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La Yakuza Matsuno.

Summary:

Una mujer de unos 20 años, dolida por la reciente muerte de sus padres, consigue un trabajo en Tokyo donde venderá libros.

Aunque si por vender libros nos referimos a ser la jefa de la yakuza...

Pues así sea.

Notes:

Espero que les guste!!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Desde Niigata hasta Tokyo

Chapter Text

He de admitir que fue un encuentro bastante penoso…- La verdad es que no me arrepiento ni lo más mínimo.

Hola, soy T/N. Una chica algo tímida y apática, vivo una vida normal, solitaria pero bastante cómoda para ser exactas. Nunca me ha interesado vivir en las grandes ciudades, pero por mi nuevo trabajo en una librería de libros me he tenido que mudar. Y aunque parezca un motivo bastante tonto, pues una librería no es muy potente que digamos, pagan muy bien, tanto, que incluso me asusté cuando vi el anuncio en línea. Pero ahora ya es demasiado tarde para negarme, pues he aceptado el trabajo y me dirijo en tren desde Niigata a Tokio para comenzar mi nueva vida.

— Ah… Que sueño tengo, y mira que me he acostado bastante temprano… Aunque por los nervios no he podido dormir. — Eran las 5:30 de la mañana y llegaría sobre las 6:30-7:00, pero seguramente se retrasaría.

— Disculpa… — Una voz desconocida me arrancó de mis pensamientos, giré rápidamente la cabeza y mi sorpresa no fue pequeña.

Un hombre de aspecto grande estaba enfrente de mí, en mi vagón, sentado a mi lado. Pero no era un hombre cualquiera, estaba trajeado, iba todo de negro menos su camisa, que era de color azul.
Me sacó de mis pensamientos.

— Eh… Disculpe pero… ¿Nos conocemos de algo? — Intenté decir. Como ya he mencionado soy tímida, así que ver a ese chico, grande y que se notaba que era algo musculado, en frente mía, me heló la sangre.

— De eso te quería hablar… No nos conocemos, pero… — Tomó mi mano con sutileza, mi sangré se volvió a helar, me tensé y abrí un poco la boca del susto. — Y si nos conoce… — Y entonces otra persona entró al vagón, mismamente vestido pero con camisa verde, y lo tomó del cuello de la camisa.

— ¿Pero cuántas veces te he dicho que no te separes, Karama… — Al verme, abrió los ojos, volvió a mirar al de azul. — ¿De verdad? ¿Ahora? ¿Nunca cambiarás o qué? — Luego me miró — Disculpe por las inconveniencias. — Hizo una pequeña reverencia y se alejó, mientras los dos hablaban bastante fuerte, discutiendo.

Me quedé mirando a la puerta después de que se cerrase, estaba totalmente impactada, incluso algo asustada. Me había tomado por sorpresa todo ese teatro, pero decidí no darle demasiada importancia. Seguramente sean ejecutivos borrachos que vienen de un viaje o algo así. Ya tenía demasiado en mente para pensar en otra cosa.

El viaje se hizo corto, pues me puse los auriculares y seguí escuchando música tranquilamente. Era invierno y hacía bastante frío fuera, pero felizmente no hacía tanto aquí dentro. Cerré los ojos.

Recordé a mi familia, específicamente a mi madre. Mi familia fue una familia bastante difícil, pero los quería, hasta que a los 18 años recién cumplidos fallecieron en un “accidente”. Yo sé que no fue un accidente, que los medios lo quieren poner así para que no haga demasiado ruido, pero yo vi con mis propios ojos su sangre manchando la nieve ese horrible invierno.

El tren paró. Habíamos llegado a Tokyo. Me quité los auriculares y bajé mi maleta de arriba en el estante, me acomodé la bufanda y salí poco a poco, dejando a la gente salir. En un momento, mientras esperaba con paciencia, ví varios chicos, seis específicamente. Cada uno de un traje con camisa distinta. El primero de rojo, el segundo, que ya conocí de azul, luego el de verde, luego un morado, otro amarillo y el último de rosa. Cada uno pasó de largo.
Al terminar todos de pasar, me dirigí a la salida y andé un rato, unos 30 minutos aproximadamente para llegar a mi apartamento, pues estaba en el centro de la ciudad y muy cerca de la librería.

— ¡Hola! Usted debe ser T/N T/A, ¿Verdad? — Una mujer de aspecto amable se me acercó y me saludó, era joven, parecía recién sacada de la universidad. Con el pelo castaño en una coleta, una diadema y un uniforme rosa.

— Sí, soy yo. Un placer. — Estreché su mano y nos dirigimos al apartamento.

— Este sería, espero que haya pasado un buen viaje. — Me dijo.

— Sí, aunque habían personas bastante ruidosas… — Recordé, ella rió suavemente.

— No se preocupe por el ruido, al menos en este edificio. Los vecinos son totalmente silenciosos, así que no habrá problema.

— Entonces perfecto. Muchas gracias señorita.

— A usted.

Y se fue, dejando la llave en mi mano, entre la niebla del invierno como si de un espectro se tratase. Abrí la puerta. La casa estaba en perfectas condiciones, mientras más la miraba, más parecía que la habían limpiado con esmero. Hacía bastante frío, así que lo primero que hice fue poner la calefacción de la casa. Andé escuchando la madera del suelo crujir, llegué al cuarto principal y deshice el futón que estaba en una esquina preparado, sabía que esta inmobiliaria era buena. Me tumbé en él, sin deshacer la maleta, sin pensar en nada, solo, descansando. Aún era de noche, así que sobre las 8:00 se hará de día, es decir, en 30 minutos, ¿Por qué no dormir un rato?
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Me desperté a las 11:01am, abrí los ojos poco a poco y miré la hora.

— ¡Mierda! — Dije en voz alta. Entraba en el trabajo a las 12:00, así que no debía perder tiempo. me puse la ropa que me dijeron que debía llevar para mi primer día, pues aún no tenía mi uniforme. Una camisa blanca y una falda negra hasta las rodillas, con medias para el frío y unos zapatos formales. Me puse mi bufanda, mi chaqueta y salí de casa. Menos mal que eran aún las 12:33, así podría ir con calma.

Mientras andaba, vi a las familias pasear y llevar los niños al colegio, tarde. Primero una pareja de enamorados, muy tiernos la verdad. Luego, un niño caminando de la mano con su madre y con un Pan Bao en la mano, al verle mi barriga rugió, no había desayunado aún, tenía hambre.

Bajé la mirada lentamente, todo estaba oscuro ese día de la muerte de mis padres. Era de madrugada, no me acuerdo de la hora, pero la luna resplandecía como ella misma mientras solo con esa luz, veía su cuerpo sin vida. Mis lagrimas corrían y bajaban de mis mejillas, no podía ver nada, no podía sentir nada, solamente un sentimiento de soledad que inunda mi corazón. La policía vino. Aún no me creo que haya sido hace dos años. Y llegué a la librería.

Respiré profundamente, entró y el aire salió de mis pulmones dejando un rastro de humano saliendo de mi boca en el frío. La librería abría a la 13:00, así que tenía tiempo para presentarse y ponerse el uniforme. Entró por la puerta de empleados.

— Buenos dí… — Y ahí estaban.

Doce ojos mirándome fijamente.

Notes:

AAAAAAAA DIOS ME HA QUEDADO FANTÁSTICO (aunque muy corto...)