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Español
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Published:
2026-07-12
Updated:
2026-08-11
Words:
14,003
Chapters:
4/?
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22
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162
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2,046

Hey, Jude (¿te gusta la mermelada?)

Summary:

Después de la devastadora derrota al equipo de la Selección Mexicana, Gilberto Mora intenta continuar con su vida pero la sombra de lo que sucedió en el tan emblemático Estadio Azteca lo perseguirá, al igual que una presencia inesperada en su red de apoyo.

Notes:

Me duele más a mí escribirlo que a ti leerlo, nunca creí que ser fifas dejaría secuelas emocionales. Espero que les guste.

Chapter 1: Amígdala

Chapter Text

El ensordecedor sonido  del silbato llegó inevitablemente, haciendo que la selección nacional se sintiera desolada, abandonada a pesar de tener una tribuna mayormente mexicana. El comúnmente conocido Estadio Azteca permaneció en silencio o al menos así lo sintieron, no lo habían logrado. La afición se unió, un país entero apoyando a un mismo equipo, consiguiendo lo que no se había visto en décadas: que todo México depositara su fe y recuperara la esperanza y el anhelo por la copa más deseada, aquella que por fin le traería orgullo y respeto al equipo. Creyendo que por estar en territorio nacional tendrían más oportunidad, más motivación.

 

No fallaron, no fueron flojos. Dieron lo mejor de sí, dejando su espíritu en la cancha aunque eso jamás será suficiente para ellos. Los ingleses, por su parte, nunca los menospreciaron ni subestimaron: los vieron por sus talentos, los consideraron verdaderas amenazas y cerca del final temieron por perder su lugar para competir por este reconocimiento. Entre insultos, faltas, lesiones, tarjetas amarillas y expulsiones, finalmente los caballeros templarios fueron quienes avanzaron a la siguiente ronda, dejando a los guerreros aztecas detrás. No sin antes despedirse con todo el respeto que los guerreros se merecen, destacando entre todos el caballeroso Jude Bellingham, el mediocampista de 23 años que fue el villano principal del tan conocido aztecazo.

 

Abrazando a todos y cada uno de los jugadores presentes en el campo, consolándolos, dándoles palabras de aliento y elogiando su juego y resistencia, principalmente a Lira, quien lo marcó durante todo el enfrentamiento sin sentirse intimidado por su altura ni habilidad. Jugando un uno contra uno digno de la copa mundial, nada era más respetable para Jude que tratar a tu oponente como igual a pesar de las diferencias en habilidades y experiencia, justo lo que su equipo hizo con México y lo que Thomas venía diciendo en entrevistas. Gracias a su formación en el Real Madrid, Bellingham había mejorado su español, aún era complicado para él pero le permitía comunicarse con los mexicanos, ya que su acento inglés estaba muy marcado y era consciente que ellos conocían más el acento estadounidense.

 

Mientras la realeza festejaba cantando Wonderwall a todo pulmón, los anfitriones se abrazaban, consolándose los unos a los otros; preguntando por Santi y su tobillo, Javier Aguirre dando palabras de aliento, expresando lo orgulloso y agradecido que estaba con su equipo. Eran lo mejor que le había sucedido y siempre los guardaría en su corazón, el mejor último mundial y juego que le pudieron haber brindado sus seleccionados. Se habían convertido en una familia, siempre protegiéndose entre ellos, defendiéndose de los árbitros, oponentes e incluso de la afición misma… era una pena que esta alineación no se podría repetir jamás.

 

Los más jóvenes buscaban a los más experimentados de la selección, quienes estaban siendo rodeados por reporteros bombardeándolos con preguntas, acaparados por los contrincantes ingleses, diferentes integrantes del equipo técnico. Gilberto buscaba a todos con su mirada, a cualquiera que estuviera emocionalmente estable, fracasando en su búsqueda: Memo parecía teniendo un derrame ocular por tanto llorar, Armando estaba inconsolable buscando a Javier Hernández, Santi estaba perdido detrás de la portería de sus rivales, el Vasco hablando con Thomas, y su familia… aún no podía darles la cara. Hasta que encontró a Raúl Jimenez quien lo estrechó fuertemente entre sus brazos.

 

El lobo le doblaba la edad a Gilberto, quien debutó muy joven y ha enfrentado diversas dificultades que alguien de 17 años no debería cargar sobre sus hombros: críticas nacionales e incluso mundiales, asistencias, lesiones, faltas, tarjetas pero sobretodo errores. Sabía que lo sucedido en el partido atormentaría al más joven por mucho tiempo e incluso ya podía imaginarse los encabezados de las páginas y redes sociales de la prensa sensacionalista ¿Regaló el balón a su ídolo? o El error que le costó la primera a México, los periodistas eran estúpidos pero solo estaban haciendo su trabajo como ellos. Raúl no soportaría que los sueños de Gilberto fueran aplastados por algo que no estaba bajo su control, el futbol europeo claramente estaba a otro nivel y todos dieron más de lo que podían, incluso Inglaterra.

 

— No quiero que digas que fue tu culpa, Gil… nos diste más de lo que te pedimos y te atreviste a más de lo que nosotros nunca podremos, estoy orgulloso de ti y te admiro—. Confesó Raúl apoyando su mejilla sobre la coronilla del más joven, atrayéndolo más a su cuerpo y despertando su instinto paternal depositó un corto beso en su cabeza, dejándolo ir a buscar a su familia.

 

Mora solo atinó a sonreír con tristeza, Raúl siempre sabía lo que estaba pensando y esta vez tampoco se equivocó, ese error lo perseguiría por un largo tiempo, aunque tenga mucho futuro por delante y se lo digan a cada paso que da, en ocasiones se siente insuficiente y no lo puede confesar porque eso sería menospreciar el esfuerzo que ha hecho toda su familia para que él lograra perseguir sus sueños a tan temprana edad y continuando con el legado de su padre, ahora representando a toda una juventud mexicana que probablemente jamás tendrá las mismas oportunidades que él ha tenido la fortuna de conseguir.

 

Estar frente a sus abuelos, padres y hermanas lo terminó de romper, lo observaban desde la tribuna y vieron de primera mano su equivocación, quizá ha lo habían olvidado o siquiera lo habían visto como un error… pero su padre lo vio y lo reconoció, si Javier Aguirre lo vio, lo sacó del campo y se lo resaltó, entonces su padre también. Los abrazó a todos con todas las fuerzas que le restaban, sus piernas amenazaban con darse por vencidas y su respiración entrecortada, las lágrimas salieron sin piedad y volvió a la realidad: era un adolescente de 17 años, tenía permitido sentir todas sus emociones a flor de piel, de quejarse, sentirse miserable, porque a esa edad es normal, no debía negarse el derecho de vivir sus etapas de desarrollo solo por estar cumpliendo sus sueños que deberían realizarse siendo ya un adulto. Un peso cayó de sus hombros, no todo pero se sentía más ligero o quizá era la deshidratación haciendo efecto.

 

Todo estaba borroso. Las lágrimas, la adrenalina, la decepción, la incredulidad de haber estado tan cerca de saborear los cuartos de final y ahora estar tan lejos de ser siquiera de los mejores 8 del mundo. Comenzó a borrarse desde que salió de la cancha en el minuto 58, culpando a la molestia que sentía en su rodilla pero para él era más que eso: su corazón se sentía demasiado pesado por la culpa, sus pulmones pasándole factura por el exceso de humedad, su cuerpo temblando ante el desbalance de temperatura entre su calor corporal y la frialdad de la lluvia, no se había dado por vencido pero estaba convencido que de continuar solo sería una molestia para el equipo y estorbaría. Era joven e imprudente pero no era estúpido, por más que deseara continuar y muriera de ganas de hundirse con su nueva familia, no arriesgaría su futuro que apenas estaba comenzando a tomar forma.

 

Cuando menos lo esperaba, el reloj marcaba más del tiempo extra agregado. Vio a Santi arrastrarse fuera del campo mientras el Piojo repetía sus tiros de esquina, como si Dios estuviera escuchando activamente las plegarias que Armando estaba recitando de memoria a lado suyo. Como si les estuviera dando la oportunidad de avanzar, aquel milagro que tanto necesitaban y rogaban por él. Por un momento creyó que estaban escuchando a Armando y a los millones de mexicanos que rezaban para que Raúl anotara su característico gol con la cabeza, o que Tala se llevara una ovación de pie por abandonar el arco y anotar ese gol que tanto necesitaban para empatar y pasar a tiempo extra, para así al menos tener una oportunidad más. Pero Inglaterra fue y siempre será un muro, la diferencia de talento y altura les jugó en contra y el silbatazo final se hizo presente, más ensordecedor que nunca. Gil siempre repetiría esos momentos en su cabeza, el momento en el que le dieron esperanza y se la arrebataron sin misericordia.

 

Como era de esperarse ya que los ingleses son conocidos por sus saqueos históricos: el Moai de Chile, los mármoles de Elgin de Grecia; la serpiente bicéfala, la máscara de Tezcatlipoca  y ahora el triunfo de los mexicanos. Aunque este último fue ganado porque a pesar de las repercusiones que tendría en su salud temporalmente por la diferencia de altura sobre el nivel del mar a su lugar de origen, jugaron arriesgándolo todo y dejando su pasión en la cancha. Este gesto admirable no fue ignorado por la afición mexicana, que coreó a todo pulmón (y con una mezcla de felicidad por el rival y tristeza por la derrota) Hey, Jude, honrando la actuación del 10 de Inglaterra, quien quedó completamente conmovido y enamorado de la humanidad y humildad del país anfitrión, apreciando el gesto de reconocimiento con lágrimas de felicidad amenazando en salir.

 

Empapado por la lluvia y el amor de la afición inglesa y el cálido pueblo mexicano, se decidió a regresar a los vestidores. La adrenalina que corría por sus venas y la euforia del triunfo no durarían para siempre. La fatiga y la falta de oxígeno pronto le cobrarían factura a él y a su equipo, no quería arriesgarse a un calambre después de todo lo que había sucedido en las casi dos horas previas. Dirigiéndose hacia el túnel que lo llevaría hasta los vestidores (y por supuesto al baño, tenía muchas ganas de ir), observó lo congestionado que estaba el pasillo: atiborrado de reporteros, una mezcla enfermiza de ambas selecciones y equipos técnicos, simplemente era un desastre esperando a pasar. Esperar a que se redujera la cantidad de personas era una mala idea, ya que con cada segundo que pasaba se veía más lleno, con menos espacio para pasar entre ellos pasando de un estado líquido a sólido.

 

Jude no tuvo más opción que fundirse entre la multitud mientras la tribuna coreaba el cierre de su homenaje y lo guardaría con mucho amor en sus recuerdos. Al avanzar divisó a lo lejos al numero 19 de México y comenzó a seguirlo, caminando a paso veloz. Su cuerpo se movía automáticamente, ni siquiera él mismo sabía que se estaba acercando con tal rapidez. Ni siquiera sabía por qué quería acercarse tanto al adolescente. De acuerdo con la teoría, al ser quien tiene mayor masa y volumen era el inglés el que debería atraer a Gilberto Mora a su órbita para que girara a su alrededor o al menos así lo creyó cuando vio un fragmento de aquella entrevista en la que le preguntaron con quién le gustaría jugar el resto de su vida y sin dudarlo un solo segundo, él fue su respuesta. Jude Bellingham. Así que, ¿por qué Mora lo atraía con tal fuerza como si el más alto fuera su admirador de años?, ¿por qué tenía más fuerza ese pequeño centro de gravedad?

 

Antes de que pudiera hacer algo, el inglés se encontraba a lado derecho del 19, a menos de dos metros de distancia. Se había solidificado la barrera de personal técnico y jugadores, quedándose atrapado a la mitad del túnel sin escapatoria y sin poder avanzar ni retroceder. Durante unos interminables segundos que parecían una eternidad, en su mente que era un desastre de emociones que iban más rápido de lo que él podía anotar un gol, pensó todas las formas en las que podría resultar esa situación: en un caos. Y como si de justicia divina se tratara, su amígdala parecía haberse apoderado del control de su cuerpo y lo movió sin siquiera ser consciente de lo que estaba haciendo, del escándalo que se esparciría como fuego sobre gasolina, de la pelea que ocasionaría si esto resultaba en un desastre. De cómo podría ser aplastado en un segundo al estar rodeado de la mayor parte de la selección mexicana y el equipo detrás de ellos.

 

Su brazo izquierdo parecía pensante al estirarse cautelosamente hacia el menudo cuerpo de Gil, que en un movimiento rápido, su rebelde mano acunó el hombro izquierdo del mexicano y lo atrajo hacia su propio cuerpo sin más. Tomando la cabeza ajena con la mano derecha y colocando su frente en su propio hombro, mientras Jude acomodaba su cabeza en el hueco del cuello de Gilberto, embonando perfectamente como dos piezas de rompecabezas que hace tiempo debían juntarse para completar el desafío. Inhalando entrecortadamente por el cansancio, el inglés saboreó el olor a lluvia, sudor y los rastros de shampoo que amenazaban con desaparecer en cualquier momento del cabello del menor.

 

— ¿Estás bien?— cuestiono Jude ahogadamente sin dejar ir al 19, acariciando suavemente su espalda con la mano derecha.

 

Se quedaron así durante un par de segundos que parecían una eternidad, el mundo se detuvo a su alrededor pero a pesar de que el tiempo parecía estar en pausa, este también pasó demasiado rápido. Gilberto no contestó al instante, no mientras Jude lo sostenía de esa manera tan humana, tan diferente a cómo sus compañeros de equipo y misma familia lo sostenían. No había pena ni lástima, ni siquiera decepción, era un entendimiento silencioso que no tenía explicación. Bellingham lo atrapó con dulzura y se vio reflejado a sí mismo en el adolescente, el debutar a tan corta edad estás bajo el escrutinio público y sentir que el mundo se te viene encima, al verlo tan perdido y desilusionado se desconectó de su lado racional y terminaron en ese abrazo tan amargo.

 

Al separarse, a Gilberto le dio un golpe de realidad: ese contacto tan extrañamente familiar albergaba en el fondo una gran diferencia abismal entre ellos, tanto de talento como de altura, incluso cuando Bellingham estaba encorvado para mantenerse a su nivel. Gil solo atinó a mirarlo con sus tristes ojos que expresaban todo lo que sentía y no podía dejar salir, no podía romperse frente al mundo entero pero más allá de eso, sus ojos solo estaban llenos de admiración y esa era de la única manera en la que podía ver a Jude Bellingham. Aquel a quien semanas atrás había mencionado cuando le preguntaron con quién le gustaría jugar sin dudarlo ni un segundo, ahora estaba frente a él consolándolo, no sabía si esto era una pesadilla o un sueño hecho realidad.

 

Esa mirada aterrada dejó confundido y sin aliento al inglés, una mirada tan pura y llena de inocencia que se había adentrado a ese mundo tan oscuro a tan corta edad. Esperaba que pudieran protegerlo lo más posible para que no fuera corrompido por los jugadores y cuerpo técnico, quienes son personas mucho mayores que él. Pidió con todo su ser que no se aprovecharan de su talento y que su agente y familia lo respetaran, priorizando su bienestar. Lo que daría por poder protegerlo como a él le habría gustado que lo hicieran con sí mismo.

 

— Sí… gracias—. Finalmente respondió Gil, todo seguía pareciendo tan irreal, solo un sueño febril.

 

Se observaron durante una eternidad más, escaneando el rostro del otro como si intentaran almacenar ese momento en su memoria a largo plazo y jamás dejarlo ir para poder repetirlo en su mente cuando el mundo parezca estar en su contra, porque cuando tienes la aprobación de alguien con talento sientes que puedes superar cualquier obstáculo que se te presente. Mora parecía querer decir más, confesar algo y Jude podía sentirlo en su cuello, sentía la tensión bajo las palmas de sus manos y el ligero temblor del cuerpo del menor debajo de sus antebrazos. Sin más, sonrió débilmente y solo atinó a despedirse mientras daba un paso.

 

— Nos vemos en…

 

— ¿Me regalas tu playera?— Interrumpió Gil, sacando de su pecho lo que quería todo ese tiempo.

 

Nuevamente el cuerpo de Jude actuó por voluntad propia, apenas Gilberto había terminado la pregunta cuando ya había terminado de desnudar la parte superior de su cuerpo bajo la atenta mirada del mexicano. Sintiendo la brisa de la tarde en su húmeda espalda volvió a la realidad nuevamente, debería dejar de actuar en piloto automático o se metería en problemas por impulsivo. Extendió su brazo derecho para entregar aquel jersey tan importante con el que avanzó a la siguiente ronda, lleno de emociones, de sudor, de gloria.

 

Una vez más el túnel fue obstruido pero esta vez ellos fueron los causantes. El mundo a su alrededor se detuvo por primera vez realmente, todos los integrantes de la selección anfitriona y cuerpo técnico se quedaron quietos a su alrededor, observando con detenimiento las acciones del inglés sin terminar de confiar en él completamente. Al acecho y listos para intervenir como los guerreros que eran si algo parecía fuera de lo normal, como si Jude pudiera aprovecharse de Gilberto, como si fuera capaz de ofenderlo de la manera más vil o de lastimarlo físicamente.

 

— La tuya también—. Sonrió mientras entregaba la prenda, ignorando la amenaza tricolor a su alrededor.

 

Gil estaba atónito. Pidió la playera como un fanático más probando su suerte, no como un jugador profesional al que acababan de eliminar y quería mostrar su respeto hacia el vencedor, nunca creyó que se la pedirían de regreso como en un intercambio real. Le dio un leve tirón al cuello de la camiseta y le dirigió una mirada de complicidad confusa, recibiendo una risa sincera por parte del inglés quien inmediatamente notó la pena en el chico. Afirmando su petición, esperó un momento a que Gil se despojara de su propia prenda, mientras Jude acomodaba se monitor en el brazo. Finalmente intercambiaron las jersey y Jude solo pudo visualizarse sosteniendo a Gilberto nuevamente entre sus brazos, con la incertidumbre de no saber cuándo podría volver a hacerlo, cuándo podría volver a consolarlo, a verlo como realmente le gustaría que el mexicano se viera a sí mismo.

 

— Buen trabajo.

 

Bellingham estaba siendo honesto con sus palabras, pero su acciones estaban dejando al descubierto su alma y su corazón. La pasión por el futbol no solo es dejarlo todo en la cancha, sino reconocer la humanidad de tu contrincante y no verlo como un enemigo, necesitas ver a las personas más allá de los uniformes, también es su trabajo. Están cumpliendo sus sueños, por eso cuando abraza a Gilberto nuevamente (ya había perdido la cuenta, el menor era tan adorable que le parecía imposible no estar pegado a él todo el tiempo) no puede evitar colocar su mano izquierda en su cintura para reforzar su agarre, como si se fuera a romper en cualquier momento y todos los pedazos fueran a caer en sus fuertes brazos, quedando en él la responsabilidad de armarlo, e inevitablemente revolvió el cabello ajeno.

 

El impacto de la piel caliente de Jude con la fría tez del mexicano envió una corriente a través del cuerpo del más bajo. La humedad y frialdad de la lluvia de su cuerpo chocando con el sudor caliente de su contrincante causó un desbalance en sus sentidos, moviendo todo el mundo a su alrededor. Estar tan cerca de aquel jugador era tan embriagador que Gilberto se sentía ebrio sin siquiera conocer el sabor al alcohol ni sus efectos secundarios en carne propia, el mareo fue tan fuerte que solo pudo sostenerse del dorsal de la estrella de la noche.

 

— Te veo en Europa—. Dijo el inglés en su oído rápidamente antes de dejarlo ir, causando un escalofrío por el aliento caliente.

 

Intentando seguir con su camino, Jude se encontró con un muro tenso frente a él. Israel Reyes bloqueó el paso del inglés con un objetivo en mente, se acercó al menor de su equipo y pasó un brazo sobre sus menudos hombros, lanzándole una mirada fría y amenazante al goleador, quien lo notó al instante y redujo la velocidad, manteniéndose atento a las acciones del mayor. El cuerpo de Mora se tensó bajo el cariñoso contacto del cantante.

 

— ¿Estás bien, niño?, ¿te dijo algo?

 

Las interrogantes fueron apenas audibles para en inglés, quien se ofendió ante tales suposiciones, sin embargo, era lo suficientemente inteligente como para no causar una escena en la que declarara su falta de intenciones de dañar al adolescente que lo llevara a revelar sus verdaderas intenciones: llevarlo a Europa para explotar todo su potencial y ayudarlo a cumplir sus sueños. Se limitó a reír e intentó avanzar entre los mexicanos para llegar lo antes posible a los vestidores, le faltaba el aire y solamente quería dormir.

 

— Todo bien, Isra… solo me dijo que hice un buen trabajo hoy en la cancha.

 

— Bueno, mínimo la falta de oxígeno no afectó el cerebro del niño dramático.

 

Gil solo pudo reír nerviosamente, intentando liberar la tensión que aún sentía. Tenían una larga y ajetreada noche por delante, entre declaraciones, revisión y…

 

— Isra… ¿en dónde quedó Santi?