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20 segundos.
20 segundos para marcar el final de un partido angustioso y esperanzador para nosotros.
20 segundos para darle final a meses llenos de tantas críticas.
20 segundos para que mi gol sea el que nos dé esa nueva estrella.
20 segundos para dejar ir este recorrido que no solo viví con mi selección, no, lo viví con mi compañero, con mi Pepi.
20 segundos.
He sido suficiente para el mundo?
He sido suficiente para España?
¿Él fue suficiente para mis compañeros?
¿Ha sido suficiente?
Las dudas me arrastran y me dejen como un tiburón que perdió el gusto por la sangre, pero entre medio de todo escucha su voz.
“Ferrii si sigues corriendo así creerán que estás en un maratón”
“Ferri es el mejor”
“No dejes que el ruido te consuma, vos sabés tu valor y si lo olvidas yo estoy acá para recordartelo”
“Te amo, bobo”
Podría seguir y seguir reproduciendo todos esos momentos pero simplemente dejo que la sensación de vacío se llena de dicha con ellas, el estadio está a reventar con los fanáticos de ambos equipos, el sol alumbra más que nunca y la cara de los argentinos pintan un lienzo sombrío, impotente.
Nos mandan a nuestra portería para el saque final realizado por el portero argentino, se prepara y solo puedo sentir mi corazón bombeando hasta mi cabeza, veinte segundos, la pelota es acomodada y patea.
La pelota se dirige directo a nosotros, nuestra portería es cuidada por todos como si fuésemos un Unai más y la presión final de todos los argentinos se siente como una pared que está apunto de aplastarnos solo para asfixiarnos en busca de su propio aire.
Sin embargo, cuando estamos tan concentrados en una meta, no importa que tanto traten de desviarte el objetivo no cambiará. La pelota rebota y aunque entra en el área rápidamente la desviamos, escuchando por fin el final de los veinte segundos más angustiosos de nuestras vidas.
El silbato suena, la bandera es levantada y aunque veo cuerpos blancos/celestes caer, solo puedo pasar a través de todo y buscarlo, buscarlo a él.
A mí sweetie.
A mi Pepi.
A el hombre que cada día me acompaña y me hace mejor persona.
A él.
A mis ojitos bonitos.
A el amor de mi vida.
Porque aunque todos corren para ir a levantar la copa, yo corro para ir a fundirme en sus brazos porque este es el mejor momento que he tenido en mi vida.
¿Dónde está el trofeo? No lo sé, pero veo a sus ojos inquietos encontrarme para luego correr directo a mis brazos abiertos.
—Lo hicimos, realmente lo hicimos, ferri!
—Lo hicimos, mi Pepi, lo hicimos amor.
Mis brazos lo toman, alzandolo como tantas veces lo he hecho a lo largo de nuestra vida siendo amigos, compañeros, amantes del corazón del otro.
Nuestras frentes se unen y solo puedo ver sus ojos perdiendose en los míos y diciéndome tanto como sus palabras atropelladas llenas de —“No puedo creer tu gol, yo, somos campeones del mundo tonto.”
Somos campeones del mundo.
Somos campeones del mundo y mi gol marco la victoria.
La emoción nubla mi vista y obstruye mi garganta por lo que de mi solamente sale un simple —“Te amo, campeón del mundo”.
Sus pestañas espesas caen regalandome una mirada apenada y esconde su cabeza en mi cuello, sin importar lo sudados que estamos, nada nunca se ha sentido más correcto que su cuerpo presionado junto al mío como uno solo, a solo minutos de alzar la copa por la que tanto luchamos, beso la parte superior de su cabeza y rápidamente bajo para encontrarme con el lateral de su rostro.
Sé que lo que haré es una locura, pero realmente la euforia en mi cuerpo solo me dice la genial idea que es besar a mi novio en la final de una copa del mundo.
Mi mano izquierda rápidamente toma su cintura, sus ojos me miran de forma interrogante y de su boca solo sale un suave “Ferran”, sus manos no salen de mi cuerpo y mi mano derecha conecta con su cuello, nuestros frentes se tocan, mi cabeza gira, sus ojos se cierran, nuestras narices se rozan, mis ojos se cierran y...
Siento como rápidamente nos rodean.
Sin embargo...
Lo único que realmente importa son nuestras bocas bailando un dulce baile que hemos realizado millones de veces pero que el mundo aún no está preparado para ver del todo.
La magia se siente a nuestro alrededor y aunque todos tengan la ilusión de alzar esa copa, mi mayor trofeo se encuentra entre mis brazos, siendo besado y desarmado por mí.
Nuestro equipo nos susurra lo orgulloso que están de nosotros y escucho a Olmo susurrar un —“El goleador se merece muchos mimos de victoria” por lo que las risas y palmadas no se hacen de esperar, Pedri se separa con una gran sonrisa y aún con sus ojos cerrados deja escapar una risa que solo puedo escuchar embelesado con la imagen que me regala, su felicidad simplemente contagiando la mía.
—Muchas gracias eh, que el bruto este no pudo esperar a presumir la cacería que lleva hoy con él.
Su comentario provoca risas y silbidos, mientras que yo solo quiero saber que tan larga es la ceremonia, para poder tenerlo solo para mí.
Mi trofeo.
Con el que me gané el primer mvp, ese que hace algunos veranos fue mío por atreverme a dar el paso final para tenerlo como mi pareja de vida y no solo de equipo.
Y aunque la rueda a nuestro alrededor nos cubrió de las cámaras, sé que la mayoría ya debe imaginarse que todo lo de él me pertenece tanto como yo le pertenezco a él. Sé que el círculo solo tapó la prueba más contundente pero la verdad siempre reside en los pequeños detalles como mi mano en su cintura, sus manos en mi cuerpo, su sonrisa despampanante cada que me vé y mi felicidad cada que lo siento a mi alrededor, su cuerpo y el mío inclinados como uno solo, perteneciendose.
Porque no hay nada de mi que no le pertenezca a este hombre de hermosos ojos brillantes, a mi preciado chico, cada gol y trofeo le tienen envidia a lo mucho que brilla Pedri González para mí.
La copa nos la llevamos a nuestro país, sin embargo, la ironía del asunto es que sigue siendo solo lo segundo más importante del torneo porque lo primero siempre será haber encontrado sus brazos entre la multitud.
Haber compartido este viaje con él, dónde no solo aprendí a amarlo más sino también a amarme a través de su hermosa mirada.
Aún siento en mis labios el sabor de los suyos, aún mi cuerpo no se ha separado de él y cuando nos reunimos con nuestras familias solo puedo imaginar el futuro brillante que nos espera, que me espera a su lado.
Su mano es firme mientras me sostiene y sus ojos inquisitivos me buscan solo para saber si estoy bien, como si alguien pudiese estar mal luego de encontrar el elixir que le dará sentido a su vida...
19/07/2026
