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—Por favor, venir a sentaros en la mesa. Que vamos a jugar a un juego.
Dani había preparado una tarde de juegos de mesa especial para celebrar la última semana que tenían de vacaciones después del mundial. Estaba todo el grupo Domino, menos Ferran, que hacía dos días que se había ido a París para empezar su pretemporada con el PSG, sentados en el jardín trasero del mayor.
—¿Y para qué tanto alcohol? —preguntó Joan al dueño de la casa, mientras se sentaba en una de las sillas.
—Ahora os lo explico. Primero sentaros.
Pedri se sentó al lado de Dani y Eric delante de él, dejando a Joan en la silla restante. Delante de ellos había un parchís, cuatro vasos de chupito, cuatro de cubata, tres botellas de ron, dos de vodka y cinco fantas de limón. Olmo se levantó de la silla para hablar.
—Nos queda una semana para volver a nuestra vida de futbolistas profesionales. Y aunque no nos podemos quejar, porque somos unos privilegiados, no solo por ser futbolistas, y millonarios, y hombres blancos, sino también por estar en el mejor club del mundo. En nuestro día a día no podemos beber, porque tenemos que cuidar nuestro cuerpo. Así que nos he preparado un superjuego de beber, porque somos jóvenes y nos merecemos pillarnos una borrachera de vez en cuando.
Se sienta. Los otros tres le miran.
—¿Y tu superjuego es el parchís?
—Eric, tío, puedes no ser un bocazas por una vez en tu vida. Estoy intentando que entréis en el ambiente. Y… —Saca una hoja de papel que tiene un listado. —No es solo un parchís. Es EL parchís. He creado un juego de beber perfecto, fusionado con el mejor juego de mesa de la historia. Y estas —Mueve el papel delante de la cara de cada uno de ellos. —Son las normas del juego.
—¿Es obligatorio jugar? —le pregunta Pedri.
—Sí.
Los tres le miran sin muchas ganas. —Vamos. Será divertido. Porfavor. —Se miran entre ellos. Eric suspira.
—Vale. Pero solo una partida.
—¡VAMOS! Ir leyendo las normas mientras preparo los cubatas.
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Normas del juego: Normas del parchís
Normas adicionales
(4, 8, 12, 16, 20, 24, 28, 32, 36, 40, 44, 48, 52, 56, 60, 64, 68)
(2, 6, 10, 14, 18, 22, 26, 30, 34, 38, 42, 46, 50, 54, 58, 62, 66)
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—¿Alguna duda del juego?
—¿Era necesario explicar cómo se juega al parchís? —pregunta Pedri.
—Sí, porque si no, luego hay inconvenientes porque alguien suma diez en vez de veinte o traspasa muros o… o puede sacar todos los 6 del mundo sin perder el turno.
—Yo normalmente juego así.
—Pues hoy no vas a jugar así, Joanet. —Agarro las normas, que las tenía el portero en la mano, y las dejo en la mesa, para que todos las pudieran ver. —¿Todo claro?
—Clarísimo. —Dicen todos. Joan hace un pequeño puchero por cómo le había gritado el mayor. Eric le remueve el pelo al ver su reacción, provocando que el otro le mirara mal; en vez de decir nada, solo le sonríe para que se olvide de lo ocurrido.
—Me pido el azul. —Se dice Pedri antes de que nadie dijera nada y movió el tablero para que el azul estuviera delante de él.
Eric le mira como miraría un hermano mayor a uno pequeño que acaba de decir la gilipollez más grande del mundo. Pero nadie dice nada y cogen los colores que tienen delante.
—Perfecto. Yo soy el Rojo; Pedri, el azul; Joan, el verde, y Eric, el amarillo. Y empiezo yo porque soy el mayor y esta es mi casa. —Dani coge el único dado que había y lo tira. Dando inicio a la gran partida.
Sale un uno.
—Bueno, el turno va en la dirección del reloj. Joan, te toca.
Joan tira el dado y sale un cinco.
—Vamos! A la primera. —Pone su ficha verde en su primera casilla todo emocionado. —No suelo tener tanta suerte. —Le dice a Eric que está al lado de él, ya agarrando el dado.
Pero Dani le para y pica a la mesa, señalando el papel de normas. —Tienes que beberte un chupito. —Prepara uno rápido y se lo pone a Joan delante de él. Este lo mira sin entender. —Las casillas iniciales son todas “salvens” y eso es chupito para el jugador.
Joan suspira derrotado y se bebe el chupito de un trago. —¿Contento? —dice casi sin voz, por culpa del alcohol, y deja el vaso vacío en la mesa.
—Ahora sí me toca. —Dice Eric cogiendo el dado y sale otro uno.
—A lo mejor eres el único con suerte. —Le chincha el portero mirando el triste dado.
—Te imaginas no sacar un cinco en toda la partida y no poder jugar. —Se ríe Pedri.
—Podría ser. De hecho, una vez le pasó a mi madre. —Le dice Joan.
Pedri coge el dado y lo mueve en su mano: —Ya veréis cómo os gano a todos. —El dado cae en el uno. Todos se ríen menos Pedri.
Dani agarra el dado, los mueve en su mano y le da un beso. —UN SEIS.
—Sin un cinco, eso no te sirve de nada. —Le critica el defensa, que seguía pensando que este juego no era una buena idea.
—Ya, pero vuelvo a tirar. Y… —Sale un tres.
—Qué anticlimático. Bueno, me toca. Y al menos mi tirada sí generará movimiento en el tablero. Y… un dos, muevo la ficha. ¿Qué tengo que hacer si caigo en el 58?
Eric coge las normas y lee: —El 58 no es múltiplo de cuatro, así que te toca Verdad.
—Algo chill, que acabamos de empezar.
Pedri se le queja: “Qué aburrido eres, Joan”.
—Bueno, una típica. Si tuvieras que compartir piso con uno de nosotros, ¿con quién sería?
—Fácil. Con Eric.
—Booooo. —Se queja Pedri. —¿Por qué lo eliges a él?
—Me cae mejor que vosotros.
—Booooooo. —Esta vez se le une Dani. Mientras Eric se cruza de brazos con una sonrisa triunfante y les saca la lengua. Joan se ríe y le pasa el dado.
Para sorpresa de nadie, tanto Eric como Pedri no consiguen sacar el preciado cinco. Sacando un tres y un uno respectivamente. Antes de que Dani tire el dado, Joan sonríe maliciosamente y comenta:
—Antes de que tires, quiero recordaros que si no sacáis un cinco en esta ronda, os toca chupito. Que lleváis tres rondas sin mover ficha. Bueno, y si lo sacáis, también tenéis que beber, que todas las casillas iniciales son salves.
—Sí que estás atento, ¿no? —Se le queja Eric, sonriéndole; Joan le devuelve la sonrisa mostrando inocencia.
—Solo intento que se cumplan las normas. —Se defiende el portero, mientras preparaba los vasos de chupito.
Dani, al ver el cuatro en el dado, coge directamente el chupito y se lo bebe de una.
Vuelve a ser el turno de Joan. Tira rápido, sin pensar mucho, y le sale un dos, moviendo su única ficha a la casilla sesenta. Olmo, aún afectado por el trago de alcohol, mira las normas y comunica que toca reto.
—Repito. Uno fácil, que solo llevó un chupito.
Eric levanta la mano. —Yo tengo uno en el que no tienes que hacer nada. —Los otros le miran, esperando a que dijera su idea. —Nos tienes que dejar tu móvil, desbloqueado, durante tres minutos.
—No.
—Pero si no es nada, Joan. —Se queja Dani.
—Vamoooos, ¿o tienes algo que ocultarnos? —Le sigue Pedri.
Los tres chicos rodearon al portero, mirándolo expectantes.
—Tres minutos. SOLO tres minutos. —Pedri intenta cogerle el móvil, pero Joan le para. —Y nada de escribir a gente, ni llamar. Y preparar un temporizador. Cuando empiece, os lo doy.
Con todo preparado, el portero les dejó el móvil en la mesa. Eric lo cogió, mientras Dani y Pedri se ponían detrás de él para ver bien la pantalla. El defensa tenía muy claro cómo tenía que obrar. Sin perder ni un segundo, entró a la galería y empezó a seleccionar todas las fotos de la galería. Mes por mes. Joan les preguntaba qué hacían, pero nadie le contestaba ni le dejaban ver la pantalla. Una vez todas seleccionadas, dio al botón de compartir y fue a su propio contacto y las envió.
—¿Cómo vamos de tiempo?
—Un minuto y diez.
—Bien.
Mientras se enviaban, salió del grupo, pero no de la aplicación. Y busco el nombre de la ex del portero y, al entrar al chat, vio que estaba vacío y bloqueado.
—Al final sí la bloqueaste. Y aparte borraste el chat.
—Pero sí te dije que lo había hecho.
—Ya, pero no me acababa de fiar de que me dijeras la verdad.
—¿Por qué te iba a mentir en esto?
—No sé, estuvisteis juntos mucho tiempo.
—Sí, pero…
Dani interrumpe la pequeña conversación: —Joanet, no me lo distraigas, que nos haces perder el tiempo de reto.
—¿Cuánto nos queda?
—Medio minuto. —Le contesta Pedri.
—Vale. —Eric sale del WhatsApp y se pone a mirar las aplicaciones rápidamente. —Nada sospechoso, ninguna cuenta falsa en ninguna red social, solo un par de juegos cutres y poco más.
Sonó la alarma que indicaba el fin del reto. Joan, tan rápido como una bala, les quita el teléfono de las manos.
—¿Qué habéis hecho? ¿Qué has hecho?
Esta última pregunta se la dirigió solo a Eric.
—Nada. Solo me he pasado todas tus fotos.
—¿Qué? ¿Por qué harías eso?
—Ahora tengo material para chantajearte.
Eric sonrió burlón, pero vio que al portero no le hacía ninguna gracia; más bien, se veía muy enfadado. Así que intento solucionar el mal rollo que se había creado.
—Iba a pasarme solo unas cuantas, pero con los tres minutos no me daba tiempo a hacer la selección. Solo hay unas cuantas que quiero. ¿Te parece que sigamos jugando y, mientras tiran los demás, hago la selección y te enseño cómo borro las demás?
—¿Y no las puedes borrar todas?
—No.
—Trato.
—¿Podemos seguir jugando? Es que llevamos mucho rato para tener solo una ficha en juego y estaría bien seguir si queremos acabar hoy. — Pedri se quejó mientras jugaba con la cañita de su cubata.
Se retomó la partida, pero durante las siguientes doce tiradas no salió nada. Entre la falta de cincos y que Joan cayó las dos veces en casillas impares, no pasó nada. Pero entre que salieron varios seises, que Eric cumplió su promesa de borrar dos terceras partes de las fotos de Joan y que casi se habían acabado el primer cubata, los ánimos fueron subiendo.
Iban a empezar la ronda seis y eran muy conscientes de lo que venía. Los tres chicos sin fichas en juego iban a tener que beber sí o sí. Porque o sacaban un cinco y salían a un “salvens” o sacaban otra cosa y llevarían tres rondas sin moverse. Pedri preparó los tres chupitos y le dieron el dado a Dani.
Este empezó a mover el dado en la mano, mientras los otros tres pican la mesa cantando un leve “eeeeeeh”. Cuando el dado enseña la cara con cuatro puntitos, todos gritan “CHUPITO” y Dani se lo bebe sin pensar mucho, levantando el vaso una vez vacío.
—Joanet, tira, que tú no bebes chupito y yo me quiero beber el mío. —Se le queja Pedri.
—Ya voy, tranquilo. Un seis. Vuelvo a tirar. Un uno. —Con calma mueve su ficha hasta la casilla ocho.
—Qué lento eres, hermano. —Dice Dani. — Ocho es reto.
—Waaa, y sin mirar la chuleta con los números. —Le pica el canario.
—No es muy complicado saber que ocho es múltiplo de cuatro. Me asustaría si no lo supierais. —Le contesta el otro centrocampista.
—Dejar de picaros y decirme un reto.
—Dame un segundo. —Pedri coge su segundo cubata, ya casi acabado, lo vacía y lo deja sobre la mesa. —Escríbele a tu ex.
Joan y Eric dicen que no a la vez.
—No voy a escribir a mi ex.
—¿Por qué no?
—Joder, Pedri, pues por muchas razones. Hace poco que lo dejamos; la tengo bloqueada; …
—Pero acabasteis bien.
—Sí, acabamos bien, pero no le voy a escribir. Pensar otra cosa.
—Siempre te quejas de los retos.
Pedri hace un puchero mientras abraza su vaso vacío. Es Dani el que acaba proponiendo otro reto.
—Pues haznos un baile. —Cuando ve que el portero va a decir algo, le frena. —Y no vale quejarse.
Sin decir nada y con una sonrisa muy falsa, Joan se pone de pie. Los otros tres le miran expectantes, preparando la cámara para grabar. Sin muchas ganas empieza a bailar la Macarena. Como no está cantando, Dani y Pedri se ponen a cantarla mientras Eric se ríe, con la cámara de su teléfono captando toda la escena. Al acabar, se sienta en su sitio.
—¿Contentos?
—Esperaba algo más sexy. —Joan le tira a Dani una patata.
—Haber especificado.
Joan le pasó el dado a Eric y, al lanzarlo, salió un dos. Los otros tres se miraron, recordando que llevaba las tres rondas sin mover, y volvieron a gritar “CHUPITO”. Se lo bebe y le da el dado a Pedri. Ahora están los cuatro atentos y, cuando sale un uno, los cuatro gritan “CHUPITO”.
Empezando otra ronda, Dani tira y nada. —Booooo. —Le corean.
Joan tira y sale un cuatro. Le toca doble castigo, porque la casilla 12 es tanto de reto como de salvación. Eric le va preparando el chupito mientras Pedri, sin decir nada, le pone delante un trozo de queso que se había caído al suelo. Joan se come el queso y, acto seguido, se bebe el chupito. Todos empiezan a corearlo como si hubiera marcado un gol.
En medio de la euforia, Eric se pone de pie, coge el dado y, oh, milagro, sale un cinco. Los gritos del grupo vuelven, aún más altos; todos se levantan y festejan como si hubieran ganado la Champions. El defensa mueve su primera ficha, poniéndola en la casilla inicial amarilla, y agarra el chupito que le ofrece Dani, porque las normas lo dictan así. Le toca a Pedri; están todos mirando cómo mueve el dado en la mano, gritando “eh, eh, eh, eh”, pero tira y sale un dos, matando la energía positiva del momento. Todos se sientan.
—No decías que nos ibas a ganar a todos. —Le pica Olmo.
—Calla y tira el maldito dado.
Dani lo tira y sale un tres.
—Esto es que me has pegado la mala suerte.
—Yo no te he pegado nada.
—Claro que sí. Estás a mi lado y me la has pegado.
—Parece que estáis entrando en una onda un poco negativa, vosotros dos. — Les bromea Joan, quien solo consigue dos miradas asesinas de los centrocampistas. —Bueno, me toca. —Dice rápido, cambiando de tema y cogiendo el dado.
Tira, sale un tres, cae en impar, no es nada y le da el dado a Eric. Este segundo tira y vuelve a salir un tres, pero su ficha se mueve a la casilla 8.
—TE TOCA RETO. —Le grita Pedri, emocionadísimo.
Dani y Pedri se emocionan. Ahora sí que empezaba el juego de verdad.
—¿Por qué me miráis así? —pregunta, un poco asustado, Eric.
—Por nada, solo estamos pensando qué reto ponerte. —Le contesta Dani.
—Creo que prefiero que lo elija Joan.
—No. —Le dice Pedri. —Te reto a… Que le envíes una foto polla a tu madre y luego le digas que te has equivocado de chat.
—Sí, una polla. —Se queja Eric, moviendo las manos indignado.
—No una. La tuya. —Le contesta Pedri.
—Que no le voy a enviar una foto de mi polla a mi madre. ¿Estáis zumbados o qué os pasa?
—Pero luego le dices que no era para ella. —Le rebate Dani.
—Que no voy a hacerlo. Os queda claro.
Se crea un silencio en la mesa. Joan va pasando su mirada de un lado a otro, como si fuera un partido de tenis.
—Entonces te vamos a grabar diciendo que Pedri es mejor capitán que tú y siempre lo será.
Ante la intervención de Olmo, Eric le mira muy serio.
—Pásame mi teléfono.
Dani y Pedri se ríen bajito mientras ven cómo Eric hace el reto.
—¿Qué? ¿Ya tienes la foto hecha?
—Cállate. —Cuando acaba de escribir, deja el móvil en la mesa, boca abajo, no quería ver los mil mensajes que le iba a enviar su madre sobre la privacidad y no enviar ese tipo de fotografías a otras personas.—Os odio. —Eso provocó que rieran a carcajadas. Incluso Joan empezó a reír.
Volviendo al juego, Pedri tiró el dado y le salió un uno.
—Si a la siguiente no sacáis un cinco, volvéis a tener tres rondas sin mover. —Les recordó Eric, quien seguía molesto, mientras Dani cogía el dado.
Como si el destino lo hubiera querido, calló en el cinco. La euforia se apodero del centrocampista, quien se levanto y se puso a celebrar como si hubiera marcado el gol de la victoria, corriendo por la terraza. Los demás solo de rien, viendolo celebrar. Cuando se sentó, Joan le entregó el chupito que le tocaba por sacar la ficha y aprovechó para cojer el dado y tirarlo. Salió un tres; movió la ficha a la casilla 18.
—Verdad. —Anuncia Eric, mirando la chuleta de las normas.
Pedri, ya un poco borracho suelta la pregunta. — ¿Te arrepientes de haber abandonado al equipo que ha sido tuyo durante tanto tiempo?
Joan se queda quieto, casi paralizado. Con una expresión que nadie podía reconocer del todo.
—Ostia, Pedri. ¿No tenías otra pregunta? —Le dice Dani, dandole una colleja.
—No hace falta que contestes, si no quieres. — Eric le dijo a Joan, un poco preocupado por cómo le podía haber afectado esa pregunta.
—No, está bien. Es parte del juego, ¿no? —Joan le dio un sorbo largo de su cubata y se quedó mirando el vaso entre sus manos. —No me arrepiento. Venir al Barça ha sido lo mejor que me podía haber pasado. Ha sido una oportunidad para crecer como jugador, para dar a conocer mi nombre, para llegar al maldito mundial, para conoceros a vosotros. —Levanta la vista y mira a los chicos. —Sí, me da pena haberme ido del Español, dejar a mis antiguos compañeros y al club y la afición que me ha dado todo durante tantos años. Ver cómo ese cariño se transformó en odio de un día para el otro no fue fácil. Pero lo entiendo, entiendo que los traicioné, a ellos, al club, a la confianza, cariño y respeto que habían depositado en mí, y tienen derecho a estar enfadados.—Vuelve a beber un poco de cubata y deja el vaso en la mesa. —Pero no me arrepiento.
Joan les sonríe con una de sus sonrisas felinas.
—Aaawww, qué bonito. —Dice Eric, acercando su silla a la del otro, para poder abrazarlo.
Dani y Pedri se levantan para unirse al abrazo.
—Habéis notado cómo nos ha mencionado en el discurso. —Le chincha Dani, apoyando su cabeza sobre la del portero, aprovechando que este está sentado.
—Es como un gatito. Nuestro gatito. —Le sigue Pedri, este con la cabeza apoyada en un hombro.
Joan los aparta. —Anda que sois tontos. Anda, quitar de encima, que hace mucho calor. —Los dos centrocampistas vuelven a su sitio y Eric también se vuelve a sentar bien, aunque no separa su silla. El portero no pierde la sonrisa.
Eric tira el dado y le sale un uno. Y como cae en impar, no pasa nada. Pero eso da igual porque es el turno de Pedri, el cual tiene un chupito asegurado. El canario coge el dado y empieza a moverlo en su puño cerrado, como si le estuviera pidiendo ese preciado cinco. Lo tira y cae en el seis. Tiene otra oportunidad. Mientras coge el dado y se dispone a volver a tirar, Joan le va preparando el chupito. Lo tira y sale un cuatro. Dani y Joan gritan “CHUPITO” y, sin muchas ganas, coge el vaso y se lo bebe de una.
Vuelve a ser el turno de Dani. Saca un dos, pasando de la casilla 39 a la 41. Como es impar, se libra de hacer nada. Joan tira, pero no tiene la misma suerte que su amigo y le sale un dos, cayendo en la casilla 20, que al ser múltiple de cuatro, traduce a reto.
—A ver qué me haces hacer. —Dice con un poco de miedo y más, después de ver el reto que le habían elegido a Eric.
—Tú, tranqui, que contigo no van a ser tan capullos. —Le intenta animar el defensa, regalándole una sonrisa y un apretón en el muslo.
Antes de que pudiera reaccionar, Dani ya había elegido el reto.
—Tienes que dar una voltereta.
—¿Tú quieres que me rompa el cuello?
—Hombre, no. Pero en el suelo.
Joan les mira, suspira y se levanta de la silla para hacer el reto. Se pone de cuclillas y coloca la cabeza en el suelo. Los tres empiezan a animarlo diciendo “eh, eh, eh, eh” y Eric saca el móvil para sacarlo. Joan se impulsa hacia delante, dando la vuelta y chocando la espalda en el suelo. Se queja un poco por el golpe, pero como los otros están gritando de alegría por la voltereta, no le escuchan. Se levanta y se vuelve a sentar.
—Tada. —Dice, abriendo las manos de jazz.
—El vídeo es buenísimo. Tienes que ver la cara que haces al final. —Se ríe Eric mientras le enseña el vídeo de él dando la voltereta con muy poca gracia.
—Deja el móvil y tira el dado que te toca.
Sin dejar de reír, Eric, tira y le sale un cuatro; pasando de la casilla 9 a la 13 y sin ningún reto que hacer.
—Qué suerte tienes, cabrón.
Se queja Dani, mientras Pedri coge el dado y tira rápido, sin muchas ganas. Pero entonces lo ve: el dado ha caído en el cinco.
Se pone de pie de golpe, tirando la silla, y empieza a mover los brazos con gestos de victoria.
—VAMOOOS. POR FIN EL PUTO CINCO.
—No hace falta que grites. —Se queja Eric, tapándose las orejas. Pedri le saca la lengua, recoge la silla y se vuelve a sentar.
Joan le prepara el chupito y se lo da al canario, quien feliz se lo bebe, para después mover su preciada ficha azul a la casilla de su mismo color.
—Voy a prepararme otro cubata, ¿queréis otro?
—Pedri, mejor espérate un poco, que te acabas de tomar el cuarto chupito y te has acabado un cubata entero en muy poco rato. —Le dice Joan.
—Y seguro que ahora que tienes una ficha en juego tendrás que beber más chupitos. —Se le une Dani.
Pedri rueda los ojos, pero se sienta sin servirse nada, con un pequeño puchero en los labions. Dani aprovecha para tirar el dado y, como le sale un dos, vuelve a caer en impar. Le cede el dado a Joan, quien tira y le sale un cuatro.
—¿Otro reto?
—Vamos, no te quejes. Es lo que quiere el destino. —Le dice Eric, pellizcandole el costado.
—¿Cuántos chupitos te has bebido tú, Joan? —Le pregunta Pedri.
—Ehh, dos. El inicial y luego un salvens. ¿Por?
—Te reto a que te bebas un chupito. Que yo llevo cuatro, y estos dos tambien llevan más que tú.
Joan no dice nada más. No se iba a quejar de un reto sencillo y le apetecía tomarse otro chupito. Mientras se lo bebe, Eric coge el dado y tira: le sale un seis más uno y acaba en la casilla 20.
—También te toca reto —Le dice Joan, casi sin voz por el trago de alcohol.
—Yo también quiero un chupito.
—¿Y tú crees que te vamos a hacer el reto que quieres? Qué pringao. —Le dice Pedri.
—Si quieres un chupito, cae en un salvens. —Dani continúa el vacile.
Eric les mira con cara de pocos amigos. —Pues decirme, ¿qué queréis que haga?
—Se me acaba de ocurrir una idea muy graciosa. Llama a Ferran y dile que tiene que volver porque estás completamente enamorado de él y no puedes vivir sin él.
Joan y Pedri miran al mayor con la cara seria, sobre todo el canario, el cual no llevaba muy bien la partida del valenciano. Porque, antes del mundial, él sabía que la partida del valenciano era una posibilidad que conocía y de la que habían hablado, pero enterarse le había partido el corazón. Sobre todo porque se enteró estando en sus vacaciones en China y, para cuando había vuelto a España, Ferran ya se había ido a Francia y no se habían podido despedir en persona.Estaban a punto de decir algo cuando Eric se ríe.
—Está bien. Pero no creo que se lo crea.
Eric coge su teléfono y llama al miembro faltante del grupo, dejando el móvil en manos libres. Pita una vez, pita dos veces.
—¿Qué pasa, tío?
—Nada, solo quería hablar contigo. De… de una cosa importante.
—Vale.
—Tienes que volver a Barcelona.
—¿Ha pasado algo? ¿Estáis todos bien? —La voz de Ferran empezó a sonar preocupada.
—Sí, sí. Es solo que… me he dado cuenta de que no puedo vivir sin ti. Hemos estado juntas durante tantos años y ahora que no estás, no sé qué hacer. Me he dado cuenta de que estoy enamorado de ti. Por favor, vuelve. —Eric dice todo su discurso con un tono muy convincente. Sus tres amigos presentes reaccionan con caras diferentes. Dani está con las manos en la boca, ahogando las ganas de reír. Pedro, aunque con una sonrisa por la escena que estaba haciendo el canterano del Barça, tenía los ojos tristes. Y Joan, que tenía cara de no hacerle ni puta gracia la broma esta.
Se hace un silencio largo. No se escucha nada en ninguno de los extremos de la llamada.
—¿Quién te ha retado a llamarme? —La voz de Ferran sonó neutra.
—Nadie. —Eric intenta sonar ofendido. —Yo aquí, abriéndome de esta manera, siendo emocionalmente vulnerable, ¿y tú me acusas de mentiroso?
—¿Quién ha sido? —- insistió.
—Ha sido Dani.
—Oh, vamos, podías haber alargado un poco más. —Se queja el propietario de la casa.
Eric pasa de él y sigue hablando con Ferran. —Nos ha hecho jugar a una versión del parchís para beber y me ha puesto este reto estúpido.
—Como si me fuera a creer eso, cuando sé perfectamente que tú… —Eric le interrumpe, cambiando de tema rápidamente.
—¿Qué tal París?
—Bien, mucho calor.
—Hola, Ferran. —Saluda Joan. —Te echamos de menos.
—Eeeeh, Joan, ¿qué tal? ¿Hay alguien más?
—También está Pedri.
—Hola, Ferri. —Pedri saluda sin muchas ganas.
—Hola. —Ferran suspira desde el otro lado de la línea. —Estáis todos. Qué rabia no estar ahí.
—No haberte ido. —Le chincha Dani.
—Va, no me hagas eso, Daniel.
Por mucho que quisiera seguir hablando, Eric vio que no era momento de ponerse a hablar con Ferran por tres motivos: estaban en medio de la partida, Pedri no tenía muy buena cara y esta llamada prefería tenerla en privado, no fuera a ser que al valenciano se le escapara cierto secreto sobre él.
—Bueno, tío, te llamo después, que estamos aquí en medio de la partida y se nos va a ir el efecto de los chupitos.
—Claro, pasarlo bien. —Desde el otro lado, Ferran, se escuchaba un poco triste, pero no hubo tiempo para decir nada más.
Eric colgó. —Te dije que no iba a colar. Pedri, te toca.
Sin muchas ganas tira el dado y le sale un tres. Mueve su ficha, dejándola una casilla por delante de la de Joan y, como cae en impar, no tiene que hacer nada y le da el dado a Dani, a quien le pasa exactamente lo mismo. Sin nada que hacer, es el turno del portero. A este le sale un uno. Todos se miran el uno al otro. Pedri empieza a negar la cabeza.
—No lo hagas, por favor. —Dice con una voz muy triste.
—Lo siento.
—Me ha costado mucho conseguirla. —El pobre Pedri está casi llorando.
—No puedo hacer nada más. No tengo más fichas. —Y con esa última explicación, Joan, mueve su ficha verde una casilla, comiéndose a la ficha azul de Pedri.
Mientras Joan avanza las veintiún casillas, Dani abraza fuerte a Pedri y le da un beso en la cabeza, para intentar animarlo. —Ya verás que en nada sacas otro cinco.
Sin decir nada, Eric tira y saca un cinco. —¡Vamos! —dice feliz, poniendo su nueva ficha en el tablero, pero al ver la cara triste de Pedri se calla e intenta animarlo. Porque sabe que esto no es solo por el juego, al menos, no por haber perdido la ficha. —Como ahora vas a sacar otro cinco tú, te espero para tomarnos el chupito juntos. —Prepara dos chupitos y le da el dado. —Y si no lo sacas, nos lo bebemos igual.
Pedri le regala una pequeña sonrisa y tira el dado.
Sale un cinco.
“AAAAAAAAAh” gritan a la vez los cuatro hombres al ver que, efectivamente, ha sacado un cinco. La sonrisa vuelve a la cara del canario. Eric le da su chupito, hacen chinchín y se lo beben.
Estando todo más tranquilo, Dani coge el dado, lo tira y le sale un seis; vuelve a tirar y sale un uno. Adelanta las siete casillas que le tocan, cayendo en la 52.
—Mi primer reto de la noche. —Dice mirando la chuleta de los números. —Espero que se os ocurra algo bueno.
Los otros tres chicos empiezan a pensar en qué pedirle al centrocampista.
—¿Aún tienes aquel vestido que se dejó Laura? —le pregunta Eric.
—¿Cuál?
—El rojo.
—Creo que sí.
—Perfecto. Te tienes que poner el vestido y luego tienes que llamarla en videollamada para enseñarselo.
Dani se ríe divertido. —Dale. —Y se levanta para ir a su cuarto. Eric aprovecha el espacio vacío que ha dejado Dani para sentarse al lado de Pedri.
—¿Estás bien?
—¿Eh? Sí, sí. Todo bien.
Eric se mira con Joan, quien también está preocupado por Pedri.
—De acuerdo, pero si en algún momento necesitas algo o quieres hablar, estamos aquí. ¿Sí?
Pedri le sonríe, aún un poco triste, y le asiente. Eric se acerca un poco más y le abraza fuerte; el canario se lo devuelve.
—Yo también quiero. —Dice Joan, mientras se levanta para unirse y abrazarlos a los dos desde arriba.
—Me vais a asfixiar. —Se queja Pedri, pero ríe, sin poder evitarlo.
De repente se oye como alguien tose de mentira para llamar la atención. Los tres chicos abrazados se separan un poco para poder mirar hacia la dirección del ruido. Del marco de la puerta aparece una pierna desnuda que se mueve de arriba abajo.
—Oh, Dios mío. —Pedri se lleva las manos a la boca, soltando una carcajada.
Dani sale completamente de la habitación. Llevaba puesto un vestido rojo largo, abierto de un lado, dejando ver una de sus piernas, y con solo una manga. Se notaba que le venía pequeño. Dio tres pasos hacia ellos y entonces dio una vuelta para enseñar cómo volaba la falda. Se vio entonces cómo la cremallera estaba abajo del todo y menos mal que ni lo había intentado cerrarla, porque la habría roto.
—¿Qué os parece?
—Estás muy sexy. —Le dice Joan, que está intentando no reír.
—Oh, Dios mío. —Es lo único que dice Pedri aún riéndose.
—Yo prefiero no comentar. —Acaba Eric, también aguantándose la risa.
—Yo creo que me queda bien. Sobre todo por detrás, me hace un culazo. —Dice mientras se da la vuelta para enseñar la parte de atrás.
—Y al tener la cremallera abierta, deja ver un poco más de espalda; muy provocativo. —Le sigue el juego Joan.
—¿A que sí? Había pensado lo mismo.
—Oh, Dios mío. —Pedri se llevó las manos a la cara; había entrado en bucle.
La verdad, Dani, estaba un poco preocupado. Le daba miedo romper el vestido, así que coge su teléfono y pica el botón para iniciar la videollamada.
—Hi, honey. (Hola, amor)—Saluda a su novia, solo mostrando su cara.
—Hi, darling. Weren't you with your friends. (Hola, cariño. ¿No estabas con tus amigos?).
—Yes. (Sí.) —Dani, enfoca a los chicos un segundo. Estos le dicen hola y ella les saluda de vuelta.
—Do you remember the game I was preparing? (¿Te acuerdas del juego que estaba preparando?).
—Yeah, the drunk version of the Eile mit Weile. (Sí, la versión para beber del parchís).
—Yes. Well, we were playing and I got dare. And… it’s better if I show you. (Sí. Pues, estábamos jugando y me tocó reto. Y… será mejor si te lo enseño).
Dani deja el móvil en la mesa, da unos pasos hacia atrás para poder enseñar bien el vestido y acaba con una vueltita. Laura empieza a descojonarse.
—Oh my god. You look amazing. (Oh dios mio. Te ves espectacular.).
—You think so? (¿De verdad lo piensas?) —dice mientras pone una pose “sexy”.
—Yeah. Absolutely. Even though, I would prefer to undress you. (Sí. Totalmente. Aunque, preferiría desvestirte).
—Oh, really? (¿Ah, sí?)
—Okey, I’m gonna stop this. (Vale, voy a parar esto) —Los para Eric. —I don’t wanna see any sextalk. (No me apetece ver ninguna charla sexual).
Dani tiene la decencia de sonrojarse.
—Honey, I’ll call you later. (Cariño, te llamo después).
—Will you be wearing that dress? (¿Llevarás puesto ese vestido?).
—Only if you ask nicely (Solo si me lo pides bien) —Eric tose fuertemente.
—I’m gonna hang up. I love you. (Voy a colgar. Te quiero).
—I love you too. Have fun with the boys. (Yo también te quiero. Pásatelo bien con los chicos).
—Ha estado bien. —Dice Dani después de colgar.
Joan y Pedri empiezan a descojonarse. Eric, con cara de asco, le dice: —No quería saber todo eso de tu vida sexual. De hecho, no quiero saber nada. — Eso hace que Joan y Pedri se rían todavía más.
—Pero sí ha sido idea tuya. —Le contesta Dani, mientras se dirige al cuarto para cambiarse rápido. —Vuelvo en nada.
—Mientras voy a ir preparando otra ronda de cubatas. Que necesito más alcohol en mi organismo—Dice Pedri.
—Yo voy a por los hielos. —Dice Joan.
Para cuando Dani vuelve a la mesa, había cuatro vasos de cubata preparados y estaba Joan con el dado en la mano, preparado para tirar.
Sale un seis; primero mueve la ficha, la cual entra dentro de la recta final verde. Vuelve a tirar y sale un cinco. Sonriendo pone su segunda ficha dentro del tablero, para después beberse su cuarto chupito de la noche.
Eric se ríe de la reacción de Joan al beberse el chupito mientras coge el dado. Lo tira y también le sale un cinco. “Eeeeeeeeh” gritan todos mientras él pone su tercera ficha dentro del juego, creando una barrera en su casilla inicial, y acepta el chupito que le ofrece Dani.
Era el turno de Pedri. Tira el dado y sale un seis. —Vamos! —Dice moviendo su ficha las seis casillas y volviendo a cojer el dado para tirar de nuevo. Tira y vuelve a salir un seis.
—¡Anda ya! —Se queja Dani, mientras Joan se ríe.
—Si vuelves a sacar un seis pierdes el turno. —Le recuerda Eric, pero Pedri le saca la lengua mientes avanza seis casillas más y vuelve a cojer el dado.
Sale un cinco.
—¡TOMA YA! Comer os esta. —Grita eufórico mientras pone su segunda ficha dentro del juego.
Los otros tres no pueden evitar reírse viendo la celebración de su amigo.
—Te toca chupito. —Le dice Joan, sacando la botella.
—De hecho, le toca doble chupito. —Añade Eric, señalando las normas y el tablero. —Ambas fichas han caído en salvens.
—Pues doble chupito. —Grita Pedri, quien ja llevaba cinco y empezaba a estar un poco borracho.
Dani lleno tanto el vasito de Pedri como el propio y se los entrego. El canario dse bebió ambos en un segundo. —He vuelto al juego nenes. — Les dijo, sacandoles la lengua. Los demás empezaron a reírse. El alcohol empezaba a hacer efecto en ellos.
—Dani, te toca —dice Pedri mientras le da el dado.
Saca un tres. — Cincuenta y tres, cincuenta y cuatro y cincuenta y cinco. Impar, así que nada. Joan, tu turno. —Y vuelve a rotar el dado.
Joan tira, sacando un seis. Decide mover la ficha que tiene en la recta final de su color, dejándola a una casilla de llegar al final.
—Sí, hombre. No es justo que estés a un uno de ganar una ficha. —Se queja Pedri, tirando la cabeza hacia atrás, indignado.
—Solo lo conseguirá si saca uno; si no, la pieza rebotará hacia atrás y se alejará. Aparte, no creo que saque ese uno. —Le dice Dani, tampoco queriendo que el portero llegase tan pronto al final.
—Repito. —Les señala Joan a ambos. —Honda negativa. Además, no se acaba el juego, es una ficha.
—No les hagas caso, Joanet. —Le dice Eric, volviendo a acariciar su muslo, para animarlo. —Solo lo dicen porque son unos malos perdedores.
—¿Y tú no? —vuelve a quejarse Pedri.
Eric finge no oírlo y sigue hablando con Joan. —Ya verás que sacas el uno.
Con la cara roja como un tomate, Joan tira el dado. Este cae en el uno.
—¡VAMOS! —grita Joan, abrazando a Eric en modo de celebración.
—¡Anda ya! —se queja Pedri, indignado con que hubiera sacado el uno.
Joan y Eric seguían abrazados. Sus cuerpos deshaciéndose ante la euforia del momento, disfrutando el contacto sin tener en cuenta el tiempo. Dani, al ver que no se separaban, tuvo que intervenir.
—Sí, sí. Muy bien. Felicidades con el uno y que llegue tu ficha al final. —Eso hizo que los cerebros de ambos conectaran y empezaran a separarse, lentamente. —Tú tienes que avanzar diez. —Señaló a Joan, quien susurró un pequeño “perdón”. —Y tú tienes que tirar el dado. —Señaló a Eric y le acerco el dado.
Se acaban separando, ambos rojos como tomates. Joan mueve la ficha al centro del tablero, para después poner su otra ficha en la casilla sesenta y seis, adelantando diez espacios. Eric se dispone a tirar el dado, pero Joan le para.
—Acabo de llegar al final. —Les recuerda a los otros tres.
—Y qué quieres, un premio? —le pregunta Dani, con un tono burlón. —Aún no se ha acabado la partida, tienes tres fichas más.
Joan le mira mal. Coge las normas y se las pone a Dani sobre la mesa, delante de él.
—¿No habías hecho tú este juego? —le dice con el mismo tono burlón. —Aquí pone que puede poner una norma nueva.
Dani se queda con la boca abierta. No se acordaba de esa norma.
—En mi defensa diré que llevo muchos chupitos. —Se defiende el centrocampista.
Joan suspira. —Mi norma es que quito la norma del salvens. No más chupitos.
—Nooo, no puedes quitarnos los chupitos. —Le ruega Pedri. —¿Puede? —Se gira hacia Dani, dirigiéndole a él la pregunta.
Dani mira las normas, que él mismo había escrito unas horas atrás. Las mira un poco más y, cuando mira hacia Pedri, asiente tristemente.
—¿Por qué? —le pregunta Pedri.
—¿Puedes decirme cuántos chupitos llevas? —El canario mira a Joan, quieto unos segundos; acaba negando. —Tú. —Señala a Dani—. ¿Cuántos has bebido?
—Tres.
—Bueno, eres el que menos has bebido, porque yo llevo cuatro y Eric cinco. Si seguimos bebiendo a este ritmo, nos va a sentar fatal y dejaremos de divertirnos. Ahora, que ya estamos un poco contentos, los quitamos y, si queremos beber más, como los adultos responsables que somos, beberemos de nuestro cubata. ¿De acuerdo?
Todos asienten, aunque los dos centrocampistas lo hacen con la cara larga.
—Eric, ahora sí puedes tirar. —Le sonríe Joan.
Sale un cuatro. De las tres fichas que tiene en el tablero, mueve la que no está haciendo barrera, pasando de la casilla veinte a la veinticuatro.
—Seis por cuatro es veinticuatro. Eso quiere decir que tenemos que elegir un reto para ti. —Cantarujea Dani, mientras hace un pequeño bailecito, el cual sigue Pedri. Eric les mira con cara de no saber por qué son amigos suyos.
Se crea un silencio. Nadie dice nada. Los tres miran a Pedri.
—¿Qué pasa?
—Llevas toda la partida diciendo los retos. —Le dice Joan.
—¿Y? ¿No podéis pensar vosotros uno? —Dani y Joan le miran con cara de pena y con un puchero. —Está bien. Pienso algo.
—No hace falta. Pueden pensar algo ellos. —Intenta intervenir Eric. Intentando salvar de los retos de Pedri.
—No, no. Ya estoy pensando, no te preocupes. —Pasan cinco segundos. —Ya sé. —Todos miran a Pedri. —Salta a la piscina. Tal y como vas vestido.
Eric se lo queda mirando, decidiendo qué le parecía el reto. —¿Puedo quitarme los zapatos?
Pedri se lo piensa un poco. —Sí. Pero, solo los zapatos.
Eric vuelve a pensárselo. —Está bien. —Y sin decir nada más, se quita las gafas, se levanta de la silla y se dirige hacia la piscina, caminando.
Lo más rápido que puede, Dani saca su móvil para grabar lo que iba a pasar. Al final le da tiempo de sobra, porque Eric se queda quieto al borde de la piscina, mirando hacia el agua.
—¿Algo que decir antes de saltar? —le pregunta Dani, cámara en mano.
—No. —Les dedica un guiño y salta al agua.
Cuando sale de la piscina, tiene la camiseta enganchada al cuerpo y levemente levantada, dejando ver parte de su abdomen. El pelo despeinado. El agua caía por su cuerpo como si fuera una cascada. Una vez, completamente fuera del agua, movió la cabeza de un lado a otro, tirando el exceso de agua y acabó tirándose el cabello hacia atrás con la mano. Todo parece pasar en cámara lenta, o así lo ve Joan.
—Me pasáis las gafas, que no veo nada. —Les pide Eric, aún chorreando.
Joan se las entrega, pero rápidamente se va hacia el baño de Dani. —Voy a traerte una toalla, que así te vas a costipar.
—Pero sí estamos a treinta y dos grados. —Dice Pedri, sin entender por qué el portero había ido tan rápido al baño, pero sin darle un segundo pensamiento. Simplemente siguió bebiéndose su cubata.
Al llegar al baño, se mira en el espejo. Está completamente rojo, y normal, después de ver el espectáculo visual que había hecho el defensa al salir de la piscina. Todo mojado. Tocándose el pelo. Solo le faltaba verlo así, y además con las gafas puestas. No sobreviviría ante tal imagen, o más bien, acabaría con una erección delante de sus amigos y compañeros de trabajo, y entonces sí se moriría.
Con todas las fuerzas que tiene, se mira al espejo y se promete sobrevivir esto, sea como sea. Se moja la cara con un poco de agua y coge la toalla, que casi se olvida por culpa del pánico.
Al salir hacia la terraza, Eric sigue en el mismo sitio, hablando con los otros de algo que Joan no llega a procesar. Sigue igual de mojado y, además, con las gafas puestas. Le entrega la toalla y se sienta rápido, para poder concentrarse en el juego y no en lo apretados que empezaba a sentir los pantalones.
—Pedri te toca, ¿no? —Intenta cambiar el tema para poder continuar con la partida y poder superar este momento tan duro. —Eric, siéntate de una vez.
—Pero sigo mojadísimo y Pedri no me deja quitarme la ropa.
—Es parte del reto. —Justifica el canario.
—Pues ponte la toalla en la silla para que vaya secando.
—Vamos, Eric, hazle caso. Que aparte, con el calor que hace, te secas en nada. —Se une Dani, bebiendo sorbo de su cubata, que también tiene ganas de seguir jugando.
Eric se sienta sobre la toalla, pero igualmente empapa todo el suelo que rodea la silla.
Pedri tira el dado y le sale un cuatro. Mira sus fichas, una en la casilla treinta y cuatro, la otra en la veintidós. No sabe cómo, pero aun con lo borracho que va, es capaz de ver que si mueve una tendrá verdad y si mueve la otra tendrá reto, y él quiere divertirse.
—Muevo esta. —Dice mientras mueve la ficha de la casilla treinta y cuatro a la treinta y ocho. —Darme un buen reto, que me lo merezco. Que aún no he hecho nada, aparte de beber y pensar vuestros retos.
—Yo tengo uno. —Dice Eric con tranquilidad.
—Dispara. —Le contesta Pedri, mirándolo fijamente y haciendo como que le dispara con la mano.
Sin decir nada, se levanta y se dirige a la cocina, creando un pequeño río por toda la casa, ya que seguía empapado. A los segundos volvió con algo entre las manos y lo colocó delante de Pedri. Era un helado de hielo sabor a limón del Mercadona.
—Tienes que meterte todo el helado en la boca con máximo tres mordiscos, y cuando esté entero dentro, tendrás que comértelo sin dejar que caiga de tu boca.
Los tres se quedaron boquiabiertos por la frivolidad con la que había dicho el reto, sin dejar de mirar ni un segundo sus ojos y sin parar a respirar.
—Es un poco rebuscado, ¿no te parece? —Interviene Dani, siendo la voz de la sensatez, por primera vez en toda la partida. Eric se giró a mirarlo.
—Me ha hecho enviarle una foto polla a mi madre.
—Lo haré. —Les interrumpe Pedri, lleno de convicción.
Y sin miramientos coge el helado y lo saca del envoltorio. Lo miro un poco; no era lo que se llama pequeño, pero un reto es un reto y no iba a ser una gallina. Le da el primer bocado; sí que estaba frío. Le da el segundo; le duelen un poco los dientes por el frío del hielo. Le da el tercer y último bocado, con la boca llena y los mofletes bien hinchados. Intenta morder los trozos de hielo con sabor a limón, pero como tenía la boca tan llena, casi no podía mover la lengua. Se llevó las manos a la boca para impedir que ningún trozo se le cayera. Y aunque le dolían los dientes, la lengua y el cerebro por el frío, no dejó que eso le parara.
Por el calor de su boca, los trozos empezaron a deshacerse un poco, lo que le ayudó a tragar y vaciar un pelín su boca. Levantó la vista y vio a sus tres amigos riéndose y a Eric con el móvil, grabando. El problema no fue ese, el problema fue cuando hizo contacto visual con Dani. Sin poder evitarlo, los dos empezaron a reírse a carcajada suelta. Eso provocó que Pedri escupiera todo el helado que tenía en la boca y empezara a toser. Cosa que hizo que todos se rieran más. Dani se le puso a dar golpes en la espalda para que dejara de toser. Joan estaba rojo como un tomate, apoyado sobre Eric, ya que no podía mantenerse recto de la risa. Eric, aunque también se reía, estaba muy concentrado en grabar toda la escena.
—Qué asco, tío. —Se ríe el defensa, parando el video y guardando su teléfono. —Luego tendrás que limpiarlo.
—Como si tú no tuvieras que fregar toda la casa. Hay más agua aquí que en la piscina. —Se le queja Pedri, quien aún no notaba su boca.
—Con el calor, el agua se seca; el helado, en cambio, dejará el suelo pegajoso. —Le dice Joan, con total obviedad.
—Yo creo que tu castigo por no haber conseguido el reto es limpiar lo que has escupido. —Dicta Dani, muy convencido.
—No lo he conseguido porque tú me has hecho reír. —Se queja Pedri, muy indignado.
—¿Quién vota que Pedri tiene que limpiarlo como castigo por no haber cumplido el reto? —pregunta Eric al aire. Los tres levantan la mano.
Rendido, Pedri se levanta para ir a por la fregona y limpiar el pequeño estropicio que había provocado. —A la próxima elijo verdad. —Refunfuñó cuando nadie lo escuchaba. Una vez todo limpio, volvió a sentarse en su sitio. Permitiendo seguir con la partida.
Era el turno de Dani, el cual sacó un cinco, consiguiendo su segunda ficha, la cual puso en la casilla treinta y nueve. Como Joan había quitado la norma del salvens, se quedó sin chupito, pero lo arregló bebiéndose un trago largo de su cubata.
—Joan, te toca. —Le dijo Dani, entregándole el dado.
Joan tiró y le salió un cuatro. Movió su pieza de la casilla sesenta y seis a la dos.
—Verdad. —Anuncia Pedri, señalando la hoja de normas, específicamente, donde estaba la chuleta de los números.
—Yo tengo una pregunta. —Dice Dani, demasiado borracho como para plantearse si era apropiada. —¿Por qué rompiste con Anna?
Joan se queda tieso.
—Es verdad. No nos explicaste nada. Simplemente dijiste que se acabó y puff, nada más. —Se le une Pedri, que también tenía curiosidad por el chisme. —Y han pasado casi dos meses.
Eric miró a Joan. Lo vio muy tenso. Una parte de él quería intervenir y decir que hicieran otra pregunta, que Joan no tenía que explicarnos nada que no quisiera. Pero había otra parte que quería saberlo, necesitaba saber el porqué. E iba demasiado borracho como para escuchar la voz sensata de su cabeza y decidió quedarse en silencio.
Joan, al ver la expectación de los dos chicos delante de él y cómo Eric no decía nada para salvarlo, entendió que no tenía escapatoria.
—¿Queréis la historia corta o la larga?
—La larga. —Contestaron los tres a la vez.
—De acuerdo. —Dio un suspiro largo y se pasó las manos por la cara, para ver si eso le dejaría estar un poco más sobrio. —Todo empezó cuando me vine al Barça, hace casi un año. —Se sentó bien. —Fui yo quien rompió con ella. Realmente no hay historia larga, simplemente me di cuenta de que ya no la quería, y además… —Levanta la cabeza y, sin querer, busca con su mirada a Eric. —quería a otra persona. —Al darse cuenta de que estaba mirando al defensa, desvió su mirada para mirar solo a los dos centrocampistas. —No era justo seguir con ella cuando pensaba en otra persona. —Sentía que tenía la garganta seca, así que bebió un poco de su cubata, que de poco le sirvió. —Así que se lo expliqué, que me había empezado a gustar alguien más. Obviamente, ella estaba destrozada, pero me dijo que podíamos con ello. Y se lo dije, que ya no la quería; tuve que hacerlo, no era justo para ella. —Unas lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. —Por eso no le he escrito antes, no sería justo para ella, ya le he hecho suficiente daño. —Se limpia las lágrimas de la cara y suelta una pequeña risa amarga. —Parece que últimamente solo sé hacer daño a la gente que me quiere, primero a los pericos que me han querido y apoyado durante tantos años, y ahora a ella, que también ha hecho lo mismo. Les muerdo la mano a los que me dan de comer.
—Eh, eh, eh, Joan, no digas eso. —Eric se pone a su lado, abrazándolo muy fuerte, arrepintiéndose de no haber parado la prueba y haber dejado que llorara de esta manera; se sentía culpable. Joan esconde su cara en el cuello ajeno. —No has hecho nada malo. De acuerdo. —Le da un pequeño beso en su cabello y Joan le abraza más fuerte.
—El amor es algo que no se puede controlar. —Suelta, Dani. —Y nunca es algo malo.
—¿Nos puedes decir quién es esa persona que te gusta?
—¡PEDRI! —Le gritan tanto Eric como Dani. Joan no dice nada, pero sonríe.
—¿Que? Podríamos ayudarle a conquistarla.
—No hace falta. —Joan se vuelve a sentar bien, alejándose del abrazo de Eric, y acaba de limpiarse las lágrimas que le quedaban en la cara. No tuvo el coraje para decirles que no era una chica, sino un chico, porque eso llevaría a preguntar quién es. Y aún no estaba preparado para verbalizar sus sentimientos por el chico que tenía a su lado.
—¿Al menos nos puedes decir si la conocemos? —Prueba Pedri por última vez.
Los tres miran al portero con ganas de saber la respuesta. Joan sonríe ampliamente.
—Eric, te toca. —Los tres hacen sonidos de insatisfacción. —No os quejéis que ya os he contestado a la pregunta. Además, hemos venido aquí a jugar y a pasarlo bien. Así que cambiemos de tema y sigamos jugando. Por favor.
Al ver los ojitos rojos de llorar de Joan, Eric no fue capaz de decirle que no, así que cogió el dado y lo tiró. Sale un seis; decide mantener la barrera y mover la otra pieza.
—Tienes que romper la barrera —pregunta Dani.
—No. —Le contesta Eric.
—¿Cómo que no?
—No escribiste esa norma. No tengo que hacer algo que no está explícito que se tenga que hacer. —Argumenta, mientras bebe un trago de su cubata.
Vuelve a tirar el dado y vuelve a salir un seis. Decide volver a mover la misma ficha. Coge el dado para volver a tirar.
—Si te sale otro seis, pierdes el turno. Eso sí que está escrito en las normas. —Le dice Dani.
Sin hacerle mucho caso, tira por tercera vez y le sale un tres. Mira a Dani: —¿Decías algo? —y avanza la ficha hasta la casilla treinta y nueve.
—Es impar, así que no tengo que hacer nada.
—Llevas tres rondas sin romper barrera. —Le interrumpe Pedri.
—¿Que?
—Tres. —Pedri le enseña tres dedos de su mano. —Tres rondas. Las normas dicen que tienes que quitarte algo de ropa o tienes que dibujarte un pene en la cara.
—¿Decías algo? —Repite Dani la frase que le había dicho Eric con tono burlón.
Eric suspira derrotado y se quita la camiseta, la cual aún goteaba un poco, y la tira a un lado. Dani le dice que luego la tendrá que recoger, mientras Joan se le queda mirando unos segundos de más. —Bueno, Pedri, te toca. —Dijo cuando se dio cuenta de que estaba mirando de más, para cambiar el tema. Para su suerte, solo Dani se dio cuenta, quien solo rio un poco, pero no comentó nada.
Pedri tiró el dado y le salió un tres. Sin pensarlo mucho, movió la ficha que tenía más cerca de él y, como cayó en impar, no tuvo que hacer nada.
Aunque ellos no llevaban la cuenta, Dani iba a empezar la dieciseisava ronda de la partida. Tira el dado y sale un tres. Decide mover su ficha más avanzada hasta la casilla cincuenta y ocho.
—Verdad. —Dicta Pedri. Se había adjuntado el rol de mirar si tocaba verdad o reto.
Eric levanta la mano. Pedri le cede la palabra.
—¿Por qué nos has invitado a jugar a esto?
—Para pasar un rato juntos y pasarla bien antes de volver al curro. Ya os la he dicho antes.
—No. Eso es lo que nos has dicho, pero no creo que sea la razón real.
Dani se le queda mirando, pero no dice nada y eso lo delata.
—No estoy entendiendo nada. —Se queja Joan. —¿Por qué nos has invitado, si no es para jugar?
—Tengo una teoría, de hecho son varias, pero están relacionadas y quería ver si son ciertas. Todo es más fácil que pase si hay un poco de alcohol de por medio.
—Vale, esto me está dando un poco de miedo. No nos habrás echado algo en la bebida. —Le pregunta Joan, emparanollado.
—No, tío, hostia. No os haría eso. Solo quería comprobar unas cosas mientras pasaba un buen rato con vosotros. En serio, nada más.
—Pues dinos cuáles son tus teorías, para comprobar que tiene sentido lo que nos estás diciendo. —Le dice Eric, estirando del hilo.
—No puedo hacer eso.
—¿Por qué no? —le reclama Eric.
—Imagínate que expongo una y es cierta; podría poner a alguien, presente o no, en un compromiso. No sería justo para esa persona. — Ve las caras de sus amigos, mirándole desconfiados. —Mirar, realmente quería pasar un buen rato con vosotros y aprovechar para hablar de temas que no solemos hablar porque somos hombres fuertes que no hablan de sus problemas o emociones. Mi plan no era forzaros a hacer nada, simplemente tener un espacio donde poder ser vulnerables; y el alcohol ayuda a relajar. Si queréis, podemos dejar de jugar, pero, porfa, no os enfadéis conmigo.
Joan, que era el que peor se lo había tomado al escuchar que Dani tenía “intenciones ocultas” detrás de invitarlos a jugar, no dijo nada, simplemente cogió el dado.
—Me toca a mí, ¿no? —pregunta, cambiando de tema.
—Sí. —Le confirma Eric.
—Pero tira rápido, que siento que está volviendo mi suerte. —Se queja Pedri.
—¿Volviendo?, querrás decir apareciendo por primera vez. —Le vacila Eric.
Los dos empiezan a vacilar. Joan aprovecha para regalarle una sonrisa a Dani, quien le susurró un pequeño “gracias”.
Joan tiró el dado y le salió un dos. Pedri dictó el veredicto: Reto.
—No puedo más con los retos. —Se lamentó el portero.
—No te preocupes, ya verás que a Pedri se le ocurre algo chill. —Le intenta animar Eric.
Dani se acerca a Pedri y le susurra al oído: —Se te ocurre algo.
—Déjame pensar. —Se lleva una mano al mentón, incrementando el funcionamiento de su cerebro. —Ya sé. Te vamos a pintar la cara con un rotulador.
—¿Qué? —se queja Joan. —Pero me saldrán granitos.
—No, no te saldrán granitos. Y te voy a pintar como un gato. —Le explica Pedri.
—Siiii. —Reacciona Eric, aplaudiendo emocionado. —Serás un lindo gatito. —Esto último lo dice mientras le acaricia el pelo como si fuera un gato. Joan le mira mal; aunque está con las mejillas un poco sonrojadas, deja de quejarse.
No se sabe en qué momento ha salido, pero Dani reaparece con un rotulador negro en la mano y se lo entrega a Pedri. Este le dibuja un par de orejas en la frente, tres bigotes en cada mejilla y una nariz triangular. Durante el proceso, Eric mira atentamente cada detalle que va apareciendo en la cara del portero.
—Esto se va a ir, ¿verdad? —pregunta Joan cuando ve que por fin Pedri deja de pintujarrearle la cara.
—Claro que sí. —Le dice Dani, mientras lee cómo en el rotulador pone que es permanente. —Probablemente.
Eric coge su teléfono y se pone a hacerle fotos desde muchos ángulos diferentes.
—Le vas a gastar la cara. —Bromea Pedri.
Le mira mal, pero como ya tenía unas cincuenta fotos, decide guardarse el móvil.
—De acuerdo, me toca. —Dice Eric cogiendo el dado y le sale un cuatro. Viendo sus fichas, ve que haga lo que haga no tendrá que hacer nada, así que decide romper la barrera que tenía en la casilla número cinco. Y de paso dejaba seguir avanzando a Joan.
—Por fin me toca. —Dice Pedri, agarrando el dado. Le sale un uno y, sin pensarlo, mueve una ficha que ve que es de su mismo color. —Eso es verdad. —Declara, picando dos veces la hoja de normas.
—¿Qué tal China? —pregunta sin pensar mucho Joan, para evitar parar el juego pensando preguntas y para no volver a distraerse mirando a Eric, que seguia a su lado sin camiseta y con las gafas puestas.
—Bien. —Y se queda tan pancho con su respuesta, dándole el dado a Dani.
Dani, lleno de incredulidad, primero mira el dado y luego al canario.
—¿Y ya está? ¿Solo vas a decir eso? ¿Bien? —se le queja Dani, pasando de cogerle el dado.
—No sé qué quieres que te diga, fue bien.
—No sé, me esperaba algo un poco más elaborado.
—Pero si ya lo visteis todo. Que, por cierto, los stickers de los cojones ya no tienen gracia.
Eric se ríe al recordar la cantidad de memes y stickers que había visto del viaje de sus amigos. —Sí las tienen. Siempre van a tener gracia.
—¿Pero ya está? —continúa quejándose Dani. —Te fuiste con tu familia y con Alejandra. No pasó nada especial. O algo que te chocara, de una vivencia, del país, algo.
—No. Bueno, sí que había cosas raras. Estamos hablando de China. Pero, no sé. Estuvo bien.
—Eres increíble. Increíble. —Con indignación, coge el dado y tira, abandonando la conversación que le estaba sacando de quicio. Le sale un uno y como queria relajarse antes de continuar jugando, sobretodo sabiendo la clase de pruebas que le podrían llegar a poner movió su ficha que estaba en par, para caer en impar y librarse.
—Joanet, tu turno. —Dani le entregó el dado.
Lo tira y le sale un seis; avanza hasta la casilla diez. Lo vuelve a tirar y le sale otro seis; avanza hasta la casilla dieciséis. Habiendo visto la suerte que había tenido el portero durante toda la partida, los otros no dicen nada y solo observan cómo sigue avanzando. Con toda la tranquilidad del mundo, tira por tercera vez y le sale un cuatro; moviendo la ficha a la casilla veinte.
—Reto. —Anuncia Pedri.
Rompiendo la tradición de que Pedri eligiera las pruebas, Dani interviene.
—¿Sabes abrirte de piernas?
Joan asiente.
—Pues ábrete de piernas.
—Qué reto de mierda, Dani. —Se queja Pedri. —Podríamos haber aprovechado para que hiciera algo vergonzoso como un striptease o algo parecido.
Eric los mira de golpe al escuchar la idea que proponía el canario, pero nadie se da cuenta.
—Qué pena que ya me hayáis pedido que me abra de piernas; la próxima será. —Se queja Joan, con un tono sarcástico, mientras se levantaba para hacer el reto. —Tengo un problema. No puedo hacerlo con los tejanos.
—Pues quítatelos. —Le aconseja Pedri. Joan se lo piensa un poco. —Eso o cambiamos el reto al baile.
Al escuchar eso, Joan tarda cero coma en quitarlos y dejarlos dobladitos en su silla.
Por un segundo, al escuchar la propuesta de Pedri, Eric entró en pánico; no hubiera sobrevivido un baile de Joan; solo de imaginarlo se le ponía la piel de gallina y le subían los calores. O más bien, le bajaban. Pero no tardó en darse cuenta de que lo que estaba a punto de suceder era igual de malo para su salud.
Joan empezó a bajar, abriendo dolorosamente, lentamente, las piernas. Esas largas piernas que tenía. Las cuales llevaban a un pequeño, aunque tonificado, culo. El cual se podía ver perfectamente, sin dejar nada a la imaginación gracias a los slips que llevaba. Eric dio gracias de que estuviera de espaldas y solo estuviera viendo la silueta de su trasero. Porque si se ponía a pensar en lo que tenía delante o cómo se vería en esta misma postura, pero en una cama, solo con él y sin ningún calzón que tapara nada.
Eric no podía más, su cerebro borracho le estaba llevando a un sitio al que no toca ir cuando estás con tus amigos delante y, el pobre, se encontraba a medio segundo de tener una dolorosa erección ahí mismo. Ante esta situación, decide darse la vuelta y mirar al frente. Mala idea porque se encontró con la sonrisa de sabiondo de Dani, el cual le dijo sin voz que se limpiara la baba.
—Tada. —Dijo Joan, para después levantarse del suelo de un salto.
—Podrías quedarte así lo que queda de noche. Entre tus piernas desnudas y tu cara de gatito estás muy sexy. —Bromea Dani.
—Si quieres, también me quito lo que me queda de ropa. —Le sigue el juego Joan.
—Sí, por favor.
“No, por favor”, rogó Eric. Quien había tenido que ponerse la toalla de la silla como manta, para poder tapar su entrepierna. Por suerte, Joan rodó los ojos y empezó a ponerse los pantalones. Aprovechando que su situación no tenía remedio, aprovechó para mirar por última vez la imagen de Joan sin pantalones.
Dani se rió. —¿De qué te ríes? —le preguntó Joan.
—De nada. De nada. —Pero miró a Eric con cara de “te he pillado”.
Rojo como un tomate, Eric cogió el dado. —Bueno, me toca. — Joan se sentó en su sitio, a su lado.
Aunque no lo mostró, Joan estaba un poco decepcionado; había esperado alguna reacción por parte de Eric. El pobre no se dio cuenta de todo lo que había provocado en el defensa.
Eric tiró el dado y le salió un dos. Como tenía todas las piezas en impar, daba igual lo que hiciera, así que movió la misma ficha con la que había roto la barrera, llegando a la casilla once.
Es el turno de Pedri. —Esta va a ser mi gran jugada, ya vais a ver. —Dice mientras tira, y va el dado y cae mostrando el seis. Mueve su pieza que estaba más hacia atrás. —Toma ya, un seis. — Vuelve a tirar el dado y sale otro seis. —Os lo dije, que esta es mi ronda, capullos. —Vuelve a mover la misma ficha, creando una barrera junto a la que estaba más adelantada. Los otros se rieron por la reacción del menor, pero nadie dijo nada, dejando que tuviera su momento de gloria. Tira por tercera vez y sale un cinco. —Un cinco. UN CINCO. He sacado los mejores números posibles y, aparte, voy a sacar otra ficha. Mi tercera ficha. VAMOS. —Saca la tercera ficha, poniéndola en la casilla veintidós.
—Entonces, ¿qué te toca? —le pregunta Eric.
—¿Qué? —Levanta la cabeza del tablero y ve cómo todos le están mirando con ternura. —¿Por qué me miráis así?
—Por nada. —Se ríe Eric. —Según el papel que te toca, me da pereza pensar si treinta y ocho es múltiplo de cuatro.
—Ah, sí. Sería verdad. —Le contesta Pedri, mirando la hoja de normas.
—Ya que hemos quitado la norma de salves, tu ficha nueva contaría como ficha normal. Y como está en el veintidós, también tocaría algo.
—Entonces me toca. —Pedri quería marcha. Y si eso significaba responder dos verdades en vez de una, que así sea. Busca el número veintidós en las normas. —Doble verdad. ¿Se os ocurre alguna pregunta?
—Yo tengo una. Hay un tema… No he podido no darme cuenta de una cosa, pero no sé si será demasiado. —Dice Eric, lo cual es raro, porque no es de los que suele plantearse si sus intervenciones van a molestar a sus amigos; al contrario, intenta que siempre molesten.
—Pregunta. Sin miedo. Aprovecha que estoy contentillo y te voy a contestar sin tapujos —le anima Pedri.
—De acuerdo. ¿Por qué estás enfadado con Ferran? —le pregunta curioso Eric.
—No estoy enfadado con Ferran —intenta defenderse Pedri, pero su voz se quiebra con un tono de tristeza al decirlo. Él mismo se da cuenta de que ha sido descubierto y en realidad quiere explicarlo y sacar el peso que lleva dentro desde que se enteró de la noticia.
—Siento… —Coge una bocanada de aire. —Tengo la sensación de que me ha abandonado. Que irse al PSG ha sido su forma de decirme que ya no me aguanta y no me quiere en su vida.
—Pedri… —No sabe quién está intentando ser una voz sensata y tampoco le importa, porque no le va a dejar hablar.
—Ya sé que no es así. Lo sé perfectamente. Pero no puedo dejar de sentir que sí. Que es algo personal contra mí. —Se pasa las manos por su pelo, buscando ordenar sus pensamientos. —Justo después del mundial, antes de irnos de vacaciones y de que se firmara nada, tuvimos una pelea. Nunca nos peleamos; no sé qué pasó. Lo único que sé es que nos dijimos cosas muy feas y él me dijo que lo estaba dejando de lado y que lo estaba abandonando. Al día siguiente actuamos como si nada y luego nos tuvimos que ir; yo tenía mi viaje a China con Alejandra y él se iba a Ibiza con Llorente. Hablamos como si nada, como siempre, y luego salió la noticia de que se iba. De que yo no lo abandonaba, que era al revés, que era él el que me abandonaba a mí. Y… estoy muy enfadado, y me siento traicionado y lo echo tanto de menos. No entiendo por qué se ha ido al PSG y me ha abandonado. —El canario acaba con los ojos llenos de lágrimas.
—Pedri, no te ha abandonado. —Intenta animarlo, Dani. —Simplemente vio una buena oportunidad para su carrera y se arriesgó. Como ha hecho Joan. —El mencionado se queja por la comparación.
—No, se ha rendido y me ha abandonado.
Se creó un pequeño silencio.
—Pedri. —Esta vez habla Joan. —Seguramente sea un malentendido. Y las cosas que os dijisteis solo fueron cosas del enfado del momento. Y nada de esto tiene que ver contigo.
—No lo entendéis, me dijo… Me dijo que lo había abandonado para estar con Alejandra. Que le había dejado de lado en el momento que me había echado novia.
—Eso no es verdad. —Le dice Eric.
—Ya sé que no es verdad. Y entonces nos gritamos y… —Pedri dejó de hablar por un momento. —Nos acabamos besando. Y luego actuó como si no hubiera pasado nada.
Otro silencio se creó en la sala.
—¿Esto lo sabe Alejandra? —pregunta Joan.
—Claro que lo sabe.
—¿Y le parece bien? —vuelve a preguntar el portero.
Entonces Pedri estalla. Entre los recuerdos, la rabia, el dolor y el alcohol, no podía más.
—ALEJANDRA ES LESBIANA. —Solloza Pedri y luego, mirando hacia abajo y tapándose la cara con las manos para esconder su llanto, dice casi susurrando. —Y yo soy gay. —Aunque lo dice muy bajito, los otros tres le escuchan. Nadie sabe cómo reaccionar, nunca habían visto a Pedri tan mal. —Tenemos una relación violeta.
—Dirás lavanda. —Le corrige Eric, sin poder contenerse.
—ESO MISMO HE DICHO.
Joan le da un golpe en el brazo: —¿No ves que está mal? No le tienes que corregir ahora.
—Perdón. —Aunque la disculpa iba más dirigida hacia Joan que hacia Pedri.
—Se lo iba a decir. Que no era de verdad. Incluso lo hablé con Alejandra, para saber si le parecía bien decírselo, y me dijo que sí. Y… y… —Pedri duda si decirlo, pero tiene demasiado alcohol dentro de su cuerpo como para frenar a su boca. —Y le iba a decir que lo quiero. Mucho más que un amigo. Y que quiero besarlo, y agarrarle de la mano, y follar, y ganar la puta Champions de los cojones juntos de una puta vez y llegar a ser yayitos que les dan pan a las palomas. Pero él ha preferido irse antes de que pudiera decirle nada de esto. —Hace una pequeña pausa para coger el aire que le faltaba. —Y me ha abandonado. —Vuelve a romperse, llorando a moco tendido.
Durante unos segundos nadie dice nada. La mente borracha de Pedri se da cuenta de todo lo que ha dicho y empieza a entrar en pánico. Les acaba de decir que está enamorado de su mejor amigo, de un compañero y, que a más, es gay. Acaba de salir del armario y seguramente le odian. Porque liarte con otro hombre de fiesta puede ser una broma entre colegas, pero ser homosexual es otra. Seguramente les daba asco haber compartido vestuario con él todo este tiempo y que es un depravado.
Entonces sintió como unos brazos lo envolvían. Después otro par, hasta que sus tres amigos le abrazaban tan fuerte que sentía que los pedacitos de su corazón volvían a juntarse, sintiéndose un poco menos roto.
—¿No me odiáis? —preguntó lleno de miedo.
—¿Por qué te íbamos a odiar? —le pregunta Dani.
—Porque soy gay
—No. Claro que no. ¿Cómo te vamos a odiar por eso? —Escuchar esas palabras hizo que todo el miedo que tenía dentro se deshiciera y todas las lágrimas aguantadas volvieran a salir, volviendo a sollozar. —Eres nuestro amigo y te queremos muchísimo. Seas como seas y quieras a quien quieras. Vale. —Dani se aparta un poco del abrazo para poder mirar a Pedri a los ojos. —Y quiero disculparme por si alguna vez te he hecho creer que no me lo podías contar o que te iba a odiar por ser quien eres.
Pedri no podía parar de llorar y se dejó mimar por sus amigos.
—Pedri. —Empezó Joan. —Sabes que antes me has dicho que me ayudarías para conquistar a la chica que me gusta. —Sin saber por qué decía eso Joan, Pedri le dice que sí. —Te he dicho que no, porque no era una chica. Hace unos meses me he dado cuenta de que también me gustan los chicos.
Los ojos de Joan también se llenan de lágrimas. Eran las únicas personas, aparte de su ex, a las cuales les había dicho eso. Dani y Eric se separan del abrazo con Pedri y este abre los brazos para poder abrazar al portero, quien se une al abrazo. Los dos vuelven a empezar a llorar, esta vez de alivio, sintiéndose un poco menos solos y un poco más comprendidos.
—Pues ya que estamos. Yo también tengo algo que decir. —Todos giran sus cabezas para mirar a Eric, el cual estaba de pie, al lado de la silla de Pedri. —También soy gay. —Les dedico una sonrisa insegura. Joan y Pedri se separaron de su abrazo para ir hasta él y darle uno muy fuerte. Eric se dejó hacer, derritiéndose ante el contacto y escondiendo su cara en el cuello de Joan.
—Yo soy hetero… pero ¿puedo unirme al abrazo? —pregunta Dani.
Los tres le miran, luego se miran entre ellos, como pensando si le dejaban entrar al abrazo. Pero le acaban sonriendo y le abren los brazos para que se una. Y se quedaron ahí un rato.
—Aún te queda otra pregunta, Pedri. —Le recuerda Eric, que había decidido que estaba muy cómodo en el hombro del más alto.
—Yo tengo una. —Dijo Joan, quien apoyaba su cabeza sobre la de Dani. —Si tuvieras que vivir con uno de nosotros, ¿con quién vivirías?
Pedri se ríe contra el pecho de Joan. —Con todos. —Contesta después de pensar un poco. —Se llamaría la casa Domino.
—Bua, eso sería un desastre. —Dice Eric.
—Nos acabaríamos odiando. —Le sigue Dani.
—Sería superdivertido. —Declara Joan.
Se vuelve a crear un silencio cómodo dentro del abrazo grupal.
—Os quiero mucho, tíos. —Les dice Pedri. Lo que provoca que tres pares de brazos lo achuchen tan fuerte, que sentía que le iban a salir los ojos como aquellos juguetes.
Por fin se separaron. —Bueno, vamos a seguir jugando, que me toca a mí. —Dice Dani, sentándose en su silla. Cada uno se sentó en la suya, con una sonrisa en el rostro, alguna que otra lágrima seca en la cara y con un peso menos en el pecho.
Dani coge el dado y le sale un cinco, ganando su tercera ficha. Como la primera casilla del rojo es el cincuenta y nueve, no tiene que hacer nada. Le pasa el dado a Joan, lo tira y le sale un seis. Pedri y Dani se empiezan a quejar de la suerte que tiene siempre Joan. Avanza las seis casillas y vuelve a tirar, sacando otro seis. Las quejas se intensifican.
—Oh, vamos, no es justo. —Se queja Dani.
—Anda, no os quejéis, que no tengo tanta suerte. Además, soy el único con una sola ficha en el tablero.
—Pero también eres el único con una ficha en el final. —Se une Eric, solo para vacilar al portero.
—Solo digo que si sacas un cinco ahora, nos tendrías que dar algo para compensar la diferencia de suerte. —Le sigue Pedri.
—¿Qué quieres que te dé? —le pregunta a Pedri, con tono de coqueteo.
Pedri se lo piensa. —¿Un beso? —Levanta las cejas de manera sugestiva. Joan se ríe. A Eric no le hace ni puta gracia.
Joan tira por tercera vez y le sale un uno. Mueve la ficha, la cual acaba en la casilla treinta y tres y sin ningún reto que hacer.
—Ooooh, yo que quería un beso. —Se queja Pedri de broma. Joan se vuelve a reír.
—Ven, que te lo doy igual. —Pedri se levanta y va hacia Joan, poniendo morritos. Joan le coge la cara con las manos y la tira hacia abajo, ya que él sigue sentado. El beso no dura más de dos segundos y no podría considerarse más que un pico. Cuando se separan, los dos se ríen.
—¿Qué te ha parecido? —bromea Pedri.
—El mejor beso de mi vida. —Le guiña el ojo Joan.
Por salud mental, Eric decide no mirar la escena y beber un largo trago de su cubata para intentar calmar los celos que estaba sintiendo. —Bueno, vuelve a tu asiento que me toca a mí. —Dice, para cambiar el tema de conversación antes de perder la cabeza por no haber sido él quien besara al portero. Dani se ríe cuando ve la reacción de su amigo y niega la cabeza con incredulidad.
Aun con rabia, coge el dado y le sale un seis. Sin decir nada, mueve la ficha que lleva moviendo tres turnos y vuelve a tirar; un uno. Vuelve a mover la misma ficha.
—Caigo en el dieciocho. Eso es verdad. —Le da un sorbo a su cubata, ya casi vacía. —¿Preguntar algo rápido?
—Yo tengo una. —Dijo rápido Pedri, sonriendo malicioso. —Ya que Joan ha confirmado que he sido el mejor beso que ha recibido nunca, quiero que nos digas quién crees que besa mejor del equipo. ¿Y por qué soy yo?
—Tú no eres el que mejor besa del equipo. —Le contesta Eric, riéndose por la tontería que había dicho Pedri. Este le mira con cara de asco.
—Dirás, ¿quién crees que besa mejor? —Les dice Joan con un tono de obviedad y negando con la cabeza, como si lo que había dicho Pedri fuera la tontería más grande del mundo.
Los centrocampistas conectan miradas y empiezan a reírse a carcajadas sueltas. Olmo empieza a dar golpes a la mesa. Pedri se cae de la silla. El portero no está entendiendo nada; mira a Eric, pero este solo se mira las manos, como si estas fueran la cosa más interesante del mundo.
—Ostia puta, esa sí que ha sido buena. —Dani se limpia las lágrimas, mientras Pedri aún se ríe.
—No estoy entendiendo nada.
—Joan, te quiero tanto. — El mayor del grupo respira hondo para acabar de calmar su corazón. — A veces se me olvida que no hace un año que viniste al Barça. Pero, este hombre, aquí donde lo ves. —Señala a Eric, quien hace señas con la cara para que se calle. —Es un pedazo de fresco.
Pedri, ya un poco más calmado, vuelve a sentarse en su silla. —Lo que Dani quiere decir es que Eric se ha comido la boca de casi todo el equipo.
—Eso es una exageración. —Intenta defenderse Eric, pero Joan le pone el dedo índice sobre los labios para callarlo.
—¿Vosotros os habéis liado con él?
—Sí. —Asienten los dos a la vez. —¿Tú no? —le pregunta Pedri sorprendido.
Con el ceño fruncido y con un pequeño puchero, el portero niega con la cabeza. Luego se gira para mirar a Eric, ahora con el ceño fruncido.
—¿Eso es verdad?
—Bueno, …
Dani le interrumpe. —Es como una especie de ritual de iniciación. No puedes ser parte del equipo si no te lías con Eric de fiesta.
—¿Tú te has liado con él?
Dani asiente. —Claro. Y antes de que digas nada, Laura me empujó a hacerlo, porque dijo que era importante formar parte del grupo. Sin su visto bueno, nunca lo hubiera hecho.
—¿Por qué lo dices como si hubieras sufrido por besarme? —se queja Eric, olvidándose por un segundo del meollo en el que se había metido.
—Oh, vamos. Beso de maravilla.
—Si tú te crees eso.
Antes de que pudieran seguir con su absurda discusión, Joan siguió con su interrogatorio.
—¿Tú también? —le pregunta a Pedri. Quien también asiente.
—De hecho, fue un beso de tres con Ferran el año que vinieron ambos del City. Creo que fue a partir de esa noche que empezó la tradición.
—Vale, una pausa antes de que contestes la pregunta. —Joan dice a Eric, muy serio. —Punto número uno: os habéis besado todos con todos…
—Todos con todos no, solo con Eric. —Interrúmpeme, Pedri.
—No me estás ayudando. —le susurra Eric. Joan suspira, para poder continuar con su monólogo sin volverse loco.
—¿Y os pensabais que alguien iba a ser homofóbico?
—Una cosa no tiene nada que ver con la otra. —Dice Pedri.
—Desarrolla.
—Una cosa es bromear con los bros y otra cosa es que haya sentimientos de por medio. Son cosas diferentes. Y como ya te hemos dicho, es como una tradición de iniciación. No es gay, si nadie envuelto es gay. —Argumenta Pedri con toda la convicción del mundo.
—Eso no tiene sentido. —Se queja Joan. —Primero, una tradición de iniciación es robar ropa o hacer un reto estúpido, no liarse con un compañero.
—Va bien para la cohesión de grupo. —dice Dani, pero Joan continúa sin hacerle caso.
—Segundo; si hubiera sabido esto, todo el miedo que llevo sintiendo este año, la sensación de soledad, no la hubiera tenido. Llevo casi un año acojonado por haberme dado cuenta de que soy bisexual. Pensaba que si alguien se enterara, me ibais a odiar y que mi carrera se iría a la mierda. Si hubiera sabido esto, me hubiera sentido mucho más… —Joan no sabe qué palabra poner; está demasiado abrumado por todas las emociones que está sintiendo: rabia, enfado, celos y, sobre todo, traición. Así que decide seguir su discurso sin acabar la frase. —Punto número dos: llevo un año con vosotros. Un año. Y me entero ahora de esto. ¿Por qué no me lo habíais dicho antes? —Les pregunta con la indignación visible en su voz.
—Yo pensaba que ya os habíais liado. —Se defiende Dani.
—Yo pensaba que esa era la razón por la que rompiste con Anna. —Le sigue Pedri.
Joan los mira, aún traicionado. Pero no ha sido, no han sido ellos los que le han hecho más daño. Gira la cabeza para mirar a Eric, quien ya lo estaba mirando.
—¿Por qué no me lo has dicho? —Le pregunta a Eric; esta vez su voz solo se escucha triste.
Eric no sabe qué decirle. Bueno, sí sabe qué decirle. Que no le había dicho nada por miedo a ofenderlo, por miedo a perderlo, a disgustarle. Que no le había dicho nada porque prefería no probar sus labios si eso significaba mantenerlo en su vida. Que no le había dicho nada por miedo al rechazo y al hacer realidad lo que ya sabe, que el portero no siente nada por él. Pero estaba paralizado. No pensó por un segundo que su decisión le doliera tanto a Joan. Así que respondió lo único que se le pasó por la cabeza.
—Tampoco me he besado con todo el mundo. —Se sintió estúpido nada más decirlo. Era el intento de justificación más tonto que podía haber dicho.
—¿Con quién no te has besado? —le pregunta Dani, quien no fue capaz de callar su curiosidad. —Aparte de con Joan.
Eric se queda callado un segundo, pensando la respuesta; tenía que haber alguien más con quien no se había besado.
—Con ninguno de los niños. Ni Lamine, ni Pau, ni Fort y ni Bernal. Ni con Rashford…
—¿No te liaste con Rashford? —pregunta patidifuso Dani.
—No. —Le corta rápido Eric y continúa. —Ni con Rooney, ni Gordon.
—En conclusión, ¿solo no te has besado con todos menos los niños y los que vinieron después de mí? —pregunta Joan, realmente dolido. —O sea, que soy yo el problema.
—¿Que? No. Claro que no. ¿Cómo… cómo vas a ser el problema? No… —No era capaz de ordenar todas las palabras que tenía en su cabeza; solo podía negar tal idea. ¿En qué mundo era Joan el problema?
—¿Entonces?
—No pensé que quisieras. Creí que te incomodaría y que me odiarías solo por plantearlo. No quise hacerte daño. De verdad. —Eric estaba desesperado. Él era el culpable de que los ojos del menor estuvieran tan tristes y no sabía qué hacer para solucionarlo.
—Da igual, sigamos jugando. —Joan necesitaba cambiar de tema. Se sentía dejado de lado, sobre todo por Eric, su persona favorita en el mundo. La persona por la que había dejado su vida para empezar de cero y había roto con su novia de toda la vida. Sabía que no podía poner el peso de sus decisiones sobre el hombro del mayor y que no quisiera besarlo no era culpa suya, pero no podía no sentirse dejado de lado y celoso.
—Perdón por haber hecho la pregunta. Realmente pensé que lo sabías. —Le dice Pedri, genuinamente arrepentido.
Joan le sonríe cansado y sin ganas. —No te preocupes, no es culpa tuya. No es culpa de nadie. Solo me he sentido un poco mal. En serio. Sigamos jugando y seguro que se me pasa. —Coge el dado y se lo da a Pedri. —Te toca a ti.
Con el ambiente un poco tenso por el turno anterior, Pedri tira y le sale un dos. Mueve la ficha que había conseguido en el turno anterior, avanzando hasta la casilla veinticuatro. Mira las normas y dicta qué le toca reto.
Al principio nadie dice nada, aún tocados por la conversación que acababan de tener. Joan está cabizbajo, Eric también; Pedri no puede ponerse un autoreto, eso solo dejaba a Dani como única mente pensante.
—De acuerdo. —Empieza el mayor. —Ya que estamos haciendo confesiones. Te reto a que llames a Ferran y le digas todo lo que nos has dicho antes.
Los tres le miran de golpe. —No. —Dice Pedri, horrorizado por la propuesta de su amigo.
—Sí. —Le contesta Dani. —Lo vas a hacer por tres razones. Uno; porque es el reto que te he dicho y no se pueden no hacer. Dos; se merece saberlo. Y tres; tú te mereces saber su verdad.
—Pero, ¿y si me odia? —le pregunta, esta vez con la voz llena de miedo.
—Pues pillaremos un avión e iremos a pegarle una paliza colectiva en grupo. —Pedri sonríe. Sabe que, aunque lo dice bromeando, serían capaces de hacerlo.
—Está bien.
—¿Estás seguro? —le pregunta Joan.
—Sí. Estoy seguro. —Pedri mira a Dani y le da el coraje para seguir adelante. — Quien tenga miedo a morir que no nazca. ¿No?
Saca el móvil y busca el contacto del valenciano. Se lo queda mirando, pensando por un segundo que le iba a decir. Cierra los ojos y coge aire, la deja ir, abre los ojos y pica a llamar, dejando el teléfono en manos libres encima de la mesa. Ferran coge la llamada antes de que se escuche el primer pitido. —Qué rápido —susurra Eric.
—Hola, Pedri. —Ferran se escucha animado en el otro lado de la línea.
—Hola. —Mira a sus amigos, pidiéndoles ayuda con los ojos. Estos le empiezan a hacer gestos para que hable. —¿Cómo estás?
—¿Qué reto te han puesto? —pregunta directamente Ferran, sin perder su ánimo.
—¿Cómo sabes que es un reto?
—Hace mucho que no hablamos. —Esta vez, sonaba un poco más triste, pero se recuperó rápido. —Pero no es una queja, me gusta que me llames.
—Si tanto querías hablar conmigo, me podrías haber llamado tú.
—Tienes razón. —Le contesta Ferran. —Pero no sabía si querías saber de mí.
Pedri deja de mirar el móvil un segundo para ver a sus amigos. Estos no dicen nada y no tenían planeado decir nada durante la llamada. Querían escuchar todo lo que iba a pasar.
—Entonces, ¿qué tienes que hacer? ¿O es solo llamarme?
—No. Eh, tengo… —Pedri se pasa las manos por la cara. —Tengo que contarte una cosa. Y quiero que me escuches sin decir nada hasta que acabe.
—Claro. Te escucho.
Pedri vuelve a respirar hondo con los ojos cerrados. Cuando los abre, ve cómo sus amigos le sonríen con los pulgares arriba, dándole ánimos.
—Cuando nos peleamos después del mundial, me dijiste que te estaba dejando de lado y luego nos gritamos y nos dijimos cosas muy feas y… nos acabamos liando. Y luego no hablamos de ello y te fuiste sin hablarlo conmigo antes. Sí me dijiste que te ibas y sabía que era una opción. Pero sentí que no me tuviste en cuenta y que fue culpa mía que te fueras. —Para un segundo para limpiarse las lágrimas que caían por sus mejillas. —Y se que seguramente no tenga nada que ver conmigo, pero que todo pasara después de nuestra pelea, después del beso. Sentí que huiste de mí. Sentí que me abandonabas.
—Dile lo otro. Lo que le ibas a decir antes de que se fuera. Que lo quieres. —A su lado, Dani le susurra muy bajito para que no escuchara Ferran. Pedri cogía una gran bocanada de aire.
—Y hay una cosa que no te he dicho. Ese beso significó mucho para mí. Yo… sé que piensas, bueno, todo el mundo lo piensa, que estoy muy bien con Alejandra, pero hablé con ella y me dijo que te lo podía decir. —Hizo una pequeña pausa para volver a coger el valor que necesitaba. —No es real. Mi relación con Alejandra no es real. A ella le gustan las chicas y a mí los chicos; bueno, a mí me gustas tú. —No se creía que lo acababa de decir. —Y pensé que después del beso, lo hablamos y te diría todo esto, pero primero le tenía que preguntar a ella si le parecía bien. Y para cuando ella me dio su visto bueno, tú ya habías firmado para el PSG y yo estaba en China a miles de kilómetros de ti. Y es por eso que no te he estado hablando tanto; tenía que gestionar un par de cosas, para no derrumbarme y todo eso. Y ya está, eso es todo.
Ferran no dice nada. Al cabo de unos segundos cuelga la llamada. En la terraza solo se escucha el silencio. Nadie procesa que el delantero haya colgado después de todo lo que le había dicho el canario. El corazón de Pedri se había acabado de romper, pero justo en el momento que iba a ponerse a llorar, aparece una llamada entrante de Ferran, esta vez una videollamada. Temblando, Pedri cogió la llamada.
—Hola. Perdón, necesitaba tener esta conversación mirándote a la cara.
Pedri, al escuchar su voz, se pone a llorar.
—¿Qué pasa? ¿Qué ha pasado? —¿Por qué lloras? —La voz de Ferran salió desesperada al ver las lágrimas del centrocampista.
—Me has colgado. Pensé que… —Pero no pudo acabar la frase por culpa del llanto.
—¿Que? No. No, no, no, no, no. Solo quería verte, así que he colgado para hacer videollamada. Pedri, perdóname, no he querido asustarte. No llores, por favor, bebe. —Al escuchar el sobrenombre, no puede llorar un poco más fuerte. —¿Puedo hablar ya?
Sin decir nada, Pedri le dice que sí con la cabeza.
—Te quiero. —Pedri vuelve a sollozar. —Te quiero muchísimo. No te lo había dicho antes porque tenía miedo de que no sintieras lo mismo. Te amo desde el día que nos conocimos y hasta hoy. El mejor día de mi vida fue aquella fiesta donde nos dimos aquel beso de tres con el idiota de Eric. —El mencionado está a punto de quejarse, pero Joan se adelanta y le tapa la boca con su mano, para no romper el momento. —Y luego nos volvimos a besar después de esa discusión tan tonta y no tuve el valor de decírtelo. —Hace una pequeña pausa. —Me hubiera encantado decirte todo esto en persona. —Hace otra, para organizar en su mente todo lo que quiere decirle. —Pero quiero que sepas que no fue por ti que me fui. ¿Vale? Ya lo había decidido antes del beso, pero no tuve el coraje para decírtelo antes. Lo siento mucho. No quise… no quise hacerte daño, pero me tenía que ir. Y te echo tanto de menos. —Ferran empezó a llorar también. —Y ahora que me dice que tú sientes lo mismo, solo quiero abrazarte y besarte y tocarte y…
—No hace falta que digas qué más le quieres hacer. —Le corta Eric. Quien recibe una colleja de Joan, pero una pequeña risa de Ferran y Pedri.
—Hola, chicos, no sabía que estabais aquí. —Les saluda Ferran un poco avergonzado y limpiándose las lágrimas de la cara con una mano, mientras con la otra sujetaba el móvil.
—Ha sido muy bonito, Ferran. —Le dice Joan.
—Un poco ñoño, pero ha estado bien. —Comenta Eric.
—Si quieres, podéis ir a una de las habitaciones de invitados y habláis con un poco más de intimidad. —Le propone Dani a Pedri.
—¿Y qué pasa con el juego? —pregunta Pedri.
—No te preocupes, ya nos las apañaremos sin ti. —Le contesta Dani, acabando de quitarle las lágrimas de la cara.
—Tampoco es que estuvieras haciendo mucho en el juego. —Bromea Eric. Pedri le saca la lengua mientras se levanta para irse con el móvil.
—Adiós, chicos. —Se escucha cómo se despide Ferran desde el teléfono.
Se quedaron Dani, Eric y Joan en la terraza.
—Pues te ha salido bien la jugada. —Le dice Eric a Dani.
—Sí. —Le responde cogiendo el dado. —Pero espero que no me ensucie mucho la habitación con lo que sea que acaben haciendo por el teléfono.
Los tres se ríen y Dani tira el dado. Le sale un cuatro. Tiene dos opciones: si mueve la primera ficha, le tocará hacer un reto, pero si mueve la segunda, no tendrá que hacer nada. Y entre que empieza a estar cansado y que hay otra cosa que quiere conseguir, prefiere ir a lo seguro y caer en la casilla impar.
—Joanet, tu turno. —Le dice, entregándole el dado.
Joan tira el dado y este cae mostrando el tres. Mueve su ficha, avanzando hasta la casilla treinta y seis. Los tres se miran, sin saber bien bien qué toca.
—Ya que no está Pedri para hacer los honores. —Dice Eric, mirando la hoja de las normas. —Te toca reto. —Joan asiente al escucharlo, aún un poco incómodo por la discusión que había tenido con el defensa el turno anterior. —Se nos ha ido la mente pensante. ¿Se te ocurre algún reto? —le pregunta a Dani.
—De hecho, sí. —El centrocampista mira un segundo a Joan, luego a Eric. —Para resolver el conflicto de antes, os podríais besar.
Eric se atraganta con su propia saliva, a Joan casi se le salen los ojos y ambos se pusieron igual de rojos nada más escuchar la idea del centrocampista. El defensa está sin habla, en shock por lo propuesto por su amigo. Llevaba un año posponiendo esto por miedo a cómo reaccionara Joan y solo de pensar en poder probar esos labios, provocaba que un nudo se creara en su estómago y que no pudiera pensar en nada más.
—No sé si es buena idea. —Dice Joan. En su cabeza estaba seguro: el silencio de Eric era sinónimo de rechazo. Que no quería nada con él, sino, ¿por qué no le había dicho nada sobre la tradición de los besos?
—¿Y por qué no? —insiste Dani.
—Bueno, porque… no creo que Eric se sienta cómodo. —Al escuchar su nombre, Eric sale del trance en el que estaba y clava su mirada en los ojos del portero.
—¿Qué?
—Que no creo que te sintieras cómodo besándome.
—Sí estoy cómodo. —Asegura más rápido de lo que sería normal. Lo que provocó que Joan aún se pusiera más rojo, por imposible que pareciera.
—Entonces, si ambos estáis cómodos. —Se une Dani a la conversa. —Así, aunque sea un año más tarde, podrás hacer la iniciación al club. —Bromea para quitarle hierro al asunto.
—De acuerdo. —Dice Joan y gira su cuerpo hacia Eric, para facilitar el beso.
Eric le mira, primero los ojos, para después bajar su mirada a los labios del menor. Al hacerlo, no puedo evitar lamerse los suyos. Con mucho esfuerzo deja de apreciar la boca del portero y gira la cabeza hacia Dani. —¿Podríamos hacer el reto en el sofá? —No era capaz de decir la palabra beso, no fuera a ser que se despertara de un sueño muy bonito. —Estaremos más cómodos. —Le asegura a Joan, volviendo a mirarlo.
—Pues vamos al sofá. —Dice Joan, levantándose de la silla, para ir al sofá que se encontraba en la misma terraza, pero unos metros a la derecha. Eric le sigue y se sienta a su lado.
Ambos se miran y se sonríen nerviosos y un tanto inseguros, aún creyendo que el otro no quería. Lentamente, fueron acercando las caras. Estando a escasos centímetros de conseguir el beso, Dani les interrumpe.
—Tiene que ser un beso de verdad. No vale pico.
Los dos le miran mal por haberlos interrumpido.
—Y a ti qué te importa cómo sea. —Se queja Eric.
—Pues, primero, porque el reto lo he puesto yo y tenéis que besaros como yo diga.
—Suenas como un pervertido diciendo eso. —Le interrumpe Joan con cara de asco. Eric se ríe.
—Y segundo, —Dani obvia el comentario— el beso tradicional tiene que ser un buen beso. No sirve si es un pico.
—Que sí, que sí. Sé cómo son los besos de la tradición. Te recuerdo que soy yo quien los da. —Le dice Eric con una sonrisa sarcástica.
Joan y Eric vuelven a posicionarse para hacer el reto. Uno sentado al lado del otro, con el cuerpo girado ligeramente hacia el otro, para poder estar más cómodos. Eric estaba sin camiseta y con el pelo mojado. Joan tenía la cara pintada como gato y estaba un poco despeinado. Ambos se miraban muy fijamente. Dani seguía sentado en su silla, mirando desde allí a los dos enamorados, incrédulo por haber tardado tanto en ver las ganas que se tenían sus dos amigos.
Después de lo que pareció una eternidad, Eric empezó a acercarse, poniendo su mano derecha en la mejilla izquierda de Joan.
—¿Estás seguro?
Joan no dijo nada, solo asintió sin despegar sus ojos de los labios del defensa.
Eso fue todo lo que Eric necesitó para juntar sus labios con los del portero. Al principio no los movieron, dejándolos pegados, suspirando ante el contacto. Joan sintió como un fuego se encendía en su corazón y, tras unos segundos, todas las dudas de haber venido al Barça siguiendo al defensa, de haber dejado a su novia de años por un chico que pensaba que nunca podría tener, de no ser suficiente, desaparecieron. Con esa llama que acaba de nacer dentro de él, encontró la valentía para profundizar el beso. Llevo su mano al cuello del mayor, acercándolo más a él y empezando a mover sus labios.
A Eric se le escapo un pequeño gemido al notar la gran mano del menor en su cuello, pero fue silenciado por la boca ajena. Su cerebro dejó de pensar y dejó que el cuerpo reaccionara, devolviendo el beso con la misma intensidad.
Al cabo de unos pocos segundos, Joan rompe el beso, sin llegar a separarse del todo del mayor, ni de quitarle la mano del cuello. Eric intenta buscar su boca de nuevo, sin llegar a abrir los ojos, sin querer que el momento acabara. Pero Joan le frena, dejándolo con ganas de seguir.
—¿Por qué no me habías besado antes, como al resto? —le pregunta Joan, mientras acariciaba su nuca.
Con las pocas neuronas que le funcionaban después de ese beso, a duras penas, Eric es capaz de entender al menor. Y sin pensarlo mucho, le contesta aquello que antes no fue capaz de decir.
—No quería besarte de broma. Quería hacerlo de verdad.
—Bien.
Eric no sabe qué quiere decir Joan con ese “bien”, pero poco le importa cuando vuelve a sentir sus labios.
De forma instintiva, el cuerpo de Eric se pega al de Joan, quien se tumba en el sofá para estar más cómodo. Luego se tendría que felicitar por la buena idea que había sido eso. Pero vuelve a dejar de pensar cuando Joan se aparta unos centímetros de él para quitarle las gafas y dejarlas a un lado, para poder profundizar los besos.
Las manos de Joan bajaron de la cabeza y empezaron a moverse por el torso desnudo del mayor. Una por delante, aprovechaba para manosear los abdominales y pectorales de Eric, mientras la otra arañaba su espalda. Ante el contacto, Eric, de manera instintiva, se sienta sobre las piernas de Joan, juntando todavía más sus cuerpos.
Eric aprovecha su posición para colar sus manos por debajo de la camiseta de Joan, provocando que el otro dejara de manosear su pecho desnudo. Dio una pequeña queja, mordiendo el labio del menor, y superó rápido la pérdida llevando sus manos al trasero de Eric.
Al ver eso, Dani decide que ya era suficiente espectáculo para él. —Bueno, yo voy a ir recogiendo. Vosotros seguir a lo vuestro. —Ninguno de los dos le dice nada. Dani está seguro de que ni siquiera le han escuchado.
Empezó llevando los vasos de cubata a la cocina y los guardó en el lavavajillas, puso las botellas vacías en el reciclaje y las que aún tenían algo en la nevera; guardó cada pieza del parchís en su potecito y las dejó junto al tablero en su mesa de juegos. Acabó recogiendo la camiseta mojada de Eric y la puso en el sitio de lavar.
Con la sala medianamente decente, se dispone a ir a su cuarto, pero no podía irse y dejar a esos dos salidos en el sofá de su terraza sin supervisión, sobre todo porque se acaba de girar a verlos y acababa de ver cómo la mano de Joan entraba dentro del pantalón de Eric. Así que se volvió a acercar a ellos.
—Perdón. Chicos. —Ninguno de los dos le hace caso, continuando con la exploración del cuerpo ajeno con manos y boca y con un Eric, que seguía sin camiseta, encima de Joan. —Eric. Joan. Podéis dejar de comeros la boca por un segundo y escuchar, por favor. —Los mencionados siguieron a lo suyo, sin hacerle caso. Dani coge uno de los cojines de su sofá y los estampa sobre la pareja.
—¿Pero qué haces? —se queja Eric. Separándose al fin.
—Estáis a punto de follar en mi sofá. Y por mucho que me alegre de que por fin hayáis hablado, bueno, hablado como tal no, pero que sí se haya resuelto la tensión que había entre vosotros y eso. Me gustaría que vuestra primera vez no fuera en mi sala de estar. Ninguna vez, de hecho. No folléis en mi salón.
—No íbamos a follar. —Intenta defenderse Joan, quien estaba más rojo que un guiri en la playa de Barcelona. Pero entonces sigue la mirada de Dani, la cual baja hacia Eric y se da cuenta de dónde tiene la mano. Rápidamente la quita. —No íbamos a follar. —Repite, esta vez levantando ambas manos.
—Claro. —Le contesta Dani, dándole la razón solo para que no le interrumpiera, no porque estuviera de acuerdo con lo que dijo. —Bueno, lo que quiero decir es que podéis hacerlo, solo no en mi salón. No quiero tener esa imagen mental mientras vea la tele o coma o exista en él. Ya habíamos planeado que os quedarais a dormir, así que podéis ir a una de las habitaciones de invitados. Solo os pido que limpiéis todo lo que ensuciéis. ¿Sí?
Eric se levanta de encima de Joan y le ofrece la mano. Joan se la da y también se levanta del sofá, sonriéndole de manera tan amplia que no se le veían los ojos. Eric solo deja de mirarlo un segundo para dirigirse a Dani. —Otro día continuamos la partida. —Le da una pequeña palmadita en el hombro. —Eres el mejor, tío. —Y después de eso vuelve a poner toda su atención en Joan, quien tiraba de él para dirigirse hacia la habitación.
—En algún momento también deberíais hablar y eso. —Les dice Dani mientras ve cómo desaparecen por el pasillo entre besos y risas. —Aunque creo que ahora preferís hacer otras cosas. —Esta última parte se lo dijo más para si mismo.
Quedándose solo y sin nada más que recoger, poco más tenía que hacer Dani en su terraza. Así que se va a su habitación, intentando pasar lo más rápido posible para evitar oír qué era lo que estaban haciendo sus tres amigos en sus habitaciones. Eso era un problema de Dani del futuro.
Al llegar, cerró bien la puerta y se tumbó en su cama con el móvil en la mano para llamar a Laura.
—Hi, honey. (Hola, cielo.)
—Hi, love. (Hola, amor.)
—How was the game? It went as you wished? (¿Cómo ha ido el juego? ¿Ha ido como querías?)
—Actually, it went even better. (De hecho, ha ido incluso mejor.)
—Good. Do you want to talk about that? (Bien. ¿Quieres hablar de eso?)
—God, no. Anything else, please. (Dios, no. De cualquier otra cosa, por favor.)
Laura se ríe de la respuesta de su novio.
—Then, what do you want to do? (Entonces, ¿qué quieres hacer?)
Dani le responde con una mirada sugerente y ella vuelve a reír.
—Go put that red dress on. (Ves a ponerte el vestido rojo.)
—As you wish. (Como desees.)
Y se dispuso a desvestirse, para complacerla, mientras pensaba lo bien que había ido la noche.
