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Ambos equipos habían sido seleccionados para jugar en el estadio nacional por lo que, aquella mañana, Harry se levantó rápidamente para comenzar a prepararse pues, a pesar de que el partido fuera a las seis, la emoción por ver a su equipo no lo dejaba estar tranquilo. Por parte de Draco, él no estaba muy apresurado por lo que se levantó tranquilamente, se bañó, hizo su rutina de skincare de cinco mil pasos, se peinó, se vistió y con orgullo se puso la polera de su equipo.
El tiempo pasó lentamente ese dia y, a las 4, ambos jóvenes se encontraban en el metro sin saber que se encontrarían en el mismo vagón.
—¿Y tú qué haci aquí, Potter? —preguntó Malfoy con desprecio al ver que su antiguo compañero de colegio era del equipo adversario.
—¿Qué te importa, Malfoy? —respondió Harry, con evidentes deseos de provocarlo.
—No es que me importe, feo kliao —dijo el rubio, sin pensar demasiado en su defensa.
—Ah, así que en esa andamo —el moreno se acercó al pálido, dejándolo acorradalo en una esquina del vagón, junto a la puerta que no se abría.
—Oye, ya, si era webeo noma —el rubio, como el cobarde que era, se puso nervioso al sentirse realmente amenazado, apartando la cabeza para no tener que mirar los brillantes ojos verdes de su antiguo compañero. Ante eso, Harry sólo rió con una extraña suavidad y se alejó hasta quedar a una distancia considerable.
—Ya. Pásala bien —el pelinegro le dio unas palmaditas en el hombro al rubio y se bajó en la estación "Estadio nacional". Ante eso, Draco lo siguió algo ansioso, pues no se había dado cuenta de que habían llegado y casi se le cerró la puerta en la cara.
—¡Esperate! —al volver a su lado, Draco tiró a Harry de su camiseta deportiva y lo obligó a mirarlo—. ¿Por donde vai a estar sentao?
—¿Draco...? —Harry se sorprendió al verlo pero se centró en responder su pregunta—. Eh... Estoy como en el medio, ¿por qué?
—Por saber... —el rubio tragó saliva y lo miró—. Si ganamos nosotros, te invito un completo.
—¿Me tai? —Harry, aún algo desconcertado, simplemente asintió—. Eh... Ya, wena, gracias... ¿Y si nosotros ganamos?
—Sueña —Draco rió con burla, como solía hacer, y se fue rápidamente del metro, pues no quería perderse ni un minuto del preciado partido que estaba a punto de comenzar.
Una vez que ambos estuvieron en sus sectores del estadio, se buscaron con la mirada entre el mar de gente, pero no tuvieron éxito pues era casi imposible. Al final, el resultado del partido fue 2-1, ganándole la Católica a la U. Harry estaba más enojado que la chucha, pero se alegró al recordar que Draco le debía un completo, así que lo llamó para cobrárselo.
—Aló, sacowea —saludó amistosamente el pelinegro.
—¿Dónde estai? —preguntó Malfoy, acostumbrado a los cariñosos apodos de su conocido.
—Saliendo, esperame en la copec.
—Ya.
Ambos ex compañeros se encontraron en la copec y, luego de eso, caminaron hasta un carrito de completos en donde Draco compró dos italianos con bebida, pues había promoción.
—Jugaron bien igual —dijo el rubio, casi en un susurro.
—Ah... Gracias —el pelinegro sonrió, pues alcanzó a escucharlo—. Ustedes... Bueno, igual.
—Gracias —y, con una pequeña sonrisa, la breve interacción terminó hasta que uno de los amigos de Draco apareció de la multitud que se dirigía hacia el metro y el estacionamiento de la copec.
—¡Wena po Draco! —Blaise apareció, dandole un empujoncito amistoso en el hombro.
—Hola —respondió el joven, algo tenso.
—Ah... Hola, Potter. —Al ver al ojiverde, Blaise se tensó también pero no dijo mucho, sólo lo miró con desprecio.
—Hola —Harry saludó con indiferencia y siguió comiendo su italiano.
—¿Por que estai con este weón? —Blaise le susurró a Draco, mirándolo con cierta preocupación—. ¿No te acordai de lo que te hizo en tercero medio?
—Eso fue sin querer... —el rubio carraspeó y tomó un sorbo de bebida.
—Claro, "sin querer"... ¡Casi te mata!
—Los estoy escuchando —Harry suspiró, cansado de fingir que no le afectaba la conversación de ambos amigos—. Hablé con Draco después de la graduación.
—¿Y después qué? Un par de palabritas no van a reparar las heridas que le hiciste —Blaise habló, casi gruñendo (guau).
—¡Ya...! —Harry alzó la voz, pero se contuvo de gritar—. Ya lo sé, y créeme que me arrepiento mucho por lo que hice.
—Blaise, ya —Draco miró a su amigo con molestia—. No es tema tuyo.
—Pero es tema tuyo y somos amigos... —El joven de profundos ojos castaños miró al de ojos plateados casi con ternura.
—Pero ya fue la wea —el rubio insistió—. Ahora anda a tu casa, no quiero que te pase nada.
—Bueno... Chao, cuídate —sin siquiera despedirse del pelinegro, Blaise le dio unas palmadas en el hombro a Draco y se fue en dirección al metro.
—Perdón por eso, es que se pone medio loco —dijo Draco después de un rato, con una leve sonrisa.
—Ta' bien, si entiendo... —Harry, sintiendo el sabor de la culpa en la mayo de su completo, terminó de comerlo rápidamente y se tragó la bebida casi como un shot—. ¿Vamos?
—¿A donde...?
—A tu casa, o sea... Te voy a dejar.
—¿Por qué? —El rubio lo miró confundido.
—Porque ya está oscuro y te puede pasar algo —Harry tragó saliva y lo miró, algo nervioso—. O no, da lo mismo.
—¿Qué te pasa? —Draco lo miró, casi molesto—. ¿Te afectó lo que dijo Blaise?
—...Quizás, no sé. Es que me acordé y... —De repente, Harry se vio sumido en el recuerdo de aquél día en donde había golpeado a Draco en los baños del colegio por, supuestamente, haber planeado un ataque contra el director Dumbledore y otras cosas más. Al final todo fue cosa del padre del rubio, pero eso no quitó que el joven, que en ese momento tenía diecisiete, terminara con la nariz rota, varios moretones y una preocupante herida en la cabeza.
—¡Harry! —el rubio le pegó una cachetada al pelinegro, pues llevaba rato diciendo su nombre sin obtener respuesta.
—Ay... ¿Qué?
—¿Qué wea te pasa? —insistió, genuinamente preocupado.
—Que me siento mal po, si yo sé que ya pasó, pero... Casi te moriste —los ojos verdes del joven se humedecieron, pero intentó ocultarlo pasandose una mano bruscamente por la cara.
—Mira, yo tampoco fui un santo. Andaba metido en muchas weas y... Bueno, por algo mi papá está preso, pero está bien, si tu hiciste lo que creíste mejor nomás. Ya pasó.
—Ya, bueno... —Harry suspiró pesadamente, aún con la culpa abrazada en su pecho—. ¿Nos podemos ir? Que me dio frio ya.
—Sí, vamos —Draco sonrió un poco, pues nunca había notado lo sensible que era el pelinegro y eso le provocó bastante curiosidad, pues quería conocer más de eso.
Luego de esa conversación, ambos se fueron de vuelta en el mismo vagón, aunque esta vez no fue por mera coincidencia.
