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El Secreto de la Felicidad

Summary:

La federación está plenamente consciente de que una parte de sus habitantes es infeliz en la isla, pero eso no es algo que les preocupe, después de todo ellos conocen el secreto de la felicidad, su propia creación de hecho, ahora solo necesitan con quien probarlo y Aldo no deja de meterse donde no lo llaman, dándoles la excusa perfecta para volverlo el primer sujeto de prueba.

Chapter 1: Prólogo

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Aldo no tenía el más mínimo arrepentimiento de lo que había hecho, si acaso extrañaría a Betsy su fiel excavadora, pero la destrucción que dicha maquina había causado fue algo magnífico, tras mucho material y tiempo invertido finalmente había logrado pasar la barrera de la federación, destruyendo parte del juzgado en forma de protesta. Ellos no tenían ningún derecho de vigilarlos a todas horas, esa gente no debía tener ningún tipo de control sobre ellos, es su deber oponer resistencia, ¡enseñarles que con el Norte no se juega!

 

El general de guerra estaba consciente de que intentarían castigarlo de nuevo por tal acto de rebeldía, pero no le importaba en lo absoluto, podían encerrarlo con los withers que quisieran, eso no sería suficiente para apagar el fuego en su interior pidiéndole luchar hasta que fueran libres de la federación. Su única preocupación es que aquellos seres de blanco quisieran cobrárselo dañando la mansión, eso no sería justo aquel lugar era obra de su padre no suya, vivir ahí no debería poner aquel lugar en riesgo. Al menos en ese aspecto el oficial había sido razonable, tomando custodia del cañón que estaba construyendo su castillo hasta que la investigación terminara.

 

Aldo no tiene idea de quien es la rata que lo delató, habían demasiadas personas en esa casa, muy pocos en los que realmente podía confiar, sin importar cual fuera el caso la federación había concluido que él fue el responsable por el ataque a la corte, que lo fue, pero no había dejado evidencia de ello, nada que ellos pudieran rastrear de regreso a él y aun así lo habían logrado. Qué más da, él ya estaba listo para que toda la responsabilidad cayera nuevamente sobre él, su gente no sufriría por las peleas que él decidió iniciar. "¿Entonces que va a pasar jefe?" Seguramente volverían a encerrarlo con mobs demasiado poderosos hasta que no pudiera levantarse, agotador y doloroso, pero nada que no pueda manejar.

 

El oficial se quedó en silencio, esperando algo, ¿qué? Aldo no tenía ni idea.

 

"Acompáñanos." La voz robótica a sus espaldas hizo a Aldo dar un pequeño salto del susto, girándose inmediatamente desenfundando su espada para enfrentar a la amenaza, ni si quiera había sentido a aquel oso blanco colocarse atrás de él. "Deja tus cosas, todo lo que lleves contigo será destruido."

 

Su mano tembló por unos segundos al escuchar eso, su agarre volviéndose firme una vez más, su espada aun alzada contra el enemigo. "Define todo." El oso polar lo observó con paciencia, aquella sonrisa inamovible plasmada en su rostro, inquietante.

 

"Armas, armaduras, objetos de teletransporte. Todo debe quedarse en tu habitación." El oso hizo una pausa. "Incumplir con la indicación incrementara la severidad de tu castigo, sabremos si intentas meter algo de contrabando."

 

Aldo estaba intentando pensar que hacer, podía confiarle todas sus cosas a Juan nuevamente hasta que volviera, el problema es no saber a donde lo van a llevar, que planean hacer con él. La última vez fue su decisión enfrentarse a los withers sin ningún tipo de arma o protección, que ahora se lo estén demandando lo hacía desconfiar más… pero había invertido demasiado tiempo, esfuerzo y materiales en conseguir todo lo que tiene, no valía la pena perderlo todo en un intento de llevarle la contra a la federación. Tiene que saber cuándo elegir sus batallas. "Está bien, volveré al Norte para dejar mis cosas."

 

Cucurucho asintió, caminando tras el pelinegro acompañado de sus oficiales, vigilando cada paso que daba Aldo asegurándose de que no intentaría escapar de su castigo. Los habitantes de la mansión armaron un alboroto cuando vieron a uno de los suyos escoltados por la federación, los gritos y amenazas se hicieron presentes, todos sacando sus armas en un intento de defender a su general, el oso simplemente los miró, que lindo, realmente piensan que pueden hacerle algo.

 

"¡Suficiente! ¡Bajen sus armas!" Exclamó Aldo, la mayoría dudando unos segundos antes de obedecer, Tina siendo la única que seguía en guardia. "Subgeneral, es una orden." El problema es entre él y la federación, no va a arrastrar a ninguno de los suyos a lo que sea que tengan planeado.

 

"But-!" Tina no quería rendirse tan fácil, Aldo no es solo el generalísimo de guerra, es su mejor amigo, no puede dejarlo solo en manos de la federación, especialmente cuando ella sabe exactamente de lo que son capaz.

 

"Tina." Dijo Aldo alzando más la voz. "Lo que suceda es consecuencia de mis acciones y de nadie más, fui yo quien decidió atacar la corte, fui yo quien construyo a Betsy, fui yo quien logró derrumbar ese lugar." Sonaba bastante orgulloso al respecto. "El castigo que decidan es algo que puedo manejar, ¿A caso no confías en tu general?" Aldo bajo levemente sus lentes para ver a Tina directamente a los ojos. "Voy a estar bien Tina, hasta que vuelva tu estas al mando."

 

"Aldo…" Debe haber algo que puedan hacer, alguna forma de seguirlos o de rastrear a donde van, no pueden solo dejar que se lo lleven así, ¿por qué solo ella parece querer pelear porque no se lo lleven?

 

"Adorable." Dijo Cucurucho. "¿Terminaron?" Por entretenido que sea ver la devastación de todos al perder temporalmente a uno de sus integrantes tiene mejores cosas que hacer, un itinerario que seguir y lo más importante una persona a la cual romper.

 

Aldo apretó sus labios con molestia, guardando todas sus cosas de valor en sus cofres, entregándole a Juan las cosas que podrían serle útil en su ausencia, todos los presentes abrazándolo en grupo antes de que se fuera, son su familia obviamente están preocupados por él, Cucurucho fue paciente dejándolos tener su momento antes de colocar un barco para que Aldo subiera, su mirada clavada en su gente, en su familia antes de que lo transportaran a un lugar desconocido.

 

Aldo observó el lugar al que lo habían traído, todo parecía estar construido de reluciente cuarzo blanco, completamente impecable, podía ver una fuente. Este lugar debe estar bajo tierra, de estar en la superficie ya habrían notado algo tan sobresaliente, de hecho le recuerda bastante a la base de Maximus… algo a tener en cuenta para cuando salga de aquí, algo así con las cosas que conocen no puede ser coincidencia. Un oficial ingresó un código para abrir una de las puertas, indicándole que entre a la habitación. Aldo obedeció sin hacer preguntas, a fin de cuenta entre más rápido cumpliera con su castigo, más rápido podrá volver a casa. La habitación no tenía nada de interés en ella, era simplemente un cubo blanco, no había ventanas ni decoraciones de algún tipo, fue cuestión de tiempo para que los esqueletos de wither modificados por la federación comenzaron a aparecer, Aldo sonrió tronando sus dedos. "Acabemos con esto." Pelear a puño limpio sería difícil pero no imposible.

 

Su uniforme había sufrido daños durante la pelea, pero nada que no pudiera reparar, en el peor de los casos siempre podía conseguir un uniforme nuevo, cada uno de esos malditos esqueletos había caído. "Bien hecho, espera aquí por más instrucciones." Resonó la voz de Cucurucho en la habitación.

 

"¡¿Esperar que cabrón?! ¡Ya cumplí con tu castigo de mierda!" Sus quejas solo fueron recibidas con silencio, claramente ya había terminado, no tenía nada más que hacer ahí. Aldo apretó los puños con molestia, terminando por acercarse a una de las paredes del cuarto, recargando su espalda ahí una vez se había sentado en el suelo, por ahora lo único que podía hacer era asesorar sus heridas, varios cortes, unas cuantas infecciones por el veneno de wither, nada extremadamente preocupante, unas cuantas manzanas doradas cuando volviera a casa y estaría como nuevo.

 

No tiene idea de cuánto tiempo paso ahí sentado, los cortes que los esqueletos habían hecho ya habían comenzado a formar costras, sin previo aviso mobs comenzaron a aparecer en la habitación, esta vez eran enderman modificados. "Pelea." Fue lo único que pudo escuchar por los comunicadores, Aldo se puso de pie de inmediato, ¿entonces quieren hacer esto por oleadas? Bien, él puede hacer esto.

 

Su estadía en la federación se la vivió de la misma manera, peleando con oleadas de mobs, teniendo tiempo para respirar y cubrir sus heridas antes de volver a empezar, incluso había tenido que romper su chaqueta para improvisar vendas y Aldo odiaba admitir que se estaba cansando, cada oleada de mobs era más agresiva, más violenta, pero ninguno había logrado vencerlo aún, los creepers habían estado cerca, el cuarto demasiado pequeño para estar fuera del rango de sus explosiones, se las había arreglado, pero ¿esto? no había forma de que pudiera ganarle a esto. "¡NO MAMES CUCURUCHO!" El gritó salió mientras Aldo esquivaba como podía dentro de la habitación a un warden. Era una espacio demasiado cerrado, no había donde ocultarse, guardar silencio no serviría de nada porque el mob ya lo tenía en la mira, el grito de aquella criatura lo había dejado lo suficientemente aturdido para finalmente pudiera acertar un golpe y después de eso el warden no dejo de acertar.

 

Aldo hacia el inútil esfuerzo por arrastrarse lejos del monstruo, la herida en su cabeza goteando, manchando con su propia sangre el reluciente piso mientras fallaba en intentar alejarse. Este es el fin, esa cosa lo va a matar, su castigo fue usarlo para probar la efectividad de sus armas biológicas y esta es la única que le pusieron en frente la cual no pudo vencer, el pelinegro dejo de moverse respirando pesado, cada parte de su cuerpo dolía, sentía que su cabeza iba a explotar, todo le daba vueltas, simplemente no podía seguir, se quedó quieto esperando el golpe que acabaría con él, pero nunca llegó. El general se impulsó con brazos temblorosos lo suficiente para voltear atrás y ver que el warden seguía ahí, solo que ahora estaba completamente dócil. "Buen trabajo." Aldo miro frente a él al escuchar la voz, el oso blanco estaba ahí. "La siguiente fase comenzara brevemente." ¿Siguiente fase? El pelinegro no tuvo mucho tiempo para pensar en las implicaciones de eso, la adrenalina en su cuerpo se desvanecía ahora que no había una amenaza inmediata, su visión llenándose de puntos negros hasta quedar inconsciente.

 

Cucurucho lo movió levemente con su pie para asegurarse de que realmente se hubiera desmayado antes de asentir, un par de guardias arrastrando a Aldo fuera de la habitación para transportarlo a un lugar diferente, un cuarto mucho más pequeño con solo una silla metálica en el centro. Los guardias sentaron a Aldo ahí, ajustando los grilletes de la silla en sus muñecas y abdomen para evitar que pudiera levantarse, el oso polar simplemente se quedó parado frente a él, esperando a que despertara.

 

Pasaron horas antes de que Aldo volviera a la realidad, un dolor punzante en su cabeza siendo lo primero que pudo sentir, su cuerpo se sentía pesado, era difícil tan solo levantar la cabeza pero aun así hizo el esfuerzo, quería saber dónde estaba. El cuarto estaba oscuro, apenas podía visualizar una figura frente a él cuando alguien encendió la luz, cegándolo por unos momentos, intentando ajustarse al cambio.

 

"Buenos días." Dijo el oso polar con su característica e inquietante voz robótica. "¿Como te sientes?"

 

Tal pregunta parecía un puto chiste después de todos los mobs a los que se había enfrentado. "¿Cómo me siento? ¡¿Cómo me siento?!" Aldo intento moverse finalmente consciente de los grilletes manteniéndolo quieto, pero eso no hizo nada por detener la ferocidad con la que estaba forcejeando. "¡ME SIENTO CON GANAS DE QUITARTE ESA PENDEJA SONRISA DE UN VERGAZO ASÍ ME SIENTO!" Gritó el pelinegro con rabia aun intentando zafarse de la silla.

 

Cucurucho simplemente se limitó a reír, haciendo un ademan de manos para indicar a uno de los oficiales que se acercara con una mordaza para Aldo, el príncipe moviendo la cabeza para dificultar que pudieran callarlo, un intento inútil pero al menos había seguido luchando. "Comiencen la terapia."

 

Aldo entrecerró los ojos con confusión, ¿terapia? ¿qué clase de terapia necesita una mordaza? La respuesta llego a él en forma de una fuerte corriente eléctrica recorriendo su cuerpo, peleando contra los grilletes que lo mantienen restringido con tal de alejarse de la dolorosa descarga, mordiendo con fuerza la mordaza, su grito ahogado aunque audible.

 

Terapia de choque, esos malditos hijos de perra le estaban dando terapia de choque.

 

Su cabeza cayo inclinada al frente cuando la electricidad dejó de recorrer su sistema, ¿Cuánto tiempo duró? se había sentido como una eternidad, apenas estaba encontrando la fuerza para levantar la cabeza cuando lo escuchó. "De nuevo." Los ojos de Aldo se abrieron al máximo, forcejeando una vez más, su orden de que no se atrevieran a hacerlo ahogada por la mordaza, la electricidad recorriendo su cuerpo de nuevo, se sentía peor que la última vez.

 

Cucurucho continuó su tortura una hora completa, soltando descarga tras descarga, esperando a que Aldo intentara alzar la cabeza antes de proporcionar la siguiente, deteniéndose únicamente cuando el pelinegro parecía haber perdido la fuerza para pelear. El oso entró a la habitación nuevamente, agarrando un puñado de cabello de Aldo para forzarlo a levantar la cabeza, el chico entrecerró los ojos viéndolo con odio, resoplando con fuerza por la nariz, seguramente si no tuviera la mordaza ya habría intentado maldecirlo. Así que aún tiene la fuerza para resistirse, está bien, todos tienen un límite solo hay que encontrarlo. "Continuaremos mañana." Dicho eso soltó su cabello, saliendo de la habitación dejando al exhausto general de guerra en la oscuridad.

 

Aldo despertó cuando los oficiales movieron su cabeza, sin importar cuan pesado se sintiera su cuerpo intentaba mover su cabeza fuera de su alcance, los guardias eran insistentes, su tacto no era cruel como el de Cucurucho pero eran firmes, elevando su cabeza antes de quitarle la mordaza de la boca, acercándole una botella con agua a los labios. Claro, no lo quieren muerto, para un sádico como ese oso eso le quitaría lo divertido al asunto, por más que quisiera negar cualquier apoyo de la federación su cuerpo necesitaba agua de forma desesperada después de ayer, el líquido frio bajando por su garganta se sentía como la gloria misma después de gritar como lo hizo. Una vez se acabó la botella los guardias dejaron de darle soporte, el pelinegro dejando caer la cabeza hacia uno de sus hombros con tal de mantenerla arriba.

 

Cucurucho volvió a hacerse presente, las manos tras su espalda actuando con superioridad. "¿Cómo te sientes?" La misma pregunta otra vez.

 

"De la chingada." El dolor muscular por pelear con tal cantidad de mobs hubiera sido abrumador, eso sumado a las constantes descargas eléctricas lo habían dejado hecho mierda. "¿Qué tal si hoy te electrocutamos a ti? Te serviría algo de terapia." El agua había ayudado pero su garganta seguía áspera, haciendo que su voz saliera más baja de lo que quisiera.

 

El oso simplemente rio ante eso, indicando a sus oficiales amordazarlo de nuevo para comenzar con la terapia del día de hoy. Cucurucho observaba con atención como el cuerpo de Aldo convulsionaba por la electricidad, sus manos apretando los reposa brazos de la silla, sus piernas pateando como si eso pudiera ayudarlo a salir.

 

Eventualmente todo esto daría frutos, la cabeza de la federación se encontraba un tanto emocionado por poner a prueba el nuevo prototipo de las pastillas de la felicidad, así todos los isleños estarían conformes viviendo en la utopía que la federación busca crear. Sin embargo, aquel medicamento solo parecía funcionar bajo dos condiciones, la primera es que la persona quisiera tomarlas de forma voluntaria, Cucurucho estaba plenamente consciente de que el general nunca haría eso así que tenían que hacer que su sujeto de prueba cumpliera con la segunda condición, ser de mente débil. Por lo visto iba a tardar más de lo esperado hacer que Aldo llegara a ese estado, pero eso no era un problema, todos tienen un punto de quiebre y Cucurucho tiene todo el tiempo del mundo para dar con él del general.

 

Aldo no era el sujeto de prueba ideal, personas más dóciles como Juan hubieran sido una mejor victima o quizá uno de los isleños con los que ya había jugado, hacerlos romperse hubiera sido infinitamente más sencillo, pero lo fácil no es divertido. No, Aldo es un reto y Cucurucho ama superarse, quebrar la voluntad de alguien como él iba a ser un deleite de experiencia, además, los incesantes ataques del pelinegro contra la federación eran la excusa perfecta para hacerlo desaparecer del ojo público sin que los demás hicieran demasiadas preguntas u opusieran resistencia.

 

Al terminar con la terapia de hoy Cucurucho sujetó el mentón del general para hacer que lo viera, quería asesorar el progreso, sin embargo, el pelinegro movió su cabeza hasta salir de su agarre, entonces decide seguir peleando, bien. "Nos vemos mañana."

 

Los días pasaron de la misma forma, los guardias lo despertaban le daban agua, si tenía suerte algo de comer y después Cucurucho venía a preguntarle cómo se siente, siempre contestaba de forma grosera, claramente irritado, este castigo era desproporcionado comparado al daño que causó, pero no tenía mucho tiempo para quejarse al respecto, la mordaza volvía a su boca y la terapia volvía a empezar. Al terminar el oso siempre lo forzaba a verlo y Aldo siempre intentaba retarlo de algún modo, no le importaban las garras amenazando con clavarse en su piel, o la fuerza del agarre que seguramente dejaría moretones, no puede dejar a Cucurucho ganar.

 

Uno de esos días Cucurucho lo dejó sin mordaza, dejando los gritos de Aldo resonar por la habitación, entre las varias convulsiones Aldo termino por morderse el labio hasta hacerlo sangrar. Como siempre Cucurucho colocó su pata en la cara de Aldo para levantar su mentón, las garras presionando firmemente sobre su piel sin realmente llegar a romperla. Aldo realmente no sabe que buscaba aquel oso cuando hacia esto, llegados a este punto le costaba mantenerse despierto, no había nada que no le doliera, sus muñecas ardían quemadas por la constante fricción contra los ajustados grilletes y aun así se rehusaba a ceder, Aldo tomó la poca fuerza que tenía para escupirle al oso manchando con su propia sangre el pelaje del mismo. Pudo sentir las garras presionar con más fuerza antes de desvanecerse y en su lugar ser remplazadas por un golpe directo a su cara, quizá estaba delirando pero aquel golpe lo había hecho reírse porque a pesar de todo lo que ha sufrido en este infierno, finalmente había hecho desatinar a ese puto oso. "¿Eso es lo peor que tienes?" Cucurucho no contestó, dejándolo solo una vez más.

 

Aldo se estaba quedando dormido cuando escuchó la electricidad, gritando casi por reflejo forcejeando contra la silla, sintiendo la energía recorrer sus venas una vez más, ¿el problema? realmente nunca recibió el choque, su cuerpo estaba tan acostumbrado al recibir dolor al momento de escuchar la descarga, que sintió como si realmente la hubiese recibido. La risa de Cucurucho resonó por la sala, la guerra psicológica finalmente podía comenzar y el oso se iba asegurar de que Aldo no pudiera ganar esa pelea.

 

El oso comenzó a jugar con eso, la terapia ya no era una vez al día en su lugar Aldo no tenía idea de cuando vendría el choque, a veces solo era el sonido a veces la electricidad lo hacía retorcerse, ya no tenía periodo de descanso, apenas cabeceaba para dormirse Cucurucho se aseguraba que se quedara despierto de un modo o de otro, todo eso le estaba empezando a pasar factura, paranoico al más mínimo ruido, el silencio en lugar de ser reconfortante era solo un mal augurio de que algo pasaría pronto.

 

Su cuerpo temblaba después de la última descarga, no tenía la fuerza de levantar la cabeza otra vez y como todas las veces anteriores Cucurucho lo forzó a levantar la cabeza, esta vez Aldo no lo desafió con la mirada, simplemente la dejo caída, estaba tan cansado. El oso rio como de costumbre, siendo él quien le quito la mordaza, poco después poniéndole una pastilla en la boca, llenándola con agua y cubriéndola con su pata antes de que pudiera intentar escupirla. Aldo se quedó con la boca llena cuanto pudo, Cucurucho cubriendo su nariz, obligándolo a tragar si quería respirar. Una vez lo hizo el oso lo soltó, acariciando su cabeza con una de sus patas. "Buen chico."

 

Aldo respiró pesado. "No… soy un… perro." Su voz no contaba con el mismo fuego que antes, estaba apagada, cansada. Cucurucho se limitó a reír dejándolo solo una vez más, ¿cuánto falta para que esto termine? ¿Cuánto tiempo lleva aquí realmente? su familia debe estar preocupada por él, tiene que volver con ellos y arreglar las cosas, mantenerlos seguros y… hacerlos felices.

 

Los oficiales de la federación seguían dándole ese medicamento o quizá era una droga, Aldo no podía estar seguro, lo único que sabía es que aquella pastilla estaba haciendo estragos en su cabeza, se le estaba dificultando pensar por su propia cuenta, lo que sentía era… extraño, no sabía describirlo, es como un sentimiento que no es suyo pero está ahí, presente, abrumador. El pelinegro miró frente a él cuando algo comenzó a proyectarse en la habitación.

 

"La federación nos protege, la federación es tu amiga, Cucurucho es tu amigo, la federación solo busca paz y armonía en la isla, la federación garantiza la felicidad durante tu estadía, TU eres feliz." El video se repetía en bucle.

 

El pelinegro dejo su cabeza caer con los ojos cerrados, esta cosa le está dando una migraña, si tan solo pudiera dormir un par de horas se sentiría mejor, pero en este lugar él no podía decidir nada. Aquellas patas con las que se había vuelto tan familiar sostuvieron el costado de su cabeza levantándola, garras cuidadosas de no dañarlo abriendo sus ojos para que siguiera viendo el bucle. "Ha Ha Ha." Al inicio Aldo abría forcejado para que lo suelte, para volver a cerrar sus ojos, pero llegados a este punto donde cada movimiento se sentía como un esfuerzo que no se puede permitir, simplemente era peso muerto, una marioneta más para la colección de Cucurucho.

 

Aldo no tiene idea de cuando pudo dormir, despertando cuando los guardias le iban a dar la siguiente pastilla, esta vez quitándole los grilletes, poniéndole la pastilla en la mano para que lo hiciera él mismo. El pelinegro lo hizo en piloto automático, tomándose el medicamento sin hacer preguntas, una vez lo hizo el oso blanco apareció frente a él, ofreciéndole una mano. ¿Quién es?… Amigo, es un amigo sí.

 

Aldo tomó la mano de Cucurucho, quien lo ayudó a levantarse antes de guiarlo fuera de la habitación, llevándolo por los infinitos pasillos de blanco hasta llegar a otro cuarto más grande que el anterior, había una fuente en la pared, cómodos sillones en los cuales sentarse, plantas decorativas al igual que unas cuantas estanterías. El oso lo sentó en uno de los sillones, yendo por una cajita blanca antes de volver con él, dentro de esta habían vendajes, desinfectantes, cremas, entre otras cosas, el oso polar usándolas para personalmente tratar las heridas que tenía, que amable.

 

El tacto del oso era gentil, delicado, como si quisiera evitar lastimarlo más de lo que ya estaba, ¿siempre fue así? tratando sus dañadas muñecas, limpiando la sangre seca en su cara causada por el corte en su frente, poniendo vendas en cualquier herida viva que estuviera a la vista y Aldo… solo lo dejo hacerlo, no había razón para detenerlo, Cucurucho es su amigo y le está dando la ayuda que necesita.

 

Una vez el oso parecía satisfecho se levantó, caminando hacia uno de los cajones bajo las estanterías, abriéndolo para sacar un cambio de ropa, un traje blanco perfectamente doblado, ofreciéndoselo a Aldo. El pelinegro parpadeó lentamente al ver el traje antes de ver su propia ropa, desgastada, rota y manchada de café oscuro tu propia sangre seca, claro su ropa actual no está en buen estado, que considerado de Cucurucho al darle algo mejor.

 

Aldo se cambió de forma lenta, su cuerpo aún se sentía adolorido y pesado por… ¿por qué? tortura "Trabajaste muy duro." Escuchó decir al oso y si, eso debía ser cierto, él trabaja muy duro para su familia en el Norte para protegerlos de la federación hacerlos felices.

 

Una vez cambiado Cucurucho puso una pata en su espalda, dirigiéndolo a un espejo en el cuarto, parado detrás de él, colocando ambas patas en sus hombros antes de preguntar. "¿Como te sientes?"

 

"Me siento…" Aldo hizo una pausa mirando su reflejo, el traje blanco se veía bien en él, estaba hecho a la medida, las vendas que se alcanzaban a ver tan impecables como el resto de su apariencia y finalmente estaba su cara, plasmada con una sonrisa de la cual ni si quiera estaba consciente, sonrisa que no alcanzaba sus cansados ojos. "Feliz, me siento feliz." Contestó de forma tranquila, las patas del oso apretando sus hombros levemente, finalmente satisfecho con la respuesta.

 

Notes:

Yo queria mi Aldo Happy Pills y si el canon no me lo va a dar entonces me veo en la obligación de hacerlo yo misma.

En fin que tal, para los nuevos Happy Pills fue un arco de QSMP 1 y a mi me maman las historias del heroe controlado mentalmente y aqui estamos jiji, no esperen actualizaciones muy pronto porque ando haciendo malabares con varios proyectos a la vez, se hace lo que se puede. Como es costumbre en mis historias este un recordatorio para que tomes un descanso de tu pantalla, podras leer más después, levantate un rato estirate ni cuenta te has dado de que te duele la espalda, ¿hace cuanto no tomas agua? Deberías hacerlo, en fin nos vemos el proximo día con más y si les gusto esto tengo mas historias QSMP que pueden revisar en mi perfil ADIOS!!