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El goleador, Nico Paz

Summary:

Donde Nico Paz festeja un gol sacándose la camiseta y despierta algo en el odioso Valentin Barco.

Chapter 1: Tarjeta Amarilla

Chapter Text

A Valentín Barco no le gustaba joder con su carrera de futbolista.

Está bien, él entendía que era muy joven todavía y que tenía más de quince años de carrera por delante, incluso más si se lo proponía. Costaba voltearse para ver a su ídolo, al mismísimo Lionel Messi, habiendo jugando un mundial con casi 40 años.

Sin embargo, él no se media a sí mismo con la misma vara que a los demás. Barco era competitivo y un cabeza dura. Entrenaba hasta tarde, era el último en salir de la cancha y el primero de sus compañeros en estar a disposición de quien sea. Se esforzaba más que nadie porque el fútbol era su pasión, y su país aún más; él dejaba la vida por la camiseta de Argentina sin pensarlo dos veces.

Pero a Valentín... le costaba jugar en equipo. Desde chico había sido siempre uno de los mejores de su camada, le costaba ceder la pelota porque tenía miedo de que los demás jugadores, sus compañeros, la pierdan. Le costaba muchísimo confiar en los demás, entonces se mandaba solo, y eso a Scaloni no le gustaba nada.

Acostumbrado a jugar con, que lo disculpen, una gran cantidad de burros, no podía arriesgarse. El colorado sentía que llevaba el grupo al hombro, y que si él cometía una mínima equivocación, les podría costar el partido, o peor, el campeonato entero.

No obstante, él sabía que La Selección Argentina no se manejaba de ese modo, y que Scaloni le perdonaba muchas actitudes de mierda que Valentín tenía, por más que quizás las haga de manera inconsciente. El Colo sabía que La Selección era una familia, no un simple equipo; tenían charlas, salidas todos juntos, conocían a los seres queridos de los demás y compartían demasiados momentos, tristes y felices, para que sea solo trabajo, y Valentín lo entendía... sólo le costaba un poco más que a los demás el tema de la confianza.

 

Ese era un día importante para Argentina: estaban jugando un partido clasificatorio por el Mundial de Fútbol Masculino, y el Colo iba a ser titular, tal y como lo venía siendo todos los partidos desde el último mundial, donde Argentina tristemente había perdido la final. Y si bien el equipo argentino tenía un objetivo grupal ese día, Valentín también tenía sus propios objetivos a nivel personal como jugador.

Valentín buscaba y añoraba ser el goleador de la Copa del Mundo. Quería ganar la Bota de Oro, y para eso debía trabajar muy duro.

... porque había otro jugador que lo tenía empatado en cantidad de goles, otro pibe, al igual que él.

Ese jugador era Nicolás Paz, el pibe que nació en España pero contra todo pronóstico y con mucho amor por el país de dónde viene su familia, decidió jugar para Argentina. A Barco le parecía maravillosa su osadía, y lo admiraba por esa decisión.

Pero no quería que él se lleve la Bota. La quería ganar él.

El partido iba empatado 2-2, estaban jugando contra Ecuador, un muy buen equipo sudamericano que sorprendía en cada partido. Un gol lo había metido él, y otro Nicolás. Ya no le daban más las piernas, pero no podía permitirse lucir cansado, ya que Scaloni no dudaría lo más mínimo en reemplazarlo en la cancha. Para colmo, el chabón que lo marcaba de Ecuador acababa de entrar, y no lo dejaba tocar la pelota o si quiera poder acercarse. Lo marcaba demasiado bien, y no tenía miedo de tirarlo de ser necesario.

Entre las corridas, los pases, los gritos y la euforia de la hinchada argentina cantando a todo pulmón en el estadio de River Plate, el tiempo se le pasó volando. Y no pudo tocar la pelota una vez.

El árbitro marcó el final del segundo tiempo, e irían a jugar los 30 minutos adicionales por reglamento. Valentín no daba más del enojo.

Todos los jugadores se acercaron a Scaloni, que los esperaba junto a todo el cuerpo técnico con botellas de agua y toallas para que los jugadores puedan recuperar el aliento. Apenas llegaron, Scaloni lo miró directo a los ojos, y Barco ya sabía lo que se venía.

—Colo, vas a salir. Entra el Toro —le dijo el director técnico argentino. No era una consulta, ni un pedido. Lo sacaba directamente.

Valentín sabía que no le correspondía, pero se mandó igual. —Todavía rindo —le dijo.

Scaloni lo miró con la peor cara de padre enojado y Barco deseó teletransportarse a la banca de suplentes. —Escuchá, el ecuatoriano no te deja tocar la pelota y es muy rápido, vos estás cansado. Salís y entra Lautaro, ya está. Lo hiciste muy bien hoy —dijo Lionel, y agregó lo último para dejarlo más tranquilo.

Sus compañeros lo animaron y le dijeron que había jugado excelente, como un animal. Le dieron palmadas en la espalda y le pasaron el chaleco de suplente.

El partido volvió a empezar, muy peleado nuevamente, pero de todas maneras era obvio que ganaban los argentinos. La precisión, los pases, esa mentalidad de que nunca se rinden, era algo que las demás selecciones no tenían; ya ni siquiera se le podía decir pasión, era un fuego que ardía mucho más fuerte.

Se venía, Colo se dió cuenta al instante. Paredes le sacó la pelota a un jugador del otro equipo, pase a Licha, cambio de frente para Cuti, pase a Enzo, pase a Lautaro... que le erra porque la golpea el arquero, pero justo atrás estaba Nico Paz... que es quien convierte el tanto y pone el partido 3-2.

Valentín grita el gol, obvio, pero con un gusto amargo en la boca. Obvio que había sido él, ¿quién más?

Todos los jugadores se acercan a festejar el gol con Paz, incluida la banca de suplentes. Se acercan todos corriendo hacia el jugador estrella, y Valentín va llegando último.

Y cuando está a cinco pasos de su compañero, lo que ve lo deja sin aliento, sorprendido.

Nico Paz agarró su camiseta y se la sacó, revoleándola por encima de su cabeza como haría cualquier argentino de carne y hueso. La luz del estadio se reflejaba en su piel mojada y la hacía brillar, y Valentín podía ver cada gota que caía y se deslizaba por su torso descubierto... en ese momento no se dió cuenta, pero se quedó estático en su lugar, mirándolo.

Y Nicolás no tuvo mejor idea que mirarlo, sonreírle y acercarse a toda velocidad para abrazarlo con todas las fuerzas que le quedaban, su pecho descubierto chocando contra el cachete de Barco, ya que era mucho más bajo que el rubio. Paz le despeinó los rulos y volvió a la cancha, aceptando la tarjeta amarilla que se había ganado por esa estupidez.

Sus compañeros prácticamente tuvieron que arrastrar a Valentín Barco fuera de la cancha, que seguía embobado por lo que acababa de pasar.