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Julián pega el derechazo desde afuera del área para clavarla en el ángulo y dar un pasito más. El corazón le estalla, la euforia lo supera, y sale corriendo entre suizos derrotados y compañeros que lo quieren agarrar pero Julián no para hasta dar toda la vuelta.
No sabe si se cae o si lo tiran al piso. Solo sabe que termina boca arriba, viendo más caras conocidas que cielo. Lo golpean, le hacen mimos en el pelo, lo putean y lo felicitan.
Cuando salen de encima suyo Enzo sigue ahí. Siempre Enzo ahí cuando más lo quiere ver, tirado arriba de él y con ambas manos acariciándole la cara, tan cerca que se les mezclan las respiraciones. Se miran con las caras iluminadas, agitados de gritar y correr. Enzo está lagrimeando.
“Che," le dice Julián, riéndose, “levantate que se termina."
El pico que le da Enzo va a dar la vuelta al mundo y causar varios dolores de cabeza a sus representantes. Es demasiado deliberado como para decir que fue un accidente.
Julián le devuelve el beso, limitándose a presionar sus labios contra los de Enzo. No mueve otro músculo para no hacerles las cosas más difíciles. Julián está tan feliz que después verá si lo mata o se lo coge por meterlos en el quilombo que se les viene. O se lo coge y después lo mata.
Enzo se para luciendo una cara de vencedor total que va más allá del resultado del partido. Le extiende una mano a Julián y lo ayuda a pararse. Los chicos ya saben de ellos. Algunos se les ríen, o les sonríen, o se tapan la cara porque saben que va a ser noticia de último momento.
Como frutilla del postre Enzo le da una cachetada en el orto cuando Julián le pasa trotando por al lado para volver a su posición. Julián amaga pegarle pero no lo alcanza y sigue camino. Lo va a matar cuando estén a solas.
Después del partido están muy ocupados celebrando como para siquiera pensar en lo que pasó. Cancioncita va, cancioncita viene, saltando juntos y cantando con la hinchada que quieren ver la cuarta estrella brillar en la camiseta. Se abrazan entre ellos, a un par de suizos también porque son buena gente, festejan y sonríen.
Enzo llora y lo abraza a Julián, que lo envuelve en sus brazos y aprieta fuerte mientras Enzo hunde la cara en su cuello.
Eventualmente desconcentran. Algunos se van al vestuario y otros se acercan a los periodistas para dar notas cortas antes de que Scaloni se enoje y los arrastre a los micros. Falta mucho todavía. Tienen lo que resta del día para vivirla pero mañana de vuelta al ruedo.
No es hasta la casi medianoche que Julián y Enzo encuentran un momento a solas, ya en el hotel. Hablaron lo suficiente del partido con el resto; faltas, errores, jugadas, goles, también de lo que se viene. Se quedaron sin cosas para decir y ahora caminan en silencio por el pasillo hasta llegar a su cuarto.
Y por fin pueden hablar de lo único que quedó pendiente.
Julián abre la boca ni bien Enzo cierra la puerta detrás de ellos.
“Culiado–"
Enzo tiene que saber qué es lo que le va a decir porque se ríe como un boludo e interrumpe cantando: “No tengo un mango y vengo iguaaaaal. De visitante o de–"
“¡Enzo!”
Enzo lo agarra de la cintura y empieza a saltar solo, porque Julián no le va a hacer la segunda ahora.
“¡Fumando porro, tomando vinooo!” Julián lo empuja pero Enzo resiste. “El que no alienta a Argentina–"
“¡Pelotudo!" Julián se ríe aunque no quiere, aunque lo quiere cagar a puteadas por jede, porque por encima de todo está feliz como no es feliz desde 2022.
“¡¿Para qué carajo vino?!”
Enzo por fin clava los pies en la tierra y agarra a Julián de la nuca para comerle la boca. Por cuatro segundos contados Julián devuelve el beso propiamente dicho, nada de piquitos, todo lengua y arrugando la remera de Enzo porque lo está besando con tantas ganas que lo está empujando para atrás. Solo cuatro segundos.
Al quinto Julián se lo saca de encima con una mano en el pecho y le grita: “¡Pero sos imbécil!” Ni siquiera es una pregunta. “¿Cómo me vas a besar en la cancha, pelotudo? ¡Nos metiste en un re quilombo!”
A Enzo le baja la energía en un toque, por fin haciéndose cargo, porque al parecer necesitaba que Julián le grite. Todavía tiene el atrevimiento de hacer puchero y mirarlo con carita de perro mojado.
“Ya sé. Perdón. Se me escapó. La vamos a caretear de alguna manera.”
“‘Se me escapó’ ¿Tenés diez años que no te podés controlar?”
Y Julián no podría haber elegido una peor palabra. Se da cuenta ni bien sale de su boca.
“Nunca me puedo controlar con vos.”
Revoleando los ojos, Julián le da una cachetadita suave mientras se le sube el rubor a la cara. “Tarado.”
Enzo le sonríe canchero, porque sabe perfectamente el efecto que sus palabras tienen en Julián. Con solo una frase lo puede tener a sus pies, en su cama, ruborizado, riéndose; como Enzo quiera. Se conocen demasiado bien y Enzo lo explota siempre que puede.
“Ni quiero ver el celu,” dice Julián, agachándose para sacarse las zapas.
Enzo se tira en la cama sin sacarse nada salvo el celular del bolsillo. “A ver.”
Dejando las zapatillas a un costado, Julián se sienta al lado suyo mordiéndose el labio, esperando lo peor. En la pantalla se ven la millonada de notificaciones. Ignorándolas, Enzo abre su cuenta secreta de Twitter. Lo primero que aparece es el video del festejo, pero editado: “Los calientes” de Babasónicos suena de fondo.
“Cómanse a besos esta noche.” El video hace zoom cuando Enzo se estira para darle el beso, y se reproduce más lento durante los cortos segundos que dura el pico. “Total nadie lo va a notar.”
Los comentarios varían en contenido. Hay emojis de fuegos, de las tres gotas salpicando, de la carita con corazones en los ojos. Múltiples personas dicen que se la venían venir, otros preguntan si es IA. Hay algunos homofóbicos; varios dicen que están manchando la camiseta y que no hay lugar para maricones en el fútbol. Enzo toca la pantalla para ver las contestaciones y se encuentran con mucha gente defendiéndolos.
Cuando Enzo busca sus nombres es más de lo mismo.
Fijándose una por una, las cuentas oficiales de Argentina y de sus clubes no hacen mención de nada. TyC twitteó el video de la transmisión oficial con un corazón rojo como comentario. Las contestaciones se repiten como en los tweets anteriores.
“¿Decís que zafamos?” A Julián le es imposible ocultar el nerviosismo de su voz.
“Corte–” Enzo se interrumpe cuando aparece la notificación de un mensaje de Javier.
“Me querés explicar qué hiciste?” Se lee en la pantalla.
Lo único que se puede rescatar de la situación es que los representantes de ambos ya están al tanto de que están saliendo. Por lo menos tienen una explicación menos que dar. Han tenido reuniones en conjunto para preparar estrategias en caso de que se filtre, pero la idea nunca fue mandarse al frente de esta forma.
Enzo ni lo piensa dos veces. “Me resbalé,” le contesta y bloquea el celular para dejarlo en la mesita de luz.
“¡Enzo!” Julián le pega suave en el brazo. “Respondele bien.”
“¿Para qué? Ni ganas ahora. Quiero que durmamos cucharita y mañana vemos qué verga hacemos.”
Julián se frota los ojos con mezcla de sueño y frustración. “Tengo que ver el mío.”
Su celular también está que explota, pero Julián solo abre el mensaje de Fernando. “Felicitaciones por el gol. Ahora decime qué mierda estaban pensando.”
Julián escribe: “Perdón, se nos fue de las manos. No son tan malas las reacciones, creo que si–”
Enzo le saca el teléfono antes que Julián termine de redactar. “No des tantas vueltas.”
“¡Ey!” Julián manotea pero Enzo gira el cuerpo para que no lo alcance. Borra parte del mensaje y lo manda: “Perdón, se nos fue de las manos.”
“Corta.”
Después de entregarle el celular a Julián, Enzo se endereza para sacarse las zapatillas. Julián tiene la cara enterrada en las manos.
“La puta madre, culiado.”
Enzo está despreocupadísimo con la situación y Julián se está volviendo loco. Gran parte de él sabe que sus carreras van a seguir intactas, pero él es de preocuparse de más. La luz de la habitación se apaga, y Enzo vuelve a la cama. Le da un beso en la frente a Julián, que sigue tieso, y se mete abajo de las sábanas.
“Dejá de maquinar y vamos a dormir.”
Agarrando a Julián del brazo, Enzo lo obliga a acostarse de un tirón. Letárgico, Julián se acomoda hasta acostarse junto a Enzo. Se miran un rato largo hasta que se le escapa una risa a Enzo y Julián no puede evitar seguirlo.
“Pelotudo,” le dice Julián.
Enzo le contesta con un beso y, en un suspiro, le dice: “Te amo. Perdón. Estamos en semis.”
