsumura soñaba con un aroma dulce y suave que nada tenía que ver con la frescura de las mandarinas. Era más como un campo, un extenso paisaje lleno de... Azucenas.
