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En momentos como este, Joaquín se planteaba que quizás su mamá no había estado tan equivocada al mandarlo al psicólogo desde tan chico. Gracias a eso, ahora tenía las herramientas para controlar todos los pensamientos que le decían que le rompiera la cara contra la pared a esa chica que le susurraba cosas a su novio.
Bueno, en realidad, Santiago no era su novio, pero estaban cerca de serlo. Es decir, era obvio que Santiago estaba esperando al momento perfecto para proponérselo, nomas que lo perfecto en la mente de su chico era distinto a lo perfecto en su mente. Y eso hacía que lo tomara más tiempo.
Y puede que no tuviera tantas herramientas para controlar sus pensamientos.
Porque lentamente algo crecía en él mientras veía a esa chica con Santiago.
Santiago estaba con total calma escuchando cada susurro que ella dejaba en su oído, y respondía entre risas y sonrisitas. Aunque había que evaluar la posibilidad de que la chica solo estuviera preguntándole por el instagram de alguno de sus amigos como Juan o Lautaro.
Pero la cuestión acá era, ¿por qué la chica estaba tocando tanto a Santiago? ¿Por qué por momentos se le quedaba mirando la boca? ¿Por qué Santiago no se alejaba? Eran muchos porqués en la cabeza de Joaquín, tantos que su puño se cerraba con fuerza,tanto que se clavaba las uñas en la palma de su mano, al borde de lastimar su piel hasta…
— Ow ow fiera — dijo su amigo Juan, abriéndole la mano y dándole un apretón. — Creo que es una compañera de la universidad de Santi. Vos sabés que siempre que lo cruzan lo interrogan porque es auxiliar de docente.
Su amigo tenía un punto, y ese comentario respondía algunos de sus porqués pero no todos, porque volvía a hacerse la misma pregunta: ¿Por qué esa chica estaba tan, pero tan, cerca de Santiago? Joaquín estaba seguro de que Santiago podría responder todas sus dudas a un brazo de distancia. O sea el boliche donde estaban era grande. Es más, ahora se preguntaba por qué la chica apoyaba sus manos en los hombros de su chico.
— Este es mi límite — expresó con la cara roja de furia mientras empezaba a caminar entre la gente para llegar donde estaba su casi novio hasta que alguien lo agarró por el brazo.
— Esperá fiera — le susurró Lautaro al oído. — Santi ya se alejó mientras vos no mirabas.
Joaquín volvió a mirar hacia donde estaba Santiago, bueno ya no estaba ahí, porque ahora estaba caminando hacia donde estaba él, con una expresión de duda en su rostro, buscando una respuesta a la repentina furia de Joaquín que se veía en toda su cara.
Él sabía que ahora Santiago iba a llegar, iba a apoyar una mano en su mejilla para después preguntarle si estaba todo bien. Y esa era una gran pregunta, el tema es que el castaño no sabía qué responder. Ya en el pasado le había jurado a Santiago dejar sus escenas de celos atrás. Incluso lo había trabajado con su psicóloga. Era un tema bastante intenso en su vida. ¿Qué podía hacer contra esa furia que crecía lentamente en su pecho? Según su psicóloga muchas cosas pero Joaquín era más de pensar que si algo surge hay que dejarlo fluir.
Tal vez no era una lógica para llevar en práctica en todo momento.
— ¿Está todo bien? — preguntó Santiago apoyando una mano sobre la mejilla de Joaquín como el menor había predicho.
— Sí, obvio, ¿por qué no lo estaría? — empezó a decir atolondrado Joaquín, mientras miraba a sus amigos. — Acá todo perfecto, ¿vos qué onda?
— Dos minutos más y te quedabas sin amiga — comentó Lautaro ganándose una mirada fulminante de Joaquín. Sinceramente el castaño deseaba tener poderes psíquicos para hacer explotar la cabeza de su amigo en este momento.
— La fiera casi se desata — destacó Juan, otro traidor, como dice el dicho: “hazte amigo de cuervos y te sacarán los ojos”. O algo así.
Santiago, sin darle mucha bola a los comentarios de sus amigos, se agachó para juntar su frente con la de Joaquín, quien se vio envuelto por el perfume del mayor. Este, sin decir nada, juntó sus labios con los del castaño, para empezar un beso casi superficial, delicado hasta que…
El nudo en el pecho de Joaquín se desató.
Entonces, apoyó sus manos en los hombros anchos de Santiago para tomar altura, rodeó su cuello y profundizó el beso.
Joaquín estaba completamente enamorado de Santiago. Era su mayor certeza, solo el amor podía ser causante de tanta satisfacción. Dios, su cuerpo sentía como si se quemara al tener las manos de Santiago en su cintura. ¿Era normal tal nivel de sensación física?
— ¿Vos decís que esta es nuestra señal para tomarnos el palo? — logró escuchar a Lautaro. Pero la respuesta nunca llegó. Joaquín supuso que simplemente Juan asintió y se fueron.
Las manos de Santiago estaban rozando directamente su piel debajo de su remera, generando escalofríos en Joaquín que lo llevaron a soltar un leve gemido. El cual fue atrapado en medio del beso.
Pero vieron que todo lo que sube tiene que bajar. Bueno, lentamente Santiago bajó la intensidad del beso hasta dejar pequeños piquitos en los labios de Joaquín para simplemente dejar su frente apoyada sobre la de él.
— ¿Por qué frenaste? — preguntó Joaquín casi sin aire y todavía en una nube.
— Sabés que no me gusta el público — respondió Santiago, y sí, era verdad, el mayor siempre había sido reservado. Su amor en privado era intenso pero en público rozaba lo inocente, aunque a veces Joaquín le hacía rozar ciertos límites.
Digamos que Joaquín era especialista en romper límites.
— Pero amor — hizo un pucherito rogando un beso, que le fue concedido pero por un breve instante. Muy efímero para la necesidad de Joaquín.
— Busquemos a los chicos y nos vamos — sugirió Santiago. El menor estaba por asentir hasta que empezó a sonar «hips don't lie» de Shakira y él no podía evitar ponerse a bailar esa canción, siempre le recordaba a las tardes limpiando con su mamá.
Santiago suspiró con resignación. Lo cierto era que sabía que ahora iba a ser imposible convencerlo de irse. Así que se conformó con mirarlo.
Joaquín era el ser humano más hermoso a sus ojos.
Ojalá él pudiera notarlo algún día.
Fue un momento breve, pero pudo notar un cambio en Joaquín. Toda esa nebulosa que había notado que lo rodeaba se iba dispersando con cada uno de sus movimientos.
A veces cosas muy simples cambian el humor de Joaquín.
