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Una Promesa

Summary:

Unai y Mikel son dos niños que sueñan con jugar juntos en el Athletic.
Pero los sueños sólo son sueños.

Notes:

Aviso rápido de que, como está inspirado en la Eurocopa de 2024, algunos jugadores que salen a lo largo de la historia jugaban en otros clubes!
Aparte de eso la mitad de este fanfic no tiene mucho sentido pero me lo he pasado pipa escribiéndolo, así que espero que lo disfrutéis :P

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Las promesas son algo sagrado. Están hechas para acordarte de ellas incluso en los momentos más difíciles. Están hechas para crear vínculos inquebrantables entre personas. Están hechas para no romperse nunca, pase lo que pase. Y las promesas son mil veces más fuertes cuando te persiguen desde la infancia.

Unai y Mikel eran dos de los niños más populares del colegio, no porque tuvieran muchos amigos o fueran excelentes estudiantes, sino porque no había ningún momento del día en el que no les vieras detrás de un balón. Todo el mundo esperaba que acabasen jugando juntos de forma profesional, y ellos también.

Habiendo terminado el entrenamiento del equipo juvenil local, Unai y Mikel charlaban sentados mientras esperaban a que sus familias les recogiesen.

—¿De verdad lo crees? — preguntaba Mikel, balanceando sus piernas que todavía no llegaban al suelo. —¿Crees que nos llegarán a coger en la uni del Athletic?

—¡Pues claro que sí! — respondía Unai, pegándole un mordisco a su bocata de salchichón. — A ver, todavía quedan muchos años, pero estoy seguro de que seremos el mejor portero y el mejor delantero del Athletic.

—¿Me lo prometes?

—¡Te lo prometo! — Unai sonaba muy entusiasmado, pero Mikel no parecía muy convencido —Hm… Mira, te cambio tu chapa por mi llavero, y cuando juguemos nuestro primer partido profesional juntos nos los volvemos a cambiar, ¿vale?

—… ¡Vale! Y, mira, mejor, si yo marco gol y a ti te marcan uno yo me quedo con las dos cosas.

—Entonces si tú no marcas y yo lo paro todo yo me quedo las dos. ¿Tenemos una promesa, entonces? — Unai le extendía su dedo meñique a Mikel, quien lo agarraba entusiasmadamente con el suyo.

—¡Pues claro! Pero no la rompas, ¿eh?

Unai rápidamente negó con la cabeza, cogiendo su llavero y dándoselo a Mikel; a cambio recibió su chapa, y en ese momento se formalizó la promesa que dirigiría cada decisión de su vida.

Su primera gran decisión fue seguir jugando en el equipo local, ya que, hasta entonces, sólo habían sido suplentes. No fue hasta que, durante uno de los entrenos, ambos lograron demostrar sus habilidades como portero y delantero, ganándose un puesto titular en el equipo hasta el instituto.
Su plan original era intentar estudiar directamente en el instituto que acogía a la cantera del Athletic, pero optaron por quedarse en su pueblo de siempre, mejorando sus números hasta que no hubiera margen de error. 

Ya tras su segundo año, se atrevieron a echar la matrícula de transferencia al instituto del Athletic. Los números de Unai como portero eran excepcionales, los de Mikel como delantero… se consideraban una buena media. Aun así, ambos confiaban en ser aceptados.

Una tarde de agosto, Mikel se encontraba solo en casa cuando el cartero llamó a la puerta; no tardó ni 30 segundos en levantarse del sofá e ir corriendo a coger el correo. La mayoría de las cartas eran correo basura, excepto una, dirigida a Mikel. Le tomó 10 minutos de preparación mental, pero logró abrir la carta y empezar a leerla.

—Por favor, por favor, por favor… “Estimado Mikel, agradecemos mucho tu interés por el centro y por el club. Sin embargo…”.

Mikel no necesitaba seguir leyendo, ya sabía que le habían rechazado. Lo supo desde el momento en el que mandó la matrícula, o el intento de matrícula. Mikel estuvo otros 10 minutos mirando al papel que tenía en sus manos, sin leerlo ni nada, sólo mirándolo como si el contenido fuera a cambiar mágicamente.

Mikel volvió a la realidad cuando recibió una llamada que casi le mataba de un infarto. Por supuesto, esa llamada era de Unai, quien habría recibido la misma carta, pero con distinto contenido. Al menos eso pensaba Mikel, quien tardó unos segundos en contestar a su teléfono.

—¡Mikel, Mikel! ¡Me han aceptado! — exclamaba Unai, muy entusiasmado. —¡Vamos a estudiar en el insti del Athletic!

—Ah… ya…

—Bueno, no sé si a ti te ha llegado la carta ya. ¿Sabes algo? ¿Mikel? ¿Estás ahí?

Mikel necesitaba unos segundos para procesar la conversación; a Unai le habían aceptado, pero a él no, lo que significaba que, si Mikel le decía a Unai que a él le habían rechazado, Unai no querría irse sin Mikel. Pero rechazar voluntariamente una matrícula de ese nivel significaba que sería muy difícil que le volvieran a aceptar, por lo que Mikel tomó una decisión: se convertiría en el villano de una historia que no necesitaba uno.

—… Unai, tengo que contarte algo.

—S- sí, dime.

—Nunca llegué a echar la matrícula.

—… ¿Qué?

—Sé que es lo que ambos llevábamos persiguiendo toda la vida, pero no creo que el Athletic sea para mí.

—Mikel, no me hagas esto. ¿Es por lo de tus estadísticas? Te dije que podíamos esperar al año que viene.

—No, no es por las estadísticas. Ya te lo he dicho, no creo que el Athletic sea para mí, Unai. Creo que nunca lo fue.

—… No vuelvas a hablarme, Mikel.

—Unai-

Antes de que Mikel pudiera decir otra palabra, Unai colgó la llamada. Mikel no lo comprobó, pero estaba seguro de que Unai le había bloqueado en todas las redes posibles, y ya no podía hacer nada al respecto.

Mikel pasó el resto de la tarde en shock, y no fue hasta que su madre volvió de trabajar por la noche que se dio cuenta de todo lo que había pasado esa tarde, y se echó a llorar como nunca. No le dijo a su madre que le había mentido a Unai —porque sabía que le regañaría y le contaría la verdad a Unai ella misma—, sólo le dijo que le habían rechazado y que no volvería a ver a Unai nunca más. Su madre lo atribuyó al dramatismo adolescente y a que Unai tendría que mudarse, así que no presionó a ninguno de los dos sobre el tema. Tampoco es que Unai le hubiese prestado atención a la madre de Mikel.

Emocionalmente, Mikel estaba al borde del colapso, pero no podía dejar que sus notas empeorasen o definitivamente perdería la oportunidad de jugar para cualquier club. Aun así, siguió estudiando y entrenando, y a mediados de ese mismo curso recibiría una oferta de la Real Sociedad para formar parte directamente del equipo titular del club, cubriendo los gastos académicos para lo que le quedaba de secundaria y sus futuros estudios universitarios con una beca deportiva completa. Para ello debía mudarse cerca de la sede del club, pero no rechazaría esa oferta por nada del mundo.

Para cuando terminaron bachillerato, el nombre de Mikel Oyarzabal ya resonaba muy positivamente dentro del equipo de la Real Sociedad, mientras que Unai Simón era la gran promesa en la cantera del Athletic, siendo el fichaje más reciente para el equipo oficial del club.

Sin embargo, por muy enfadado que estuviera Unai, y por muy deprimido que estuviera Mikel, ambos conservaron los amuletos que simbolizaban su promesa, y dentro de un rincón muy profundo de sus corazones se mantenía la esperanza de que, algún día, ambos jugarían un partido profesional juntos.

Empezando su segundo año de universidad, tanto Mikel como Unai se habían ganado el título de capitán en sus equipos, y lo estrenarían en el primer amistoso de la jornada. Y ese amistoso no podía ser otro más que el Athletic contra la Real Sociedad. Unai no estaba al tanto del resto de clubes, pero Mikel sí, y sabía perfectamente que Unai se había ganado el título de capitán porque le habían nombrado titular para esta jornada por primera vez. A eso se sumaba que, en la jornada anterior, el Athletic y la Real Sociedad no habían tenido el placer de enfrentarse, por lo que Unai descubriría a lo que se había estado dedicando Mikel durante esos años en ese partido.

Cuando ambos equipos salieron al campo y nombraron a los capitanes, Unai tuvo que preguntarle a uno de sus compañeros si realmente habían dicho “Mikel Oyarzabal”.

—¿Así que pasó del Athletic para jugar con la Real? — pensaba Unai, mirando fijamente a Mikel, quien deseaba con todas sus fuerzas que le tragase la tierra. —Esto es sucio incluso para ti, Mikel.

El partido comenzó muy intenso, acabando empate a dos antes del descanso, pero en la segunda parte bajaron un poco el ritmo. Los otros delanteros de la Real Sociedad hicieron un gran trabajo durante el partido, así que Mikel no se tuvo que encontrar cara a cara con Unai hasta que pitaron un penalti a favor de la Real Sociedad. Mikel era el tirador de penaltis por excelencia de la Real Sociedad, y no tenía un motivo para negarse a tirarlo que no fuera “el portero es mi exmejor amigo”.

Tener a Unai enfrente suyo después de tanto tiempo estaba causando que muchos recuerdos volvieran a la mente de Mikel, pero necesitaba concentrarse y volver a meterse en el partido.

—Venga, Mikel, sólo tienes que pensar en que no es Unai… Piensa que es cualquier otro portero, cualquiera que no sea Unai…

Al final, un tiro suave pero preciso hacia la izquierda engañó completamente a Unai, asegurando el tercero para la Real Sociedad. Ver a Mikel corriendo y celebrando con sus compañeros, besando el escudo de la Real Sociedad en su camiseta le hizo hervir la sangre a Unai, pero no podía perder el control en medio del partido. Al final, la Real Sociedad ganó el partido tres a dos.

Tras el partido, Mikel seguía en el campo, recogiendo el vestuario ya que ese día no tenía mucho más que hacer, y a la salida se encontró a Unai. Mikel quiso salir de ahí lo antes posible, pero Unai fue más rápido.

—¿De verdad prefieres a la Real antes que al Athletic, Mikel? — preguntaba Unai, obligando a Mikel a quedarse y continuar con esa conversación.

—No pensaba que te fuera a importar tanto el club para el que juego.

—No me importaba en lo más mínimo hasta hoy. ¿No crees que es irónico que prefieras un club que claramente se te queda pequeño?

—Bueno, el club que “se me queda pequeño” me eligió, me trata como si fuera familia, porque soy familia, así que sí, lo prefiero.

—Ya, sí, tampoco me esperaba poder razonar con un traidor como tú.

—Mira, podrás llamarme como quieras y decirme lo que quieras, pero no me vuelvas a llamar traidor.

—¿Y por qué no? Es el adjetivo que más te pega.

—No te debo ningún tipo de explicación, tampoco es que tengas derecho a ninguna.

Antes de que Unai pudiera decir nada más, Mikel le dio la espalda y le dejó solo frente al campo. Unai no esperaba que su conversación fuera a ningún lado, pero abrió una herida que ninguno de los dos quería admitir que existía.

Unos meses más tarde, después de clase, el míster de la Real Sociedad estaba de reunión con sus jugadores.

—Veréis, este año la RFEF ha organizado el proceso de selección de jugadores para la Eurocopa de forma… distinta — explicaba el míster. —Pretenden formar distintos equipos por regiones con todos los nacionalizados españoles en los distintos clubes de España, y otro equipo adicional con los jugadores que juegan fuera. Una vez formados los equipos, se enfrentarían entre ellos para determinar a los mejores jugadores de la Selección.

—¿Eso significa que este año no habrá Liga? ¿O Champions? — preguntaba uno de los jugadores.

—Liga no habrá, la Champions la jugarán los suplentes. Para nuestra región están buscando juntar a los jugadores de la Real con los jugadores del Athletic.

—Si nos juntamos con el Athletic… voy a tener que aguantar a Unai durante a saber cuántos meses — pensaba Mikel, preparado para rechazar la oferta y, potencialmente, perderse la Eurocopa.

—Además, todos los que participen tendrán este año de estudios automáticamente aprobado, con opción a mejorar el aprobado durante la jornada de selección.

Para los demás, la oferta era algo que tenían que meditar con tiempo, pero con el rumbo que las notas de Mikel estaban tomando, no tenía más remedio que aceptar.

—Muy bien, en cuanto salga la lista definitiva os notificaremos y enviaremos los horarios con los entrenamientos y partidos.

—No sé ni para qué hacen esto… si seguro que acaban cogiendo sólo a jugadores del Athletic — pensaba Mikel, recogiendo sus cosas para irse a su casa y prepararse mentalmente para los meses que se le venían encima si le cogían para el equipo regional.

Las siguientes semanas fueron bastante intensas para Mikel, redescubriendo recuerdos y encontrando nuevas formas de suprimirlos, todo mientras evitaba que sus compañeros de clase y equipo descubrieran que no estaba tan estable mentalmente como pensaban.

Finalmente, se publicaron las listas definitivas de los seleccionados de la Real Sociedad y, como era de esperar, Mikel era el primero de la lista. Lo que no era de esperar —y lo que casi le provoca una bajada de tensión a Mikel— era un aviso de que, para cuando tuvieran que viajar para los partidos, se habían elegido compañeros de habitación de hotel de forma aleatoria, pero los jugadores no sabrían quiénes eran sus compañeros hasta que les tocase compartir habitación. Conociendo la suerte de Mikel, él ya sabía con quién le había tocado, así que decidió centrarse en los entrenamientos previos al primer partido.

Después de lo que pareció una eterna espera, el primer partido de la selección de jugadores llevaría a Mikel a Madrid, a enfrentarse a una bizarra fusión entre los jugadores españoles del Real Madrid y del Atlético de Madrid. Sin embargo, el primer enfrentamiento de Mikel sería con la realidad, ya que la persona que vio al abrir la puerta de su habitación del hotel en Sol no podía ser otro más que Unai.

Ambos soltaron un suspiro de derrota, ya que claramente el destino pretendía hacerles pasar juntos el mayor tiempo posible.

—Mira, hagamos esto, fuera del campo nos ignoramos mutuamente y dentro del campo nos comportamos como compañeros y nos tratamos formalmente — sugería Unai, notándose que llevaba horas pensando en cómo evitar la mayoría de sus interacciones con Mikel.

—Trato. Al menos tus ideas siguen siendo igual de buenas.

Después de su mínima interacción, Mikel fue a dejar la puerta de la habitación igual que como se la había encontrado: cerrada con llave. Unai no pretendía hacerlo, pero se fijó en que Mikel había puesto su llavero junto a sus llaves, y estuvo a punto de mencionarlo, pero se contuvo, ya que de hacerlo rompería con el trato que él mismo había propuesto.

Los días de entreno eran un infierno para Mikel y Unai, sobre todo cuando tocaba entrenar los tiros a puerta y las paradas, pero ambos sabían que se trataba de un bien mayor. Eventualmente, ambos se acostumbraron a tener que compartir el mismo equipo de nuevo.

El día del partido, tanto Mikel como Unai ejercían de capitanes. Mikel le estaba dando ánimos al equipo, mientras que Unai charlaba con el equipo técnico.

—La verdad es que todavía no sé qué cambios serían los más óptimos — decía el míster, elegido específicamente de forma neutral para el equipo regional.

—… Si ves que el partido empieza algo estancado, para la segunda parte puedes sacar a Mikel — sugería Unai.

—Ah, ¿a Merino?

—No, a Oyarzabal. Le va a dar acción y dinamismo a los delanteros.

—Está bien, lo tendré en cuenta.

Sin nada más que preparar, unos minutos después comenzaba el partido. No había empezado de forma muy intensa, manteniendo un empate a cero bastante aburrido, y al equipo regional vasco claramente le faltaba confianza para tirar a puerta. Una mirada de Unai desde la portería al míster fue suficiente para que supiera qué hacer.

—Oyarzabal, prepárate para ir calentando, sales en la segunda parte. Nico, tú también sales — decía el míster.

Ambos jugadores asintieron, y a los pocos minutos ya estaban calentando. El descanso vino y llegó, y en la segunda parte ambos ya estaban elevando el nivel del equipo. Con el cambio de Mikel hubiese bastado para adelantar al equipo regional madrileño en el marcador, pero la combinación de Mikel y Nico consiguió poner al regional vasco con tres goles por delante en menos de 20 minutos, lo que hizo pensar a Unai en el juego que podría dar Mikel si estuviera en el Athletic. Después del tercer gol, sólo hacía falta defender, y así lo hicieron, asegurando una victoria más que decente para el regional vasco.

Una vez en los vestuarios, los jugadores vascos celebraban y se felicitaban la victoria, y entre Unai y Mikel no era distinto, pero por primera vez en semanas, había algo más que formalidad en los ojos de ambos. De vuelta en el hotel, sería Mikel quién rompería el trato.

—Antes del partido hablaste con el míster, ¿no? ¿Le dijiste que me cambiara?

—Sí, a ver, sabía que no te tendrían en cuenta a menos que yo dijera algo, y sé cómo juegas, así que bueno.

—… Gracias, no tenías por qué hacerlo.

—¿Y por qué no? Somos compañeros, y para eso estamos ¿no?

—Sí, supongo que sí.

Una tierna sonrisa apareció en la cara de Mikel durante apenas un segundo, tiempo suficiente para que Unai la viera. Esa sonrisa era la que Unai tanto echaba de menos, pero nunca lo admitiría, y menos en las circunstancias en las que se encontraban.

La vuelta del partido con el regional madrileño se hizo de vuelta en Euskadi, en el campo del Athletic, y esta vez quedaron empate a dos. No fue porque la defensa vasca tuviera problemas, sino porque Unai no parecía del todo centrado. Mikel deseaba poder preguntarle si había algo que le estuviera molestando, pero seguían sin encontrarse en una posición en la que esa pregunta fuera recibida con agrado.

Su siguiente partido sería contra el equipo regional valenciano, fusión del Valencia y del Levante. Unai disfrutaba de sus últimos días sin incomodidad involucrada antes de tener que volver a compartir habitación con Mikel dando una vuelta por las calles de Bilbao, cuando se encontró con una cara familiar.

—¡Ay, Unai, cuánto tiempo! — exclamaba la madre de Mikel. En otras circunstancias Unai habría salido corriendo, pero ahora era un adulto, y no podía hacer eso. —¿Qué tal todo? Me ha dicho Mikel que la Real y el Athletic estarán jugando juntos una temporada.

—Sí, sí, bueno, cosas que se inventa la RFEF.

—Bueno, me imagino que estaréis muy contentos de estar jugando juntos otra vez.

—A ver-

—Ay, con lo mal que lo pasó mi Mikel cuando le rechazaron.

—… ¿Cómo?

—Ya sabes, cuando quisisteis matricularos en el instituto del Athletic y a él le rechazaron. Ay, lo destrozado que se quedó el pobre, se tiró todo lo que quedaba de verano sin salir de su habitación, e incluso se pensaba que no os ibais a volver a ver.

—P- pero si él…

—En fin, es una alegría que volváis a jugar juntos durante un tiempo. Pero bueno, me alegro mucho de verte, dales recuerdos a tus padres.

—S- sí, claro, igualmente…

Después de despedirse, Unai se quedó mirando a la nada, procesando la conversación que acababa de tener con la madre de Mikel; si ella no estaba mintiendo significaba que ahora había dos versiones de los hechos, y no podía creerse que lo más probable fuera que la de Mikel fuera mentira.

Una vez en el hotel de Valencia, Mikel ya estaba en su habitación cuando Unai llegó. Unai quiso hacer algo de tiempo colocando todo su equipaje, pero sabía que sólo estaba retrasando lo inevitable. Cuando salió del dormitorio, Mikel estaba completamente metido en su teléfono, sentado en el sofá.

—Me encontré con tu madre en Bilbao — finalmente dijo Unai, únicamente recibiendo un breve arqueo de cejas por parte de Mikel.

—¿Y qué? ¿Se alegró de verte? ¿O pasaste de ella?

—Me dijo que te rechazaron, Mikel — esta vez a Mikel se le cayó el móvil de la mano, y se levantó del sofá lentamente. —¿Me puedes explicar cómo es eso posible si se supone que no mandaste nada?

—P- pues no lo sé, ya no sé lo que te dije y lo que no, no me acuerdo.

—No me mientas, Mikel, no estoy de humor para esto ahora mismo.

—… Vale, sí, me llegó la carta antes que a ti. No les parecía que tuviera nivel suficiente para jugar con ellos.

—Pero, ¿por qué me mentiste? No lo entiendo.

—Unai, sabes-

—Sólo tenías que decírmelo y me habría esperado a que te aceptasen.

—¡No! ¿Ves? Es justo por eso. Estuve investigando, ¿sabes lo complicado que es que te vuelvan a aceptar en un instituto como ese si rechazas la matrícula? No podía dejar que perdieses esa oportunidad sólo por mí.

—Pues si no me volvían a coger me hubiese ido a la Real contigo. ¿Cuánto te costó entrar?

—Pues nada, porque ese mismo año me ficharon directamente como titular, ¿y tú crees…?

Mikel le iba a preguntar a Unai si pensaba que a él le habrían fichado directamente en la Real Sociedad como a él, pero era evidente que lo habrían hecho sin dudar. Unai era tan bueno que volvía loco a Mikel, le ponía tan celoso que no era capaz de pensar con claridad. De pronto, Unai se acercó a Mikel y le abrazó con fuerza, desconcertándole.

—¿Y- y esto a qué viene ahora? — preguntaba Mikel.

—Tienes que empezar a pensar en qué es lo mejor para ti, Mikel. Tienes suerte de que tanto a ti como a mí nos ha ido bien, pero no puedes depender siempre de tener la misma suerte que yo, o que cualquier otro.

Mikel definitivamente no se esperaba que Unai reaccionase de esa manera, causando que, tal y como llevaba ocurriendo muchos años, Mikel se pusiera a llorar, enterrando su cara entre el cuello y el hombro de Unai.

—No sabes lo mal que me lo has hecho pasar, haciéndome pensar que te había hecho algo para que me odiases — decía Unai, acariciando suavemente la cabeza de Mikel.

—Pues deberías saber que nunca sería capaz de odiarte… Joder, si es que soy tan tonto…

—No, Mikel, no eres tonto, sólo eras un adolescente a cargo de una decisión demasiado grande… ¿Te puedo proponer otro trato?

—Uh… ¿vale…?

—Fuera del campo nos tratamos como amigos y dentro del campo nos tratamos como amigos también.

—Pues no me termina de convencer, ¿podemos tratarnos como mejores amigos?

—Vale, eso me convence más.

Unai y Mikel estuvieron un rato más abrazados, y después se sentaron en el sofá a charlar y ponerse al día. Parecía evidente, pero ninguno de los dos se había dado cuenta de lo mucho que se habían echado de menos hasta que se tiraron horas sólo con la compañía del otro.

De repente, los entrenamientos ya no se sentían incómodos, pero a Mikel no le terminaba de convencer que Unai fuera capaz de parar todos sus disparos, aunque eso significaba que tenían, en su opinión, al mejor portero de España. Por su parte, a Unai no le terminaba de convencer que tuvieran que tratarse como mejores amigos, pero eso no era culpa de Mikel.

Tocaba enfrentarse al equipo regional valenciano, esta vez con Mikel como titular desde un inicio. El primer partido fue algo complicado, pero lograron ganar uno a cero. Sin embargo, de vuelta en Bilbao, el equipo regional vasco se llevaría su primera derrota, acabando el partido de vuelta con el regional valenciano uno a dos. Claramente, había algo que estaba molestando a Unai, y esta vez Mikel sí tenía la confianza para preguntarle, y aprovechó que habían quedado para tomar algo para sacar el tema y pudiera responder sin presión.

—Unai, ¿está todo bien? Las dos veces que hemos jugado aquí parecías desconcentradísimo.

—No lo sé, creo que es la presión de estar jugando en casa…

—Ah, ya, lo entiendo… ¿Es sólo eso?

Unai ignoró por un momento su café para mirar a Mikel; sus ojos de oliva que siempre le habían suplicado la verdad estaban haciéndolo otra vez, pero esta vez Unai no podía ser sincero. No podía confesarle que lo que veía en Mikel no era un amigo, y menos cuando habían conseguido aclarar las cosas después de tantos años.

—… Sí, es sólo eso, no te preocupes.

—Bueno, si necesitas algo puedes contar conmigo.

—Lo sé, Mikel. Gracias.

A Mikel no le había convencido demasiado la explicación de Unai, pero tampoco quería seguir presionándole, así que dejó el tema y terminó de disfrutar su café.

El siguiente partido del equipo regional vasco sería contra el regional gallego, la mezcla entre el Celta y el Deportivo. Esta vez, el primer partido sería en Bilbao, lo que significaba que no habría hotel ya que todos los jugadores vivían lo suficientemente cerca del campo del Athletic, y serían otras dos semanas en las que Unai sólo podría pasar tiempo con Mikel en los entrenamientos. Odiaba admitirlo, pero no había tardado ni un mes en volver a estar obsesionado con Mikel.

El día del partido, como ya parecía costumbre, el regional vasco empezó perdiendo por dos goles contra el equipo regional gallego. Durante el descanso, estando solos, Mikel volvió a insistirle a Unai sobre si estaba bien, o si necesitaba algo.

—Mikel, de verdad que estoy bien — repetía Unai, pero esta vez Mikel no le creería.

—Si estuvieras bien no te darían cortocircuitos cada vez que un balón se acerca a la portería. De verdad, dime qué te pasa.

—… Vale, sí, tengo un problema, un problemón, y se llama Mikel Oyarzabal. Cada vez que salgo al campo se me inunda la cabeza de cientos de escenarios ficticios contigo y no soy capaz de concentrarme en el partido. Eso es lo que me pasa.

Justo cuando Unai terminó de hablar, el míster apareció por sorpresa para avisarles de que el partido iba a reanudarse, por lo que no podrían seguir discutiendo los problemas de Unai.

Afortunadamente para Unai, soltar todo lo que tenía dentro desde hacía semanas le ayudó a poder centrarse en el partido y ser el buen portero que era; desafortunadamente para Mikel, las palabras de Unai le habían dejado totalmente desconcertado, pero consiguió mantenerse lo suficientemente cuerdo como para poner el marcador a su favor, acabando en victoria del equipo regional vasco tres a dos.

Tras el partido, en los vestuarios, Unai y Mikel tenían otra cosa a la que enfrentarse, que podría haberse solucionado en cinco minutos si Unai no hubiese decidido ignorar a Mikel hasta que tuvo la oportunidad de irse a casa sin que nadie le detuviera. En los entrenamientos la cosa tampoco fue a mejor, pero Unai se encontraría con otro problema: no podía evitar a Mikel en el hotel de Vigo, y Mikel se lo dejaría muy claro.

—Unai, de verdad, tenemos que hablar sobre lo del otro día — decía Mikel, en cuanto vio a Unai aparecer por la puerta de la habitación.

—Pues no sé de qué, tú querías saber lo que me pasaba y yo te lo he dicho.

—No, hablo sobre lo que dijiste, sobre el significado literal de tus palabras.

—¿Y para qué quieres hablar de eso? ¿Para burlarte de mí?

—… ¿Pero tú eres tonto? ¿Crees que eres el único del mundo que fantasea a veces?

—No, joder, no digo eso, pero-

—Pues te aseguro que tú no piensas en mí ni la mitad de veces que yo pienso en ti, y yo también tengo problemas para centrarme en el campo. ¿Quieres saber el nombre de uno de ellos? Unai Simón, así que no eres especial por no poder dejar de pensar en mí.

—… ¡¿Qué?!

—¿Qué pasa? ¿Tú puedes confesarte y yo no? No me parece muy justo de tu parte.

—No, no, espera, ¿te gusto yo? ¡¿A ti?! ¿Desde cuándo?

—Pues… ¿desde que sé lo que significa la palabra “amor”? No sé, pensaba que era bastante obvio.

—¡No, para nada! ¿Y te arriesgaste a no volver a hablarnos nunca más, ¡gustándote!? Eres un desastre, Mikel.

—Creo que deberías callarte, Unai.

—Sí, debería… ¿Me ayudas a hacerlo?

Parecía que Mikel llevaba esperando esa propuesta desde el momento en el que Unai entró a la habitación porque, en el momento en el que la propuesta salió de la boca de Unai, se le lanzó encima a besarle. Ninguno de los dos se contuvo, ya que llevaban toda la vida esperando ese momento, y no iban a dejar que su primer beso fuera una simple anécdota. Lo único que les sacó de su burbuja fue el sonido de un vaso estrellándose contra el suelo después de que golpeasen la mesa de la sala de estar, a lo que Mikel respondió riéndose.

—Jolín, yo quería ponerme romántico — se quejaba Unai, al ver lo rápido que Mikel perdía el interés en la situación.

—Perdón, es que me acabo de acordar del viaje ese a Cantabria cuando te cargaste la ventana por tirar la mochila sin mirar — Mikel envolvía sus brazos alrededor de Unai, por encima de sus hombros. —Tengo muchas ganas de liarla contigo otra vez.

—Y yo tengo muchas ganas de liarme contigo — volvía Unai a besar a Mikel, abrazando su cintura con fuerza.

—¡Ay, Unai, ya! Que tenemos que bajar a entrenar en media hora…

—¿Y hasta entonces no puedo pasar el rato contigo?

—Claro que puedes, podemos terminar la serie que empezamos en Valencia. ¿No te habías quedado con ganas de seguirla?

—¡Coño, es verdad! — exclamaba Unai, soltando a Mikel y yendo a encender la televisión lo más rápido que pudiera.

—¿Así de rápido me sustituyes? Hazme el favor de recoger los cristales primero, anda.

En media hora no les iba a dar tiempo a ver mucho, pero tampoco es que les importara, ya que en cuanto tocaron el sofá lo único de lo que se preocuparon fue de acurrucarse y abrazarse hasta que les tocó irse al entrenamiento.

El día del partido, tanto Mikel como Unai se encontraban bastante relajados; al final, ser capaz de sacar todo lo que tenías en el pecho sin malas consecuencias es algo que te ayuda a sentirte mejor mentalmente, y ambos lo demostraron en el partido, ganando al equipo regional gallego cuatro a cero, tres goles siendo de Mikel, y registrando las mejores paradas de Unai de toda la temporada.

Sin embargo, de vuelta en el hotel, Unai se puso un poco sentimental al volver a ver su llavero colgado con las llaves de Mikel.

—¿Lo has llevado siempre encima? — preguntaba Unai, Mikel sabía que se refería al llavero.

—Bueno, mi primer año en la Real no podía ni mirarlo o me ponía a llorar… Pero, desde entonces, siempre lo llevo encima.

—Ah, ya…

—No te preocupes si… si tú te has deshecho de la chapa, lo entiendo.

—No, no, mira.

Unai fue corriendo al dormitorio y volvió con la chapa de Mikel en la mano.

—La llevo siempre encima… Por muy enfadado que estuviera contigo, sentía… sabía que me daba suerte. Confiaba en que nos veríamos de nuevo.

—Eres demasiado bueno, Unai. No te merezco.

—¿Qué dices? ¿Cómo no me vas a merecer, tonto? Entonces… ¿quieres que te devuelva la chapa?

—Pero si todavía no hemos jugado nada profesional juntos, y tampoco se han cumplido ninguna de nuestras dos condiciones.

—… ¿Y estos últimos meses?

—¿Vas a llamar a este circo “profesional”?

—No, ya, tienes razón. Pues toca trabajar duro para que nos cojan para la Euro.

—Coño, si todo esto era para la Euro… Lo que te digo, un circo.

Los últimos días en Vigo los pasaron tranquilamente en el hotel, y de vuelta en Euskadi se iban turnando para invadir la casa del otro cuando tenían días libres entre entrenamientos.

El último partido de la jornada más extraña que Unai y Mikel habían jugado sería contra uno de los equipos regionales andaluces, que juntaba al Sevilla con el Betis, y el primer partido volvía a ser en Bilbao. Esta vez Unai fue capaz de recuperar su honor en Euskadi, logrando un marcador de dos a cero a favor del regional vasco, con la aportación de Mikel en los goles, y a la vuelta volvieron a ganar, esta vez uno a cero, y de nuevo con un gol de Mikel.

Tras el partido, en el vestuario, los jugadores pensaban que le tomaría unos días a la RFEF elegir a los elegidos para jugar con la Selección, pero la aparición sorpresa de uno de los mánager de la RFEF les tomaría desprevenidos.

—Tras este partido, la lista de seleccionados queda definida como definitiva, anunciaré a los jugadores elegidos — decía el mánager, dándole demasiado suspense a algo que no lo necesitaba. —Del Athletic han sido elegidos Unai Simón, Dani Vivian y Nico Williams.

—Han cogido a pocos… a lo mejor sí que entro — pensaba Mikel, agarrado con demasiada fuerza al brazo de Unai.

—Y de la Real Sociedad han sido elegidos Robin Le Normand, Mikel Merino, Álex Remiro, Martín Zubimendi y Mikel Oyarzabal. Pronto recibiréis un correo con toda la información sobre la Selección, los entrenos y los partidos previos a la Eurocopa. Gracias.

Tal y como llegó, el mánager salió del vestuario, dejando a los jugadores en shock durante unos segundos, antes de que estallase el caos. Unos celebraban, otros felicitaban y otros se lamentaban. Por su parte, Unai abrazaba con fuerza a Mikel, sin poder parar de saltar, mientras que Mikel lloraba desconsoladamente.

—¡Vamos a jugar juntos, Mikel! ¡Por fin vamos a jugar juntos! — exclamaba Unai, sin dejar de saltar.

—N- no me lo puedo creer, pensaba que no me iban a coger, de verdad que no…

—¿Qué hacemos con la promesa? ¿Contamos la clasificatoria o nos esperamos a la primera eliminatoria?

—Pues… creo que podemos esperarnos a la primera eliminatoria.

—Vale, pues nos esperamos… Joder, todavía no me lo creo, vamos a jugar juntos en la Eurocopa…

—Bueno, primero nos tenemos que clasificar… Pero confío en nosotros.

Aunque ser elegidos para la Selección era un gran hito, Mikel tenía razón: a España todavía le quedaba jugar lo suficientemente bien como para clasificarse en la Eurocopa, pero la Selección demostró de lo que estaba hecha, logrando clasificarse sin problemas, y de un día para otro, estaban apenas a unos minutos del primer partido de la fase de grupos, contra Croacia.

—Pues nada, esto empieza ya, ¿estás listo? — le preguntaba Unai a Mikel.

—No, la verdad es que no, pero no hay vuelta atrás ya, ¿no?

—Venga, estamos aquí para ganar, Mikel, y vamos a hacerlo.

No parecía la gran cosa, pero los ánimos de Unai ayudaron a Mikel a jugar como su mejor versión. La primera mitad del partido quedó totalmente definida por los centrocampistas y los delanteros de la Selección, marcando Morata en el minuto 29, Fabián en el 32 y, por último, Mikel en el tiempo añadido. Como en todos los partidos, Unai no pudo salir corriendo a abrazar a Mikel tras su gol —le gustaba dar infartos, pero no tan graves—, así que aprovechó el descanso para abalanzarse contra él apenas entraron al vestuario.

—Habéis hecho un trabajazo, pero especialmente tú, Mikel — le decía Unai, besándole la frente a Mikel.

—Ahora os toca a vosotros, no os relajéis — decía Mikel, refiriéndose a la defensa.

—Ya sabes que no voy a dejar que la promesa la ganes tú, no va a entrar ningún balón a la portería.

Lo que algunos habrían visto como exceso de confianza, Mikel lo veía como la verdad absoluta, y no fue para menos, ya que la segunda parte la dominó la defensa española, quedando todos los balones peligrosos despejados por Cucurella y Laporte, y Unai atajó todo lo que pasaba de ellos, incluso deteniendo un penalti cerca del final del partido. Al final, la Selección ganó tres a cero a Croacia.

En los vestuarios tras el partido, los demás discutían las mejores jugadas y qué se podía mejorar, mientras que Unai y Mikel estaban apartados, discutiendo algo mucho más importante.

—Entonces, yo he marcado, pero al final tú lo has parado todo también — decía Mikel.

—¿Qué hacemos ahora?

—Pues… supongo que me quedaré con el llavero hasta que a ti te marquen un gol y yo meta uno también. Como viene siendo costumbre, vamos.

—Y supongo que yo me quedaré con la chapa hasta que yo lo pare todo y tú no marques nada. Me parece bien.

—¿Pero qué hacemos para sentenciar la promesa? Porque el siguiente ya no será el primero.

Unai se quedó pensando por unos segundos, antes de agarrar las mejillas de Mikel y plantarle un beso en los labios, al que Mikel respondió con otro más.

—¿Te parece que lo resolvamos así cada vez que quedemos neutros? — preguntaba Unai, abrazando la cintura de Mikel.

—No sé, la verdad es que no me importa acabar los partidos así pase lo que pase.

—Pues nada, lo haremos así pase lo que pase. ¿Y qué hacemos cuando juguemos en contra?

—Cuando juguemos en contra… Si gana la Real yo mando, y si gana el Athletic mandas tú. Sabes a lo que me refiero. ¿Qué te parece?

—Me parece perfecto.

Unai volvió a besar a Mikel, esta vez abrazándole con fuerza.

Su promesa se había cumplido, pero su vínculo se mantenía inquebrantable, y eso era lo único que les importaba.

Notes:

Gracias por leer!
Y sí, he sustituido el gol de Carvajal por un gol de Oyarzabal y lo volvería a hacer.