Chapter Text
-------------Cassandra-------------
Cassandra despertó con pesadez en la cabeza otra vez y ese sudor incómodo entre sus cobijas.
Inmediatamente las retiró.
Era un día caluroso, y por la intensidad de la luz del sol que entraba por su ventana sabía que ya era tarde —¡Mierda! —La anciana Crowley la iba a matar. Rápidamente se apresuró a ponerse su uniforme de dama de compañía, ese uniforme que odiaba, no porque le desagradara como tal, sino por lo que representaba.
Aunque para muchas mujeres en su posición, ser la dama de compañía de la princesa es un gran honor, para ella era una cachetada a sus sueños y aspiraciones. Desde niña siempre tuvo un solo sueño: pertenecer a la Guardia Real, es algo para lo que trabajó desde los 8 años.
Mientras otras niñas jugaban a ser madres o a limpiar la casa, ella jugaba con espadas de madera. A los 14 tuvo su primer espada real, todas las tardes practicaba sola y a veces con su padre. Gracias a él, ella siempre tenía acceso a todo tipo de armas con las que experimentaba, las que llegaron a sus manos las coleccionó con ilusión, esperando y asumiendo que como su padre era literalmente el líder de los guardias, con nepotismo y esfuerzo, pronto llegaría a ser parte de ellos.
Y fue algo para lo que verdaderamente sudó y sangró. A los 18 años era más hábil que la mitad de los guardias mayores que ella. Para ser una mujer, era demasiado fuerte, todos los días hacía un entrenamiento intenso de dos horas por su cuenta con la utilería del palacio, manejando todo tipo de armas. Desde los 18 años, Cassandra sabía que estaba lista, de hecho, lo estaba desde ya hace más tiempo, pero su padre le había dicho que a los 18 ella podría entrar a la Guardia Real y ella lo creyó toda su vida. Pensaba que con toda su preparación, su vida estaría resuelta a los 18 años y estaría haciendo lo que ama.
Por eso soportó años de explotación laboral como cenicienta en el castillo. “Esto es temporal” se repetía cada vez que hacía algo que detestaba como lavar barriles interminables de ropa o tallar superficies ridículamente largas de suelo a profundidad. En lugar de gritar o llorar pensaba “Algún día todo va a cambiar”.
Pero no fue así.
Al cumplir 18 años, su padre simplemente le dijo “No estás lista…” “aún”. Y desde hace cuatro años, Cassandra ha seguido trabajando en el palacio, con la esperanza de que algún día, su padre se apiade de ella y finalmente le dé el reconocimiento y el lugar que merece. Esos cuatro años se fueron en pequeñas ilusiones que terminaron en nada, o en un “Pronto…”
Pero no, su padre simplemente no se veía dispuesto a darle la oportunidad. Cassandra empezaba a considerar que tal vez jamás se la daría y que tal vez debería buscar en otro lado.
Cuando su padre la llamó para decirle que iba a subir de puesto, en lugar del “Felicidades hija, finalmente te unirás a nosotros como siempre has querido”, que tanto esperaba, recibió un “Cassandra, tendrás el honor de ser la dama de compañía de la princesa”.
Sintió cómo se hundía dos metros bajo tierra. —¡¿ES EN SERIO?!— —¡¿Después de todo lo que he esperado?!— Cassandra pensó pero del exterior solo salieron lágrimas, ni siquiera podía salir nada de su boca, no habían palabras lógicas para lo ilógico de la situación. Su padre sabía que lo menos que quería ella era seguir lavando. Sabía lo que quería. Sabía lo fácil que era hacerla feliz. ¿Entonces por qué hacía esto? ¿Por qué la ponía en esta situación que él sabía que detestaba? Para ella era un insulto a su integridad y una falta de respeto a su persona, como si lo que ella sintiera o pensara no importara. Así que solo se quedó ahí, paralizada, y el capitán se retiró queriendo decir algo más sin éxito.
Así que sí, Cassandra odiaba los años perdidos que su uniforme representaba. Si hubiera tenido tiempo, lo habría observado un momento antes de ponérselo y pensado “¿por qué sigo haciendo esto?” Pero como tenía prisa, solo se lo puso y se apresuró al cuarto de la princesa.
—Su alteza, ya es tarde, tiene que levantar… —Rapunzel no estaba, solo una cama destendida y el hueco del que saltó probablemente hace ya unas horas. Cassandra suspiró, sabía en el fondo que la castaña ya había o estaba haciendo alguna travesura, pero quería esperar que no.
Lamentablemente tenía razón.
Cuando abrió la puerta del tercer cuarto en el que buscó, encontró todas las armaduras reales pintadas de arcoíris y animalitos con una paleta de colores que la ponían de mal humor. Este sería un día largo.
Resignada, empezó a limpiarlas y sus pensamientos lamentando el día que nació fueron interrumpidos por la anciana Crowley.
—Esto es tu culpa, si la hubieras vigilado como debías, la mitad del castillo no estaría garabateado —dijo la anciana frunciendo cada parte posible de fruncir.
—¡No la soporto! ¡Quiero renunciar! —Dijo la pelinegra cruzando los brazos
—No. No se te reasignará
—Mire, ser dama de compañía es una cosa ¡pero yo no me apunté para esto!— señaló a la capilla sixtina de armaduras.
—¡Sigue llorando!— la apunta con la escoba —escucha, a menos que un mejor trabajo mágicamente toque a tu puerta estás atrapada con la princesa— dio media vuelta
—Señorita Crowley, ¡usted no entiende! —dijo desesperada —No es solo la pintura, es el canto constante y el ventriloquismo y…—
Un ruido salió por dentro de una armadura, de ahí, una rata, espantando a todas las sirvientas presentes incluido al consejero real.
Cassandra volteó los ojos —No inventen, solo es una rata—
--------------------Rapunzel----------------------
La chica descalza solo había ido por más pintura y cuando regresó vio a tres adultos huyendo despavoridos de la habitación. Después se quedó observando la escena con atención. Cassandra tomó a la rata y la liberó en la ventana.
—Vamos amiguito —la pelinegra le dio un cubito de queso y la esta lo tomó y se fue.
—Aww, lo ves, Pascal? Te dije que tenía un buen corazón —le susurró a su amigo camaleón— ¡vamos a ser las mejores amigas!
La castaña no controló su inclinación y cayó contra el suelo junto con todas sus pinturas y pinceles. Cassandra volteó y puso los ojos en blanco.
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Habían pasado ya dos semanas desde que a Rapunzel le habían asignado su dama de compañía, pero esta no parecía estar muy contenta de la compañía y es algo que Rapunzel sabía, así que había ideado decenas de detalles para agradar a Cassandra como platos de fruta con su cara o maniquíes ambas tomadas de la mano.
—¿Por qué? —preguntó Cassandra visiblemente saturada al ver su cara pintada con frutas en un plato. La banana que se supone que era su sonrisa calló
—No puedo evitar pensar que tu y yo no nos estamos llevando muy bien —la miró con las cejas tensas y una sonrisa nerviosa —Digo, eres una gran dama de compañía, pero no sería genial que fuéramos amigas? Así que… ta-dahhh— Pascal acomodó la banana en su lugar con la lengua y Rapunzel volvió a alzar el plato esperando que Cassandra brincara de alegría.
Cassandra la miró con seriedad
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En su desesperación, Rapunzel recurrió a su pareja, Eugene, quien tomaba una sesión relajante con el masajista real por cuarta vez en el día.
—¿Por qué es tan importante para tí ser amiga de CassAndra de todas formas? —Dijo el hombre mientras tomaba un masaje facial con pepinos rebanados en los ojos
Rapunzel, quien caminaba en círculos por la habitación mordiéndose las uñas, se detuvo
Había una razón más importante que el simple hecho de que Cassandra fuera su dama de compañía.
En la torre se había acostumbrado a su soledad, pero imaginaba cómo sería tener una compañía real. Tenía a Pascal sí, era su mejor amigo y gracias a él no cayó en la locura, pero ella ansiaba tener otro tipo de contacto y cercanía, la de otra persona.
Anhelaba hablar de las cosas que no podía hablar con Pascal o con Gothel; sus sueños, sus ideas filosóficas, lo que ella pensaba sobre ser humana, sobre ser mujer, sobre las cosas que pasaban en su cuerpo y su mente. Pensó que Eugene sería esa persona, pero aunque lo amaba, luego descubrió que Eugene era un hombre, humano, sí, pero una especie un poco diferente a ella. Había cosas que no podía hablar o hacer con él al 100%. Igual que con sus padres o todas las bellas personas que amaba en el palacio. Siempre sentía que faltaba algo.
Finalmente era libre, estaba rodeada del amor de su familia, su novio y todos los campesinos. Y aún así sentía que faltaba lo que ella más había soñado en todos esos años de aislamiento. Le faltaba una amiga.
Había intentado hacer amigas con algunas campesinas del reino e incluso con otras sirvientas del palacio, pero todas parecían estar en un mundo interno muy diferente al de ella. Y aunque aún así amaba convivir con ellas, no podía superar el hecho de que nadie accediera a sus planes locos como trepar un árbol y pintar el paisaje, correr descalzas en el bosque, ir a nadar a un lago en ropa interior, etc. Todas las sirvientas eran demasiado… aburridas. O al menos para su nivel de energía
Rapunzel se preguntaba si había alguien en todo el reino que pudiera vibrar en su misma sintonía, empezaba a creer que tal vez no, hasta que conoció a Cassandra.
Rapunzel fue presentada a las sirvientas del castillo en una sola ronda. —Con ustedes la princesa Rapunzel “Mucho gusto” “Encantada su alteza” —Entre ellas Cassandra
—Encantada, su alteza —Cassandra hizo una pequeña reverencia cuando llegó su turno de saludar a la princesa. Voz y rostros serenos. A simple vista no se diferenciaba mucho de las otras mucamas, a excepción de su altura y esos ojos verdes profundos e intimidantes. Pero pronto Rapunzel notaría lo que muchos otros en el castillo ya habían notado.
Rapunzel no sabía exactamente por qué, pero había algo diferente en Cassandra a todas las demás personas.
Días después se dio cuenta. Había algo más especial en ella, algo más genuino.
Cuando Rapunzel entró al castillo, fue como si desde ese momento en adelante tuviera que ser otra persona para poder formar parte de Corona, había reglas para todo; cómo caminar, cómo vestirse, cómo hablar. Para alguien que nunca tuvo que seguir ese tipo de normas escritas y no escritas, y que ni siquiera sabía que existían antes de salir de la torre, era agotador pero sobre todo decepcionante vivir así todo el tiempo, como si nunca pudiera ser verdaderamente ella misma. Pasó de un lugar en el que estaba encerrada, a un lugar en el que se sentía encerrada.
Rapunzel sabía que especialmente ella debía seguir todas esas reglas porque era la princesa. Pero sin importar su posición, todas las personas en Corona parecían tener una especie de filtro. Algo que les impedía ser demasiado honestos, auténticos, o simplemente eran muy formales con ella porque era la princesa.
Hasta que encontró a Cassandra, quien era muy, pero muy diferente a todas las mujeres que había conocido.
Comenzando por lo evidente
Era muy poco femenina. Rapunzel no era prejuiciosa ni mucho menos creía en los estereotipos de género. De hecho, la cautivaba ver a una mujer que hiciera las cosas diferentes. Para ella era atrevido e inspirador ver a alguien que tuviera el valor de romper las normas no escritas de Corona. La única vez que se le veía usar vestido era en el trabajo, porque era su vestido de mucama. Además de que no invertía tanto tiempo en su apariencia como las otras mujeres. Incluso a veces era descuidada con su propia higiene, y fuera del trabajo, caminaba y se expresaba con tosquedad.
Cassandra no tenía muchos amigos, o tal vez ninguno porque su manera de hablar era muy directa y a veces considerada ruda, lo que a nadie le gustaba.
Pero por otro lado, parecía que ella existiera en un plano completamente diferente. Incluso sin conocerla o saber nada de ella, Rapunzel sentía que Cassandra tenía sueños y pensamientos enteramente distintos a los de todos los demás. Sabía que detrás de esos ojos intimidantes, Cassandra ocultaba cosas que no podía compartir con nadie, una soledad que solo Rapunzel creía conocer, y en todos los 7 reinos, que ellas y sólo ellas entendían. Y eso era algo que la intrigaba profundamente.
Además, Cassandra era la única persona que no fingía que le agradaba la princesa. Claro que no era lo idea, Rapunzel amaba la amabilidad pero si algo había aprendido en los 18 años fue a reconocer la manipulación. Gothel la llenaba de cumplidos para luego decirle algo súper cruel en su cara, o al revés, lo que la mantenía con dependencia emocional y al mismo tiempo inseguridad en ella misma o en su relación con Gothel. Aunque naturalmente era muy dulce con las personas y amaba recibir lo mismo a cambio, su experiencia en la torre le enseñó que las palabras lindas no necesariamente significaban buenas intenciones. Cassandra jamás le dijo un cumplido que no se merecía, ni fue cruel sin motivos, simplemente no estaba interesada en ella y ya, no tenía miedo en ocultarlo simplemente por ser la princesa. Esto más que hacerla ver como una chica súper fría y cruel, ante los ojos de Rapunzel la hacía ver como la persona más real que conocía. Y sabía que igual que las miradas crueles y sarcásticas, las miradas lindas y palabras dulces tendrían garantía de ser 100% reales cuando llegaran.
—Porque ella es… real. Eugene, pasé 18 años de mi vida con alguien que me mintió en la cara. —Le quitó los pepinillos de los ojos— Y por otro lado está Cassandra. Okay, sí, tal vez sea un poco ruda en la superficie, pero… es franca y sincera, y… —A medida que hablaba parecía disfrutar tanto sus palabras que su mirada se perdía como si estuviera haciendo una oración de agradecimiento al cielo.
—Seguimos hablando de CassAndra, ¿verdad? —dijo confundido
Ansiaba llegar a conocerla, a conectar con ella. Por eso le frustraba tanto que todos sus esfuerzos por llegar a ella parecieran en vano.
Y, ¿Por qué Cassandra no querría ser su amiga? Si ella era agradable, divertida y simpática, incluso ella querría ser su amiga. Pero entre más intentaba acercarse a ella, ella más parecía cerrarse. Será que Cassandra pensaba que por ser una princesa era superficial o vacía? No lograba descifrarlo
Hasta el día de “La toma de las coronas” un concurso en el que participaba la realeza de diferentes regiones, para la que debía elegir un compañero. Rapunzel sabía exactamente a quién.
…
—¿Estás segura de que no quieres que otra persona sea tu compañera? —dijo Cassandra mientras enmendaba arrodillada las mangas de la princesa— Eugene…, la anciana Crowley…, esa planta —señaló a una planta que estaba por ahí.
—¡Cassandra, esta es una gran oportunidad para volvernos amigas! —Rapunzel tomó el hilo y enmendó la manga por su cuenta en tres segundos.
—Mira, yo tengo mi trabajo, y tú tienes el tuyo, podemos ser compañeras si tú quieres, pero una dama de compañía y una princesa siendo amigas… esa probabilidad es como de una en un millón —dijo mientras cerraba la puerta
Pero para Rapunzel, esa probabilidad lo era todo. Daría su mejor esfuerzo en la competencia, no para ganar, sino para demostrarle a Cassandra que ella también era una persona auténtica que merecía una oportunidad de ser su amiga.
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La dama de compañía no veía “La toma de las coronas” más que como una carga. Pensaba que podría usar todo ese tiempo para entrenar o dormir, pero ahora tenía que rodearse de personas pretenciosas que le irritaban el cerebro y que en parte culpaba por su posición actual.
No sabía por qué la princesa insistía tanto en ser amigas, para ella, ser su dama de compañía solo era un periodo temporal del que estaba desesperada por salir para poder cumplir su sueño de ser Guardia y eventualmente capitana. Pero por el momento no tenía otra opción.
Pero sabía que la princesa estaba desesperada por ser su amiga. Y no es que Cassandra tuviera algo en contra de ella, sino que era eso. Ella no quería empezar proyectos nuevos en una vida que odiaba.
Nunca fue un rayo de sol, pero todo empeoró después de los 18 y especialmente dos años después, cuando empezó su crisis de los 20. Esa edad en la que empiezas a creer que tus sueños nunca se harán realidad porque no llegan a la hora que esperabas.
Era exactamente lo que le pasaba a la hija del capitán pero un poco mucho más intenso. Ya que Cassandra nunca terminó de sentirse como en su hogar. No tenía una mala vida, pero siempre tuvo un vacío demasiado molesto que pensaba que se cumpliría sólo hasta que cumpliera su sueño.
Y lo que más la frustraba, es que en su plan de vida, ella no solo lleva esperando 4 años a que su padre le dé la oportunidad, sino todos los años anteriores. Después de los 18, esperar cada vez se volvía más y más difícil.
Y aunque trataba de mantenerse positiva, cada vez se volvía más difícil para ella realizar tareas comunes como limpiar su habitación, cepillarse los dientes o asistir a eventos del palacio. Todo eso la ponía de mal humor. Y era algo que detestaba, y algo que sabía que la gente a su alrededor detestaba, pero no lo podía evitar. Simplemente estaba muy enojada todo el tiempo.
Cassandra ya se había resignado a estar sola toda su vida. Desde los 18 había aprendido que solo era ella contra la vida, que nadie más la podría ver y aún así quedarse, o si quiera tener el deseo de llegar a conocer quién era ella en realidad.
Además, no es como que ella disfrutara mucho la compañía de las demás mucamas o plebeyas de todas formas, a ellas no les agradaba Cassandra y a Cassandra no les agradaban ellas. Si había algo que detestaba más que la soledad, era invertir energía en lugares o personas que no quería. Odiaba tener que hablar de matrimonio, de moda, joyería, chismes o cosas que nunca le interesaron. Lo había intentado disfrutar por muchos años hasta que se dio cuenta de que no tenía que hacerlo, y no es que tuviera algo en contra, simplemente nunca fue así.
Pero daba igual, ella ya se había resignado y estaba feliz pensando en una vida en la que fuera una mujer independiente, se ganara su propio dinero y fuera admirada por un par de buenas personas, aunque sea solo por la superficie.
Ella disfrutaba convivir sólo con su papá, los caballos, y claro, su mejor amigo búho, a quien ni siquiera le había puesto nombre.
Aunque en el fondo también deseaba conexión humana, y aunque no lo admitiera, a veces pensaba que si fuera más agradable, más feliz, o solo diferente… tal vez alguien más que su padre la querría.
Y en las noches cuando no podía dormir, pensaba que la gente era injusta. Nunca encajó con las mujeres pero tampoco con los hombres. Aunque tuvieran los mismos intereses y gustos, ellos la subestimaban por ser mujer, o sentían que tenían que ser diferentes con ella. Así que de nuevo, Cassandra estaba un poco enojada todo el tiempo. O mejor dicho, frustrada.
Pensaba que solo era cuestión de tiempo para que la princesa se diera cuenta de que ella no era lo que buscaba, y no quería ni siquiera intentarlo, conocía el final.
Pero no tenía otra opción, por ahora solo podía asistir a ese estúpido evento. Así que se cepilló un poco el cabello, se puso su cofia y se dirigió al pasillo dónde ya se encontraban todas las princesas que venían de reinos externos junto a sus compañeras.
Rapunzel y su dama de compañía caminaron por el pasillo viendo a todas las princesas prepararse, algunas calentando, otras arreglándose y al final dos mujeres altas y musculosas afilando espadas, eran del reino Ingvarr. Cassandra se detuvo un momento a admirarlas y estas le lanzaron una mirada sexy de desprecio.
Finalmente, las compañeras se acomodaron en una esquina del palacio y Rapunzel empezó a estirarse a su manera
—¡Nos vamos a divertir tanto juntas! incluso nos hice… espera —dijo la princesa mientras Pascal sacaba dos brazaletes, uno amarillo y otro azul —¡brazaletes de la amistad!—
Cassandra tomó el azul de mala gana y dos de las princesas que iban pasando se burlaron de ellas.
—Ahora, ¡vamos a vencerlas! ¡ven aquí! Rapunzel se acercó impulsivamente a Cassandra con todas las intenciones de abrazarla.
La chica entró en pánico y sus ojos se abrieron como platos, obviamente no estaba acostumbrada a los abrazos, el capitán rara vez la abrazaba y no recordaba la última vez que lo hizo. Además, siendo sinceras, el contacto femenino la ponía muy nerviosa.
Inmediatamente interpuso el abrazo con sus manos como si se estuviera protegiendo de un balonazo y de su boca salió un desesperado —ah, ah, ah, espacio personal—
Rapunzel retiró su brazos —Abrazos de sana distancia, ¡observa!— le guiñó el ojo y abrazó el aire
…
El evento finalmente comenzó en el salón del trono.
Al centro se encontraban las princesas del reino que había organizado el primer evento, y en un círculo alrededor del centro de baile se encontraban los reyes y reinas. Al fondo, la reina de Ingvarr mirando con juicio.
La primera competencia parecía ser una aburrida interpretación de baile. Mismos pasos, mismo ritmo monótono con música que repite la misma melodía una y otra vez.
Las dos compañeras observaban a las princesas de ejemplo bailar.
—ohh, ¡que elegancia! —dijo la princesa
—quieres decir, ¿insoportablemente estirado?
Rapunzel desaprobó su pesimismo con la mirada para después cambiar su expresión a una más traviesa como si se le hubiera ocurrido algo.
Finalmente las dos chicas se unieron al baile. Cassandra suspiró y solo le dio la mano
—que sepas que totalmente voy a respetar tu espacio personal después de esto, te lo prometo —dijo Rapunzel emocionada y comenzaron a bailar. Después de unos segundos. Rapunzel ahora tenía la misma cara de Cassandra.
—Ugh, tenías razón Cassandra, esto sí es bastante estirado —sonrió— ¿qué te parece si lo hacemos más emocionante? —Rapunzel le lanzó una mirada pícara y se escabulló al centro del baile.
—¡Rapunzel!, ¡espera! —susurró Cassandra— ¿qué vas a… —muy tarde. Rapunzel ya estaba en el centro de todos completamente decidida a hacer lo que se supone que iba a hacer con cara de que era la mejor idea de su vida.
Pascal, con dos tamborsitos que sacó de quién sabe dónde, le pasó a Rapunzel una flauta. Esta la tomó y empezó a tocar primero al ritmo de la música para luego lanzarle a su amigo camaleón una sonrisa rebelde y empezar a tocar música folklore de alguna cultura desconocida.
—¿Acaso quieres perder esta competencia? —Cassandra la miró confundida y un poco avergonzada ya que de repente todas las personas presentes las empezaron a mirar y susurrar con desaprobación.
Cassandra empezaba a sonrojarse, ¿por qué hacía esto? La princesa perdida era famosa por actuar impulsivamente, hacer lo que su espíritu libre le decía y no pasaba nada porque era la princesa, ¿pero por qué en esta situación? Las personas no juzgarán a Rapunzel por hacer cosas que no debe hacer, la juzgarán a ella por no hacer que se comporte, a fin de cuentas, Rapunzel apenas está aprendiendo.
Y aunque Cassandra era una persona fría, no era inmune al juicio, de hecho, le afectaba bastante en situaciones así, ya que estaba frente a personas que admiraba como TODA LA REALEZA DE LOS REINOS MÁS CERCANOS. Sabía que cualquier oportunidad que se le pudiera presentar podría ser arruinada por una pequeña mancha en su reputación.
Detrás de sus pensamientos, Rapunzel seguía tocando —¡detente! —susurrando— podrías solo… ¡dame eso! —Cassandra perdió la paciencia y dio un salto increíblemente ágil parecido a una marometa de carro en el aire arrebatándole la flauta.
La reina de Ingvarr la miró sorprendida y todos los demás confundidos. Incluso los mismos reyes de corona.
Rapunzel no se dio cuenta de que le habían quitado la flauta hasta segundos después que se detuvo la música por alguna razón y abrió los ojos confundida, viendo a Cassandra con su flauta en la mano y a toda la audiencia en silencio.
Los críticos bajaron la tabla de corona de posición.
—¡Ups! —Rapunzel dijo apenada— Al menos fue divertido —sonrió con timidez
—¡¿Divertido?! —Cassandra alzó los hombros —Sí, ¡qué divertido! —salió molesta del salón.
Detrás de ella, las princesas de Ingvarr. Estas avanzaron hasta dejar a Cassandra en el centro, quien las miró confundida.
—Galería oeste al anochecer, la reina de Ingvarr quiere hablar contigo ––una de ellas dijo y la apuntó con un dedo— ¡no llegues tarde!
…
Cassandra se dirigió al lugar que le indicó aquella princesa a esa misma hora. Por más que había pensado todo el día, no podía descifrar por qué la reina de Ingvarr querría verla. Tal vez para regañarla o darle su desaprobación. El resto de esa tarde no había hablado con Rapunzel, estaba muy enojada para siquiera hacer su trabajo y de todas formas pensaba que su carrera profesional probablemente había acabado y que ya ni siquiera podría trabajar como mucama en el palacio después de lo que pasó en el baile.
La reina no parecía estar por ningún lado —¿Su majestad? —gritó— Su hija dijo que quería verme —apenas terminó su frase y al voltear vió a la reina saltando hacia ella con una espada. Cassandra inmediatamente la esquivó y tomó la primera espada que vio de las armaduras reales. No sabía por qué la estaba atacando pero se defendió muy bien, probablemente era la primera vez que la atacaban con una espada fuera de entrenamiento. Después de unos movimientos, la reina tiró agresivamente su espada y se encontró indefensa ante ella. Esta se detuvo y la miró por un momento. Cassandra estaba aterrada pero aún en posición de defensa.
—Tienes espíritu de guerrera —dijo la reina sonriendo orgullosa. Cassandra cambió su expresión de confundida a aún más confundida— ¿Qué sabes sobre mi reino? —preguntó la reina
—que es un reino de mujeres guerreras
—¿Y te gustaría unirte a ese ejercitó? —Cassandra abrió los ojos emocionada— Mi prueba es la final. Si lo haces bien, tal vez haya un lugar para tí en mi batallón —dijo desafiante— la oportunidad de un buen futuro para tí
Cassandra no lo podía creer, después de haber pensando todo el día que sus sueños se habían ido por el caño, finalmente ahí estaba. Lo que más quería. Lo que había soñado. Las palabras apenas salían de su boca —¡guau!... digo, ¡gracias! —sus agradecidos ojos brillaron después de mucho tiempo
—No tan rápido —añadió la reina— solo los dos últimos equipos llegan a la final, tendrás que hacerlo bien en todos los demás
La futura guerrera tuvo un golpe de realidad, ahora no sería tan fácil llegar ahí… pero tampoco imposible, así que seguía muy emocionada.
—Por supuesto, majestad —hizo una pequeña reverencia— Nos veremos ahí —dijo con determinación y confianza y cuando la reina se volteó, apretó el puño del triunfo “¡SÍ!”
Aunque aún había un detalle…
Rapunzel.
Si quería hacerlo bien en todas las pruebas, ella y Rapunzel tendrían que trabajar en equipo, lo que era probablemente la parte más difícil de todas. Esas dos eran polos opuestos. Pero no tenía opción, por primera vez estaba más cerca que nunca de alcanzar sus sueños y estaba tan feliz que nada podía secar ese cubetazo de dopamina.
--------------------------Rapunzel---------------------------
Después del incidente del baile, la princesa se sentía muy apenada. No con las demás personas del reino, sólo con Cassandra. Sabía que estaba molesta pero no entendía exactamente por qué.
Se sentó en el rincón que habían apartado antes y empezó a contemplar su brazalete de la amistad y a moverlo tristemente con los dedos.
—No lo entiendo, Pascal, ¿fue la música? —Pascal le dio una palmadita triste en la rodilla acurrucándose con ella— Ya no sé qué más hacer… cada vez parece que arruino más las cosas, y si… ¿y si tal vez soy yo?— dijo y sumergió su cabeza entre sus rodillas. El hecho de pensar que 18 años encerrada le habían quitado la capacidad de entablar amistades, o que tal vez, incluso con Cassandra, también necesitaba todos esos filtros que no tenía, la desanimaba profundamente, cuando de pronto…
—¡Rapunzel! —Cassandra apareció enfrente de ella con un cambio de actitud radical
—Sobre lo que dije antes… solo estaba frustrada —dijo despreocupada y de la manera menos elegante posible recargó una pierna en el cofre en el que su princesa estaba sentada y en ella su codo.
—De hecho, estaba pensando que sería muy bueno… —golpeó al aire y se forzó a sonreír —…ganar…
Rapunzel sintió un alivio en el pecho y se levantó emocionada.
Entonces no era por ella, solo estaba frustrada, aún tenía la oportunidad, aún quería intentar conectar con ella. Esta vez, se esforzaría más.
…
En el segundo evento se supone que tenían que elegir la cuchara correcta de las cientas que había en la mesa para comer ostiones o algo así… Rapunzel no puso mucha atención, solo sabía que era otro evento pretencioso para demostrar quien se había leído un aburrido libro de etiqueta de 2000 hojas.
Obviamente Cassandra también creía que todo eso era una ridiculez, pensó Rapunzel, y vamos, Rapunzel la había visto comer un par de veces con las manos como si no existieran los cubiertos, no era para nada alguien que le interesara la etiqueta y lo que menos quería era que su compañera siguiera pensando que esa competencia era aburrida, no quería repetir los errores de la última vez.
¿Cómo podría hacerlo más divertido?
—Muy bien Rapunzel —Cassandra observaba todos los cubiertos cuidadosamente— No hay que hacer ninguna elección a menos que estés absolutamente segura de que… —cuando volteó vio a Rapunzel jugando con los ostiones y las cucharas como si fueran sus zapatitos— ¡Deja eso ahí!— le arrebató ambas cucharas
—¡INCORRECTO!— gritó el juez y corona volvió a bajar de lugar en la tabla
En los siguientes eventos no les fue mejor.
Rapunzel se equivocaba una y otra vez haciendo algo creativo pero completamente fuera de contexto.
El segundo se trataba de mostrar su afinidad con los animales. Todos los equipos tenían que traer la máxima cantidad de animales posible. Rapunzel decidió traer al primero que encontró pero olvidó que los lobos salvajes no eran muy socialmente aceptados. El lobo llegó aterrando a todos incluídos los dos mapaches que Cassandra había recogido.
La última prueba del día era “El salto del corcel” organizada por Corona. Sólo tenían que montar correctamente a Max y Fidella.
—El salto del corcel se inventó en Corona, además tenemos a Max de nuestro lado, no hay motivo para no pasar esta prueba. —Salieron a la arena y se pusieron en sus lugares— Solo recuerda, los ganadores se enfocan en ganar.
Rapunzel sacó la flauta —Sé que no nos fue muy bien con esto la última vez pero…
Cassandra terminó en el suelo del campo de entrenamiento llena de lodo. Max se puso a bailar con la flauta y accidentalmente golpeó a Fidella, haciendo que su compañera saliera volando
“Ay no”. La chica intentó ayudarla a levantarse pero esta no quiso aceptar su mano y se retiró del lugar aterradoramente molesta. Sin embargo, parecía más triste que molesta.
Rapunzel fue a buscarla después de dejar a los caballos en su lugar. Obviamente no estaba en su rincón, el último lugar en el que estaría. La buscó en otros pasillos antes de llegar a su habitación.
—¿Cassandra?— tocó a su puerta y esta se abrió sola al primer golpe.
La princesa entró sin preguntar pero su compañera no se encontraba ahí.
Comenzó a explorar su cuarto buscando algo que ambas pudieran tener en común, o al menos algo que le gustara a la pelinegra.
Una brisa pasó por su cuello causándole escalofríos. El cuarto tenía una atmósfera oscura pero demasiado tranquila, una vibra completamente diferente a la del resto del palacio. De las tres grandes ventanas en una pared entera iluminaban sólo las líneas donde sus puertas se cierran. Los muebles estaban un poco empolvados pero todo estaba en su lugar, parecía que a la chica no le gustaba el desorden.
Y para ser el cuarto de una sirvienta, era bastante amplio. Tenía un librero grande en el que cabía media armadura más otros libros y objetos que la chica coleccionaba. Del lado izquierdo de la cama había una chimenea y arriba una barra de madera con velas y figuras de caballos también de madera.
Nada nuevo para la princesa, sabía que su compañera amaba a los animales, es algo que cualquiera podría notar. Cassandra podía rechazar la compañía de cualquier ser humano pero con los animales era muy diferente, especialmente con los caballos. De todos en el palacio ella es la que más los cuidaba y hablaba con ellos. Fidella es su mejor amiga de cuatro patas. ¡Incluso tiene una gran pintura de un caballo en su cabecera!
“¡Al parecer sí le gusta el arte!” “… solo no el mío” pensó decepcionada
Con una mano en la cintura y otra en la barbilla siguió analizando el cuarto en lateral, de pronto regresó la mirada a unos cojines en el piso
“¡Ah! ¡Por supuesto!” Abrió las ventanas
—Pascal, ¿has escuchado que las mejores conversaciones siempre ocurren en la noche? —el camaleón asintió emocionado
Rapunzel se apresuró a construir un fuerte con almohadas y sábanas de Cassandra pero también de su propia habitación porque necesitaba ser el fuerte de almohadas más increíble que jamás haya hecho antes. Por suerte, tenía experiencia después de 18 años jugando con su único amigo camaleón. Desafortunadamente, probablemente la chica a la que quería impresionar nunca había hecho algo parecido.
¡Pero no importa! ¡Siempre hay una primera vez para todo!
Además de las sábanas, también trajo de su cuarto algunas cosas que creía que le podrían gustar a Cassandra: un escudo de Corona, espadas, flechas y alabardas que robó de las galerías, algunas banderitas para decorar y del jardín flores que le recordaron a su dama de compañía porque eran azules.
La anciana Crowley preguntándose quién tomó su silla de descanso.
Ya estaba anocheciendo y aún no llegaba su compañera, Rapunzel echó un último vistazo al fuerte ya terminado y entró para ver que adentro todo estuviera en orden. Se veía acogedor. Observó por un momento.
—Pascal, sé que he estado cometiendo muchos errores, pero esto no puede fallar… —Pascal le sonrío —tal vez esto es exactamente lo que necesitamos!— un tiempo a solas, solo ella y yo… estoy segura que sin las presiones de los juegos finalmente podremos hablar —dijo con entusiasmo pero su voz triste la delataba. Pascal le dio unas palmaditas en el hombro y ella le sonrió —Estoy segura de que en el fondo Cassandra muere por tener una amiga, al menos alguien que la escuche, sé que detrás de esa fachada de chica misteriosa y solitaria hay alguien que tiene demasiado que decir… que desea reír con alguien toda la noche, hablar de los que no se puede hablar con nadie más…
La puerta rechinó y una luz entró por la puerta del fuerte. Cassandra había llegado.
Cassandra entró a la habitación quitándose su cofia con decepción. Sus ojos se abrieron como platos al ver su habitación —¿Qué es esto?— preguntó la pelinegra viendo el fuerte enorme de almohadas y rapunzel salió emocionada
—No dejo de sentir que hemos estado un poco fuera de sintonía así que pensé: ¿qué mejor manera de reconectar con tu amiga? —Rapunzel levantó una sábana invitando a Cassandra a pasar— ¡¡¡que una pijamada!!!
—¿Por qué no entiendes? ¡No somos amigas!
Esa última frase rompió el corazón de la gota de sol
—¡No me gustan los bailes estúpidos! los brazaletes de la amistad ¡Ni las pijamadas! —abrió la puerta de su cuarto lo más que pudo— mi idea de diversión ¡es no divertirme! ¡Buenas noches!
—...tienes razón… te estaba presionando mucho… —sintió un dolor en el pecho, sabía que la había vuelto a cagar sin saber exactamente por qué, pero todos sus esfuerzos y frustraciones ya no significaban nada de todas formas, Cassandra simplemente no quería ser su amiga, y es claro que Rapunzel no sabe nada sobre esto, quizás simplemente no era para ella— Además de Pascal, no he hecho un amigo en 18 años, así que tal vez no sé cómo. Yo… te dejaré sola— dijo mientras entró triste al fuerte de almohadas.
—¡Pero esta es mi habita… —Rapunzel ya estaba adentro, Cassandra suspiró
Rapunzel vio su brazalete de la amistad, las lágrimas empezaban a salir solas cuando su camaleón la consoló acurrúcandose con ella, cómo diciéndole “aún me tienes a mí y siempre me tendrás” La chica se conmovió aún más. Nunca tuvo que esforzarse para agradarle a Pascal, desde el primer día ambos se encontraron y se ofrecieron su compañía de por vida, incluso antes de conocerse, ambos sabían que estaban solos y que se necesitaban. Y nunca fue complicado, simplemente pasaban el rato y ya, sus personalidades eran perfectas para el otro, sin todos los demás problemas que llegan a arruinar una amistad como el orgullo, las inseguridades, los resentimientos, o las expectativas no comunicadas. Rapunzel se preguntaba por qué no podía ser así de simple con los demás? A fin de cuentas, ¿cuál es el punto de todo si no tienes con quién reír?
—Sabes… —escuchó de pronto y vió a su compañera retirar un poco las sábanas para entrar— probablemente tampoco soy buena para hacer amigos… mi padre es el capitán de los guardias, no es la mejor figura de calidez y apapacho —soltó una risita nerviosa y triste— creo que… creo que tengo mucho que aprender sobre la amistad…
Rapunzel sintió cómo gradualmente su tensión física disminuía. Acaso su compañera al fin se estaba abriendo con ella? Nunca le habían dicho algo tan personal, ni siquiera sus padres, solamente Eugene. Y ahora lo escuchaba de la chica que hace un minuto le dijo que nunca serían amigas. Las relaciones son muy extrañas. Tal vez la chica solo se sintió mal por ella, pero al verla notó un cambio, una suavidad que nunca antes había visto en su rostro.
—tal vez… tal vez podríamos aprender… juntas? Tal vez… podría dejar de insistir tanto en que seas mi amiga?
Cassandra le sonrió por primera vez y se sentó frente a ella —y supongo que yo podría dejar de insistir tanto en… no… ser tu amiga —Rapunzel le sonrió y la vibra finalmente se relajó, por primera vez ambas chicas estuvieron frente a frente solo ellas dos, sin ningún sonido ni presencia más que la de la otra. Pero no era un silencio incómodo, de hecho se sentía bastante fresco.
—oye —Cassandra rompió el silencio— ¿qué dices si me ayudas a limpiar mi cuarto, eh? Una princesa súper rara me lo desordenó —le arrojó una almohada pero accidentalmente le golpeó la cara más fuerte de lo que esperaba. Apretó los labios. Ambas quedaron en silencio un momento. El almohadazo tomó a Rapunzel por sorpresa pero después de ver la cara nerviosa de Cassandra soltó una risita dándole permiso a su compañera de soltar otra para terminar ambas en una carcajada, su primera carcajada juntas.
Era la primera vez que Rapunzel escuchaba a Cassandra reír, pero se sentía acostumbrada a su risa desde la primera vez, parecía completamente inmersa en su propia carcajada, como si disfrutar de ella fuera lo único que importaba en ese momento. Sus ojos apenas estaban abiertos pero se veían tan transparentes… tan genuinos, y su risa era fuerte y generosa, con nulo control de oxígeno, pero sonaba exactamente cómo se sentía su alma, la que ya sentía conocer antes de que se la presentaran. Al escucharla, la manera en la que parecía olvidar todo aquello que alguna vez la afligió o le sigue afligiendo, supo exactamente que Cassandra era la persona que necesitaba, alguien que incluso en los momentos más incómodos, difíciles o tristes, supiera tomar un momento para reír. ¿Sabes cómo al morir toda tu vida pasa frente a tus ojos? Fue exactamente lo que le pasó a la gota de sol pero al revés. Al escuchar la risa de esta chica, fue como si pudiera ver los siguientes tres años que están por pasar juntas. Rapunzel sólo sabía una cosa en ese momento: no importaba quién era esta chica ni lo que será de su futuro, quería que ella estuviera en él, y de hecho, ya no se imaginaba sobrevivir a las exigencias de Corona sin su risa.
-----------------------------------Cassandra------------------------------------
Cassandra se levantó finalmente con una sonrisa y salió del fuerte dándole a Rapunzel la mano para ayudarla a salir, Rapunzel la observó por un momento y luego la tomó.
—Gracias —Rapunzel se levantó de un impulso y cuando equilibró sus dos piernas mantuvo unos segundos de contacto visual con la pelinegra quien se dio cuenta de que el momento ya había durado más de lo que debía— iré… por una escoba —salió hacia el cuarto de las escobas y cuando regresó, su habitación estaba reluciente; todo estaba en su lugar, las cobijas dobladas incluso mejor que antes y sus cosas acomodadas por colores.
“Qué mier–”
Rapunzel, que pulía el casco de una armadura volteó su cara totalmente relajada al ver que Cassandra había regresado —Ah, volviste —puso el casco en su lugar y se volteó a verla— … en verdad lamento todo lo que pasó hoy —se sentó triste en el piso— creo que debes de saber que… realmente no me interesan estos juegos… yo… sólo quería impresionarte.
Cassandra ahora de verdad tenía curiosidad, cómo es que esta chica pensó que la impresionaría haciendo exactamente lo opuesto a lo que debía hacer? Cálmate, Cassandra, primero escucha lo que tiene que decir.
—Sabes… creo que eres una persona TAN auténtica… y genuina e increíble … parece que no le das la oportunidad a muchas personas, sólo quería que vieras que tal vez yo sí merecía una oportunidad
Cassandra estaba aún más confundida que antes. ¿A qué se refería con todo eso? Definitivamente la chica no sabía nada sobre ella. Pensó
La pelinegra se sentó a lado de la princesa mirándola fijamente, esta última, que veía a un punto en el piso volteó a verla con los ojos llorosos.
—si… ósea… no eres para nada como las otras chicas del reino —Cassandra rompió el contacto visual un poco avergonzada
“Carajo, ¿ahora se va a poner a criticarme, a criticar mi falta de feminidad o que mierda?”
—y no sabes lo mucho que eso significa para mí —regresó su mirada a la princesa “¿Qué?”
—Sabes, en verdad adoro a todas las personas del reino, pero, a decir verdad, la mayoría del tiempo me siento muy… fuera de lugar. Siento que todos me ven cómo la princesa rara que ni siquiera sabe usar zapatos y no entiende nada sobre etiqueta, o la realeza, o el mundo. Te prometo que en verdad lo intento, pero siempre siento que todos viven en un mundo diferente y que siempre hay algo que me falta y ni siquiera lo sé. Y… es que… esto no es como siempre lo imaginé… ósea… AGHH —La princesa hundió su cabeza entre sus piernas
Cassandra entendía perfectamente lo que decía, entendía lo que era sentirse apartada del mundo incluso cuando técnicamente eres parte de él. Y Rapunzel no lleva más de un mes fuera de la torre, apenas conoció todos los horrores de la sociedad; los corsets, los chismes, las presiones sociales, el sarcasmo, las opiniones. Obviamente ha sido difícil para ella y lo seguirá siendo, así que la pelinegra puso una mano en su hombro. Rapunzel asomó un poco su cabeza para verla con sus ojitos tristes.
—y… siento que tu eres una persona que va más allá de eso. Siento que te sigues a tí misma sin importar lo que otros piensen de tí —La penetró con sus ojos gigantes y verdes— por eso me esforzaba TANTO, quería que vieras en los juegos que a mí tampoco me interesan los bailes pretenciosos o modales innecesarios, sólo quería pasar un momento contigo… pero entiendo si fuí muy inmadura y te hice quedar en ridículo… de todas formas, siento que no podría ganar esos juegos incluso aunque lo intente —volteó de nuevo su mirada a sus rodillas.
Cassandra no sabía que decir, nunca la habían descrito de manera tan dulce y ni siquiera pensaba que fuera justo ser vista de esa manera, pero aún así, sentía que Rapunzel era la primera persona se había acercado en entenderla, o al menos intentarlo. Toda su ira y frustración se desvaneció por lo que dijo respecto a los juegos, ya ni siquiera estaba concentrada en su necesidad de ganar, sino en no dejar que la princesa sintiera eso de ella misma.
—Oye, mírame, eso NO es cierto. Eres mucho más capaz que toda esa bola de buenas para nada de princesas. Te he visto estos días, tienes más agilidad y flexibilidad que la mitad de los guardias reales, te acabaste las reservas de pintura en una semana, domesticaste a un jodido lobo… ¡Dejaste mi habitación impecable en menos de cinco minutos!
Rapunzel rió —Solía terminar mis deberes de la torre en 15 minutos.
—Tienes mucha más capacidad que cualquiera que haya conocido antes… —se acercó aún más a sus ojos— escucha, sé que las normas del palacio son difíciles pero créeme, no hay NADA que no puedas hacer… y… no estás sóla, tienes a tu compañera, o no? —sacó su brazalete de la amistad y se lo colocó frente a Rapunzel para después levantarse. —¿Cuál es la actividad de mañana? ¿Bordado? Recuerdo que reparaste un vestido en tres segundos ¿Qué te parece si les demostramos a ese nido de víboras que somos completamente capaces de ganar esta tonta competencia… a nuestra manera —dijo dulcemente mientras le ofrecía su mano. Rapunzel sonrió y la tomó.
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Al siguiente día, Cassandra despertó tarde otra vez, había descansado tan bien que no recordaba sus preocupaciones hasta que vió el brazalete arriba de su uniforme tendido en una silla “CARAJO YA ES TARDÍSIMO” se arregló como rayo y salió corriendo al cuarto de Rapunzel para vestirla. No estaba. Cassandra habría perdido la cabeza pero en su lugar decidió respirar profundamente y confiar en la castaña.
Llegó al pasillo donde estaban preparándose todas las princesas. Rapunzel se encontraba estirándose en su rincón, para su suerte, no era tan tarde y su compañera estaba ahí, todo estaba bien. Se acercó aliviada.
—¡Buenos días compañera! ¡Ten, para que despiertes! —Rapunzel le ofreció una taza de té con dos ositos pintados abrazándose
—¡Gracias! —Cassandra la aceptó y tomó un momento para disfrutarla antes de que iniciara el primer juego.
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—¡Empezamos los juegos de este día con la prueba del bordado! ¡Cada equipo debe bordar algún símbolo representativo de sus reinos!
—¡Oh! ¡Esto será muy lindo! Recuerdo cómo se veía Corona cuando vi las linternas por primera vez… jamás vi algo parecido me encantaría poder plasmarlo en un lugar aparte de mis dibujos
—Eso… estaría genial! ¡También la tengo bien memorizada! Creo que podemos hacerlo —Cassandra sonrió
—¡Excelente! —dijo Rapunzel mientras tomaba una manta gigante de tela. La sonrisa de Cassandra se desvaneció, pero no se dejó llevar por eso y en lugar de reprochar decidió darle una oportunidad aunque parecía imposible en ese momento.
El plan era crear la silueta de Corona junto con sus letras en tamaño grande. Se sentaron hasta el final de la mesa y comenzaron a bordar.
—Sabes, esta tela huele un poco familiar —Dijo la pelinegra
—También estaba pensando eso… ¿tienes la misma idea en mente?
—Tal vez ¿Crees que la anciana Crowley extrañe su manta?
Ambas rieron
Mientras tanto la anciana Crowley en su habitación: —¡PRIMERO MI SILLA Y AHORA MI MANTA FAVORITA! apretó un puño hacia el cielo
Cassandra apenas había recortado una letra cuando Rapunzel ya había terminado las demás. La castaña comenzó a trazar la figura de Corona.
—Oye… ¿Sabes qué es ese punto marrón justo al lado del puente?
—¿La biblioteca? —dijo sin interés mientras cortaba el hilo con sus dientes
—¡¿HAY UNA BIBLIOTECA?! ¡¿Con libros?!
—Si… aunque la del palacio es aún más grande
—¡¿ESTÁS BROMEANDO?! ¡¿Hay una en el palacio?! —¿Cómo es qué no lo sabía?— ¿¡COMO ES QUE NO LO SABÍA?!
—Oye, no lo sé, pero puedo mostrarte cuando terminemos esto. De hecho, la biblioteca ni siquiera es el lugar más interesante —Guiñó un ojo atrevidamente
—Me encantaría… hay tantas cosas que no conozco, sólo lo que mi padre me ha permitido hasta ahora…
—Conocerás cada rincón del palacio, me aseguraré de eso
Vio cómo se iluminó la cara de la princesa
Se la pasaron hablando de los lugares que Cassandra le iba a mostrar y cuando menos se dio cuenta, el mantel ya estaba terminado.
Las otras princesas apenas hicieron un bordado pequeño. Habían ganado por mucho esa competencia.
La siguiente prueba comenzaba dentro de dos horas. Tenían que resistir arriba de la simulación de un carruaje turbulento.
—Okay, esto no es tan difícil como parece. Solo hay que practicar, tu y Max se entienden muy bien, esta prueba es casi como montarlo bajo el efecto de las bananas. ¿Qué te parece si damos una vuelta?
—¡¡SII!!
Ambas amaban montar a caballo, les daba un sentido de libertad que no sentían en la vida real.
Cassandra ayudó a Rapunzel a subirse a Max, aunque eran grandes amigos, aún no tenía mucha experiencia montando.
Le dio a este una banana y procedió a montarse en Fidella.
—¿Estás lista?
—¡LISTA! Dijo la castaña y arrancó inmediatamente
—¡OYE! ¡Espera! —Rió y arrancó después de ella
En cuestión de segundos la alcanzó
—Nada mal ¿pero podrías hacerlo con una sola mano? —La pelinegra levantó una mano y la princesa hizo lo mismo, quedando atrás otra vez.
Cassandra estaba atenta a los movimientos de la princesa, quien en cuestión de segundos la volvió a emparejar
—Creo que puedo bastante bien —dijo guiñando un ojo
Siguieron cabalgando cada vez más rápido, rebasándose la una a la otra.
En momentos, la pelinegra volteaba a ver a la otra chica. Tenía algo que no tenía cuando la veía dentro del palacio. No solo en su mirada determinada y apasionada, toda su aura era diferente, mucho más atrevida, más decidida, más libre…
Rapunzel estaba tan inspirada que quiso retrasar a Cassandra acorralándola con Max a la pared de una meseta.
A Cassandra le dio un ataque de risa porque en realidad se sintió un poco amenazada y adoraba la adrenalina. Con los ojos apenas abiertos de la carcajada veía la silueta de Rapunzel cada vez más pequeña. No iba a dejarla ganar tan fácil. Volvió a alcanzarla, esta vez fue ella quien la acorraló pero no para rebasarla, sino para llevarla a un camino rocoso muy extremo con algunos arbustos espinosos.
—¡Oye, si superas esto, cualquier reto de la competencia será pan comido! ¡Te veo en el muro! —Dijo y aceleró perdiéndola de vista. Esperó un momento al llegar y después de 40 segundos ya no era normal que la princesa aún no llegara, empezó a preocuparse cuando inmediatamente después escuchó las pezuñas de Max acercarse. Soltó un suspiro de alivio y sonrió al ver a la chica cabalgando con cara de concentración.
—¡Phew! ¡No estuvo tan difícil! La próxima vez tal vez llegue primero.
Cassandra río y cruzó los brazos
—Pues… eres muy buena, aunque no confundamos la auto-confianza con los delirios de grandeza. Aún faltan muuuuchas carreras antes de que puedas vencerme.
Rapunzel se quedó en silencio un momento y sonrió poniéndose una mano en el cuello —No puedo esperar a todas esas carreras contigo
Casandra sintió algo muy en el fondo de su pecho. Como si le tiraran una cubeta de agua caliente a su corazón congelado. Aunque no lo dijo, jamás había disfrutado tanto una carrera a caballo.
—Bueno, deberíamos volver… —Dijo mientras se subía de nuevo a Fidella. Los caballos estaban algo cansados por la carrera así que regresaron más lento.
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Estuvieron cabalgando al paso sin decir nada por un rato. Era la hora dorada, el brillo de los árboles lastimaba sus ojos cuando volteaban hacía arriba y la carrera las había hecho sudar así que cuando pasaban las sombras el sol les pegaba más intenso de lo normal y el único ruido era el de los animales corriendo a dormir agitando los árboles y arbustos.
Rapunzel estaba lista para romper el hielo pero todo había ido muy bien hasta ahora y quería ser cuidadosa. ¿Qué podía preguntarle que no fuera muy personal o fuera de lugar? ¿Su comida favorita? ¿Su color favorito?, ¿Y si piensa que esas preguntas son muy infantiles? Maldita sea, ¿por qué es tan difícil tener una conversación con otra chica? ¿No debería ser relativamente más fácil? Carajo piensa. ¿Y si a veces el silencio es mejor que mil palabras? Mejor se queda así un rato más, de seguro la pelinegra no quiere hablar por el momento.
—Así que… ¿21 metros? —preguntó de repente la otra chica.
Aunque era muy obvio, Rapunzel estaba tan inmersa en sus pensamientos que no entendió de inmediato a qué se refería
—¿Ah?. Oh!!! Sí, claro, mi cabello medía 21 metros
—No es cierto ¿estás jugando? Pensaba que la gente exageraba la historia
—Nop, sí era así de largo —sonrió al piso y hubo una pausa de silencio
—¿Puedo preguntarte algo?
—Desde luego
—¿Cómo lo lavabas?
—Jajaja, pues… llenaba mi tina y lo lavaba por partes, de la cabeza hacia la punta. Luego para secarlo hacía lo mismo, lo escurría de nuevo por partes y lo expandía por toda la torre, claro que tenía que limpiarla muy bien antes y después —balbuceó lo último— y antes de que se secara por completo lo empezaba a desenredar, a veces tardaba horas. Y supongo que también ayudaba el hecho de que era mágico. Ahora ya no es tan brillante por más corto que sea y por más que lo cuide.
—Guau… ¿y cómo te sientes ahora que no lo tienes?
Rapunzel la miró un poco sorprendida y afligida
—¡Perdón! No lo quería preguntar así, no tienes que responder si no quieres
—¡No, no, está bien!… De hecho, gracias por preguntar, la gente casi nunca me pregunta sobre eso, creo que es un tema sensible para ellos.
—¿Para ellos?
—Pues… si —Rapunzel iba a tocar su cabello para tranquilizarse y al no sentir nada recordó que ya no lo tenía— Quiero decir, claro que es un tema sensible para mí, pero no significa que no quiera hablarlo… ¿sabes?
Cassandra solo la miró
¿Qué significaba esa mirada?
—A decir verdad, creo que se siente similar a perder alguna extremidad. Tal vez suene tonto, pero aunque me encerraron 18 años por él, era una parte de mí, así que no sé exactamente cómo debería sentirme… y aún es muy extraño vivir sin él. A veces extraño lo fácil que era subir a cualquier lugar alto, o colgarme de donde quisiera, o simplemente jugar con él… y la mayoría del tiempo siento que aún sigue ahí…
—Bueno, es lógico, sólo han pasado un par de semanas, con el tiempo te acostumbrarás. Además, tener el cabello corto tiene muchas ventajas prácticas.
—Sí, lo he notado ¡lavarlo es súper fácil!
—Y no es un obstáculo en una pelea o competencia
—Tienes razón, a decir verdad, valoro lo ligera que me siento ahora, me siento más… libre.
—sonrió a su compañera y esta le devolvió la sonrisa
—¿Y cómo fue… vivir en una torre 18 años?
Rapunzel suspiró —pues… además de ser privada de mi libertad, en la superficie no parecía tan malo. Gothel me mantenía ocupada con un montón de cosas… yo misma me mantenía ocupada con un montón de cosas, si no, no sé cómo hubiera sido… sin mencionar que todos los días tenía una sensación en el pecho, como de sofocamiento, no sé cómo explicarlo. Pero cada día se volvía más difícil.
Cassandra no decía nada pero parecía que estaba entendiendo todo.
—Hasta que Eugene te rescató…
—Pues, sí. El día anterior había llegado a mi torre por accidente y como Gothel me había mentido que todas las personas en el exterior eran malas y buscaban mi cabello, lo dejé inconsciente con una sartén —Cassandra soltó la carcajada más atronadora que Rapunzel había escuchado en las dos semanas y media que llevaba libre, tanto que no pudo evitar reír también.
—JAJA, sí, y lo escondí en mi closet para que no lo viera
—JAJAJAJAJAJA —la pelinegra se golpeó la cara del deleite
—Pensé que sería suficiente para demostrarle a Gothel que podía cuidarme bien y que me dejara salir a ver las linternas, siempre fue mi mayor sueño, pero obviamente no me dejó. Estaba… ughh ¡frustrada! Estuve esperando tanto tiempo a que finalmente me dejara salir, cuando cumplí 18 pensé que finalmente sucedería, pero sólo me dijo que no, me había ilusionado con el “algún día”, y por eso pasé tanto tiempo ahí, sólo quería hacer las cosas bien, ¿sabes? pero ese día nunca llegó. Ahora me siento tonta por haber esperado tanto tiempo.
Cassandra bajó la mirada —¿Y qué hiciste?
Dejé de esperar. Logré que saliera un rato para poder escaparme y obligué a Eugene a acompañarme ya que pues, a decir verdad sí me daba mucho miedo el exterior, más porque jamás había estado ahí… y después pasó todo lo que ya sabes… Gothel le clavó un cuchillo a Eugene y yo ofrecí mi libertad a cambio de salvarlo, Eugene cortó mi cabello antes de que pudiera hacerlo. Gothel empezó a envejecer de repente, se tropezó con mi cabello y cayó por la ventana. Al final pude salvarlo con lo poco que quedaba de la magia, pero él no lo sabía, arriesgó su vida por mí… realmente me salvó de esa torre.
Hubo un silencio
—Pues, en parte
—¿Qué quieres decir?
—Eugene sí arriesgó su vida para salvarte, pero te estás quitando demasiado crédito. Creo que hubieras salido de ahí con o sin él, tú ya tenías las ganas y voluntad de hacerlo, él sólo te ayudó.
Tal vez Cassandra tenía razón, hasta ahora todo Corona veía a Eugene como su salvador, pero había un buen punto ahí ¿Rapunzel habría logrado salir de la torre sin él?
—Entonces… ¿te gusta pelear? —Rapunzel ya sabía la respuesta
—Entreno con los guardias desde que tengo 8 años, siempre he querido unirme a ellos… pero mi padre dice que aún no estoy lista.
—¿Qué? ¿el capitán? eso no tiene sentido…
—Él tiene la última palabra, tengo que hacer lo que diga
Ambas se detuvieron en un silencio triste. Rapunzel pensó por un momento. ¿Será que la razón por la que Cassandra estaba tan reacia a ser su amiga era porque detestaba su puesto de Dama de compañía? Tenía todo el sentido del mundo, ¿qué chica que amaba la libertad, las armas y detestaba las etiquetas disfrutaría un trabajo en el que tenía que estar adentro todo el día sirviendo a otra persona?
—Cassandra… ¿acaso el estar conmigo es una limitación para tí?
Cassandra se volteó a verla de golpe por dos segundos
—¡No!... no… —bajó la mirada y no dijo nada por un momento.
Rapunzel sabía lo que significaba ese silencio y le dolía un poco, después de un rato la pelinegra volvió a responder.
—Quiero decir, mi sueño sigue siendo ser parte de la guardia, pero a pesar de eso, servir a mi reino sigue siendo un gran honor… de la forma que pueda —Dijo con dolor y resignación en la voz— Además, siendo tu dama de compañía o no, no cambia nada, mi padre no cambiaría de opinión…
—Entiendo…
—Pero… al menos pude conocerte, no todo es tan malo
—¿De verdad?
—Claro, eres la princesa más loca que haya conocido
Rapunzel rió
—Tu eres la chica más única que haya conocido…
Cassandra tardó tres segundos en reaccionar para después regalarle una sonrisa
—Y gracias… por escuchar
Rapunzel no sabía por qué pero se sentía mucho más ligera
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Llegaron al palacio justo a tiempo para el siguiente reto. El presentador anunció las reglas: durar 2 minutos en el carruaje turbulento sin perder la compostura, apoyándose sólo de una mano.
El primer par de princesas no duró ni 15 segundos antes de salir volando.
—Lo hacen ver más difícil de lo que es
—Pero para saber qué servilleta usó el gato del bufón para limpiarse la nariz el viernes a las 5 de la tarde sí son buenas.
Rapunzel soltó una carcajada y un grupo de princesas a su lado las miró con desaprobación. Ambas rieron en silencio cuando se voltearon.
Finalmente fue su turno y lo hicieron con facilidad. Corona volvió a subir de puesto
En el siguiente reto ambas tendrían que preparar un pastel. Y ya, ese era el reto. Rapunzel era una profesional en la repostería y Cassandra sabía lo necesario. Pero mañana se ocuparían de eso, por ahora el día ya había terminado y la dama de compañía tenía que preparar a la princesa para dormir.
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Rapunzel se colocó su pijama mientras Cassandra hacía su cama. La princesa se sentó en su tocador a lado de una sola vela y la pelinegra empezó a cepillar su corto cabello.
—No tienes qué hacer esto, ¿sabes? puedo hacerlo yo y decirle a mamá que lo hiciste
—Es mi deber, su alteza —dijo mientras seguía cepillando
—Tampoco tienes que llamarme así, Rapunzel está bien.
No hubo respuesta.
—Oye.. estaba pensando en el reto de mañana. ¿No crees que sería genial hacer el sabor de pastel favorito de Corona? Así pueden comer todos y nos daría más puntos en la competencia… tú conoces al pueblo más que yo, ¿qué sabor podríamos usar?
—Me parece una gran idea, princesa. El chocolate siempre funciona, en general la mayoría lo ama.
—Mmm, chocolate será entonces. ¿Qué te parece si yo horneo y tú eliges los colores?
—Me parece bien —dijo mientras acomodaba el cepillo y retiraba las sábanas para Rapunzel— descansa
—Descansa
Ambas dijeron suavemente y Cassandra se fue con la vela dejando a Rapunzel en completa oscuridad.
—Pascal, ¿sigues despierto?
Pascal gruñó afirmando
—Sé que dije que quería hacer el pastel del sabor favorito de Corona, pero en realidad quiero hacerlo del sabor favorito de Cassandra, quiero agradecerle por estas últimas competencias. No le pregunté directamente porque quiero que sea una sorpresa. Esperaba que su respuesta me diera algo de información, ¿te parece que se emocionó cuando mencionó el chocolate?
—Gruñidos de camaleón
—Sí… a mí tampoco. Me pareció una respuesta bastante neutral. Creo que tocará averigüarlo mañana, descansa, Pascal.
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Rapunzel se levantó antes de que saliera el sol, tres horas antes de que Cassandra despertara para levantarla. Quería tener todo listo para antes de la penúltima competencia. Pero primero tenía que averigüar el sabor favorito de la pelinegra. Primero le pidió su opinión a Eugene, quien dormía profundamente en su habitación.
—Eugene —Susurró en su oreja despertándolo
—¿Rubia? ¿Qué hora es? ¿Pasó algo?
—Necesito tu opinión sobre algo muy, muy, muy importante
—Guau, está bien, soy todo oídos. —dijo adormilado
—¿Cuál crees que es el pastel favorito de Cassandra
—... —puso la expresión que ponía cuando hablaban de Cassandra pero con sueño— honestamente, dudo que esa chica si quiera le guste el pastel… o cualquier cosa relacionada a la palabra “dulce”
—Ohh, por favor, ayúdame, no tengo muchas personas a quién preguntarles
Eugene se enderezó —Pues… si tuviera que elegir, diría un sabor muy amargo como el chocolate o los frutos rojos, ya sabes, algo que combine con su personalidad.
—Hmm… no estoy segura
—¿Y por qué no le preguntas al capitán?
A Rapunzel se le prendió un foco —¡Claro! ¡El Capitán es su padre, él debe de saber sin duda! ¡Gracias Eugene! —Le dio un beso y salió corriendo donde el capitán. Afortunadamente este se despertaba exageradamente temprano para poner en orden algunos deberes y asuntos de su trabajo. Rapunzel tocó la puerta de su oficina y este le dio el pase. Estaba escribiendo algo en una cartulina junto a pilas y pilas de hojas
—¿Princesa? ¿Necesita algo?
—¡Buenos días capitán! ¿Podría ayudarme con algo muuuuy importante? Necesito saber cuál es el pastel favorito de Cassandra.
—...
El capitán se quedó en blanco como si le hubieran hecho la pregunta más difícil del mundo
—Ow, lo siento, ¿es una pregunta muy personal?
—... no, no… para nada
—¡Oh! ¿Entonces podría decirme?
—...
—¿No lo sabe, verdad?...
—... yo… no, lo lamento princesa
Rapunzel suspiró
—Está bien, lamento molestarlo…
—No es molestia, lamento no poderla ayudar
—No hay problema…
Cerró su puerta decepcionada y un poco indignada aunque no lo admitiera. Se sentó en la mesa del jardín y recargó su cara contra esta.
—Tendré que adivinarlo, Pascal.
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--------------------------------Cassandra------------------------------------
Esta vez la chica despertó temprano, y curiosamente no se sentía tan de mal humor como los dos días anteriores. Se levantó de la cama y empezó a lavarse. Dentro de 4 horas tendrían la penúltima competencia. Si ganaban esta, avanzarían hasta la final, la final… por un momento Cassandra había olvidado la propuesta que le había hecho la reina. Hubo un punto en el que pensó que llegar hasta ahí sería imposible e incluso ya se había resignado, pero desde que ella y Rapunzel habían empezado a trabajar en equipo ahora en realidad era posible, lo único que tenían que hacer era superar la prueba del pastel. Los nervios regresaron a ella, había recordado que tenía la oportunidad de unirse al ejército de Ingvarr y no quería dejarla ir de nuevo. Más vale que despierte a Rapunzel temprano.
Y una vez más, Rapunzel no estaba en su habitación.
Fue a buscarla en su rincón y no estaba. Buscándola en un pasillo se encontró con el criminal de su novio. Volteó hacia el piso evitando hacer contacto visual.
—Ah, Cassandra, ahí estás!
“Ughh ¿por qué me habla?”
—Rapunzel te estaba buscando
—Rapunzel, sabes dónde está? —dijo neutramente
—Está en la cocina, ha estado toda la mañana como loca intentando averigüar cuál es tu pastel favorito– ¡UPS! olvidé que era una sorpresa —El hombre se tapó la boca
¿Qué? ¿Para qué quería saber eso?
—Bueno, gracias.
No dijo nada más y se dirigió a la cocina dejando a Eugene en medio del pasillo sin poder decir otra palabra. Llegando a la cocina Rapunzel estaba batiendo una gran mezcla de betún blanco, tenía el cabello despeinado, las mangas arremangadas y harina en la mejilla y el vestido.
—¡Cassandra! Buenos días, ya me adelanté a hacer la masa del pastel para tener más tiempo para el decorado
—Eso es muy astuto, gracias, dime ¿ahora en qué te ayudo?
—Tenemos que estar ahí en 5 minutos, si quieres elige los colores y toma algunas decoraciones mientras transporto el pastel hacia el salón
Dijo mientras varios sirvientes transportaban capas y capas de pastel cubierto de betún blanco.
Ambas llegaron finalmente al lugar, Cassandra tomó algunas decoraciones rosas de la mesa porque le recordaron a Rapunzel y sabía que le gustarían.
Ambas empezaron a decorar el pastel, Cassandra hacía las decoraciones con manga mientras Rapunzel cortaba unos listones.
—Entonces… ¿al final sí lo hiciste de chocolate?.
—Umm, lo sabrás cuando lo pruebes
Cassandra levantó una ceja
—Tengo mucha seguridad en que ganaremos esta prueba ¿sabes por qué?
—¿Por qué?
—Todos los equipos hacen un esfuerzo, pero el mínimo. Nosotras hacemos todo más grande, más cuidado, más… nuestro. No puede fallar
Cassandra soltó una risa amistosa. —Tienes razón
10 minutos después Cassandra le arrojó una rosa a Rapunzel quien la colocó en la cima del enorme pastel blanco con dullados rosas y hermosos listones en las paredes montada de la manta de la penúltima competencia. Todos aplaudieron.
Al finalizar llamaron a todos para anunciar los resultados.
Cassandra estaba súper nerviosa, la posibilidad de no avanzar le revolvía el estómago, sabía que iba a estar devastada de no lograrlo. Empezó a frotarse el codo con su mano.
—Y los dos equipos que avanzarán a la final serán… ¡Ingvarr… y después de una sorprendente remontada… —Pascal tocando unos tambores miniatura— Corona!
—¡SIII! —De repente solo sintió como la princesa la acercó a ella con sus manos y no pudo evitar sentirse incómoda de la sorpresa. Rapunzel rápidamente se dio cuenta y la soltó— Ayy, perdón, espacio personal —esta escondió sus manos en su espalda.
Cassandra sintió algo raro cuando Rapunzel se quitó, no quería que se quitara.
—Eh ¿qué importancia tiene invadir un poco el espacio personal entre amigas, verdad? —dijo mientras la tomó de la cintura y se acercó a ella de la manera más poco natural posible. Era un abrazo pero al mismo tiempo evitaba que algo más que su brazo la tocara. Aún así, se esforzó mucho para darle ese intento de abrazo a Rapunzel. Después de todo, lo merecía, gracias a ella habían llegado hasta ahí.
—¡Bueno, gracias a todos los equipos por participar, nos veremos el siguiente año, pero antes, disfrutemos de sus ricos pasteles!
Rapunzel partió la primera rebanada aún cubierta de betún y se la dio a su compañera.
—Al fin sabré el misterioso sabor del pastel, ¿uh?
—Sí… pero antes de que lo hagas, quería darte una sorpresa haciendo tu sabor favorito, solo que no pude averiguarlo… aún así, intenté elegir uno que creí que pudiera gustarte, lamento si no es tu favorito —dijo nerviosa
Cassandra se conmovió, fue un gesto muy lindo, pensó que seguramente el pastel sería de un sabor amargo o ácido. Tomó una cucharada e hizo una pausa… no puede ser, era…
—¿Vainilla?
—Lo sé, lo sé. Fue una opción muy arriesgada, pero no sé por qué pensé que te gustaría…
—Su majestad…
Sintió como si su corazón se detuviera. La vainilla siempre fue su sabor favorito en el pastel, al igual que en los dulces, el helado, etc. En general amaba todos los pasteles, y a diferencia de lo que muchos pensaban, sí amaba el azúcar. Pero la vainilla en específico siempre le produjo una sensación demasiado agradable y adictiva, como si le recordara a otra cosa. La prefería mil veces antes que un pastel de chocolate. ¿Cómo es que la princesa pudo saber eso? le dio un poco de miedo pero también, nunca nadie se había interesado tanto por adivinar su sabor favorito de algo, mucho menos de algo dulce, de cierta manera, lo que Rapunzel había hecho… sabía exactamente a vainilla…
—Gracias… de verdad —le sonrió y esta le devolvió una sonrisa aún más grande y emocionada.
—Umm, disculpe, ¿ya me puede dar mi porción? —Dijo un plebeyo hambriento que estaba esperando a que las dos chicas se dejaran de mirar.
---------------------------------Rapunzel-------------------------------
La competencia final “Captura la bandera” se llevaría a cabo en el campo de entrenamiento. Era un poco más sería, ya no tenían sólo un rincón para prepararse, ahora tenían una carpa puesta en el terreno para ellas solas. Y por lo que sabían, requería mucha exigencia física, así que las dos empezaron a calentar.
Rapunzel vio a su compañera nerviosa. Ella no lo estaba, ya había conseguido lo que quería que era acercarse a Cassandra, en su mente ella ya había ganado, estaba tan feliz, aún más porque su compañera seguía ahí, al principio no quería ni participar y ahora lo estaba dando todo por ganar, ambas habían llegado tan lejos.
—Cass, solo quería decir… gracias, por ser mi compañera. —De repente le nació acortar su nombre, y le gustó cómo se sintió. La pelinegra volteó con la sonrisa más cálida que había visto hasta ahora, parecía que iba a decir algo hasta que la reina de Ingvarr abrió su carpa de repente dirigiéndose a Cass
—Ahh ¡buena suerte, Cassandra! tengo el presentimiento de que Ignvarr recibirá una nueva soldado pronto —Dijo la reina sin voltear a ver a Rapunzel
—¿Nueva soldado? —río— ¿de qué habla, Cass?
Cassandra se tensó y volteó a ella nerviosa
—Uhh, ¡de nada! —Dijo desesperada queriendo detener la situación con sus brazos
—¿No te dijo? —Interrumpió la reina— le ofrecí un puesto en mi ejército si lograba ganar esta competencia.
Rapunzel sintió su sangre bajar hacia sus pies
—Después de todo, como tu dijiste, Cassandra, no estás satisfecha con tu puesto actual, ¿o sí? —dijo y se fue cerrando la carpa.
Cassandra volteó a verla apenada y retiró su cofia.
Ambas quedaron en silencio y la pelinegra bajó su postura mirando al suelo. Ninguna sabía qué decir.
Rapunzel miró a su compañera, ahora más preocupada que triste.
—¿Por qué no me dijiste que eres infeliz?
—¡No soy infeliz! —dijo casi de inmediato incorporándose y colocándose de nuevo su cofia— ¡Es solo que esta es una gran oportunidad para mí! Ella me ofreció un puesto en su batallón si lo hacía bien en la final. Digo, ¿Cómo podría rechazar algo así?
La castaña se volteó y apretó los puños —Entonces, todo este tiempo pensé que en realidad nos estábamos divirtiendo…
—¡Sí nos estábamos divirtiendo!
—¡Y sólo me estabas usando!
—¡Rapunzel, yo-
—¡Competidoras, hora de comenzar! —Anunció desde fuera el presentador y el público comenzó a aplaudir.
Rapunzel quería llorar pero no podía en ese momento, sólo quería que todo terminara para poder ir a procesar sus emociones a otro lado. Tragó saliva y se retiró su brazalete de la amistad.
—Vamos… a ganar esto para que puedas aprovechar esa gran oportunidad que tienes… tal vez sea lo mejor para ambas.
—Sí… tal vez lo sea
“¿Así cómo así?”
------------------------------------Cassandra------------------------------------------
Rapunzel le entregó agresivamente el brazalete y salió de la carpa molesta.
Cass lo vió por un momento y un suspiro muy profundo se ahogó en su garganta sin pedir permiso. No quería esto, quería decirle a Rapunzel que no era lo que parecía, que incluso por un momento se olvidó de todo el asunto de Ignvarr. Nunca se había sentido así con alguien… Corona nunca se sintió como un hogar pero por primera vez, sintió que estaba donde quería. ¿Qué le pasaba? No… no podía cambiar su futuro sólo por una chica con la que convivió un par de días, ¿Quién hace eso? Vamos Cassandra, piensa con la cabeza, como siempre piensas. Es hora de salir y ganar el reto para que puedas cumplir tu sueño de toda la vida, sabes que aquí nunca lo lograrás. Tu padre jamás te dejará avanzar aquí, con Rapunzel sólo tendrás una vida de servir a alguien más, lavar ajeno y bajar la mirada, lo que ha odiado hacer por tanto tiempo. Tienes 22 años, si no avanzas ahora quién sabe hasta cuándo volverás a tener una oportunidad así.
Salió de la carpa y fue a su posición, justo a lado de las otras dos finalistas y Rapunzel, buscó su mirada pero esta sólo frunció el ceño y se volteó al otro lado. Cassandra se sintió terrible, era la primera vez que su princesa no se pasaba de dulce con ella.
En el fondo la voz del presentador explicando el reto, o eso asumía Cassandra, la verdad estaba muy afectada por el rechazo de Rapunzel como para poner atención hasta que sintió el piso temblar.
Esta vez Rapunzel sí le devolvió la mirada pero de terror. Un león gigante de metal salió del suelo soltando una gran nube de humo y fuego que apenas las dejaba ver. ¿Dónde carajos ocultaban eso? sería algo que Cassandra tendría que investigar luego. Adentro, tres mujeres controlándolo y una bandera en su espalda.
—El primer equipo en tomar la bandera gana —Dijo el presentador alegremente —En sus marcas…
Las princesas de Ingvarr les tronaron los dedos para que se pusieran en posición
Cassandra volvió a ver a Rapunzel en complicidad pero ya no le regresó la mirada y se enfocó en el león.
—Listas… —La trompeta sonó y las princesas salieron corriendo lo más rápido posible, Cass se quedó en shock viendo lo rápido que corría Rapunzel, incluso más rápido que las princesas que habían recibido crianza militar. Una pata del león la golpeó de repente regresándola a donde seguía Cassandra.
Las otras princesas quisieron acercarse pero también fueron brutalmente golpeadas por la cola del león
—¡Rapunzel! ¿Estás bien? —Cassandra corrió a ella preocupada
—No te preocupes por mí —dijo aún mirando al león— los ganadores se concentran en ganar, ¿recuerdas?
Cassandra asintió y se dirigió hacia el león siendo igualmente golpeada. Las cuatro chicas se acercaron una y otra vez sin éxito.
—Es como si estuviera dos pasos adelante de nosotras —Le dijo a Rapunzel desde el suelo
Rapunzel lo analizó un momento —Entonces hagamos esto un poco más interesante— dijo y salió corriendo hacia él pero antes de que su pata la golpeara, esta se deslizó por el suelo esquivándola y se trepó en su cola, llevándola directamente a su espalda, a tan solo unos cuantos metros de la bandera.
Cassandra observó todo sorprendida —¡Guau!— dijo en voz alta admirando la escena. Verdaderamente Rapunzel era la chica más increíble que había conocido. Sintió algo que no podía describir.
El león se empezó a sacudir evitando que Rapunzel pudiera avanzar, se puso de pie tumbándola hacia su cola. Cassandra tomó un bastón que sostenía la bandera de corona y lo usó para brincar hacia su nariz.
Las princesas de Ingvarr se apresuraron a alcanzarlas, tomando a Rapunzel de una pierna y arrojándola violentamente contra el suelo.
La pelinegra quería ir a ayudarla pero volteó a ver a la reina de Ignvarr, quien la miraba orgullosa riendo por alguna razón, después volvió a ver a Rapunzel en el suelo.
—¡Cass! ¡Continúa! ¡Toma la bandera!
Miró a la reina
—¡Toma la bandera! —dijo en tono de orden
Cassandra lo pensó por un segundo. Ambas personas le ordenaban lo mismo. Ambas la querían en su vida.
La reina quería que se uniera a su ejército para que sirviera a su reino, a ella, sin embargo, cuántas personas ya le estaban sirviendo? Sus mismas hijas hacían un esfuerzo sobrehumano por ganar la competencia y aún así ella estaba apoyando a una completa extraña. Se veían tan cansadas y amargadas. ¿Qué tipo de reconocimiento tendría después de ganar la competencia si sus propias hijas aún tenían que luchar por hacerla orgullosa?
Por el otro lado, Rapunzel no quería nada de ella más que su compañía. Cassandra nunca tuvo que demostrarle nada, Rapunzel vió en unos días lo que nadie, ni siquiera la reina de Ingvarr había visto jamás… la había visto a ella. No por sus increíbles habilidades, no porque ganara algo, no porque fuera fácil todo el tiempo. Sino por ella, aún después de todas las veces que la alejó, ella la seguía queriendo en su vida, se interesó por conocerla, y pudo deducir que no odiaba lo dulce, por primera vez Cassandra rió, disfrutó una larga conversación a caballo y abrió su corazón. Ahí entendió lo que quería hacer ahora. Una oportunidad así… tal vez llegue algún día. Pero Rapunzel… está ahí y la necesita
Se enderezó y se deslizó por la espalda del león, pasando la bandera. Llegó a Rapunzel quien intentaba recuperar la postura y le ofreció su mano para levantarse. Esta la miró sorprendida y tardó un segundo en aceptarla.
—¡Cass! ¿Qué estás haciendo? tienes que obtener la bandera si este trabajo significa tanto para tí… —dijo mientras intentaba empujarla para que saliera corriendo por la bandera, a lo que esta solo la miraba fijamente.
—Hay alguien que… significa mucho más —dijo apuntándola con el dedo
Volteó a ver a la reina quien negaba con la cabeza en desaprobación y se retiró del balcón. Orgullosamente no le afectó un carajo.
Pascal gruñó desde el suelo ofreciéndoles sus brazaletes de la amistad. Cassandra los tomó colocando el suyo en su muñeca y el de Rapunzel en la suya. Lo admiró por un momento con el corazón lleno, no sabía si había tomado la decisión correcta, pero sí sabía que la volvería a tomar una y otra vez.
Rapunzel la abrazó contenta y la pelinegra aceptó el abrazo sin más.
La trompeta sonó anunciando a las ganadoras
—Ups, parece que perdimos
Las princesas de Ignvarr hacían una reverencia.
—Bueno, retirémonos con gracia —Le ofreció su brazó a Cassandra y esta lo tomó, ambas chocaron sus brazaletes saliendo de la vista de todos. Solo ellas dos, ganando a su manera.
