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La situación con el circo no estaba siendo la mejor, lo único que esperabas es que el maestro de ceremonia y dueño del circo no te regañara por gastar tu dinero en crear nuevas marionetas en vez de invertir más en ti. No podías evitarlo, para ti ellos eran una muestra de lo que considerabas la perfección en esta vida, ningún ser humano es perfecto, pero nadie especificó que no podrías crear la perfección con tus manos.
Los detalles en los que tardaste meses por fin brillaban en su máximo esplendor, cada uno era la representación de lo que encontrabas fascinante en tu mente, no querías retratar algo cotidiano o común. Querías que fuera fantástico, espeluznante, pero a la vez atrayente. Algo que provoque un sentimiento cautivante, curiosidad y sudor frío con solo verlo.
Es por eso que cada uno de ellos se había llevado tu máxima atención en cada mínimo detalle que habías perfeccionado en el proceso. Estabas orgullosa de tu creación, otros de tus compañeros lo encontraban espeluznante. Trabajar día y noche sin descanso con partes brillantes cual porcelana que se asemejan a miembros humanos, ojos vacíos que parecían seguir tus movimientos y expresiones sin sentimientos talladas a mano.
Para ti era un día normal, pero el resto prefería mantenerse alejado; sobre todo los cercanos a ti que podrías considerar como amigos. Hablando de amigos, escuchaste un sonido familiar que venía de la entrada de tu tienda.
Cascabeles. Ese sonido lo conocías muy bien. Era nada más y menos que una de las bailarinas del espectáculo, Jade. Como era lo habitual llevaba puesto su tutú blanco con cascabeles que usaba para ensayar antes del espectáculo.
Sabía que estarías aquí, la hora del almuerzo pronto acabará y los restos se los darán a los animales. Necesitas comer, no puedes descuidar tu salud por estos muñecos. — Escuchaste como su tono se volvió amargo cuando señaló tus creaciones sin voltear a verlas.
El miedo hacia las marionetas era algo que veías regularmente y no te sorprendía, en especial viniendo de ella que siempre había pensado que eras una rarita por gustarte estos objetos inertes. Claro, ella no era la más adecuada para hablar cuando también era parte de este mediocre circo al que considerabas tu hogar.
Estoy bien, no tengo hambre. Creo que el desayuno fue un poco pesado para mí. — No mentías, estabas satisfecha. Además, que lo único importante para ti en ese momento era terminar los pequeños detalles de tus bebés.
Tu amiga te miró, escaneando tu expresión para encontrar alguna señal que delate tu mentira.
Al no encontrarlo, se rindió y decidió complacerte con lo que sabía que querías oír. Escuchaste un suspiro antes de la pregunta que salió de sus labios.
— ¿Cómo eran que se llamaban tus “bebés”? Ya sabes, me tomo muy enserio las coreografías y a veces olvido lo que me explicas. Además, sé que te encanta presumir esos muñequitos.
Y no estaba equivocada, después de todo eran tu mundo, lo único que tenías.
Solo porque está vez fuiste amable te lo volveré a explicar — no te gustaba que los insultara, en el fondo sabías que podían ser un poco espeluznantes, pero nada del otro mundo. Pensabas que solo le gustaba exagerar y molestarte.
Claro, claro. —Escuchaste al joven decir mientras tomaba asiento lejos de tu mesa de trabajo.
Te levantaste y fuiste al asiento que tenías a tu izquierda.
Bueno, el primero y en el que más he trabajado es “Muzan”. Sus ojos son mi parte favorita, fueron difíciles de negociar y conseguir, pero estoy feliz con el resultado. Su diseño es el más tradicional de mis trabajos, lo que quería crear con él es la delicadeza y belleza en sus finos rasgos y que se asemeje a un vampiro—Decías mientras señalabas dichas facciones de tu muñeco de tamaño real. Era un poco más alto que tú y su cabello te recordaba al tuyo si no te hubieras hecho tantas cosas cuando eras más joven.
Es el rey de todos mis bebés, la verdad nunca había conseguido que se viera tan vivo como este. — tu amiga te miraba escéptica, para ella ninguna de tus creaciones asemejaba vida en sus ojos, todos tenían un vacío luminoso que parecía seguirte cuando los mirabas.
Muy lindo, la verdad un encantador rey. ¿Cuál es el siguiente? Su caballero o no, ¿vas a continuar con algo de la realeza? — Jade parecía está vez realmente estar prestando atención, lo cual era raro, pero no lo suficiente para que te haga cuestionar si algo estaba mal.
No lo había pensado así, pero creo que me deje llevar en ese aspecto. Terminé creando dos guardianes y después creo que la nostalgia me hizo volver a nuestra realidad. —moviste a Muzan delicadamente para dejarlo sentado dónde previamente se encontraba y te colocaste a su derecha posicionándote en medio de dos asientos.
Muy poético, pero no has presentado a los guardianes de tu querido rey. —Jade disfrutaba verte feliz, para ella eran aterradores, pero si te hacían feliz podía tolerarlo.
Bueno primero te presentaré a uno, pero el otro a su lado no es su guardián sino un arlequín; ya sabes no pude resistirme y tuve que hacerlo. Aquí tienes a Akaza, decidí hacerlo distinto a los demás. Había visto estos patrones y me gustaron lo suficiente para pintarlos en él. Su cabello y ojos quería que fueran más intensos por eso su color. Un guerrero formidable digno de ser uno de los guardianes de Muzan —tu precioso Akaza, digno de halagos, él y tú última creación fueron los más aventurados a la hora de pintar su cuerpo.
Es más pequeño que el anterior.
Dijo Jade —si lo era. La idea de estar parada sobre un banco dándole los detalles finales no te parecía tan encantadora.
Lo hice así porque no quería sufrir algún accidente dándole los últimos detalles —Jade no dijo nada, solo lo siguió observando. La verdad le parecían bastante lindos los detalles; en especial sus pestañas, se notaba que te habías tomado en serio este muñeco, pero aun así eso no le quitaba lo espeluznante.
Y quién está a su lado es Douma, había creado arlequines antes, pero ninguno tan lindo y alto como él. También le hice un abanico, pero en este momento no sé dónde lo pude haber puesto, el detalle de los ojos fue lo más difícil de hacer. Me costó más de dos meses poder pintarlos sin que se vieran raros. Los colmillos fueron una parte diseñada para que no se viera tan plano. —Jade te miró raro.
No le veo nada de plano, sus ojos llaman suficiente la atención como para que también tenga colmillos y la sonrisa no ayuda mucho. Eso lo hace un poco incómodo de mirar. Además, no pensé que te tomaras tanto tiempo en sus manos, sus uñas se ven fantásticas un poco exageradas para mí gusto, pero muy bonitas.
El elogió te hizo sentir que está vez Jade se estaba tomando en serio escucharte hablar sobre tus bebés, tal vez algo después de todo sí estaba sucediendo. Casi siempre cuando le hablabas de tus muñecos solo preguntaba cuánto tiempo te tomó terminarlos y lo que significaban. Nunca tomaba en cuenta sus detalles más a fondo.
Y por aquí tenemos a Kokushibo, el más alto, después de él le sigue Douma.
Dijiste mientras te parabas al lado de donde se encontraba sentado tu otro muñeco. —Ellos dos no tienen tantos detalles en el resto del cuerpo así que por eso los hice más altos, lo único en lo que tenía que enfocarme era en sus rostros, cabello y bueno ya sabes, sus manos. ¿No te parecen lindos? Para poder hacerlos primero practique con Douma y una vez que lo perfeccione, ta - daa. Una completa obra de arte. Él es uno de los guardianes de Muzan junto con Akaza, ya sabes no podrá ser tan alto como Kokushibo, pero el espíritu es lo que cuenta. Sus seis ojos representan la paciencia y la precisión. Cada uno me tomó horas de trabajo; tallarlos, lijarlos, pintarlos… casi me daba por vencida, pero valió la pena. No hay nada más hermoso que ver cómo te puedes reflejar en todos ellos, como si realmente entendiera quién lo está observando.
Fascinante, de una manera aterradora. Al igual de fascinante que las cualidades que puedes visualizar y traer a la realidad con solo tus manos e imaginación. Jade salió de sus pensamientos para ver cómo te movías hacía el último muñeco que podía ver terminado alrededor de tu mesa de trabajo.
Y, por último, pero no por eso menos importante, este es mi querido Gyutaro. Un diseño para nada convencional dedicado a una marioneta, pero ¿cuándo yo he seguido lo convencional? Como sea, mi bebé aquí presente está inspirado en lo que otros llamarían fealdad. Su cuerpo no se asemeja a la porcelana lisa como los demás; lo hice con fragmentos de muñecos antiguos que nunca terminé. Cada grieta resalta su forma en lugar de esconderla. Su piel tiene un tono verdoso, pálido como la cera vieja, y sus ojos, más pequeños, distintos de los demás están llenos de un brillo de imperfección. Es, quizás, el más tosco o grotesco de todos, pero eso es lo que lo hace más especial para mí.
Antes de que pudieras decir algo más Jade te interrumpió. —Me alegra que lo tengas en cuenta, no quería romper tu corazón mintiendo sobre lo feo que se ve —la miraste fingiendo indignación, sabías lo directa que podía ser con sus palabras. Ese era uno de los aspectos que las había unido en su amistad.
¿Cómo te atreves? Qué derecho tienes para decirle a mi querido Gyutaro feo. No la escuches corazón, ella no reconocería la belleza ni, aunque la tuviera en frente —dijiste con indignación fingida para después darle un beso en el rostro a tu muñeco.
Jade sólo te miró con disgusto, suficiente era verte hablar con un objeto inerte y tratarlo como si estuviera vivo, pero darle afecto de esa manera ya era otro nivel de extrañeza para ella.
Si, sí. Es suficiente. Es hora de tomar un poco de aire fresco, estuviste casi todo el día aquí. Vamos, te acompaño a buscar algo de comer. —Jade se levantó para tomar tu mano y sacarte de tu guarida, pero antes de que pudieras hacerlo te apartaste y te acercaste a un muñeco que estaba dividido en partes.
Espera antes de irnos te quería enseñar en lo último que estoy trabajando. —tomaste la cabeza que estaba cerca de las otras partes y se la enseñaste.
No te espantes, estaba pensando en hacerle una hermana a Gyutaro que representara lo contrario a él y pues consideré basar su apariencia en alguien cuya belleza me deja sin palabras y en mi mente solo estabas tú. Así que… Ella es Daki, todavía estoy terminándola, pero me inspiré en tu belleza a la hora de bailar para crearla. —Le mostraste la cabeza de la muñeca que tenías en las manos.
Jade se sonrojó furiosamente, sabía que te inspiraste en tu alrededor para crear tus “obras de arte”, pero nunca pensó que la belleza la crearás teniéndola en mente a ella. No le causaba miedo tu inspiración, te conocía desde hace tiempo y te había visto crear muñecos de cosas o personas que encontrabas atrayentes. Se sentía halagada por eso.
Es un muy lindo detalle. De verdad, lo aprecio, pero no te va a salvar. Vamos, necesitas un poco de aire libre —ahora sí, ella te tomó de la mano y te sacó de tu tienda sin darte oportunidad a protestar. Antes de salir dejaste cuidadosamente la cabeza en una repisa llena de materiales cerca de la salida de la tienda.
