Chapter Text
El frío movía las copas de los arboles formando un silbido armónico que viajaba entre el aire como una perfecta canción de cuna, el crujir del fuego acompañaba el sonido de mis pasos sobre la madera de roble, el libro de encantamientos brillaba sobre mis manos, mientras lo leía a detalle, las palabras encantadas resaltaban bajo las luces de los faroles, un golpeteo a la puerta de hierro llamo mi atención, mi ojos se achicaron ante el sonido intentando ver por las pequeñas aberturas de la puerta, tomando mi espada por instinto antes de si quiera decidir si acercarme era una buena idea, otro golpe me hizo buscar mi escudo pero los pasos sobre la hierva que se alejaban a gran velocidad me hicieron dudar por un momento
«¿Será una trampa?» pensé tomando una manzana dorada entre mis dedos antes de que el llanto de un bebé detuviera mis movimientos casi de golpe, la llamarada sobre mi cabeza se torno de un intenso morado en la punta antes de poder contener mi curiosidad, me enfrente a lo estuviera detrás de la puerta a pasos agigantados sin bajar la guardia
El frío tempestad de la noche golpeo mi rostro por un momento haciendo que la punta de la llama se moviera con ímpetu con ese tono morado luminoso que chispeaba en el aire. Una cesta con una manta blanca (casi gris) envolvía con delicadeza a lo que fuera que estuviera dentro, esta se posaba sobre el césped alargado, mire para ambos lados antes de tomar la cesta, la luz morada hacía brillar mi alrededor aunque el verde empezara a asomarse en la punta, la cesta era ligera como una pluma, pero el llanto que tanto había llamado mi atención resonó debajo de la manta con fuerza, mi corazón retumbo con fuerza contra mi pecho antes de que con un intento torpe de ser delicado revelara el contenido de aquella cesta
Un bebé, tal vez un año o de meses, su cabello completamente negro combinaba con sus largas pestañas, sus ojos negros brillaban gracias a las lagrimas que aun caían de ellos, sus diminutas orejas de oso se agachaban ante la notable tristeza y sus labios formaban un puchero tembloroso, unos lamentables sollozos lo hicieron ladear la cabeza encarnando sus ojos con una duda que a cualquiera le lastimaría el corazón, el bebé alzo sus regordetas manos hacía mi con desesperación
Mis ojos se quedaron inmóviles ante la confusión, el reflejo morado brillaba sobre los ojos de aquel pequeño, y sin demasiado tiempo para pensar un llanto (esta vez mas desesperado que el anterior) resonó por las paredes de piedra con una fuerza que hizo vacilar mi llama. El morado se rompió en destellos verdes antes de volver a mezclarse con él.
—Oh por dios, no llores —suplique volviendo sobre mi pasos, esta vez con el bebé en brazos y la canasta quedando colgada sobre mi antebrazo, el pequeño haciendo caso omiso a mis peticiones, volvió a llorar con mas intensidad y con su rostro blanquecino totalmente rojo de la rabia y tristeza
Mecí al pequeño entre mis brazos intentando recordar e imitar a los omegas que alguna vez había visto en pueblo con sus bebés en brazos, el pequeño se removía incomodo sobre mis brazos, el verde apenas dejaba brillar al morado, la capa roja de mi armadura acompañaba mis malos balanceos, unos minutos después los ruidosos llantos de aquel pequeño había cesado aunque pequeños sollozos aun salían de sus labios que temblaban ante la notable tristeza que brillaba en sus ojos, el azul había tomado el poder de la llama achichándola, el verde aun parpadeaba por momentos, un ser tan frágil y tan pequeño siendo abandonado a su suerte ¿Quién podría ser capaz?
Mi mirada se clavo sobre el cabello arremolinado del pequeño comenzando a mecerlo mas lento por cada segundo que pasaba, una sensación inusual se enredaba sobre mi antebrazo, mis ojos se movieron con rapidez notando que aun sostenía la canasta vieja, mi llamarada brillaba con su color natural aunque sobre la punta el verde y el morada luchaban por tener el control, deje la canasta sobre la mesa de golpe, mi espada que sin darme cuenta había asegurado en mi scabbard, me recargue sobre la piedra tallada a mano observando al pequeño, mi mirada fija en sus pestañas, mi llama morada giraba sobre su propio eje reflejándose sobre sus ojos nuevamente , el pequeño me miro con la misma curiosidad, sus mejillas regordetas bañadas en lagrimas dándole un aspecto casi adorable, ladeo la cabeza al mismo tiempo que el y la agradable risa del bebé resonó por las paredes con suavidad, mi mirada inquietante se poso sobre el «¿Qué le había causado tanta gracia?»
Deje al bebé sobre la mesa, sus ojos inquietos se posaban sobre el fuego de los faroles, mi mirada se poso un momento sobre la canasta alzando los hombros unos segundos mientras me acercaba a ella
La manta que traía en su interior era barata, rasposa y muy áspera para ser de bebé «¿Tal vez por eso lloraba?» el morado se remolineo en la punta y mis ojos se clavaron en su pequeña figura por unos segundos, volví a mi tarea, quite la manta con brusquedad haciendo que una carta saltara del fondo de la canasta que parecía querer romperse
*Su nombre es Spreen, tiene un año recién cumplido y te pido por favor que cuides de el, se que es una gran responsabilidad y es un gran favor para alguien que ni siquiera conoces, pero perdió a todos lo que realmente estaban listos para cuidarlo y no podía dejarlo abandonado en el bosque. Lo lamento.*
El verde crispo sobre mi cabeza el cual se mezclo con el rojo que se alzaba inquieto ante la simple idea de imaginarlo abandonado en el bosque o en una casa a oscuras sin nadie para cuidar de el, el bebé sobre la mesa río al ver a las luciérnagas y mosquitos alrededor de la brillante luz de los faroles, cerré los ojos unos momentos, al abrirlos el brillo blanco de mi llama llamó la atención del pequeño
—Así que te llamas Spreen — mi madura crujió cuando aquella carta había sido hecha añicos y tirado sobre las llamaradas de uno de los hornos sin cuidado alguno, tome al bebé en brazos torpemente de vuelta y como si realmente entendiera, el pequeño oso río — Es buen nombre
…
La noche helada se posaba sobre el horizonte mientras el sol incandescente se ocultaba por el oeste, mi capa se balanceaba por el viento mientras la bolsa pesada que cargaba sobre mi hombro estaba repleta de cosas que había comprado en el pueblo después de recibir cientos de consejos de omegas sobre como cuidar adecuadamente a un bebé, en mis brazos llevaba al pequeño completamente dormido, quien había recibido dulces halagos que lo hacían retorcerse de la alegría y se había reído un par de veces justamente cuando varios bromeaban sobre mis escazas (nulas) habilidades como futuro padre, mi llamarada se movió violentamente ante el recuerdo
Mire al pequeño dormitando sobre mis brazos, su mejilla se aplastaba contra mi armadura, un hilo de saliva colgaba de la comisura de sus labios y la posición en la que estaba seguramente era mala para su pequeña espalda, mis ojos se achicaron por un breve momento antes de alzar mis hombros en un intento de acomodarlo mejor, mi llamarada era neutral aunque ligeramente en la punta un amarillo brillante resplandecía al haberlo conseguido, cerré la puerta de hierro justo cuando la luna ya se posaba como la reina del cielo estrellado
…
Los llantos del pequeño oso resonaban por las paredes de piedra sin cesar en ningún momento, los días se convirtieron en semanas y esas semanas en un mes donde aun no había descubierto como calmar al pequeño en aquellas noches donde necesitaba dormir
—Dale Spreen es hora de dormir —replique con un tono lastimero, forzando a mis ojos a cerrarse a pesar de que mi llama se alzara de un rojo intenso, el azul en la punta parecía hacerla decaer
Haciendo caso omiso a mi petición, el pequeño lloro aun con mas fuerzas, su rostro enrojecido por haber llorado por un largo tiempo, las lagrimas manchando la ropa enrome de bebé que le había comprado en sus primeros días.
«Entre mas tiempo le quede mejor» pensé cuando la vi en uno de los escaparates del pueblo «Tal vez eso era lo que le molestaba» Tape mi rostro con la almohada en un intento por conciliar el sueño
Mi llama chispeaba con violencia cuando con pesar decidí levantarme, azote la almohada contra la cama en un intento por dejar de estar molesto con el bebé, podía sentir a mi alfa inquieto y quejándose con amargura «¿Cómo los omegas tienen tanta paciencia?» un gruñido tambaleo en mi pecho al acercarme al pequeño quien lloraba sin consuelo sobre la cuna improvisada que había armado con una par de almohadas y una cama, aquel llanto intenso bajo de inmediato con tan solo verme, siendo reducido a sollozos lastimeros que ya no lograba controlar
La intensidad de la llama se había reducido pero aun chispeaba de un rojo brillante cuando tome al bebé en brazos meciéndolo con tanta delicadeza como pude reunir, el pequeño parecía estarse acostumbrando a ello, sus brillantes ojos negros me miraron fijamente, con lagrimas aun escapando de ellos y con sus manos regordetas (las cuales apenas y se podían ver por la ropa de bebé gigante) alzándolas hacía el aire en un intento lastimero de alcanzar mi llama
A pesar de que el sol ya había comenzado a brillar por el horizonte, el frío aun calaba los huesos del pequeño oso siendo mi capa lo único a la mano para cubrirlo, el sol había a comenzado a pegar contra mi rostro. El cantar de los pájaros era lo único que había podido mantenerme despierto, pues si un segundo se hacía lo suficientemente largo mis parpados se cerraban
El pequeño había dejado de llorar hace un largo rato, sus pestañeos eran cada vez mas largos y cansados, sus balbuceos eran cada vez mas bajos, casi como un susurro, sus lagrimas se habían secado sobre sus mejillas aunque había hecho el intento de limpiarlas varias veces, la llama de mi cabeza iluminaba nuestro alrededor de un blanco puro
Hace largas horas, no sabía en que momento exacto había caído rendido al suelo justo a lado de la cuna improvisada, mi cabeza reposaba sobre las mantas que había doblado para que fuera mas cálido y poder aguantar mas mis parpados se cerraron con pesadez con los rayos de luz golpeando mi rostro y con el pequeño dormitando sobre mis brazos
…
Mi espada blandía a los monstruos que estorbaban el paso hacía el pueblo, los resplandecientes rayos del sol hacían brillar la sangre de algunos cuando atravesaba su pecho con facilidad, mi llama se movía con neutralidad mientras de fondo podía oír la risa del pequeño oso quien gateaba cerca de los cultivos de caña intentando atrapar una mariposa que volaba a su alrededor, mi mirada se fijo mas haya de la colina, donde unos monstruos se acercaban con un paso lento pero decidido
—Quédate un momento ahí, solo voy a matar a esos monstruos de ahí —señale como si realmente pudiera entenderme— y vuelvo
El pequeño gimoteo cuando la mariposa voló mas haya de su alcance y sin perder mas el tiempo mi armadura brillo bajo el sol mientras caminaba colina a abajo, solo era unos segundos «¿Qué podría pasar?»
Mi mirada se fijo sobre el pequeño unos segundos antes de perderlo de vista y concentrarme en los zombies que rujían en mi dirección; el ultimo esqueleto había caído al suelo desvaneciéndose en el aire dejando solo algunos huesos y flechas que recogí para utilizarlos después, el regreso fue casi silencioso, el silbido del aire se colaba por las copas de los arboles del bosque
El aroma de las flores que había en la cima de la colina chocaba contra mi, el pequeño camino de madera me indicaba que me había alejado mas de lo necesario, mi mirada se fijo de inmediato cerca de los cultivos donde el pequeño ya no estaba, mi llamada se torno roja en la punta, apenas un destello
Mi mirada recorrió la entrada desde la caña de azúcar hasta donde unas flores desoladas movían sus pétalos con desesperación
—¿Spreen? —pregunte al aire, lo suficientemente fuerte para llamar la atención del pequeño, el rojo se extendía a cada segundo
El maldecir de una araña me hizo dirigirme hacía el con rapidez, la llama se alzaba inquieta y el rojo chispeaba con violencia apoderándose totalmente de ella, mis pasos se detuvieron abruptamente cuando el pequeño oso reía mientras se acercaba peligrosamente a una araña con la guardia en alto para atacar, mi armadura resonó cuando a pasos agigantados tome al bebé en brazos justo a tiempo, la araño ataco dejando una pequeña marca apenas notoria, mi mirada se fijo en la araña, la cual parecía hacerse pequeña bajo mi sombra, de un simple golpe la araña se desvanecía
Mis ojos se clavaron en el bebé, quien babeaba los picos de mi armadura, sus pequeñas manos intentando alcanzar mi llama roja, mis ojos se achicaron dando unas suaves palmadas en su espalda
—No vuelvas a hacer eso.—la punta de la llama se torno azul
…
—Déjame ver si entendí —el tono apacible de Rich aun con sus pies clavados en la entrada solo me hacían sentir un cosquilleo en el estomago, chispas verdes rodeaban mi llama quien parpadeaba intranquila, el pequeño oso se levantaba apenas caminando algunos pasos en dirección a la puerta y se caía al suelo haciendo que la situación no mejorara demasiado —En el tiempo que estuve fuera explorando y demás, alguien dejo un bebé frente a nuestra puerta y tu decidiste quera buena idea ¿quedártelo?
—Básicamente —tome al bebé en brazos quien no tardo en tratar de alcanzar mi llama, el rosa se extendió por la punta aunque las chispas verdes la rodearan—pero, ¿No te parece adorable?
Los ojos negros del pequeño se posaron sobre el rostro esquelético quien frunció sus pálidos labios ante la mirada penetrante del pequeño oso, su piel blanquecina hacía resaltar sus mejillas sonrosadas, su cabello negro caí adorablemente sobre su frente, sus pestañas largas se camuflaban en el, un balbuceo se dirigió hacía Rich quien ladeo la cabeza confundido
—Cárgalo mientras busco mi bolsa para ir al pueblo — sus huesudos dedos recibieron al bebé cuando lo avente contra su pecho, lloriqueo cuando el bebé jugueteo con su corbata roja, sus pasos me siguieron hacía adentro bufando como si no tuviera mas remedio que intentar cargarlo de mejor manera
—Eres un bebé extraño, normalmente los bebés lloran al verme —el pequeño balbuceo con diversión dirigida hacía el Rich, una llamarada resplandeció de amarillo al escucharlo, el pequeño solo balbuceo siguiendo su trabajo de babear la corbata del contrario, quien solo tareero de disgusto
Otro balbuceo aun con la corbata en mano detuvo los pasos ligeros de Rich, mi mirada se fijo sobre la cientos de cosas que guardaba en el cofre sin prestarles demasiada atención, tome un par de flechas «Tal vez para después»
Otro balbuceo a sus espaldas hizo que fijara su vista sobre el pequeño quien balbuceaba divertido, el Rich sin embargo parecía haberse quedado sin aire
—Dime que lo oíste
—¿Oír que?
—Pa-pa —el balbuceo cayo como un balde frío para ambos, la llama chispeo de amarillo en la punta, las flechas que sostenía cayeron al suelo haciendo reír al pequeño quien volvió a balbucear esta vez mas claro —Pa-pa
La llama se movía inquieta el centro estaba apoderado del amarrillo y justo en la punta de un rosado que hacía que se moviera con suavidad «¿Había dicho “Papá”?»
