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Tres gotas de sangre. Una detrás de otra, caen sobre la hoja de su trabajo práctico. Le llevó unos segundos reaccionar y correr al baño. El reflejo que le devolvió el espejo fue el de una nariz roja, con un hilo de sangre del lado derecho. Julián esperó. Contó los minutos mientras veía cómo su mejilla izquierda se iba volviendo cada vez más roja. Eso iba a ser un moretón si no buscaba hielo rápido. Abrió la canilla y se mojó la nariz. Suspiró, volviendo a mirarse en el espejo. Tenía ojeras por las horas que pasó preparando su investigación; tenía que presentarla al día siguiente. Y ahora iba a pararse frente a una clase de casi cien personas con la cara llena de trompadas. Porque donde fuera que su alma gemela estuviera, o hiciera lo que hiciera, Julián una vez más iba a tener que llevar sus marcas en la piel.
Las cosas eran de esa manera hacía ya algunos años, desde que cumplió los dieciocho. Una noche se levantó al baño y se asustó de su propio reflejo. Se tuvo que mojar la cara para sacarse la ensoñación de encima y ver cómo tenía un derrame en el ojo y un moretón que prácticamente se lo envolvía, además de rasguños en algunas partes del cuello y los antebrazos.
Se quedó hasta tarde sentado en el piso del baño con el botiquín, intentando curar las lesiones con las pocas cosas que tenía en el departamento. Tenía que alcanzar, aunque con el ojo ya no iba a poder hacer mucho.
Eso lo obligó a dar muchas explicaciones. Algunos de sus amigos le creyeron más rápido que otros. Tenía la suerte de no tener pareja a la que complicarle la vida con los constantes golpes en su cuerpo, ni era un pibe que se metiera en quilombos.
A raíz de eso, Julián se había acostumbrado a llevar siempre con él algunos elementos básicos de primeros auxilios. Pedir permiso para salir de clase porque le empezaba a sangrar la nariz o la boca se había vuelto algo habitual después de varios meses.
La peor parte fue explicarles a sus padres que tal vez tenía un alma gemela que estaba sufriendo algún tipo de maltrato. Realmente esperaba que ese no fuera el caso. Su otra opción era pensar que su alma gemela vivia metida en peleas. Ninguna de las dos opciones hacían que Julián sintiera menos preocupación e intentará curar lo antes posible.
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Julián prácticamente se tiró en el banco al lado de Lisandro. La capucha de su buzo verde le cubría bastante la cara y los anteojos de sol que se había comprado para situaciones como estas le servían, aunque no fueran ni ahí su estilo.
“Gordo, no es por tirar la mala, pero está nublado” dijo Rodrigo al llegar a la mesa, mientras se sentaba enfrente y dejaba la mochila a un costado. “Aparte no te combinan con el outfit” agregó, sacando algunos apuntes mientras esperan en el patio a que sea la hora de su siguiente clase.
“Ya sabes que no lo hace por el outfit Rodri” lo retó Lisandro, a quien no le gustaba hablar mucho tan temprano a la mañana.
Julián suspiró y se sacó los anteojos. El moretón debajo del ojo estaba ahora un poco más apagado, casi amarillento, pero seguía ahí. Tenía otro más chico en la mejilla que había intentado disimular con maquillaje, pero como no tenía ni idea del tema, se había comprado una base que no era de su tono de piel y ahora la marca tenía un color marrón bastante raro.
Sus amigos lo miraron un momento en silencio, pero ninguno dijo nada sobre su intento por tapar los golpes.
“Che, y si alguna vez le rompen la boca de una piña... y le vuelan un diente, ponelé, ¿se te cae a vos también?” preguntó Rodrigo, estirándose un poco sobre la mesa. Agarró uno de los cuadernos de Julián y vio una huella dactilar de sangre ya seca en una esquina de la tapa, pero prefirió ignorarla.
Los ojos de Julián prácticamente se dispararon hacia Rodrigo. “Espero que no. ¿No pasa eso no?” le preguntó a Lisandro en un tono bajo y preocupado.
“No, no” dijo Licha, aunque no sonó muy convencido. “Le puedo preguntar a Cristian; a él le pasó una vez que le volaron un diente y creo que a su alma gemela no le pasó nada.”
Rodrigo y Julián intercambiaron miradas. Cristian era el mejor amigo de Lisandro. La amistad de ellos era complicada por donde se la mirara, sobre todo porque Licha estaba enamorado del Cuti desde que eran pendejos. Algo que les admitió una noche en pedo, pero que seguía negando hasta el día de hoy. Para Lisandro que Cuti encontrara a su alma gemela era una «re buena noticia» porque lo iba a ayudar a por fin dejarlo ir y concentrarse en la facultad, pero siempre encontraba la manera de acercarse, de volver a Cristian, hasta por la mínima boludez. Como ahora.
Rodrigo decía que Lisandro estaba muy enganchado, que ni ahí se iba a olvidar de Cristian. Julián, en cambio, le tenía un poco más de esperanza, o al menos intentaba no bajársela cuando Licha decía que estaba «mejor» o «conociendo a alguien».
El hilo de pensamientos de Julián se cortó cuando su celular vibró en el bolsillo del buzo. Lo sacó y miró los tres mensajes seguidos de Ota.
Ota:
eu te consegui el numero
no preguntes como
pero ahi te lo paso
Ota compartió un contacto.
Mensaje / Añadir contacto
Julian:
Esa es Karina?
Decis que me puede ayudar?
Ota:
see esa es la Kari
y no sé gato
en el barrio dicen q anda muy bien
que posta rompe el vínculo con tu alma gemela
eso si, cobra caro
Julian:
Ya me dio miedo
Mejor no
Ota:
daaaa no sea cagon
no queres ke se te termine todo eso??
Julian:
Si, pero me da miedo.
Mira si quedo peor y empiezo a no sé sentir los golpes
Qué hago? Y eso del pago
Que miedo Ota
Olvidate no voy a llevar un gallo muerto
Ota:
buee
para
un que???
no te va a pasar eso capo, si la gente dice ke anda re bien y hace los trabajos re bien
es porque e así
pero hace como vos quieras, yo cumpli como me pediste
Julian:
Si, si amigo
gracias
Bloqueo el celular y suspiro. Rodrigo fue el primero en levantar la mirada de los apuntes.
“¿Que paso?”
“Ota me consiguió el número de Karina. La mujer esa que les comenté, la que dicen que puede romper los vínculos con las almas gemelas.”
“¿Y creés en eso?” preguntó Licha.
Julián se encogió de hombros y se acomodó mejor la capucha cuando un grupo de pibes de su clase pasó por al lado de la mesa. “No sé si creo o no, pero estoy cansado de sangrar, de andar con golpes por ahí. Trato de curarlos los más rápido que puedo, porque no sé, espero que se le curen a la otra persona también, pero ya pasaron muchos años y la cosa no cambia”
“Pero puede ser peligroso intentar algo así, Juli. Entiendo que…” empezó Rodrigo, pero Julián lo interrumpió porque ya sabía hacia dónde iba.
“Sí, ya sé, por eso lo voy a pensar”
