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Erling Haaland estaba acostumbrado a las cámaras. Casi toda su vida había estado bajo los focos, primero por ser hijo de Alf-Inge Haaland y luego gracias a su propio mérito y desempeño en el fútbol.
Rápidamente aprendió que cada palabra, acción y hasta un gesto podía convertirse en un titular. Por ese motivo evitaba las preguntas sobre su vida privada, sonreía cuando era necesario, sus respuestas siempre eran cortas y cualquier pregunta fuera de lugar la esquivaba con tanta fluidez que parecía bailar entre respuestas, confundiendo a la prensa sin demasiada complicación.
Esa mañana el frío le calaba los huesos. Cada respiración se sentía como congelarse por dentro, pero no le dio importancia a nada de eso. Como deportista de élite, el clima no era un impedimento. Estaba acostumbrado a jugar partidos de noventa minutos o más, con calor extremo, con un frío que congelaba hasta el sudor o con intensas lluvias que regresaban al terreno más pesado. Estaba acostumbrado a enfrentarse a condiciones extremas y, aun así, mantenerse enfocado en su objetivo.
Eran apenas las ocho de la mañana y una gruesa gota de sudor bajaba por el cuello de Haaland. La cancha estaba casi vacía; solamente se encontraron dos personas del cuerpo técnico junto a él.
La pelota, lanzada desde distintos lados, golpeaba la roja una y otra vez. Cada tiro al arco le dio más satisfacción al noruego.
—Cuida tus pies, gigante. —Oyó un grito con un marcado acento británico.
Detuvo el balón y miró de dónde provenía el grito. Por los pasillos que llevaban al vestíbulo observaron cómo Phil Foden caminaba a paso lento, pasándose una mano por la cara para eliminar los rastros de cansancio.
—Te ves como la mierda. —Le gritó el alfa noruego. —Pareciera que un camión te pasó por encima.
Foden rio sonoramente, sacándole el dedo de en medio. Unos cuantos segundos después estuvo frente a Erling.
—Hermano, ¿cuánto tiempo llevas aquí? El clima está para congelar saunas.
—Llegué hace media hora. —Erling hizo un ademan con las manos, restándole importancia.
—¿Tu omega no se enoja? —Phil señaló con la cabeza una parte rojiza que se asomaba por el cuello de la camiseta de Erling.
Haaland automáticamente se llevó la mano al sitio, la curvatura donde terminaba su cuello, dando paso a la clavícula y luego al hombro.
— ¿Es muy notoria? —preguntó, genuinamente preocupado.
—Solamente de cerca y con la camisa así, pero, amigo, recuerda que hoy vienen a grabar. Al parecer, el club está muriendo de hambre y necesita contenido de hombres sudados. —El más alto soltó una carcajada.— Creo que de eso no te salvarás.
Erling paró de reír, mirando fijamente a Phil.
—En este punto de la vida, un rumor más me la suda. —Su atención volvió al balón, pasándolo nerviosamente entre sus pies.
—No te escucho muy convencido, pero allá tú. —Foden se alejó unos cuantos pasos para recibir un pase de Erling, indicándole con el pulgar que ya estaba listo.— No me has dicho quién es la o el afortunado.
La pelota se dirigió sin tanta fuerza a los pies del inglés, quien la envió de vuelta elevándola a media altura.
—Es secreto de Estado. —Recibió de nuevo la pelota, comenzando a correr y esquivando los obstáculos ya instalados en la cancha.
—No creo que a tu omega le guste ser tratado como un secreto. Se aburrirá y te dejará; así son todos, hermano. No entienden la vida de nosotros. —Cuando Erling llegó frente a la portería, se detuvo en seco al escuchar las palabras de su amigo.
—Él no es como todos. —Y, sin más, pateó el balón con tanta fuerza que casi pensó que atravesaría la red.
—Así que es un "él"... Estás enamorado. Ahora entiendo por qué dejaste que te marcara. ¿Cuánto tiempo llevan juntos? —Foden estaba realmente impresionado, aunque también se sentía un poco fuera de lugar al no saber nada de esa parte de la vida de Erling si supuestamente eran amigos.
La pelota volvió a ser lanzada, esta vez con un pase bastante elevado para que lograse llegar a mitad de cancha, donde estaba Phil.
—Lo conozco desde hace un poco más de seis años. —Phil ignoró por completo la pelota que caía unos pasos delante de él, enfocando toda su atención en el nórdico.
—Me siento un poco pasado a llevar. Llevamos mucho tiempo siendo amigos y no tenía ni idea. Es más, pensé que tú y Bellingham eran algo. —La comprensión le llegó de repente al ver la cara de su compañero.— No me digas que...
La conversación fue interrumpida por algunos gritos provenientes de donde había llegado anteriormente Foden. Haaland levantó los hombros como respuesta.
—Esta conversación queda pendiente, maldito yeti nórdico. —Alcanzó a decir antes de que un grupo de hombres llegara corriendo a quitarles el balón y comenzara a provocarlos para jugar.
•••
El entrenamiento estaba siendo bastante pesado. No sabía si era por el frío, por lo exigente que estaba el entrenador o por la presión de las cámaras casi encima de ellos.
—¡Ese pase, repítelo! —gritó el míster desde su lugar habitual.
Erling se pasó la mano por el cabello, visiblemente frustrado. Repetir jugadas era imposible y el entrenador quería que sacara habilidades inhumanas para hacerlo.
Cuando la pelota fue directamente hacia él, intentó un cabezazo que fue directo al arco. Escuchó el clic de una cámara y luego al míster gritando más instrucciones.
—Estamos llegando de un Mundial, tenga paciencia. —Uno de sus compañeros intentó bromear, ganándose una mirada que decía más que mil palabras.
—¡Treinta minutos en la corredora, ya! —El chico abrió los ojos como platos, girando la cabeza hacia todos lados, viendo la reacción de sus compañeros o buscando alguna señal de broma.
Los demás solo rieron. Sabían que, cuando el entrenador estaba con esos ánimos, no había espacio para bromas.
—¡Si siguen así, todos irán a la corredora a hacerle compañía! —Las risas se apagaron y todos volvieron a lo suyo.
Unas horas después, se encontraba en las duchas, dejando que las gotas de agua relajaran sus músculos agarrotados por el intenso entrenamiento.
—Maresca nos quiere muertos. —Rubén se dejó caer estrepitosamente en una de las bancas del vestuario.
La risa de Haaland se escuchó por encima del agua cayendo, ganándose la atención de gran parte del vestuario. Cuando apagó la llave del agua, el silencio inundó el lugar. Tomó una de las toallas que estaba colgada y se la amarró a la cintura.
—¿Les comió la lengua Maresca? —Intentó hacer un chiste, pero no le salió; el silencio seguía reinando en el vestuario.
Rubén lo miró atentamente. No dijo nada, solo señaló el cuello de Erling. Phil rio bajito, pasando por al lado del alfa noruego y tomando su lugar en la ducha.
—Estás marcado. ¿De hace cuánto? ¿Creías que no lo notaríamos? —empezó a preguntar Rubén, bastante sorprendido por la calma que transmitía Erling.
—No intentaba ocultarlo. —Miró al resto de los chicos; algunos tenían expresiones de sorpresa total y otros, de que ya se lo esperaban.— Pasó hace algunas semanas. Fue algo que se dio naturalmente y sin presiones.
Era la primera vez que Haaland era tan abierto respecto a su vida. Aunque eran compañeros desde hacía algunos años, el noruego no solía hablar tanto sobre su vida personal o sus sentimientos. Solamente con sus amigos más cercanos y, aun así, tocaba esos temas de manera superficial, sin dar mayores detalles.
—¿Y quién es el afortunado? —preguntó Donnarumma, saliendo de una de las duchas.
Erling sonrió inconscientemente, recordando aquellos ojos que veía cada mañana a través de las videollamadas y esa sonrisa de lado que hacía que su corazón enloqueciera.
Pocos de sus compañeros se dieron cuenta del gesto y quienes lo notaron no dijeron nada.
—¿Por qué asumes que es un omega y no una omega? —Donnarumma miró a quien le hacía aquella pregunta. Para él, la respuesta era bastante obvia.
—¿Ves a Haaland como el tipo de hombre que estaría con una omega? No son su tipo. Quizás una beta, y ya es decir mucho. —Después de que le respondieron, Rodri y los que estaban cerca observaron detenidamente a Braut.
—Me siento severamente acosado. —Erling, que todavía seguía con la toalla alrededor de la cintura, intentó taparse el torso, colocando un brazo por encima de los pectorales, lo que provocó una sonora carcajada.
—Tienes razón, Erling buscaría a alguien que estuviese a su altura, y no me refiero a algo económico o social, más bien a su excéntrica personalidad. —Rodri concordó.
—Alguien que estuviese igual de loco que él. —Erling se giró a mirar a Phil y este, a pesar de sentir la mirada juzgadora que le lanzaba el vikingo por lo recién dicho, no volteó a mirarlo.
—Al parecer se pusieron de acuerdo para lanzarme odio. —Haaland caminó en dirección a su casillero mientras otra ronda de risas aparecía. Sacó de allí su bolso, del cual colgaba un pequeño llavero con el número cinco.
—Hey, Braut, creo que te interesará ver esto. —Uno de sus compañeros se acercó con el teléfono en las manos, mostrándole el titular de algún noticiero cizañero.
El nombrado dejó de prestarle atención a su bolso para fijar la vista en el teléfono que le estaban entregando.
—"¡Sorpresa en Manchester! Erling Haaland aparece con una presunta marca de lazo y desata teorías entre los aficionados". —Leyó en voz alta, haciendo que varios chicos se acercaran a ver aquella noticia.
—La foto es de hoy, cuando cabeceaste la pelota.
—Vaya, no duró nada el secreto. —Phil salió de la ducha, palmeando el hombro de Erling.
—Con esta noticia serás tema de tendencia durante bastante tiempo, y eso que ni siquiera habías dejado de serlo luego del Mundial. —El alfa suspiró pesadamente. Si antes la prensa ya intentaba meterse en su vida privada, ahora sería muchísimo peor.
—La vida del artista. —El dueño del teléfono tomó su dispositivo y comenzó a recorrer las notas periodísticas.
Había memes, otros decían que era un golpe y hasta había personas analizando fotos anteriores para ver si aquella marca era reciente.
Cuanto más leían, más amarillistas y absurdas se volvían las teorías. Hubo una noticia que, en definitiva, le sacó una estruendosa carcajada.
—Esta dice que eres un omega recesivo y que te dejaste marcar por un alfa puro porque... —Su compañero no pudo seguir leyendo debido a que las risas estallaron en aquel vestuario.
Durante más de diez minutos estuvieron leyendo los comentarios y bromeando sobre eso. Cuando a todos ya les dolía el estómago de tanto reír, volvieron a sus respectivas labores.
Haaland ya estaba casi terminando de amarrarse las zapatillas cuando el sonido de una notificación personalizada lo desconcentró. Sabía perfectamente de quién era el mensaje.
"Internet y los medios están enloqueciendo"
Alcanzó a leer el mensaje en la pantalla de bloqueo. Rápidamente tomó el teléfono, desbloqueándolo con la huella digital. Entró al chat de donde provenía el mensaje anterior y, aparte de ese, había otros dos más.
"Esto es divertidísimo"
"Viste ese que afirma que eres un omega?"
Erling volvió a reír, negando con la cabeza.
"Ese me saco una carcajada"
"No te burles"
Tecleo y envío. Tres puntos aparecieron al instante.
"No prometo nada"
Ahí quedó la conversación. Con una pequeña sonrisa en el rostro, Erling apagó el teléfono, guardándolo en su bolso para continuar con la tarea que había dejado a medias: amarrarse las zapatillas.
•••
El sonido de la televisión inundaba aquel apartamento en Madrid. Era un canal informativo no tan serio el que estaba reproduciéndose.
—¡Y claro, es uno de los temas más calientes del momento!
Gritaba la presentadora de uno de esos programas de salseo, donde su única meta era generar chismes, teorías y hasta controversias.
—Pasamos de hablar de lo sexy que era Erling Haaland a estar hablando de la omega que disfruta de semejante vikingo.
Escuchar el nombre del noruego hizo que Jude Bellingham enfocara su atención en el programa. Dejó de lado lo que estaba intentando cocinar y miró atentamente la televisión.
Una serie de imágenes se proyectaban: primero una de Erling en el partido de Noruega contra Brasil; luego, una donde apareció de pie con un casco vikingo; y, por último, dos imágenes más. La primera mostró a Haaland sin polera, sosteniendo una copa, imagen en la que los músculos, los abdominales y hasta las venas se notaban a simple vista. La última era una fotografía que se había vuelto viral apenas unas horas antes: el momento exacto en que el noruego saltaba para cabecear un balón, ladeando la cabeza de tal manera que dejaba ver una marca rojiza violácea en la curvatura de su cuello.
Jude rio. Era obvio que aquella foto llegaría a esos programas; Solo no esperaba que fuera tan rápido.
Hacía un par de horas había hablado con el noruego, bromeando sobre cómo en las redes sociales estaban circulando teorías loquísimas. Sin duda la imaginación de las personas era un tema de estudio.
Hacía casi tres meses eran tendencia debido al Mundial. Ahora Erling Haaland volvió a ser tendencia, solo que esta vez el fútbol no era el principal tema de conversación, al menos no todavía.
