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Español
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Published:
2026-07-25
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3,571
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1/1
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Te Amo Con Fuerza (Te Odio A Momentos)

Summary:

Pau Cubarsí no siente que lo haya ganado todo tras llevarse la copa del Mundial a casa. Le falta algo. Alguien, más bien. Ese sentimiento de anhelo se acentúa de fiesta en una discoteca, cuando ve a su compañero Lamine Yamal, del que sigue enamorado en secreto después de tantos años.

¿Podrá quitarse esa espina de su corazón, o esperará hasta desangrarse del todo?

Notes:

Tenía ganas de escribir sobre estos dos ya que les adoro mucho.

Espero que os guste <3

Work Text:

El escenario arde. El rugido de la multitud silencia los oídos de todos y cada uno de los presentes, como una fuerza que lo único que provoca es que la celebración se sienta completamente perfecta. Pau Cubarsí miraba de un lado a otro a todos y cada uno de sus compañeros con una sonrisa de oreja a oreja, su corazón latiendo, generando ese calor efervescente en su pecho que siempre aparecía cuando estaba verdaderamente contento.

Observaba sus interacciones. Pedri picando a Ferrán, quien solo se reía; Oyarzabal y Unai hablando como si la situación no fuera con ellos, aunque seguían prestando atención, pero no soltaban sus cubatas ni para atrás; además de muchos otros como Yeremy, Nico o Rodri. Cubarsí estaba sentado junto a Gavi y Lamine, que hablaban entre ellos. El joven defensa no pudo frenar la orden de sus ojos de quedarse mirando por unos segundos de más al extremo derecho, hasta que paró, porque notaba como esa felicidad desaparecía un poco, dando un paso a una tristeza que ni él mismo reconocía… ¿A cuento de qué le estaba pasando esto?

Pau culpó directamente al alcohol. Había bebido, y su falta de experiencia le hacía reconocer que igual iba un poco contentillo. Pero solo un poco. Decidió no seguir pensando en su compañero para así no arruinarse la noche y seguir festejando como lo estaban haciendo. La vibra era muy positiva, y eso le encantaba.

Para él, el tiempo parecía correr más rápido de lo normal, como si las agujas de los relojes hubieran decidido convertir los minutos en segundos. Las canciones desaparecían entre la multitud, los invitados iban pasando, y de vez en cuando iban haciendo alguna tontería. Pero para alguien que viera a la selección desde fuera, lo más probable es que dijera que se lo estaban pasando como niños pequeños cuando les dan un juguete nuevo, y no se equivocaría en lo más mínimo.

La medianoche tocó más o menos a la par del momento en el que acabó la celebración. El equipo se marchó del escenario y comenzaron las conversaciones entre ellos, mientras decidían qué hacer.

— Pues yo me voy a ir al hotel con este, que mira cómo va… —dijo el guardameta vasco, que llevaba a Mikel Oyarzabal del hombro.

— Oye… Que voy… Hip… Bien… —las sílabas se le atropellaban, por lo que el delantero algo borracho iba.

Algunos de sus compañeros se rieron, y se unieron a ellos, yéndose ya al hotel a dormir. Pau estuvo a punto de marcharse junto a ellos. Le parecía la idea más responsable, teniendo en cuenta que al día siguiente tenían bastantes cosas que hacer, pero cuando Pedri, Gavi y algunos otros comenzaron a insistir de ir a una discoteca, terminó por acceder e irse con ellos.

No era lo más prudente, teniendo en cuenta que probablemente mucha gente podría reconocerles con facilidad, pero el catalán se reconfortó pensando que no habría tanta gente pues al día siguiente era miércoles, y había que ir a trabajar.

Pero para su desgracia, no podía estar más equivocado. La discoteca estaba a reventar. Los chicos fueron entrando y agrupándose entre el cúmulo de personas.

Cubarsí sintió como el calor entraba en su cuerpo de golpe. Estaban rodeados, prácticamente, y no tardaría en ponerse a sudar. Yeremy le pidió que le acompañara a la barra a pedirse algo, y accedió, aunque no era lo que más le apetecía en ese momento. Avanzaba de la mano con él, para no perderse. Tuvo que decir un montón de “Lo siento”, “Perdón” o “Paso” de camino a la barra.

Cuando llegaron, no había tanta muchedumbre, y pudo respirar con facilidad por fin. Yeremy debió darse cuenta, porque después de pedirse un cubata (y una botella de agua para el catalán, aunque él no lo llegó a escuchar), se giró para hablarle.

— ¿Te encuentras bien? Tenías mala cara. —Yeremy se inclinó, gritando para que pudiera escucharle.

— Si si, es que hace mucho calor.

— Ya, aquí mejor, ¿eh?

— La verdad es que sí. Gracias.

Pino le dió un puñetazo suave a modo de ‘De nada’ en el hombro a Cubarsí y luego volvió a dar la vuelta para recoger y pagar lo que había pedido hace un par de minutos. Pau recibió su agua, agradeciendo a Yeremy por el detalle, y le dió un trago. Los dos chicos miraban a su alrededor, a las caras de los hombres y mujeres que se divertían en el lugar.

Esperaron un poco y volvieron por dónde habían venido en búsqueda del grupo de futbolistas, pasando por entre la gente con menos dificultad que antes. All llegar se dieron cuenta de que faltaba gente. Pedri, Ferrán y Gavi ya no estaban, y tampoco Olmo, Williams o Zubimendi. Algunos de los que se quedaron fueron Pubill, Llorente, Merino, Baena y Rodri. Cubarsí se fijó en que tampoco estaba Lamine.

El defensa decidió quedarse con el grupo que permanecía allí. Estaba callado, como de costumbre, pero estaba disfrutando. No soltaba su botella de agua.

La música retumbaba en sus oídos y él se dejaba llevar. Bailó con sus compañeros, como estaban haciendo ellos; también hablaban de tonterías que terminaban con el catalán y un par más riéndose de ello. Cada vez que una nueva canción sonaba, alguno de ellos reaccionaba y animaba al resto a seguir con la juerga.

Ser el ganador era un sentimiento que no cambiaría por nada. A Pau le gustaba saber que su equipo se había esforzado lo suficiente para saborear la victoria. Era una sensación intoxicante, pero él sabía controlarse lo suficiente como para que no se le subiera a la cabeza. Había aprendido pronto y era algo de lo que se enorgullecía.

— ¡Eh, Pau!

Al escuchar a alguien llamarle, se giró, encontrándose a Pedri con Gavi. Ferrán se había ido junto con Llorente y Merino.

— ¿Dónde estábais? —preguntó Pau, curioso.

— Hay una terraza, fuimos allí.

Cubarsí asintió, sonriendo.

— Ah vale, pensaba que os habíais pirado o algo.

— Ni de coña te dejamos solo —Gavi se rió.

Los otros dos se rieron con él y se pusieron a hablar entre ellos.

El DJ que estaba tocando decidió transicionar la canción que estaba sonando a otra de reguetón famosa que a Pau le sonaba de haber escuchado en alguna otra fiesta. El chico miraba a Pedri, que le estaba contando la gracia que le había hecho picar a Ferrán con su meme, pero Cubarsí había dejado de prestar atención hace rato.

Su mirada se había perdido entre la gente al creer haber visto a alguien que él conocía. Creyó estar imaginando cosas, pero no, era imposible, ¿era quién él creía?

Entrecerró los ojos, y con la ayuda de un foco que se movía, iluminando al cúmulo de personas, lo vió.

Lamine, su compañero de equipo, uno de sus mejores amigos, estaba en medio de la pista, agarrado a una desconocida. Y se estaban besando. El joven defensa no sabía muy bien qué pensar, porque le dolía lo que estaba viendo. Su corazón le pedía a gritos que parara de mirar, que solo iba a seguir haciéndole sentir peor.

Pero fue entonces cuando Lamine abrió los ojos mientras seguía enrollándose con esa chica y cruzó miradas con Pau. Cubarsí se notaba al borde de las lágrimas. Sentía como se le acumulaban en los ojos, pidiendo permiso para salir. Lamine no apartaba la mirada, cosa que lo volvía todo aún peor.

Si no se marchaba de allí, el defensa se iba a derrumbar ahí en medio, y no podía permitirlo.

Rápidamente, se disculpó con Gavi y Pedri, marchando hacia el baño pasando entre la gente. Ya no se disculpaba, tampoco pedía permiso. Solo seguía adelante. Necesitaba llegar a ese baño costara lo que le costara.

En el baño, esperó metido en un cubículo a que dos chavales salieran del baño para ponerse a pensar. Bueno, mejor dicho, a intentarlo. Las emociones eran tan fuertes que no podía controlarlas. Estaba mirando hacia abajo, llorando, dejando todo salir.

Pau Cubarsí siempre había estado enamorado de Lamine Yamal. Eso había sido algo que siempre mantenía bien en secreto para sí mismo. Estaba llorando desconsolado. Él había intentado estar con otras chicas o chicos, distraerse, olvidarlo. Pero cada vez que le veía, cada vez que veía como el amor de su vida estaba en una relación o simplemente besaba a otra chica, eso destrozaba sus defensas sin necesidad de fuerza alguna.

Y esta noche, no era una excepción. “Tendría que haberme ido al hotel”, pensó. Pensaba que si no hubiera aceptado, no se hubiera fastidiado la noche, no estaría llorando en el puto baño de una discoteca en la que no le apetecía estar. Pensó que, aunque él estuviera con una chica, por lo menos él se enteraría la mañana siguiente en el desayuno del hotel. Pero ahora estaba allí, lo había visto en primer plano, y ya no podía parar de llorar.

La puerta del baño se abrió, y Cubarsí solo pudo intentar mantener la calma para que quienquiera que hubiera entrado al baño no pudiera oír sus lloros.

Un paso, después otro, y así sucesivamente. El hombre que había entrado al baño no estaba muy por la labor de marcharse rápidamente, y eso al chico le estaba fastidiando. Quería estar tan solo como pudiera. Pau sorbió por la nariz, y lloriqueó un poco más sin querer.

La persona que estaba fuera dió un par de pasos atrás, quedándose frente a la puerta de su cubículo.

— ¿Pau? ¿Eres tú?

El defensa reconoció la voz de inmediato. Era la voz de Lamine. El chico se sorprendió, pensando en qué estaba haciendo aquí si se lo estaba pasando tan bien ahí fuera.

— Si… ¿Q–qué pasa? —la voz de Pau temblaba. Si Lamine no sabía que estaba llorando, definitivamente lo podía deducir ahora.

— ¿Estás llorando?

— No… No lloro.

— Venga, Pau, no me jodas. Ábreme.

Cubarsí quería que se lo llevara el váter. No se atrevía a darle la cara, porque si lo hacía, lo más probable es que se derrumbara del todo, aún más de lo que ya había hecho.

— ¿Qué haces aquí? —se había recompuesto un poco, pero no sabía cuánto podría aguantar.

Lamine sopesó la pregunta unos segundos más de lo necesario, según su criterio. Pero también aguanto la respuesta en su lengua otro par.

— Tenías una cara de mierda cuando me miraste. ¿Te encuentras mal o algo?

Encontrarse mal… Si, bueno, puede definirse así.

— No, no me encuentro… Mal.

— ¿Entonces?

— Cosas. Yo que sé. Vete, Lamine.

Lamine no se fue, pero no le contestó. En su lugar, se apoyó de espaldas a la puerta del cubículo, mirando hacia el cristal del lavabo.

— Hasta que no me digas qué te pasa, yo no me marcho.

— No. Vete.

— No me voy a mover hasta que me lo cuentes. Y he cerrado el baño, no va a venir nadie. Tengo todo el tiempo del mundo.

Ante eso, Pau no insistió más. Tampoco era como si tuviera la fuerza suficiente como para seguir haciéndolo. Echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, y se dispuso a hacer respiraciones lentas para relajarse. Podía escuchar el barullo de la fiesta fuera de las cuatro paredes que constituían ese baño. ¿Alguno de sus compañeros se estaría preocupando? Si así era, a él le daba muy igual.

— Quítate. Voy a abrir.

Yamal se sobresaltó al oír a su amigo pero obedeció, apartándose de la puerta. Pau tardó un minuto, incluso puede que dos, antes de aparecer por la puerta. Lamine estaba mirando el teléfono, cuando levantó la mirada para mirarle a él.

Cubarsí miraba hacia un lado, hacia el suelo, hacia cualquier otro lugar que no significara mirarle directamente. Cerró la puerta del cubículo y se quedó ahí de pie.

— ¿Me vas a decir qué te pasa? —preguntó el extremo derecho, guardando su móvil en el bolsillo de su pantalón, para luego cruzar los brazos.

— Solo… Solo me he sentido un poco triste. No sé. —dijo, mirándole.— Perdón por preocuparte y joderte el lío. Y eso.

— Eso da igual. —Lamine levantó la barbilla.— ¿Por qué estás triste? Estamos celebrando.

— Nada… Cosas mías.

El defensa no iba a contarle la razón. ¿Cómo podía decirle que estaba enamorado hasta las trancas de él y que verle con cualquiera iba a terminar matándolo? No, ni hablar. Era mejor dar evasivas. Era mejor ignorarlo.

— Oye, puedes contármelo, tío.

Lamine se acercó, abandonando su posición en el lavabo. Dio unos escasos pasos, quedando a una distancia prudencial de su amigo.

— Es complicado. —Pau se limpió el rastro de lágrimas de su ojo derecho con la muñeca, sorbiendo por la nariz.

— No tiene por qué serlo.

Otro paso. Y otro.

— Pau.

Sus miradas se conectaron una vez más. El corazón de Cubarsí estaba pidiendo permiso para salirse de su caja torácica. Estaba nervioso, mucho más de lo que le parecía. Lamine estaba serio, tanteando la situación y tratando de descifrar el rompecabezas que era la mente de su mejor amigo. Pau siempre solía quedarse todo lo que sentía para sus adentros, y eso no significaba que ahora fuera a cambiar.

Aunque la oportunidad le tentaba.

Le tentaba la opción de destruir su amistad con solo un par de palabras. Le tentaba contar todo lo que había sembrado en su interior y no podía mantener mucho más sin fragmentarse en cachitos. Le tentaba decirle a Lamine lo mucho que quería tenerlo para él, y le tentaba decirle a Lamine el odio que le provocaba muchas veces por no ser capaz de pasar página de una vez.

— Dime qué te pasa, por favor. Quiero ayudarte.

Lamine consiguió sacar a Pau del bucle de caos en el que se había sumido en apenas unos segundos. Pau tragó saliva. ¿Y si en verdad este era el momento?

— Por favor.

Pau no se había dado cuenta de que el chico estaba enfrente suya. Le miraba preocupado. El extremo derecho levantó el brazo y cerró su mano alrededor de la muñeca del defensa.

El contacto hizo que Cubarsí decidiera que este era el momento. “A la mierda, yo no puedo seguir así”.

Pau miró los labios de su compañero. Luego levantó la vista a sus ojos.

— Está bien, vale. Te lo diré.
Movió su mano libre y la puso sobre la de su amigo. ¿De verdad iba a hacerlo? Siempre podría echarle la culpa al alcohol… ¿No? El chico dejó ir un suspiro que llevaba atrapado en su interior por mucho, mucho, mucho rato.

— Me ha jodido verte besando a esa chica.

— ¿Qué?

Lamine estaba… ¿Sorprendido? No sabía muy bien cómo reaccionar a lo que le acababa de decir su mejor amigo. ¿A qué se refiere?

— Qué me ha jodido verte con ella, Lamine.

— ¿Es tu ex o algo? —la cara de Yamal era de pura confusión.

— ¿...qué? ¡No!

— ¿Entonces a qué te refieres?

Pau estaba poniéndose cada vez más nervioso. Creía haberlo dejado bastante claro. Estaba haciendo un gran esfuerzo por no meterle un guantazo al tío que tenía delante. O eso, o un morreo.

— ¿No lo pillas? —preguntó. Estaba perdiendo la paciencia. Estaba… No lo sabía ni él.

— ¿El qué?

— ¡Qué me gustas!

El silencio que acompañó esa declaración era fuerte. Mucho. Demasiado. Llenaba sus oídos y le hizo volver a la realidad por unos instantes. ¿De verdad se acababa de declarar? Era… La tontería más grande que había hecho en toda su vida. Lamine no contestaba. Eso lo hacía peor.

— Yo… ¿Yo te gusto?

— Si. Me gustas, si.

— ¿De verdad?

Pau sentía que se iba a poner a llorar otra vez, solo porque veía que la había cagado de una manera que su yo del día siguiente no iba a saber cómo arreglar esto.

— …de verdad.

Lamine abrió la boca para hablar, pero sus palabras quedaron muertas en su garganta. Esto estaba saliendo fatal, muy mal. Horrible. Pau pensó en las muchas maneras con las que podía disculparse por tal tontería. Igual decirle que no sabía muy bien lo que estaba diciendo, o podía decirle que la culpa era del sueño. Pero las manos de Lamine se movieron demasiado rápido cómo para que cualquiera de sus excusas sonaran convincentes. El extremo derecho posó una de sus manos en la nuca del otro. Su otra mano encontró su cintura y lo atrajo contra él. Pau no pudo reaccionar cuando notó como se estaban besando. Se estaban… Besando. Lamine y él.

No supo qué hacer en un primer momento, pues pensaba que era todo mentira, una ilusión de su cerebro. Pero cuando respondió al beso por instinto… Lo supo. Era verdad. Lamine le estaba besando, y él estaba quieto como un gilipollas.

Las manos del defensa lo tomaron de la cintura y el beso se intensificó. No era un beso suave, ni mucho menos. Era avaricioso, destructor. Era el encuentro de años de esconderse, de años de no querer perder lo que ya tenían. Ya que lo que nunca se permitieron fue buscar más. Se estaban comiendo a besos después de tanto tiempo de quererse el uno al otro en secreto.

Porque Lamine, muy en el fondo, también quería a Pau Cubarsí. Aún se acordaba de aquello. Tardes con su amigo, riendo, jugando, o simplemente pasando el rato. Tardes en las que poco a poco, su amistad iba transformándose en algo más. Eran inseparables. Pero lo que le echaba atrás era el miedo de ser rechazado, el miedo a que sus sentimientos no fueran correspondidos, y entonces decidió olvidarse de ello. Por su bien.

El chico había escondido estos sentimientos por su mejor amigo bajo relaciones, mujeres y hombres, y la falta de coraje de declararse. Pero ahora que Pau se le había declarado, todo lo que sentía por él rompió la caja fuerte que constituía su memoria.

El contacto de sus labios era sanador, adictivo y diferente. Ninguno de los dos paró hasta que sintieron que se les agotaba la respiración. Estaban demasiado cerca el uno del otro, como si el mínimo espacio que pudiera existir entre los dos les molestara.

— Lamine…

Pau sonrió. Toda la tristeza que pudo haber llegado a sentir hace media hora había desaparecido completamente, reemplazada por una alegría inexplicable, mucho más potente que la de ganar cualquier copa o trofeo, Eurocopa o Mundial. Iba a llorar otra vez, pero no porque le doliera el corazón. Hundió la cara en el hombro del extremo derecho, y permitió que sus emociones tomaran control de su cuerpo.

— Pero Pau… No llores, tío, que tan mal no beso…

Y el chico soltó una carcajada mientras sus lágrimas empapaban la tela de la camiseta de Yamal.

— N-No es eso… Es que, dios, nunca pensé… Da… Da igual.

La mano del extremo derecho se hundió en el pelo del chico.

— ¿Si te digo que tú también me gustas te vas a poner a llorar más? —Lamine sonrió.

— Si… —volvió a reírse un poco, pero estaba desconsolado.— Es… Es solo que estoy muy feliz.

— Eres un romántico.

Pau levantó la cabeza, sus ojos cristalinos de tanto llorar. Miró al chico, que no tardó en mover su mano libre para tomarle de la barbilla y atraerle para darle otro beso. Esta vez, el contacto de sus labios no traía ese hambre contenida. Sólo albergaba cariño, gentileza. Era una muestra de afecto, una reafirmación de lo que sentían el uno por el otro. Sonreían contra los labios del otro. La fiesta quedaba muy lejos, ajena a ellos dos.

Cubarsí se separó, y abrazó a Lamine con todas sus fuerzas otra vez.

— Aún no me lo creo.

— ¿Qué te quiera?

Pau le dejó un beso en la mandíbula.

— Justo eso.

Lamine rompió el abrazo y limpió con los pulgares cualquier resto de lágrimas que quedara en sus ojos, tarareando ‘Superestrella’, que sonaba de fondo. Pau cerró los párpados, dejando que borrara la prueba de su tristeza y de su amor.

Cuando el extremo derecho hubo acabado, le dió un beso en la frente, y luego otro en la nariz, y finalmente uno en los labios.

— ¿Quieres que volvamos?

— Eh… Si, si. Sería lo mejor.

Lamine le guiñó el ojo y se lo llevó de la mano. Salieron del baño con una complicidad que solo entendían ellos dos. Eran solo ellos, dos personas que se querían desde que eran jóvenes, dos personas que por fin habían encontrado el momento y el lugar para profesar su amor de una vez por todas.

Llegaron junto el equipo, que seguía celebrando como si nada hubiera pasado.

Lamine soltó la mano de Pau y le puso las manos en la cintura. Pau movió sus manos y las apoyó sobre sus hombros. Lamine pensó que la sonrisa que llevaba Cubarsí dibujada en el rostro era la más bonita que había visto nunca. Pau pensó que uno de los mayores sueños de su vida se había cumplido.

Y el defensa español, por una vez, dejó su timidez un paso detrás de él. Atrajo al amor de su vida y le besó en medio de la fiesta. Lamine se sobresaltó, pero no se apartó, solo intensificó el momento.

Podían escuchar, con dificultad, como algunos de sus compañeros se sorprendían ante lo que estaba pasando. Gavi le dió un golpe a Pedri en el hombro para que mirara.

¿Por qué iban a esconderse? Les había costado llegar hasta este punto, y ahora no iban a echarse atrás. Pau se empezó a reír, y Yamal fue después. Se besaron una vez más.

Lo que quedaba de noche iba a ser de ellos, únicamente para ellos.