Chapter Text
—¿Querés tereré? —preguntó Gustavo apoyado con la espalda en la pared y sentado en el piso frío de su pieza, afuera el calor de la tarde era insoportable.
—Gus, ya te dije que no me gusta el tereré —le respondió Mauricio mientras se dejaba caer de lleno en el piso buscando refrescar la espalda.
Gustavo rodó los ojos y acomodó la bombilla.
—Nunca luego te gusta nada de lo que te invito.
—Es que cada cosa que me invitás... —soltó Mauricio con una sonrisa burlona.
Los dos rieron a la vez.
—Hoy pegó en la facu—dijo Gustavo mirándole fijo, acercando la bombilla a sus labios y le dio un sorbo largo, haciendo sonar la yerba del fondo.
—Mbuuuu —abucheó el menor, tapándose la cara con el antebrazo.
—Terminamos eco y el profe nos pidió que vayamos a armar el escenario para el acto que iban a hacer ahora—siguió Gustavo, acomodándose contra la pared—. Tony un carajo no ayudó, se pasó takuleando ahí con las de tercero.
—¿Ya se le dio pío con Fabi? —preguntó Mauricio, bajando el brazo y mirándole con curiosidad.
Gustavo soltó una carcajada y negó con la cabeza—Boludo, la tipa le supera todo, la vez pasada estaban hablando y le dijo que tenía algo en la boca... ¡oshushupaite!
Los dos soltaron la risa a la vez, pero poco a poco se fue apagando, dejando en el aire esa nostalgia por la rutina que ya no compartían.
—¿Y por qué no te fuiste a lo que iban a hacer hoy? —preguntó Mauricio, inclinando un poco la cabeza mientras jugaba con los cordones de su champión.
Gustavo se quedó un segundo congelado con la guampa en la mano, le miró a los ojos, buscando una forma rápida de tapar lo que de verdad sentía.
—Y... porque prefería estar acá —respondió encogiéndose de hombros para restarle importancia—. Sabía que ibas a venir y ni ahí me iba a perder la oportunidad de hincharte un rato.
Mauricio sonrió por lo bajo dejando salir un suspiro suave.
—Legal co boludo, desde que te mudaste parece que al pedo salgo al patio, medio que me aburro... No tengo ni motivo para salir de la clase.
Mauricio cambió de posición y se sentó sobre sus piernas, apoyando las palmas en la rodilla de su amigo.
—Sos medio bobo a veces —se burló, aunque sus ojos no ocultaban la nostalgia.
—En serio nio, la vez pasada se juntaron todos para ir al inter y legalmente me dio paja.
—Encima se fue Jazmín —agregó Mauricio, arqueando una ceja.
—¿Cómo sabés?
—Yo sé todo —sonrió.
—Sí... me invitó co para irme con ella.
Mauricio se inclinó apenas hacia adelante, intrigado—¿Por qué lo que nunca le aceptás nada?
Gustavo sostuvo la mirada por un segundo, se le apretó el pecho ¿cómo carajos le decía que quien le gustaba era él?
Mauricio rompió el silencio antes de que el pánico le delatara—Encima tiene unos ojos re lindos...
—Y ándate nomás ya vos con ella —soltó Gustavo, frunciendo el ceño y mirando fijamente la guampa entre sus manos.
Mauricio soltó una carcajada—No seas celoso, hay Mauri para todos.
—¿Para ella también?
Mauricio sonrió pícaramente y se pasó la lengua por los labios de forma exagerada para hacerle reír, Gustavo sintiendo que le ardía la cara, le dio un leve empujoncito en el hombro para disimular.
—¿Y vos? ¿Qué tal por allá? —preguntó Gustavo, recuperando el tono.
Mauricio dejó caer los hombros y suspiró hondo, mirando un punto fijo en la pared.
—Es más tranquilo... pero, no sé, me faltás vos.
Gustavo bajó la mirada al instante, temiendo que la emoción se le notara demasiado en los ojos.
—...Y las macanadas de Ramón, el tanteo libre de Tony y la comida asquerosa de Diego, me faltan todos legalmente —añadió Mauricio para aliviar el peso de la frase.
Gustavo se rió, negando con la cabeza—La vez pasada hizo una marmolada que le salió más hatã que su cabeza.
—¡Qué asco! —se rió Mauricio, arrugando la nariz.
—Legalmente la tuvimos que meter en leche para que se ablande y ahí recién pudimos comer.
Mauricio soltó otra risa y se acercó un poco más, apoyó una mano cerca de la cadera de Gustavo, con la clara intención de recostar la cabeza en sus piernas, él entendió y le hizo un gesto sutil con la mano—Adelante.
Mauricio se acomodó sobre sus rodillas, desde abajo, alzó la mirada para clavarle directo a los ojos del mayor.
—No sé si pueda tener otro mejor amigo como vos...
A Gustavo se le paró el corazón, le dolía en el alma tenerle ahí, tan ridículamente cerca, pero tan lejos a la vez... se obligó a tragar ese nudo en la garganta que se le estaba formando y forzó una sonrisa arrogante.
—No vas a tener luego, nadie es como yo.
—Nadie es como yo y ese es mi poder, Matías Galarza Fonda 1, 2, 3... ¡pas, pas, pas! —recitó Mauricio cambiando el tono.
Gustavo se rió, dejando ir un suspiro lleno de impotencia.
—Qué suerte que vivís cerca, al menos...
Mauricio se quedó callado, la chispa en su cara se apagó de golpe y fijó la vista en el techo.
—¿Por qué pico no le pedís a tu papá que te mude otra vez? Al pedo nio él...
—Gustavo.
—Boludo, es que al pedo te mudó, la facu queda cerca de acá igual, encima es nuestro último año, le odio a tu...
—¡BASTA! —Mauricio se paró de golpe, su cara estaba tensa, roja de la rabia—. ¡Dejá de hablar de mi papá! sabés bien lo que pasó.
—Pero Mau, no es justo... —titubeó Gustavo.
—¿Y pensás pio que para mí sí es? —reclamó Mauricio con la voz quebrada por la impotencia.
—Mau...
—¡Boludo, déjate de joder! Siempre con lo mismo, no puedo venir un rato a verte porque me salís con la misma historia ¿qué pío querés que yo haga?
Gustavo le seguía mirando desde abajo, completamente mudo, esa mezcla de impotencia y bronca por ver a su amigo no estar en su último año le quemaba por dentro, pero no sabía cómo lidiar con eso.
—Mañana hablamos —dijo Mauricio dándole la espalda.
—Mau, no na... temprano co es todavía —Gustavo se levantó de golpe, tirando casi la guampa de tereré al piso.
Estiró el brazo para intentar sostenerle de la remera, pero Mauricio ya agarró el picaporte, salió y cerró la puerta fuertisimo, dejándole solo.
—¿Qué pasó? —vino apurada su mamá al escuchar el sonido del portazo apareciendo en el pasillo con la mirada llena de preocupación.
—Nada, ma... Mau, se enojó ya otra vez —respondió Gustavo pasándose una mano cansada por la nuca.
Su mamá le miró fijamente un segundo y dibujó una sonrisa comprensiva en el rostro.
—¿Otra vez? —le preguntó, acercándose despacio a él.
—¡Sí! —se quejó, dándose la vuelta y entrando a su pieza otra vez para dejarse caer en la cama.
—Es que vos sos medio intenso a veces, hijo —soltó ella desde el marco de la puerta, acomodándose los brazos sobre el pecho.
—¿Vos también le das la razón pio? —reclamó él.
Su mamá soltó una risita baja que suavizó la tensión en el cuarto—Bueno... Seguro que mañana se ven otra vez.
—Ojalá me haga caso y no me ponga cualquier excusa —murmuró Gustavo acostándose boca abajo.
Ella negó con la cabeza, sonriendo con ternura ante la terquedad de su hijo, y apoyó la mano en el picaporte antes de apagar la luz—Te quiero hijo, descansa ya.
