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las cronicas de xu Qianyeng temporada 1

Summary:

Tras un accidente provocado por un ritual taoísta prohibido, el sacerdote, alquimista y funcionario imperial Xu Qianyeng despierta en la China de 1990, más de dos siglos después de su época.
Perdido en un mundo dominado por la tecnología, su único objetivo es encontrar a Liang Zhen, el hechicero que escapó a través del tiempo y que, tras un siglo de preparación, se ha convertido en el poderoso dueño de una empresa de telecomunicaciones en Hong Kong.
En su búsqueda conoce a Chen Wei, un joven burócrata tímido que descubre ser el último descendiente de Liang y comienza a despertar poderes sobrenaturales, y a Aoi Kirisawa, una famosa y arrogante exorcista japonesa que investiga fenómenos paranormales relacionados con la corporación del misterioso magnate. Juntos resolverán casos sobrenaturales mientras descubren una conspiración que amenaza el equilibrio entre el mundo espiritual y el moderno

Notes:

nota: inspirado en my date with a vampire ,MR. vampire I-II-III etc.

Work Text:

(nota: escucha el soundtrack aqui:
https://www.youtube.com/watch?v=SYWqYkqzKTU&list=RDhBzVe6A5h6s&index=2
https://www.youtube.com/watch?v=xCqWtQBHnzQ&list=RDxCqWtQBHnzQ&start_radio=1
https://www.youtube.com/watch?v=WR6TT_r-2Mg&list=RDWR6TT_r-2Mg&start_radio=1&t=243s)

CAPÍTULO 1

El comienzo de todo (Parte 1)

INT. CELDA DESCONOCIDA – PENUMBRA

Oscuridad.

Poco a poco, los ojos de XU QIANYENG comienzan a abrirse.

Durante unos segundos permanece inmóvil, respirando con dificultad.

Una tenue luz blanca, incrustada en una pared lisa, ilumina débilmente la habitación.

Xu parpadea varias veces, desorientado.

Para él, apenas ha pasado una hora desde su enfrentamiento con Liang Zhen.

Se incorpora lentamente sobre una estrecha cama de hierro.

Hace una mueca de dolor.

XU (quejándose):
Ah... mi cabeza...

Se lleva ambas manos a las sienes y las masajea lentamente.

Respira hondo.

Levanta la vista.

Observa la habitación.

Unos gruesos barrotes de acero.

Una pesada puerta metálica.

Paredes desnudas.

La cama está fijada al muro mediante gruesas cadenas.

Xu recorre la habitación con la mirada.

XU (para sí) :
Una prisión...

Frunce el ceño.

Aquello no se parece a ninguna cárcel que haya visto durante sus años como funcionario imperial.

No hay suelo de piedra.

No hay tarima de madera.

No hay antorchas.

Solo hierro.

Acero.

Y aquella extraña luz blanca que parece no provenir del fuego.

Xu Qianyeng aparenta unos cuarenta años.

Es delgado, de estatura mediana y posee un rostro sereno, marcado por una constante expresión de cautela y curiosidad. Lleva un pequeño bigote de cepillo, unas espesas cejas casi unidas y un cabello corto completamente gris.

Viste un daopao azul sujeto por un cinturón dadai y calza unos qiao tou lü negros de suela blanca.

Permanece inmóvil unos instantes.

De pronto...

Sus ojos se abren con sorpresa.

XU (en shock): ¡El talismán!

Comienza a registrar apresuradamente su túnica.

Palpa los bolsillos.

Los pliegues del daopao.

Las mangas.

Finalmente encuentra algo.

Lo saca con cuidado.

Es un talismán.

O, mejor dicho...

La mitad izquierda de un talismán.

Xu lo observa en silencio.

Sobre el papel aún puede verse un tenue resplandor verdoso.

Mucho más débil que antes.

Casi extinguido.

El sacerdote aprieta los labios.

Su expresión cambia.
Ahora lo recuerda todo.

FLASHBACK
EXT. TEMPLO TAOÍSTA Tàiyáng yúnzhī diàn (太陽雲之殿, " templo de la nube solar"), CONDADO DE MINHOU, PROVINCIA DE FUJIAN, IMPERIO QING.

Fecha (calendario tradicional chino): Décimo día del duodécimo mes del trigésimo cuarto año del emperador Qianlong.

Calendario gregoriano: 3 de febrero de 1770.

Es de noche.

El viento hace oscilar los faroles de papel del templo.

Frente al portón principal se ha reunido una multitud de campesinos furiosos.

Algunos sostienen antorchas.

Otros empuñan espadas, lanzas o gruesos bastones de madera.

Incluso hay varios hombres armados con viejos arcabuces holandeses heredados de generaciones anteriores.

Todos miran hacia el templo.

ALDEANOS
(gritando):

—¡Da la cara!

—¡Brujo!

—¡Asesino!

—¡Monstruo!

—¡¡Esta será tu última noche, Liang Zhen!!

En ese momento, una figura aparece caminando por el sendero de piedra.

Es XU QIANYENG.

Camina con absoluta tranquilidad, como si la multitud enfurecida no existiera.

Lleva las manos ocultas dentro de las mangas de su daopao azul.

Su expresión permanece serena.

Un joven aldeano lo reconoce.

ALDEANO
(con alivio) :
¡Miren! ¡Es el maestro exorcista Xu Qianyeng!

Todos se vuelven hacia él.

En cuestión de segundos queda rodeado.

ALDEANO 1:
¡Maestro Xu, tiene que ayudarnos!

ALDEANO 2 :
¡Liang Zhen está dentro del templo!

ALDEANO 3 :
¡No podemos detenerlo!

Los tres siguen hablando al mismo tiempo.

Xu cierra los ojos unos segundos.

Suspira.

Levanta lentamente ambas manos.

XU:
Esperen...

Los aldeanos siguen hablando.

XU:
Esperen...

Nadie le hace caso.

Finalmente alza un poco más la voz.

XU:
Si hablan todos al mismo tiempo, voy a terminar exorcizando el pueblo equivocado!

El silencio cae de golpe.

Los campesinos se miran unos a otros, algo avergonzados.

Xu asiente, satisfecho.

XU :
Mucho mejor.

(Pausa.)
Ahora sí... uno por uno.

Un anciano de larga barba blanca avanza entre la multitud.

Viste un daopao gris, una túnica ceremonial jiangyi, zapatos tradicionales de madera y un sombrero taoísta liangguan, propio de un abad.

Es Zhang Daoxuan (张道玄), abad del Templo Tàiyáng.

Se inclina respetuosamente.

ZHANG DAOXUAN
(nervioso) :
Maestro Xu...Liang Zhen... su antiguo compañero...

Ha escapado de su ejecución.

Xu abre un ojo.

XU (calmado) :
Eso explica por qué hoy ha sido un día tan largo.

ZHANG DAOXUAN :
Fue condenado por practicar magia negra, cometer herejía y asesinar inocentes.

Xu asiente lentamente.

Como si ya conociera esa parte de la historia.

Un campesino interviene.

ALDEANO
(indignado):
¡Hipnotizó a los guardias!. ¡Les hizo creer que eran pandas!. ¡Uno terminó atacando a un vendedor de verduras antes de recuperar el juicio!

Xu permanece completamente serio.

XU (pensativo):
Es una ilusión bastante elaborada. Ridícula... pero elaborada.

Varios aldeanos lo miran sorprendidos.

Esperaban otra reacción.

Otro campesino señala el templo.

ALDEANO 2 :
¡Después vino hasta aquí! , ¡Expulsó al maestro Zhang y a todos los sacerdotes y Se encerró dentro!

La multitud vuelve a agitar las antorchas.

ALDEANO 3 (TONO COLERICO):
¡Vamos a entrar Y Lo sacaremos aunque tengamos que quemar el templo!

Xu desvía la mirada hacia el edificio.

Permanece pensativo unos segundos.

Luego vuelve a mirar a los aldeanos.

XU (tono incrédulo) :
¿Van a incendiar un templo taoísta......para atrapar a un mago que controla el fuego?

Los aldeanos se quedan inmóviles.

Nadie responde.

Xu suspira.

XU (tono directo): Definitivamente necesito cobrar más por este trabajo.

Sin esperar respuesta, comienza a caminar hacia la entrada del templo.

La multitud abre paso en silencio.
Xu se acerca lentamente al gran portón de madera del templo.

Levanta la mano.

TOC. TOC.

Espera unos segundos.

Silencio.

XU
(alzando la voz) :
Liang. Ya no tienes dónde esconderte. Todo el pueblo me ha contado lo ocurrido. Así que sal de una vez y ahorrémonos tiempo a los dos.

Silencio.

Ni una respuesta.

Ni un movimiento.

Xu permanece inmóvil unos segundos.

Luego se encoge ligeramente de hombros.

**XU**

—Hm.

—El plan A suele funcionar.

(Pausa.)

—Supongo que hoy toca el plan B.

Da media vuelta y comienza a alejarse con total tranquilidad.

**XU**
(con absoluta calma)

—Bueno...

—Les deseo buena suerte sacándolo de ahí...

—...y sobreviviendo para darle la paliza que tienen pensada.

Los aldeanos se miran alarmados.

Zhang Daoxuan corre tras él.

**ZHANG DAOXUAN**

—¡Espere, maestro Xu!

Xu se detiene, pero no se gira.

El abad llega jadeando.

ZHANG DAOXUAN (suplicante):
¡No puede irse! ,¡Usted es el único capaz de enfrentarse a Liang Zhen!.
Fueron compañeros de estudios. Lo conoce mejor que nadie.

Xu finalmente se vuelve hacia él.

Cruza los brazos.

XU
(con curiosidad) :
¿Ah, sí?

(Pausa.)

¿Y qué recibiré yo a cambio?

Los aldeanos intercambian miradas.

Xu continúa con toda naturalidad.

XU:
Ustedes saben que, cuando trabajo como exorcista...

...no lo hago exactamente por vocación.

Levanta una mano.

Junta el pulgar con el índice y los frota lentamente.

No hace falta decir una palabra más.

Los aldeanos suspiran al mismo tiempo.

Ya esperaban esa respuesta.

Zhang Daoxuan piensa unos segundos.
ZHANG DAOXUAN:
El templo puede pagarle...

(Pausa.)

—Veinte taeles de plata.

Xu permanece completamente serio.

Como si estuviera haciendo un complicado cálculo mental.

Después de unos segundos...

Extiende la mano.

XU (con un sonrisa):
Trato hecho.

El abad sonríe aliviado y estrecha su mano.

Los aldeanos celebran la noticia.

Pero Xu levanta un dedo.

XU(serio):
Un momento.

Todos guardan silencio.

XU (confiado):
Veinte taeles por aceptar el trabajo.

(Pausa.)

—Y otros veinte cuando Liang Zhen esté derrotado.

El abad parpadea.

XU (con alegría):
Después de todo...Capturar a un asesino, un hereje y un mago loco cuesta más que espantar dos o tres fantasmas.

Zhang suspira resignado.

ZHANG DAOXUAN: Está bien. Acepto.

Xu asiente, satisfecho.

XU:
Excelente.

Mira detenidamente el templo.

XU (pensativo) :
Ahora, abad Zhang...Dígame una cosa.

ZHANG DAOXUAN:
¿Cuál?

XU (curioso):
¿Hay alguna ventana, una entrada trasera... o cualquier sitio por donde pueda entrar sin tener que atravesar la puerta principal?

Los presentes se miran entre sí.

Uno de los sacerdotes levanta lentamente la mano.

SACERDOTE:
Creo... que sí.

EXT. PATIO TRASERO DEL TEMPLO YUNQING – NOCHE
Xu observa el pequeño edificio de los baños, separado del resto del templo.
Luego mira la diminuta ventana abierta.
Vuelve a mirar al abad.
Después otra vez a la ventana.
XU
(incrédulo):
¿Este es el lugar por donde debo entrar?
Nadie responde.
XU :
¿Me están diciendo que la única entrada libre al templo...
(Pausa.)
—...es la ventana del baño?
Los aldeanos desvían la mirada con cierta vergüenza.
El sacerdote que había mencionado la ventana levanta tímidamente la mano.
SACERDOTE
(apenado):
E-es que... cuando Liang Zhen irrumpió en el templo...
Y-yo estaba usando el baño.
Xu arquea una ceja.
SACERDOTE
Había dejado la ventana abierta porque...
(Baja la cabeza.)
...tenía el estómago muy mal.
Se hace un incómodo silencio.
Xu permanece completamente serio.
XU:
Entiendo.
(Pausa.)
¿Y al menos tuvo tiempo de tirar de la cadena... antes de salir corriendo?
El sacerdote asiente rápidamente.
SACERDOTE:
¡Sí!
¡Eso sí alcancé a hacerlo!
Xu deja escapar un leve suspiro de alivio.
XU:
Menos mal.
(Pausa.)
No tengo ningún problema en enfrentarme a un mago homicida.
Mira nuevamente la ventana.
XU:
Pero preferiría no hacerlo oliendo las consecuencias de su mala digestión.
Algunos aldeanos no pueden evitar soltar una risa.
Incluso el abad Zhang sonríe por primera vez en toda la noche.
Xu, en cambio, sigue completamente serio.
Como si acabara de hacer la observación más lógica del mundo.
Xu señala la caja de madera que uno de los aldeanos sostiene entre los brazos.
El aldeano asiente y se la entrega.
Xu la coloca en el suelo, debajo de la pequeña ventana del baño.
Sube sobre la caja y se sujeta del marco de la ventana.
Se vuelve hacia los aldeanos.
XU:
Escuchen atentamente lo que voy a decir.
(Pausa.)
XU:
Si oyen sonidos de forcejeos, explosiones o cualquier otra cosa...
No entren.
Repito...
No entren.
Si escuchan cualquiera de esos ruidos, regresen inmediatamente a sus casas, cierren bien puertas y ventanas...
Y váyanse a dormir.
Los aldeanos, el abad Zhang y los sacerdotes asienten al mismo tiempo.
Xu los observa unos segundos.
Suspira.
XU (confundido):
¿Está bien?
Creo que asentir con la cabeza significa que sí...
Bueno.
Comencemos.
Xu se acomoda sobre el marco de la ventana.
Con un pequeño impulso...
Salta al interior del baño.
XU:
¡AHH!
¡PLOF!
Cae pesadamente al suelo.
Varias tazas de porcelana colocadas sobre una repisa se precipitan al piso.
¡CRASH!
El ruido resuena por todo el templo.
Xu permanece tendido unos segundos, claramente adolorido.
Desde el exterior...
ZHANG DAOXUAN (preocupado):
¡Maestro Xu!
¿Se encuentra bien?
XU:
Sí...
Estoy bien.
Solo fue una...
(Pausa.)
...táctica para distraer a Liang Zhen.
Miente.
Se pone de pie con cierta dificultad y comienza a masajearse la espalda y la cintura.
XU (en voz baja):
Creo que la próxima vez usaré la puerta...
Xu, cojeando ligeramente tras la caída, camina hasta la puerta del baño.
El baño del templo era sencillo, como la mayoría de los baños taoístas de la época: un pequeño cuarto de madera con suelo de piedra, una letrina de pozo situada sobre una abertura rectangular, un cubo de agua, un cucharón de bambú para la limpieza y una pequeña ventana que daba al patio trasero.
Xu se sacude el polvo de su daopao.
XU
(en voz baja)
—Definitivamente, entrar por la ventana no fue una de mis mejores ideas.
Abre la puerta y sale al pasillo.
El corredor está completamente desierto.
Las paredes de madera, pintadas de un intenso color bermellón y decoradas con finas molduras doradas, están iluminadas por faroles de papel colgados a intervalos regulares. Sus llamas proyectan sombras danzantes que recorren silenciosamente el templo.
Xu mira a ambos lados.
No necesita pensar demasiado.
Conoce aquel templo desde hace años.
Y conoce aún mejor a Liang Zhen.
XU
(para sí)
—Si yo quisiera esconderme... elegiría el lugar más importante del templo.
Comienza a caminar con paso firme.
A pesar de la ligera cojera, mantiene la vista fija al frente.
Tras recorrer unos treinta pasos, gira a la derecha.
Al final del corredor se alza una enorme puerta de madera lacada en rojo, adornada con herrajes de bronce y motivos pintados en oro.
Era la Sala Principal de Oración, el corazón espiritual del Templo Yunqing.
Xu se detiene frente a ella.
Respira hondo.
Apoya una mano sobre la puerta.
Y la abre de un fuerte empujón.
¡BANG!
Las dos hojas se abren de par en par.
XU
(con confianza)
—¡Liang!
(Pausa.)
—¡Se acabó el escondite!
(Pausa.)
—¡Tu tiempo ha terminado!
El inmenso salón de oración estaba completamente en silencio.
Solo había una persona en su interior.
De espaldas a la puerta.
Arrodillada frente al altar principal.
Xu la reconoció al instante.
Era Liang Zhen.
Aparentaba unos treinta años.
Era bajo de estatura, extremadamente delgado y su aspecto rozaba la desnutrición. Su piel estaba pálida y la ropa que llevaba mostraba semanas de abandono.
Lucía el tradicional peinado queue (辫子), obligatorio para los hombres de la dinastía Qing: la parte frontal de la cabeza completamente afeitada y una larga trenza que descendía por su espalda.
Vestía únicamente un zhongyi (中衣) blanco de cuello cruzado, ahora amarillento por la suciedad y lleno de arrugas, además de unas sencillas sandalias de paja.
Años atrás había sido el alumno más brillante de la Escuela Taoísta del Monte Longhu (龙虎山), uno de los centros religiosos más prestigiosos del Imperio.
Ahora...
Era un hechicero proscrito.
Condenado a muerte por practicar magia negra, cometer herejía y asesinar a decenas de inocentes.
Permanecía inmóvil frente al altar principal.
Pero algo estaba mal.
Muy mal.
Las tradicionales ofrendas habían desaparecido.
No había frutas.
No había cuencos de arroz.
No había incienso.
Ni siquiera permanecían las velas rituales.
En el centro del altar, donde normalmente se veneraba la estatua de Taishang Laojun (太上老君), una de las principales deidades del taoísmo, solo quedaban restos de ceniza, símbolos dibujados con sangre y varios talismanes negros pegados sobre la madera.
El aire estaba impregnado de una energía oscura.
Xu comprendió de inmediato que Liang Zhen no había ocupado el templo únicamente para esconderse.
Había ido allí para realizar un ritual.
Liang Zhen se vuelve lentamente al escuchar la voz de Xu.
Durante unos segundos ambos permanecen en silencio.
Solo se miran.
LIANG ZHEN:
Ah...
Xu.
Así que esos imbéciles consiguieron convencerte de venir.
¿Te enviaron para interrumpir mi trabajo?
Se incorpora lentamente.
Su espalda permanece ligeramente encorvada.
En una de sus manos sostiene un extraño talismán.
Está hecho de una fina placa de jade blanco, atravesada por un cordón de seda roja para colgarlo del cuello.
En ambos lados aparecen grabados dos antiguos caracteres dorados.
时间.
"Tiempo".
Xu fija la mirada en el objeto.
XU (con total sinceridad):
Así es.
Me ofrecieron treinta taeles de plata por capturarte...
Y otros treinta cuando termine el trabajo.
Liang deja escapar una pequeña risa.
LIANG:
Nunca cambiaste.
Siempre fuiste un hombre demasiado interesado en el dinero.
Ya lo eras cuando estudiábamos en Longhu.
Xu niega con la cabeza.
XU (directo):
No.
Nunca fui codicioso.
Solo intento comer todos los días.
Hasta un sacerdote necesita llenar el estómago.
(Pausa.)
En cambio tú...
Tú asesinaste al maestro Wang cuando descubrió lo que estabas haciendo y decidió entregarte a las autoridades.
El rostro de Liang se endurece.
LIANG (furioso):
¡Él nos traicionó!
¡Era nuestro maestro y aun así decidió ponerse del lado de funcionarios ignorantes!
¡Después de todo lo que aprendí de él!
¡Después de convertirme en su mejor discípulo!
Xu lo interrumpe.
XU:
No.
Se puso del lado de la ley.
Hay una diferencia.
Liang aprieta el talismán con fuerza.
LIANG:
Ya no importa.
Ni el emperador...
Ni el ejército...
Ni tú...
Van a detenerme.
Levanta el talismán para que Xu pueda verlo.
Una tenue luz comienza a recorrer sus inscripciones.
LIANG (con orgullo):
¿Ves esto?
Esto me salvará de la decapitación.
Xu observa el objeto unos segundos.
Después arquea una ceja.
XU (con ironía):
¿Y qué es?
¿Un collar muy caro para presentarte elegante en la otra vida?
Liang resopla con fastidio.
LIANG:
¡No!
Es mucho más que eso.
Es el...
Talismán del Tiempo Controlado.
Los ojos de Xu se abren lentamente.
Por primera vez desde que llegó al templo parece realmente sorprendido.
XU:
¿El...
...Talismán del Tiempo Controlado?
¿El artefacto legendario capaz de trasladar a una persona a cualquier época de la historia?
Liang sonríe.
LIANG:
Exactamente.
Lo obtuve por casualidad.
En la prisión compartía celda con un extranjero vestido de una forma que jamás había visto.
Decía venir de...
Tres siglos en el futuro.
Afirmaba haber comprado este talismán en una subasta celebrada en una ciudad llamada...
(Lucha por pronunciar el nombre.)
...Lon...dun.
¿Londeng?
Algo parecido.
Antes de escapar...
Lo tomé de su bolsa de viaje.
Xu permanece en silencio.
Liang continúa, completamente convencido de su victoria.
LIANG:
Viajaré a otra época.
Nadie volverá a encontrarme.
No solo escaparé.
Dominaré todas las eras.
¡Seré el emperador de las eras, Xu!
Xu suspira.
Cruza los brazos.
Lo observa con una mezcla de lástima y cansancio.
XU (serio):
Ah, Liang...
Tres años en prisión te han hecho mucho daño.
(Pausa.)
Pero, loco o no...
Voy a detenerte.
Después de todo...
Esos sesenta taeles de plata no van a ganarse solos.
LIANG (serio):
Bueno...
Eso está por verse.
Durante unos segundos, ambos permanecen inmóviles.
Se miran fijamente.
El silencio invade la sala de oración.
Para cualquiera que hubiera escuchado las historias sobre dos antiguos maestros taoístas enfrentándose, aquel habría sido el momento perfecto para una espectacular pelea digna de las leyendas: saltos imposibles, patadas voladoras, espadas chocando en el aire y una lluvia de energía espiritual.
Pero había un pequeño problema.
Ni Xu...
Ni Liang...
Sabían artes marciales.
Los dos habían dedicado toda su vida a estudiar textos taoístas, rituales, alquimia y exorcismo.
No kung fu.
Así que, cuando llegó el momento de pelear...
Lo hicieron exactamente igual que dos hombres comunes.
Con empujones.
Puñetazos mal lanzados.
Intentos de sujetarse por la ropa.
Y una sorprendente falta de elegancia.
La pelea distaba mucho de parecerse a las que narraban las novelas de caballería.
No había patadas voladoras.
Ni saltos imposibles.
Ni elegantes técnicas de kung fu.
Simplemente...
Dos antiguos sacerdotes taoístas intentando derribarse como podían.
¡PUM!
Xu empuja a Liang contra una columna.
¡CRASH!
Liang responde lanzándole un taburete de madera.
Xu apenas alcanza a esquivarlo.
El asiento se estrella contra una pared y se hace pedazos.
Un instante después, Xu toma un jarrón ceremonial del altar.
XU:
¡Atrapa!
Lo lanza.
Liang inclina la cabeza.
El jarrón pasa rozándole la oreja y se rompe contra el suelo.
Poco después ya se estaban arrojando todo lo que encontraban a su alcance.
Cojines.
Candelabros.
Cuencos.
Bancos de madera.
Cualquier objeto servía con tal de golpear al otro en la cabeza.
Tras varios minutos de forcejeo, Liang pierde el equilibrio.
Xu ve su oportunidad.
Sin pensarlo dos veces, se lanza sobre él por la espalda y lo inmoviliza rodeándole el pecho con ambos brazos.
LIANG (furioso):
¡N-no vas a detenerme, Xu!
¡Nunca!
Xu aprieta con más fuerza.
XU (confiado):
¿Ah, sí?
Entonces demuéstramelo.
Liang deja de intentar zafarse.
En lugar de eso...
Sonríe.
Con un rápido movimiento coloca el talismán alrededor de su cuello.
Con una mano mantiene abierto un antiguo manuscrito ritual que descansaba sobre el altar.
Comienza a recitar en voz alta.
LIANG:
¡Oh, Gran Señor del Tiempo!
¡Guardián del principio y del final!
¡Escucha la voz de quien porta tu sagrado talismán!
¡Concédeme dominio sobre las eras!
¡Que ningún año me encadene!
¡Que ningún siglo me detenga!
¡Que ningún calendario limite mi existencia!
¡Haz del tiempo mi camino...
...y de las eras mi reino!
Una intensa luz verdosa brota del talismán.
Toda la sala comienza a temblar.
Xu abre los ojos con sorpresa.
XU:
...Eso no parece bueno.
Instintivamente intenta arrancarle el talismán del cuello.
Su mano se aferra con fuerza a la mitad izquierda del amuleto.
Liang, desesperado, sujeta la mitad derecha.
Ambos tiran con todas sus fuerzas.
Ninguno está dispuesto a soltarlo.
La luz verdosa comenzó a intensificarse.
Primero iluminó únicamente el talismán.
Luego envolvió las manos de Xu y Liang.
Después...
Toda la sala de oración.
Un viento violento surgió de la nada.
Los faroles se apagaron.
Los bancos comenzaron a deslizarse por el suelo.
Los pergaminos salieron despedidos en todas direcciones.
Las cortinas del altar se agitaban como si estuvieran en medio de un huracán.
La propia estructura del templo comenzó a temblar.
XU
(gritando):
¡¡Liang, suéltalo!!
LIANG
(forcejeando):
¡¡Jamás!!
La luz siguió creciendo.
Más.
Y más.
Hasta que resultó imposible mantener los ojos abiertos.
De pronto...
¡¡CRACK!!
El talismán se partió exactamente por la mitad.
Xu salió despedido hacia un lado.
Liang, hacia el otro.
Cada uno conservaba una mitad del antiguo talismán.
Entonces...
La luz lo envolvió todo.
Un resplandor cegador cubrió la sala de oración.
Y, por un instante...
El tiempo pareció detenerse.
...
Cuando la luz desapareció...
Xu cayó pesadamente contra el suelo de madera.
¡PLOF!
Permaneció inmóvil unos segundos.
Todavía sujetaba con fuerza la mitad izquierda del talismán.
Soltó un largo gemido de dolor.
XU:
—¡Ay!
(Pausa.)
—...Diablos.
Se llevó una mano a la espalda.
Después a la cabeza.
Y finalmente al hombro izquierdo.
XU:
—Eso dolió mucho más que la caída del baño...
Se incorporó lentamente, haciendo una mueca mientras se masajeaba todo el cuerpo.
XU
(murmurando)
—Hoy definitivamente no está siendo mi día...
En ese momento, Xu se incorporó lentamente hasta quedar sentado.
Aún le dolía todo el cuerpo.
Sin darse cuenta, apoyó ambas manos sobre el suelo.
Frunció el ceño.
Había dos cosas que le parecieron extrañas.
La primera...
El piso era de baldosas de cerámica, completamente lisas y frías.
No de madera.
La segunda...
Había unos sonidos que jamás había escuchado en toda su vida.
BEEP... BEEP...
SHUUURRM...
TRRNNN...
Xu levantó lentamente la cabeza.
Entonces comprendió que algo iba muy mal.
Ya no estaba en el templo.
Ahora se encontraba dentro de una habitación completamente desconocida.
Las paredes estaban cubiertas de extraños panfletos con imágenes tan realistas que parecían personas de verdad atrapadas sobre el papel.
En una esquina descansaba una enorme caja de metal con una superficie negra en la parte delantera. Del interior salía un ligero olor a polvo caliente y componentes quemados.
Frente a él había una gran ventana.
Al otro lado podía verse una calle.
Por ella circulaban enormes carruajes sin caballos.
Solo tenían ruedas.
Entraban y salían sin detenerse, haciendo un ruido ensordecedor.
Entre ellos también avanzaban unos rickshaws muy extraños, construidos con metal y movidos por hombres que hacían girar unos pedales.
Xu abrió mucho los ojos.
Se puso de pie de inmediato.
XU (serio):
¿Qué diablos...?
Sin soltar la mitad del talismán, caminó lentamente hasta la puerta.
La abrió con cuidado.
Salió al exterior.
Ya sobre la acera, pudo observar todo con mayor claridad.
Hombres vestidos con ropas desconocidas.
Mujeres con atuendos todavía más extraños.
Letreros enormes escritos con caracteres que apenas alcanzaba a reconocer.
Y, lo más desconcertante de todo...
Varios hombres caminaban tranquilamente mientras sostenían pequeños ladrillos negros junto a la oreja...
Y hablaban con ellos.
Xu observó la escena durante unos segundos.
XU (confundido):
¿Dónde...
...estoy?
EXT. CALLE DE NATHAN ROAD, KOWLOON, HONG KONG.
3 DE FEBRERO DE 1990.
Sujetando con fuerza la mitad del talismán, Xu comenzó a caminar lentamente por la acera, dividido entre la curiosidad y la confusión.
Sin saberlo...
Acababa de dar su primer paso hacia el siglo XX.
Mientras caminaba por aquellas desconocidas calles, Xu comenzó a ordenar sus pensamientos en voz alta.
XU:
¿Será este un reino paralelo...?
(Pausa.)
¿O será ese... "Longdun"... del que habló el extranjero que compartió celda con Liang?
Niega lentamente con la cabeza.
XU:
No...
Mirando no voy a descubrir nada.
Será mejor preguntar.
Xu comenzó a acercarse a los transeúntes.
Para su alivio, todos hablaban chino.
Para su desgracia...
Lo hablaban de una manera completamente distinta a la suya.
El acento, las palabras e incluso algunas expresiones le resultaban extrañas, aunque lograba entender lo suficiente para mantener una conversación sencilla.
Se detenía frente a cada persona y preguntaba siempre lo mismo.
XU:
Disculpe.
¿Ha visto a un hombre con el peinado manchú, vestido con un zhongyi blanco y que lleva la mitad derecha de un talismán de jade?
La mayoría lo miraba con extrañeza.
Negaban con la cabeza.
Murmuraban una disculpa.
Y seguían su camino.
Otros simplemente lo ignoraban por completo.
Como si no existiera.
Aquello empezaba a irritar a Xu.
XU:
Qué gente tan poco educada...
En mi época al menos fingían escuchar antes de marcharse.
Finalmente se acercó a un hombre de mediana edad.
Repitió su pregunta.
El hombre dio un paso atrás.
Lo observó de arriba abajo.
Luego señaló discretamente a Xu mientras hablaba con otra persona.
Unos minutos después aparecieron varios hombres uniformados.
Llevaban insignias metálicas, gorras y extraños bastones negros colgados del cinturón.
Xu dedujo que debían de ser el equivalente local de la guardia imperial.
Uno de ellos comenzó a hablarle.
Xu apenas entendió la mitad de lo que decía.
XU:
Lo siento.
No entiendo muy bien su dialecto.
Solo estoy buscando a un hechicero.
Los hombres intercambiaron miradas.
Uno de ellos dio un paso al frente.
Antes de que Xu pudiera reaccionar...
Sintió un fuerte golpe detrás de la cabeza.
Todo se volvió negro.
...
Ahora...
De vuelta en el presente...
Dentro de aquella celda...
Xu lo recordaba todo.
Se puso lentamente de pie.
Guardó con cuidado la mitad izquierda del talismán entre los pliegues de su daopao.
Después caminó hasta las rejas.
Apoyó ambas manos sobre los barrotes de acero.
Y observó en silencio el pasillo que se extendía al otro lado de la celda.
XU (serio):
¡Oigan!
¡Oigan!
¿Cuándo me dejarán salir?
Xu sacude los barrotes con fuerza.
¡CLANG! ¡CLANG! ¡CLANG!
Unos segundos después aparece uno de los policías.
Bosteza mientras se acerca a la celda.
OFICIAL:
¡¿Y ahora por qué tanto escándalo, amigo?!
¿No sabe que algunos intentamos sobrevivir al turno de noche?
Golpea distraídamente los barrotes con la porra que lleva en la mano.
¡CLANG!
Xu da un pequeño salto hacia atrás.
XU (avergonzado):
Lo... lo siento, señor guardia.
Pero quisiera saber...
¿Cuándo podré salir de aquí?
El oficial suelta una carcajada.
OFICIAL:
¿Salir?
¿Usted?
No, amigo.
Por ahora se queda aquí.
Lo arrestamos porque iba por la calle deteniendo a todo el mundo, diciendo que buscaba a un hechicero y enseñando un papel como si fuera un objeto sagrado.
Más de un vecino pensó que estaba perdiendo la cabeza.
Y, sinceramente...
Yo también.
Xu frunce el ceño.
XU:
No estaba perdiendo la cabeza.
Solo buscaba a un criminal.
El oficial se encoge de hombros.
OFICIAL:
Bueno...
Considérese afortunado de estar en Hong Kong.
Si hubiera hecho algo parecido en la China continental durante los tiempos de Mao, probablemente los Guardias Rojos lo habrían pasado muy mal... o usted habría terminado en un campo de reeducación.
Xu parpadea, confundido.
XU:
¿Mao... quién?
(Pausa.)
¿Y quiénes son esos... Guardias Rojos?
El oficial suspira.
OFICIAL:
Olvídelo.
Es una historia larga.
Xu hace una pequeña reverencia.
XU:
De acuerdo.
Aun así, señor oficial...
¿Existe la posibilidad de salir bajo fianza?
El oficial se queda mirando a Xu durante unos segundos.
Después niega lentamente con la cabeza.
OFICIAL:
Primero tendrá que hablar con el inspector.
Si él considera que no representa un peligro y que realmente no hizo nada grave...
Entonces quizá pueda salir bajo fianza.
Si no...
Seguirá aquí unos días más.
Xu asiente lentamente.
XU:
Entiendo.
(Pausa.)
Y... ¿cuánto cuesta una fianza?
El oficial se encoge de hombros.
OFICIAL:
Depende del caso.
Xu se queda pensativo.
Comienza a rebuscar entre los pliegues de su daopao.
Saca una pequeña bolsa de tela.
La abre cuidadosamente.
En su interior hay varios taeles de plata, algunas monedas de cobre de la dinastía Qing y un pequeño lingote de plata.
Xu los muestra orgulloso.
XU:
Tengo esto.
¿Alcanza?
El oficial observa el contenido de la bolsa.
Parpadea dos veces.
Vuelve a mirar a Xu.
OFICIAL:
...¿De dónde sacó esas monedas?
XU:
Del Imperio Qing.
Las gané trabajando.
El policía suspira.
OFICIAL:
Claro.
Del Imperio Qing.
Como no.
Le devuelve la bolsa a través de los barrotes.
OFICIAL:
Guárdelas.
Aquí eso no le sirve para pagar una fianza.
Xu guarda nuevamente la bolsa.
XU (confundido):
¿No aceptan plata?
El oficial niega con la cabeza.
OFICIAL:
No.
Aceptamos dólares de Hong Kong.
Xu permanece en silencio.
XU:
...¿Qué es un dólar de Hong Kong?
El oficial vuelve a suspirar.
OFICIAL:
Olvídelo.
Mañana lo entenderá.
Da media vuelta y comienza a alejarse.
Xu vuelve a sujetar los barrotes.
XU:
¡Espere!
El oficial se detiene.
XU:
Una última pregunta.
OFICIAL:
¿Qué?
XU:
¿Qué año es este?
El oficial lo mira como si acabara de confirmar todas sus sospechas.
OFICIAL:
Mil novecientos noventa.
Xu permanece completamente inmóvil.
Su expresión cambia lentamente.
Primero incredulidad.
Luego confusión.
Y finalmente...
Una mezcla de asombro y preocupación.
XU (en voz baja):
...No puede ser.
El oficial frunce el ceño.
OFICIAL:
¿Qué ocurre?
Xu baja lentamente la mirada hacia la mitad del talismán que lleva escondida entre su ropa.
XU (murmurando):
Liang...
De verdad lo consiguió.
El oficial, sin entender una sola palabra de lo que acaba de decir, se limita a negar con la cabeza.
OFICIAL:
Definitivamente mañana hablará con un psiquiatra antes que con un inspector.
El policía se marcha por el pasillo.
Xu permanece solo en la celda.
Acaricia la mitad del talismán escondida entre su daopao.
Ahora ya no tenía ninguna duda.
No estaba en un reino desconocido.
Ni en una provincia lejana.
Había viajado...
Doscientos veinte años hacia el futuro.

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