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Español
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Published:
2026-07-25
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2,235
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1/1
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4
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166

Home is where the heart is

Summary:

Es difícil darse cuenta de las cosas hasta que te ves envuelta en una espiral de sentimientos desconocidos, y entonces ese alguien vuelve y te hace ver que, quizás, le echabas más de menos de lo que pensabas, porque puede que le quieras más de lo que creías.

Mikel Oyarzabal x Lectora.

Notes:

He leído solo una historia de Mikel x lectora y la verdad que me hacía ilusión escribir algo así!!

Espero que os guste un montonazo a las Oyarzabalovers y que viva la Oyarzabalexperience #vamos

Work Text:

Ya tenía claro que le quería, no era difícil hacerlo tampoco.

Sin embargo, quizás había tardado demasiado en darme cuenta de que, puede —solamente puede— que el concepto de querer que yo tenía con Mikel sobrellevase una magnitud muy distinta a la que yo pensaba. 

Fue como un relámpago de latigazos que me atacó a guardia baja y se manifesto como una emoción exagerada al volver a verle mientras sosteniamos los que eramos su cuadrilla la pancarta de bienvenida a la vez que resonaban los cánticos con el "lo-lo-lo" al ritmo de "La Potra Salvaje".

Había sido una sorpresa para él, nadie quiso decirle que le habiamos preparado nada, pero qué menos podríamos hacer por el ganador del mundial.

Y también había sido una sorpresa para mí el encontrarme impaciente por tenerlo delante y poder felicitarle como Dios manda y por pensar que, aunque él estuviera caminando normal, a mi me parecía que estaba siendo muy lento para mi gusto.

No fui la primera en saludarle, pero cuando tuve la oportunidad de hacerlo lo hice con la ilusión de haberlo sido. El abrazo duró poco más de cinco segundos, y el dedicarle una sonrisa nada más separarnos me fue inevitable.

— Sois unos idiotas.— Repitió, ahora para mí, la frase que había oido decirle a otro de nuestros amigos mientras venía hacia nosotros. A mi se me escapó la risa.

– Qué onda más negativa, Mikel, no sé muy bien el motivo. — Traté de disimular mi risa chinchandole con esa frase que se había vuelto tan famosa durante el mundial. Él rodó los ojos y se río levemente mientras negaba con la cabeza. 

— Como sabía que ibas a usar la frasecita. 

— Como para no hacerlo, nos ha hecho ganar el mundial. — Le di un codazo suave. Mi acción hizo que involuntariamente sonriese un poco más, aunque él intento continuar con su teatro como buen cabezota.

 

(...) 

 

Después de abrir muchas botellas de champán, cantar demasiado y celebrar su llegada, volvimos a su piso. Sí, volvimos. Él y yo.

Le acompañé para que dejase sus maletas y pudiera descansar un poco. A veces le seguía escuchando riéndose solo por lo bajini y quejándose de su inesperada bienvenida.

Me senté en su cama como tantas veces había hecho anteriormente, solo que había pasado mucho desde la última. 

— Sienta bien volver a casa. — Dije mirando su habitación, buscando algo que me demostrase que algo había cambiado, pero no era así. 

Mikel asintió, guardando la maleta ya vacía en el fondo de su armario una vez acabó de organizar todo en su respectivo sitio.

— Sí, desde luego.

Se sentó a mi lado y ninguno dijo nada por unos instantes. Era algo habitual, ninguno de los dos hablaba mucho, tampoco era necesario.

— ¿Tú cuándo has vuelto? — Preguntó, y en su expresión se notaba curiosidad, pero algo de ella me decia que también parecía tener en cuenta el hecho de que no le había llamado para decírselo. 

— Hace dos días. 

Mi respuesta se quedó flotando en el aire, desinflandose casi nada más salir de mi boca como un globo que se queda sin aire.

Ninguno dijo nada, simplemente se escucho un "Ah" de parte de Mikel, eso instintivamente activó las alarmas de mi cabeza, teniendo en cuenta de que ya tenía mis emociones demasiado a flor de piel.

— Iba a llamarte, lo juro. — Mi tono fue casi de pánico. Sabía que no hacía falta justificarme con él, siempre me entendía, pero también sabía que quizás él se callaba demasiado las cosas si algo le llegaba a bajar los animos.

Mikel notó el agobio en mi voz y negó con la cabeza.

— Oye, tranquila — Escuchar mi nombre salir de su boca después de tantos meses fue como otro latigazo, directo al corazón, para que este bombease más rápido por alguna razón. — Era una sorpresa, no pasa nada.

Esta vez la que negó fui yo, con la repentina necesidad de que supiera que quería verle lo antes posible.

— Que no, que quería avisarte, pero Iñaki quería montarlo todo y no me dejó. — Mi mano derecha fue a parar en su brazo, agarrandolo ligeramente para captar su atención. Mikel miró mi mano y luego a mí, y entonces la quité con algo de vergüenza. — Yo siempre te aviso, ya lo sabes.

— Sí, siempre lo haces. 

Por eso me extrañó que no lo hicieras, estaría pensando, seguramente. O eso creo yo.

Seguía mirándole, aún tenía esa expresión tranquila, pero algo en mi cabeza me decía que había algo revuelto, y no sabía el qué.

— ¿Y tú qué tal el erasmus?

Ah, eso. Estar con él solo unas horas había hecho que olvidase que me había ido, si no fuese por la gran sensación de añoro que sentía al verle todavía. 

— Bueno, no ha estado mal. — Me encogí de hombros, y no pude evitar contagiarme de la pequeña sonrisa que había esbozado para sonreir yo también. 

— Pero podría haber estado mejor. — Continuó lo que yo quería decir, eso me sacó una sonrisa más amplia y asentí. 

— Como me conoces, Miki.

— Como para no hacerlo. 

De nuevo, hubo un silencio, de unos segundos nada más, pero no faltó más para que yo estuviera a punto de hacer una tontería. 

— Pero bueno, dudo que haya sido tan aburrido, te has ido a Bélgica después de todo, habrás tenido cosas para ver. — Añadió en referencia a la otra conversación.

— Hombre, sí, he hecho planes y esas cosas, y he visto muchos sitios pero... No sé. — Me encogí de hombros, apretando los labios a la vez que miraba mis manos. — Me faltaba algo.

Me quedé mirándole, esperando por si hubiera un pequeño indicio de que me entendiese.

Él, en cambio, se río de manera suave.

— Claro, un novio belga te faltaba. — Bromeó, lo cuál me extraño porque él no solía bromear con esas cosas. La que lo hacía era yo cuando me enteraba que alguna de mis amigas le hacía tilin. — Para que te hiciese compañía en los sitios, te llevase en su coch-

— Me faltabas tú. 

Le interrumpí. Aquello fue como un golpe seco, haciendo un silencio ensordecedor al momento.

Yo me quedé ahí, repentinamente sintiéndome pequeñita, sin saber dónde meterme después de haber dicho algo que yo misma aseguraba no ser capaz de decir en voz alta sin tener un paro cardíaco después. 

Y bueno, digamos que estaba batallando por no morirme ahí mismo, porque Mikel no me quitaba los ojos de encima, pero no decía nada. 

Y, después de unos segundos larguísimos de silencio, mi móvil sonó, era mi madre.

Cogí mi teléfono y me levanté mientras hablaba a prisas:

— Pero bueno, ya te he visto por hoy, supongo que podremos vernos mañana o pasado, pero ahora me tengo que ir, barkatu. — Nunca había sido tan ágil para coger mis cosas e irme, tampoco sabía la razón del enorme pánico que se había instalado en mi pecho. 

Quizás tenía miedo de que lo malinterpretase, de que pensase cosas más allá de que eramos amigos de toda la vida. Y quizás lo tenía porque era así, porque que lo malinterpretase haría que la verdad saliera a la luz. 

— No te vayas, espera. — Alcanzó a decir antes de que yo cerrase la puerta con un tono casi de desesperación. 

Entonces, tonta de mí, bajé al portal y me quedé fuera, esperando.

Llovía, llovía mucho y yo no tenía paraguas, ni siquiera tenía chaqueta. Pero era tan orgullosa que me resigne a cubrirme, si no que me quedé ahí quieta, en frente de su portal, de brazos cruzados, esperando no-sé-el-qué.

Pero no pude hacerlo mucho tiempo, porque no pasaron más de seis o siete minutos hasta que se abrió la puerta del portal del cual salió un acelerado Mikel, palido del espanto. 

Y con un paraguas en la mano.

Chico listo.

Nada más verme se acercó y su cara cambió a una de preocupación total, una que me decía que iba a ganarme una regañina.

— ¿Qué haces ahí quieta? te estás empapando, ¿eres tonta o qué? — Me agarró por los hombros y me llevó dentro del portal, frunciendo el ceño, aunque se notase que no estaba ni mucho menos enfadado conmigo.

— Pero qué onda más negativa, Mikel.

Él bufó, pasándose una mano por la cara, sin poder evitar sonreir una milésima de segundo.

— ¿Qué voy a hacer contigo? — Decía negando mientras me llevaba otra vez a su piso.

— Dejarme en mi casa, mi ama me necesita. — Ahora que lo recordaba, ni siquiera había cogido su llamada. Y yo seguía presa del pánico por lo que había dicho.

— No. Vamos a hablar. — Aquello hizo que me recorriese un escalofrío por toda la espina dorsal. Joder, ahora sí que estaba cagada de miedo.

— Pero si ya estamos hablando. — Murmuré mientras me veía obligada a sentarme en su sofá, con él haciendo lo mismo. 

Él ignoró mi intento de sabotear la conversación a base de humor y se quedó en silencio, mirando al frente, hasta que decidió hablar.

— También me has faltado tú. — Esas palabras me llegaron como un balde de agua fría, y sentía que algo burbujeaba en todo mi cuerpo, como mini pinchazos que daban cosquillas. Pero no podía cantar victoria, no aún. 

— Te he echado de menos. — Anda, como la canción de Pablo Alboran.

Siguió hablando al notar que yo estaba muda, prácticamente como una estatua.

— Claro que a los demás también, pero no ha sido lo mismo.

Su mirada me decía algo que no conseguía descifrar, o que tal vez no veía posible.

— ¿Y eso? Como se enteren igual te meten una tunda. — Dije, consiguiendo un poco de fuerza de voluntad para bromear, haciendo que Mikel sonriera otra vez.

— Bueno, no creo, entienden que tuviera ganas de volver a mi hogar.

Le miré, pestañeé varias veces y casi pronuncio palabras vacias unas cuantas veces. 

— ¿Qué tiene que ver volver a Eibar con-?

— Me refiero a ti. 

Ahora la interrumpida fui yo, y vaya, qué interrupción.

La sangre me subió a las mejillas y todo me dio vueltas por un segundo, como si el vino de los kalimotxos que me había tomado hace horas atrás hubiera empezado a hacerme efecto ahora. 

— Bueno, me alegra que me tengas tanta confianza como para considerarme tu hogar. — Le sonreí, dando a entender que entendía que lo dejaba en un terreno de amigos muy cercanos, como hermanos quizás, no quería arriesgarme.

Él suspiró, y por quinta vez, volvió a negar con la cabeza.

— No me estás entendiendo. — Me miró, apretando los labios con algo de visible nerviosismo. — No me refiero a un ámbito familiar o lo que sea que estés pensando. 

Y yo volví a quedarme muda, más aún cuando añadió:

— Bueno, quizás sí, pero no familia de hermanos.

Se pasó una mano por el pelo antes de dejarla caer en su regazo.

— Digo que eres mi hogar, porque te quiero. Te quiero como mi lugar seguro, como alguien en que sé que puedo comfiar, y como en alguien a quien tengo una suerte de tener porque puedo tener el privilegio de echarte de menos cuando no estás. Eso significa que eres una persona maravillosa. Y créeme que no hay día en que no piense que lo eres, bihotza.

Le miré mientras procesaba lo que acababa de decirme, intentando de alguna manera averiguar si no me había vuelto loca y me lo estaba imaginando mientras me moría de fiebre tirada en el suelo de donde su portal.

Nunca pensé que tendría los agallas de hacerlo, pero me incliné hacia él hasta que mis labios tocaron los suyos, y mis manos fueron a sus brazos.

Supe entonces que todo aquello estaba pasando de verdad, cuando Mikel me acompañó en el movimiento de mis labios, moviendo los suyos al compás. 

El beso era suave, casi timido, con un deje de tierna inexperiencia a causa de los nervios. Siguió durante unos segundos, los mejores de mi vida, podría decir. Mis brazos se colocaron alrededor de su cuello y sus manos agarraron mi cintura como si tuviera miedo a romperla.

Cuando nos separamos mi frente quedó contra la suya, y ambos teníamos una sonrisa tonta que iba a ser muy difícil de poder quitar. Nos movimos simplemente para que él quedase con la espalda contra el respaldo del sofá, yo en sus brazos.

— Creo que no puede haberme pasado algo mejor que esto. — Dijo después de estar en silencio por unos minutos. Minutos en los que él había estado acariciando mi espalda al punto de casi quedarme dormida.

— Bueno, has ganado un mundial. — Le miré, las comisuras de mis labios subiendo, sin poder evitarlo, haciendo que esbozase una sonrisa pequeña de ternura al escucharle ser igual de demasiado humilde que siempre.

— Bueno, te he ganado a ti que eres mi mundo, y sinceramente creo que eso es mucho mejor. —

En su mirada había un destello demasiado honesto, la mía temblaba sutilmente mientras trataba de mantenerme serena ante sus palabras, aún sintiendo el calor de sus brazos alrededor de mi cuerpo.

Él besó mi frente antes de continuar con las caricias en mi espalda, entonces yo me acurruqué en su pecho, suspirando suavemente y dejando que mis sentimientos se asentasen solos poco a poco. los ojos una vez estuve cómoda y me dejé llevar por el latido de su corazón en mi oido para quedarme dormida.

"Bienvenido a casa, maitia." Murmuré en bajo antes de que mi consciente se apagase por el cansancio.

Mikel había vuelto a su hogar, y yo también.