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Dos hermanos estaban teniendo una de sus últimas charlas antes de separarse por mucho tiempo. La más grande disfrutaba sus últimos momentos de tranquilidad antes de mudarse a la ruidosa ciudad.
Valentín y Sofía vivían en un pueblo en el interior de la Provincia de Buenos Aires. Era pequeño, no había muchas oportunidades salvo en el ámbito agropecuario. Ninguno de los dos quería trabajar siendo el futuro empleado de los boludos de sus compañeros de la secundaria. Sofía era la hermana mayor y ya había encontrado la salida. Había terminado la escuela hace 2 años y durante ese tiempo estuvo estudiando y haciendo el curso de ingreso de la facultad en capital. Y, después de tanto tiempo, el momento ya había llegado, en unos días iba a mudarse a capital.
—¿Qué voy a hacer este año sin vos acá conmigo? Los amo a papá y mamá pero no va a ser lo mismo sin vos.
Valentín todos los días deseaba que el día que se vaya a Buenos Aires nunca llegará. Quería que su hermana se quedara con él, no sabía lo que era vivir sin ella. Tenía amigos, pero nada se comparaba a su hermana mayor.
—Tranqui gordo, el año que viene te agarra Boca y te venís a Capital conmigo, te voy a esperar con los brazos abiertos.
Valentín se rió —Vos me tenes mucha fé.
—Obviamente. Boca es un sueño, pero con cualquiera yo sé que te vas a lucir y vas a ser enorme.
—Mientras no sea River.
Sofía se rió—No te preocupes por papá y mamá, mientras vayas a la iglesia algún que otro domingo no creo que te jodan mucho. Ellos entienden que el fútbol es lo tuyo y en la escuela te va lo suficientemente bien para no preocuparse.
Valentín cuando escuchó la palabra misa hizo como que se dormía y Sofía se rio —Yo se que no te gusta mucho, pero a mamá le pone contenta.
—Le tiene unas ganas al cura,— Se rio y Sofía le pegó en la nunca.
—No seas desubicado, nene.
—No te bancas un chiste, estás vieja ya.
—Pero en serio, yo se que vos también vas a poder salir de acá. Y sobre lo otro, yo siempre voy a estar con vos, capaz no nos veamos todos los días pero sabés que no me voy a olvidar de vos. Y si me va bien en el laburo algún finde te vas para allá.
Y se quedaron un rato en silencio mientras se iba el sol, ambos recostados en el pasto disfrutando uno de los últimos momentos que iban a pasar juntos por un largo tiempo.
Quería contarle una cosa más antes de que se vaya. Ese sentimiento vergonzoso que venía desde hace unos años ya. Cuando se cambiaba frente a sus compañeros de fútbol y le aterraba. Tanto que hace bastante no pisaba los vestidores, con la excusa de que tenía que ayudar a su mamá en la panadería y que no podía quedarse mucho tiempo después del entrenamiento. Cuando veía a las chicas de su curso y no sentía lo mismo que sus amigos. Una parte de él quería hablarlo con ella, esos pensamientos que a veces no los dejaban dormir de noche. Pero hablarlo era ponerle un nombre. Ponerle peso. Hacerlo real. Era su hermana, la persona en la que más confiaba. No creía que lo iba a juzgar.
O quizás si.
No dijo nada, porque en realidad no pasaba nada. Era solamente su mente retorcida jugándole una mala pasada. Valentín se intentaba convencer de que se le iba a pasar, que era cuestión de tiempo.
—Bueno, vamos yendo porque mamá se va a fastidiar si no la ayudamos con la comida.
Sofi se fue a capital el domingo. Fueron con sus papás hasta la terminal de Ómnibus y Sofi prometió llamarlo casi todos los días, y los findes tenían que jugar a algo en llamada un rato si o si. Valen la abrazó con mucha fuerza, pensando que si lo hacía se arrepentiría y se quedaría con él. Obviamente, muy dentro de su corazón no era lo que quería. Lo mejor para su hermana era irse y empezar una nueva etapa. El iba a estar con ella en unos años, muy lejos del lugar que estaba ahora.
El lunes empezó su último año del secundario. No les dejaron hacer el UPD. Su colegio no era muy permisivo, y la única vez que lo había sido a un pibe le agarró coma alcohólico, así que muchas generaciones se quedaron sin festejo. También era un colegio católico, así que iba un poco por ahí también.
Así que ahí estaba, completamente sobrio, charlando con sus dos mejores amigos mientras esperaban que llegara la profesora.
—No saben, — les dijo Gian — Va a venir un pibe nuevo, de España supuestamente.
—¿Me estás jodiendo? Pobre pibe. Yo me mato si me traen al culo del mundo —dijo Valentín, con una mueca. Ya casi no había gente nueva ahí y cada vez los más jóvenes se iban a otros lugares a estudiar, o a trabajar en algún otro lado.
—Su familia debe tener campo seguramente. Debe ser un chetito más. —acotó Manu, sin levantar la mirada de su celular.
—Pero que bajón. Ósea, bien por él que viene al mejor país del mundo, pero le toca venir al pueblo más aburrido de toda la República Argentina.
—¿Y desde cuando son tan chusma vos? —le preguntó Valentín a Gian.
—Me dijo Maca, —le respondió Gian sonriendo como un boludo enamorado.
—¿Y oficializaron o no? Deja de ser tan cagón.
—Todavía no, le quiero preparar algo lindo.
La conversación quedó ahí porque entró la profe de química y se hizo un silencio. Era una profesora muy respetada, además que nadie quería llevarse su materia porque estudiarla en verano era una embole.
—Buenos días, chicos. Como pueden ver vamos a empezar la semana con el estudio de la materia. Los veo a todos muy entusiasmados.—Los alumnos se rieron y ella también. —Bueno antes de empezar, el Director me dijo que tenemos un nuevo alumno, Nicolás Paz, levante la mano por favor.
Todos miraron hacia el chico que levantó la mano tímidamente. Valentín nunca había visto a un chico tan lindo. Tenía el pelo rubio y ojos claros, y parecía ser bastante alto. Estaba sentado junto a Tomás, el hijo de una de las familias con más plata. Efectivamente, era un cheto más, como había dicho Manu.
Tomás, en la opinión de Valentín, era insoportable. El típico tincho canchero que tenía muchísima plata y lo hacía el problema de todos. Aparte todas las pibas estaban enamoradas de él, así que tenía el ego hasta el cielo.
—Desde ya, trátenlo como un compañero más y háganlo sentirse como en casa. Bienvenido, Paz.
—Gracias, profesora —dijo el chico nuevo, Nicolás, tímidamente. Tenía un acento particular, claramente venía de España.
Noelia le sonrió, —Bueno, empecemos. ¿Se acuerdan de lo que es un mol?
La clase empezó pero Valentín miró al chico nuevo una vez más. Como si solo mirándolo pudiera descifrar qué hacía ahí, en ese pueblucho en el medio de la nada.. Era muy lindo y no le gustaba, nunca había visto a un chico así. Parecía uno de esos influencers que seguía Sofi que eran solo famosos porque eran lindos y tenían plata. Para su sorpresa, este lo miró y le dedicó una sonrisa tímida. Valentín apartó la mirada bruscamente, como si se hubiese mandado una cagada, se cruzó de brazos y puso su mayor cara de orto.
Gracias a Dios ni Gian ni se habían dado cuenta, los dos estaban googleando que era un Avogadro para ganarse la aprobación de la profesora.
Lo único que esperaba es que la llegada de este chico nuevo no le generara ningún problema.
Qué equivocado estaba.
