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Español
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2026-08-04
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Todo el tiempo... supongo

Summary:

Karkat se marchará durante seis meses a trabajar.
Dave sabe que seis meses no son demasiado tiempo. Han sobrevivido a cosas peores. Años completos peores, de hecho.

Notes:

Inspirado en Japanese Denim de Daniel Caesar.+

Una pequeña historia doméstica sobre Davekat.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La primera señal de que Karkat iba a marcharse apareció pegada en el refrigerador con un imán en forma de cangrejo.

Dave la descubrió un martes por la mañana, mientras buscaba leche para un café que ya sabia horrible incluso antes de siquiera probarlo. Era una hoja doblada en tres, impresa en papel grueso, con el logotipo del Consejo de Rehabilitación Interplanetaria ocupando la parte superior y varias líneas subrayadas con tanta violencia que el bolígrafo había estado a nada de atravesarlas.

“Programa de asesorías comunitaria. Duración estimada: seis meses.”

Debajo, con letra inclinada y agresiva, una anotación: “REUNION EL JUEVES. NO OLVIDAR.”

Dave se quedó mirándola con la puerta del refrigerados abierta. El aire frio le golpeo las piernas desnudas. En algún punto detrás de él, la tostadora expulsó dos rebanadas carbonizadas.

—Tus panes se suicidaron —dijo.

Karkat apareció en la entrada de la cocina, todavía acomodándose la manga del suéter que le había robado a Dave. Tenia el cabello aplastado de un lado y una marca roja en la mejilla por haber dormido sobre la costura de la almohada.

—Son tus panes.

—Eso explica la ausencia de instinto de supervivencia.

Karkat pasó junto a él, cerró el refrigerador con la cadera y extrajo las tostadas humeantes.

—¿Por qué estas parado ahí como si acabaras de descubrir un cadáver?

Dave levantó la hoja.

—Porque encontré literatura gubernamental antes de las nueve de la mañana. Experiencia cercana a la muerte.

Karkat dejó de raspar la parte quemada del pan, fue apenas una pausa.

—Te iba a contar.

—Qué suerte que tu sistema de comunicación sea pegar documentos en electrodomésticos.

—No lo puse para que lo descubrieras. Lo puse porque debo acordarme de la reunión.

—Y yo aquí pensando que el refrigerador era nuestro tablón de anuncios matrimonial.

—No estamos casados.

—Díselo al imán de cangrejo.

Karkat le arrebató la hoja.

—Es una asesoría temporal. Buscan gente con experiencia mediando conflictos entre comunidades humanas y trolls. Seis meses, como máximo.

—Suena entretenido.

—No, no suena entretenido. Suena como seis meses escuchando a representantes municipales fingir que la discriminación es un problema de comunicación y no que son unos completos imbéciles.

—Entonces esto está hecho para ti—señaló la hoja.

—¿Qué se supone que significa eso? —Karkat entrecerró los ojos.

—Que tienes el don de explicarle a la gente que es estúpida utilizando palabras de más de tres silabas. Una de tus muchas cualidades.

La respuesta pareció satisfacerlo. O al menos distrajo su atención lo suficiente como para que volviera a las tostadas.

Dave abrió la alacena. Sacó una taza roja con una pequeña grieta en el asa. Era de Karkat, aunque ninguno de los dos recordaba cuando habían decidido que lo era. Dave simplemente había comenzado a dejarla limpia junto a la cafetera y Karkat había comenzado a usarla todas las mañanas.

—¿Dónde es? —preguntó.

—En la colonia oriental.

Dave asintió lentamente. La colonia oriental estaba a cuatro horas de viaje en nave. No era lejos en términos interplanetarios. Pero era lo bastante lejos como para que ir y volver a diario fuera absurdo.

—Bonito lugar—dijo—. Mucho polvo. La arquitectura inspira agradables pensamientos suicidas.

—Solo he ido una vez.

—Yo también. Fue suficiente.

—Todavía no he aceptado—Karkat abrió un cajón y empezó a buscar algo entre los cubiertos.

—Pero vas a hacerlo—no fue una pregunta.

Karkat por fin encontró una cuchara y la sostuvo entre los dedos sin mirarlo.

—Probablemente.

—Genial—Dave vertió café en las dos tazas.

—¿Genial?

—Si. Genial. Es importante, te pagan bien y puedes gritarle a funcionarios públicos con autorización legal—se encogió de hombros.

—No voy a gritarles.

Dave no dijo nada, solo levantó una ceja.

—Voy a intentar no gritarles.

—Ahí está mi chico.

Karkat tomó su café y bebió un sorbo. Hizo una mueca inmediata.

—Esto está asqueroso.

—Y aun así vuelves cada mañana.

—Porque soy estúpido.

—Una historia de amor moderna.

Karkat le mostro el dedo medio y salió de la cocina con su taza roja. Dave esperó hasta que desapareciera por el pasillo para mirar nuevamente el lugar vacío del refrigerador.

Seis meses no era tanto tiempo. Habían pasado cosas peores. Habían pasado años peores.

Sobrevivieron al fin del mundo, a varios finales posteriores y a esa época en que Karkat insistió en preparar su propio pan durante tres semanas. Seis meses eran un pestañeo. Una cantidad de tiempo completamente razonable. Una distancia insignificante para dos personas adultas con acceso a tecnología de comunicación instantánea.

Dave recogió las tostadas quemadas y las arrojó a la basura. Después preparó otras dos, porque Karkat no se había comido ninguna.

 


 

La segunda señal apareció el jueves. Era una maleta negra sobre la cama.

No estaba abierta, tampoco parecía nueva. Dave la conocía, de hecho. Era aquella que había permanecido durante años en la parte superior del armario, escondida detrás de una caja llena de cables que probablemente no servían para nada.

Karkat estaba de pie frente al espejo, intentando decidir entres dos camisas casi idénticas.

—La izquierda—dijo Dave desde la puerta.

—Son iguales.

—Entonces la derecha.

—Sabía que eras inútil.

—Me pediste opinión con la mirada.

—No te pedí nada.

—Tu cara estaba pidiéndolo a gritos; “Dave, icono universal de la moda, ilumíname con tu sabiduría”.

—Mi cara estaba diciendo: “¿Por qué este imbécil lleva cinco minutos apoyado contra la puerta sin hacer nada?”.

Dave entró a la habitación y tomó una de las camisas.

—Esta.

—¿Por qué?

—Tiene menos vibra de divorciado que intenta vender bienes raíces.

—Es una reunión por videollamada—Karkat se la quitó de las manos.

—Entonces solo necesitas vestirte hasta la cintura.

—A diferencia de ti, yo tengo dignidad.

—¿Te la pidieron? —Dave miró la maleta.

—¿Qué cosa? —Karkat siguió desabotonando la camisa que llevaba puesta,

—La maleta.

—No. La bajé para comprobar si todavía servía.

—¿Y?

—Todavía sirve.

—Cool.

Karkat se puso la camisa nueva. Sus dedos fallaron en el primer botón y tuvo que comenzar de nuevo.

Dave lo observó hacerlo. Había algo… intimo en conocer los movimientos de alguien tan bien. Karka siempre comenzaba a abotonarse desde arriba cuando estaba nervioso, aunque eso aumentaba las probabilidades de equivocarse. Siempre inclinaba un poco la cabeza al concentrarse. Siempre fruncia el ceño como si la camisa estuviera conspirando contra él y contra toda su familia.

Dave se acercó.

—Está desplazado…

—¿Qué?

—Los botones.

—Mierda.

Dave apartó sus manos.

—Déjame.

—Puedo vestirme solo.

—Las pruebas dicen lo contrario—desabrochó la camisa y volvió a cerrarla desde abajo, intentando no pensar en la maleta a pocos centímetros de ellos.

—Listo—dijo.

Sus manos se quedaron apoyadas sobre el pecho de Karkat. Podía sentir su respiración bajo la tela. Karkat bajó la mirada hacia las manos y Dave las retiró.

—Ahora pareces un divorciado que vende seguros. Mucho más respetable.

—Voy a aceptar el puesto.

Dave miró su propio reflejo en el espejo. Los lentes ocultaban la mayor parte de su expresión, como siempre. Era una de las muchas ventajas de llevarlos incluso dentro de casa.

—Si—dijo—. Me imaginé.

—Quería decírtelo antes de la reunión.

—Considera que cumpliste.

—Dave.

—Karkat.

—No hagas eso.

—¿Qué cosa?

—Lo que sea que estás haciendo.

—Estoy ayudándote a vestirte—Dave sonrió, una sonrisa perfectamente calibrada.

—Sabes a lo que me refiero—Karkat se dio vuelta.

—No particularmente.

—Vas a actuar como si no te importara y después, dentro de dos semanas, vas a hacer algún comentario raro a las tres o cuatro de la mañana esperando a que yo descifre lo que serias decir.

—Eso suena agotador. Quizás deberíamos terminar.

—Eres insoportable.

—De todas formas nunca has iniciado el papeleo del divorcio.

Karkat lo miró por varios segundos y Dave solo le sostuvo la sonrisa.

Finalmente, el troll exhaló por la nariz.

—Son seis meses.

—Si.

—Puedo volver algunos fines de semana.

—Claro.

—Y tú puedes visitarme.

—Por supuesto.

—No es una despedida.

—Nunca dije que lo fuera.

—Pero estas mirándome como si fuera a embarcarme en una misión sin retorno hacia un agujero negro.

Dave se quitó una pelusa imaginaria de la manga de su remera.

—No sabia que eras especialista en interpretar miradas detrás de lentes de sol.

—Soy especialista en ti—eso fue desagradablemente efectivo.

—Vas a llegar tarde a la entrevista—dijo, apartando la mirada.

—Todavía faltan veinte minutos.

Dave se acercó y lo rodeó con los brazos por la espalda, apoyando la barbilla en su hombro, el aroma familiar era agradable.

—Entonces tienes tiempo para practicar tu cara de funcionario competente.

—Mi cara normal ya es competente—Karkat volvió a mirarse al espejo, y mirar a Dave a través de este.

—Quizás debería usar otra camisa.

—Definitivamente.

Karkat le tiró la primera en la cabeza y Dave la atrapó, soltando a Karkat en el proceso. La charla terminó ahí.

 


 

Durante las semanas siguientes, el departamento comenzó a dividirse. Algunas cosas dejaron de pertenecer al presente.

Los libros de Karkat que Karkat quería llevar quedaron apilados junto al escritorio. La ropa que necesitaría fue separada del resto. Apareció una lista escrita en la pizarra de la cocina:
-MEDICAMENTOS.

-CARGADORES.

DOCUMENTOS.

- ¡NO DEJAR QUE DAVE ELIJA LA MUSICA PARA EL VIAJE!

Dave añadió debajo.

-recordar que Dave tiene sentimientos y esta anotación es una forma de violencia

Karkat dibujó una flecha, remarcó la frase y escribió:
-FALSO.

Dave fotografió la pizarra antes de que la borraran, sin una verdadera razón.

Comenzaron a hablar sobre horarios. Sobre las llamadas. Sobre la posibilidad de verse cada dos semanas si ambos organizaban bien sus respectivas responsabilidades. Todo se resolvía con demasiada facilidad.

Karkat se iría un lunes por la mañana. Dave lo acompañaría hasta donde pudiera. Se despedirían sin volverlo una escena. Karkat subiría a la nave. Dave volvería al departamento. Durante seis meses deberían usar pantallas para reemplazar la parte de sus vidas que hasta entonces había ocurrido a menos de diez metros de distancia.

No había razón para sentir que cada objeto que Karkat guardaba en la maleta estaba siendo extraído por siempre del departamento.

Una noche, tres días antes del viaje. Dave encontró a Karkat durmiendo en el sofá. Habían intentado ver una película. Una producción antigua sobre dos personas que se odiaban hasta que, debido a una serie de circunstancias absurdas, descubrían que en realidad querían besarse.

Karkat había estado los primeros cuarenta minutos señalando errores entre la estructura. Luego había guardado silencio. Después, sin que Dave se diera cuenta, había dejado caer la cabeza sobre su hombro.

La película continuaba reproduciéndose. Dave no le prestaba atención.

Karkat respiraba con la boca apenas abierta. Tenía una mano apoyada sobre su propio estomago y la otra atrapada entre ambos. Su pierna presionaba la de Dave desde la rodilla hasta el tobillo.

Era incomodo. Dave llevaba casi una hora sin moverse. Había cosas que uno aprendía después de vivir con alguien durante suficiente tiempo.

Karkat necesitaba dos alarmas, pero siempre se despertaba con la primera y utilizaba la segunda únicamente para enfurecerse. No podía dormir si las puertas de los armarios estaban abiertas. Le gustaba el café excesivamente dulce aunque se quejaba cada vez que Dave añadía azúcar por él. Dejaba los calcetines debajo del sofá y después negaba que fueran suyos, incluso cuando había solo dos habitantes en el departamento y Dave no usaba calcetines con pequeños corazones rojos.

Dave sabia como sonaba su respiración cuando estaba realmente dormido. Estaba seguro que podía distinguir sus pasos entre los de miles de personas. Sabia también, cuando necesitaba que lo dejaran solo y cuando decía que quería estar solo esperando secretamente que Dave ignorase la petición.

Sabia que, cuando tenia una pesadilla, buscaba a Dave sin despertarse del todo.

Seis meses no eran tanto tiempo. Pero eran suficiente para que Dave despertara en una cama muy grande unas… ciento ochenta veces.

El personaje de la película declaró que estaba enamorado. Karkat se movió contra su hombro.

—Esto es terrible—murmuró, sin abrir los ojos.

—Pensé que estabas dormido.

—Estoy intentando.

—La trama te mantiene despierto.

—Tu hombro es demasiado duro.

—Mis disculpas. La próxima vez compraré uno blando.

—Cállate—Karkat levantó la cabeza apenas lo suficiente para acomodarse más cerca de su cuello.

—Deberíamos comprar otro sofá—Dave observó la pantalla.

—¿Por qué?

—Tiene un hundimiento extraño.

—Tú lo causaste.

—Una grave acusación.

—Llevas años sentándote en el mismo lugar.

—Me gusta este lugar—Dave miró el espacio exacto que ocupaba.

—Ya lo sé.

Como si conocer las preferencias insignificantes de Dave fuera algo natural. Como si fuera estúpido no saberlas después de tanto tiempo.

Dave apoyó la mejilla sobre el cabello de Karkat. Olía al shampoo que ambos usaban porque un día Karkat compró una botella demasiado grande y de alguna forma, nunca volvieron a comprar una marca diferente.

La película terminó, Dave apagó la tele y ninguno de los dos se movió de allí.

 


 

Llegó el lunes. Karkat revisó todas sus cosas más de tres veces. Dave cargó la maleta hasta el vehículo mientras él regresaba al departamento para asegurarse de que había cerrado las ventanas.

—Las revisaste antes de salir—dijo Dave cuando Karkat volvió.

—Y ahora las revisé de nuevo.

—Puede que se hayan abierto solas en los últimos dos minutos. Claro.

—Exactamente.

El viaje duró una hora. Karkat habló durante cincuenta y cinco. Le explicó el horario de llegada que Dave ya había memorizado. Le recordó que había comida preparada en el congelador, aunque sabía que Dave tenía habilidades para cocinar y le pidió que regara una planta que, según Dave, llevaba muerta desde hacía meses.

—No está muerta.

—Está marrón.

—Es su color.

—Es una planta de hojas verdes.

—Está pasando por algo.

—Voy a respetar su proceso entonces—Dave mantuvo ambas manos sobre el volante.

Karkat siguió hablando, Dave solo lo dejó.

El aeropuerto estaba lleno. Personas arrastrando equipajes, anuncios reverberando sobre sus cabezas, despedidas ocurriendo en todas partes, una más dramática que la anterior.

Dave estacionó cerca de la entrada.

—Bueno—dijo.

—Bueno—repitió Karkat.

Pero ninguno abrió la puerta.

Una nave despegó a lo lejos. El ruido hizo vibrar ligeramente las ventanas del vehículo. Karkat se desabrochó el cinturón.

—Tengo que irme.

—Eso suele ocurrir cuando uno compra un pasaje.

—No compré el pasaje. Lo pagó el Consejo—Karkat apoyó una mano sobre la manilla.

Dave entonces, sintió un ligero vacío en el estómago. El conocimiento repentino de que, cuando regresase a casa, la taza roja seguiría junto a la cafetera, pero Karkat no estaría allí para usarla.

—Podrías quedarte—dijo.

Karkat se detuvo. Dave miró hacia el parabrisas.

Había imaginado esa frase durante un par de días. En todas las opciones sonaba casual. Pero en voz alta… no se parecía a ninguna de ellas.

—¿Qué? —preguntó Karkat.

—Podrías quedarte.

—Dave, ya hablamos de esto.

—No me refiero al viaje.

Karkat soltó la manilla y Dave sintió que el aire le volvía a los pulmones.

Aquello era ridículo. Había enfrentado cosas catastróficas, versiones alternativas muertas de sí mismo, líneas temporales condenadas y conversaciones familiares mucho más aterradoras que cualquier monstruo. Podía decir una frase completa sin esconderla detrás de chistes.

Probablemente.

—Me refiero a después—continuó—. Cuando vueltas.

Karkat lo observaba, Dave podía sentirlo, aunque no era capaz de girar la cabeza aún.

—Vivo contigo.

—Si, estoy al tanto. Hay evidencias en todas partes.

—Entonces, ¿de qué mierda estás hablando?

—De que podrías seguir haciéndolo—Dave apretó los dedos alrededor del volante.

—¿Seguir viviendo contigo?

—Durante un tiempo.

—Ya pensaba hacerlo.

—Un tiempo largo.

Dave se quitó las gafas. Sentía que Karkat merecía verlo mientras intentaba decir aquello, aunque su rostro probablemente estuviera haciendo algo profundamente humillante.

—No sé—dijo Dave—. Todo el tiempo, supongo.

—¿Todo el tiempo? —Karkat parpadeo.

—Si. Es una medida temporal algo extrema. Puede durar décadas. Quizás más, considerando la expectativa de vida completamente absurda.

—Dave.

—Podríamos conseguir un lugar más grande en algún momento. Uno con un sofá que no esté deformado. Podríamos tener una cocina donde dos personas puedan abrir un cajón al mismo tiempo sin iniciar una guerra por quien puede hacerlo primero. Tú podrías seguir comprando plantas para asesinarlas lentamente y yo podría fingir que no las reemplazo cuando mueren.

Karkat tenia los ojos muy abiertos.

Dave continuo antes de perder el valor.

—Podrías seguir usando esa taza horrible. Podrías seguir dejando libros en mi lado de la cama. Podrías seguir despertándome porque escuchaste un ruido y necesitas que compruebe que no es un asesino o algo, aunque ambos sabemos que serías tú quien intentaría pelear con él.

—No necesito que compruebes los ruidos.

—Claro que no.

—Una vez había algo.

—Era la calefacción.

—Sonaba raro.

—El punto es que…—Dave tragó saliva—. No quiero que vuelvas en seis meses solo porque este es el lugar donde guardas tus cosas, Karkat.

Dave miró sus lentes en la mano.

—Quiero que vuelvas porque…. Es tu casa. Conmigo.

La ultima palabra salió ligeramente más baja que las anteriores. Karkat giró el rostro hacia la ventana.

—Eres un imbécil—dijo.

Dave soltó una risa sin mucho humor.

—Si, bueno. Era una posibilidad.

—No. Eres un imbécil porque esperaste hasta que faltaran veinte minutos para que me fuera para decirme esto.

—El tiempo límite añade emoción.

—Llevo semanas pensando que te daba exactamente igual.

—Eso parece un error de interpretación muy grave para alguien que dijo que era especialista en mí.

—¡Porque actúas como si todo te diera igual!

—No todo.

—No puedes decir algo así y luego quedarte sentado como si acabaras de preguntarme que quiero cenar.

—Podemos hablar de la cena también. Hay un lugar cerca de casa que…

Karkat lo besó.

Un beso rápido y torpe. Su mano se cerró alrededor de la camiseta de Dave y lo arrastró hacia adelante hasta que sus dientes chocaron.

Dave dejó caer los lentes.

—Mierda—murmuró Karkat contra su boca.

—Romántico.

—Cállate—lo besó otra vez, ahora más despacio.

Dave apoyó una mano en su nuca, sintiendo el cabello corto bajo los dedos, la respiración temblorosa de Karkat y el borde de una lagrima que él negaría más tarde incluso bajo amenaza de muerte.

—Voy a volver—dijo Karkat una vez que se separaron.

—Esa era la idea.

—Voy a volver aquí.

—Bien—Dave cerró los ojos.

—Y voy a seguir quedándome.

—Excelente. El mercado inmobiliario acaba de perder un cliente potencial.

—No estoy bromeando

—Yo tampoco—Dave abrió los ojos.

Karkat lo quedó mirando como si intentase memorizar su rostro. Como si seis meses fueran demasiado, pero nada a la vez.

—Podríamos conseguir un lugar con un estudio—dijo—. Para que dejes de llenar la sala con tus equipos.

—Podríamos.

—Y dos baños.

—Buena decisión para nuestra relación.

—Y quiero elegir el sofá.

—Eso suena autoritario.

—Tu gusto es una amenaza pública.

—Podemos negociar.

—No.

—También podemos no negociar.

Una voz anunció el ultimo llamado para el viaje de Karkat, lo que hizo que cerrara los ojos con frustración.

—Tengo que irme de verdad.

—Si.

—Voy a llamarte cuando llegue y, no olvides regar la planta.

—Si, pero no haré promesas que no puedo cumplir.

Karkat abrió la puerta, bajó del vehículo y sacó la maleta. Cerró la puerta y caminó antes de detenerse. Dio media vuelta, regresó y golpeo el vidrio.

Dave lo bajó.

—¿Olvidaste algo?

Karkat se inclinó hacia la ventana.

—Te amo.

Lo dijo deprisa. Casi enfadado. Como si fuese información urgente que necesitaba ser entregada a Dave antes de su partida.

—Yo también te amo—respondió, asomándose por la ventana del vehículo para atraer a Karkat de vuelta y darle un beso rápido.

Karkat terminó por asentir después de eso, algo tonto. Después se marchó.

Dave lo observó cruzar las puertas. Lo vio desaparecer entre la multitud, reaparecer unos segundos más tarde junto al control de seguridad y desaparecer de nuevo.

No apartó la vista hasta estar seguro de que ya no podía verlo.

 


 

Esa noche, el departamento estaba demasiado callado. Dave dejó las llaves en el recipiente de la entrada. Se quitó los zapatos y encendió la luz.

La taza roja seguir junto a la cafetera. Había un libro abierto boca abajo sobre el brazo del sofá. Un suéter de Karkat colgaba de una silla. Debajo de la mesa encontró uno de sus calcetines. Dave lo recogió para tirarlo a la ropa sucia.

Su teléfono vibró.

[CG]: LLEGUÉ.

[CG]: EL DEPARTAMENTO ES UNA MIERDA.

[CG]: HAY UNA SOLA TAZA Y ES AZUL.

Dave se sentó en el sofá.

[TG]: tragedia absoluta

Le tomó una foto a la taza roja y la envió. La respuesta tardó menos de cinco segundos, una amenaza.

[CG]: NO LA USES.

[TG]: pensé que todo lo tuyo era mío en esta unión legalmente inexistente.

[CG]: DAVE.

[TG]: te está esperando.

Hubo una pausa. Los tres puntos que indicaban que Karkat estaba escribiendo aparecieron, desaparecieron y volvieron a aparecer.

[CG]: YO TAMBIEN.

Dave apoyó la cabeza contra el respaldo. Seis meses seguían siendo seis meses.

Tendrían llamadas interrumpidas, viajes cancelados, noches en que la cama iba a sentirse horriblemente fría. Días malos que no podrían arreglarse con un brazo alrededor de la cintura o una taza de café dejada sobre el escritorio.

Pero después Karkat volvería. A la taza roja, al sofá hundido. A los libros amontonados y las discusiones sobre las plantas muertas. Volvería a casa, a Dave.

A una vida completa hecha de detalles insignificantes.

Notes:

Gracias por leer!
Y si, total y definitivamente Dave mantuvo limpia la taza de Karkat durante esos seis meses completos.