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Sue Sylvester siempre tiene razón

Summary:

No hay nada que no se pueda conseguir con la ayuda de un ascensor.

Or Eric convence a Joan de venirse al Barça.

Notes:

Antes de nada, quiero comunicar que este es el primer fanfic que escribo en mi vida. Nunca me he fiado mucho de mi habilidad con las palabras, pero he dejado mis inseguridades a un lado para crear esta mediocre obra y poder aumentar el número de fanfics de este ship. O más bien, aumentar el número de fanfics donde sale Eric. Amo a Joan, pero he creado una relación parasocial muy grande con Eric y no puedo más. Me molesta lo mucho que me he pillado de un hombre (futbolista) por culpa de un edit de TikTok donde salía con gafas.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Las puertas del ascensor se cerraron. El cubículo empezó a bajar hacia el parking mientras ambos hombres apoyaban el cubículo. Empezó una de las paredes de los laterales, dándose la cara. 

    - Muchas gracias por la comida, ha sido todo un detalle. — Joan le sonrió.

Eric le devolvió la sonrisa; aunque se veía un poco nerviosa, Joan pensó que a lo mejor la comida le había sentado mal. Aunque no había comido tanto, ni nada fuera de lo común. Cuando le iba a preguntar si se encontraba bien, el otro suspiró sin perder la sonrisa y, sin despegarle la mirada, alargó el brazo, picó el botón para pararlo. 

    - ¿Pero qué haces? —Joan, con los ojos abiertos como platos, y sin saber bien bien qué estaba pasando, se acerca a él para volver a picar el botón y poder seguir con el trayecto del ascensor.

Pero en un segundo se está moviendo y al otro siente la cara estampada contra la pared donde hace dos segundos estaba apoyado, totalmente inmóvil por una llave que no acaba de entender.

    - ¿QUÉ COÑO, ERIC?

    - Un segundo, Joan.   

    - ¿¿PERO QUÉ HACES??

    - Dame un segundo y te explico.

    - SUÉLTAME.

    - DEJA DE GRITARME.

    - PUES SUÉLTAME.

    - Está bien, te suelto, pero déjame que te explique. La presión que notaba en la espalda desaparece, junto al calor del cuerpo ajeno. 

Cuando al fin puede girarse, ve al otro hombre, con las manos levantadas de manera inocente y sonriéndole como si hubiera parado el ascensor adrede y lo hubiera estampado contra la pared. Joan le mira, aún enfadado, intentando entender por qué habría hecho eso.

    - ¿Y bien?, ¿me dices el porqué de todo esto?

Eric, sin dejar de mirarlo, se rasca la nuca con la sonrisa más inocente que podría haber puesto.

    - ¿Te gustaría unirte al Barça?

    - ¿Qué?

    - Bueno, he estado pensando que deberías venir al Barça. 

    - Dame un segundo. —Joan respira hondo, se pasa las manos por la cara, vuelve a mirar a Eric. —¿Y tenías que encerrarnos en un ascensor para decirme esto?

    - Sí. 

    - Y podemos volver a hacer funcionar el ascensor? —Intenta levantar la mano para intentar picar el botón. A Eric le pica la mano. —Auch, ¡pero no me piques!

El hombre más bajito le ignora.

    - No. Prefiero hablar aquí. 

    - Hay alguna razón concreta para tener esta conversación aquí? —El hombre más bajito le dice que no con la cabeza y se sienta en el suelo, dejando un sitio a su lado. —Me has invitado a comer, hemos estado casi dos horas hablando y ¿no has pensado en sacar el tema allá?

    - No, porque teníamos que estar solos. Nadie podía escuchar esta conversa. 

    - Pues haberme invitado a comer a tu casa y no a un restaurante.

    - Ay, Joanet, ¿no crees que invitarte a mi casa es ir muy rápido? No pensaba que quisieras meterme mano tan rápido. 

Joan le mira con cara de pocos amigos desde arriba. Con un suspiro se sienta a su lado.

    - Es broma, es broma. Deja a un hombre vivir.

    - Yo te dejaría vivir, pero has decidido encerrarnos en este ascensor para hablar de algo que se podría hablar fuera. 

El portero vuelve a mirar al defensa, el cual había perdido la sonrisa inocente y ahora estaba serio jugando con sus manos. Aun sabiendo que era culpa del otro estar aquí encerrados, no pudo no sentirse mal por él. 

    - A ver, cuenta rápido, que quiero salir de aquí.

Chocó su hombro con el hombro del contrario, haciendo que se le escapara una sonrisa. 

    - Pensaba que sería una buena idea. 

    - ¿Encerrarnos en un ascensor?

    - Ahora en frío ya no lo veo tan brillante. Pero, … Es que, escucha, —todo el torso del mayor giró para mirar de cara a Joan, acercándose un poco más a él—, ayer, mi hermana, me hizo ver una serie. Muy mala, no te la recomiendo. Glee, como era un episodio random, como que no me enteré de nada. Pero a una señora se le ocurre encerrar a dos tíos para conseguir que hablen y, de cierta manera, al final consigue lo que quiere de ellos. Y pues pensé: "Quiero convencer a este maravilloso portero de que venga a mi equipo, porque sé que es buenísimo y puede brillar mucho más si estuviera aquí conmigo". A lo, no por mí, sino, porque el Barça. —-De la emoción le agarró de las manos y con sus ojos marrones clavó su mirada en los ojos del portero.—- Realmente creo que deberías venir al Barça. Eres un portero excepcional y sé que serás uno de los más grandes de tu posición. Y… no solo eso, tú, tú eres maravilloso. Eres de las mejores personas que he conocido, me haces querer ser mejor dentro y fuera de la pista y tengo la egoísta necesidad de tenerte cerca. No sé por qué.

La última frase la dijo muy bajito y mirando al suelo; aun así, Joan la llegó a escuchar.

    - La verdad es que no me he atrevido a preguntárselo en la comida. Tenía miedo de que pensaras que solo quería quedar contigo para convencerte y te enfadaras conmigo, y al llegar aquí me he dado cuenta de que era aquí o nunca. Y prefiero que pienses que soy un intenso, el cual lo soy, a perder la oportunidad de estar junto a ti en el campo.

- Joder, Eric, no me hubiera enfadado.

- Ya sé, pero… Solo saber que había una ínfima posibilidad me paralizó. Aunque no te lo creas, tu opinión es muy importante para mí. 

Joan se lo quedó mirando. ¿Cómo podía ser real este hombre, cómo podía tener tales ideas de bombero y, peor, cómo le funcionaban? Jugar en el Barça es el sueño de muchísima gente y una grandísima oportunidad, pero significaría traicionar al que había sido su club durante muchos años. Eric era un cabrón; ¿cómo se le ocurre soltar tal discurso y mirarle con esos ojos? 

El defensa del Barça debió leerle la mente, porque se llevó las manos aún estrelladas del portero a su barbilla, a escasos centímetros de su boca, y volvió a Sonreír, mostrando todos sus dientes.

Mirando las manos entrelazadas, Joan se lleva la que tiene libre a la cara, meneando la cabeza sin acabar de creerse lo que estaba pasando y susurra más para sí mismo que para el muchacho que estaba a su lado: Estás com un llum.

- Entonces, ¿te vienes conmigo?