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Estabas tocando el cielo.
Tu selección, tus chicos, se acababan de proclamar campeones del mundo.
No lo podías creer.
Después de 50 días con ellos, habiéndoles visto pasar por tantos momentos buenos y no ta buenos, de haber compartido con ellos mil momentos e historias... por fin eran campeones del mundo.
Tú habías conseguido un trabajo como parte del staff médico de la selección por un golpe de suerte y, aunque el principio el vértigo de verte ahí casi arruina la experiencia, el hecho de que todos y cada uno de los jugadores te acogiera como una más desde el minuto uno había convertido esa experiencia en algo inolvidable.
Y dentro de esa familia que era la selección tu corazón siempre había tenido un hueco especial para dos vascos en concreto: Unai Simón y Mikel Oyarzabal.
Unai y Mikel se conocían de mucho tiempo atrás, desde que eran solo unos críos en las categorías inferiores de la Euskal Selekzioa, y habían forjado una amistad que les había llevado más allá su rivalidad en el campo cuando jugaban con sus respectivos clubs en la liga.
Te llamó especialmente la atención el tiempo que pasaban juntos cuando tenían un rato libre y como en muchas ocasiones (mientras jugaban a algún juego, mientras tenían una conversación con otros jugadores...) parecían leerse la mente.
Y, ¿por qué estoy contando esto?
Pues porque a lo largo de la concentración, por unas cosas o por otras, habías tenido momentos de intimidad con los dos en los que habías notado saltar chispas que podían haber prendido la habitación sin problemas.
El tema con Unai surgió más natural. Él era un tipo extrovertido, dentro de su carácter vasco, y había sido el primero que se había presentado cuando tú llegaste a la concentración. Su carácter vacilón había encajado contigo en seguida y lo elegiste como persona de confianza para intentarse ganar el cariño de todos.
Con Mikel, por otro lado, te costó un poco más por su carácter reservado al principio pero pronto descubristeis que teníais muchos intereses en común y empezasteis a congeniar de maravilla, pasando horas hablando de vuestras cosas en su habitación o en la tuya.
Y, aunque para ti era bastante evidente que sentías atracción física y mental por ambos, tu cabeza nunca lo había procesado porque siempre pensabas que era tu imaginación la que estaba actuando y que ninguno de los dos tenía ninguna intención contigo más que algún tonteo inocente para distraerse de toda la presión del mundial.
Pero eso iba a cambiar tras el pitido final del España-Argentina.
"Lo conseguimos" - dijiste tú con un hilo de voz que absolutamente nadie oyó pues el estadio era un mar de gritos y de celebraciones de los españoles.
De tus ojos empezaron a brotar lágrimas fruto de toda la tensión de la final y te quedaste ahí sola junto a los banquillos intentando procesar lo que estaba pasado cuando de repente notaste dos brazos fuertes agarrándote por la cintura y levantándote en el aire.
"¡Campeones del puto mundo, pequeña!" - Era Unai.
Cuando te bajó y te pudiste dar la vuelta para verle, tenía la sonrisa más preciosa del mundo dibujada en la cara y tu única reacción posible fue la de abalanzarte hacia él para abrazarlo. Él hizo lo propio y te volvió a envolver en sus brazos pero esta vez había algo distinto y es que notaste como otro par de brazos os intentaba envolver a ambos y de pronto notaste un beso en la cabeza que sabías perfectamente de quién venía.
"Os quiero mucho" - Fue lo único que conseguiste oírle a Mikel ya que la emoción que le recorría el cuerpo en esos momentos no le permitía articular más palabras. Fue en ese momento cuando Unai os estrechó más hacía él y os beso a ambos en la cabeza, imitando el gesto que Oyar había tenido contigo.
No sabes cuánto tiempo estuvisteis así pero de repente el resto de jugadores se os fueron uniendo y las lágrimas pasaron a transformarse en cánticos de alegría y en bailes improvisados en el terreno de juego (bueno Mikel tuvo que salir corriendo a evitar que Gavi se partiera la cara contra algún argentino pero eso fue lo de menos). Lo único que recuerdas es que de repente estabas aplaudiendo hasta quedarte sin manos mientras veías a Pau recogiendo el trofeo a mejor jugador joven del torneo.
"Se lo van a dar a nuestro Unai" - Te dijo Mikel de repente a la oreja, dándote un pequeño susto involuntario pues no te habías fijado que lo tenías detrás.
"¿El qué?"- Le preguntaste tú bastante desubicada por toda la emoción que estabas manejando a la vez.
"El guante de oro, ¿qué va a ser si no?" - Rió él.
"¡Es verdad!" - Te ilusionaste tú al caer en la cuenta.
Y justo en ese momento, el trofeo se anunció por megafonía y un Unai más sonriente que nunca paso por vuestro lado, os guiñó el ojo mientras vosotros le dabais una palmada en la espalda y le gritabais que era el mejor, y se dirigió a recoger su más que merecido trofeo.
"Ese es mi chico" - Creíste oírle decir a Mikel. Y en ese momento te giraste y viste que estaba a punto de llorar otra vez y fue la primera vez que te preguntaste de verdad si entre ellos dos podría haber algo más que amistad pero no te atreviste a preguntar, no en ese momento.
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La fiesta en el autobús fue increíble. Todos estabais contentos, bailando y bebiendo, disfrutando viendo el cariño que toda la gente le estaba dando al equipo. Tú estabas en una nube porque no sabías cómo pero habías acabado en medio de Unai y Mikel toda la rúa.
"Ponte otro cubata, que hace mucho calor"
"Mikel, llevo tres cubatas encima en una hora y media, creo que hay que frenar un poco antes de que lleguemos al coma etílico" - le respondiste tú.
"Los vascos necesitamos más que eso para tumbarnos, maitia" - Te contesto Unai mientras te agarraba de la cintura y empezaba a moveros al son de la música - "Y yo coincido con Mikel, hoy hay que celebrar"
"Pero que me voy a morir si os sigo el ritmo" - Dijiste tú entre risas.
"No te preocupes, nosotros te cuidamos como tú has hecho con nosotros durante el torneo" - Replicó Mikel mientras te cogía la mano para depositar el cubata que te había preparado - "Además, tenemos una conversación pendiente contigo que va a necesitar de mucho alcohol de por medio".
En ese momento estás segura de que tu cara fue un poema y la de Unai fue una sentencia de muerte hacía el eibatarra porque a este se le subieron los colores como sabiendo que la acababa de cagar, y acto seguido desapareció hacía el piso de abajo del autobús.
Tú te volteaste hacía Unai - "¿A qué ha venido eso? ¿Qué tenéis que hablar conmigo?" - Pero él no te respondía - "Unai, ¿me lo puedes explicar?"
"Hoy no" - Fue su única respuesta antes de coger suavemente tu cabeza y depositar un nuevo beso allí (le encantaba hacerlo y a ti que lo hiciera) antes de desaparecer de tu lado.
Así pues tú te quedaste con un mar de dudas en la cabeza pero la fiesta continuaba y el resto del equipo se encargó de que por momentos consiguieras alejar esos pensamientos de la cabeza y centrarte solo en pasártelo bien.
Zubi estaba desatado bailando y contándote cien veces lo mucho que odiaba la comida inglesa comparada con la donostiarra, Merino solo hablaba de San Fermín, Cucu y Rodri estaban empezando a sacar los pasos prohibidos... Y ya no sabías si era por el alcohol o por el cansancio acumulado pero incluso creíste ver a Unai dándose un pico con Yeremy y a Mikel de fondo, que había vuelto no sabes cuándo, poniendo una cara que denotaba... ¿celos? por su parte. Pero tú habías decidido que si ellos te ignoraban tu les ibas a ignorar a ellos.
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Las celebraciones estaban acabando y todos os estabais dirigiendo o bien a una discoteca a seguir la fiesta o bien al hotel. Tu optaste por lo segundo porque ya no podías más, ni fisicamente, ni mentalmente (definitivamente estabas sobrepensando demasiado las palabras de Mikel) .
La sorpresa fue que cuando llegaste a la puerta de tu habitación habían dos vascos discutiendo frente a ella.
"No era el momento, Mikel. Te has cargado toda la celebración y nos lo estábamos pasando genial los tres juntos"
"¿Y cuando cojones va a ser el momento? ¿Cuándo se haya ido a casa? Estamos perdiendo el tiempo, Unai. Se nos va a ir y nos vamos a arrepentir"
"Y yo que sé... Qué puta mierda todo" - Fue lo último que Unai dijo antes de darse cuenta de que tú habías llegado - "Y/n..."
Cuando Mikel oyó tu nombre levantó la cabeza y te miró, y viste una desesperación en sus ojos que no habías visto nunca - "¿Cuánto ratos nos estás oyendo?"
"Acabo de llegar" - contestaste tú - "¿Me vais a contar de una puñetera vez lo que pasa?"
Ellos se miraron y se quedaron en silencio.
"Genial... En ese caso os agradecería que os apartarais para poder entrar en mi habitación" - La situación te estaba empezando a cabrear. Creías que habías alcanzado con ellos la suficiente confianza como para hablar de todo. Pero... ¡por Dios! Si muchas veces incluso pensabas que en cierto momento te podrías haber besado con ellos. Y ahora estaba ahí sin ser capaces de decirte nada.
"Es complicado, peque" - Contestó de repente Unai.
"Por muy complicado que sea, ¿no creéis que después de todo merezco que me lo expliques?"
"Bai" - Contestó Mikel rápidamente, mirando a Unai buscando una aprobación que no tardó en llegar.
"Esta bien" - Accedió.
Se hicieron a un lado y tu avanzaste hasta abrir la puerta de la habitación. Una vez dentro tú te sentaste en tu cama (inmensa por cierto) a la vez que les hacías un gesto para que ellos hicieran lo propio.
Los dos estaban tensos, eso era más que obvio, aunque el que peor parecía estar era Mikel que miraba con ojos de cordero a Unai como enviándole una señal para que comenzara él a hablar.
"Lo primero de todo, y creo que es lo que más nos preocupa en este momento a los dos" - Comenzó Unai mientras recibía un movimiento de cabeza de aprobación de Mikel - "Es que una vez acabada esta conversación, y pase lo que pase, no queremos perderte como amiga".
Tú no entendías nada y cada vez tu corazón se aceleraba más por la incertidumbre pero solo había una frase posible que decir - "Nada ni nadie puede hacer que me perdáis como amiga. Ninguno de los dos"
Y ambos se miraron una vez más antes de que Unai continuara.
"Mikel y yo somos pareja"
Aquello sí que no te lo esperabas.
A ver, sabías que había mucho feeling entre ambos pero de ahí a ser pareja había un largo camino.
"Llevamos saliendo muchos años ya"
"Diez para ser exactos" - Matizó el de Eibar.
"Eso" - Añadió Unai mientras le dedicaba una amplia sonrisa y por primera vez, en tu presencia, entrelazó sus dedos entre los suyos para agarrarle de la mano - "Nunca te habíamos dicho nada, no porque pensáramos que nos ibas a juzgar ni nada, si no porque nunca nos parecía que era el momento de decírtelo"
"Entiendo" - Fue lo único que conseguiste decir mientras tu cerebro procesaba lo que te acababan de decir.
"Sabemos que tendrás mil preguntas al respecto y vamos a estar encantados de contártelas pero hay algo más importante que tenemos que decirte"
"¿Perdón?" - Te salió del alma aquello - "¿No era esto lo que me teníais que decir?" - Estabas completamente perdida en esos momentos.
"En parte sí y en parte no" - Dijo Oyar - "El caso es que hemos establecido una conexión muy buena contigo... A veces, hasta demasiado buena" - Parecía como si hubiera encontrado de repente el valor para ser él el que llevara el peso de la conversación en ese momento - "Ambos hemos sentido que hemos conectado contigo de una forma muy especial, casi de la misma forma con la que conectamos el uno con el otro en su día, y nos preguntábamos si tu lo habías sentido así también"
"¿Qué?" - Tú no sabías qué hacer o cómo reaccionar. No sabías ya nada de nada.
"T/n" - Dijo de pronto Unai viéndote pérdida, agarrando tu mano con su mano libre - "Lo que Mikel quiere decir es que nos gustas mucho a los dos y que a lo largo de la concentración hemos ido desarrollando sentimientos hacia ti que hasta ahora solo teníamos reservado el uno para el otro. Y esto no quiere decir que nosotros dos lo vayamos a dejar ni nada por el estilo, es simplemente que queremos saber si tú lo has sentido igual"
"Yo... yo no sé qué decir" - ¿Esto estaba pasando de verdad o era que el alcohol te estaba haciendo alucinar?
"Como ha dicho Unai si no es así no queremos que lo acabamos de decirte estropee todo lo demás"
"Pero es que sí es así" - Le cortaste tú. Palabras que salieron de lo más hondo de ti, escapándose y liberándose por fin de todo lo que habías sentido durante estos días.
A ellos se les iluminó la cara y se miraron más sonrientes que nunca para luego mirarte de nuevo a ti que te reías como una boba ante la confesión que tú también les acababas de hacer. Ellos se dieron un pico antes de que Mikel volviera a hablar y Dios eran monísimos juntos...
"Bueno, ahora que ya están todas las cartas sobre la mesa, ¿qué hacemos al respecto?"
"No sé..." - Dijiste tú un poco triste al darte cuenta de la complejidad de la situación.
"Nosotros dos vivimos juntos"
"¿Cómo qué vivís juntos?"
"Bai" - Prosiguió a explicarte Mikel - "Tenemos una casa a mitad camino de Donosti y de Bilbao"
"¿Desde cuándo? Y más importarte, ¿esto lo saben vuestros compañeros de equipo"
"Desde hace cuatro años" - Continuó Unai" - "Y sí"- Rió - "La mayoría de nuestros compañeros lo saben y lo respetan, de hecho son un gran apoyo para ambos muchas veces. Simplemente no queremos que se haga público porque, por desgracia, el fútbol sigue siendo un sector muy machista y no queremos tener que enfrentarnos al escrutinio público días sí y día también"
"No es que no queramos proclamar nuestro amor a los cuatro vientos, es que no queremos que eso nos repercuta en nuestros clubs, nuestra carrera..."
Y tú notaste ese tono de tristeza en sus palabras y lo único que te salió fue lanzarte a abrazarlos a ambos, lo cual agradecieron enormemente ya que nada más notaron tu calor los dos te engulleron en sus brazos.
"Puta homofobia de los cojones" - Dijiste tú de pronto, lo que hizo que los tres empezarais a reír. Una risa que mezclaba la tristeza de una verdad como era que la homobofia no dejaba ser libre, en algo tan básico como el amor, a mucha gente; con el alivio que era para ellos saber que tú jamás les ibas a juzgar y que, de hecho, estabas en su barco.
Cuando os separasteis los tres estabais casi pegados y os mirabais felices y un pensamiento rondó tu cabeza - "A mi me encantaría ir a vivir a Euskal Herria"
Eran todo lo que necesitaban para que sus caras se acabaran de iluminar y en un arrebato de felicidad Unai te cogió la cara entre sus brazos y unió sus labios con los tuyos en un beso pasional pero a la vez dulce que se prolongó hasta que oísteis un carraspeo.
"Yo también quiero" - Fue lo que dijo Mikel cuando os girasteis para verle. Y en ese momento, tu momento, acercaste tu cara a la suya agarrándole del cuello y comenzaste a besarle y... joder... los dos besaban genial.
De repente notasteis como una barba intentaba hacerse camino entre vuestro hueco y te apartaste para dejar espacio a Unai, que ya se comía, literalmente a Oyar. Tú te quedaste embobada mirándooslos un rato hasta que ellos se dieron cuenta y se separaron algo sonrojados al ver como les mirabas.
"Hacéis muy buena pareja, no sé cómo no me había dado cuenta antes"
"Porque estabas ocupada tonteando con los dos" - Te dijo Unai para picarte.
"Anda que vosotros no os quedabais atrás eh" - Y los tres reísteis.
"Si la situación no fuera esta y solo pudieras haber estado con uno, ¿con quién te abrías quedado?"
"¿Y eso a qué viene ahora, Mike?"
"Curiosidad" - Respondió él encogiéndose de hombros.
"¿Sinceramente? Me alegra no haber tenido que escoger porque hubiera preferido que Paredes me pegara un puñetazo en la cara en la final"
Y todos estallasteis en carcajadas.
"Entonces..." - Dijo Mikel mientras agarraba la mano de Unai una vez más - "¿Quieres ser nuestra novia?"
"Esto no va a cambiar la forma en la que Mikel y yo nos queremos, te lo podemos asegurar, solo creemos que tu eres la guinda de nuestro pastel, la pieza para que nuestro puzzle acabe de ser perfecto" - Añadió rápidamente Unai.
Y tú les miraste fijamente a los dos y no te pensaste nada la respuesta porque era la pregunta más fácil que te habían formulado en mucho tiempo - "Por supuesto que sí"
Te abalanzaste sobre ellos, haciéndoles caer hacia atrás en la cama y allí os quedaríais para el resto de la noche.
"Veo muchas ondas positivas por aquí, eh" - Dijo Unai para haceros reír una vez más antes de que el peso del cansancio y del alcohol hiciera que ambos os durmierais plácidamente y más felices que nunca.
