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“ La caída de los grandes es la felicidad de los mediocres. ” - Scaloneta

Summary:

La Scaloneta, dividida y junta a la vez.

En la lucha constante de un nuevo mañana para todas y todos los argentinos. En donde las diferencias y el amor serán a prueba para ir más allá. Algunos enemigos, otros viejos amigos, otros... Nuevos en la vida del otro.

Chapter 1: Prólogo.

Chapter Text

En donde la verdadera visión de lo social y el reconocimiento de las crisis existentes tanto dentro, también fuera de cada uno de sus hogares, quedarse sentados observando el tiempo pasar no es una opción. Sino hacer lo que siempre ha sido parte del corazón humano, y sobretodo, del corazón argentino: luchar por sus derechos, incluso sí eso implica morir en el intento.

En donde la realidad misma la distorsionan aquellos seres de gran poder con tal de no mostrar la crudeza de lo que es vivir en la calle, se puede encontrar algo maravilloso como lo es el amor.

Tener cosas en común parece ser algo imposible, pero no para aquellos que deciden luchar por ello.

Lisandro Martínez, Licha para sus allegados, aquel hombre que desde que tiene uso de razón ha vivido una difícil realidad en su pueblo natal: Gualeguay, Entre Ríos, las noches sin descanso de sus padres para traer el pan a la mesa, las crisis económicas y la maravillosa solidaridad de los vecinos para afrontar las más difíciles situaciones. Ante la inspiración de lo que es ansiar un nuevo mañana de fuertes ideales irrompibles, en contra de los comentarios, de las malas lenguas, de las malas energías, siempre viaja y trabaja por el país en conjunto de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP en siglas cortas), aquel sindicato argentino que representa a pecho y bala los trabajadores informales, expulsados del mercado laboral formal dirigido por más ni menos que Lionel Scaloni, jefe del mismo. La vida de Licha dará un giro de trescientos sesenta grados cuando conozca a un hombre como él diría “trosco”, pero valiente a la hora de cruzar murales en llamas frente las batallas de las marchas de los derechos humanos, aquel trosco es nadie más que Cristian Romero, conocido como Cuti por sus familiares, amigos y compañeros, hombre especializado en la construcción, exalumno de arquitectura quien tuvo que abandonar parte de sus sueños por una lucha mayor y además, “patovica” de aquel jefe organizacional del Frente Popular de Izquierda (FPI para todos), quien ése jefe es viejo amigo (a veces rival en reuniones y marchas) de Scaloni: Pablo Aimar; Cuti llegará a romper la rutina de un hombre solidario, quien a pesar de tener ideales parecidos en un nuevo amanecer, justo y equitativo para la sociedad argentina, también resaltarán esas famosas diferencias que sí bien muchos mencionan, no son del todos ciertos, sino impuestos.

Donde el amor entra en un campo minado, pero no corre peligro. Donde el sentirse solo no existe y el compañerismo mutuo es lo que une fuertemente esos lazos en tiempos de guerra. Porque salir a marchar por los derechos de uno, por los derechos de todos, es poner el pecho frente los humos lacrimógenos, las balas de goma, hacerle frente a la gorra garca y hacer temblar los cimientos de la oligarquía del gobierno de turno que no es capaz de hacerles caso.

El ruido, los cacerolazos, los bombos en unísono orquestante y gritos de gloria de la argentinidad siempre es puesto a prueba, hoy y mañana, también ya que las luchas en reclamo y exigencias de nuestros derechos no son de gente tonta, sino de aquellos, de aquellas que desean poder tener lo necesario para vivir, que ansían con poder dormir tranquilos por las noches.

Pero vamos, el Imperio Romano no se levantó de la noche a la mañana.

Así como en nuestra constitución nacional argentina se establece que: “todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita, negociar y comerciar, peticionar a las autoridades, entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino, publicar ideas por la prensa sin censura previa, usar y disponer de su propiedad, asociarse con fines útiles, profesar libremente su culto, enseñar y aprender.” (art n°14. Constitución Nacional Argentina, última reforma, 1994).

Y en el n°14 bis establece que: “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial.” .” (art n°14 bis. Constitución Nacional Argentina, última reforma, 1994)

Cuando el gobierno diga que “no”, el pueblo se alzará a sangre fría en regocijo reclamando libertad. El pueblo se alzará, el pueblo no se quedará callado, y aquella historia entre aquellas personas que deseen luchar por lo justo defendiendo sus corazones mostrará que todo es posible. Que todo se puede crear, y que la lucha es necesaria, dentro de nosotros, también hacia afuera. La emocionalidad no es un recuadro que queda fuera de estos planos.

Es ahí donde los cimientos de la sangre fría se estremecen cual temblor natural, es ahí donde dar brazo a torcer, guardar silencio, no está permitido: “La caída de los grandes es la felicidad de los mediocres.”