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—Por supuesto que no Nahuel. Solo es un caprichito de mierda. — enciende su pucho el morocho.
Observa todo a su alrededor, fijándose como algunos adolescentes están tirados tranquilamente en el pasto, disfrutando de su día con sus respectivos amigos, o también solos.
— Bueno, qué sé yo. — suelta Nahuel, suspira y segundos después comenta: — Entonces, no te entiendo nada. ¿Por qué sigues con él si no te gusta? — para Molina, si no gustabas de alguien, fácilmente no estarías con esa persona, esa es su lógica.
Cristian solo suelta una risita, morbosa y de mala leche.
Porque aunque no le gustará, tenía que mentir, con mucho dolor, mucho sufrimiento, tenía qué hacerlo. Soltó el humo de su pucho y empezó a hablar:
— Mira, es medio... Lindo tener a alguien que posta da todo por vos, que haga cualquier cosa mínima para que vos estés satisfecho. — el morocho mete nuevamente el pucho a sus labios y, con ellos ahí, habla, aunque medio mal. — Lisandro en realidad ni ahí es mi tipo. Me van más los chicos como, no sé, Julián. Ponele. — sus ojos dejaron de ver la silueta de los adolescentes y ahora observa el cielo, tan radiante como siempre. Era época de frío y, aún así, salía el sol.
Mentiroso. Cristian Romero era un mentiroso de mierda.
Porque él ama con su vida a Lisandro, lo adora demasiado, lo quiere, pero lo que pasa es que él es un cobarde, le da miedo aceptar esos revoltijos de emociones que le pasa cuando sus ojos ve al azabache hasta su casa a acompañarlo y que no esté solo. Que sus carcajadas sean causadas por los chistes que él dice, que esas sonrisas sean dedicadas especialmente para él y solo él. Le molesta verlo cerca de Enzo, porque sabe de manera clara lo que Lisandro Martínez puede causar en una persona.
Tiene miedo de perderlo, porque es la única persona que le hace ver que no es tan mala persona, que no es tan mala leche, que no es un cobarde. Aunque lo sea con él. Lisandro nunca lo juzgó por sus tatuajes, debido a que el más bajo lo amaba con todo su mal humor, pereza y olor a tabaco.
Y es por eso que él nunca lo va a admitir.
Nahuel frunciendo el ceño cuestionable. — ¿Cómo Julián? — él no entiende nada, Cristian nunca se mostró ni un poco interesado en Álvarez. — ¿Por qué cómo Juli?
El morocho medita un poco, se le seca la garganta por lo que va a decir, por la mentira tan grande.
— Porque Julián está hermoso y Lisandro no es ni cerca de serlo. — mentira, el más bajo era lo más precioso que sus menores ojos habían visto. — Cuando le estoy besando me dan ganas de escupirle en la jeta, Dios qué asco. — siempre que podía, le llenaba el rostro de besos de más, para él, un beso no basta. — Sus ojos me desesperan. — aquellas dos joyas cafés es lo que bendice cada día, esos iris tan lindos que amaba y veía con ternura. — Y su cuerpo es tan horrible que tuve que acostarme con alguien más para olvidar todo.
Su garganta se cerró, un malestar comenzó desde su estómago hasta su boca, donde pasó un sabor extremadamente amargo a su parecer, le dolía mentir, pero no podía evitarlo. Cuando se acostó por primera vez con Lisandro y tuvieron sexo, fue aquella acción que tomó para pensar dentro suyo que quería ser el hombre de su vida para Lisandro. Y sentí miedo que lo juzgarán igual a como lo juzgan a Lisandro.
Romero no puede más con su mentira, está sintiéndose muy ahogado. Decide girarse para entrar al plantel, ver a Martínez antes de irse a sus clases.
No esperaba que al abrir la puerta, estuviera Lisandro con una carta arrugada en su pecho, sus ojos, tan lindos y llenos de luz, ahora completamente empapados por las lágrimas y su cuerpo esbelto temblando en su lugar, como si tuviera frío.
Cristian sintió que su corazón se estrujaba.
— Li... — un poco murmullo escapó por sus labios, con pánico recorriendo todo su sistema. No puede ser verdad. ¿Él no escuchó nada? ¿No?
— Cris. — sorbe su nariz para mirar al más alto. — Perdón por ser horrible, posta perdón. — sus ojos están demasiado hinchados de haber llorado a yeguas. — Perdón por haberte jodido con mi presencia. — El morocho ve como el más bajo arruga la carta con sus dedos, aplastándola más. Guardando esas palabras sacadas desde su corazón dedicados a Cristian, palabras que le eran imposibles decirles en persona por la vergüenza. — Anda con Juli, quiero que seas feliz. — sonríe con tristeza, mientras sus ojos rojos lo miran. — Igual se ven muy bien, ahora que lo pienso. — suspira con dolor, trata de buscar oxígeno así no se siente pesado. Está tratando de controlar su respiración.
Cristian quiere largarse a llorar. No estaría soportando ver a Licha en ese aspecto. Quiere decirle que fue todo mentira, que lo re ama, que es de él y de nadie, que no es feo, es el ser más perfecto que pudo ver. Muy cursi, pero real.
Y sus palabras no salen.
— Bueno, supongo que esto es una despedida Cris. — Lisandro dice en voz baja. — Y creo que esto no es necesario. — mira la cara en su mano derecha, ve que antes de entrar a la azotea hay un tacho de basura y tira la carta.
Al igual que sus sentimientos por Cristian Romero.
Lisandro se voltea para irse caminando lentamente, retomando de nuevo la sesión de lágrimas que había derramando. Sus hipidos los tapa con su mano izquierda, sabe que Cristian tiene una mala reputación, pero él no quiso creerlo.
No quise porque estaba ciega de amor. Sin embargo, al final todo el mundo tenía razón:
Cristian nunca lo quiso, y tal vez nadie lo haga.
El morocho con la respiración acelerada y con sus músculos tensos, reacciona cuando ya no ve la baja silueta del otro. Recuerda la carta que tenía Lisandro en sus manos, con rapidez y con sus piernas temblorosas, se dirige al contenedor de basura y quita la tapa con brusquedad e indaga entre la basura para poder encontrar ese papel. Cuando la encuentra, la lee rápidamente.
Jadea de dolor mientras empieza a soltar lágrimas, apoyando su espalda en la pared fría, recargando sus penas mientras cada palabra que lee del papel y siente su corazón romperse, cada palabra es lo más amoroso que le había escrito Lisandro.
“ Capaz mi aspecto no es lo mejor, pero con vos siempre me siento muy lindo. ”
Cristian sintió morirse con aquellas dos últimas palabras.
Nahuel entró al plantel y vio a su amigo destruido, simplemente se quedó con él sin poder decir ninguna palabra.
Porque todo lo que hizo Cristian, tuvo consecuencias.
