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Jun nunca entendió por que su familia lo despreciaba y a la vez lo entendía a la perfección.
No era más que un bastardo, hijo de un duque y su aventura del momento, un escándalo sin duda. Su madre murió en el parto, es lo único que sabía, no había retratos de ella y nadie le hablaba de cómo era.
Creció bajo la protección del duque al que nunca llamaría «padre», pero que era algo así como alguien que lo protegía a su manera. En el reino de Ushkra, mucho más lejano incluso que Mutrak en cuanto a Sorcier, Jun era visto como una molestia.
A él no le importaba la política, pero fue instruido en ella. Tampoco le importaba la diplomacia o la estrategia, pero entendía lo suficiente. Su educación era tan estricta como la de sus «hermanos», solo que realmente no estaban al mismo nivel.
Jun siempre sería visto como el error, la consecuencia de la debilidad del duque.
Así que nunca se esperó nada grande de él. Y por eso fue una sorpresa que poseyera magia de luz.
El brote de magia surgió tarde, a los doce años cuando lo normal es en la infancia temprana. Eso cambió todo. Se comenzó a ver el interés y utilidad en Jun, cómo usarlo como arma de alguna manera o como moneda de cambio.
…
A los diecinueve años Jun ya era un joven con un carácter impredecible. A pesar de la naturaleza de su magia le llamaba la atención la magia oscura. Nadie sabía de esto porque en teoría era un secreto de la realeza y Jun no escuchó una conversación a escondidas «claro que no».
No estaba de acuerdo en tener que sacrificar a alguien para obtener ese tipo de magia, solo le interesaba la teoría. Igualmente, por su magia de luz era vulnerable ante la magia oscura y a la vez él único que podía contrarrestarla.
Era su secreto.
También le gustaban las runas. Eran tan diferentes a lo que había imaginado que le fascinaban.
Recibió educación mágica aunque no acudió a la escuela real de magia en Sorcier, eso habría sido un escándalo y otra vez, su padre prefería evitarlo. Cabe decir que sus medio hermanos no poseían magia, a pesar de que su padre poseía magia de fuego.
Ya no le importaba lo que el duque pidiera, pues ya no lo veía como la figura que necesitaba que le diera su atención ni como un protector. Lo veía como un hombre que había delegado su cuidado a sirvientes, que se había avergonzado de él toda su vida cuando el error era ajeno.
Jun no tenía culpa de que el duque fuera infiel y él fuera la consecuencia. Con los años solo se llenó de odio.
Así que sí: le gustaba leer libros descatalogados, prohibidos o que se creían borrados de la existencia. Puede que no heredara el título de duque, pero por tenerlo alejado le dejaban entrar en la biblioteca y un día de suerte encontró el pasadizo secreto que lo llevaba a la biblioteca prohibida.
…
Fue un día de invierno cuando todo cambió. Su cierta libertad se acabó por completo al ser encontrado con un libro de magia oscura. Jun, lejos de lo previsto, no mostró arrepentimiento. Sus intenciones nunca fueron malas, solo estaba movido por la curiosidad, por esa magia tan contraria a la suya.
Sus explicaciones no fueron suficientes. Nunca lo fueron.
El destino que le esperaba ya sabía cuál era, el exilio de Ushkra.
— No te quiero aquí. Te irás.
Las palabras del duque fueron tajantes.
Así que Jun, repudiado del todo, huyó a otros horizontes. No podría ser nada tan malo como hasta ahora. Realmente no notaba la diferencia: nunca tuvo la calidez de una familia, no le estaban quitando nada, solo la supuesta protección.
…
En Sorcier la vida era tranquila, bueno, todo lo tranquila que podía ser con los conflictos políticos que se llevaban debajo de la mesa. La facción a favor del primer príncipe era un dolor de cabeza para el propio Geoffrey.
No veía mal que estuvieran a su favor, el problema radicaba en que dañaban a sus hermanos en el proceso. Y dañar a sus hermanos era algo que Geoffrey no quería por nada del mundo.
Nadie quería enfadar al primer príncipe, aunque todos terminaban haciéndolo.
Cuando llegó la carta de solicitud de asilo, Geoffrey estuvo apunto de rechazar, no le interesaba meterse en asuntos de otros reinos si estos no afectaban a Sorcier. Pero leyó la carta y un nudo en la garganta se le formó.
No era un secreto que los nobles a menudo tenían aventuras, pero abandonar a su suerte a un joven con magia de luz… eso era imperdonable.
Decidió que lo mantendría bajo su protección, pues la magia de luz era escasa y vendría bien tenerlo del lado de Sorcier.
«Nada malo ocurrirá, solo es protección».
…
Jun llegó a Sorcier custodiado por los guardias de ese reino.
Ya no tendría que regresar a Ushkra, ya no tendría que depender del duque que alguna vez fue la figura paterna que anheló.
No sabía qué esperar del príncipe Geoffrey Stuart. Solo sabía que este estaba prometido a Suzanna Randall, la hija de un marqués, y que era el primer príncipe, favorito para ascender al trono.
«Bueno, seguro que no tengo que preocuparme tanto».
…
Geoffrey nunca había sentido tanta curiosidad por alguien. Siempre pensó que su única fijación sería con el bienestar de sus hermanos menores. Pero se equivocó al parecer.
Jun llegó como una novedad. Al principio se mantuvo como un protector silencioso, solo tenía que ayudar a que su magia floreciera. Sin embargo, pronto los motivos de su cercanía se volvieron de otra índole, un deseo más oscuro por esos ojos de cervatillo.
…
La mayor parte del tiempo Jun estaba solo. Aguantar a la corte no era su pasatiempo favorito y escuchar los rumores en los que él era protagonista no era su diversión. Permanecía en la biblioteca o en los jardines o en la recámara que se le había asignado.
Se sentía raro por la amabilidad de Geoffrey, nunca esperó que fuera tan fácil tratar con un príncipe.
Geoffrey rondaba a su alrededor.
«Es normal, se asegura de que no me meto en problemas».
Pero en el fondo Jun sentía que no era solo eso.
Geoffrey lo buscaba y aunque le hablaba de asuntos banales, parecía disfrutar genuinamente de su compañía. Jun no lograba discernir si eran imaginaciones suyas o una realidad, pero estaba decidido a no caer en ese juego.
…
Con el pasar de los días la tensión crecía. Jun quería creer que solo era protección, pero algo le decía que había más en cada mirada y en cada roce de manos accidental. Sabía que estaba mal, lo que fuera que estuviera pasando, estaba muy mal. No sabía a qué jugaba Geoffrey, no entendía que pretendía. La confusión llenaba cada sentido de Jun mientras lo veía ahí, luciendo como el príncipe perfecto junto a Suzanna.
Sabía que no se amaban, pero eso no quitaba que fuera una traición lo que hacía Geoffrey. Aunque en realidad no conocía el impulso de Geoffrey ni qué le hacía actuar así, no lo conocía en absoluto más allá de la cortesía y el protocolo. Así que… ¿Por qué le causaba tanto conflicto?
«No siento nada por él, eso sería una locura».
Pero la duda ya se había instalado.
Los sentimiento florecían sin permiso. Jun no era ingenuo, sabía que no tendría futuro al lado de Geoffrey, era algo imposible. Su corazón se llenó se sentimientos platónicos y de anhelos que nunca diría en voz alta.
«Es imposible, amarte es imposible».
Y siendo tan imposible, Jun decidió que se llevaría el secreto de sus sentimientos a la tumba. Nunca revelaría nada, aunque su mirada lo dijera todo.
