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Había estado esperando ese día desde hacía ya 3 meses.
El día que saldría a la venta el nuevo tomo de su manga favorito: Love Bentō.
Nakamura no podía estar más entusiasmado por este pequeño placer. Podría llegar a casa y estar toda la noche disfrutando de su nuevo tomo, riendo y llorando hasta que su hermana golpeara la puerta para que, de una vez por todas, la dejara descansar.
Por ahora solo tendría que aguantar las clases de la tarde y, tan pronto como la campana sonara, se despediría de Hirose y saldría pedaleando hasta su librería de confianza.
Nada podría arruinarle sus planes.
——
Tan pronto como la última clase terminó, Nakamura comenzó a guardar de nuevo todo en su bolso, preparándose para su partida y llenándose de emoción por lo que se aproximaba.
Mientras acomodaba sus materiales, no pudo evitar desviar su mirada hacia el chico que siempre le robaba el aliento. Hirose estaba en su asiento. Al igual que él, estaba guardando sus cuadernos y materiales, solo que de una forma más apresurada y sin cuidado. Nakamura lo había notado: desde hacía ya un mes que Hirose se veía apresurado a la hora de salir. Había dejado de lado las propuestas de regresar juntos a casa y, en algunas ocasiones, se olvidaba de despedirse de él o incluso de sus amigos. Pero, a pesar de todo, no había podido escuchar nada relacionado con el tema y también era muy tímido para preguntarle directamente a Hirose.
Se desvió tanto en sus pensamientos que, cuando regresó al mundo real, Hirose ya se había marchado del salón.
Soltó un suspiro y se acomodó el bolso a su costado. Tal vez hoy no tendría una despedida de Hirose, pero sabía que su manga le subiría los ánimos.
Antes de marcharse, vio a Kawamura junto a Okuda y Hamaoka platicando. Realmente no era de escuchar conversaciones ajenas, menos si estas eran entre chicas, pero creyó haber escuchado algo sobre ir a comprar un manga. Le hizo pensar un momento sobre si ellas también irían a comprar el nuevo volumen de Love Bentō. Si fuera así, tal vez podrían hablar sobre sus opiniones del nuevo tomo…
——
Había pedaleado por lo menos media hora hasta llegar a la entrada de su librería favorita. No era tan extravagante como otras; más bien, la mayoría de sus volúmenes y mangas eran de segunda mano. Aun así, eran más baratos y solían vender mangas nuevos cuando estos eran muy populares.
Dejó su bicicleta afuera del establecimiento y se apresuró a entrar.
El interior era agradable, aunque hubiera más gente que de costumbre. No cambiaría por nada este lugar: la música tenue de jazz, el olor a libro nuevo mezclado con la madera de los estantes, el ambiente silencioso y sin una pizca de pesadez. Era todo lo que Nakamura necesitaba, pero lo que más le agradaba era que no conocía a nadie ahí. Estaba tan lejos de su escuela y de su casa que no tendría que preocuparse por encontrarse con alguien o tener que inventar toda una mentira para explicar por qué compraba un manga BL.
Mientras esquivaba personas, el pelinegro buscaba la sección BL y, cuando la encontró, no pudo contener una pequeña risita.
Jejeje.
Ahí estaba, en el estante del medio, con un letrero grande: el nuevo tomo de Love Bentō. Aún había bastantes copias, pero sabía que pronto se agotarían. No pudo evitar autofelicitarse por haber apresurado el paso y conseguir la suya; una pequeña lágrima de felicidad se asomó en su lagrimal.
Cómo le gustaban ese tipo de cosas.
Antes de partir, echó un vistazo a la librería en general. Tal vez podría llevar algo más o dejarlo para alguna otra ocasión.
Llegó a una sección de Biología y no pudo evitar emocionarse un poco. Se acercó y comenzó a leer cada uno de los títulos.
Al final optó por llevar uno sobre biodiversidad marina en el mar del Japón. Nakamura no podía ir más encantado con su elección de ese día. Caminaba dando saltitos y, para sus adentros, reía como un niño cuando le compraban un juguete nuevo.
“Valió la pena haber pedaleado media hora.”
Se acercó al mostrador, pero, por alguna razón, no había nadie detrás de este.
“Han de estar algo ocupados por el lanzamiento de Love Bentō…” pensó.
Mientras esperaba, colocó los dos libros sobre el mostrador. No pasó mucho tiempo hasta que escuchó a alguien acercarse y colocarse detrás de este.
—Lamento la demora. Hemos tenido mucho trabajo, jaja.—
Una voz suave y familiar se disculpó e intentó suavizar el ambiente con una risita.
Eh…
¿Eh…?
¡¡EH??!!
Nakamura quedó petrificado. Su estómago se hundió y sus manos comenzaron a temblar. Delante de sus ojos estaba el mismo chico de su clase, el que siempre lo dejaba sin la capacidad de hablar, el que hacía que su corazón latiera tan fuerte y tan rápido que podría darle energía a todo Japón.
“¡¡¡¿¿Cómo es que Hirose está aquí??!!!”
Por otro lado, el castaño solo se sobresaltó un poco.
—¿Eh? ¿Nakamura? —
—H-H-Hirose… ¿¿Qué haces aquí?? —no pudo evitar balbucear por los nervios.
De todos los lugares donde pensó encontrarse con Hirose, nunca imaginó que sería en su librería de confianza, a media hora de su escuela.
—Uh… jaja. Creo que me atrapaste.—
”¿Atrapar? ¿A qué se refiere con eso…?”
—Y-yo… no sabía que trabajabas aquí… —rascó su mejilla con nerviosismo y algo de vergüenza.
—Bueno… He estado trabajando aquí por lo menos un mes, pero no le conté a nadie porque seguro Takeuchi y los demás vendrían a molestarme en el trabajo. —Explicó con una sonrisa suave y luego agregó— Además, estoy ahorrando algo de dinero para las vacaciones. —
¡Claro! Las vacaciones eran en menos de quince días y muchos optaban por tener trabajos de medio tiempo para ahorrar dinero.
—¡G-genial! Es bueno tener algo de dinero para… asuntos… tus asuntos… sí…—
“¡¿Qué diablos estaba diciendo?!”
Quería tener una conversación normal con Hirose, pero cada vez que abría la boca conseguía quedar como un tonto.
Hubo un pequeño silencio, lo que solo hizo poner más nervioso a Nakamura.
—Bueno, déjame ayudarte. ¿Estos son los libros que vas a comprar? —
La voz de Hirose rompió el silencio incómodo que los envolvía y volvió a adoptar su increíble atención al cliente.
Eso habría tranquilizado a Nakamura… si tan solo no estuviera a punto de comprar un manga BL frente a su crush.
—¡Ah! B-bue… bueno, esos libros…—
Su cerebro entró en alerta.
No podía dejar que Hirose viera ese manga.
Tenía que pensar en algo.
—¡Arriba!
Exclamó, tal vez más alto de lo normal y sin ningún sentido.
El cuerpo de Nakamura se tensó e Hirose solo lo miró con una expresión extrañada.
—S-solo el libro de arriba. El otro no sé qué es ni de quién es. C-creo que alguien lo dejó olvidado. Y-yo solo compraré el de arriba… sí…—
Nakamura explicó dando más detalles de lo normal para parecer creíble.
Hirose parpadeó un par de veces.
—Está bien…—
Y terminó aceptando la extraña explicación del pelinegro.
”¡¡SOY UN FRACASADO!!”
No pudo evitar culparse por hacer que sus interacciones fueran tan incómodas.
…
—Y todo listo. ¡Espero que disfrutes de tu nuevo libro! —
Hirose le dedicó una última sonrisa y le extendió el libro con la cubierta envuelta en papel decorado.
—G-gracias… Hirose. —
Nakamura no pudo evitar sonrojarse por lo amable y tierno que el otro chico era, pero también por la vergüenza de casi haber sido descubierto.
—Nos vemos en c-clases…—
Se despidió y huyó lo más rápido que pudo de ahí.
——
Pensaba que lo peor del día anterior había sido encontrarse con Hirose en la librería, haber pedaleado por media hora a toda velocidad hasta su casa y llegar con el corazón en la mano por la adrenalina y los nervios del momento.
Pero no fue hasta que llegó a clases que se dio cuenta de que eso no era todo…
Efectivamente, las chicas habían comprado el manga de Love Bentō y estaban comentándolo justo a un par de metros de él.
—La nueva escena del almuerzo estuvo muy tierna. —
—Tienes razón, pero a mí me emocionó más cuando tuvieron la clase de cocina juntos. —
—Esa escena fue súper romántica. Me encantó cuando al bottom lo sujetaron por detrás y le enseñaron a cortar bien los vegetales. —
—De solo pensarlo me emociono de nuevo, jiji. —
—¿No vamos a hablar de la escena del bes…?—
La silla chilló con fuerza contra el suelo, dejando a toda la clase en silencio por un segundo.
Nakamura no podía soportarlo más y decidió salir del aula antes de seguir escuchando spoilers.
Se escabulló ágilmente por los pasillos repletos de estudiantes hasta llegar a una zona con máquinas expendedoras.
En el lugar no había nadie, a pesar de ser recreo. Se dio el permiso de suspirar y recuperar el aliento.
Recordó que no había comido nada esa mañana, así que echó un vistazo y sacó su billetera. Tal vez una bebida azucarada lo ayudaría a animarse un poco.
Al mirar el interior de su billetera, solo soltó un suspiro.
Lo único que traía consigo era el dinero justo del día anterior para pagar su manga.
Nakamura lo miró un segundo, dudando qué hacer.
“Al fin y al cabo, no podré comprarlo con Hirose trabajando ahí…” pensó, vencido contra su propia voluntad y listo para insertar el dinero en la máquina.
—¡Hey, Nakamura! —
La misma voz familiar que lo atendió el día anterior lo paralizó en su lugar y no se movió hasta que sintió el peso del otro chico apoyarse en su hombro.
—Te he estado buscando por todos lados. ¿Acaso te estás ocultando de mí? Jaja. —
Hirose bromeó un poco y quitó su mano del hombro de Nakamura.
El otro chico solo se refugió en su billetera, apretándola más de la cuenta sin darse cuenta.
—H-Hirose… jaja. No, no, para nada. ¿Q-qué necesitas…?—
Intentó sonar lo más natural posible, pero, cuando se trataba de Hirose, siempre le ganaban los nervios.
Hirose se posicionó frente a Nakamura y procedió a acercarse a él, invadiendo completamente su espacio personal. Puso una de sus manos cerca de su boca y comenzó a susurrar:
—Quería agradecerte por lo de ayer. —
Y le guiñó un ojo.
El pelinegro mantuvo la compostura, pero en sus adentros todo era un desastre.
—¿A-Ayer? —
Ahora no estaba en posición para pensar en lo que pasó el día anterior ni en lo que estaba haciendo antes de que llegara Hirose.
Hirose llevaba consigo una bolsa de papel, de esas que te dan cuando compras en algún establecimiento. La ocultaba detrás de sí para que el otro chico no se diera cuenta de ella.
—Sí. Te pedí que no le dijeras a nadie sobre mi trabajo secreto y veo que cumpliste con tu palabra. —
Hirose sonrió y extendió los brazos hacia Nakamura, entregándole la bolsa de papel al más alto.
—Te preparé un almuerzo. ¿Te gustaría comerlo conmigo? —
Fue sutil su petición, pero también fue sutil cómo su sonrisa cambiaba a una más tímida.
Nakamura no pudo evitar sentirse parte de la historia de su manga favorito.
——
Era la hora del almuerzo y Hirose lo guió hasta la azotea.
Nakamura se sentó junto a Hirose. Todo ese tiempo, su corazón latía tan rápido y con tanta fuerza que juraba que el chico a su lado podía oírlo.
El almuerzo que Hirose le preparó era saludable: traía una porción de arroz con vegetales, pollo frito y huevo. A pesar de verse simple, fue uno de los mejores almuerzos que Nakamura había probado en su vida.
Durante toda su estancia ahí solo intercambiaron un par de palabras sobre la comida. Era un silencio tranquilo, más no incómodo.
Nakamura, por los nervios, terminó de almorzar primero y le agradeció a Hirose por el regalo. Este solo le respondió con una sonrisa mientras aún tenía los palillos en la boca.
Todo volvió al ambiente tranquilo del inicio durante unos minutos, hasta que Hirose decidió romper el silencio.
—Comencé a trabajar hace un mes en esa librería, pero ayer realmente fue agotador. —
Nakamura volvió su atención hacia el chico a su lado.
Hirose aún no terminaba de almorzar, pero daba la impresión de que buscaba algo en específico dentro de su bentō.
—Ayer se estrenó un manga muy famoso y había gente por doquier. Realmente pensé que no iba a ser capaz de terminar mi turno…—
Volvió a hablar y se detuvo justo cuando encontró lo que parecía ser un pedazo de pollo en su almuerzo y se lo llevó a la boca.
Nakamura tragó saliva por aquella pequeña pausa dramática que Hirose había provocado sin siquiera darse cuenta.
—Pero… estoy feliz de haberte visto ahí, Nakamura. Me alegraste el resto del turno… y del día. Jaja. —
El castaño se giró para mirar a su compañero y le dedicó otra sonrisa mientras un ligero rubor aparecía sobre sus mejillas.
Hirose cerró su bentō y lo dejó a un lado.
Se giró casi por completo para observar la expresión de Nakamura.
A simple vista parecía sereno. Pero, por dentro, todo era un caos. Tenía tanto que decir y, al mismo tiempo, la mente completamente en blanco.
Lo único que lo delataba era el rubor en sus mejillas, su expresión completamente pasmada y la fuerza con la que sujetaba la tela de su pantalón.
Y, con una sonrisa, el castaño volvió a hablar.
—Realmente pensé que venías a comprar una copia de ese manga. —
Desvió la mirada hacia el cielo despejado mientras dejaba sus palabras suspendidas en el aire.
—B-bueno… yo…—
Nakamura tragó seco.
Toda esa situación lo estaba dejando completamente expuesto.
Pensó en volver a negar el manga, pero una pequeña chispa de valentía le recorrió el cuerpo y le dio ánimos para ser sincero, aunque fuera un poco.
—La verdad es que sí venía a comprar una copia…—
Apartó la mirada del castaño y se rascó la mejilla con timidez.
Se sentía bien ser sincero, pero todavía conservaba esa pequeña espina de miedo que lo impulsaba a negarlo otra vez.
—P-pero era para mi hermana… Solo que no lo hice porque pensé que sería incómodo para ti…—
Se escudó en su hermana. Pero, si ella hubiera estado allí, estaba seguro de que lo habría llamado cobarde.
Hirose suspiró, divertido.
—Créeme. He visto gente comprar cosas peores y con mucha menos vergüenza que tú, Naka. —
El pelinegro lo observó, sin saber muy bien a dónde quería llegar Hirose con todo aquello.
“¿Acaso sabe sobre…?”
Hirose se levantó de su asiento y procedió a estirar un poco los brazos.
De inmediato, Nakamura comprobó la hora y, efectivamente, faltaba poco para que terminara el almuerzo.
—¡Hey! —
Cuando sus miradas se encontraron, Hirose ya estaba junto a la puerta de la azotea, con su bolso del almuerzo sobre el hombro y el pecho ligeramente hacia adelante. Era su típica pose confiada, pero esta vez había una pequeña sonrisa tímida en su rostro.
—Si aún necesitas ese manga… hum… me puedes acompañar hoy al trabajo y…—
—¡SÍ! ¡Me encantaría!
Exclamó sin pensarlo dos veces.
La emoción lo había inundado por completo.
Solo cayó en la cuenta de lo que acababa de hacer unos segundos después.
—D-Digo… ¡A mi hermana le encantaría! —
Un sudor frío recorrió su espalda mientras intentaba enmendar sus palabras.
”¡¡Ahora Hirose debe pensar que soy un loco aprovechado!! ¡AHHH!”
Hirose lo observó durante unos segundos y soltó un pequeño suspiro de alivio.
Se sentía tranquilo de saber que era Nakamura quien conocía su pequeño secreto.
También reconocía que todo aquel plan del almuerzo había sido completamente innecesario solo para ocultar una pequeña información…
Pero no se arrepentía de haber pasado ese tiempo con él.
Juntos.
—Jajaja, entonces te espero a la salida. —
El castaño se despidió, cruzó el umbral de la puerta y desapareció…
…dejando un sentimiento cálido en el pecho de ambos chicos.
