Chapter Text
En tercero medio las cosas siempre se ponen algo tensas, sobre todo porque la cuenta regresiva para que llegue el cuarto y último año de enseñanza media es algo que siempre perturba la mente de los estudiantes quienes suelen ser acribillados con preguntas sobre qué harán con su futuro o quiénes buscan ser en la vida. A decir verdad, es una decisión bastante drástica para una persona de diecisiete o dieciocho años, pero es lo que hay.
Aquél día había empezado el tercer año en el internado Hogwarts, que quedaba en algún lado del sur de Chile, lo suficientemente lejos de la capital como para que los padres no tuvieran que preocuparse de sus hijos luego de dejarlos en la Estación Central que, a través de un pasadizo secreto, los llevaba a la estación 9¾ (Chilean version, aunque no es muy distinta a la de la película XD). A pesar de lo temprano que era, todos parecían emocionados por comenzar un nuevo año escolar o, al menos, así era para Harry, Hermione y Ron, a quiénes solían llamar "El trio dorado" o "Los piérdete una", aunque este último apodo solían usarlo los estudiantes solamente.
—¿Qué piensan que va a pasar este año? —preguntó Harry, con aquella curiosidad juvenil que nunca parecía abandonarlo.
—No sé, pero ojalá tengan comida rica cuando nos reciban —sonrió Ron emocionado, recibiendo un wate por parte de Hermione—. Oye... ¿Por qué me pegai?
—Por comilón —dijo Hermione, aguantando una pequeña risa—. Yo sólo espero que podamos tener un año tranquilo. Ya estoy chata de que siempre cancelen las pruebas a final de año, o sea... Entiendo la razón, pero quiero mis notas.
—Creo que eri la única que quiere eso —el moreno soltó una risita, recibiendo una mirada asesina de la... ¿rubia¹?—. ¿Te teñiste el pelo?
—No, me desperté y lo tenía así —respondió Hermione con notorio sarcasmo.
—Ooh, ya —Harry suspiró indignado y se acomodó los lentes.
—Mira, llegó tu pololo —dijo Ron, moviendo levemente la cabeza hacia la izquierda.
—¿De quién estai hablando? —el pelinegro volvió a suspirar y miró hacia donde le indicaba su amigo, encontrándose con la mirada de aquél joven de ojos plateados y cabello rubio que a ratos parecía tan blanco como la nieve de la cordillera. A pesar de que la conexión duró unos pocos segundos, Harry sintió como si una flecha le hubiera atravesado el pecho, por lo que se apresuró a apartar la vista y tragó saliva.
—¿Oye, estai bien...? —el pelirrojo miró a su amigo y le dio unas palmaditas en el hombro.
—Sí, eh... ¿Y si entramos al tren mejor? Me bajó el sueño —al ver el cambio repentino de ánimo en el pelinegro, Hermione y Ron se dieron una pequeña mirada cómplice y decidieron no mencionar nada al respecto, al menos no por el momento.
—Sí, vamos. —La rubia se apresuró y entró a uno de los vagones siendo seguida por ambos jóvenes hasta que encontraron uno vacío en donde sentarse. Una vez ahí, Harry decidió dormir para recuperar en poco de sueño perdido, pues la noche anterior no había descansado bien. Al cerrar los ojos, dejó que la oscuridad de sus párpados lo arroparan y se quedó dormido.
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—¡HARRY! —El pelinegro despertó de golpe al escuchar que gritaban su nombre.
—¿Qué pasó...? —Harry se quitó los lentes para poder limpiarse los ojos y luego se los volvió a poner.
—Ron pensó que sería bueno despertarte a media hora de llegar —dijo Hermione, ya acostumbrada a las ideas del pelirrojo.
—Ah... ¿Podrían no gritarme para la otra? —el ojiverse suspiró irritado y se puso de pie.
—Bueno... —Ron asintió, sintiéndose algo culpable por haber perturbado el profundo sueño de su amigo quien con suerte podía dormir por las noches con tantas pesadillas—. ¿A dónde vai?
—¿Recuerdan que les dije que el Malfoy andaba raro? —Harry abrió su maleta y sacó su manto invisible.
—Sí... —dijeron ambos jóvenes al unísono.
—¿Y recuerdan que les dije mi teoría sobre que podía estar metido en esa wea de los mortífagos? —ambos volvieron a asentir, pero Hermione no se veía muy convencida.
—Sabemos que el papá está metido en eso, pero... ¿Draco?
—Miren, sé que suena medio exagerado, pero... Déjenme investigar —Harry se puso el manto sobre los hombros y abrió la puerta—. Los veo después —Antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo, el pelinegro ya había cerrado la puerta y se encontraba camino al vagón en donde estaba Malfoy, obviamente cubierto con el manto de invisibilidad. Al llegar a su destino, entró con el mayor sigilo que pudo y se quedó escuchando la conversación del rubio y sus amigos aunque, de tanto en tanto, también aprovechó para admirar de cerca las facciones del joven Slytherin, pues casi nunca tenía la oportunidad de verlo de esa manera.
Cuando el tren llegó a Hogwarts, Harry juró que había hecho un trabajo de espía envidiable, pero un tropiezo lo llevó a caer encima de Draco, quién se quedó último en el vagón ya vacío, pues desde hace rato sentia que alguien lo estaba observando y... tenía razón.
—No me gustan los weones sapos —Draco frunció el ceño y le quitó el manto a Harry mientras intentaba esconder el rubor en sus mejillas con su usual frialdad.
—¿Y quién dijo que te estaba sapeando a ti? —respondió Harry, intentando salir ileso de una situación en la cual, ciertamente, no podía defenderse.
—Eres malo hasta para mentir, Potter —Draco suspiró y lo empujó, quitándolo de encima y lanzandole un Petrificus Totalus—. No te quiero ver más, ¿entendiste? —El joven de ojos plateados tomó el manto de invisibilidad y lo dejó sobre el cuerpo del pelinegro para luego irse, pues ya no tenía nada que hacer ahí.
Las horas pasaron y, casi a la hora del banquete, Luna encontró a Harry con sus lentes mágicos y lo acompañó hasta el castillo. Una vez ahí, Hermione y Ron lo observaron preocupados y lo invitaron a sentarse junto a ellos.
—¡Harry! —la rubia lo abrazó con fuerza—. ¿A donde estabai?
—Me da lata contarles ahora... —Harry bostezó, pero la chica le dio un golpe con el codo, haciéndolo soltar un leve quejido—. Ay, ya... El Malfoy cachó que lo estaba sapeando y me dejó tieso en el tren. Nadie me vio porque tenía la capa, bueno, nadie excepto Luna. Ella me ayudó y me trajo para acá.
—Me sorprende que Draco no te haya hecho nada más... Como romperte la nariz o algo —dijo Ron, mientras comía un chilenito.
—Quizás le dio pena dañar mi carita hermosa —dijo Harry, con una confiada sonrisa, causando una risotada por parte de Hermione.
—Ya, sí... Y... ¿Descubriste algo sobre la secta?
—Si le llamas "secta" suena peor de lo que es.
—Porque es peor de lo que cualquiera podría pensar... Pero ese no es el punto. ¿Supiste algo o no?
—Sí, o sea... No... —Harry rió nervioso.
—¿Entonces te llevaste el hechizo de gratis? —preguntó la rubia, frunciendo el ceño—. Dios mio, Harry... Recuerda no hacer las cosas solo la última vez.
—Ya, ya... No me retes —Harry suspiró y comió un postre—. Hablemos mañana de todo esto, estoy cansado.
—¿Quieres? —Ron le ofreció un cupcake a su amigo y este lo tomó con una leve sonrisa.
Al termino de la cena, todos se fueron a sus respectivos dormitorios para descansar, menos Harry, quien parecía tener un problema personal con su horario de sueño. Mientras estaba recostado en su cama, pensaba en lo ocurrido en el tren y, con los ronquidos de Ron de fondo, recordó lo cerca que estuvo de Draco aunque fuera solo por unos pocos segundos. Sus ojos plateados se vieron vulnerables cuando cayó sobre él dándole un aspecto mucho más inocente y hasta dulce. Dios... ¿Qué le estaba pasando? Se supone que Malfoy era el enemigo y era peligroso, pero Harry no podía hacer más que pensar en lo bonitos que le parecían sus ojos... Parecía un chiste pero, para el pelinegro, era una realidad que todavía le costaba asimilar.
—Tengo que concentrarme en hacer lo que es lo mejor para todos... —Susurró el ojiverde, aún con la imagen del rubio en su mente—. No puedo fallar... Sin importar lo que sienta, no puedo fallar —Repitió esas frases como si fueran un juramento consigo mismo hasta que, sin darse cuenta, se quedó profundamente dormido.
