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Acababa de salir el sol, entraba por la ventana de su habitación, dándole en la cara y molestándola profundamente. No tenía ganas de levantarse. Aquella noche a penas pudo dormir, el trabajo de oficina se le había acumulado y había tenido que estar despierta hasta muy entrada la madrugada.
Remoloneó en la cama un par de minutos más hasta que sonó el despertador. Lo apagó rápidamente con los ojos aún cerrados y se desperezó. Cuando alzó los brazos para estirarse, dio un pequeño golpecito a algo blando que al parecer, había a su lado.
Abrió los ojos y miró al otro lado de la cama. Justo a su derecha, acurrucado y profundamente dormido, yacía un chico peliblanco. Respiraba tranquilamente, y parecía que la alarma no había perturbado en absoluto su sueño.
“Otra vez ha venido a mi cama” musitó MC, y acercó su mano lentamente al rostro del chico, sabía que no era buena idea, ya que Saeran aún era algo reacio al contacto físico, aunque había hecho grandes progresos desde que escaparon de Magenta hace un año. ¡Pero se le veía tan tierno acurrucado a su lado! ¡Deseaba tanto que siempre fuera así! Pero debía tener paciencia, con el tiempo todo cambiaría y él. Sería. Feliz.
Acarició su cara suavemente, pasándola por la barbilla y la mejilla, hasta acabar pasando sus dedos por su enmarañado pelo blanco. Sin darse cuenta, una sonrisa se dibujó en su cara y acercó sus labios al chico, dándole un pequeño beso en la frente. Saeran gimió levemente y se retorció en la cama, abrazando el brazo de la chica. “Esta soñando. ¿Habrá tenido una pesadilla? Quizá por eso ha venido a mi cama.”
MC le devolvió el abrazo hasta que Saeran se calmó y volvió a respirar en calma. Estaba muy cómoda en la cama, pero debía levantarse ya. Había muchas cosas por hacer, y quería dedicar la tarde a estar con él, aunque no sabía si él querría estar con ella. Se levantó intentando hacer el menor ruido posible, arropó al chico con la manta, caminó de puntillas hasta la puerta y salió de la habitación.
Fue hasta la cocina y puso a hacer café, definitivamente lo iba a necesitar. Después de preparar el desayuno, lo puso en dos platos y lo llevó a la mesa, esperaba que Saeran estuviera de humor esa mañana para desayunar con ella, esperaba también que no recordara la pesadilla que le había hecho ir a dormir a su cama.
Pocos minutos después, Saeran cruzó el pasillo y entró en la cocina, al ver a MC tuvo que reprimir el impulso de abrazarla, aquella noche había tenido una pesadilla terrible: Al escapar de Magenta, MC recibía un disparo, y él no podía hacer nada por salvarla. La ansiedad que había sentido al despertar de ese mal sueño, empapado de sudor y gritando, le había llevado a ir a la habitación de la chica para comprobar si estaba bien. Tras verla durmiendo plácidamente, Saeran suspiró, aliviado y se tumbó junto a ella. Si algo iba a pasar esa noche, quería estar cerca para protegerla.
Saeran no tenía muchas cosas claras en su cabeza, de hecho, su mente era un hervidero de pensamientos inconexos desde que todo su mundo se derrumbó al descubrir que todo cuanto creía no era más que una mentira. Pero sabía que MC no le era indiferente, sentía... algo por ella. No sabía muy bien que, pero ella no era como los demás, y ese pensamiento, por efímero que fuese, le hacía sentir débil. ¿Que ocurriría si ella también le engañaba? ¿Y si quería hacerle daño? Muchas veces, ese pensamiento había llevado a Saeran a hacerle mucho daño a MC, pero ella había tenido mucha paciencia y comprensión, y gracias a eso, se estaban haciendo mas cercanos y él sabía que poco a poco, empezaba a confiar en ella...
“¿Has dormido bien?” MC sonrió ampliamente al ver que Saeran ya estaba despierto.
Las palabras de la chica trajeron de nuevo al peliblanco a la tierra, ya que una vez mas estaba ensimismado en sus pensamientos
“Hm” Saeran no solía ser demasiado elocuente, solía medir cada una de las palabras que decía frente a ella, por miedo a herirla como había ocurrido tantas veces y por miedo a que supiera demasiado sobre él, aunque últimamente, ella había averiguado mucho mas de lo que él quisiera... Cada vez le era mas difícil controlar sus sentimientos frente a ella y Saeran no estaba seguro de querer seguir apartándola de él.
“¿Y tu?” El chico levantó los ojos levemente para mirar a MC, cuando sus miradas se cruzaron, Saeran se sonrojó y apartó sus preciosos ojos verde menta de los de la chica. Le avergonzaba la idea de que esa noche le hubiera visto dormir junto a ella, al fin y al cabo, su idea era abandonar la habitación en cuanto saliera el sol. No planeaba quedarse dormido allí.
“Si. M-muy bien.” MC miró al chico sorprendida pues nunca le había hecho una pregunta como esa. Normalmente parecía que no le importaba nada de lo que sucedía a su alrededor y aunque ella sabía que eso no era cierto y que en el fondo era alguien sensible, la verdad es que no estaba preparada para aquella pequeña expresión de cariño por parte de Saeran y una pequeña lágrima escapó de su ojo izquierdo.
Se giró rápidamente intentando que Saeran no viera que estaba empezando a llorar pero era demasiado tarde, MC notó como una mano se posaba sobre su hombro y giró la cabeza. El peliblanco la estaba mirando con una ternura que nunca antes había visto en sus ojos y MC, sin saber que hacer, contuvo en aliento y le miró expectante.
“Me alegro. Mucho.” Saeran secó la lágrima de la chica con la manga de su jersey y MC deseó que el tiempo se parara en ese instante. Justo después de secar cara, el chico se acercó un poco mas a ella y con un gran esfuerzo, pronunció la frase más difícil de su vida: “¿Q-Qu-Quieres pasar la tarde con-conmigo?”
