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Los XV de Nakamura

Summary:

Donde a Nakamura Okuto le falta un año para su fiesta de XV.
o
Donde le pide a Hirose Aiki que sea su chambelán.

*Ambientación, modismos y referencias mexicanas.
*Uso de insultos y otras palabras altisonantes.
*Viven en México, no esperes coherencia, explicaciones de más o sentido alguno.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Era la media noche del veintitrés de octubre del dos mil veintialgo. Nakamura ya ni sabía en qué chingado año estaba. Solo sabía que era su cumpleaños catorce y que eso significaba algo.

A partir de este momento, empezarían sus preparativos para su fiesta de quince años. Puta madre.

Se había quedado jetón desde temprano la noche anterior, pero eso les valió madres a sus jefes, que entraron a su habitación con un pastel del Soriana más seco que las palabras que el adolescente pensaba soltarles, otra vez.

—¡Feliz cumpleaños mijo!— chilló su mamá, mientras lo abrazaba del cuello y recargaba en su pecho, dejándolo sin aire.

—¡Ya vieja! Ya quedó morado— intentó razonar su jefe, pero las lágrimas en sus ojos no podían hacerlo hablar de manera correcta.

—¡Niou! Nuestro chilpayate estará cumpliendo quince años el próximo año, ¡claro que lo voy a llorar a moco tendido!— sacudió a Nakamura, quien aún estaba entre su pecho.

—¡Ya les dije que no quiero una pinche fiesta!— se soltó del agarre y pronunció esas palabras que lleva repitiendo desde hace ya mucho tiempo, pero solo escuchó a su mamá perder la voz, como siempre —Ay, má. No llores— dijo al ver que de nueva cuenta ya la había cagado.

—Ve cabrón, ya hiciste llorar a tu madre— Niou se acercó a Otogiri para consolarlo, mientras que Nakamura ya estaba hasta la verga de la misma situación.

Otogiri siempre trató de ser una buena mamá, esposa, ama de casa, etc etc y no entendía porque la vida lo estaba castigado con un hijo de la chingada como literalmente su hijo. Y Kana tampoco le era de gran ayuda.

—¡Está bien, má! Sí quiero fiesta…— sabía cuando su jefa lo manipulaba, pero no tenía corazón para dejarlo llorando. La doña paró de hacerlo al instante mientras se persignaba y le daba las gracias a la virgencita por el milagro concebido.

—¡Eso mijo!— sonrió su papá ampliamente —Por cierto, ¿y tu hermana?

—Eiii, ¡Feliz cumple, tarado!— gritó harta desde el poco espacio que dividía su cuarto con el de su hermano —dejen dormir, mañana tengo examen.

Apenas le habían dado a Kana su intento de cuarto propio, cuando su papá cobró su liquidación en el ahora extinto grupo Famsa y trató de remodelar la casita de Infonavit de la familia, la cual el año pasado había terminado de pagar. Una joyita.

A pesar de todo, Otogiri sonrió orgulloso de su criatura. Los abuelos de Nakamura no le habían querido hacer su fiesta de quince años hace ya varios ayeres y todos sus sueños recaían en su primer hijo. Iba a la iglesia todos los domingos a rezar porque su bebé chiquito precioso recapacitara, y por fin sintió el airecito ese de cuando la virgencita concedía un milagro.
O tal vez el ventilador de Okuto por fin había encendido. A veces tardaba horas en prender. Le regalaría uno nuevo en exactamente un año, si quedaba dinero luego de la fiesta.

—Bueno, mi amor. Te dejamos. En la mañana comemos tu pastelito, ¿sí?— le dio un besito en la frente, la bendición y lo mandó a dormir.

Nakamura no pudo dormir.
Tener fiesta de quince años solo significaba una cosa: Debía conseguir chambelanes. O su primo sería su único chambelán. Ni de pedo.

Claro que solamente tenía en la mente a una persona: Hirose Aiki, su compañero de clases.

Llegó a la secundaria a las horas siguientes, y lo vio. Estaba con su grupito de camaradas habitual y su mente no sabía por dónde pitos empezar a formular su pregunta. Ni estaba seguro de hacerlo. En los dos años de secundaria, apenas había intercambiado un par de palabras con Hirose, de quien se enamoró desde que lo conoció.

No sabía si había sido su florido léxico, su manera de vestir o sus ojitos caramelo que con ese pelo combinan fenomenal lo que lo habían atrapado. Lo que sí sabía es que estaba enculado y lo que le seguía.

—¡Happy cum!— la voz de Yuuka lo sacó de sus pensamientos. Él estaba tranquilo en su banca esperando que comenzaran las clases, y la pelinegra lo tomó en un abrazo. Eso llamó la atención del grupito de Hirose. Sintió la mirada de Takeuchi sobre él pero lo ignoró alaverga, como lo hacían todos los demás del salón.

—Gracias, Yuu— le sonrió mientras tomaba el regalo. Era una revista Tú, que traía un póster de su grupo de kpop favorito: Ateez. Ah, pinche Choi San, está bien guapo el condenado.

—Feliz cumpleeeee, te hice un dibujitoooo— Nakamura estaba feliz de ver un fanart de Love Bento, el anime de moda entre la chaviza. Hifumi sabía lo que hacía. Soñaba con ser animadora y trabajar en Huevocartoon, amaba «Una película de Huevos».

—¡También yo te tengo algo, bebé!— aclaró Masako, quien le dió una caja de Ferrero Rocher chafa, bueno ni tan chafa, eran las del Costco por la membresía de su familia. Solía comprar dulces ahí y revenderlos en la secundaria para pagar sus cosas de monos chinos gays.

—Gracias, nenas— se sentía apenado de recibir tanta atención de sus amigas, las quería harto.

Conversaron unos minutos más hasta que llegó el pinche profe a interrumpirlos.

En la hora del recreo, le comentó a sus comadres que tendría fiesta de XV años, que su mamá le lloró y que su corazón de pollo fue convencido a la mala.

—¡Weeeeeey! Sí o sí le dirás a Hirose, ¿no?

—Obvio, mensa. Ni modos que le diga a Todoroki— respondió Masako.

—Pues es que la neta no sé… obvio Hirose es a huevo, pero necesito al menos cinco personas. De que Hirose el principal y otros cuatro bros— comentó el cumpleañero algo apenado.

—Pues…— empezó Hifumi —están Hirose, Mukai, Takeuchi, Oomori y Tamura, yasta, ¿no?

—En la mañana le pregunté a Arandou de camino acá y me dijo que él sería el coreógrafo. Ya sabes.

—Tss.

—¿Entonces…?— la cara de Masako cambió a terror al darse cuenta de quien sería su quinta opción —no me digas…

—Sí te digo…— Nakamura suspiró pesado.

Tendría que decirle al pendejo de Matsumura. Si es que su mamá aún no le decía a su tía.

Nakamura y Matsumura eran súper unidos de niños, hasta la gente creía que eran mellizos los babosos, pero todo cambió un día que Okuto le confesó que tenía un crush con un niño del barrio. Resultó que a Matsumura igual le gustaba. Ni pedo, ahí moría su cariño por su primo favorito.

Desde eso solo se la pasaban peleando, sus mamás ya estaban hartas, y por más que los metían al mismo cuarto para que se reconcilien, nadota funcionaba. Eran como perros y gatos, a Nakamura le gustaba rasguñar y Matsumura ladraba puras mamadas.

Además, era mojigato. En la calle podía devorar a besos al chakal que tenga enfrente y en su casa rezar el padre nuestro sin remordimiento. Gracias escuela católica por

—Nakamura, miraaaa— Yuuka lo sacó de sus pensamientos. Hirose estaba solo, caminando a mitad de la cancha, seguramente dirigiéndose a la cooperativa por unas Sabritas con harta Valentina, como de costumbre.

Nakamura agarró valor. Tragó saliva y se dirigió a su dirección.

—H-Hirose…— susurró cuando se acercó a él.

—Hey, Nakamura, ¿qué onda?— lo saludó con un choque de manos y luego le dio una palmada en la espalda —Hoy es tu cumple, ¿no?

—S-sí… ¿cómo sabes?

—Escuché cuando las morritas te felicitaban jaja ¿qué pedo? No invitaste a la fiesta.

—Pues no se hará nada en sí… mi mamá al rato me hará un molito con arroz, porque ajá es mi comida favorita y la neta mi mamá cocina muy rico, pero es algo familiar y así.

—Ah— sacudió la cabeza de arriba a abajo, con los ojos entrecerrados. Mucha mamada para decirle al final que no lo invitaría.

—Pero…mmm— sintió quedar como tomate y aún ni le decía ni pito.

—Ei.

—El próximo año cumplo quince y…

—Ei.

—Pues me preguntaba si querías ser mi chambelán…

—Ei

—¿Eh?

Nakamura estaba al borde del colapso y no entendía qué pedo, Hirose lo veía riéndose.

—Pues, va. Jalo. Nunca he sido chambelán, pero suena chido. Cuenta conmigo, wey.

—¿De verdad?— los ojos de Nakamura brillaron tan requete bonito que Hirose sintió chistoso en la panza. Recordó que ya le tocaba su desparasitada anual. Le picaba la colita.

—¡Sí, wey! Pero queda un año, no mames jajaja— Nakamura sonrió de lado apenado aún.

—¿Oye y tus amigos crees que quieran? Es que necesito de que cuatro más pero ajá.

—Cámara, yo les digo, no te preocupes. Y feliz cumpleaños bro— se despidió el castaño y Nakamura ahogó un grito.

Llegó a su casa feliz, tan feliz que había olvidado la moliza familiar.

—¡FELIZ CUMPLEAÑOS!— gritaron todos sus familiares que se encontraban esperándolo detrás de la puerta.

—¡Ay, cabrón!— dio un respingo porque al chile ya ni recordaba su fiesta sorpresa de cada año.

Recibió besos, abrazos y un montón de felicitaciones por parte de todos los presentes. Le regalaron felicitaciones, que el próximo año se desquitarían tirando las casas por la ventana. Ajá. Pito.

Se tragó el mole y repitió plato como dos veces más, antes de que su mamá le diga que ya cerrara el hocico o se lo cerraba a vergazos, porque ya no quedaba ni madres comida para él.

Se fue a su cuarto, feliz. Mole y Hirose chambelán en un solo día.

 

Pasaron tres meses, ya era finales de enero y nada relevante había pasado. Hirose le había dicho hace tiempo que sus amigos sí jalaban a ser chambelanes, y Nakamura le respondió que luego les decía cuando comenzarían los ensayos. Y ese día llegó.

Tamura había conseguido un cuarto que una de las vecinas utilizaba en las mañanas para un taller de zumba, y decidió que ahí empezaría la magia.

—Bueno, ¿y le sabes a la coreografiada?— Mukai se cruzó de brazos, viendo de arriba a abajo a Tamura, quien se indignó de inmediato.

—¡Claro que sí, estúpida igualada!— mencionó mientras se llevaba una mano al pecho —Yo haré que hasta unos orangutanes imbéciles buenos para nada como ustedes se vuelvan unos expertos.

—¿Dónde aprendió a bailar?— susurró Takeuchi a Oomori, sabía que ambos eran más amigos unidos y hasta parecía que algo más.

—Pues hay un programa de drag queens que…— Oomori no pudo terminar la frase porque Tamura les habló al centro de su nuevo escenario.

—Bien, empezaré dando posiciones y ya de ahí me siguen los pasos, ¿okay? Mi chiquita Nakamura irá al centro, clara que sí y ustedes acomódense alrededor.

—Oye pero— dijo Nakamura.

—¿Qué?

—Falta Kosei.

—¿Quién es Kosei?— preguntó Hirose.

Aunque sus amigos estuvieran ahí con él, le era algo incómodo. Nakamura era chido las pocas veces que habían hablado y ya le había ayudado con unas tareas, por lo que se le hacía mala onda decirle que no sería su chambelán.

Sin embargo, la incomodidad ahí estaba. A Tamura apenas lo topaba, pero Nakamura ya le había explicado que era su vecino y como un hermano para él. Creía que podría soportar el sentimiento, pero ahora descubrir que faltaba alguien más, al que incluso le hablaba por su nombre, le era raro, como cuando iba a la tortillería y la señora no le daba su taquito con sal mientras le atendía.

—¡¿QUÉ?! PAPACITO KOU SERÁ TU CHAMBELÁN IGUAL, ¿Y NO ME HABÍAS DICHO, PERRA?— Tamura colapsó. Ciertamente, desde que conoció al mencionado se enculó. Alto, buen porte, con varo y mega guapo, además de piruja y tojo. Un sueño.

—¡Perdón, llegué tarde!— como si hubiera estado afuera esperando por el momento indicado, entró. Oomori ayudó a Tamura a no darse un madrazo con el piso.

—¡NO!— gritó el coreógrafo —¡No te disculpes, nosotros llegamos temprano por culpa de… de él!— señaló con un dedo a Takeuchi, quién solo volteó a ver detrás de él.

—¿Yo? Nambre qué, chinga tu madre.

—¡BUENO YA!— sentenció Nakamura —Luego le tiras el calzón al pendejo este. ¿Podemos comenzar?

El cuarto guardó silencio. El primer ensayo dió inicio.

No eran malos, eran horribles. Tamura podía aceptar lo que sus amigos hacían, pero esos dos tontos del fondo hacían lo que querían. Kyoukai y Takefuchi se llamaban, o algo así, le valía cacahuate. Personajes secundarios sin relevancia más que para hacerlo enojar con sus dos pies izquierdos. Mandó a los demás a descansar y con esos dos se quedó tratando de enseñarles cuál era la derecha.

—¡Ahhh! ¡Me duele todo!— Hirose se acostó a un lado de donde Nakamura estaba sentado. Bostezó con ganas y sacó un gruñido.

—Arandou es muy perfeccionista— alcanzó a contestar.

—Verga, sí. Ya lo noté— rió —No mames, creí que jamás nos dejaría descansar. Hasta pena siento por mis bros.

—Pero es amable— mencionó Oomori, quien se acercaba a ambos con unas botellas de agua. Había ido con Matsumura a comprar la promoción de 2x1 en aguas Bonafont de 1.2L a $27 en el Oxxo. Hasta agotar existencias.

—¿Y no me vas a presentar, primito?— la voz de Matsumura salía con un tono distinto. Hacía años que no se refería a Nakamura como su primo. Abrió los ojos grandes como platos.

—Soy Hirose Aiki. Estudio donde Nakamura, mis amigos son Mukai, el más alto, y el otro no importa— respondió el castaño, cortés, sin jergas. Algo raro en él. Nakamura dejó de respirar.

—Dime Kou— sonrió.

Puta madre. Lo sabía. Sabía que eso pasaría. Conocía lo suficiente a su primo como para saber que Hirose encajaba en sus gustos, porque al final eran los suyos también. Ahora tendrá que aceptar que será el padrino en la boda de Hirose y Matsumura. Ya no quería estar ahí.

La práctica continuó poco después. Tamura, quien ya estaba hasta la verga, los mandó a la verga y les dijo que mañana puntuales los quería. Ya ni ganas de coquetear con Kousei tenía. Lo lograron. Finalmente lo rompieron. Finalmente ganaron. Destrozaron a alguien. Alguien que siempre estaba feliz, que siempre estaba sonriendo. Alguien que no merecía el odio. Alguien que no hacía nada más que ayudar a las personas. Alguien que amó con todo su corazón.

—A pesar de todo… fue divertido— Hirose apresuró su paso para caminar junto a Nakamura, quien dio un respingo por la inesperada compañía.

—Sí… gracias por aceptar. Igual si te arrepientes más adelante me dices y neta no hay pedo.

—No creo. Digo, sé que valgo algo de madres aún pero nunca había bailado este estilo, apenas y le sobo a las norteñas y a las de banda, de esas que pone mi apá en las carnitas asadas, pero daré lo mejor de mí, wey. Neta. Te lo prometo— sonrió —¿Me das tu Whats? Por si acaso.

Nakamura sonrió igual, sacó su Motorola del año del caldo del bolsillo y le pasó el código QR con su número. Se despidieron en la esquina siguiente.

Siguieron ensayando. Días, semanas… meses. Tamura realmente tenía el toque de hacer bailar hasta a una casetera, y después de convencer de manera inexplicable a Takeuchi, logró hacer que coordinara los dos pies. Mukai sí le echó ganas.

La coreografía ya estaba aprendida en el punto perfecto. Tamura ya había dado órdenes exactas. Nakamura al centro, siendo la estrella del show. Hirose de su lado izquierdo. Mukai del derecho. Atrás del festejado, Takeuchi. Detrás de Hirose, Oomori, Y detrás de Mukai, Matsumura. Un taco de ojo que Tamura se permitió dar.

«Tiempo de Vals», un clásico de Chayanne, abriría el show. Para que las tías religiosas no echaran tanto chisme sobre la playlist random que el cumpleañero había elegido. Kpop en su mayoría, claro.

El tiempo estaba perfecto y todavía quedaba chance para el solo de Nakamura, pero ese luego lo ensayarían, quería el factor sorpresa.

Nakamura estaba feliz, su relación con Hirose había mejorado y respiró como alguien normal al darse cuenta que Matsumura coqueteaba sin discreción con Mukai. Ni Takeuchi ni Tamura estaban felices, pero pues ya chale, pedo de ellos.

Hirose era chido, como siempre había imaginado. Le mandaba Tiktoks sobre XV años fallidos y le decía que ojalá el suyo no termine así: La quinceañera con el vestido roto, el tío borracho dando discurso, la señora robándose los arreglos, la prima encerrada en el baño con su chacal…

Suspiró. Eran buenos amigos. Más que un amigo, su friend. Su carnal.

Estaban en clases. Sus amigas y él platicaban como siempre hasta que el pinche maestro les interrumpió. Prestaron atención.

—Ptss— dijo el compañero detrás de él. Tomó el papelito que le dió.

«Presta atension pa q me paces la tarea luego» Rió bajo. No necesitaba voltear Era la letra de Hirose.

«Prestaré atención x mi calificación!! Tu vete alv» le respondió.

«A la tuya si no mejor mi3rda»

«Come .l. »

—¡Hirose!— gritó el profe al escuchar la risa poco sonora del mencionado —¿qué es tan gracioso?

—¡Nada! ¡Perdón, prof!

En algún punto de estos meses, se agarraron esas confiancitas, chistes homoeróticos entre compas. Nada gay al final. Se decían “No homo” después de toquetearse, tal vez Hirose se pasaba de lanza al nalguearlo, pero Nakamura jamás se quejaría. Pasaba más tiempo del que debía bañándose y su mamá ya ni quería preguntarle los motivos.

 

Era agosto. Vacaciones. La familia de Nakamura tenía planeado ir en aquel Volcho amarillo hasta Acapulco, pero el volchito valió madres semanas antes y su papá decidió mejor ahorrar el dinero de la reparación y del viaje para comprar más caguamas para la pachanga del año.

Pues ya qué.

Tamura sí se iría de viaje. Y la queso.

Matsumura a Cancún. Retomó comunicación con Nakamura debido a los ensayos, pero al final se siguen odiando, o algo así. Le mandaba whats a su primo presumiendo todas sus aventuras. Este le encargó de recuerdito una conchita y arena de Quintana Roo, lo más cerca que estaría de aquel lugar.

Y Hirose… valiendo pito en su casa.

Una cosa era llevarse bien por mensaje, en la escuela, en los ensayos, uno que otro agarrón… pero ya ir a su casa o insinuarle verse en vacaciones se le hacía un montón.

«Eh, we. Tas libre mañana»
« ? »

Al parecer compartían neuronas.

«Ei»

«A huevo. Vamos a ver una peli a las 4»

Se le cayó el celular en la cara. Le mandó un sticker de la tacita sin querer, de esos predeterminados. Lo borró al instante.

«Jalo»

Al día siguiente ya lo esperaba. Había muchas personas, demasiadas parejas. Tal vez debió preguntar qué película verían.

—Ehhh, perrooo. ¿Hace rato que llegaste?— saludó Hirose al verlo.

—Nel, hace como dos… menos, como cinco.

—A huevo… bueno, vamos por palomitas. Los boletos ayer me los dio mi jefa— empezaron a caminar a la fila, la cual avanzaba rápido.

—Simón, pero ¿qué peli es?

—La de Super Mario Galaxy jaja, las compró sin querer y pues ni modos de desperdiciar verdad

—No mames, ¿neta?— Nakamura sonrió, tenía hartas ganas de verla desde hace un buen, y ni sabía que seguía en cartelera.

—Buenas tardes. Bienvenidos a Cinépolis, ¿qué van a llevar?

—Un combocuates de palomitas acarameladas, dos coconas y unos nachos.

 

—La mejor fucking película— dijo Hirose al salir de la sala.

Nakamura se rió. En la oscuridad, no había notado que Hirose tenía parte del queso de los nachos cerca de la comisura de los labios.

Sin pensarlo demasiado, se acercó a él para quitarlo.
Lo hizo, usó su pulgar para retirarlo.
Se dio cuenta de la cercanía. Abrió los ojos en sorpresa y sintió sus mejillas arder.

—Ay, perdón. Tenías queso y traté de…— dejó de hablar. Hirose se acercó aún más a él.

Pudo ver más de cerca su carita bonita. Le mentó la madre mentalmente a la persona que puso «Te amo» de Alexander Acha como música ambientalizadora justo en ese momento, porque así se sentía. Lo amaba. Todos estos meses de convivencia con el chaparro lo hicieron perder la cordura. Ya hasta estaba aprendiendo a cocinar para hacerle de comer a su futuro macho. Su mamá lo lloró una semana.

—Eh, we— dijo, sacándolo de sus pensamientos —Tienes el coso de una palomita en el diente.

Se quería matar.

 

A pesar de ese incidente, el cual no lo dejó dormir tres días, le fue bien. Aprovechó sus vacaciones para descansar, ensayar a su ritmo y pensar en cómo quería los preparativos finales de la fiesta.

El local ya estaba. Su tía, mamá de Matsumura, tenía contactos que le dieron la renta de un localito en una zona fifi. La catedral sería la sede para la misa. El vestido, rojo como su color favorito, ya estaba comprado y solo se le mandaron a hacer ajustes. Él insistió en que quería un traje, era hombre al final. Su mamá lloró y terminó por aceptar el vestido, no del todo. Su prima Hana le consiguió la maquillista y la comida estaría por parte del puesto de Don Pepe. Ah, como quería a su padrino. Podía estar tranquilo.

 

Llegamos a Septiembre. Menos de un mes para la fiestota del año.

En los últimos ensayos todo se fue a la chingada.

Tamura llegó antes como de costumbre para limpiar las energías de las señoras de zumba del lugar, con uno de los cuarzos que compró en el tianguis, pero jamás imaginó que al abrir la puerta se encontraría con Matsumura besándose con Mukai. Pegó el gritote en el cielo que hasta Oomori se desmayó.

—¡UNA COSA QUE LE COQUETEES A MI HOMBRE Y OTRA COSA QUE SEAS UNA GATA ROMPEHOGARES!— Tamura jalaba del cabello a Mukai, el cual solo podía quejarse por el dolor.

—¡YA SUÉLTALO!— suplicó Oomori. Llevaba años esperando por el amor de Tamura, que de tanta migaja pensó que completaría el pan. No.

—¡Saben qué! ¡Ya! ¡No valen la pena, par de pendejos!— sentenció —Soy una damita fina, con clase y elegante…— respiró hondo —díganle a Nakamura que lo amo y todo, pero ¡renuncio!

 

—Así que eso pasó…— dijo cuando le contaron lo ocurrido por Mukai —Eres un pendejo— miró a su primo, que no dejaba de llorar. Se sentía de la chingada. O sea, podría no agradarle del todo su primo, pero tampoco para arruinarle la fiesta oigan.

—¿Y qué hacemos?— Takeuchi igual se sentía incómodo, no era capaz de ver a Mukai aún y tenía ganas de partirle su madre a Matsumura, pero no entendía porqué. Él no era americanista, le iba al Necaxa.

—Pues… continuar, ¿no? Solo es ensayar— obvió Hirose. Tenía un punto.

Se rindieron al tercer intento. No podían hacerlo por cuenta propia.

—¡PERDÓN OKUTO!— Matsumura se aferró a él con lágrimas en los ojos —¡Todo es culpa del estúpido de Mukai! ¡DILE QUE NO SEA LINDO!

—Échame la culpa, pendejo— replicó —¡Tú me besaste!

—¡BUENO, YA!— gritó Nakamura —Yo hablo con Arandou. Debe estar en su casa. Nomás que si vuelve a aceptar, ustedes calman sus pitos y piensan con la cabeza de arriba, ¿sí?

Matsumura asintió frenéticamente. Mukai apenas respondió.

 

—Tamura es… algo especial— comenzó Nakamura, Hirose había insistido en ir con él para convencer al jovencito—Si lo notas… mmm… diferente… tiene sus motivos y no preguntes.

—Mmm ¿simón?— se detuvo junto al más alto. Habían llegado a casa del chico.

—¡Bueeeenaaaaaaaaaas!— gritó el pelinegro, golpeando con ganas el portón de aquella casa. Casi de inmediato le abrieron la puerta —Buen día, doña Conchi. ¿Está Arandou?

—¡Mijo!— saludó la doñita —Sí, está en su cuarto, pasen, pasen ¿quieren beber algo?

 

«Toc Toc»

—¡Estoy ocupado!

Hirose se sobresaltó. Era una voz desconocida. Muy de hombre. ¿Qué no iban a donde Tamura?

—Soy Okuto.

La puerta se abrió y Hirose no pudo evitar perder el aire. Tamura llevaba ropa amplia, el delineado habitual de sus ojos no estaba, su cabello despeinado se los cubría y estaba parado de manera ensayada. Esa perra seguía en el clóset para su familia.

—Ya expliqué— su voz sonaba absolutamente diferente a la chillona de mujertz que tenía a diario.

—Daaaleeeee. No me puedes hacer esto— Nakamura lo vio con ojitos de perrito atropellado. Hirose rió bajo.

—Ya lo hice— que Tamura se limitara a contestar significaba el gran esfuerzo que hacía para que su familia no lo mandara a una escuela militar. Chale.

—Mira. Tú aceptas y hago que tengan una cita, ¿sí?— susurró.

—...

—¿Un coitito?

—??

—¿Quieres feria?— habló Hirose. Para él era claro que Tamura se pondría sus moños.

—Mmm… no.

—¿Entonces sí quieres algo?— razonó.

—¿Tienes… una prima que no sea como… mhm?— entendió sin problema. No era necesaria la explicación.

—Veré qué te consigo.

—Va. Mañana entonces— sonrió —Pero no quiero volverlos a ver, no por ahora.

Para el resto de los ensayos, Mukai y Matsumura portarían una bolsa de papel en la cabeza.

 

Y finalmente llegamos al gran día. Todo debía ser perfecto. Hoy el niño sería presentado en sociedad, y que justo su cumpleaños cayera fin de semana, que no hubiera reservación el mero día y que directamente el pronóstico del clima del Capi en «Hoy» dijera que no llovería, a doña Otogiri le hacía feliz. Hoy le tocaría proyectarse en su hijo.

Lo despertó a la 5:00 am. La misa es hasta las 8:00 pm.

—Mamá por Dios…— entreabrió los ojos por la luz que la lámpara le daba. De la emoción, apenas pudo dormir.

Aunque no quería al principio, ya estaba emocionado. Por el problema de sus chambelanes, Tamura se enojó y redujo parte de la coreografía grupal y extendió la sorpresa individual y, como compensación por armar drama, agregó una coreo de pareja, con Hirose, obvio.

Logró superar el nerviosismo en los ensayos, pero pensar que bailaría con Aiki mientras él tiene su traje puesto le era más fuerte. Todavía ni lo veía y ya sabía que estaba guapo, guapo.

—¡PERO NADA! ¡Hoy todo tiene que salir perfecto! ¡Así que te me vas a bañar y vienes a desayunar! Te amo, bebé— dijo Otogiri. Cada minuto era valioso.

Hizo eso. El agua estaba bien perra helada pero sí que lo despertó. Se sentó en su lugar y notó como su mamá ya estaba llorando.

—Ayyyy Oku… hace quince años estabas aún en mi panza— lloraba como nunca y repetía lo mismo que en cada cumpleaños.

—Ya vieja…— Niou también empezó a llorar —Ya eres todo un hombrecito de bien, mijo…

Nakamura tomó el puente de su nariz. No podía cuando sus papás eran así de pinches sentimentales.

Kana ya se había dormido en la mesa.

 

8:00 am

Empezó a recibir mensajes de felicitación. Amigos de la escuela, familiares, gente random que conoció en internet… Hirose…

Le había mandado un video de Tung Tung Sahur felicitando a Ballerina Capuchina por su cumpleaños igual, traía «Mi bello ángel» de Los Primos MX de fondo, con la leyenda «Tú y yo». Ahogó un grito cuando Tung Tung Sahur le dio un beso de lengua y se agasajó a la Ballerina. Tal vez Hirose no lo vio completo. Sí, eso.

«Nos vemos al ratón» terminó el castaño con la interacción.

10:00 am

Su prima, Hana, llegó y empezó a ponerle quién sabe cuántas madres en la cara, quesque para que el maquillaje le vaya a durar toda la noche. Lo regañó por tener la piel jodida.

—Sí, pendeja, ahorita controlo el acné— respondió harto.

—Ya, wey, todavía que te ayudo y me sales con tus mamadas.

—¿Pero sí es confiable esa tu amiga que me va a maquillar? No quiero parecer que cumpliré mis 15x2 años.

—Que sí, chingadamadre. Por eso vine antes para echarle una manita de gato a ella y un putazo de tigre a ti.

12:00 pm

Le dijeron que tenía que comer de una vez para que baje su panza antes de ponerse el vestido. No tenía hambre. Sentía que el tiempo estaba pasando bien rápido y cuando menos se lo esperaba ya sería la hora.

2:00 pm

Llegaron las estilistas y las maquillistas. Primero pasaron todas las mujeres de su familia y lo dejaron por último a él. Ciertamente, Otogiri agradece que él con un bálsamo ya estaba, si acaso, delineado. Ponerse base y lo demás no era lo suyo. Se ahorraba una buena feria, sí.

Las estilistas no eran para el festejado, así que solo le tocaba esperar el maquillaje.

Una chica peliazul, torpe, entró tarde, dos horas después de que las demás comenzaron el trabajo.

—Te toca, ella te va a arreglar.

No. Por favor, no…

5:30 pm

Reiko, la torpe, anunciaba que ya había terminado de maquillar al quinceañero.

Okuto sentía la cara pesada para haber elegido un maquillaje social.

Maquillaje social en día de muertos.

—Madres…— dijo Niou al ver a su hijo —¿Y Okuto?

—Soy yo…— respondió como pudo.

—¡MADRES! ¡Estás cumpliendo quince! ¡No estás yendo a cobrar tu pensión del bienestar! ¡Oigan! ¿Quién lo maquilló?

Los gritos de su esposo llamaron la atención de Otogiri.

—Niou, ¿qué estás gri… ¡VERGA!— cubrió su boca con ambas manos al ver a su hijo.

Reacción normal al ver un maquillaje forense en alguien vivo. No por mucho.

Nakamura se desmayó al verse al espejo.

6:00 pm

El algodón con alcohol lo despertó. Para este punto, su mamá ya había gritado todos los insultos que conocía y los que desconocía, había exigido devolución de su dinero y pedido que alguien solucione la asquerosidad que le hicieron.

Kana se había adelantado y, mientras su hermano dormía, le quitó el maquillaje.

—Yo les ayudo, tía. Tan siquiera algo simple pero sincero— Tamura apareció en medio del caos y ofreció maquillar a su amigo. Nadie dudó, solo doña Conchi alzó una ceja de ver a su hijo manejar con experiencia los utensilios.

7:00 pm

Efectivamente, Tamura fue muchísimo mejor que una disque maquillista profesional. Nakamura sintió que el alma le regresaba al cuerpo y se fue corriendo a poner el vestido.

7:45 pm

La limusina se estacionó con cuidado.

Matsumura abrió la puerta y ayudó a bajar a su primo.

El vestido era sumamente incómodo alaverga. No creía aguantar más con él. Al menos escotado no era. No tenía chichis. Otogiri le había dicho que se pusiera unos calcetines en el pecho, pero se sentía Sabrina Sabrok de La Hora Pico. Nambre, nel.

Entró rayando a la iglesia.

Se persignó antes de iniciar la ceremonia.

9:00 pm

Ya estaban en el local.

Se permitió estar agustín antes de comenzar con la fiesta.

Hirose se acercó a él.

—Wooow, el rojo resalta tu belleza— sonrió bobamente viendo al quinceañero.

¿ke?

—Ay, gracias. La verdad me da harta pena estar con un vestido pero mamá me lo achocó.

—Tengo que darle las gracias personalmente. Estrechar su mano de poeta a poeta. Darle las gracias a tu papá por tener tan buena brocha. Agradecer que tu jefa no te trague, ptsss— llevó una mano tras su nuca para rascarse. Se mordió el labio. De verdad ya no podía ocultar lo que sentía.

Y no es que fuera como Nakamura, que lleva enamorado de él al menos dos años y medio. No. Hirose apenas hace poco se dio cuenta de que Nakamura era un chico increíble. Lo dudó mucho al inicio, pero después de escuchar «El color de tus ojos» de Banda MS y pensar en automático en Nakamura, se dio cuenta de lo que sentía.

«El color de tus ojos se robó mi atención
Te vas metiendo dentro de mi corazón
Perfecto en cualquier sentido
Con pantalón o vestido, robas mi respiración»

Sí, justo así.

Ay, el amor adolescente.

Hirose estaba decidido a proponerle algo serio a Nakamura hoy. Pero después del vals, por si lo rechazaba. Aunque prometió a Dios en la iglesia que si salía del local de la mano con su ruca, vendería su XBOX para comprarle a su jefita una lavadora nueva en el Elektra.

Hablando del vals, ya era hora.

Hirose lo tomó de la mano, disque para que no se pierda. En un salón de apenas 200 personas. Mmm ta weno.

El salón quedó en oscuridad.

La pista de baile apenas iluminaba los zapatos de los adolescentes.

«Tiempo de Vals es el tiempo hacia atrás
Donde hacer lo de siempre es volver a empezar»

Todos observaban con detenimiento a la quinceañera y a los chicos, quienes se movían con cero ganas de adelante y atrás. Tamura les enseñó a bailar, eso no significaba que lo hacían con pasión.

Primero Matsumura se robó al quinceañero, acercándose a él en el centro. Lo tomó de la cintura y él del hombro, mientras sus otras manos se extendían hacia lateral, y los demás daban vueltas en círculos alrededor de ellos como pendejos.

Intercambió. Hirose hizo el mismo movimiento mientras los otros regresaban a sus lugares.

«¡ESE ES MI GALLO!» Nakamura podría jurar que era la voz de Yuuka. La mataría luego.

La canción terminó. Gracias a Dios. Nakamura respiró hondo. Listo para el sobresalto familiar que seguiría.

«1! 2! 3!

니 눈을 보면 난 Trouble Maker»

Sí, Nakamura no iba a desaprovechar la única oportunidad que la vida le daría de bailar «Trouble Maker» de Trouble Maker con Hirose.

Escuchó murmullos de su tía, de sus vecinas e incluso de su mamá pero sabía que el regaño futuro valdría la pena. Hirose y él se estaban divirtiendo.

Lo daba todo incluso cuando ese vestidote largo se lo impedía.

La canción terminó. Hirose se posicionó como caballero frente suyo, y antes de abandonar la pista de baile, le dio un beso en el dorso de la mano. Eso no era parte del puto perro baile, aaaaahhhgg. Viroteos y más gritos eufóricos se escucharon por parte de los asistentes.

Se quedó en blanco y aún faltaba la cereza del pastel. Mierda, ya no quería.

Era algo simple, sencillo, pero Tamura influyó. COMO SIEMPRE.

Nakamura caminó como pudo de un lado a otro, aparentando estar desorientado. Era parte del show.

De pronto, se escuchó.

«When the sun shine, we shine together
Told you I'll be here forever
Said I'll always be your friend»

badgalriri retumbó en las bocinas del lugar, haciendo que más de uno abriera aún más el hocicote y, a lo Tom Holland pero a la inversa, Nakamura quitó la falda del vestido, revelando que debajo de él llevaba un pantalón, quedando así en una especie de traje rojo. Ciertamente, las mangas de la parte de arriba debían indicar que algo así pasaría, pero a su familia le hace falta ver más «La más draga».

Sus amigos, primos y gente joven gritaron ante la sorpresa, o fingieron hacerlo porque Nakamura ya les había dicho lo que haría. Meh. Ya tenía suficiente con el hecho de salir en una buena parte de las fotos con vestido.

Salió apenado de la pista.

—¿A dónde va, mijo? ¡Falta nuestro vals!

Chinga. Era verdad. Faltaba el baile con todo aquel que quisiera marearlo en la pista. Ya recordó el motivo principal del porqué no querer fiesta.

Niou, Otogiri, sus tíos, vecinos, compañeros de la primaria, don Chuy, el perro, el padre de la iglesia… no sabía que era tan popular.

Se despidió de la última persona que parecía querer bailar con él y ahora sí se dirigía a salir de ahí. Los tacones de 6 cm lo estaban matando.

Para este punto, ya todos estaban pedos. Neta habían sido un vergo de personas que bailaron con Nakamura.

—¿Me permites?— Nakamura con trabajo escuchó aquella voz con el ruido del lugar. Pero podía escuchar a Hirose desde un acantilado al otro lado del mundo.

Sonrió. Tomaron posición y empezaron a bailar bien. Ya no le estorbaba la falda.

—Esto es chido, la verdad no creí que unos XV años estuvieran de poca madre— se acercó a su oído para que le escuchara bien. Estaban cerca de las pinches bocinas.

—¡Siii! Aunque fue un caos todo el proceso, creo que ha valido la pena— Nakamura le habló despacito, quería estar más pegado a él.

—Oye.

—Qué.

—La neta no puedo más. Nakamura, la neta me lates un buen ¿quieres ser mi chava?

El silencio exacto de la bocina y el gritote de Hirose al preguntar se escucharon por todo el lugar. Otogiri chilló emocionado y Niou aplastó con ganas la lata de Tecate que traía en la mano.

Hifumi abrió la boca, asombrada, mientras que Masako, de mala gana, le pagaba a Yuuka con los $50 pejecoins que habían apostado. Pinche Nakamura, tú debías declararte primero.

Takeuchi volteó a ver a Mukai, para luego hacer una cara de desagrado al darse cuenta que se estaba besuqueando por milésima vez en la noche con Matsumura.

Efectivamente, Hirose cumplió su palabra y le presentó un primo a Tamura. Matsumura se podía ir a saludar a su puta madre.

Oomori, primo de Hirose, estaba feliz de que Tamura por fin lo volteara a ver con otros ojos. Ay, ¿qué?

A Kana le valía el momento, estaba poniéndose al corriente de los chismes del barrio con su prima Hana, que aquel momento le era uno equis. En los XV de su amiga, uno de los invitados le vomitó en el vestido, así que nada le sorprende.

Y creo que ya eran todos los personajes, no sé. Invéntate el final de quienes no mencioné de ser el caso.

—S-sí… ¡Verga, sí!— los gritos no se hicieron esperar. Todos celebraban a la nueva pareja, que solo atinó a abrazarse porque se cohibieron ante la atención recibida.

Y así, Nakamura no podría estar más feliz de haberse dejado manipular para tener una fiesta de XV años. Porque su mejor regalo fue tener de novio a su chaparrito castaño… o enano imbécil que lo hacía enojar en más de una ocasión.

Pero, a pesar de todo, se amaban.

Fin.

(A menos que haya otro sueño con fiebre de la autora).

P.D. Nakamura y Hirose tenían prohibido verse durante un mes, luego de que Niou los encontrara a las 2:00 am besándose en el baño, con Hirose a medio vestir y Nakamura con un chupetón en el cuello.

Notes:

¡Gracias por leer!

twt. @/Experimento504