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Ruin The Friendship

Summary:

En el que Lionel y vos tienen que decidir si arruinan la amistad que los une o se pasan el resto de sus vidas preguntándose "Qué hubiera sido si...?"

Inspirado en la canción "Ruin The Friendship" de Taylor Swift (pero tranquilas que acá no se muere nadie).

Notes:

Tuve un brote y volví a escribir un fanfic después de más de una década. Ojalá leerlo les divierta tanto como a mí escribirlo. La inspiración provino del licuado entre la canción que le da el nombre, el clima mundialista, mi nueva hiperfijación con programas deportivos, lo que le pasó a la periodista Sofia Martinez recientemente, y la cuota sana de absoluta locura con la cual fui bendecida al nacer.

Anulo mufa y elijo creer.
Que se diviertan!

Chapter 1: La lluvia de septiembre

Chapter Text

 

Capítulo 1

 

Glistening grass from September rain / "Pasto brillante por la lluvia de septiembre,

Gray overpass full of neon names / un puente gris lleno de nombres en neón.

 

Tu primera respuesta había sido una negativa. No había necesidad de que te fueran a buscar a la ciudad pudiendo pedir un Uber al predio de Ezeiza. Mas allá de no querer molestar a nadie, sabías que él se iba a ofrecer. Así que, llegado septiembre, cuando comunicaste que llegabas a la AFA para el martes a la noche, y después de que tus compañeros de trabajo insistieran en que alguno te pasaba a buscar, tu primera respuesta había sido una negativa automática. Ni necesitabas que te fuera a buscar, ni querías pasar más de media hora encerrada en un auto con Lionel Scaloni.

Poco peso tuvo tu respuesta puesto que a las 18hs del día del día en cuestión lo tenías esperándote en la esquina de Plaza Dorrego en San Telmo. Te detuviste a mirarlo del otro lado de la plaza. Sabías que tenías poco tiempo, considerando que el técnico de la seleción argentina parado ahí mirando los mosaicos artesanales de un cantero no eran cosa de todos los días. Aún así decidiste aprovechar cada segundo. Tres, cinco…siete. Le quedaba bien esa campera negra. Veinte…treinta…cuarenta y cinco ¿Se había cortado el pelo? Minuto y medio y ya estabas conteniendo el aire. Te escondiste un poquito más sobre el paredón que le daba la vuelta a la esquina de la plaza. Tres minutos… capaz no se había cortado el pelo, capaz solamente se había pasado la mano por la cabeza como hace siempre. Cuatro minutos… ¿Siempre hace eso? No. No siempre hace eso. Y vos lo sabías. Cinco. Solo lo hace cuando está ansioso, dijo una voz en tu cabeza. Y sonreiste. Y después dejaste de sonreir. Porque te enternecía que él estuviese ansioso pero vos estabas por salir corriendo a trotar el camino entero derecho a Ezeiza.

Te vió venir segundos después de que empezaste a caminar hacia él. Casi como si te hubiera sentido llegar a mas de cien metros de distancia. Los feriantes seguían trabajando y los comensales sentados afuera de los locales gastronómicos seguían disfrutando del show en la plaza. Para nadie más que para ustedes dos el mundo había empezado a girar más lento. Esa experiencia esa exclusivamente suya. De fondo sonaba un tango clásico, como clásico chiste irónico. Gardel enlistaba todo lo que pasaría el día en que su amada lo quisiera mientras vos intentabas respirar normal al llegar junto a Lionel ¿No podía sonar otra canción?

—No tenías que venir, me podía pedir un auto.

—Hola, ¿no?

—Hola. No tenias que venir, me podía pedir un auto.

—Ya sé que te podías pedir un auto, pero estaba por la zona y no me costaba nada buscarte de pasada —dijo sonriendo.

Elejiste creer que estaba "por la zona", aunque era poco creíble. Evitaba el microcentro porteño más que festejar un gol. Aún así, te quedaba más cómodo creer que estaba por la zona. Estaba por la zona, y ahora estaba a dos cuadras de tu casa pasándote a buscar.

—¿Por qué Plaza Dorrego? —preguntó.— ¿No era mejor buscarte por tu casa? Mirá como te pesa el bolso!

—No me pesa el bolso, es el mismo de siempre y me muevo con el bolso de siempre, siempre, para todos lados.—concluiste con un aire triunfante completamente infundado. No tenías que ganar, no era una competencia esto. Era un intermcabio agradable entre dos compañeros de trabajo. A como no bajaras la guardia en breve ibas a ser la única haciendo el ridículo.

Para tu sorpresa (o no), Lionel no dijo nada más. Te miró como si supiera exactamente lo que estabas haciendo, estiró la mano para agarrar el bolso, intentó no hacer una mueca de esfuerzo cuando se lo colgó al hombro y te señaló la dirección en la cual había estacionado el auto.

—Podrías probar alguna vez con un carryon, ¿no? Digo, una valijita chiquita como todos, para variar…

—No pesa el bolso ¿Te pesa el bolso? Pensé que levantabas más que eso en el gimnasio, che…

—No, no me pesa el bolso, —atajó sonriendo.

—¿Te divierte mi bolso pesado? —preguntaste al borde de dar media vuelta y volver a tu casa para pedirte un Uber. Podías con su presencia en tanto estuvieran en presencia del resto de la AFA pero, así en soledad, se te estaba complicando por segundo.

—No, pero me divierte saber que pensás en cuánto levanto cuando entreno…

No llegaste ni a agarrar aire antes de ponerte roja como un tomate. Touché, truco, jaque mate y mancha. Lionel te miró de reojo al ver que no respondías y sonrió de nuevo. Contaste los segundos hasta que llegara la inevitable cargada en la cual quedabas expuesta, pero nunca llegó. Sacó las llaves del auto del bolsillo del pantalón, destrabó las puertas con un click y abrió la puerta del asiento trasero para dejar tus cosas.

—Viste que sí era pesado el bolso… — dijo guiñándote un ojo antes de entrar por el asiento del conductor.

Pero la re puta madre.

 

•••

 

El viaje fue tranquilo, al menos en términos de conversación y ruidos. Vos estabas tensa y él, visiblemente nervioso. En cualquier caso, ninguno iba a arruinar la amistad laboral que los unía. Si no tenían nada, al menos tenían eso. Nadie forzó más conversación de la necesaria; intercambiaron algunos comentarios generales sobre el clima, el tráfico, "la vida". O al menos, "la vida" entre que se cruzaban y se volvían a cruzar. Vos ahora sabías que sus hijos estaban bien, creciendo rapidísimo. Él ahora sabía que vos seguías indecisa respecto de adoptar o no adoptar un perro. Vos ahora sabías que él había probado con empezar a comer con menos sal. Él ahora sabía que habías duplicado el consumo de helado desde la última vez que se habían visto. Vos ahora sabías que lo de la dieta sin sal había fallado casi antes de arrancar, de manera estrepitosa. Él ahora sabía que vos planeabas duplicar el consumo de helado en los próximos seis meses (para ver si llegabas a un récord). A veces te dolía no verlo tan seguido y otras lo pensabas un poco más en profundidad y te dabas cuenta de que si ambos trabajaran para un Club y no para la Selección, ya tendrías que haber renunciado para poder mantener la cordura. Era bueno que sólo se vieran para seguir el calendario internacional. Funcionaba. Te funcionaba. A una distancia prudente, como la que tenían, él no tenía por qué descifrar que el aumento en consumo de helado estaba directamente ligado a tu estado emocional: tu incapacidad de dejar de googlear su nombre para verle la cara, las noches en las que querías darle una oportunidad a potenciales "buenos tipos" que te invitaban a cenar pero sólo podías medirlos en relación a él, o las veces que te angustiabas viendo comedias románticas en las que, a pesar de todo, "ellos dos" terminaban juntos.

Helado por kilo, si, por kilo tuyo.

—Al final no fue tan mala idea que te fuera a buscar, —dijo después de un rato de escuchar música. —Mirá como se pudrió el cielo…

—Bueno, el Uber iba a tener que hacer el mismo recorrido adentro de un auto igual…— dijiste mirando para arriba a través del vidrio. Empezaba a lloviznar, aunque sin fuerza todavía. Pensaste en los feriantes de San Telmo. No les quedaba mucho de feria hoy, pero siempre es un bajón tener que guardar todo a las corridas.

—Si, ¡pero te hubiese cobrado una barbaridad! Eso no me lo podes negar, siempre le suben el precio cuando llueve!

—Y, según vos, ¿Yo no me puedo pagar un Uber en un día de lluvia? — respondiste en chiste—¿Tan mal crees que me pagan? ¿Debería hablar con Tapia?

—No seas boluda, no me referia a eso, che! Obvio que te podes pagar un Uber, pero era un Uber caro al pedo o yo, me parece que es obvia la elección.

Lo era. Preferías el Uber.

—Okey, si, está bien, gracias por ir a buscarme.

—Fuaaaa, pará! ¿"Gracias", dijiste? —chequeó el reloj que tenía en la muñeca izquierda. —Esto si tiene que ser un nuevo récord, te llevó 25 minutos agradecerme el viaje. Ahora sí puedo seguir, ya estoy más tranquilo…

Sonreiste, sin pensarlo, con esa sonrisa pícara que una vez te había dicho que le gustaba.

—¿Te divierte que te haga de Uber?

Y antes de que la cordura y el sentido común pudieran guiarte, dijiste:

—No, me divierte que busques mi aprobación para tranquilizarte. Tipo grande, che…

Él no se puso rojo como un tomate, pero se acomodó mejor en el asiento y se aclaró la garganta, buscando qué decir. No le salió nada. Touché, truco, jaque mate y mancha. Empate 1-1.

La conversación cesó por el resto del camino. La lluvia aumentó en intensidad y el ruido del agua contra el capó y los vidrios más la música de la radio se encargaron de llenar el silencio que ustedes dejaban. Entre el agua y los parabrisas llegaste a ver el puente que indicaba que estaban más cerca del predio que de CABA. Completando el paisaje, las vallas publicitarias con sponsors de la Selección mostraban videos de los jugadores y el cuerpo técnico.

¿Juntos adentro de un auto? Si
¿Juntos en una valla publicitaria sonriendo? También.
¿Juntos? No. Nunca juntos.

La lluvia le daba un toque cinematográfico al paisaje ilumiando por luces LED. La ciudad quedaba atrás y, como si de ironía se tratáse, las vallas publicitarias con sus caras, una al lado de la otra, creaban un túnel hacia el único lugar donde jamás iban a estar tan cerca. El predio de AFA era donde todo había arrancado y representaba el por qué no sucedería nada jamás. Avanzaban por un túnel de agua y luces mirándose de reojo, en silencio, como si la siguiente palabra que alguien enunciara pudiese hacer explotar todo.