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Ni sabe cuando empezó todo, pero una vez ambos estaban teniendo una típica discusión de pareja cuando a Cristian, de forma involuntaria, se le “escapó” la mano y golpeando a Lisandro de una bofetada, lo hizo tan fuerte que la cabeza se corrió hacía un costado, observó que sus ojos se abrieron en exageración, su boca entreabierta y su pómulo estaba la marca de su mano, Martínez dió vuelta de a poco, mirando para abajo, cuando subió su vista, empezó a llorar desconsoladamente, preguntándole y gritándole que por qué hizo eso.
Sin embargo, en vez de haber sentido culpa, sintió excitación. Su mirada seguía en el pómulo del contrario, sintiendo como su sangre iba directamente a su pija. Lisandro le gritaba, le insultaba y eso hacía todo más caliente, entonces, de repente, sostuvo entre su mano derecha la cara del contrario y lo acercó a él.
— Sos hermoso, Dios. — le susurró, acercándose para darle un beso fugaz y obsceno. Lisandro quiso alejarse, pero no lo logró. Romero con su otra mano le agarró su cintura y lo acercó a él, haciendo que la intimidad de Martínez chocara directamente con la pija propia. — No podés ser más sexy, ¿No?
Lisandro le golpeaba el pecho y hombros fuertemente, y decía entre los besos fugaces y atrevidos del contrario. — Sos un enfermo Cristian, un pu.. Puto enfermo de mierda. Déjame en paz. — y sin embargo, eso era completamente evitado por el más alto.
Esa noche Cristian y Lisandro tuvieron sexo, al paso de los minutos Martínez olvidó la discusión y le siguió el juego, aún sintiendo un cosquilleo en su cachete izquierdo.
Al día siguiente, Lisandro despertó y cuando fue al baño, pudo ver su cuerpo maltratado. Tenía ahora un moretón chiquito en su cachete, en su cuello tenía algunas mordidas, y en torso tenía como rosa, le pareció raro y no le gustó. Luego recordó el golpe que le dió Cristian anoche y sintió su estómago re volverse de incomodidad.
Antes no era así.
Cristian siempre fue alguien muy cuidadoso con él, lo trataba con mucho cariño, hacía todo lo posible por tenerlo sano, y ahora esto. Definitivamente iba hablarlo con él hoy.
Hizo sus cosas en el baño y cuando terminó fue a la pieza para cambiarse de ropa, observando lentamente a Romero dormir como si nada, soltó un suspiro largo y se cambió para ir a desayunar algo.
Estuvo buscando qué cocinar cuando encontró al fondo de su mesada un poco de avena, decidió hacerla.
Estaba cocinando cuando sintió a Cristian atrás suyo, abrazándolo ahora con ternura y delicadeza, apoyando su cabeza en el hombro del más bajito, mientras sus ojos estaban cerrados. Lisandro lo vió de reojo y sonrió un poco, pese a la incomodidad.
— Buen día amor. — la voz ronca del morocho hizo que su piel se erizará. — ¿Qué estás haciendo? — abrió un poco sus ojos y vió la sartén. — Aah qué rico.
— Buen día Cris. — siguió haciendo lo suyo, Romero frunció el ceño, indignado.
— ¿Cómo qué ”Cris”, amorcito de mi vida? — se alejó un toque para hacer un drama, Martínez rodó los ojos. — Encima que me levanto de buen humor.
— A ver Cris, sentate que ya está esto. — Romero no tuvo de otra que hacerle caso. Segundos después la avena estaba servida en un plato. Al lado había unas frutas.
— Amor te notó enojado.
— Es porque lo estoy.
— Pero, ¿Por qué?
— Porque ayer me golpeaste de la nada. ¿Capaz? — a pesar de tener cierto miedo, Lisandro no podía hacerse chiquito delante de su novio.
— ... Perdóname amor. — Cristian parecía culpable, mirando ahora abajo mientras Lisandro agarraba jugo de la heladera, servía para los dos y se sentaba al lado del más alto. — No sé de dónde salió eso, fue sin querer.
— Posta que no daba. ¿Qué te pasa? Golpear no es la solución de nada.
Cristian vió al contrario y vió la cara de Lisandro enojada, sin embargo, sus ojos mostraban lo contrario. Asustado. Cagado. Miedoso. Pero qué bien fingía el hijo de puta.
Sonrió despacio y su mano fue a la pierna de Lisandro, acercándose con su silla más a él. Susurró: — Perdón en serio, ya no lo hago más.
Lisandro no aguantó más su enojo y suavizó su cara, mirándolo serio.
— Por favor. No me gustó. — y sus ojos, poco a poco empezaron a aguarse y Cristian lo vió al toque.
— No, no, no llores Li. No llores. — rápidamente se acercó para abrazarlo y Martínez ya parecía una cascada con las lágrimas que soltaba.
— No me pegues más, Cristian.
— No amor, perdóname, perdóname en serio.
Lisandro se alejó un poco y sintió. — Te perdono.
Cristian sintió su corazón latir más tranquilo y lo abrazo de nuevo. — Te amo Licha. Te amo mucho.
— Yo más, vida.
Lisandro lloro un poco más y Cristian sintió que una erección aparecería si seguía un poco más. Lo atrajo más a él con presión, intentando evitar su excitación.
Porque eso estaba mal.
