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Los alumnos se habitúan a pensar que ellos son quienes más sufren. Meses fuera de las paredes del internado, vacaciones, sol, amigos… todo quedaba en nada cuando en septiembre el calendario les recordaba donde debían pasar los siguientes nueve meses.
Pero lo cierto es que no podían estar más esquivados. Mikel Oyarzabal, profesor de historia, estaba seguro de que era él quien más sufría con el regreso a las aulas. A sus escasos veintinueve años había conseguido la hazaña de postularse como una de las promesas de la enseñanza en el internado. Y sin embargo, con todos sus logros y diferentes razones por las que alegrarse, Mikel tenía tantos miedos y sufrimientos como para sentirse un tanto mártir.
El profesor titular de francés, Aymeric Laporte, uno de los hombres con los que mejor se llevaba de todo el claustro. Estaba sentado a su lado corrigiendo algunos de sus populares exámenes sorpresa de inicio de curso.
—¿Y bien? —preguntó el francés mientras ordenaba los papeles en un taco perfecto, golpeándolo contra la mesa de manera sutil. La cara de Mikel, de no saber qué preguntaba, tuvo que ser lo suficientemente expresiva para que Aymeric siguiera hablando sin que él tuviera que abrir la boca. —¿Has hablado con Unai? —aclaró con una expresión que habla por sí sola, como si estuviera claro desde el principio por qué preguntaba.
Unai.
Unai Simón era el profesor de educación física, un hombre alto con una barba arreglada que recordaba a esas hojas otoñales que no distinguen entre el marrón y el rojo. Su sonrisa era lo peor; solía ser serio pero cuando se dejaba ver alegre su sonrisa destacaba en la sala por su aire bromista y vacilón. No parecía tomarse nada en serio cuando sonreía.
Unai era el favorito de los alumnos, el de educación física siempre lo era. Mikel pensaba que era fácil serlo cuando solo tienes que lanzar un balón y no explicar el Imperio romano a las nueve de la mañana.
—Me tomaré tu silencio como un no —el deje de acento francés lo despertó de sus ensoñaciones—. Yo insisto en que deberías, es un tío de puta madre.
—Yo no digo que no lo sea… —movió su boli por el aire, como una batuta.
—¿Te has planteado que igual tampoco él sabe cómo acercarse a ti? —preguntó esta vez Aymeric dejando sus papeles a un lado. —Los dos sabemos que no eres una persona… —Mikel alzó sus cejas con un temple amenazante que hizo que Aymeric cortara su frase de inmediato. —Lo que quiero decir es que algo pasó entre vosotros el curso pasado, no me has contado qué pasó, pero desde entonces le rehuyes.
Mikel negó con la cabeza mientras su cuerpo se deslizaba sobre la silla quedando en una posición un tanto incómoda, pero que reflejaba el aire derrotista del hombre. Aymeric desconocía la relación que había entre ellos dos, como la gran mayoría, solo sabía que Unai y Mikel no parecían congeniar, al menos no desde hace un tiempo cuando ambos fueron vistos discutiendo por un par de alumnos.
—No pasó nada, y yo no le rehuyó, simplemente no nos entendemos. —sus brazos se cruzaron sobre su pecho y sus dedos parecían juguetear con su propio vello corporal—. Lo del curso pasado fue un accidente estúpido, pero de ahí a que le odie.
—Odiar es una palabra muy fuerte para alguien que según en tus propias palabras, te la pela. —puntualizó Laporte mientras miraba al contrario tratando de descifrar sus pensamientos.
Mikel soltó un bufido a la vez que Aymeric se puso en pie para empezar a recoger todos sus exámenes y meterlos dentro del maletín.
La puerta de la sala de profesores, que hasta entonces había estado vacía salvo por ellos dos, se abrió dejando ver una espalda amplia que vestía con camiseta de licra negra y unos pantalones de deporte sueltos y cortos. Poco más de un segundo necesito Mikel para enderezarse en la silla, estando a punto de caer en el intento.
—Nos vemos en la reunión del departamento. —dijo el hombre mientras se despedía de alguien que no llegó a entrar en la sala con él.
Laporte miró a Mikel de reojo, esperando alguna reacción antes de que el golpe de la puerta al ser cerrada diera inicio a un silencio incómodo. Pero el profesor de historia entrecerró sus ojos, leyendo las intenciones de su amigo antes de que él actuara.
—Buenas tardes. —la voz de Laporte hizo que Unai se girara y sonriera, seguido se dirigió hacia la mesa, cerca de ellos dos.
—Buenas ¿corrigiendo exámenes? —la desvergonzada sonrisa del hombre apareció en su cara mientras cogía uno de los papeles del profesor de francés para echarle un vistazo por su cuenta.
—No, sólo preparando unos para arruinarles el inicio de curso a muchos. —bromeó el francés de forma amable, era increíble lo sencillo que le resultaba ser alegre y bonachón.
Unai dejó escapar una risotada breve mientras devolvía el examen con los demás, una risa grave que vibraba en todo su cuerpo, capaces de rellenar el silencio de una sala vacía. Su pelo era lo suficientemente corto como para no despeinarse pasando la mano sobre él, pero aún así Unai lo hizo, pasó una mano por su corto y castaño pelo antes de cruzar sus brazos sobre su pecho. Los segundos que duró esa misma acción su mirada hizo un escaneo rápido por la sala, hasta toparse con el profesor aún sentado en la silla, casi clavado en ella. Durante un momento los ojos de Unai y Mikel mantuvieron la mirada del otro, un milisegundo que en la perspectiva de Mikel se sitio como una eternidad, lo suficientemente larga como acabar cediendo y apartar él mismo la mirada primero.
—Hay que joderse Aymeric, luego los chavales vienen a mis clases comiéndose la cabeza y no rinden, dales una tregua que acaban de empezar. —bromeó Unai, sabiendo que poco podía decir para convencer al francés de cambiar sus métodos. —Por cierto, ¿tienes planes para después de las reuniones de departamento? Algunos van a quedar para tomar algo después ¿Te apuntas?
Aymeric terminó de guardar todo en su maletín y echar la cremallera, levantó la cabeza, antes de mirar Unai dedicó una sonrisa maliciosa a Mikel que solo él pudo captar e hizo que todas sus alarmas se encendieran.
—¿Y por qué no? —La naturalidad del francés estaba lejos de encajar con el evidente plan que tenía tras la sonrisa que le había lanzado a Mikel
Entre sus dos opciones estaban fingir no haber escuchado la conversación e irse corriendo, lo que le dejaría maleducado y gilipollas, además posiblemente acabaría dejándose en ridículo el mismo; por otro lado podía inventar una excusa, una migraña, clases que preparar, incluso alguna tutoría de última hora con un alumno nuevo.
Pero entonces la mano de Aymeric se posó en su hombro con unos, no tan leves, golpecitos.
—Mikel también se apunta, si te parece bien. Estábamos hablando de ir a tomar algo nosotros para despejarnos, pero cuantos más mejor ¿verdad?
Los ojos de ambos hombres estaban sobre él, Mikel tenía claro que podría matar a su amigo ahí mismo si no estuviera clavado en la silla presa de un pánico irracional. Por otro lado la mirada de Unai le sacaba de sus casillas, ya no había un aire jocoso ni de broma, en sus orbes había pura curiosidad, una expresión que consiguió crear un nudo en el estómago del más bajo.
—¿Anda si? —la pregunta de Unai son más a sorpresa fingida que genuina, un deje sarcástico asomaba en su mirada y eso encendió a Mikel.
No se dejaba provocar, le costaba ser de esos hombres de los que de una chispa hacían un incendio, al menos que fuera con sus más allegados y por alguna razón, con Unai, no aguantaba ese sarcasmo, esa broma, esa provocación.
ikel alzo sus cejas como si estuviera aceptando un reto del que el propio Unai no era consciente de haber empezado. Carraspeo su garganta, poniéndose de pie apartando la mano de Laporte al alzarse, no lo hizo de mala gana, pero después luego que el francés le iba a escuchar más tarde cuando Unai se hubiera ido —. ¿Quiénes más van?
—Se han apuntado Olmo, Borja y ahora vosotros dos, iba a venir Llorente pero dijo algo de no sé qué luces—hizo un gesto con su mano y tanto Mikel como Aymeric asintieron entendiendo todo lo que quería decir sin palabras, nadie aguantaba a ese hombre.
—En ese caso, si Aymeric se apunta y estáis de acuerdo, me apunto, no me vendrá mal despejarme. —él mismo se sorprendió por la templanza y calma de su tono al decir la frase y de cómo fue capaz de sostener la mirada a Unai durante todo ese tiempo sin que los recuerdos de hace meses vieran a su cabeza para estropearlo todo.
Unai pareció sorprenderse tanto como el propio Mikel lo había hecho. Por un segundo Mikel se preguntó si él también estaba pensando en aquel día.
—Genial, nos vemos en la entrada principal en una hora, calculo que para entonces habrán acabado las reuniones.
Bastó un pequeño gesto con la cabeza para despedirse de ambos, para Mikel Unai dedicó unos segundos de su mirada, para Laporte añadió un golpecito en el hombro que recibió una sonrisa del francés como respuesta.
Cuando la sala de profesores volvió a quedarse vacía para Aymeric y Mikel, el segundo necesito su momento para analizar mentalmente lo sucedido. Él y Unai habían hablado, iban a tomarse algo con unos compañeros del trabajo, se habían mirado y conversado por primera vez desde hacía meses sin esquivas y reproches. Todo por Laporte.
El de nariz prominente se giró y frunció su ceño.
—Te odio. —el susurro sonó como veneno.
Sin darle la más mínima importancia, el francés recolocó la tira del maletín en su hombro y le dedicó una amable sonrisa a su amigo antes de ir hacia la puerta para abrirla y dejarla en esa posición con su cuerpo como tope.
—De nada, ya me darás las gracias.
