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Pedido (EXIGENCIA) de cucubarsiii
Matías miraba a sus compañeros, estaban felices, habían ganado, él también estaba feliz, pero tenía una espinita en el pecho.
Una molestia, en todo el jodido partido hubo una molestia... Mejor dicho, alguien fue una molestia.
Musiala, ese Omega con olor a melón dulce lo había irritado como nunca, ahora ahí estaba.
En el pasillo que llevaba a los vestuarios de Alemania, el Omega tenía la frente contra la pared.
Matías bufó más molesto al ver a ese estúpido en esa condición.
Se acercó de forma rápida al más bajito, lo agarró del brazo con fuerza e ignorando las quejas del Omega, lo arrastró a una zona más alejada de los pasillos.
Jamal iba tropezando, soltando maldiciones y tratando de soltarse del agarre del paraguayo.
Matías encontré un pequeño cuarto de aseo, entró y arrastró al Omega adentro también, Jamal se estampó contra las escobas y la pared.
Matías nunca pensó que sentiría tantas ganas de moler a golpes a un Omega, su mamá no estaría orgullosa de él.
—¿Qué te pasa, gorila bruto? ¿Acaso quieres golpearme, eh, imbécil?—Gruñó Jamal, empujando el pecho de Mati con ambas manos.
Mati dio un paso adelante para acorralarlo, obligando a Jamal a retroceder hasta que su espalda chocó contra la pared.
—Te voy a romper esa carita bonita por bocón.—Le susurró Matías.
El Omega fue el primero en dar un manotazo, Matías le sostuvo las manos, el forcejeo de ambos hizo caer varias cosas en la pequeña habitación.
—¡Suéltame, suéltame! Eres un maldi... ¡Ah!
Matías se movió con brusquedad y su muslo rozó por accidente, la entrepierna de Jamal.
El Alfa se congeló en el acto.
Miró el rostro del Omega, viendo cómo sus mejillas se pintaban de rojo.
—¿Qué mierda?—Susurró Matías, y realmente no estaba pensando, solo se dejo llevar.
Volvió a rozar al Omega y el resultado fue el mismo.
—¡Ah...! M-Mmh...—Jamal soltó un gemido mucho más fuerte esta vez, echó la cabeza hacia atrás y Matías sintió un estirón en su entrepierna.
El cuerpo del menor se volvió de gelatina, toda la fachada de "Omega rudo" se esfumó en un pestañeo.
El aroma a melón dulce lleno el pequeño lugar, si afuera volvió loco a Matías, ahí encerrado con el, fue caos para el Alfa.
Jamal subió la mirada y miró al Alfa con unos ojitos suplicantes, completamente idos... El mocoso era sensible, Matías deducia que ni su primer celo había tenido.
—¿A-Alfa?
Matías no aguantó eso.
Se lanzó sobre él y le devoró la boca.
Le atrapó la mandíbula con una mano, obligándolo a abrir la boca para meter la lengua sin pedir permiso, reclamo cada rincón como si fuera el dueño, hizo que Jamal soltara un quejido ahogado de placer y se derritiera más.
El Omega le devolvió el beso con la misma desesperación, enredó sus dedos en los rizos de Matías, pegó su cuerpo contra la pierna del Alfa en un vaivén sutil que los estaba volviendo locos a los dos.
Matías bajó la mano libre a la cadera de Jamal, apretó con fuerza y levantó un poco la pierna del Omega para encajarlo perfectamente contra su muslo.
El sonido de sus labios, los lloriqueos y gemiditos de Jamal y los gruñidos de Matías eran los únicos sonidos de esa pequeña habitación.
Matías quería devorarlo por completo, tal vez siempre fue eso, tal vez solo quería encajarle los dientes en el cuello y el pene en culo.
Pero sabía que así no eran las cosas, al menos para él no, no le habían enseñado a ser así.
Poco a poco, el ritmo frenético del beso cambió.
El Alfa empezó a succionar los labios del Omega con más lentitud, saboreándolo.
Mati se separó un poquito, apoyo su frente contra la del menor, ambos jadeaban, con los pechos subiendo y bajando, compartiendo el mismo aire.
El aroma de Matías cubrió por completo a Jamal, calmando el temblor de sus manos.
—Mirá cómo estás...—Susurró Matías con la voz completamente ronca por el deseo, pero con una pequeña y dulce sonrisa apareciendo en la comisura de sus labios.
—¿Dónde quedó el Omega malo que me quería romper la pierna?
Jamal escondió el rostro en el cuello de Matías, avergonzado pero incapaz de alejarse, inhalando el olor del Alfa como drogadicto.
—Cállate, Alfa bobo...—Murmuró Jamal, con la voz chillona y mimosa, apretando los puños en la camiseta del paraguayo.
—Me volviste loco todo el maldito partido... No es justo.
Mati soltó una risita baja, fue una caricia cálida en el oído del alemán, le dio un beso tierno en la mejilla y luego bajó para morderle suavemente el lóbulo de la oreja.
—Justo o no, ahora estás acá conmigo.—Le dijo Mati, subiendo su mano para acariciarle el cabello con suavidad.
—Andá al vestuario antes de que tu equipo te empiece a buscar, pero... No te vas a librar de mí tan fácil, Musiala, esto recién empieza y soy muy posesivo con lo que es mío.
Caro 🥀
