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Tras el gol de Ferran Torres, el momento en el que todos los jugadores de la selección española invadieron el campo para celebrar, Mikel solo podía mirar atrás, a su compañero que en unas semanas volvería a ser su rival.
Unai estaba celebrando en la soledad de su portería, Mikel quería correr hacia él, pero sus piernas le llevaron a celebrar el gol con el resto de sus compañeros.
Fue con el pitido final cuando Mikel corrió hacía Unai, encontrándose en el medio del campo y dándose un fuerte abrazo.
—Lo hemos hecho, hermano — dijo Mikel, mirando hacia arriba, a esos ojos marrones que llevaban volviéndole loco semanas.
—Somos campeones del mundo.
Mikel abrió la boca para contestar cuando oyó gritos, y no gritos de alegría. Había estallado una pelea en el campo.
Ambos salieron corriendo a sacar a sus compañeros de ahí.
Oyarzabal agarró a Gavi, que se estaba pegando con Leandro Paredes.
—¿Qué haces? — preguntó el vasco, incrédulo.
—El soplapollas este, que no acepta que su país es una mierda.
—Cálmate, acabamos de ganar el mundial, no des esta imagen — le dijo Mikel mientras le arrastraba lejos de la pelea. —Somos mejores que ellos, en todos los sentidos.
El resto de la celebración en el campo pasó en un suspiro.
Mikel estaba recogiendo su habitación del hotel, procesando lo que acababa de pasar, cuando oyó un toque en su puerta.
Se acercó para abrir y vio esa cara que parecía esculpida por los mismísimos ángeles.
Eres precioso, pensó Mikel.
Es tu compañero, Mikel, no puedes pensar así de él, dijo esa voz malvada en el fondo de su cabeza.
—Estoy muy borracho, tío — fue lo único que salió de la boca de Mikel.
—Y lo que nos queda — Unai entró a la habitación y se sentó en el borde de la cama. —El bus va a salir en quince minutos, ¿lo tienes todo listo?
No, me falta lo más importante.
—No encuentro las botas.
—Creo que las tiene Cucu.
—Entonces si, lo tengo todo.
No todo.
★★
Al llegar a Madrid hicieron las visitas protocolarias a la familia real y al presidente.
Después comenzó la fiesta.
Estaban todos en una burbuja, no eran capaces de procesar del todo lo que habían conseguido.
Las calles estaban llenas de gente contenta. Ellos habían conseguido eso, habían conseguido unir a un país entero tras unos tiempos en los que el país parecía completamente separado socialmente.
Mikel sentía que en su cuerpo había más alcohol que sangre y temía hacer alguna locura delante de toda la gente.
Sabía que si hacía lo que llevaba semanas queriendo hacer, su carrera podría caer en picado. Los aficionados no le querrían más. Tendría el apoyo de su club, pero no podría soportar el odio de la gente.
Cuando por fin había conseguido dejar los pensamientos sobre Unai a un lado y pudo celebrar con el resto de compañeros, vio algo que le rompió por dentro.
Unai besó a Yeremi Pino.
Oyarzabal le quitó el cubata al primer compañero que vio con una copa en la mano, le metió un trago y sintió muchas ganas de vomitar. No era capaz de descifrar si era por el alcohol en su cuerpo o por la imagen que acababa de ver.
Miraba hacia abajo y veía a toda la gente siendo feliz, disfrutando del que debería de ser el día más feliz de sus vidas. Pero Mikel tenía una batalla interna de la que no se iba a poder librar. Había conquistado la cima del mundo, pero su mundo no estaba completo.
—¿Estás bien? — le preguntó de repente Pedri.
—Si, hermano — mintió Mikel. —No asimilo esto — dijo, señalando a la gente.
—Te quieren un montón.
Esas palabras, aunque parecieran ser solo palabras, hicieron algo en Mikel que le ayudaron a ver el día de otra manera.
Empezó a disfrutar la celebración, esta vez de verdad. También fue un alivio darse cuenta de que no era el que más borracho iba.
Pasó el resto de la rúa bailando, saltando y gritando con sus compañeros.
Unai se acercó a él, abrazándole por detrás y levantándole en el aire.
—Están en una onda un poco positiva — vaciló Unai, dejando a Mikel en el suelo y mirándole a los ojos. —¿Sabes el motivo?
—Lo sé muy bien.
En ese momento, Mikel decidió arruinarlo todo. Sintió que estaban solos, no importaban las miles de personas a su alrededor, solo estaban ellos dos.
—¡¿Por qué has besado a Yeremi?!
—¿Qué? — respondió el portero, sin entender bien la pregunta.
—¿No te das cuenta?
—¿Qué coño estás diciendo, Mikel?
—Llevamos más de un puto mes juntos, creía que no era solo yo quien se sentía así.
La mirada en los ojos de Unai estaba llena de confusión.
Durante el último mes habían estado siempre juntos, después de los entrenamientos se juntaban a jugar a la consola, juegos de mesa… lo que fuera. A veces habían más compañeros con ellos, pero Unai y Mikel siempre estaban juntos. Y Mikel no podía entender como solo él se sentía así, creía haber notado señales por parte de Unai, evidentemente no había hecho nada al respecto, no quería poner en peligro la estabilidad del grupo. No se arrepentía de no haber actuado antes, si lo hubiera hecho a lo mejor no estarían celebrando haber ganado el mundial, pero ahora ya no tenía nada que perder, no jugaban en el mismo club y ahí no podía crear inestabilidad.
—En Cibeles hablamos — fue lo único que dijo Unai.
Una fotógrafa de la selección les dio la copa del mundo y les hizo una foto a los dos juntos. Bailaron juntos durante un rato, pero ninguno de los dos se veían bien.
En Cibeles hablamos, ¿qué me querrá decir? era lo único en lo que Mikel podía pensar.
Por suerte, llegaron rápido a Cibeles.
Ya habían organizado como iban a salir al escenario, saldrían por el orden de sus dorsales, por lo que tendrían unos minutos para hablar.
Unai apartó a Mikel al único lugar detrás del escenario donde no había nadie.
—¿Qué coño te pasa? Llevas todo el día sin dirigirme la palabra — exigió Unai, con un tono enfadado, pegando a Mikel contra una viga que sostenía el escenario.
—¿Por qué coño has besado a Yeremi?
—¿Sigues con eso?
—¿Por qué le has besado? — la voz del delantero salió triste, ya no se sentía enfadado, solo impotente.
—Porque me lo ha pedido.
—Bésame — dijo Mikel, si con Yeremi eso había funcionado, ¿por qué no funcionara con él?
—¿Qué?
—Él te lo ha pedido y lo has hecho, yo también te lo estoy pidiendo.
—Mikel… Sabes que no puedo.
—¿Por qué? — Mikel empujó a Unai, alejándole de él. —¿Es porque somos compañeros? ¿La semana que viene volveremos a ser rivales?
—¡Lo de Yeremi no significa nada!
—¡Qué le follen a Yeremi!
Unai agarró a Mikel por los hombros, mirándole fijamente a los ojos.
Unai abrió la boca para hablar, pero Mikel no le dejó.
—¡Llevo un puto mes contigo y no puedo más! Y se que no soy solo yo, tu también has estado buscándome. Me he aguantado todo este tiempo para no cagarla y…
Unai no dejó que Mikel acabara la frase. Juntó sus labios con los del delantero antes de que pudiera decir algo más.
Cuando ninguno de los dos puso distancia abrieron sus bocas y el beso se intensificó.
Tras unos instantes, se separaron.
—No sabía que te sentías así — dijo el portero.
—Yo creo que era bastante obvio.
Ambos se quedaron en silencio unos segundos, y fue cuando Mikel se dio cuenta de dónde estaban.
—Deberíamos volver con el resto.
—Después hablamos.
★★
Tras la celebración, los jugadores que no vivían en Madrid fueron al hotel de la federación.
Unai y Mikel fueron a la misma habitación.
Unai se tumbó en la cama y Mikel no podía asimilar lo que había pasado hacía escasas horas.
Estiró el brazo en la almohada, indicando a Mikel que se tumbara con él.
—¿Y ahora qué? — preguntó Unai
—Ahora sí que lo tengo todo.
Unai miró a Mikel y le dio un suave beso en los labios.
—Vivimos a una hora, ¿nos podremos ver cuando volvamos a Euskadi? — preguntó el delantero, las dudas habían vuelto a su mente.
—Me mudo a tu casa si me dejas.
FIN
