Chapter Text
—El mundo real es una mierda.
Génesis dirigió su mirada confundida a Kiara, quien mantuvo sus ojos perdidos en algún punto muerto del techo. Ambas estaban recostadas sobre sus espaldas, de forma horizontal en la cama y con las piernas apoyadas en la pared, formando una L con sus cuerpos. Una posición muy habitual cuando el único propósito por el cual el dúo de mejores amigas se juntaba era para matar el tiempo.
Kiara siguió hablando.
—En serio, todo es muy aburrido. No puedo entrenar mi Nen, no puedo ser madre de dragones, ni mucho menos invadir un planeta y terminar casada con una hermosa mujer de pelo azul.
—No pensé que te gustaran las mujeres.
—Quizás yo sea la aburrida —exclamó arrastrando su voz. Suspirando, agarró una almohada con forma de estrella que estaba a su lado y la apretó contra su rostro, con la voz amortiguada terminó su veredicto. —Ni siquiera puedo conseguir novio porque soy una friki.
Génesis sonrió tímidamente. Existía un pedazo de realidad en esa última parte. En el mundo actual, los frikis eran unos pocos, siendo marginados del juego de la vida. Lo cual no sería un problema de no ser porque ambas tenían 26 años. Las reglas de la sociedad le pesaban en los hombros a ambas, el camino “correcto” debía ser respetado. Nacer, estudiar, titularse, trabajar, casarse, tener hijos y morir.
El contratiempo estaba en que ambas ya tenían completo el nivel 4. Y “el tiempo no perdona”, o eso es lo que el abuelo de Génesis le repetía constantemente cuando sólo tenía 7 años, único recuerdo que tenía de él en vida. Aunque decidió atesorar más las últimas palabras que su madre expresó con lágrimas en los ojos una noche que discutieron: “Es mi primera vez viviendo también.” Génesis no volvió a verla desde entonces.
—No creo que sea tu culpa —la respuesta salió acompañada de una suave sonrisa.
—No hace falta que me mientas para hacerme sentir más mejor —Kiara sostuvo la estrella entre sus brazos, su labio inferior se notaba un poco más fuera de lugar que de costumbre. —No existe una oportunidad para mí, nadie quiere a los frikis.
—¿Y por qué no buscas a alguien que sea un friki también?
Kiara la miró horrorizada.
—¿¡EH!? ¿ESTÁS LOCA? LOS FRIKIS SON UNOS RAROS.
Esta vez Génesis no pudo contener su risa. Bingo. Dentro del mundo friki existían personas interesantes, en el mal sentido de la palabra, y si bien ambas pertenecían orgullosamente a él, también tenían sus pies bien puestos en suelo terrenal. Aunque Kiara a veces parecía volar demasiado alto, Génesis estaba para traerla de vuelta. Su cable a tierra. Y ella aceptó orgullosamente ese trabajo no remunerado hacía 5 años, cuando se conocieron en un juego del estilo MMORPG.
Kiara tipeaba mucho, era rápida y usaba muchos caracteres innecesarios. Génesis descubrió desde el segundo cero, mientras conversaban por el juego, que su hobbie era la escritura. Mantuvieron una amistad de palabras virtuales durante unos meses, hasta que decidieron conocerse en persona. Génesis era un poco más alta que Kiara, su pelo negro y lacio natural provocaba una envidia sana en su mejor amiga, quien lidiaba a diario con sus rizos dorados y rebeldes. Las dos se abrazaron fuertemente mientras reían y comentaban estupideces sin sentido. Caminaron juntas por el centro de la ciudad de Valverde, un punto intermedio que ambas lograron coordinar para el encuentro, y fue entre luces y el murmullo urbano que Génesis, con sus ojos oscuros, encontró que Kiara escondía un pedazo de cielo en su mirada.
Siendo ese un momento que cambió su vida para siempre.
—Quejarse sin una solución en mente es una pérdida de tiempo.
—¿Cuánto le debo la sesión, licenciada? —se burló, con una mano apoyada en su propio corazón.
Aunque Kiara en el fondo de su corazón sabía que Génesis tenía razón. Ambas formaban un yin yang reencarnado perfectamente en el cuerpo de dos mujeres jóvenes. Dos mujeres jóvenes muy idiotas, pensó en su interior. Conocía a su mejor amiga a la perfección, detrás de esa mujer honesta y madura, vivía una tímida personalidad infantil que sólo Kiara logró conocer. Génesis no podía resistirse a sus ocurrencias, se sentían como descubrir una nueva estrella en el cielo, explorar lo desconocido, un pedazo de intimidad que sólo le pertenecía a las dos. Su corazón se llenaba de curiosidad y Kiara le respondía el anhelo abriendo su caja de pandora sin ningún pudor.
Por eso, para Kiara era muy fácil expresar sus pensamientos con ella. Podría lamentarse sobre el mundo entero y Génesis estaría ahí, brindándole una solución lógica a todos sus problemas.
Recordó aquella vez que no pudieron llegar a un acuerdo, amenazando con terminar una amistad de años. Lo cual no pasó, porque aunque ambas fueran dos mujeres jóvenes muy idiotas, no se separarían por el simple hecho de que un personaje de un anime que veían juntas no terminó con ningún candidato que ambas planeaban para él. Aunque mi opción era mejor, asintió Kiara en su interior.
—La próxima vez voy a cobrarte en serio.
Al escuchar esas palabras Kiara abrió su boca con una expresión de ofensa rotunda. Génesis aún miraba al techo, pero su amiga pudo ver que la comisura de sus labios estaba apenas inclinada. No lo decía en serio, pero intentaba aparentarlo.
—¿Me regalarías un muñeco inflable?
—¿Qué? No.
La rubia volvió a agarrar la almohada en forma de estrella y luego de apretarla con más fuerza contra su rostro, fingió un grito de dolor. Kiara quería que Génesis le brindara una solución a su problema. Aunque es imposible, aceptó en su cabeza.
Kiara tuvo varios novios, según Génesis, uno peor que el otro. Pero Kiara ya no lo veía así. Aunque al principio sintió mucho dolor al ver como todos sus intentos de conectar en una relación sana y estable terminaron destruídos, ella entendía en su corazón que nadie era perfecto, o en otras palabras, que todos tenemos nuestras batallas por librar. Incluida ella misma. Y aunque dejaba la vida en poder continuar recorriendo el camino de la vida junto a quienes amaba, al final siempre terminaba destruída y sola.
Bueno, sola no. Pues tuvo a Génesis a su lado la última vez que el mundo se le vino abajo por amor. Aún se sentía en deuda por eso.
Y si bien pasó un poco más de dos años desde que quedó soltera una última vez, el fondo de su cabeza decidió callar ese debate en sus pensamientos sobre las relaciones. Kiara estaba enamorada del amor, eso le señaló Génesis hacía un tiempo, y aunque no se lo remarcó con malas intenciones, inconscientemente provocó en la rubia una terminante decisión de por vida. No volvería a arriesgarlo todo por amor. Tendría que estar completamente segura antes de volver a poner en juego su corazón.
Por eso pasó tanto tiempo desde la última.
—Voy a morir sola —sentenció Kiara, con la almohada aún tapándole toda la cara.
Sintió a Génesis moverse a su lado en la cama. Kiara tenía la costumbre de dejar música reproduciendo de fondo desde su computadora, el audio proveniente de sus auriculares era una canción de Foreigner. La suave melodía llenó la habitación, el reloj apenas marcaba las 18:30, pero en julio las tardes frías de invierno apagaban el sol desde muy temprano. No hubo una razón específica por la cual eligió esa playlist esta vez. “Old&Gold” tenía un aproximado de seis horas de duración y más de 150 canciones retro, siendo su madre la principal fuente de inspiración. Y pensar que su banda favorita es Génesis, pensó, anhelando que la siguiente canción fuera de ellos. “Jesus He Knows Me”, la favorita de ambas.
Kiara no hablaba de su madre frente a Génesis, quien probablemente lo notó pero jamás reclamó nada al respecto. El acuerdo silencioso que pactaron se dio de forma natural. Ambas sabían que sus situaciones eran muy diferentes; un aspecto tan ajeno entre ellas se sentía hostil en su amistad, incómodo y pesado. Una pieza faltante en el rompecabezas de sus vidas que no logró ser encontrada con el paso de los años.
Pudo reconocer que la canción que sonaba era “Waiting For a Girl Like You”.
—¿Y por qué no lo intentas conmigo?
En su cabeza Kiara cantó la primera estrofa de la canción, acompañado de un suave tarareo de sus labios. Recordó la primera vez que la escuchó. Tenía 6 años y su madre, Iris, la reprodujo en un viejo equipo de música desde un casete, esos 4 minutos y 52 segundos lograron hacerla sentir en un estado de metamorfosis completa. Adoraba la melodía, la voz y la letra. Inconscientemente comparó ese momento con el ritmo de su corazón la primera vez que conoció a Génesis. Dentro de Elysium Realms, el juego donde se conocieron, ambas terminaron formando parte del mismo gremio. Kiara, al enterarse de que no era la única chica, se llenó de ilusiones por formar una cálida relación con G3N3S1S (nombre de usuario que Génesis tenía dentro del juego). Nunca se detuvo a pensar en su clara preferencia de estar rodeada de personas de su mismo género. No debe ser nada raro... creo, dudó en su mente.
Retiró la almohada de su rostro, soltando un largo y tranquilo suspiro mientras miraba hacia el techo. Luego de un corto silencio comenzó a reír sin escrúpulos, provocando que sus ojos se cerraran por completo.
—Eso solucionaría todos mis problemas —respondió mientras aún reía. —Aunque es demasiado bueno para ser verd…
Giró su mirada antes de terminar la oración. Se encontró con Génesis, de costado, su codo servía de apoyo contra el colchón y su mano le sujetaba el rostro, el cual estaba cubierto a ambos lados por su pelo negro, como un velo. Sus ojos oscuros reflejaban tranquilidad y serenidad, esperando, expectantes por una respuesta. Kiara encontró una sensación de desafío en la mujer a su lado. Y por primera vez, compartiendo juntas una tarde de domingo, sintió que se quedaba sin oxígeno en la habitación.
—Te lo pregunté en serio —replicó Génesis.
—...¿Qué?
