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THE BLUE SLIT

Summary:

Alejandro no esperaba que su vida estuviese llena de tantas tribulaciones, pero tampoco esperaba que la solución a todas ellas fuese una critatura que creía inexistente. Su mente le decía que vivía en una fantasía y debía dejar de enfocarse en lo irreal. ¿El problema? Que ella pone en duda todo lo que él creía que era falso. Incluyéndola a ella.

❝ Si tú te hundes, entonces hundámonos juntos. ❞

 

⠀sukxma
⠀July, 2026

Notes:

Holi holi! Este es un fic originalmnt publicado en wattpad, pero también quería publicarlo acá porque hacen falta más fics de los santos bravoooooos. Ojalá les guste!

Chapter 1: 0; De aguas saladas.

Chapter Text

 

 

La situación era simplemente escandalosa y absurda.

Él era príncipe.

"Él" príncipe.

Y estaba seguro que el perfil no incluía estar al borde de la muerte una vez al año. Misma noche todos los años. Claro que había mantenido la cuenta. Y por más que había intentado avisar a su padre sobre la situación, una y otra vez volvía a ser ignorado con las mismas palabras: "No tengo tiempo para tus pesadillas, Alejandro."

Su madre solía ser una mujer dulce, ella lo habría escuchado y seguro habría mandado a un guardia para cuidar la puerta de su habitación durante el mes de abril. Pero eso no pasaría porque la reina Selene había fallecido cuando sólo era un niño. Cuando sus pesadillas aún podían ser ahuyentadas con palabras y un beso en la frente. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que su corazón fue consolado, que no recordaba la calidez de aquellas manos que le sostenían por las noches atiborradas de sueños convirtiéndose en tormento para un pequeño de diez años.

Soltando un suspiro, Alejandro tachó en el calendario de su habitación con tinta roja el miércoles 29 de abril. Miró entonces el reloj en su escritorio. Faltaban dos horas para que el jueves le saludara como lo había estado haciendo durante los últimos cinco años.

Todo había comenzado durante aquél abril después de que recién había cumplido los veinte años. Aquella noche siniestra en la que sintió por primera vez el filo de una daga contra su garganta, unas manos heladas cubiertas por guantes de cuero sobre su boca y el olor a pólvora inundó su nariz.

"¡Qué carajos!"

El escozor de la pólvora le picó la garganta haciendo que se retorciera con frustración y miedo, intentando mirar detrás de él con todas sus fuerzas con la esperanza de ver quién estaba violando la privacidad de su habitación a altas horas de la madrugada. Sus manos se aferraron al antebrazo del desconocido, intentando clavar las uñas aunque era un intento inútil. Todo pensamiento en su mente se puso en pausa al sentir la mano de aquella persona cubrirle la nariz. La adrenalina recorrió su cuerpo de forma rápida y comenzó a intentar patalear para quitárselo de encima. Sólo bastaron unos cuántos segundos de pánico en los que su cerebro perdió la oxigenación suficiente para desmayarse.

Su mente quedó en negro, eso hasta que sintió el golpe de temperatura cuando chocó contra un cuerpo grande de agua. Abrió los ojos asustado, sin poder ver nada en absoluto. Intentó tallarse los ojos con el dorso de su mano, notando que ambas estaban atadas detrás de su espalda al igual que sus piernas. La tela que estaba ahora adherida a su rostro estaba llenándose de agua. Pensó que estaba en la bañera de su habitación, pero la caída libre le decía que se encontraba en mar abierto.

Retorció su cuerpo con la sangre bombeando en sus oídos, la ansiedad estaba comiendo su corazón. Los pulmones le ardían pues la necesidad de respirar comenzaba a ser mayor que cualquier otra cosa.

Pero la verdad es que no podía hacer nada.

"¿Ahora qué? ¿Este es mi fin? ¿Es realmente así como moriré?"

Pensamientos de ese tipo llenaron su mente. Sus ganas por sobrevivir comenzaron a desistir, dejándose caer hacia la oscuridad de lo profundo del mar. Sentía como si todo miedo estuviera siendo lentamente reemplazado por una calma inexplicable. A pesar de su posición desafortunada, su mente sólo podía reproducir imágenes borrosas del rostro de su madre, ecos de su voz a lo lejos, y entonces el mar le acogió en sus brazos. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que su corazón fue acogido que el sentirlo de nuevo se sentía nostálgico.

Su cuerpo comenzó a sentirse cálido, como si un cuerpo tibio le estuviera envolviendo y luego... Pánico.

Aire. Aire. Alejandro tosió violentamente el agua que había respirado, se sentó en lo que parecía ser una roca de la costa. Una de sus manos viajó hacia su pecho con miedo. ¿Cuándo se liberaron sus manos?

Con rapidez, sus manos se dirigieron hacia su cabeza, quitándose la bolsa de tela. Sus ojos desorbitados intentaron enfocarse en el panorama que tenía enfrente. La luz de la luna brillaba sobre las olas del mar, las cuales se movían a sólo unos metros de sus pies descubiertos. Alejandro recobró la respiración, notando que no había nadie a su alrededor. ¿Cómo es que había llegado hasta ahí? ¿Su cuerpo había nadado hacia la costa inconscientemente?

Imposible. Su cuerpo estaba recostado sobre una roca alta, era imposible llegar hasta allá sin usar sus brazos y piernas.

Había sobrevivido un ataque directo hacia su persona, pero su mente estaba llena de dudas. ¿Cómo había logrado escapar de las garras de la muerte?

Sus pensamientos comenzaron a correr uno tras otro, cuando un ardor peculiar robó su atención. Su mano viajó hacia aquél dolor que sentía en el cuello, retrayendo de nuevo la extremidad ante el contacto doloroso. Bajo la luz de las estrellas, notó sus dedos teñidos de un leve color carmesí. Tenía un corte peligroso en el centro del cuello, uno que debía tratar cuanto antes si no quería que la herida se infectara.

Con las piernas, ahora desatadas, temblorosas, se puso de pié sobre la roca. Su mano sostuvo la bolsa que había estado sobre su cabeza y apretó la tela. Miró hacia el mar esperando que aquella entidad que le había salvado apareciese frente a él, pero fue recibido por nada más que el sonido de las olas golpeando con las piedras en la costa.

Con el corazón estrujado y la mente corriendo sin piedad, volvió a casa para comenzar a narrar los hechos en un diario. Su cabello húmedo cosquilleando su frente, la tinta en el papel corriéndose al no usar la técnica adecuada para escribir la vivencia de aquella noche. Sus ojos se dirigieron hacia aquella bolsa de tela levemente tintada de rojo a causa de la sangre que su herida pintó, el corte en su cuello cubierto por una venda después de tratar la herida lo mejor que pudo con manos temblorosas.

Nadie en la Casa Real había ido a acudirle, tampoco es que hubiera hecho saber que su presencia había sido violentada, o al menos no aún. A la mañana siguiente trataría de contestar las preguntas hacia su persona, pero por ahora, debía concentrarse en su tarea. Reescribir la peor vivencia de su vida.

Vivencia que se repetiría cada último jueves del mes de abril, hasta que resolviera la incógnita de quién había sido la persona que quiso terminar con su vida.

Su pluma se detuvo de escribir, mirando el papel bajo sus manos. En una pequeña nota al pie de la página, agregó, con el corazón a mil por hora, el deseo de encontrar a aquél que le había regalado la oportunidad de poder cobrar venganza.

Cinco años después, Alejandro miró el reloj. Oficialmente era jueves 30 de abril. Dejó a un lado la pluma y se recostó sobre su cama con la mente alerta. Esta vez, descubriría quién osaba interrumpir su vida.

Esta vez encontraría la razón por la que su existencia había peligrado durante los últimos cinco años.

Esta vez...

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