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La puerta de su oficina se abrió sin previo aviso, rompiendo la sacrosanta atmósfera de su asilo matutino. De manera providencial, la silueta de SangWoo se materializó en el umbral, portando un par de vasos de café humeantes y una sonrisa que delataba intenciones puramente caóticas.
──Buenos días, estrellita. Traigo el chisme de la semana ── anunció, usando la ligereza de un presentador de televisión.
Resultaba un contraste divertidísimo cómo alguien tan propenso a la irreverencia como SangWoo ostentaba el riguroso cargo de Director del Área de Ingeniería y Diseño. Que un hombre con su historial de bromas tuviera un asiento garantizado junto al mismísimo director general en la mesa redonda de la junta directiva, era uno de los misterios más reconfortantes de la jerarquía de Kore Dynamics.
──Suelta la sopa── condescendió Minho, extendiendo la mano para recibir el elixir de cafeína.
SangWoo, haciendo gala de su total desprecio por la ergonomía corporativa, arrastró una silla de diseño industrial, se dejó caer en ella con absoluta soltura y se recostó contra la pared verde oliva, adoptando el tono de un narrador de grandes epopeyas.
──A las diez llegan los nuevos empleados para el área mecánica ──soltó SangWoo, gesticulando con el vaso de café──. Y solo les pido a Seungmin y a ti que no los traumen. Hay que tratarlos como si fueran de cristal. Vienen recomendados directamente por Han Misora. ¿Te suena?
Minho arqueó una ceja, conectando de inmediato los engranajes de su memoria financiera.
──Por supuesto. La inversionista de Vertex Engineering. Firmamos el contrato con ella el invierno pasado.
──Exacto. Así que tenemos que dar nuestra mejor cara de corporación seria y no el manicomio que somos ── SangWoo soltó una risa breve, inclinándose hacia adelante y bajando la voz a un susurro conspiratorio, como si las cajas de mudanza de Minho tuvieran micrófonos──. Pero aquí entre nos... el secreto a voces en la junta es que Misora les va a heredar sus clubes nocturnos más exclusivos. Son sus hijos. Si logramos que los niños se sientan cómodos aquí y no quieran renunciar, la empresa se va a quedar con una parte de las acciones de esos locales.──
Minho asintió lentamente, proceando la información. Sus ojos se posaron en las cajas de cartón apiladas en la esquina, pero esta vez ya no vio mudanza; vio el preámbulo perfecto para inaugurar su nueva oficina con un éxito financiero que haría temblar a la competencia. Sin embargo, la magnitud de la jugada superó su habitual coraza de frialdad.
──Me estás jodiendo.
──Que no, te lo juro por mi gato.── sentenció SangWoo, con los ojos abiertos de par en par y una chispa de genuina locura codiciosa.
En un parpadeo, la pomposidad ejecutiva de Kore Dynamics se desintegró. Las posturas rígidas se esfumaron, dando paso a dos hombres de negocios celebrando con la efervescencia de dos colegialas que acaban de enterarse de un chisme prohibido. El panorama era celestial: aquel aumento no sería un simple ajuste, sino una maldita fortuna.
──¡Si las matemáticas no fallan, el próximo año nos vamos a Japón! ── exclamó SangWoo, perdiendo los modales y agitando a Minho por los hombros──. ¡Se acabaron los viajes austeros a oler popó de vaca en Andong como el verano pasado!
──¡Y por fin dejaremos de oír a Seungmin quejarse por el precio del alquiler! ──secundó Minho con un tono glorioso.
La atmósfera de conspiración festiva se interrumpió cuando la puerta se abrió con una cadencia pausada, revelando la silueta pulcra de Seungmin. El Director de Diseño entró sosteniendo una tableta digital contra el pecho, irradiando esa calma arquitectónica que siempre lograba reordenar el caos de la habitación.
──Buenos días, próximo gerente ── anunció Seungmin, dedicándole a Minho una inclinación de cabeza perfectamente protocolaria. Al registrar la presencia del otro director, sus cejas se elevaron con sutil sorpresa──. Oh, señor SangWoo. ¿Cómo está?
SangWoo, que aún saboreaba la gloria de su futuro viaje a Japón, arrugó la nariz y lo señaló con un dedo acusador.
──¿Puedes dejar de llamarme señor? Me pones cuarenta años encima cada vez que abres la boca, Seungmin. Por favor.
Minho, incapaz de contener el remanente de adrenalina de su sesión de chismes, intervino con una sonrisa felina.
──¿«Señorito» entonces? ¿Te acomoda mejor el diminutivo? ── SangWoo soltó una carcajada estrepitosa que amenazó con derramar el café sobre los planos de diseño, mientras Seungmin cerraba los ojos, buscando paciencia en algún rincón de su mente analítica. Con una solemnidad impecable, Seungmin avanzó dos pasos y le dio una palmada firme en el hombro a Minho a modo de reproche.
──Compórtese, gerente. Guarden las ridiculeces para el almuerzo ── sentenció Seungmin, aunque un destello de diversión suavizó su mirada──. Traigo los renders finales que pidió el director Bang para la junta de las diez. Si van a seguir manifestando su crisis de los treinta en mi presencia, al menos tengan la decencia de firmar estos documentos primero.
Minho se acomodó los puños de la camisa, recuperando el control de sus facciones con una velocidad asombrosa. El día, contra todo pronóstico burocrático, prometía ser relativamente bueno.
──Te los firmo yo directamente. ── hablando del almuerzo, ¿hoy dónde comemos? ── interrumpió SangWoo, arrebatándole la tableta a Seungmin con la agilidad de un carterista corporativo. Deslizó el lápiz digital sobre el cristal con una precisión impecable, estampando su rúbrica en un parpadeo.
Minho se encogió de hombros, observando la escena mientras le daba un sorbo parsimonioso a su café.
──¿S&S? ──sugirió Minho, lanzando la opción más segura.
Seungmin, fiel a su naturaleza de auditor de la vida cotidiana, cruzó los brazos y arrugó el entrecejo con fastidio.
──Hemos ido a S&S toda la maldita semana, Minho.
──Pues es lo que queda más cerca ──refunfuñó Minho entre dientes, defendiendo su zona de confort──. A ver, genio del diseño, ¿a dónde más se supone que vayamos?
──A Delicia. La comida es igual, o incluso mejor, que la de S&S
SangWoo, extendiéndole la tableta ya firmada a Seungmin, intervino en la disputa gastronómica con genuina curiosidad.
──Nunca he ido a Delicia. ¿Es muy costoso?──
En una sincronización perfecta, Minho asintió solemnemente con la cabeza mientras Seungmin la negaba con rotundidad. A esas alturas de la vida laboral, parecían un matrimonio disfuncional condenado a llevarse la contraria en absolutamente todo.
──¡Oh, pero qué embustero es, próximo gerente! ──acusó Seungmin, señalando a Minho con el lápiz digital──. En S&S te cobran apenas dos tristes piernas de pollo por 18,000 wones, mientras que el menú ejecutivo completo en Delicia cuesta exactamente 10,000 wones menos. Saca tus cuentas de ingeniero.
──¡El menú ejecutivo es solo sopa! ──exclamó Minho, defendiendo su postura con una indignación que rayaba en lo teatral──. ¿Cómo pretendes saciar mi hambre carnívora con un mísero caldo, Seungmin? Por favor, necesito proteína para sobrevivir a la jornada.
SangWoo observaba a ambos, visiblemente divertido por el nivel de intensidad dramática que sus colegas le dedicaban a un debate sobre aves de corral y caldos corporativos, justo un par de horas antes de que la junta directiva pusiera a prueba su cordura.
El idilio cómico se rompió cuando el teléfono de SangWoo emitió una vibración seca. Desbloqueó la pantalla, leyó el mensaje en un parpadeo y su rostro adoptó una mueca de resignada urgencia. La reunión de las nueve ya estaba sobre la hora y su presencia era obligatoria.
──Bueno, debatan la termodinámica del pollo en mi ausencia ──dijo SangWoo, levantándose de la silla con un suspiro y guardando su dispositivo en el bolsillo del saco──. Me tengo que retirar. Si el director general pregunta por qué no hemos llegado a la sala de juntas, les echaré la culpa a ustedes y a su crisis de hambruna.
Con un gesto de despedida a mitad del aire, SangWoo salió apresuradamente del despacho, dejando a Minho y a Seungmin a solas en el pulcro santuario verde oliva, con los ecos de la risa aún flotando entre las cajas de mudanza y el aroma a café recién hecho.
──Vete ya, que no queremos que Chan te degrade a pasante antes de las diez ──le lanzó Minho como despedida, mientras SangWoo desaparecía por el pasillo a paso ligero.
Al cerrarse la puerta, el silencio regresó a la oficina de paredes verde oliva, rompiéndose únicamente por el crujido sutil del papel de los vasos de café. Seungmin exhaló un suspiro, guardando la tableta digital bajo el brazo con su meticulosidad habitual. Miró a Minho, luego a las cajas apiladas en la esquina, y una media sonrisa, de esas que raramente mostraba en horas laborales, suavizó su rostro.
──Diez mil wones menos, Minho. Piénsalo. Te espero a la una en el vestíbulo, y más te vale que lleves ganas de tomar sopa.
──Ya veremos, gerente── replicó Minho, recuperando su postura imponente frente al escritorio de cristal.
Cuando Seungmin se retiró, Minho se quedó a solas con sus pensamientos.
Ajustó los puños de su impecable camisa negra, miró sus zapatos pulcros que relucían bajo la luz dicroica y se dispuso a revisar los últimos reportes del taller mecánico. La mañana avanzaba según el diseño de su perfecta ecuación de vida. Nada, absolutamente nada, iba a salirse de los parámetros establecidos.
O al menos eso dictaminaba su lógica.
