Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-07-31
Updated:
2026-08-02
Words:
14,518
Chapters:
3/4
Comments:
2
Kudos:
36
Bookmarks:
3
Hits:
464

Lo que el tiempo no cura

Summary:

Donde Sergio aprende de joven que el amor y el fútbol no pueden convivir juntos, hasta que un nuevo mediocampista aparece en su vida y lo haría cambiar su perspectiva de las cosas.
O donde la vida le juega una mala pasada a Luka.

Chapter Text

París brillaba con una opulencia que a Sergio le revolvía el estómago, el Grand Palais estaba abarrotado de flashes, trajes de etiqueta y la música de gala que celebraba la noche más importante del fútbol mundial, la gala del Balón de Oro 2018

Se encontraba sentado en la segunda fila, entre Cristiano Ronaldo y Antoine Griezmann mientras mantenía una postura rígida y con la mirada fija en el escenario, llevaba un traje negro impecable, pero debajo de la tela fina, el vacío en su pecho se sentía como una herida abierta que no paraba de sangrar.

El murmullo de la élite del fútbol se apagó cuando el presentador tomó el micrófono y la gran pantalla del fondo se encendió, no hubo videos de goles de Messi o Mbappé, en su lugar, el rostro de Luka Modrić, con su clásica vincha elástica y esa sonrisa tímida que ensanchaba sus ojos, inundó el teatro acompañada de una ovación cerrada, larga y cargada de un respeto solemne que hizo retumbar las paredes de París.

 


Varios años atrás..

 


Sergio Ramos era esa clase de persona que solían tener el control de sus sentimientos, o por lo menos lo era hasta que Fernando apareció en su vida. Eran muy jóvenes cuando ambos jugaron juntos por primera vez en 2005, en un partido amistoso de la selección española, desde aquel momento se hicieron amigos y conforme pasaban los años se volvieron inseparables y juntos levantaron varios títulos con España incluyendo copa del mundo y dos eurocopas.

No estaba completamente seguro del tipo de relación que tenía con Fernando y tampoco
estaba seguro de si realmente le gustaban los hombres, pero sí sabía que el cariño que le tenía superaba completamente el afecto que le podría tener a otro compañero. O eso era lo que pensaba. Era de público conocimiento que entre esos dos hombres sucedía algo más que una simple amistad de compañeros, más que nada de parte de Ramos.

Para la temporada 2007/08 Fernando había alcanzado un excelentísimo nivel con su club, el Liverpool, estaba sumamente concentrado en su carrera. Los ojos de toda Europa se habían puesto sobre él, el delantero estrella de la Premier League, el ´´Niño´´ mimado de la prensa. Y para ese momento Sergio se encontraba en Madrid, admirandolo completamente sintiendo un enorme orgullo y admiración hacia el mayor.

Fue precisamente luego de un entrenamiento de la selección española que Fernando había decidido poner un fin a todos esos rumores que habían estado planteando sobre él y sergio, no lo malinterpreten, Fernando quería demasiado al contrario pero era consciente del escándalo que se podría armar si se confirma una relación entre dos hombres futbolistas, odiaba que el ambiente fuera tan cerrado, tan homofobo, pero no tenia opcion, era su futuro contra un vínculo que por más bonito que fuera podía terminar terriblemente mal.

El olor a sudor y cuero húmedo siempre se quedaba impregnado en la garganta de Sergio cada vez que esperaba al contrario fuera de las duchas del vestuario, pero ese día se sentía diferente, una ligera sensación de incertidumbre y tensión la cual no podía descifrar. Pudo observar de lejos a Fernando sentado en el banco de madera con los ojos clavados en el suelo gris y sus manos notoriamente temblorosas mientras este intentaba acomodarse las botas.

Decidió acercarse con esa confianza descarada que siempre lo caracterizaba, agradecía que sus demás compañeros de equipo ya se habían ido, por fin tendría un momento a solas con el mayor. Finalmente estiró la mano para revolver el rubio cabello húmedo del contrario, un gesto que usualmente relajaba a Fernando, sin embargo, este esquivo el toque con un movimiento torpe de cabeza poniéndose de pie al instante.

— No puedo seguir con esto, Sergio — suspiro cabizbajo. Las palabras salieron de su boca como una bala perdida, tensando completamente al menor que lo observaba confundido.

— ¿De qué estás hablando, Fer? — si es por el partido de hoy...

— No es el partido, es todo — lo interrumpió Fernando, obligándose asi mismo a dirigirle la mirada, sus ojos reflejaban una cruda frialdad que Sergio nunca antes había visto. — Mi representante se reunió con los directivos, me ven como una marca creciente a nivel mundial, Sergio. El Liverpool me quiere como la cara del club y la federación española no va a perdonar un escándalo.

— ¿Un escándalo? — repitió Sergio, sintiendo un profundo pinchazo interno producto de la humillación que acababa de recibir — ¿Así llamas a lo que sucede entre nosotros? ¿Es en serio?

— El ambiente del fútbol no perdona estas cosas.. y lo sabes muy bien — continuó Fernando con una voz temblorosa pero que poco a poco se tornaba cruelmente madura. — Si los rumores que ya circulan en la prensa estallan, o peor, si alguien nos ve juntos fuera de los entrenamientos nuestra carrera se termina. Los patrocinadores no quieren problemas de imagen.. no quieren un delantero que llame la atención por su vida privada — exclamó por último, se sentía terrible, odiaba tener que ´´rechazar´´ a Sergio de esta manera y mas aun sabiendo que el sentimiento era en parte mutuo, pero ya había hablado y sus palabras tendrían consecuencias.

— Así que era esto lo que te tenías guardado eh, ¿De verdad soy un problema para ti? — la pregunta de Sergio sonó inusualmente vacía. Él, que era una fiera en el campo, se sentía completamente devastado.

Fernando cerró la cremallera de su mochila en un tirón seco que perturbó la soledad del vestuario. Se la colgó al hombro y dio un paso hacia la salida, evitando rozar el brazo del andaluz.

— No puedo arriesgarme.. yo solo.. — el mayor trataba de encontrar las palabras correctas pues su objetivo era dejar clara su intención con Sergio — No quiero siquiera imaginar un escenario en donde se pueda tirar a la basura todo por lo que he luchado desde que era un niño en las categorías inferiores, por un impulso que ni siquiera sabemos qué es. No voy a elegirte a ti por encima de mi futuro, Sergio. Lo siento de verdad..

El sonido de los tacos de las botas del contrario golpeando el cemento del pasillo fue lo último que Sergio escuchó antes de que la puerta pesada se cerrara tras él. Fernando había elegido las portadas de revistas, los contratos millonarios y los estadios ingleses por sobre él, dejándolo completamente solo en la penumbra de un vestuario rancio. «Qué oportunista», pensó. Se sentía humillado, odiaba sentirse así, y por primera vez en mucho tiempo las lágrimas comenzaban a humedecer su rostro. Una vez más agradecía ser la última persona en el predio.

 

.......

 


Al llegar el 2012 Sergio ya cumplía los siete años jugando con el Real Madrid, había compartido vestuario con múltiples jugadores talentosos, y si bien tenía grandes amigos como Marcelo, Cristiano o su capitán Iker Casillas, nunca pudo llenar ese vacío que Fernando le había dejado. A veces pensaba que era un idiota por todavia no haber superado del todo al mayor, pues habian pasado cuatro años ya desde aquella tarde en la que Fernando le puso un final a lo que llevaba construyendo en su corazon.

Si bien acordaron seguir siendo amigos nunca volvieron a ser los mismos, las tardes divertidas que solían tener cuando se juntaban para entrenar con la selección española se
tornaron completamente inexistentes. Fue cuestión de tiempo para que sus demás compañeros se dieran cuenta de que algo había pasado, pero por más que insistían en averiguar la verdadera razón del porqué de un momento a otro parecían dos desconocidos, Sergio solo respondía que estaban concentrados en su club.

 

Cuando conoció a Luka Modrić este parecía ser bastante tímido, el nuevo fichaje del croata trajo consigo múltiples discusiones de la prensa sobre si verdaderamente estaba a la altura de jugar para el Madrid. El primer día que compartieron entrenamiento no habló mucho con sus compañeros más que unos simples saludos y anécdotas cortas. Simplemente parecía que le gustaba observar el juego táctico y prepararse para cuando pudiera debutar con el equipo.

Para sorpresa de Sergio, el nuevo mediocampista jugaba bastante bien y no tardó mucho en ganarse la titularidad en el plantel,proporcionando pases inteligentes y buenas
asistencias, y conforme se jugaban más partidos se dio cuenta que se había equivocado bastante al pensar que a Luka le costaría desenvolverse dentro del campo, el croata tenía una muy buena visión del juego y comenzaba a ser fundamental para complementar a todo el equipo. No diría que fuera alguien autoritario pero siempre que estaba en campo pedía la pelota para armar las jugadas él mismo.

Ahora mismo permanecían en los vestuarios tras una enorme actuación frente al Real Zaragoza, Sergio observaba de lejos a Luka, el cual se encontraba en un banquito luchando con su desordenado cabello rubio tratando de acomodarse su vincha elástica. Dudo por unos segundos pero decidió acercarse al croata con intención de felicitarlo, pues según él, había tenido un excelentísimo partido.

— Oye Luka, ¿todo bien? se que no hablamos casi nada pero te queria felicitar por el partido que jugaste… digo, de verdad me sorprendiste — mencionó con algo de nerviosismo que ni él mismo sabía el porqué.

Si bien Luka era nuevo con el idioma pudo entender a la perfección las palabras de Sergio, solo que la expresión en el rostro de su compañero no encajaba con las palabras que le acababa de expresar. Por un instante dudo pero terminó por responderle al hombre que tenía parado frente a él.

— Gracias Sergio, aprecio tu observación y tu.. también jugaste muy bien — pronunció el más bajo, extrañado por el comentario del defensor, pues según él, no había tenido un buen partido más allá del gol.

Sergio se quedó de pie y en silencio por unos segundos admirando la amplia sonrisa que Luka le proporcionaba mientras este seguía jugueteando con sus mechones rubios.

Antes de que pudiera continuar la pequeña interacción que estaban teniendo, el más bajo se puso de pie y le extendió la mano.

— Bueno.. supongo que ahora podemos ser amigos, ¿qué te parece? — exclamó Luka con sinceridad, ya que si bien había entablado buena relación con sus demás compañeros, sentía que le hacía falta un buen amigo dentro del equipo, uno al que pudiera tenerle confianza y así mejorar la relación consigo mismo. Obvio antes tenía que demostrarle al defensa lo buena persona que él creía que era e ir ganándose su aprecio.

Sergio por su parte se quedó un poco sorprendido por la petición de su compañero, es decir, no sentía que habían pasado muchas cosas como para convertirse en amigos asi como si nada, pero tampoco iba a negar que muy en el fondo se sentía orgulloso de ser quien Luka había elegido como su primer amigo. Estaba tan perdido en sus pensamientos que se olvidó completamente de que Luka seguía con la mano extendida esperando una respuesta.

— Quiero decir.. no hace falta que seamos amigos si quieres, yo solamente pensaba en conocer mejor al equipo en general y…— murmuró con algo de incomodidad, mientras dirigía su mano detrás de su cabeza y desviaba sus ojos hacia otra dirección, pues había notado la inquietud que había provocado en Sergio.

— No no Luka si quiero ser tu amigo, joder, disculpa por quedarme tildado como un idiota, no fue mi intencion, enserio — dijo con algo de desespero en su voz, mientras veia al mencionado devolverle la mirada. No quería aparentar ser mala persona y mucho menos hacia uno de sus compañeros que más encima él mismo había decidido halagar post partido. — Entonces.. amigos ¿vale? — esta vez fue él mismo quien extendió la mano buscando aquel contacto que un principio Luka había ofrecido.

— Vale amigos — Sonrió finalmente mientras entrelazaba su mano con el más alto, estaba muy feliz de que poco a poco se iría ganando un lugar en aquel gran equipo, y quien sabe, quizás más adelante poder decir lo mismo de todos sus demás compañeros.

Aquel apretón de manos significó el comienzo de una amistad que, en las semanas siguientes, transformó la dinámica entre ambos futbolistas. El salto de compañeros a amigos no fue abrupto tal como Sergio pensaba, sino que fue algo más natural.

 

Fue un martes por la mañana donde un nuevo capítulo pondría comienzo en la vida de Sergio. Mientras el resto del plantel terminaba de realizar los estiramientos post-entrenamiento en el césped de Valdebebas, el defensa se tomó un momento para respirar, apoyando las manos en sus rodillas. Desde su posición, su mirada se desvió inevitablemente hacia el círculo central, donde Luka se encontraba recogiendo un par de conos junto a uno de los utileros.

Ramos se enderezó y se quedó observándolo fijamente, analizando la estampa del croata. No iba a mentir, a simple vista, Luka Modrić no encajaba en el prototipo de futbolista galáctico al que el Santiago Bernabéu estaba acostumbrado. Era delgado y de hombros caídos, aunque poseía un buen tren inferior, pero por su baja estatura hacía aparentar que el uniforme le quedaba un par de tallas más grandes. Su cabello rubio, siempre húmedo por el sudor, caía en mechones rebeldes alrededor de su rostro de facciones afiladas, parecía frágil, casi etéreo, pero contrastaba perfectamente con la musculatura imponente y los tatuajes que él mismo exhibía con orgullo.

Sin embargo, Sergio sabía perfectamente que esa apariencia era un engaño. Había visto a Luka aguantar fuertes entradas de mediocampistas el doble de grandes que él sin perder el equilibrio, protegiendo el balón con una elegancia que rozaba la insolencia. «Es como un duendecillo», pensó con una media sonrisa que borró de inmediato. Una punzada de molestia le recorrió el estómago al darse cuenta de lo mucho que se fijaba en los detalles del otro.

A unos metros de ahí, Luka cargó los conos, pero se dio cuenta casi al instante de la intensa mirada que el andaluz le clavaba desde la distancia. Sintiendo el calor de esos ojos oscuros, el de Zadar giró la cabeza y atrapó a Sergio en un vaivén, en lugar de apartar la mirada, Luka le dedicó un asentimiento de cabeza rápido, acompañado de esa sonrisa pequeña y tímida que estaba empezando a volverse casi habitual entre los dos.

El intercambio de miradas entre Sergio y Luka duró apenas un segundo, pero fue suficiente para que el menor sintiera que lo habían atrapado haciendo algo indebido. Ramos carraspeó, desviando sus ojos hacia las gradas vacías de la cancha de entrenamiento mientras se acomodaba las medias con una brusquedad innecesaria. No tuvo mucho tiempo para hundirse en sus propios pensamientos, porque un brazo cubierto de sudor y tatuajes se le plantó pesadamente alrededor del cuello, rompiendo toda su pequeña burbuja de golpe.

— ¿Qué pasa, Irmão? ¿Te quedaste congelado o estás rezando para que el míster no nos ponga doble sesión mañana? — la voz risueña de Marcelo resonó justo al lado de su oreja, acompañada de su clásica carcajada ruidosa que retumbaba en todo el campo.

Sergio rodó los ojos, aunque una sonrisa involuntaria se le dibujó en el rostro. Marcelo era esa clase de tipo al que era imposible ganarle un partido de seriedad. Tenía el pelo afro alborotado y la camiseta de entrenamiento empapada, emanando una energía que a veces resultaba verdaderamente molesta a primera hora de la mañana, pero era su hermano en ese vestuario.

— Déjate de tonterías enano — respondió Sergio, dándole un ligero empujón amistoso en el pecho para quitárselo de encima — estaba pensando en la hermosa jugada que armamos el sábado, nada más.

— ¡Sí claro, jugada! — se burló Marcelo, guiñandole un ojo de forma exagerada mientras tomaba un sorbo de su botella de agua — llevas como cinco minutos mirando hacia el centro del campo como si estuvieras viendo un fantasma. A mí no me engañas capi, que te conozco desde que tenías el pelo largo.

Sergio sintió un leve escalofrío recorrer su cuerpo ante la mención de la palabra "fantasma", su mente, de forma automática, viajó cuatro años atrás, al vestuario de Las Rozas y al rechazo de Fernando. Marcelo no lo sabía, nadie en el Madrid lo sabía en realidad, pero el brasileño había tocado un tema sensible sin querer. El defensa estuvo a punto de dedicarle una fuerte mirada de disgusto para que se callara, pero una tercera presencia se sumó al grupo, caminando con esa postura imponente y perfecta que lo caracterizaba.

Cristiano se acercó despacio, secándose el cuello con una toalla blanca. Su mirada, siempre afilada, se paseó por Marcelo y luego se detuvo en Sergio. El portugués no era de los que se sumaban a las bromas infantiles del brasileño, pero tenía una inteligencia emocional muy aguda para leer a las personas, especialmente a Sergio, con quien compartía el peso de liderar a ese equipo.

— Déjalo en paz, Marce — dijo Cristiano, con su marcado acento luso y una voz grave que calmó la situación de inmediato. Miró de reojo hacia donde Luka seguía hablando con el utilero y luego volvió a clavar sus ojos en Ramos — Sergio solo está asegurándose de que nuestro nuevo mediocampista se sienta cómodo, ¿verdad Sergio?

La intervención de Cristiano no fue con mala intención, al contrario, tenía un tono de protección, él sabía lo que era vivir bajo los rumores y la presión constante de las expectativas ajenas.

— Exacto Cris..al menos alguien aquí piensa en el equipo — respondió Sergio, agradeciendo internamente la ayuda que el portugués le acababa de brindar.

— Bueno, bueno, don profesionales — bufó Marcelo, tirándole un chorro de agua a las botas de Sergio antes de salir corriendo hacia el túnel de vestuarios — ¡recuerden que el último en las duchas paga las pizzas del viernes!

Cristiano soltó una risa corta, negando con la cabeza mientras veía al brasileño alejarse a toda velocidad. Luego, se giró por completo hacia Sergio, bajando la toalla. La distancia entre ellos era lo suficientemente reducida como para que alguien los escuchara.

— Tiene buen pie el chico — comentó el mayor de la nada, refiriéndose a Modrić — en el Tottenham hacía jugar a todos.. si logramos que se adapte rápido a la Liga, nos va a dar muchas alegrías, pero necesita ganar confianza, este vestuario a veces es muy pesado para los que vienen de fuera.

Sergio asintió casi instintivamente, sintiendo el peso de la capitanía en sus hombros, pero también algo más… una punzada de contradicción que ni él mismo sabía el porqué.

— Es un buen chaval, Cris, algo tímido, pero va de frente.. y hablé con él tras el partido del Zaragoza.

Cristiano lo observó detenidamente por un par de segundos, como si intentara descifrar el sentido de las palabras detrás de la mirada del andaluz. Conocía a Sergio lo suficiente como para saber cuándo estaba siendo el capitán ejemplar y cuándo estaba usando esa misma capitanía como un escudo para ocultar una inquietud personal.

— Me alegra escuchar eso — concluyó Cristiano, dando una firme palmada en el hombro del contrario — un capitán no sólo ordena la defensa, Sergio, también cuida lo que pasa dentro.. si necesitas hablar de... cualquier cosa técnica o personal, ya sabes dónde está mi casillero.

Con ese sutil mensaje, el portugués se dio la vuelta y avanzó hacia los vestuarios con paso tranquilo. Sergio se quedó solo en el césped por unos instantes, el sabor de la conversación flotando en el aire. Cristiano se había dado cuenta de su tensión, o al menos de la confusión «mierda» pensó, al final suspiró profundamente sintiendo que el suelo de Valdebebas se volvía cada vez más inestable bajo sus pies, mientras a lo lejos, la figura de Luka caminaba también hacia el edificio principal, completamente ajeno al torbellino que su sola presencia estaba desatando en el pecho del defensa.

 

.......


La cena en equipo dentro de uno de los restaurantes más exclusivos de Madrid era una de esas tradiciones inquebrantables que Iker imponía para mantener la unión del vestuario. El ambiente estaba cargado de risas, el tintineo constante de las copas de vino y el aroma a carne asada inundaban el amplio salón. En una esquina de la larga mesa, Marcelo gesticulaba exageradamente mientras le contaba a Karim una anécdota de sus vacaciones, provocando que el francés soltara una carcajada limpia.

Unos asientos más adelante, Cristiano picaba con elegancia su plato saludable, observando el panorama con esa calma analítica que siempre traía consigo. Sergio estaba sentado en el centro de la mesa por su rol de segundo capitán, se suponía que debía liderar la conversación de su sector. Sin embargo, su atención estaba peligrosamente dividida.

Unas cuatro sillas a su izquierda, justo al lado de Pepe, se encontraba Luka. El croata vestía una camisa de lino gris que acentuaba su delgadez y parecía bastante concentrado en cortar un filete que superaba el tamaño de su propio plato. Sergio lo observó de reojo sobre el borde de su vaso con agua. Le causaba cierta gracia notar que Modrić todavía se veía un poco abrumado cuando el tono de voz de los españoles subía demasiado, pero apreciaba el esfuerzo del más bajo por asentir y sonreír cada vez que Pepe le daba un
palmazo amistoso en la espalda.

— Oye capi — la voz de Marcelo interrumpió su escaneo en un susurro que de discreto no tenía nada — te va a dar un calambre si sigues estirando el cuello así. Pídele que te cambie el sitio a Pepe y ya está, hombre.

Sergio le dedicó una mirada de pocos amigos al brasileño, quien sólo respondió alzando las manos en señal de inocencia antes de volver a su conversación con Benzema. Ramos resopló, sintiendo un calor incómodo subiendo por su cuello. Seguidamente acomodó su reloj de pulsera y esperó a que la cena avanzara.

El momento ideal llegó casi al final de la noche, cuando la comida dio paso a las charlas cruzadas y algunos jugadores comenzaron a levantarse para ir al baño o salir a la terraza. Sergio vio que Pepe se marchaba para saludar a Iker en el otro extremo y sin siquiera pensarlo se puso de pie con total naturalidad y se deslizó por el lateral de la mesa hasta ocupar el asiento vacío junto a Luka.

El croata levantó la vista de su taza de té, parpadeando un par de veces al ver al andaluz acomodarse a su lado. Su desordenado cabello rubio caía suavemente sobre sus ojos claros, desprovisto de la vincha elástica que el mayor usaba para entrenar.

— Hola Sergio — saludó Luka con esa voz pausada y su acento extranjero que a Ramos le resultaba extrañamente relajante — ¿cansado de la mesa grande? — no estaba seguro del motivo pero una pequeña pizca de calidez comenzaba a nutrirlo por dentro.

— Un poco si la verdad — admitió finalmente, apoyando los codos sobre la madera y girándose un poco hacia él — Marcelo no para de hablar y me tiene la cabeza como un bombo… ¿Qué tal estás tú? ¿Te estás adaptando bien a las cenas de este manicomio? — preguntó el menor buscando establecer una pequeña conversación con el más bajo.

Luka soltó una pequeña risita, un sonido corto que hizo que sus ojos se achinaran de esa forma tan particular — Es un buen manicomio — respondió el croata, buscando las palabras correctas en español — en Zagreb o en Londres las cosas son más... silenciosas, aquí todos gritan mucho, pero me gusta, se siente como una familia grande.

— Bueno, es que aquí somos muy intensos para todo — comentó Sergio, fijando sus ojos oscuros en la expresión del mediocampista. De cerca, Luka parecía todavía más pequeño, pero desprendía una paz que contrastaba fuertemente con el torbellino interno que Ramos cargaba — especialmente en el campo, pero te estás ganando al Bernabéu rápido chaval, eso no es fácil.

Luka bajó la mirada hacia su taza sintiendo un leve cosquilleo de orgullo ante el halago de su capitán. Seguidamente movió la cuchara despacio, haciendo girar el agua caliente mientras pensaba que decirle al menor.

— Yo solo trato de cumplir con mi trabajo de la mejor manera posible Sergio, al principio tenía miedo por lo que decía la prensa sobre mi fichaje... pero tus palabras en el vestuario el otro día me ayudaron mucho, de verdad.

Sergio sintió un vuelco extraño en el estómago, la honestidad de Luka lo desarmaba por completo. No había dobles intenciones en su mirada, ni siquiera el cálculo mediático o el miedo corporativo ajeno que alguna vez había perturbado a su cabeza. Luka simplemente le estaba agradeciendo su apoyo como amigo, tal como habían pactado en Valdebebas.

— No tienes que agradecerme nada Lukita — soltó usando el diminutivo de forma casi inconsciente extendiendo la mano por la mesa que apenas rozaba la base de la taza de Luka — para eso estamos los amigos, ¿no? para cuidarnos las espaldas.

El mayor levantó la cabeza y sus ojos claros se encontraron con los de Sergio, la distancia entre ellos se redujo sutilmente mientras el ruido del resto del restaurante parecía desvanecerse en un zumbido lejano. Luka le sonrió gentilmente, una sonrisa amplia y genuina que dejó al descubierto esa calidez pura que Sergio tanto temía.

— Amigos — repitió Luka en un susurro, asintiendo suavemente — me alegra mucho que seas tú Sergio.

Ramos se quedó congelado por un instante, perdiéndose en el brillo de esa mirada, el mecanismo de defensa de su cerebro tardó un par de segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo fue letal. «Cuidado» se alertó a sí mismo con una punzada de amargura «Fernando también te miraba así al principio»

Preso de ese repentino pánico que lo volvía loco, retiró la mano de la mesa de forma abrupta y carraspeó, rompiendo la intimidad del momento justo cuando Cristiano se acercaba a ellos con su chaqueta en la mano.

La interrupción de Cristiano se sintió como si un árbitro cortara una jugada peligrosa, el portugués se acercó lentamente, colocándose la chaqueta de cuero oscuro sobre los hombros mientras sostenía un vaso de agua con gas y limón. Sus ojos oscuros captaron de inmediato el movimiento brusco de Sergio al retirar la mano de la mesa y la ligera mueca de desconcierto que se instaló en el rostro de Luka.

— Veo que el capi te está aburriendo con sus cuentos de cuna Luka — comentó Cristiano con una media sonrisa, rompiendo el hielo mientras se apoyaba en el respaldo de la silla contigua — no le hagas mucho caso si te dice que aquí todo se resuelve a gritos.

Luka parpadeo, tardando un par de segundos en asimilar el cambio de energía en la mesa. Miró a Cristiano y luego desvió los ojos hacia Sergio, quien ahora parecía muy interesado en ajustar el nudo de su corbata, evitando cualquier contacto visual.

— No, no... para nada — respondió el croata, intentando mantener su tono pausado a pesar de la extraña tensión que acababa de espesar el aire — Sergio me estaba diciendo que me estoy ganando al Bernabéu, es... un buen capitán

Cristiano soltó una risa corta, una de esas que denotaban que sabía mucho más de lo que aparentaba, miró fijamente a Sergio, quien finalmente levantó la vista con una expresión rígida y casi desafiante, no estaba de humor para lidiar con las analogías del mayor.

— Es un buen capitán, sí, el problema es que a veces piensa demasiado las jugadas fuera del campo — soltó Cristiano, dejando caer la frase con total tranquilidad — en el fútbol, si dudas un segundo entre pasar el balón o tirar a portería, te roban la pasada.. Hay que ir de frente ¿verdad, Sergio?

Sergio dejó la copa sobre el mantel con un golpe un poco más seco de lo normal, estaba empezando a desesperarse y no iba aguantar mucho más.

— A veces hay que aguantar la posición para no dejar la defensa descubierta, Cris, cada uno juega en su puesto — replicó el andaluz mirándolo de frente.

Cristiano no insistió. Le dio una palmada ligera en el hombro a Ramos, se despidió de Luka con un gesto de cabeza y se alejó hacia la salida, dejando un silencio denso en ese lado de la mesa.

Luka se quedó mirando su taza de té, removiendo la cuchara despacio. Por dentro la cabeza le iba a mil por hora y sentía un nudo de frustración que le apretaba el pecho resultado de no entender absolutamente nada de lo que acababa de pasar. Hacía un instante Sergio lo miraba con una intensidad que lo había hecho ponerse nervioso, con una voz suave que no le conocía, le había ofrecido una complicidad real... y de repente, por un comentario de Cristiano, se había cerrado en banda como un muro de piedra.

La inseguridad de ser el nuevo sumada al peso de las críticas de la prensa que todavía le daban vueltas, le hizo pensar lo peor ¿acaso Sergio solo le hablaba por lástima? Luka odiaba no entender las reglas del juego y más aún odiaba que el andaluz tuviera la capacidad de cambiar el ambiente de la mesa con un solo gesto.

La cena terminó de a poco y mientras los meseros comenzaron a levantar los platos vacíos, el capitán del equipo se puso de pie para agradecer a todos por otra temporada de unión, arrancando los aplausos y algún que otro brindis improvisado. Entre el bullicio de las sillas arrastrándose y los abrigos que se repartian, Sergio se levantó también sintiendo todavía esa tirantez pegada al pecho desde el comentario de Cristiano.

Luka se puso de pie casi al mismo tiempo, acomodándose la chaqueta con cierta torpeza y por un segundo pareció que iba a decir algo, tal vez retomar la conversación donde la habían dejado, pero Sergio ya estaba estirando la mano hacia él con una formalidad que no existía media hora antes.

— Bueno.. nos vemos mañana en el entrenamiento — dijo con una voz firme intentando parecer lo más natural posible, se sentía extrañado, no entendía el porque había tomado esa postura formal con su compañero siendo que ya habían charlado como amigos días antes — Descansa bien

Luka tardó unos segundos en reaccionar, mirando la mano extendida como si no terminara de encajar con el resto de la noche, aun así, la tomó.— Si.. vale, buenas noches Sergio — respondió finalmente con una sonrisa más pequeña que la de antes, casi cortez como un compañero de trabajo normalmente haría.

El defensa asintió y se dio vuelta dirigiéndose a la salida, sumándose a cristiano y al resto de jugadores que ya se despedían del capitán. No volvió a mirar atrás, no se atrevió, y mientras más se alejaba podía sentir una mirada clavándose en su espalda.

Por otro lado, Luka se quedó parado por unos instantes junto a la silla con una sensación extraña que le decía que algo se le había escapado de sus manos sin entender que era.