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Language:
Español
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Published:
2026-07-23
Words:
1,484
Chapters:
1/1
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12
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57
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286

Dame un besito, un piquito, un kiss...

Summary:

Yeremy Pino x Unai Simón.

One shot a partir del beso que se dieron en la rúa.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Toda la selección española estaba en el bus, paseando por las calles de Madrid junto a miles de aficionados que les recibían después de haber ganado la copa del mundo.

Les llenaba de alegría poder celebrar el triunfo en su país, con su gente, y sobre todo, con sus compañeros. No solo eran un equipo, eran una familia, y lo demostraban día a día, tanto dentro como fuera del campo.

Estaban cansados, pero a fiesteros no les ganaba nadie. Después de un mes entero siguiendo dietas estrictas, rigurosos entrenamientos y numerosos partidos, por fin iban a tener una noche libre.

Y la noche empezó relativamente pronto. Alrededor de las 19:45 se subieron al autobús, cuando aún los rayos de sol iluminaban el cielo de Madrid. El calor seco obligaba a cualquiera a buscar algo de beber. Y entre refrescos también empezaban a aparecer algunos vasos con alcohol.

Yéremy se lo estaba pasando en grande con sus compañeros. Después de dos horas en el autobús, las pequeñas tonterías mezcladas con el alcohol empezaban a ser mucho más graciosas.

El canario vio que Unai no paraba de reírse. Cualquiera que lo conociera sabía de la existencia de ese lado divertido y cariñoso que casi nunca se veía, opacado por la seriedad con la que salía al campo.

Unai se giró y con una sonrisa enorme, le dio un pequeño beso en la mejilla a Yéremy. Cuando se apartó, este decidió retarle a modo de broma.

—Dame un pico —dijo el menor.

—¿Qué?

—Dame un pico.

Unai se acercó y, fugazmente, posó sus labios sobre los de Yéremy.

El canario sintió el calor recorriendo su cuerpo. Se quedó paralizado durante un instante. Intentó mantener la compostura, hasta que vio la cámara enfocando el momento. Entonces, se llevó la mano a la boca, completamente sorprendido. No creía que Unai fuera a hacerlo de verdad.

Nunca había tenido ningún problema en mostrar afecto a sus amigos, pero jamás había besado a otro hombre.

Y, por algún motivo, aquello no le había resultado tan extraño.

Llegaron hasta Cibeles, donde les esperaba un enorme escenario. Mientras todos estaban tratando de elegir la canción que querían que sonase mientras salían a saludar al público, Yéremy sólo podía pensar en aquel beso. Hubo algo especial en ese roce de labios que no conseguía olvidar.

Antes de salir al escenario, el canario descubrió que su mirada volvía una y otra vez hacia Unai. Hablaba con sus compañeros y se reía de bromas sin gracia. Sin saber por qué, se veía incapaz de quitarle los ojos de encima.

Empezó a fijarse en detalles que siempre habían estado ahí, pero nunca le habían importado: su sonrisa, su mirada, sus gestos, su manera de hablar...

Sin quererlo, los estaba guardando en su memoria.

Estaba tan sumergido en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta de que había llegado su turno de salir al escenario.

Notó unas manos golpeando levemente su espalda, intentando llamar su atención. Era Pedro Porro, haciéndole un gesto para que saliera.

Cruzó el backstage bailando al ritmo de la canción que había elegido: ALGO VA A PASAR, interpretada por Quevedo.

Vio cómo, detrás de él, iban saliendo sus compañeros uno a uno. Su mente permaneció en blanco durante varios minutos mientras bailaba con el resto del equipo, hasta que la voz de los presentadores resonó por toda la plaza.

—¡El portero menos goleado de todo el mundial!

—¡Con el 23, Unai Simón!

El vasco apareció bailando, contagiando su energía tanto a sus compañeros como a los miles de aficionados que le miraban.

Yéremy no pudo evitar sonreír.

Se acercó un poco a él, dando palmas para invitarle a bailar. Unai aceptó en seguida, riéndose mientras movía su cuerpo al ritmo de la música.

A partir de ese momento, por mucho que intentara prestar atención al resto de la celebración, su mirada siempre acababa posándose en él. Si Unai se movía por el escenario, sus ojos le perseguían, casi por instinto.

Cuando la fiesta acabó, varios jugadores se fueron a seguir celebrando en discotecas. No fue el caso de Yéremy.

Él, como la gran mayoría de sus compañeros, se quedaron en el hotel donde iban a dormir aquella noche. El cansancio ya se hacía notar.

El canario abrió la puerta de su habitación a duras penas. Entró en ella y se quitó la camiseta y los zapatos antes de dejarse caer sobre la cama.

Estuvo varios minutos encima de ella, hasta que decidió que, probablemente, iba siendo hora de darse una ducha.

Se dirigió hacia el baño, donde terminó de desnudarse por completo. Abrió la ducha y esperó hasta que el agua saliera caliente. Hacía calor en Madrid, pero ni loco pensaba en darse una ducha fría.

Escuchó como la puerta de la habitación se abría y unos pasos firmes resonaban sobre el suelo.

—¡Yere! —dijo alguien con la voz grave.

—¡Estoy en la ducha! —respondió.

Vio como el picaporte se giró lentamente, abriendo apenas unos centímetros.

—¿Tienes calzoncillos de sobra? —dijo aquella voz.

Era Unai.

Sintió un vuelco en el pecho. Su corazón empezó a latir tan fuerte que, por un instante, le costó encontrar las palabras.

—Mira en mi bolsa blanca, dentro de la maleta —consiguió decir finalmente.

—Gracias tío —respondió el vasco.

—Oye, ¿me puedes traer el champú y el gel? Están en el neceser azul.

—Voy.

Yéremy metió la mano debajo del agua para comprobar su temperatura. Estaba lo suficientemente caliente como para meterse. Lo hizo lo más rápido que pudo.

En cierto modo, le avergonzaba que Unai pudiera verlo desnudo. Era absurdo. Se habían cambiando delante del otro infinidad de veces en el vestuario, pero aquella noche se sentía diferente.

La puerta se abrió por completo, dejando ver a Unai. Entró en el baño sin preocupación y le pasó el champú y el gel por encima de la mampara de la ducha.

—Gracias —dijo Yéremy.

Abrió el bote de champú y echó un poco de producto en su mano.

—Te he cogido estos, ¿vale? —dijo el portero enseñándole los calzoncillos que tenía en la mano.

—Perfecto —respondió el canario mientras se enjabonaba la cabeza.

—Aunque no sé si me valdrán, pero es que nadie tiene, tío.

Yéremy soltó una pequeña risa.

—Bueno, si no te valen puedes ir sin nada. Total, nadie te va a ver.

—Ya, pero me siento raro.

—¿Raro?

—Sí, como desprotegido...

—A mí me pasa lo contrario. Yo suelo dormir sin nada.

Unai levantó las cejas.

—¿En serio?

—Cuando te acostumbras es mucho más cómodo. Pruébalo esta noche y ya me contarás.

Sin que se dieran cuenta, la conversación se pronlongó hasta que Yéremy terminó de ducharse.

Unai alcanzó la toalla blanca que se encontraba en la otra esquina del baño y, sin que el canario lo pidiera, se la ofreció en cuanto apagó la ducha.

—Gracias —le dijo Yéremy cogiendo la toalla por encima de la mampara.

Se secó el cuerpo con rapidez y terminó atándose la toalla a la cintura. Abrió la puerta y pisó la alfombrilla que había en el suelo, secando la planta de sus pies.

Levantó la cabeza y notó como Unai lo recorrió con la mirada, hasta que sus ojos se encontraron.

Ninguno de los dos dijo nada.

El portero dio un paso al frente, acercándose a él. Luego otro.

Miles de mariposas revolotearon sobre el estómago de Yéremy. No sabía muy bien qué estaba a punto de ocurrir, pero no quería retroceder.

Dos segundos después, estaban cara a cara, a pocos centímetros de la boca del otro.

Fue Yéremy quien decidió acortar la distancia.

Sus labios volvieron a encontrarse después de varias horas, aunque a él le pareció una eternidad.

Fue un roce. Un beso corto, tímido, que duró apenas unos segundos.

Cuando Unai se apartó, Yéremy pensó lo peor. Sintió como el estómago se le encogía.

Estaba a punto pedirle disculpas cuando el portero volvió a inclinarse, haciendo que sus labios se encontraran de nuevo.

Unai colocó sus manos sobre la cintura del canario, acercándolo un poco más a él. Yéremy deslizó las yemas de los dedos por sus antebrazos, ascendiendo despacio por los hombros, terminando en el rostro.

Poco a poco, el beso dejó de ser un simple roce. El portero atrapó con suavidad el labio inferior de Yéremy. Ambos inclinaron ligeramente la cabeza, buscando profundizarlo.

Sin romper el contacto, Unai dio varios pasos hacia el frente, haciendo que Yéremy tuviera que retroceder hasta que su espalda se encontrara con la puerta del baño.

La mano derecha del mayor, ascendió hasta posarse ligeramente en la cara del canario para acariciarle la mejilla, mientras la mano izquierda recorría su torso.

Los labios de Yéremy descendieron hasta el cuello de Unai, quien le permitió un mejor acceso inclinando la cabeza.

—Al final no voy a necesitar los calzoncillos —dijo Unai entre suspiros y risas.

Yéremy sonrió apartándose del cuello del vasco.

—Te dije que no hacían falta.

Notes:

Espero que os haya gustado este pequeño one shot. No suelo escribir mucho, a lo mejor hay errores. Votad si os ha gustado y así sabré si hacer más de este tipo/fandom o no!! Gracias <3