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Language:
Español
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Published:
2026-07-20
Words:
1,879
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1/1
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13
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139
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1,047

Pero seguimos juntos

Summary:

Luego de la final perdida. Julian y Enzo solo quieren encerrarse y estar juntos.

Notes:

Es una tontería pero estaba triste y empece a escribir y soy tan maricona que empeza a llorar asi que estoy escribiendo esto con lágrimas en los ojos por asi soy xd

Segundo NO SOY ARGENTINA POR ENDE SI EN ALGUN MOMENTO SE USA ESPAÑOL NEUTRAL ES PORQUE ASI HABLO Y ESCRIBO YO.
Podes dar una crítica constructiva pero de ahi a burlarte de ello. Chupala entonces escribe tu las cosas. El resto los quiero

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El cartel luminoso se levantó cuando el reloj marcaba los ciento dos minutos. Julián levantó la vista casi por reflejo y, cuando vio su número en verde, sintió que el estómago se le hacía un nudo. Durante un segundo no reaccionó. Se quedó quieto, respirando agitado, con el pecho subiendo y bajando después de más de cien minutos de correr detrás de una pelota que parecía negarse a entrar o siquiera pasar de la mitad de la cancha. Después bajó la cabeza y empezó a caminar hacia la línea de cal mientras el estadio entero lo despedía con un aplauso que, en ese momento, le sonó lejano.

—Dale, Juli, dale... —alcanzó a escuchar desde el banco.

Ni siquiera supo quién había sido.

La puta madre...

No era por salir. Sabía que ya no le daban más las piernas. Era porque no había podido hacer el gol. Solo necesitaba una, una como con Suiza, una loco una. Bastaba con un toque mejor. Con medio segundo antes. Con un remate un poco más cruzado.

Una nomás... una tenía que entrar. Pero ese pensamiento duró apenas un instante.

Porque otro ocupó todo el espacio.

Enzo.

Giró la cabeza casi sin darse cuenta buscando el banco de suplentes.

Vacío.

Claro.

No estaba.

Lo habían expulsado en el noventa y tres.

Sintió ese tirón en el pecho que conocía demasiado bien. Ese que no dolía en ningún lugar específico y, sin embargo, parecía partirlo por la mitad.

¿Dónde estará? ¿Cómo estará, boludo?

Quería levantarse e ir a buscarlo. Aunque fuera un minuto. Aunque fuera para decirle que no había sido culpa suya. Pero no podía. El partido seguía. Quedaban minutos. Había que esperar.

Se dejó caer en el banco con las manos sobre la cara. No escuchaba a Scaloni. No escuchaba a nadie. Sólo podía pensar en ese morocho que seguramente estaba solo, encerrado en algún rincón del estadio, cargándose una mochila que no le correspondía.

Musso se sentó a su lado sin decir una palabra. Le pasó un brazo por los hombros y lo atrajo un poco hacia él.

—Eh... tranquilo, Juli. Todavía no terminó.

Julián soltó una risa amarga por la forma tan cordobesa en que lo había dicho.—Sí.

Pero no estaba tranquilo. No podía estarlo.

Porque conocía a Enzo desde que eran apenas unos pibes. Sabía perfectamente cómo funcionaba su cabeza. Sabía que ya debía estar pensando que los había condenado, que si Argentina perdía iba a ser por esa roja.

Y eso le rompía el corazón.

Los minutos finales pasaron lentos. Cada ataque argentino terminaba en una frustración nueva. Cada rechazo español parecía un golpe más contra la ilusión. Cuando el árbitro finalmente llevó el silbato a la boca, el sonido fue seco. Definitivo.

España era campeona del mundo.

Argentina había quedado a un gol.

Durante unos segundos nadie se movió.

El estadio entero quedó suspendido en un silencio extraño antes de que empezaran los festejos de un lado y los aplausos del otro. Julián respiró hondo, sintiendo cómo el pecho le pesaba como si llevara una piedra encima. Se pasó una mano por la cara intentando recomponerse.

Y entonces volvió a buscarlo.

Lo encontró caminando desde el túnel.

Los ojos de Enzo estaban completamente colorados. Había llorado. No hacía falta acercarse para darse cuenta.

Iba abrazando a cada compañero que encontraba en el camino. A Otamendi, a Licha, a Molina, a Alexis, a Leandro. Uno por uno. Como si necesitara pedirles perdón a todos.

Cuando llegó frente a Julián, el tiempo pareció detenerse.

No dijeron nada, no hacía falta.

Enzo lo abrazó con fuerza.

Una fuerza desesperada. Como si en ese abrazo estuviera intentando sostenerse para no caerse.

Julián sintió el temblor de su respiración.

Y antes de separarse, Enzo dejó un beso pequeño junto a su cachete.

Tan suave que cualquiera podría haber pensado que había sido un accidente. Pero Julián supo exactamente qué significaba. Era un perdón que todavía no podía pronunciar.

Lo vio alejarse para abrazar al resto y sintió unas ganas inmensas de ir atrás de él, de llevárselo lejos de todas las cámaras, de todos los periodistas, de todos los análisis que al día siguiente iban a buscar un culpable donde no lo había.

Cuando empezaron a caminar hacia la tribuna para agradecerle a la gente, la hinchada argentina seguía cantando. No había silbidos. No había reproches. Sólo aplausos.

Eso hizo que doliera todavía más.

Julián levantó la vista.

Enzo ya lo estaba mirando.

Se quedaron así unos segundos. Después el morocho caminó despacio hasta quedar a su lado.

No dijo una palabra. Simplemente se acomodó ahí. 

Hombro con hombro.

Lo suficientemente cerca para que Julián sintiera el calor de su brazo. Lo suficientemente cerca para que entendiera el mensaje.

Estoy acá.

Julián tragó saliva. Tenía las manos cerradas en puños para que no temblaran. Sentía los ojos arder.

No quería llorar delante de toda esa gente. Enzo lo vio.

Y el corazón volvió a rompérsele.

Porque Julián siempre había sido el que sonreía primero. El que levantaba al resto. Verlo así era insoportable.

Sin pensarlo, rozó apenas el dorso de su mano con el de él, un gesto mínimo, casi invisible. Pero suficiente.

Como habían hecho toda la vida.

"Estamos juntos."

"Podemos con esto."

El camino hasta el vestuario fue el más silencioso que cualquiera de ellos recordara. Sólo se escuchaban algunos sollozos perdidos. Licha abrazaba a Cuti mientras Molina les acariciaba la espalda. Nico Paz tenía un brazo alrededor de Barco, los dos más chicos intentaban sostenerse mutuamente sin demasiado éxito.

Musso apareció otra vez al lado de Julián. Lo rodeó con los brazos desde atrás y apoyó la frente en su cuello durante un instante.

Julián levantó una mano y le acarició el antebrazo.

No tenía fuerzas para decirle nada, ni siquiera podía consolarse a sí mismo.

Aun así lo intentó. Porque era lo único que les quedaba.

Mientras caminaba, seguía buscando a Enzo con la mirada. Lo encontró sentado frente a su casillero, guardando las vendas con movimientos lentos, casi mecánicos. Dobló la camiseta con un cuidado exagerado, como si concentrarse en eso fuera la única forma de no romperse otra vez.

El viaje al hotel transcurrió envuelto en un silencio pesado. Nadie tenía ganas de hablar. Algunos miraban por la ventana. Otros mantenían la cabeza gacha. Ninguno tocaba el celular.

Julián se sentó al fondo.

Enzo ocupó el asiento junto a la ventanilla, sacó el teléfono únicamente para escribirle un mensaje a Valen: "Estoy bien. Perdón si no contesto mucho. ¿Hablamos mañana? Te quiero."

Bloqueó la pantalla enseguida. No quería abrir ninguna red social, no quería leer titulares, no quería ver repeticiones de la expulsión.

Ni opiniones de gente que jamás había sentido el peso de vestir esta camiseta.

Apoyó la cabeza contra el vidrio.

Después de unos minutos, casi sin darse cuenta, terminó inclinándola sobre el hombro de Julián.

Él no se movió.

Al contrario.

Apoyó apenas la suya contra la de Enzo.

Y dejó que el silencio hablara por ellos.

Pero los pensamientos de Julian cayeron como una avalancha.

¿Y si hubiera corrido un poco más?

¿Y si hubiera presionado aun mas?

¿Y si no hubiera jugado lesionado aquella semifinal?

¿Sí no hubiera hablando de su futuro?

¿Y si hubiera hecho algo distinto?

¿Y si?

Capaz hoy éramos campeones.

Sintió que los ojos empezaban a humedecerse otra vez.

Entonces la mano de Enzo encontró la suya. La entrelazó despacito, sin mirarlo, sólo sosteniéndolo.

Como si quisiera decirle que dejara de castigarse.

Cuando llegaron al hotel, caminaron hasta la habitación sin despegarse demasiado. Nadie habló. Nadie tenía energía para hacerlo. El sonido de las valijas rodando sobre el piso parecía exageradamente fuerte en medio de tanto silencio.

Entraron, la puerta se cerró detrás de ellos. Los dos dejaron los bolsos en cualquier lado.

Ninguno sabía qué hacer, se quedaron de frente. Mirándose con los ojos hinchados, con el pecho apretado.

Hasta que Julián dejó de pelear contra lo que le gritaba el corazón. Abrió los brazos, no dijo nada, no hacía falta.

Enzo se quebró en ese mismo instante.

Cruzó la habitación en dos pasos y cayó contra él con toda la fuerza que había estado conteniendo desde la expulsión. Escondió la cara en su cuello y el llanto salió sin ningún tipo de control.

—Perdón, Juli...

Las palabras apenas podían entenderse entre los sollozos.

—Perdón... perdón por todo...

Se aferraba a él con tanta fuerza que parecía tener miedo de que desapareciera.

—Perdón...

Julián sintió que el corazón terminaba de romperse.

Las lágrimas, que llevaba horas intentando contener, empezaron a caer sin remedio.

Escondió también la cara en el cuello de Enzo. Respiró su perfume, necesitaba anclarse a algo.

A él.

Siempre a él.

Lo abrazó todavía más fuerte.

—No... perdón yo...

La voz le salió rota.

—Perdón por no lograrlo.

Cerró los ojos con fuerza.

—Perdón por no arriesgarme... cuando vos sí lo hiciste aquella noche.

Enzo negó desesperadamente.—No digás eso...

—Lo siento igual.

Se quedaron abrazados durante quién sabía cuánto tiempo.

Dos pibes que se conocían desde los diecisiete, dos chicos que habían crecido juntos. Que habían compartido inferiores, concentraciones, sueños. Que habían imaginado levantar otra Copa del Mundo. Y ahora tenían que aceptar que el fútbol también era esto.

Perder.

Separarse.

Enzo iba a volver a un país que lo detesta. Julián regresaría a un club que lo odia.

Era injusto, lo único que querían era volver atrás.

Cuando sólo eran Juli y Enzo.

Dos pibes intentando comerse el mundo.

Aflojaron el abrazo muy despacio. Lo justo para apoyar las frentes una contra la otra. Los dos respiraban con dificultad.

Enzo mantenía los ojos cerrados.

—Enzo...—Él no respondió.—Miráme.

Despacio abrió los ojos, seguían llenos de lágrimas. Pero cuando encontró los de Julián, respiró hondo.—Lo vamos a volver a hacer.

Julián sintió un nudo en la garganta.—¿Sí?

Enzo asintió.—Sé que podemos.

Le acarició la mejilla con una ternura infinita.—Vos y yo nos vamos a volver a comer el mundo.

Y antes de que el miedo volviera a aparecer, acortó la distancia entre los dos.

Lo besó. 

Por primera vez en mucho tiempo, era Julian quien inicia un beso entre ellos.

No había desesperación, no había deseo. Sólo una necesidad inmensa de recordarle que no estaba solo. Enzo cerró los ojos y respondió el beso con la misma dulzura.

Era un beso que no buscaba nada más que sostener al otro. Decirle, sin palabras:

"Acá estoy."

"No te voy a dejar caer."

Esa noche durmieron abrazados. En cucharita. La cabeza de Enzo quedó escondida sobre el pecho de Julián, que le acariciaba la espalda con movimientos lentos y repetitivos, como si quisiera borrar de a poco todo el dolor que llevaba encima. Enzo tomó la mano libre de Julián y la apoyó sobre su corazón, manteniéndola ahí mientras los dos respiraban cada vez más despacio. El mundo por esa noche dejo de existir. Adentro de esa habitación sólo existían ellos dos, aferrados el uno al otro, compartiendo el peso de una derrota que parecía demasiado grande para cualquier persona. Y, mientras el cansancio terminaba por vencerlos, nació una promesa silenciosa que ninguno necesitó decir en voz alta: algún día volverían a encontrarse en la misma cancha, con la misma camiseta, y volverían a intentar comerse el mundo. Juntos.

 

 

Notes:

Y TODOS LOS ANTI DE LA SELECCIÓN ME LA PUEDEN CHUPAR.
JULIENZO O BALA