Chapter Text
Llevabas saliendo con Unai un par de años y desde hacia unos meses tenías la costumbre de ir a comer con él un par de veces por semana, o algunas veces más, a su casa y, mientras él se iba a entrenar por la tarde, tú te quedabas allí esperándole.
Algunas veces estudiabas, otras leías, otras dormías, otras le preparabas alguna sorpresa...
Esa tarde era diferente, desde que habías comido te encontrabas rara, el estómago te dolía, tenías náuseas e incluso estabas un poco mareada. Así que estabas tirada en el sofá, intentando relajarte para ver si así te encontrabas mejor y esperando que Unai llegara lo antes posible de entrenar porque sabías que, fuera como fuese, él te iba a hacer sentir mejor.
De repente oíste como la puerta del piso se abría - "Amor, ya estoy aquí"
"Hola" - Respondiste en un tono mas flojo de lo habitual que al vasco no se le pasó por alto.
"¿T/n? ¿Dónde estás? ¿Estás bien?" - Preguntó mientras dejaba la bolsa de entrenar en su cuarto e iba a buscarte.
"Estoy en el sofá"
Enseguida que entró en el salón y te vio allí tirada, pálida y con cara de estar pasándolo mal, el mundo se le vino encima y corrió, literalmente, a tu lado. Se arrodilló, cogiéndote de la mano y usando la otra para acariciarte la frente.
"¿Qué te pasa? ¿Tienes fiebre? ¿Qué necesitas?"
Verle así de preocupado por ti te derretía el corazón y solo querías tranquilizarle y hacerle ver que no te ibas a morir, que probablemente solo fuera un virus estomacal o que algo te había sentado mal.
"Desde la comida no me encuentro bien, bicho... Me duele la tripa y tengo ganas de vomitar"
"Pero peque..." - Te dio un beso en la frente - "Haberme mandando un mensaje o algo y hubiera venido antes"
"Estabas entrenando, no lo hubieras visto y, además, no te quería molestar"
"No sé cuantas veces te tengo que decir que tú no me molestas nunca..."
Le sonreíste, o lo intentaste porque en ese momento notaste otro pinchazo en la barriga. Unai se dio cuenta, se levantó y te cogió suavemente de los brazos para sentarte en el sofá.
"Unai... Estoy mejor tumbada" - Te empezaste a quejar, pero enseguida te diste cuenta de que tu novio estaba cogiendo tus zapatillas para ponértelas.
"Sé que estás mejor tumbada y, de hecho, cuando volvamos te voy a dejar que estés como quieras en mi cama pero ahora tú y yo nos vamos al médico"
"No hace falta, de verdad Unai. Si seguro que no es nada..."
"Sea nada o algo lo estás pasando mal y ya sabes que odio verte así, así que nos vamos al hospital y así nos quedamos tranquilos"
Le miraste y pensaste en cómo habías sido tan afortunada de encontrarle. Ahí estaba preocupándose por ti, poniéndote las zapatillas con sumo cuidado como si fueras la cosa más valiosa del universo y tuviera miedo de romperte.
"Ya está. ¿Nos vamos?"
Tú le miraste a los ojos y solo pudiste decir - "Te quiero muchísimo, ¿lo sabes, no?"
Él sonrió y tú te diste cuenta de que sus mejillas estaban un poco más coloradas, y es que aunque os habíais dicho aquellas palabras un millón de veces, los dos os seguíais sonrojando y comportando como niños cada vez que alguno le decía palabras bonitas al otro y eso te encantaba.
Te ayudó a levantarte y en cuanto te quisiste dar cuenta sus fuertes brazos ya estaban rodeándote. Sus abrazos eran lo mejor, tu refugio, y más en situaciones como estas en las que te encontrabas mal. Le rodeaste con tus brazos también y él te susurro un "yo te quiero más" al odio antes de ir a por tu chaqueta, ponértela y guiar tu camino hacia el coche.
Durante todo el viaje y todo el tiempo que estuvisteis en el hospital no paraba de preguntarte cómo te encontrabas, si necesitabas que parara de conducir o que te acompañara al baño. Su mano agarrando la tuya con fuerza todo el rato.
Como era de esperar el médico te dijo que lo más probable era un virus o que algo de lo que habías comido te había sentado mal. Te dijo que siguieras una dieta, tomaras un protector del estómago y que procuraras descansar. Te fascinó lo atento que estuvo Unai durante toda la consulta, cogiendo los papeles que el médico os daba, mirándolos de arriba a abajo una y otra vez como si quisiera aprendérselos de memoria y haciendo miles de preguntas de las cosas que podías o no comer, de cuantas veces te tenias que tomar la medicación...
"Eres el mejor, ¿lo sabes, verdad?" - Le dijiste en el coche de camino a su casa.
"Tú eres la mejor, yo solo quiero estar a la altura" - Y agarró un momento tu mano para dejar un beso en ella.
Al llegar a su casa le mandaste un mensaje a tus padres contándoles lo que pasaba y que te ibas a quedar a dormir allí y ellos, que adoraban a tu novio, aceptaron sabiendo que te iba a cuidar como a una reina. Te cambiaste, poniéndote una de las camisetas de Unai como pijama y te metiste en su cama, cosa que adorabas porque siempre olía a él y por los recuerdos que tenías en ella. Al poco rato entró el vasco con una bandeja en la mano.
"Te he calentado un poco de sopa que tenía en la nevera y también te he traído un yoghurt y, antes de que me digas que no tienes hambre o que no te apetece, yo te digo que el médico ha dicho que a poquitos tienes que comer y beber mucha agua así que ya sabes"
"Pero, Unai..."
"Ni pero ni nada" - Ya había colocado la bandeja encima de la cama y se estaba sentando a tu lado - "Hazlo por mi anda, ya verás como no te sienta mal y luego estás mejor"
Oh, no... Estaba sacando sus armas, en este caso el "hazlo por mi" y su mejor cara de pena - "No me hagas esto, sabes que no puedo decirte que no cuando pones esa cara..."
"Vaa... Por fa... Solo un poco" - Seguía insistiendo haciendo pucheros.
"Te odio, Unai Simón" - Dijiste tú incorporándote para sentarte.
"¿En qué quedamos? ¿Me quieres muchísimo o me odias? - Preguntó él divertido.
Tu contestación fue un golpe flojo en su costado que provocó las risas de ambos.
"¿Me vas a dar tú de cenar? Yo es que estoy muy floja y seguro que se me cae y te macho la cama..." - Tú también sabías jugar a eso de dar pena y de poner blandito al otro.
Unai solo te sonrió y cogió la cuchara para darte de comer. No sabes si fue porque la sopa estaba buenísima, y es que Unai lo hacía todo bien, incluso cocinar, o porque te quedaste embobada mirándole a los ojos mientas te acercaba la cuchara a la boca, pero la cosa es que te comiste todo lo que te había traído sin rechistar.
Una vez te volviste a acostar, Unai te dio un beso en la mejilla antes de salir de la habitación para dejar todas las cosas en la cocina. Pasaron pocos minutos cuando lo viste entrar otra vez, tumbándose a tu lado, su cabeza apoyada en un brazo para poder verte bien.
"¿Bien, princesita?" - Te preguntó mientras empezaba a acariciar tu espalda con la mano libre.
"En la gloria" - Contestaste tú, estirando un brazo para poder acariciarle la cara.
"Ves como después de la comida y la medicación te ibas a encontrar mejor"
"Sí, señor doctor" - Ambos reísteis y Unai se inclinó hacia ti para darte un beso en los labios pero tú le apartaste al segundo - "Nada de besos hoy guapo, no sabemos si es un virus y no quiero que te pongas malo por mi culpa"
"¿En serio?"
Era, literalmente, la primera vez que rechazabas un beso suyo y la verdad que su cara de asombro era bastante graciosa.
"En serio. Si quieres te doy un besito en la frente"
"Pero yo no quiero un beso en la frente, bueno... sí, pero también quiero besarte esos labios perfectos que tienes"
"Nope" - Respondiste divertida.
"A ver... t/n, ¿me estás diciendo que no quieres darme un beso de verdad? - Se había incorporado más en la cama y estaba prácticamente encima de ti, haciendo más difícil la situación.
"Mi vida..." - Dijiste pasando tu otro brazo por detrás de su cuello- "No es que no quiera darte un beso, de hecho te quiero dar mil y te los mereces por cuidarme tan bien, pero de verdad que no quiero que te pongas malo tú también"
"Pero a mi me da igual ponerme malo por darte un beso" - Cada vez ponía más cara de pena y te estaba matando.
"Unai... No puedes ser tan mono de verdad, no me hagas esto más difícil... Mañana si estoy bien te doy todos los besos que quieras"
"Pero yo quiero un beso ahora..." - Y se apartó de ti, quedando tumbado completamente boca arriba, con los brazos cruzados haciéndose el enfadado. Parecía un niño pequeño en aquel momento y tú no pudiste evitar reírte - "¿Encima te ríes de mí?"
"Estás adorable cuando te enfadas"
"Cállate..." - Te dijo mientras sus mejillas se ponían rojas.
"Eres tan cuqui..."
"He dicho que pares... No me piropees si luego no te puedo besar, me haces sufrir"
"Oh, por favor... No seas tan dramático" - Dijiste tú riéndote aún más.
"¡Es verdad! Un mundo sin tus besos es un sufrimiento ahora que sé lo que se siente"
Y tú no podías aguantar más, a la mierda el virus, tenías que besarle.
"Pero bichito..." - Te incorporaste para estar a su altura, le cogiste del cuello y le besaste. Él enseguida siguió el beso y notaste como sonreía satisfecho.
"No estaba enfadado, ¿sabes? Solo quería ver si podía convencerte" - Dijo una vez os separasteis un poco, aún con las caras a milímetros de distancia.
"Ya lo sé idiota, pero no me puedo resistir cuando me dices esas cosas ya lo sabes"
"¿Entonces me das otro?"
"No" - Dijiste volviéndote a tumbar.
"Va, uno más"
"Ya me te he dado uno y me he comido la sopa sin decir nada, ¿no crees que ya has ganado bastante por hoy?"
"Bueno... vaale" - Y notaste como se metía también en la cama- ¿Abrazarte para dormir puedo o tampoco?"
"Sí tonto, ven aquí" - Contestaste abriendo los brazos para que se acurrucara.
Creías que se había dormido cuando volviste a oír su voz - "Aunque odio verte mala o de bajón, y espero no verte así en mucho tiempo, que sepas que voy a cuidar lo mejor que pueda de ti como hoy siempre, ¿vale?"
"No tengo ninguna duda porque sé que tengo el mejor novio del mundo"
"Tú sí que eres la mejor"
Te dio un beso en la frente y tu sonreíste en su cuello.
En aquellos momentos eras la chica más afortunada del mundo y lo sabías.
