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El tiempo en tus manos

Summary:

Lisandro Martinez es jugador profesional en el equipo de fútbol del club Manchester United, en Inglaterra, y también jugador en la defensa de la selección argentina. Después de haber sufrido una dura lesión que lo obligó a dejar las canchas por un tiempo, se siente desorientado y no sabe bien cómo seguir. Ha terminado recientemente una relación de muchos años, debe adaptarse a esa nueva soltería, está preocupado por su futuro profesional, no tiene idea de cuándo va a volver a hacer lo que más ama y encima debe lidiar con las consecuencias de varios impulsos. Cuando conoce a su nuevo kinesiólogo y preparador físico y aprende a confiar en él es que las cosas comienzan a encaminarse. Quizás descubra que ponerse en manos de ese desconocido que quiere ayudarlo puede llevarlo a vivir el mejor partido de su vida.

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

 

Ya había caído la noche sobre la ciudad de Manchester cuando Lisandro salió del hospital y entró aún con algo de dolor al auto, pensando en lo mucho que necesitaba regresar a la paz de su hogar.

—Licha ¿seguro que estás bien? — preguntó Muriel apenas unos segundos después, cuando se sentó junto a él y cerró la puerta del vehículo. El chofer salió enseguida del estacionamiento.
—Sí, tranqui.

El efecto de la anestesia se había ido mucho antes de lo que había esperado, pero el dolor era dentro de todo tolerable, por el momento. Al menos consideraba que era el dolor habitual luego de una operación de rodilla por rotura de ligamentos. Molestaba, sí, pero había otro dolor que podía ser mucho más intenso que ese.

—Tu silencio… ambos sabemos que pasa con tus silencios.

Lisandro giró su mirada hacia ella.
A veces olvidaba que algunas personas lo conocían demasiado bien. Y Muri a veces lo leía con tanta facilidad … esa era una de sus virtudes. Si bien hacía algunos meses que habían terminado su relación de nueve años y habían decidido separarse, habían crecido juntos, ella era antes que nada su mejor amiga, su aliada incondicional. Por supuesto que ella estaba allí para ayudarlo en su peor momento.

Licha suspiró y acarició su mano.
—ya te dije que estoy bien, al menos todo lo bien que puedo estar en esta situación.

—Perdón por la interrupción. Me informan que en el ingreso al hospital hay un grupo de periodistas, ¿Tomo la salida trasera?— preguntó el chofer, mirándolos por el espejo.
—Sí, por favor. Hoy no tengo humor para tratar con ellos— pidió Lisandro.

Muriel, acariciando la mano de su ex-pareja también con cariño, continuó como si nunca la hubiesen interrumpido— Yo creo que tendrías que haber escuchado al médico. Él lo dijo. Podrías haberte quedado una noche en observación, tranquilo en el hospital. Las enfermeras podían asegurar que no tuvieras dolor por unas horas.

— Ni loco. Prefiero estar en casa— renegó Lisandro—créeme, Muri, no duele tanto. La lesión me dolió más, mucho más.

La rubia notó como su voz fue gradualmente descendiendo mientras lo decía.

Ella le acarició la mejilla, leyendo la preocupación, el miedo, la angustia, todas esas emociones que Lisandro no se permitía expresar del todo en voz alta.

— Lo sé. Bueno, no, no lo sé porque nunca viví una lesión así yo misma, pero sí puedo imaginar lo que te habrá dolido. Y no, no estoy hablando solo del dolor físico—suspiró ahora ella— vas a estar bien, Licha, hoy diste un paso muy importante. Cuando te quieras acordar esto será solo un capítulo más de tu historia que ya quedó atrás. Confiá.

— Tenés una mirada demasiado positiva siempre. Sos tanta luz, Muri ...

— Bueno, alguien tiene que serlo por vos mientras no puedas— sonrió ella—te prometí que iba a seguir estando aún en las noches oscuras. Más allá de eso, sé muy bien lo que estoy diciendo. Todo pasa, esto también va a pasar— le dejó un beso en la frente y cortó la caricia de sus manos para inclinarse y hablar con el chofer.

Lisandro se removió en su lugar, acomodándose mejor en el asiento para que la pierna le molestara un poco menos y miró por la ventanilla. Ya estaban transitando una de las calles cercanas al hospital, habían logrado evadir a los periodistas y suponía que a esa hora, el viaje sería relativamente corto hasta la casa que había comprado, refaccionado y que actualmente habitaba en Manchester. La ciudad se abría cada vez más iluminada, mostrando su imponente belleza, pero le costaba concentrarse en admirarla como otras veces lo hacía. Había algo que le pesaba, antes de la cirugía, y que aún seguía ahí adentro.

Sabía que tenía que estar contento, lo sabía, la operación había sido un éxito, por lo que ahora solo le quedaba hacer el tratamiento, la recuperación. La parte más riesgosa ya había terminado. Pero aun así, pensar en que le quedaba todo un largo camino por delante hasta poder regresar al club, a la cancha, a hacer lo que más le gustaba hacer, a su verdadero hogar … bueno, no podía evitar que le ganara la ansiedad y sentirse miserable. Aún no se perdonaba a si mismo por haberse lesionado otra vez en tan poco tiempo, de una forma tan idiota, y menos en el momento en que había pasado. La selección lo esperaba, en unos meses tenían partidos para jugar, y él se moría por vestir la camiseta argentina una vez más, era su mayor meta, siempre, representar a su país. Sabía que tenía que trabajar en esa culpa, en fortalecer su mente más que nunca para todo lo que venía, pero bueno … no tenía que hacerlo todo esa noche.

Suspiró mirando por la ventanilla sabiendo que Muri lo estaba mirando disimuladamente y la verdad es que no quería preocuparla demás, pero hacía lo que podía con sus emociones.

Cuando llegaron a la residencia unos minutos más tarde no tardó en darse cuenta que tenía visitas.
Reconocía ese auto aparcado en la entrada, a pesar de que hacía tiempo que no veía a su dueño.

— Tiene que ser una joda— se le escapó en voz alta.

Muriel sonrió con cierta satisfacción, como quién había jugado una apuesta a que esa iba a ser justamente la reacción de Lisandro al ver eso.
—¿de verdad crees que te vas a liberar de él tan fácil?

— ¿qué mierda hace acá? le dije que no hacía falta que viaje— protestó.

— Es uno de tus mejores amigos y te quiere un montón, por supuesto que iba a venir.

— ¿está adentro?

— claro, ¿quién crees que le dio las llaves mientras a vos te operaban?

— ¿O sea que ustedes dos hablan a mis espaldas? ¿estuvo en el hospital? excelente, conspiran en mi contra — exageró.

— A tu favor, cariño, siempre a tu favor— dijo Muri acariciando su mejilla y sonriendo — Vamos — lo ayudó a entrar a la casa.

No más atravesar la puerta, encontró a Nahuel tirado en el sillón viendo un canal deportivo en la TV, levantó la mirada al escuchar pasos.

— ¡Licha! Al fin, te estaba esperando ¿Cómo estás? — saludó con su gran sonrisa, apagando el televisor y acercándose a ellos.

— No tendrías que haber venido, no entiendo qué haces acá.

— yo también te extrañé, hermano—Molina lo abrazó riéndose— A estas alturas tendrías que saber bien que no te podés esconder de mí, nos cubrimos el uno al otro siempre, ¿verdad? dejá, Muri, yo me encargo del terco este— le guiñó el ojo y sonrió sin despegarse de Licha, que giró los ojos con dramatismo, pero se dejó ayudar por su amigo que le dio una mano para llegar hasta el sillón y poder sentarse.

Muriel rió suave y miró a su ex-pareja.

—Tenés que comer algo antes de tomar la otra pastilla y acostarte—le recordó—voy a preparar mate y ver que encuentro para que comas— avisó mientras dejaba su bolso colgado junto a su abrigo.

—Sí, mi señora.

—No me hables así, no te estoy dando una orden, quiero cuidarte.

—perdón— reconoció Licha y la miró con más suavidad—hoy estoy muy imbécil, perdón, no es con vos… creo que quedaron sándwiches de miga en la heladera, si hay, ¿traes?

Muriel sonrió asintiendo antes de perderse por el pasillo que conducía a la cocina.

Lisandró entonces observó con más detalle a su mejor amigo.
—¿Estás seguro de que querés desperdiciar tus días libres en ser mi enfermero? — preguntó, sonriendo un poco.

—Es mi gran sueño desde que te conocí, mi fantasía más íntima, ¿nunca te lo dije? — dijo Molina, siguiéndole la joda.
Ambos se rieron, por lo que Licha se relajó un poco en su lugar y cerró los ojos.

—deberías estar disfrutando alguna playa o aprovechar para visitar a tu familia, irte a Argentina, qué sé yo, pero bueno… gracias, por estar acá— dijo finalmente Lisandro, reabriendo los ojos y mirando a su amigo y compañero de la selección— sos un gran amigo, Nahu.

—Lo sé muy bien —Respondió el otro jugador, sonriendo— Te conozco, imbécil. Aunque no lo digas, yo sé que me necesitas y que te hace bien que esté acá.

—Te quiero mucho— admitió Licha, bajando la guardia.

—Yo también. Así que …¿vas a dejar de protestar?

—claro que no— resopló Martinez—solo por un rato.

—Lo imaginé— rió Molina— al menos respondé lo que te pregunté.

—¿Qué cosa?

—¿Cómo estás?

—Bien, feliz, mañana voy a estar saltando en una pata.

—Licha…

—¿Qué querés que te diga, boludo?— hundió su cabeza en la almohada.

—La verdad. Lo que me quieras decir, no sé, sabes que si alguien acá te puede entender un poco más soy yo.

Tenía razón, casi siempre la tenía. Igual que Muriel.
Capaz se rodeaba de ellos porque eran su cable a tierra.

Definitivamente lo eran.

 

Lisandro miro al techo, pensativo.

—Me duele.

—Bien, ese es un comienzo.

—Duele más de lo que pensé… y no es sólo un dolor físico.

—Lo sé, amigo. ¿Estás preocupado?

—Muchísimo — hizo una pausa bastante larga que Molina no interrumpió. Sabía que estaba buscando las palabras, cómo decirlo...
— Tengo miedo. Por todas las consecuencias que puede tener esto ¿no? Me siento un idiota. Lesionarme otra vez y así…—se terminó llevando ambas manos a la cara, frotando la piel contra sus palmas—... culpa, siento culpa.

—Bueno, que sos un idiota, eso ya lo sabemos todos— Sonrió Molina, sentándose a su lado—¿pero culpa? en serio, hermano ¿culpa de qué? ¿de lesionarte?

Licha asintió despacio.

—Vos y yo bien sabemos que las lesiones son habituales cuando jugás al fútbol y no es como que lo hayas hecho a propósito, simplemente pasó, es la adrenalina del momento. Es así, nunca sabés cuándo te vas a lesionar, pero sabes que es probable que te pase en algún momento y solo queda rezar que no sea grave.

—Ya sé, pero igual me siento culpable… por tener lesiones tan seguido y sobre todo por esta lesión, por no poder llenar las expectativas, por tener una lesión así justo ahora, cuando falta poco para volver a la selección, a los partidos importantes.

—O sea, que sentís culpa de no estar listo a tiempo para volver al campo a jugar conmigo. Esto es hermoso—

Licha frunció la ceja, mirándolo- En Serio que sos increíble. Cómo llegás a esa conclusión…
—Yo sabía que me amabas más de lo que admitías, gracias— lo interrumpió Molina y lo despeinó con aprecio, riéndose— ya, hablando en serio, no caigas ahí, Licha.

Lisandro suspiró — es muy difícil, la cabeza no me ayuda.

—Sé que la cabeza en estas situaciones juega en contra y es difícil frenarla. Pero es ahogarse en un vaso de agua y no te ayuda en nada. Tenés que focalizar en lo importante ¿Tenés algún tipo de control sobre todo eso? no. Lo único que podés hacer hoy es ponerte las pilas con la recuperación para tratar de que sea efectiva y regresar lo antes posible—sugirió Nahuel.

Lisandro lo miró — vos tendrías que ser psicólogo, se te da bien.

—Nah, mejor dejame jugando al fútbol y siendo tu cómplice en el campo, es más divertido.

—Bueno, ¡A comer! — se escuchó la voz de Muriel acercándose, regresando de la cocina con una bandeja cargada de sándwiches de miga y el equipo de mate.

—Uy, pero mirá la pinta que tiene eso. Qué rico!!—celebró Molina, robándose dos de jamón y queso antes de que ella pudiera apoyar la bandeja en la mesa ratona.

—Sos un muerto de hambre— señaló Licha.

—Más respeto, que te estuve esperando una banda y no toqué nada de tu comida.

Lisandro se rió pero también agarró un sándwich, mientras Muri se sentaba a su otro lado y preparaba el mate para la primera ronda. Con ellos dos ahí tenía que admitir que las molestias eran más llevaderas. La pierna dolía un poco, y sabía que al menos por unas horas iba a necesitar un poco de ayuda para moverse y no sobreexigir la rodilla, pero su humor empezaba a mejorar un poco, al menos era más tolerable.

Se quedaron en la sala de estar tomando mate y conversando sobre el club, la operación, como seguir en los próximos días, y algunos de los otros jugadores de la selección que le habían mandado saludos y una buena recuperación a Licha. Pasó casi una hora hasta que de verdad se empezó a sentir el cansancio del día y de la cirugía, así que Lisandro les avisó que se quería ir a dormir.

Sabía que Nahuel y Muri se iban a quedar unos días ahí con él, tenían sus habitaciones preparadas. Lo bueno de haber comprado una residencia con varias habitaciones cuando se mudó a Manchester es que se podía permitir tener a sus visitas, a sus seres queridos bien cerca. Y Muriel conocía bien la casa, ya que habían llegado a vivir juntos ahí antes de que tomaran la decisión de separarse. Ella tenía su departamento ahora, por el momento había decidido continuar su vida en Manchester, pero sabía que deseaba volver a Argentina más adelante.

Nahuel le pasó el mate a Muriel agradeciéndole y levantándose, le dio una palmada suave en la pierna sana a Licha—vamos, yo te ayudo.

—Esperá un segundo— Muriel se acordó de algo, se levantó para buscar su bolso y sacó una pequeña caja amarilla del interior. Regresó con ella y se la pasó a Lisandro. — son las pastillas que te indicó el médico. Tenés que tomar una, solo una, antes de dormir.

Licha le sonrió guardando la caja en el bolsillo y abrazándola de costado, dejando un beso en su sien—Gracias, por todo lo que haces. Te quiero mucho.
Muriel lo miró con amor, dándole una palmada cariñosa en la cara y separándose para que Molina pudiera ayudarlo—descansa, cariño.

Se fueron todos a dormir.
Nahuel le dio una mano para que pudiera andar por el pasillo hasta la habitación.

—¿estás seguro qué todo está terminado, recontra terminado con Muriel?
preguntó su amigo de la nada.

—Mm? —Lisandro frunció el ceño mirándolo confundido—¿Y eso? sí, amigo. Ya hablamos sobre esto. ¿por qué preguntás?

—No sé, no te ofendas. Pero los veo juntos y se ven tan bien, son tan perfectos juntos. Sin dudas ahí hay un amor enorme.

Lisandro sonrió— es que sí, la amo. Y ella me ama, ya viste. Pero nos dimos cuenta hace rato que pasaba algo más… —pausó lo que iba a decir, no era el momento de dar más detalles—... nos queremos muchísimo pero como amigos, como familia. No hay deseo, no hay interés sexual digamos. Qué sé yo, fueron muchos años y creo que con el tiempo lo que empezó se fue transformando en otra cosa. Pero creo que estamos mejor así, es lo más justo para los dos.

Nahuel no insistió pero algo en su mirada le confirmó a Licha que el tema no estaba del todo zanjado ahí.
Era como si estuviera preparando nuevas preguntas, pero para otro día.

Entraron al dormitorio y Nahuel lo ayudó a sentarse en el borde de la cama.

—Pasame una remera de las que tengo ahí, primer cajón— le pidió a su amigo, señalándole uno de los muebles. Así lo hizo el cordobés
—¿te ayudo con la ropa?

Lisandro soltó una risita y negó.
— ya quisieras. No, no hace falta, puedo solo.

El otro jugador le arrojó una almohada a la cara en joda— Mirá como te haces el gracioso ahora, se ve que ya estás mejor—
sonrió—aunque bueno, como hombre heterosexual reconozco que a pesar de que estas tirado sin moverte te ves muy bien, mirá ese cuerpazo, que hermoso sos hijo de pu-

Licha soltó una carcajada - sos una mierda.

—dejá que esta mierda te ayude en algo más, vamos a acostarte.

Le ayudó a desarmar la cama lo suficiente para meterse abajo de las sábanas y se aseguró de que consumiera la pastilla que le indicó el médico. Solo entonces se acercó a él y le encajó un beso en el cachete.

—agh, ya! salí de acá—renegó Lisandro, sonriendo de lado.

—que tengas buenas noches y duermas con los angelitos— lo jodió el otro.

—sos insoportable. Andá, enfermerita, andá.

Nahuel soltó otra carcajada mientras iba para la puerta—Si necesitás algo estoy en la habitación de al lado, escribime o llamame y vengo.
Descansa, hermano.

Lisandro le deseó buen descanso también.

Iba a girarse para dormir de perfil como acostumbraba hacer, pero enseguida recordó que no podía.
La rodilla.
Suspiró algo molesto de no poder mantener esa costumbre tampoco.
¿Algo más le iba a sacar esa estúpida lesión?

Respiró hondo y acomodó mejor las almohadas para dormir boca arriba.
No era su posición favorita, pero no le quedaba otra más que aguantársela. Cerró los ojos e intentó dormirse.

Su mente lo fue llevando por diferentes pensamientos: los mensajes de sus amigos. La operación. Las palabras del médico asegurándole que la cirugía había salido excelente y no tenía nada de qué preocuparse. Los medios de comunicación y lo último que había leído en redes sociales sobre él. Las lesiones previas jugando para el Manchester. Nahuel recordándole que dejara de hundirse en ese pozo. El mundial 2022 en el que habían salido campeones del mundo con Argentina (sí, por supuesto que pensaba en eso algunas veces y las ganas que tenía de repetirlo) y entonces volvió.
Regresó a ese partido trágico contra el Crystal Palace, cuando a los ochenta y dos minutos tuvo que dejar la cancha por esa lesión que ahora mismo lo tenía sin poder jugar al fútbol.

Se recordaba ahí, tirado luego de una desafortunada acción por alcanzar la pelota, tratando de disimular el dolor y pidiendo el cambio con un gesto brusco de sus manos porque solo le bastó un segundo para entender que lo que acababa de pasar no era leve, que acaba de arruinarse, que lo que sentía era sin dudas una rotura ligamentaria y que así no iba a poder continuar.
La puteada que se mandó al aire mientras el árbitro y algunos de sus compañeros lo rodeaban y le palmeaban la espalda... recordó cómo se desplomó en el césped totalmente por el dolor mientras se agarraba la cara. Su desesperación interna ... porque lo sabía, su cuerpo y su mente lo sabían: no volvería al campo de juego por varios meses con una rotura así. En su mente regresó la camilla que ingresó al campo para sacarlo, para que los médicos lo pudieran atender y el juego pudiera continuar. Era pura lágrimas en ese momento pero rememoró las caras preocupadas de los fanáticos en la tribuna más cercana, incluso a un grupo de argentinos vistiendo la camiseta albiceleste y agarrándose la cabeza, mientras otro más alto y de piel más oscura bebía agua y lo miraba serio, fijamente, como si estudiara lo que acababa de pasar.

Dios, ¿Con qué cara iba a enfrentar a los hinchas después de eso?

Las palabras de Nahuel volvieron a calar en él con una voz resurgida:

“Te estás ahogando en un vaso de agua y eso no te ayuda en nada”
“¿Podés concentrarte en lo importante?”.

Y tenía razón. Necesitaba bloquear ese partido horrible.

Solo debía pensar en regresar: más fuerte, más seguro, más preparado para llevarse todo por delante sin volver a lesionarse.

Finalmente pasó: se rindió (o quizás la pastilla hizo su efecto) y se quedó dormido.

Notes:

Hola a todos los que lleguen acá y lean esta historia. Espero que les guste mi ffic del cutilicha ♥ viernes a más tardar está la continuación y ya aparece el Cuti, paciencia jaja, disfruten y si quieren comenten, que los leo! saludos.